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Revista Comunicar 4: Leer los medios en el aula (Vol. 2 - 1995)

Los mensajes unidireccionales de los medios

https://doi.org/10.3916/C04-1995-11

Manuel Monescillo-Palomo

Abstract

Se analiza el efecto expresivo permanente que se deriva de los mensajes unidireccionales cuidadosamente elaborados y emitidos por emisores no presenciales, presentándose una reflexión a cerca de la necesidad de generalizar la integración de los medios de comunicación audiovisual en la práctica educativa, con la intención de capacitar a la persona para que pueda interpretar críticamente los mensajes y sea capaz de aprovecharse de ellos convirtiéndolos en vehículos expresivos personales.

Keywords

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En el esquema natural que se da en la comunicación entre personas se advierte que, de una forma intermitente, los participantes desempeñan, tanto el papel de activos emisores, como el de pacientes receptores que esperan su turno para alternar las funciones en el proceso de la comunicación. El problema se plantea cuando, empleando recursos artificiales e interviniendo de forma no presencial, el emisor tiene el antinatural privilegio de ser permanente y, aprovechándose de esta ventaja, puede producir unos mensajes lineales, ininterrumpidos y, lo que es más peligroso, unidireccionales, en el sentido que no admiten ni opinión ni réplica puntual que pueda pedir aclaraciones, discutir o, simplemente contrastar distintos puntos de vista. Ante tal situación el receptor es claramente un elemento pasivo, indefenso y potencialmente manipulable. Si a todo lo anterior añadimos que el emisor tiene la oportunidad de poder usar multivariados códigos de expresión y lenguajes que se complementan entre sí, permitiéndole significar intencionalmente y de forma atractiva los mensajes, debemos reconocer que nos encontramos ante un enemigo del cual será difícil escapar, al no ser que estemos preparados y formados para ser lectores críticos.

Este tipo de emisores impersonales y distantes juegan con una gran ventaja cuando, sin escrúpulos ni control, interfieren en la realidad fantástica de niños y jóvenes presentándoles un mundo que poco, o más bien nada, tiene que ver con el suyo. Y, además, lo presentan tan adornado, de una forma tan natural y estudiada que inevitablemente confunde, engaña y hasta cautiva a los propios adultos, marcando sus modas, costumbres, actitudes y lenguajes y, muy posiblemente, alterando el orden y composición de su escala de valores.

Los medios de comunicación se sitúan entre los temibles artífices y lanzadores incansables de mensajes unidireccionales, intencionalmente articulados mediante una complicada y artística combinación de atrayentes códigos minuciosamente combinados y presentados, sin descuidar ni un detalle, jugando con sonidos y silencios, con luces, colores y sombras, con la sucesión rápida y fugaz de imágenes aparentemente inconexas y que, de forma encubierta, tienen una duplicidad de sentidos que tienden a lo morboso, con la no gratuita intención de despertar necesidades, intereses o motivaciones inútiles e intrascendentes. Todo ello para, en definitiva, cumplir un programado objetivo materialista y de contenido nada educativo que, a veces, es difícil llegar a descubrir.

Debemos admitir que nos movemos en un mundo en que multitud de sensaciones, emociones y algunas percepciones vienen condicionadas o determinadas por unos mensajes emitidos directa o indirectamente a partir de signos potencialmente expresivos. Basta, en muchas ocasiones, con ver un simple color, un dibujo, un gesto, un movimiento... o escuchar una palabra, una frase o un sonido para que puede actuar por similitud - intencion prevista de por un comunicador experto- como motor impulsor de necesidades y deseos. Es decir, sería como llegar a autoimaginar y crear mensajes de forma totalmente involuntaria y refleja a partir del efecto incontrolado producido por otros mensajes ausentes que, en definitiva, se actualizan en cada persona a través de signos informales, que se ponen al servicio de un emisor oculto que ha sabido dejar huella. Éste es el caso, por ejemplo, del efecto expresivo que produce en un fumador la combinación del color rojo con unas letras blancas, o el deseo que despiertan estos mismos colores en un niño que tiene sed.

