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Revista Comunicar 6: La televisión en las aulas (Vol. 3 - 1996)

La telaraña de 625 líneas

https://doi.org/10.3916/C06-1996-06

Ezequiel Martínez-Jiménez

Abstract

La reflexión sobre el rol educativo de la televisión tiene que contar necesariamente también con la perspectiva de los periodistas del ámbito audiovisual, dado que como profesionales del medio aportan puntos de vista que enriquecen el debate. En este sentido, el autor de este trabajo reflexiona sobre los efectos que produce en los niños y jóvenes la televisión, recomendando a padres, profesores y adultos en general una mayor dedicación para convertir a este medio en aliado educativo.

Keywords

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Según el informe Panorámica social de España 1994, publicado por el INE (Instituto Nacional de Estadística), los españoles dedicamos más tiempo a ver televisión que el resto de los europeos, con una media de 221 minutos al día por persona. Entre 1980 y 1991, los españoles hemos incrementado en un 58%, el número de receptores de televisión. La pasión por la televisión va en detrimento de la lectura de prensa, pues España junto a Portugal, ocupa el último lugar europeo en cuanto a número de lectores de periódicos.

En total, suman una cifra cercana a los 700.000. Son niños y adolescentes de entre 4 y 14 años, aunque en el caso de los socios del «Club Super 3» de TV3, la edad llega hasta los 17. Son los hijos de la televisión que ya forman legión y se agrupan en torno a las mascotas y los mensajes que les sirven presentadoras y presentadores de los programas infantiles y juveniles. El «Club Super 3» de TV3 dice reunir a 350.000 socios. El virus «Megazero» y la mascota «Tomátic» (contestador automático) sirven para unir ante la pantalla a los jóvenes socios telespectadores. En el Canal 9, el «Babalá Club» congrega a 125.000 socios de entre 2 y 14 años. El «Club Junior» de Canal Plus, supera los 100.000 afiliados de entre 5 y 13 años. En Andalucía, el programa de Canal Sur TV, «La Banda del Sur», con más de un año en antena, supera ya los 30.000 socios que esperan tener pronto su mascota.

En los años setenta, los psicólogos comienzan a trabajar con la teoría del desarrollo cognitivo que para Piaget se manifiesta a través de la adaptación y la organización. El equilibrio dinámico del niño implica un crecimiento continuo y gradual; el aprendizaje de estructuras y estadios no se hace en un sólo momento y depende tanto de la experiencia como de la madurez. La teoría del desarrollo cognitivo se aplicó en los años setenta para ver el comportamiento de los espectadores infantiles ante la televisión.

Según esa teoría, el niño es visto como un agente activo que a través de una maduración e interacción con el entorno, desarrolla con mayor eficiencia las habilidades cognitivas1.

El «Children’s Televisión Workshop», llevó a cabo un estudio de atención sobre el programa «Sesame Street» (Barrio Sésamo en España). Este programa se creó en 1969 y se destinó a los niños de edad preescolar. Del citado estudio, extraemos algunas conclusiones:

• Los niños en edad preescolar, prestan atención a los programas comprensibles y rechazan aquellos difíciles de entender.

• La atención a la televisión se incrementa con la edad hasta los 6 años y permanece estacionaria hasta los diez.

• Con frecuencia, los niños realizan alguna actividad frente al televisor como jugar, comer, vestirse; por eso «Barrio Sésamo» y otros programas infantiles («La Banda del Sur», «Tris, tras, tres») se dividen en pequeños bloques, lo que se conoce como «programas contenedores».

• La existencia de voces infantiles aumenta la atención del niño, frente a las voces adultas que suelen identificarlas con los telediarios y espacios de adultos.

• La televisión puede suponer ventajas en la educación del aprendizaje visual de los contenidos (Geografía, Física...), aunque no necesariamente en el aprendizaje verbal.

En las investigaciones llevadas a cabo en Suecia por Ingegeerd Rydin y publicadas en 1983, se señala que la comprensión o la incoherencia de los niños de 4 y 5 años, no tiene tanto que ver con los efectos de la televisión, como con la madurez de los niños a esa edad. A partir de los 7 años se incrementa la comprensión, los procesos mentales se hacen más flexibles y aumenta la capacidad memorística. A los 8 años, los niños tienen dificultades de comprensión de algunos géneros televisivos como aventuras y policiales. A los 12 años, según el estudio sueco, los niños tienden a absorber selectivamente la información televisiva.

