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Revista Comunicar 6: La televisión en las aulas (Vol. 3 - 1996)

Fobias y filias televisuales

https://doi.org/10.3916/C06-1996-08

Manuel Fandos-Igado

María-José Martínez-Gracia

Abstract

Hoy en día, la cultura del botón -apretamos algo y comienza a funcionar como queremos que funcione- exige cada día más que nos planteemos unas estrategias apropiadas tanto desde el punto de vista instructivo como desde la perspectiva de las ideas para lograr que cada persona consiga ser un espectador -telespectador en nuestro caso activo, crítico, creativo y pragmático.

Keywords

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Creemos que merece la pena reflexionar sobre lo que hoy es, sin duda, uno de los inventos más poderosos de influencia sobre la persona; en particular sobre las personas que están en edad escolar.

1. Preámbulo

La televisión es un invento y un electrodoméstico que ha supuesto toda una revolución socio-cultural, económica y visual y que además está siendo soporte de todo un futuro que nos está «invadiendo» a un ritmo vertiginoso y difícilmente controlable. Realidades como los videojuegos, la televisión digital, el videodisco y la laservisión, la televisión en relieve que tanto impacto está causando, la realidad virtual, la telemática... nos están acercando a un mundo y a un entorno que jamás antes habíamos imaginado pero en el que nos vemos sumergidos y en el que tenemos que movernos visualmente entendamos o no lo que vemos.

La televisión como invento es un soporte magnífico de aprendizaje, de entretenimiento, de ocio, de información... y parece que lo va a seguir siendo cada vez más, a medida que vayamos aprendiendo a usarla en todas sus posibilidades y en la medida en que vayamos poniéndole freno en sus otras posibilidades más subversivas. Lo cierto, no obstante, es que no podemos ignorarlas, porque todos los signos que tenemos nos auguran que vamos hacia un hogar electrónico donde el formato pantalla (televisor, ordenador, multimedia...) va a ser la estrella.

Creemos que merece la pena reflexionar sobre lo que hoy es, sin duda, uno de los inventos más poderosos de influencia sobre la persona; en particular sobre las personas que están en edad escolar.

La preocupación de padres, educadores, pensadores, científicos, políticos... no es banal, ni circunstancial. ¿Perjudica o no perjudica el consumir tanta televisión? ¿Hasta dónde alcanza la manipulación que pueden recibir los niños y cuáles son las defensas que existen al respecto? ¿Qué incidencia tienen los modelos que se «venden» a través de la televisión en sus series, publicidad, concursos... en la programación en general?

2. Efemérides en torno al ingenio televisivo

1817: El químico sueco Jacob Berzelius descubre las propiedades del selenio (elemento cuya conductividad eléctrica aumenta con la luz que recibe).

1873: Se descubre el principio de la célula fotoeléctrica.

1884: El alemán Paul Von Nipkow descubre un disco con el que luego se conseguirá la transmisión de imágenes.

1923: El ruso-americano Vladimir Kosma Zworykyn ya en los Estados Unidos reemplazó el disco de Nipkow por un sistema electrónico de descomposición de la imagen y realizó el primer tubo en el que un haz de electrones bombardea una pantalla fosforescente. A este tubo lo llamó «iconoscopio». Se había dado el paso decisivo para el nacimiento de lo que luego será la televisión.

1925: El británico Logie Baird logra por vez primera trasladar la imagen de una habitación a otra contigua.

1931: Los trabajos empíricos se convierten en tecnología aplicable a la industria y diversas empresas fabrican los primeros aparatos en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia.

1935: El 22 de marzo se transmitió en Berlín el primer programa de televisión.

1956: El 29 de octubre comienzan las emisiones regulares de Televisión Española que antes había realizado emisiones experimentales.

3. ¿Perjudica o no el consumo de mucha tele?