La educación formal, si se plantea dar una formación integral y funcional que valore la autonomía de la persona, debe contemplar entre sus objetivos prioritarios el capacitar a la persona para que pueda llegar a conocer y analizar, de forma crítica y objetiva, los procesos de comunicación que se dan en la sociedad actual a través de los distintos medios, entender su funcionamiento y saber utilizarlos de forma autónoma, creativa y original al expresar sus propios mensajes. Y, ante todo, saber interpretarlos captando la intencionalidad implícita de los mismos, valorando, al mismo tiempo, los distintos medios de comunicación que los emiten. Para ello será preciso que los Proyectos Educativos de Centro, los Proyectos Curriculares y las Unidades Didácticas de las distintas áreas contemplen, entre sus finalidades educativas y objetivos, el compromiso formal de abordar interdisciplinarmente y valorar el proceso de la comunicación teniendo en cuenta los diferentes códigos y soportes. También es preciso considerar que las intenciones educativas, plasmadas en los documentos anteriormente citados, deben conseguirse mediante un desarrollo adecuado compartido por los equipos de profesores a partir de una metodología que proponga situaciones didácticas y actividades que, por sí mismas, despierten en los alumnos y alumnas capacidades que les permitan lograr los objetivos propuestos. En definitiva, no bastará con detectar la necesidad de integrar los medios de comunicación en el aula como un lujo o como una moda, ni tampoco con salpicar las programaciones con propuestas abstractas para «usar» o tener en cuenta los medios de comunicación, sino que habrá que comprometerse y concretar actuaciones didácticas que permitan que los alumnos aprendan, creen e investiguen con los medios y a partir de los medios. Todo ello supone dejar de ver en ellos unos rivales educativos y, también, el llegar a valorar su integración como algo más que la simple consideración de recurso didáctico o material auxiliar de paso.

Desde la misma Educación Infantil, los profesores y profesoras deben tomar en consideración la integración de los medios y sus mensajes en su aula para emplearlos, y explotarlos de forma didáctica, en sus lúdicas actividades educativas. Habrá que evitar la tendencia desviada de utilizarlos repitiendo los esquemas de la educación informal, es decir, no limitarse a que el niño vea la televisión o el vídeo como lo hace en casa, porque estaríamos entreteniendo más que educando. Por el contrario, los docentes tendrán que ser creativos y deberán tratar de aprovechar las ventajas que ofrecen los medios para, a partir de ellas, enriquecer el proceso de enseñanza-aprendizaje y, a final de cuentas, lograr que sus alumnos no se dejen dominar por los medios, aprendan a conocerlos y usarlos como vehículos expresivos.

En el currículum de la Educación Obligatoria se contemplan áreas de expresión -lingüística, matemática, plástica, dinámica y musical- que intentan aportar a la persona las herramientas básicas para poder intervenir y comunicarse de una forma adecuada en la sociedad. Es decir, capacitarla para que pueda decodificar, leer y entender los mensajes, muy especialmente los «mediados» y, también, para que adquiera unos conceptos, procedimientos y actitudes que le permitan investigar sobre ellos y el poder crear sus mensajes de forma original. Con este mismo objetivo se contemplan, en la Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, algunas materias optativas como: «Taller de imagen y expresión», para investigar los diferentes procesos creativos a través de la imagen; «Taller lingüístico», que pretende lograr que los alumnos sean capaces de usar la lengua, oral y escrita, en distintos contextos de interacción y de forma adecuada a las diferentes intenciones comunicativas; «Taller de teatro», que tratará de proporcionar a los alumnos y alumnas la oportunidad de analizar, comprender y comunicar ideas y sentimientos representándolos con una enorme variedad de formas simbólicas; «Información y Comunicación», busca ampliar la competencia comunicativa del alumnado y mejorar su capacidad de comprensión y expresión de los mensajes verbales y no verbales, la composición y producción de mensajes audiovisuales, desarrollar el dominio de estrategias discursivas de acuerdo con las diferentes situaciones y contextos, así como el conocimiento de los procesos de comunicación y de los medios donde se producen.

Cada día hay más profesionales de la educación que reconocen, experimentan y valoran la necesidad de integrar los medios de comunicación audiovisual en el proceso educativo y orientador. Pero, también es cierto que, queda mucho por andar en el terreno de la formación inicial y permanente del profesorado para llegar a generalizar su correcto uso en los centros y convertirlos en verdaderos aliados y recursos expresivos útiles.