1. La educación audiovisual y la democracia

«Las escuelas tarde o temprano tendrán que reconocer lo importante que es desarrollar en sus alumnos la capacidad de examinar las imágenes visuales de manera crítica. Hay que urgir el desarrollo de la educación audiovisual en la escuela, no sólo como área especializada, sino a través de todo el currículo, como elemento adjunto a la alfabetización en la enseñanza de todas las materias»2. Masterman señala que «la educación audiovisual resulta esencial no sólo para el ejercicio de nuestros derechos democráticos, sino también para defendernos de los graves excesos de la manipulación en los medios con fines políticos», y añade que «la alfabetización audiovisual generalizada es esencial si queremos que todos los ciudadanos ejerzan el poder, tomen decisiones racionales, sean agentes efectivos del cambio y participen activamente en los medios».

La Agrupación de Telespectadores y Radioyentes (ATR), una de las más activas en nuestro país en cuanto al control y seguimiento de la programación televisiva y sus efectos sobre niños y jóvenes, ha sacado una serie de conclusiones en su informe correspondiente al primer trimestre de 1995. La ATR, denuncia que en horario infantil, a media tarde, se han emitido promociones de películas como «Terminator» y «Treinta minutos para morir» con escenas violentas. Se critican programas como «Luz roja» (TVE 1); «Esta noche, sexo» (Antena 3); «De qué parte estás»; y «Su media naranja» (Tele 5). La ATR critica igualmente la emisión de películas antes de las 22 horas con fuertes contenidos de sexo y violencia así como espacios publicitarios que a juicio de esta Asociación son perjudiciales para la educación de niños y jóvenes. La ATR emite juicios de valor sobre algunos espacios de opinión convirtiéndose en juez de los mismos y criticando aspectos de la realización o de la actuación de los moderadores.

Si bien entendemos que en el seguimiento de las emisiones televisivas, la ATR acierta en algunas de sus críticas y denuncias, también hay que decir que no todos los programas enumerados y clasificados como perniciosos y nocivos para los niños, lo son; depende del criterio moralista que se utilice o de la importancia que se le conceda a la libertad de expresión. En cualquier caso, es fundamental para la educación televisiva de los niños y jóvenes que los mayores, los padres en primer término, los educadores y tutores en segundo, y en general la sociedad adulta, hagan, hagamos un esfuerzo para orientar a los pequeños sobre determinados programas y procuremos participar junto a ellos en algunas sesiones de televisión, para poder comentar con ellos, ver y oír sus reacciones y aclararles las incógnitas que se les plantean con algunos de los programas que habitualmente ven; pero esto, claro, exige un tiempo y un esfuerzo por parte de los adultos y he aquí el problema, que los padres generalmente no tienen tiempo, o dicen no tenerlo para dedicar unos minutos diarios a ver televisión con sus hijos.

En EEUU, los padres dedican entre 8 y 10 minutos diarios de lunes a viernes, para conversar con sus hijos. Una encuesta realizada recientemente en once países occidentales, revela que pocos padres consiguen encontrarse a solas con su hijo más de 45 minutos al día. La mayor parte de las horas en que las familias están reunidas lo hacen ante el televisor y cuando se comunican entre ellos, toman como referencia lo que están viendo en la tele. El alejamiento es más acusado entre padres y adolescentes. Ocho horas semanales comparten las amas de casa con sus hijos pequeños y siete horas, las madres que tienen un trabajo externo.

El Secretario General de la Sociedad Europea de Pediatría Social, Bengt Lindstrom, denunció este año en Valencia, en un Seminario que «los niños pasan demasiado tiempo ante el televisor y que este electrodoméstico hace ahora de padre y de madre ». El excesivo protagonismo de la televisión y de sus contenidos violentos hace perder sensibilidad al niño quien -según Lindstrom- tiende a copiar los modelos que ve a diario y que nadie le explica. Este profesor aconseja que los padres comenten con sus hijos qué es lo que están viendo y cuáles son los programas que no deberían ver. En el Seminario celebrado en Valencia, se puso de manifiesto que en unos minutos de «Tom y Jerry» se habían analizado hasta 84 situaciones violentas.