El primer problema viene con la delimitación de lo que se entienda por «mucha tele». Al respecto cabe decir que el dato más barajado en España es que los niños comprendidos entre 2 y 5 años de edad pasan unas 25 horas a la semana delante del televisor. En los niños de 5 a 12 años de edad, las horas aumentan o disminuyen según el uso que se haga del televisor los fines de semana; los datos no obstante, oscilan entre las 20 y las 30 horas semanales. En todo caso, entendemos que ahora, este tema no es el más relevante.

Volviendo al epígrafe, es evidente que la pregunta tendría un buen número de respuestas; aún más, tal vez su formulación pudiera entenderse como tendenciosa.

Antes de entrar en otro tipo de consideraciones, será fácil coincidir en que, desde el punto de vista físico, dada la naturaleza del soporte -una pantalla-, la vista es lo que más puede sufrir cuando no se respeta una distancia adecuada; esto unido al tiempo que se está ante la pantalla, puede ocasionar dolores en el globo ocular, fotofobias, dolores de cabeza, borrosidad en la vista, cansancio, insomnio, etc.

Hay opiniones que van más lejos y afirman que influye en la obesidad y en la forma física de los teleadictos.

Apuntamos aquí alguna norma que podría paliar lo anterior, la distancia correcta para ver la televisión, naturalmente, está en relación con el tamaño de la pantalla, cuanto mayor sea, mayor habrá de ser la distancia. Para saber cuál es la distancia adecuada, la regla general es multiplicar por 6 los centímetros de la diagonal que tenga la pantalla.

Pero sigamos con los posibles perjuicios; se ha apuntado algo en torno a lo físico, pues bien, en torno a lo psíquico, cabe decir que los informes son más abundantes y más unánimes. La UNESCO, en su informe, indica que la televisión aumenta la pasividad intelectual, aparta del trabajo escolar, limita la creatividad y el tiempo para otras actividades... asegurando que el uso masivo de este medio puede alterar o retrasar las etapas de aprendizaje infantil. Y a todo esto habría que añadir la influencia directa en cada niño en particular: miedos, excitaciones, refuerzos o inhibiciones de comportamientos, etc.

En todo caso, que el soporte pantalla (tele, videojuegos, ordenador, videoconsolas...) es en la actualidad la primera actividad de ocio de los escolares, en prácticamente todas las clases sociales, es algo en lo que es fácil coincidir; que la televisión es -al menos puede ser- una fuente de manipulación es algo que la mayoría de los adultos tenemos presente y que no es fácil discernir entre lo que es y lo que no es manipulación, son afirmaciones casi de perogrullo.

Sin embargo, lo antedicho tiene una relevancia especial desde una perspectiva educadora, dado que no todo lo que ven los niños lo entienden, o aunque crean entenderlo, no siempre se hace en el contexto adecuado. Imitan lo que ven y lo que oyen y se sienten orgullosos de imitar a «los de la tele». Les gusta comer, vestir, comprar... todo lo que se anuncia para niños en la televisión. Cuando juegan, lo hacen reviviendo el mundo de la televisión... Pero la vida no es como la vemos en la tele. He aquí el problema planteado.

La cuestión, desde nuestro punto de vista, es que lo que en el mundo de los mayores, los modelos, los patrones, las lógicas de la televisión podrían considerarse como una influencia, en el mundo de los niños este hecho podría convertirse en una manipulación toda vez que no hay una postura crítica interpuesta entre el mensaje y el receptor.

4. Cuándo y cómo acometer una educación «ad casum»

De acuerdo con los tiempos que vivimos, enseñar a comer con cuchillo y tenedor es paralelo al enseñar a ver la televisión, y aquí la familia desempeña una función sustancial.

