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Revista Comunicar 2: Comunicar en el aula (Vol. 1 - 1994)

La escuela ante los medios de comunicación

https://doi.org/10.3916/C02-1994-16

António Santos

Abstract

El autor reflexiona sobre el impacto de los «media» en el mundo contemporáneo. Si bien reconoce que algo se viene avanzando en los últimos años en la integración de los medios en la escuela, el empuje fundamental sólo podrá producirse cuando se unifiquen los equipos de trabajo e investigación, los planes de formación... y sobre todo, cuando cambien los planteamientos metodológicos. Propone, por ello, utilizar este instrumento, no como un simple recurso más, sino como motor de un verdadero cambio de «paradigma» educativo, de «universo de referencia» que transforme radicalmente la escuela tradicional. En este sentido, los medios de comunicación son la clave de la educación del futuro.

Keywords

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Casi treinta años después de la divulgación de los estudios sobre los media de M. McLuhan y sus intersecciones con los sistemas de formación; veinte años después de la publicación del informe Faure sobre el futuro de la educación, que defendía una ciudad educativa y resaltaba el importante papel que en ella tienen los medios de comunicación social; y cuando acaban de pasar diez años de la Declaración sobre la Educación para los Medios de la Unesco, que alerta sobre la urgencia y necesidad de establecer un diálogo abierto entre las escuelas y éstos, podemos afirmar que, en Portugal por lo menos, la relación entre la escuela y los medios no ha variado significativamente, y no ha sido por falta de estudios profundos e interesantes sobre el tema o por ausencia de posiciones comprometidas, asumidas en diversos foros internacionales.

Ahora, una de las convicciones mayores que podemos encontrar en este nuevo siglo que se avecina, es la creciente importancia que asumen los media, reconocidos cada vez más como portavoces de nuestras grandes angustias y de nuestras pequeñas verdades. Aunque contradictoriamente, por el momento y en general, la escuela continua ignorando la realidad que le ofrecen los medios y desea seguir reafirmándose como el único mediador determinante -cuando no exclusivo- de la información que considera relevante transmitir a los alumnos que la frecuentan.

La posición de la escuela y de los educadores frente a los medios ha variado en el tiempo sustancialmente, desde la postura más clásica de repulsa absoluta ante la interferencia producida por otro universo considerado culturalmente muy inferior, hasta la aceptación acrítica de escenarios y contenidos modernistas que despiertan nuevas sensaciones. Aparte de estos sectores de apocalípticos e integrados, encontramos todavía un grupo más numeroso que prefiere continuar ignorando las realidades de un universo que, por sus múltiples vertientes y manifestaciones, aparece hoy no como un mero sector de la vida social y cultural, sino como un auténtico ecosistema informativo que impacta en los temas más diversos y en todas las clases sociales. Es decir, son todavía pocos los agentes educativos que emprenden tentativas serias encaminadas a favorecer el diálogo con los medios, tal vez por no haber llegado a comprender todavía que ese diálogo constituye hoy una prioridad para la reedificación del estilo de escuela que se pretende lograr. Igualmente es todavía más difícil encontrar un buen clima y disposiciones que contribuyan al establecimiento de las condiciones óptimas que faciliten y alimenten ese diálogo.

Frente a la situación planteada en las líneas anteriores, conviene decir que el diálogo y cooperación que se preconizan no son propuestos como una alternativa fugaz que persigue imponer una moda o poner en práctica una experiencia que difícilmente será puesta en práctica y validada; por el contrario se busca introducir en el corazón del sistema un elemento, los media, que pueda contribuir para su propia transformación, en la medida en que, una vez instalado y aceptado, tenderá, por su propia naturaleza, a poner en duda muchos de los principios en que se asienta el funcionamiento del sistema educativo tal como lo hemos conocido y alimentado. ¿Se trata entonces, de abrir la escuela a un «enemigo» que trabaja para su destrucción? En cierta manera así es, pues la escuela y la educación que en este momento tenemos sólo interesan en la medida que consigan que comprendamos mejor las alternativas que urge encontrar e integrar.