A modo de botón de muestra y con todas las reservas que se quieran, hemos realizado unas encuestas entre periodistas y alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla y también entre alumnas y alumnos del Instituto «Severo Ochoa» de Sevilla.

Nueve periodistas y siete estudiantes de los cursos superiores de Ciencias de la Información convienen en rechazar de manera absoluta los reality show. Los encuestados piensan que siguen sin acatarse por parte de las cadenas las normas de protección al menor y no se respeta el horario infantil. Habría que reducir las escenas violentas y de sexo con violencia en horario infantil, tanto en los programas infantiles como en los informativos. Hay quien opina que los padres deben ser los tutores de sus hijos y no los periodistas. Las pantallas están saturadas de violencia, señala alguno de los encuestados. La televisión refleja distintas realidades sociales; unos opinan que la televisión sí refleja la realidad social, mientras otros señalan que la distorsiona.

A la pregunta, ¿Qué medio educa mejor: prensa, radio o televisión? Los encuestados responden por orden de importancia: prensa, radio y televisión. Algunos señalan que no es obligación de los medios el educar y hay quien precisa que la televisión bien utilizada podría ser el mejor soporte educativo.

¿La televisión aliada o rival para la educación? La mayoría responde que puede ser un buen aliado y debe serlo, pero que en la actualidad actúa más como rival que como aliado.

¿Utilización del lenguaje en televisión? Pobrísimo, se responde que se habla y se construye mal: abuso de extranjerismos, vocabulario limitado... La mitad de los encuestados salvan de la quema a los programas informativos en los que se cuida más la redacción y el uso del lenguaje. Los programas deportivos se llevan la peor parte en cuanto al tratamiento del lenguaje.

La mayoría de los encuestados cree que sería necesaria una mayor colaboración entre educadores y comunicadores y que habría que incluir programas de colaboración entre unos y otros. Respecto a si la televisión educa en la igualdad, justicia y solidaridad, más de la mitad consideran que sí, si bien varios señalan que no cumple este cometido. Sobre la existencia de tendencias racistas, la mayoría piensa que no. Los programas que más agradan a los periodistas encuestados son por este orden: documentales, naturaleza y medio ambiente, películas, informativos, culturales y deportivos.

Respecto a los estudiantes de Instituto, entre 16 y 17 años, la mayoría se muestra contraria a los reality show, aunque hay algunos jóvenes que ven bien este tipo de programas y les resulta divertido, pero son los menos; de un total de 23 encuestados. Los estudiantes rechazan de forma generalizada la violencia en televisión y no observan en general muestras de racismo; sin embargo señalan que sería necesario incidir en fomentar la igualdad y la solidaridad. Entre los programas educativos y formativos que les gustan, destacan: «Cifras y letras», «Barrio Sésamo», «Farmacia de guardia », «Documentales» de La 2, «Lingo», «Informe semanal», «La Banda del Sur» y «Todo tiene arreglo» de Canal Sur. A la pregunta, ¿qué programas de interés para los jóvenes echas en falta?, éstos responden: «Programas que traten de los problemas y de la realidad de los jóvenes: estudios, empleo, futuro, educativos... »; y también algunos señalan la necesidad de incluir programas que informen sobre las actividades de las ONGs (organizaciones no gubernamentales).

Por orden de importancia, los jóvenes valoran así sus programas preferidos: culturales, informativos, investigación, películas, musicales, variedades, mundo animal y medio ambiente.

2. Control de las televisiones

La Comisión especial del Senado para el estudio de los contenidos televisivos, presidida por Victoria Camps, concluye en su reciente informe que hay que crear la figura del «ombusdman» (defensor del espectador), en todas las cadenas. En Canal Sur, la próxima temporada contaremos con esa figura tan necesaria para defender a los ciudadanos-consumidores de televisión. El informe propone crear una «Comisión del Audiovisual» e impulsar políticas de educación y formación respecto a los medios audiovisuales. Respecto a la influencia de la televisión en los niños y jóvenes, la Comisión estima «que no puede ser muy bueno para los niños que sólo vean lo que ven en televisión, ni que lo vean con tanta asiduidad», perjudicando a los niños con menos medios económicos y culturales. Según la Comisión senatorial, los responsables últimos del problema son los padres, pues la televisión no ayuda a los padres que quieren ser responsables.

