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Revista Comunicar 5: Publicidad... ¿cómo la vemos? (Vol. 3 - 1995)

El guión educativo: ¿es posible?

https://doi.org/10.3916/C05-1995-22

José-María Perceval-Verde

Abstract

La premisa fundamental de la que se debe partir es que la televisión educativa no pretende sustituir al profesor como sugieren ciertos autores aficionados a la cienciaficción. La finalidad de un canal o franja de horario educativa es complementar, ayudar y sugerir al profesorado, convertirse en definitiva en una herramienta de trabajo en sus manos, jamás superponerse a la labor bien definida de la pedagogía directa. La televisión educativa es ante todo otro medio de expresión.

Keywords

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Adiós a telepizarra

Cuando la televisión educativa ha pretendido ese asesinato de la persona humana sustituyéndola por el busto parlante, la lectura directa del texto escolar y la tele-pizarra, el resultado ha sido una bajada natural de la audiencia. Éste ha sido el destino natural de todos los cursos de idiomas y de Graduado Escolar que han corrido la suerte de una bajada de audiencia, proporcional a su acercamiento al área lectiva.

Tampoco puede ser la televisión educativa un instrumento culturalista para un reducido grupo de personas con un nivel elevado culturalmente. Esa ha sido la causa de la reducida audiencia que han mantenido la Sept francesa y el canal ARTE. Confundir la televisión educativa con una televisión estrictamente culturalista lleva al rechazo de la mayoría de los televidentes frustrados por no alcanzar el nivel que se les exige desde el medio.

Así que la televisión educativa se sitúa entre el ABC puramente pedagógico y la televisión para el reducido círculo de entendidos. O mejor, se coloca fuera de ambos canales perfectamente legítimos de circulación de la información al pretender competir con el lenguaje generalista de la televisión tradicional, su forma atractiva de enmarcar el producto y su dinámica flexible.

Ofrecer elementos de análisis al espectador

¿Qué pretende la televisión educativa si no da una lección sobre las legiones romanas, ni una profunda reflexión sobre la ontología de la monada de Leibnitz? ¿Se puede alcanzar una identidad educativa sin ser normativa ni culturalista? En realidad, la televisión educativa puede tratar las legiones o la monada pero no explicando exclusivamente qué son, como si se tratara de un diccionario visual o aportando una explicación de su estructura -en un caso militar y en otro filosófica-, como si fuera un profesor automatizado. El sistema de pensamiento que supone la monada o el sistema político en que se inserta el aparato defensivo- ofensivo de las legiones romanas es un campo abierto a la reflexión, el análisis y la controversia.

La televisión educativa debe aportar los elementos de análisis y procurar, dentro de lo posible, una neutralidad mientras se forma el juicio del televidente. Éste debe realizar el trabajo de ensamblaje como si montara un mueble que le ofrece una casa de bricolaje. Los materiales se encuentran ordenados, las herramientas a punto y una serie de planos le indican el camino a seguir. Ése sería el guión perfecto que podría aportar la televisión educativa aunque se trate de una utopía difícil de cumplir en la práctica.

El resultado, teniendo en cuenta de que no se trata de un mueble sino de un producto de las ciencias sociales, sería un mayor conocimiento de la realidad. Al mismo tiempo, aprendería una técnica de análisis que le serviría en otros casos. Más o menos como en el bricolaje, donde las herramientas y el saber aprendido permanecen para intentar de nuevo la operación de ensamblaje de otro elemento por muy novedoso y distinto que éste sea. En la televisión educativa es tan importante o más que el saber concreto -sector duro-, el método de análisis para el que se han ofrecido herramientas y trucos de especialista.

La ruptura de la educación tradicional

El lenguaje de la televisión rompe con el aprendizaje repetitivo de fórmulas, ceremonias y protocolos que estaban claramente marcados por los textos escolares. El sistema ha roto -mediante la reforma- con la dinámica unidireccional en beneficio de la investigación y la asunción de responsabilidades de un alumno que deja de ser pasivo.

Los cambios introducidos en la educación para formar un individuo responsable y no meramente disciplinado, se transmiten al espíritu que anima la televisión educativa, donde se obvia la norma en beneficio del problema. Una educación explícita es soportable aunque sea aburrida; el alumno debe quedarse sentado delante de un profesor, eje central de un discurso en que él resulta mero receptor. Contrariamente a lo que se piensa, una televisión explícita despierta el bostezo y la rebelión del espectador. La magia del medio y su discurso que, a veces, raya en lo neurótico, no pueden ser aniquilados mediante la sucesión de fichas y apuntes, de mensajes dictados a la letra, de la evidencia de lo curricular. La televisión educativa es como el realismo socialista en el arte impuesto durante años por los regímenes burocráticos y estatalistas.

Antonio Machado hizo reflexionar al filósofo Juan de Mairena en torno al terrible problema que planteaba el estudio de los peces. Los malos científicos para lograrlo, y con vistas a facilitar su trabajo de una forma cómoda y rápida, pescaron los peces con lo que resultó imposible el estudio ya que todos estaban muertos. No se puede estudiar la vida paralizándola, ni desarrollar un espacio televisivo imponiéndole una reja de normas que lo aprisione. Tendremos una imagen congelada de lo que podría ser un rico fresco en movimiento. Muchas veces encontramos este esquema en un programa que se autodefine cultural y, por lo habitual que es, debemos huir más rápidamente. Hay quien no encontrará cultural lo que no responda a un esquema explícito. Se habrá perdido un crítico, pero se habrá ganado en la batalla por la magia del medio.

La televisión es transversal por definición

En el sistema educativo, los ejes transversales son una guía; en la televisión educativa se convierte en columna vertebral del esqueleto.

La educación contra la xenofobia y el racismo, el relanzamiento de una solidaridad constructiva entre los seres humanos; el reforzamiento de los casos de alumnos con necesidades educativas especiales; la lucha contra el sexismo en todos los campos de la educación; la educación para la paz en una escuela de la no violencia; todos estos campos se transforman en ejes de la televisión educativa, en motivo para sus debates y en base de series futuras a programar.

Hay muy poco trabajado en este campo con intenciones curriculares y didácticas. Precisamente, tratándose de un material para el análisis y el informativo, al poder transformarse en una historia concreta o al menos mantener una tensión propia del relato, forman un discurso plenamente televisivo. Los ejes transversales son materia de un guión televisivo sin problemas, mientras es un verdadero problema insertarlos en el esquema curricular de la educación reglada. Ésta podía ser la plataforma donde incidir a la hora de plantearse el guión educativo.

¿Es un genero el guión educativo?

Con los preliminares, queda claro que el guión educativo no forma un grupo aparte del guión para televisión en sus reglas generales. Su planteamiento debe basarse en las tendencias de la televisión generalista, en su momento actual, en las evoluciones de la publicidad e incluso de los programas punta como pueden ser los talkshows o los reality-shows. De todos ellos debe aprender y succionar su esquema ficcional el guión educativo, verdadero vampiro de la televisión tradicional. Es una apuesta arriesgada, donde se mezclan todos los géneros habituales adecuándolos a objetivos diferentes. El guión educativo no es un género sino un área de interés, una manera nueva de enfocar los problemas sean éstos científicos, sociales, históricos o artísticos. Es peligroso el camino pero apasionante Como decía T.S. Elliot en sus Notas para la definición de la cultura: «el peligro de la libertad es la delicuescencia, el peligro del orden estricto es la petrificación». Nosotros, autores de guiones educativos, debemos aprender a vivir en libertad y enseñar a vivirla.