No estamos proponiendo un nuevo adorno para la escuela o para el sistema educativo, o una eventual operación cosmética de actualización de un recurso caído en desuso, sino un verdadero cambio de paradigma, de concepto, de universo de referencia. Y para que este necesario cambio se haga realidad es fundamental introducir en el campo de la educación formal un diálogo crítico con los medios, éste es imprescindible y puede ser determinante. Pero, a pesar de todo, lo que en realidad y, lamentablemente encontramos es que las escuelas continúan siendo, más veces de lo que sería deseable, espacios cerrados y aislados que aceptan y defienden convencidas, que están preparando nuevas generaciones para la vida, casi siempre sin preguntarse para qué e ignorando que la vida es aquello que pasa mientras vamos haciendo planes para vivir. Este aislamiento de la escuela es doblemente grave, porque no se traduce sólo en un volver las espaldas al contexto exterior, sino también a sus propios elementos y dinámicas internas, empezando por aquéllos que, siendo los verdaderos protagonistas, son los primeros en pagar las nefastas consecuencias de todas las deficiencias, los alumnos. Por otra parte, la escuela, y el Sistema educativo en general, parecen dar particular valor a la ausencia de diálogo entre personas, entre sectores del mismo universo de formación, que viven ignorándose y desconociendo mutuamente sus experiencias. Esta desconexión e ignorancia que se da intergrupos de trabajo lleva a un desperdicio de saberes, a un desaprovechamiento de experiencias, a una pobreza de aprendizajes... en definitiva, a un entorpecimiento para encontrar las condiciones ideales para lograr el desarrollo personal y colectivo.

La ausencia de información dentro de la escuela y dentro del sistema, la escasez de circulación de información diversificada por los diferentes canales es, al mismo tiempo, causa y efecto de ese alejamiento de la escuela de sí misma y del propio mundo, un alejamineto que nunca fue favorable en la búsqueda de aquellas que deberían ser las principales finalidades de la educación. La gestión de la información, el acceso a los saberes, a las fuentes, a los recursos y a los instrumentos que permiten su construcción son la verdadera clave de la educación del futuro. Y si así es, los medios, como universo organizado y organizador de la información, son los únicos que pueden prestar un apoyo fundamental para lograr esa educación nueva que está ausente en las escuelas que se consideran entidades cerradas y fundamentales para ofrecer la formación. En este sentido, la propia naturaleza de los medios desafía a la escuela para que se asuma como un espacio que facilite la circulación de la información y de los conocimientos, abandonando la perspectiva vertical y de aislamiento en favor de una visión más horizontal e integradora.

Se debe aclarar que, de lo que se ha dicho no podrá concluirse que se preconiza el predominio de los medios como valor absoluto por encima de cualquier otro, sino que en éstos las escuelas pueden encontrar un interlocutor importante para la búsqueda permanente, y siempre imperfecta, del equilibrio entre las herencias culturales que interesa transmitir y la apertura a los nuevos valores, finalidades y actitudes, no sólo en los medios de comunicación que nos llegan del exterior, sino también aprovechándonos de las creaciones que la escuela hace con los medios que le sirven como elementos para definir su proyecto educativo.

También, en este sentido, la interacción de los medios con la escuela cuestiona directamente la efectividad de las prácticas pedagógicas más tradicionales, frecuentemente partícipes del rechazo hacia los medios y defensores de la pasividad y dependencia del alumno frente al profesor. En este tipo de escuela, el producto de los medios es indeseable, está de más. En otra perspectiva, que cada vez tiene más partidarios y más aprobación institucional, encontramos la aceptación y consideración de las múltiples realidades que inciden y envuelven a la escuela, habitualmente vinculadas por los medios, y consideradas fundamentales para la construcción del proceso de educación y comunicación escolar. De esta forma, aquello que era visto como un “ruido”, tantas veces amenazador y desestabilizador, pasa a la categoría de contenido cultural, que no entorpece, sino que por el contrario enriquece a la escuela como territorio educativo compatibilizado con otros espacios de formación y alcanzando con eso una nueva aceptación social y cultural.

Por todo, se hace posible afirmar que los media pueden ser una ayuda importante para hacer de la escuela tradicional de hoy la escuela abierta y participativa de mañana, donde el currículum formal y rígido, que todavía impera, pase a aceptar la realidad presentada por los medios como un contexto vivo de estudio; es decir, una escuela que en lugar de presentar saberes envejecidos ayude a construir los conocimientos vivos, actualizados y aplicables a la realidad, que abandone los dogmatismos para abrirse definitivamente a la pluralidad de las distintas fuentes y opiniones, promoviendo el espíritu crítico y la libertad de expresión. Esto significa muy claramente que la problemática nacida de la confrontación entre la educación y los medios está siendo muy considerada en la actualidad y no existen políticas, metodologías, contenidos, ni investigaciones que puedan ignorar los nuevos planteamientos de integración de los medios en la enseñanza. No ignorar, no significa tan sólo aceptar más o menos formalmente la realidad del desafío, sino que también implica traducir esa aceptación en iniciativas prácticas, como por ejemplo, tener una consideración muy especial en el campo de la formación inicial y permanente del profesorado, o potenciando los trabajos e investigaciones sobre la comunicación social y, naturalmente facilitando los recursos humanos, técnicos y financieros necesarios para hacer realidad los proyectos educativos y de formación tendentes a lograr un diálogo de entendimiento entre la escuela y los media.