En la Unión Europea, muchos países cuentan con organismos independientes que controlan la televisión. En Alemania, existe en cada Estado federado un organismo de control y sanción, en caso de abusos. En Francia, funciona «El Conseil Supérieur de l’Audiovisuel» (CSA) que controla que las radios y televisiones respeten las reglas. En Italia «El garante della Editoria» viene a ser un defensor del público designado por el Parlamento. En el Reino Unido, existen dos organismos: «El Broadcasting Standards Council» (BSC) y la «Broadcasting Complaits Conmission» (BBC). Ambas controlan el exceso de violencia y las escenas sexuales en televisión. Por su parte, la televisión sueca prohibió la emisión de programas de contenidos violentos antes de las nueve de la noche a raíz de la muerte de una niña de cinco años en la ciudad noruega de Trondheim, por parte de tres niños de seis años.

3. Conclusión

Tanto a través de las opiniones recogidas de expertos como del análisis de las encuestas, que insisto hay que tomar con reservas debido a que no están realizadas científicamente, pero tomando los resultados como orientativos, podemos concluir que en general los expertos y los profesionales y alumnos consultados rechazan de plano la violencia y el tratamiento violento del sexo en televisión. Convendría que los padres, educadores, tutores y los adultos en general, dedicasen más tiempo a los pequeños para educarles a enfrentarse a la televisión y saber utilizarla como medio de formación y educación y no como instrumento perjudicial para el desarrollo psicoemocional del niño. La televisión, como todo avance tecnológico, hay que convertirlo en nuestro aliado y no permitir que se convierta en nuestro enemigo. Sería necesario que las cadenas de televisión revisasen sus programaciones e incluyesen programas que como la «Ruta Quetzal », «Los Simpson» o «Cosas de casa» (familia afroamericana) ayuden a los niños y jóvenes en su formación y educación y que les instruyan en la tolerancia, en el respeto al otro, en la igualdad social, de raza, religión y en la solidaridad y fraternidad en las sociedades en que como en las occidentales, la libertad es la base de todo el sistema democrático, pero también en los derechos y los deberes que tienen que asumir los ciudadanos y entre ellos, el derecho a acceder a buenos programas televisivos y de calidad que informen, formen y eduquen a las futuras generaciones que vivirán las convulsiones y las satisfacciones que traerá consigo el tercer milenio. En el caso de España, se echa igualmente en falta en las diferentes cadenas televisivas algún programa que exponga la situación de la convivencia entre diferentes grupos étnicos o culturales. El derecho de las minorías, como es el caso del pueblo gitano, debería ser abordado en algunos programas tratando de fomentar la convivencia y la integración entre ambas culturas, la paya y la gitana, e igualmente las televisiones tendrían que fijarse en el mestizaje que poco a poco va produciéndose en nuestra sociedad, que ha visto como se han ido incorporando grupos de personas procedentes de otros países, norteafricanos, suramericanos, asiáticos y de la Europa del Este que, como ocurre en otros países europeos, empiezan a ser cotidianos entre el paisanaje de los pueblos y ciudades españolas. Los niños y los jóvenes, fruto de este proceso de mestizaje formarán parte (minoritaria si se quiere) de los futuros espectadores- consumidores de televisión del próximo siglo y hay que ir trabajando en la dirección de que esos ciudadanos crezcan y se eduquen libres en una sociedad mediatizada e interrelacionada por la influencia de los mass media, para que se alíen y se beneficien de la utilización de una televisión plural, moderna y educativa y para que no caigan en la trampa de una tela de araña de 625 líneas, dispuesta por un monstruo mercantilista cuyos intereses no sean otros que fagocitar los corazones y la inteligencia de nuestros niños y jóvenes para alimentar a la bestia capitalista que ofrece su cara amable, bella y juvenil, a través de la tan a veces despiadada y denostada publicidad y... ¡sálvese quien pueda!

Notas

1. VILCHES, L. (1993): La televisión. Los efectos del bien y del mal. Barcelona, Paidós; pág. 64.

2. MASTERMAN, L. (1993): La enseñanza de los medios de comunicación. Madrid, La Torre. (Es profesor de Educación Audiovisual de la Universidad de Notthingham de Reino Unido. Este libro influyó notablemente en la educación audiovisual en Canadá, Australia, Reino Unido y buena parte de los países centroeuropeos).