La casa es la primera escuela y la familia el primer maestro que tenemos desde que conocemos la vida. Si esto es cierto de por sí en cualquiera de los órdenes de la vida, en lo que se refiere al aprendizaje de ver la televisión, las pautas de conducta que se tengan en la familia y en la casa, en lo que respecta al uso del televisor, son fundamentales. Si un niño ha percibido desde su nacimiento que la televisión es el punto de referencia más importante de su casa, será muy difícil luego querer convencerle de lo contrario. Si un niño ha sentido desde pequeño que todo se ha organizado en función de los programas que se emiten en la televisión, verá como normal que ésta será necesaria a la hora de comer, por ejemplo, o que la pueda tener a su libre manejo, etc.

El lugar que ocupa en la casa la televisión, la distancia desde donde se ve, el caso que hacemos a las posturas físicas que adoptan los niños para verla, los criterios que fija la familia para poder encenderla, el ejemplo que damos en el uso que hacemos de la misma, los comentarios que se hacen cuando se pasan los anuncios, o en el visionado de los programas, películas, vídeos... son de especial importancia para que cada niño vaya configurando sus opiniones en torno al ingenio televisivo.

¿Podemos imaginar una persona rodeada de libros por todas partes y que no sepa leerlos?

No insistiremos más en que la familia es pieza fundamental en lo que supone el uso y abuso de la televisión y en las formas y hábitos que genera alrededor y en torno a este electrodoméstico. La televisión, como técnica y como instrumento es, sin duda, el medio de comunicación más igualitario y más universal que existe y el que menos exigencias pide para llegar a todos: ver y oír son sus únicas condiciones previas para tomar el primer contacto con este mundo. Entender el alfabeto, morfología y sintaxis del medio visual que maneja la televisión como comunicador de cultura o contracultura, es ya más difícil. Exige una telealfabetización. ¿Podemos imaginar una persona rodeada de libros por todas partes y que no sepa leerlos? Algo o mucho de esta paradoja está sucediendo. Estamos rodeados de imágenes en todo momento (ha habido quien ha dicho que televivimos o quien dice que vivimos en una iconosfera) y, sin embargo, son muy pocos los que saben leerlas e igualmente pocos los que tienen la información necesaria para poder enjuiciar críticamente el fenómeno como medio de comunicación y de transmisión de hábitos, valores, tendencias, modas... y de lo que se tercie, si con ello aumenta la parrilla de telespectadores.

Es verdad que el currículum oficial propugnado en la Reforma ha incluido la necesidad de una educación visual en la escuela y contempla algún que otro bloque de contenidos en las áreas de Lenguaje, Conocimiento del Medio y Educación Artística, pero creemos que deja para muy tarde -Educación Secundaria y Bachillerato- su estudio formal y ordinario. ¿Tan difícil resulta iniciar a los niños y niñas en la lectura de imágenes? Existen cumplidos e interesantes trabajos que intentan mostrar posibilidades al respecto para los niveles más bajos (Fandos, 1995).

5. Trovadores de antaño. Showmans de hoy

Tal vez la analogía pueda tildarse de excesiva, podría ser, pero consideremos algunas cuestiones.

La primera, para que los puristas no discrepen in radice, será la de considerar aquí al trovador en sentido amplio, no sólo a quien recitaba versos con una métrica determinada y se acompañaba en su recitado de determinada música. Tal vez la acepción más adecuada habría sido la de juglar. Salvemos, pues, estos miramientos.

Si se entiende por juglar medieval aquel artista que cantaba, bailaba, hacía juegos y todo tipo de habilidades a cambio de dinero, sería fácil establecer una cierta similitud con cualquier showman televisivo de la actualidad, claro que la parrilla, el índice de audiencia espectadores/telespectadores, no es ni parecido.

No es éste el hecho más relevante, el juglar medieval, a través, por ejemplo, de los cantares de gesta transmitía una cierta cultura popular, que pasado el tiempo, se convertiría en tradición. Podría llegar a ser grotesco que lo que transmiten, generalmente, los showmans de hoy fuera una cultura susceptible de engrosar nuestra tradición, y si así lo quisiéramos, y habida cuenta del público al que llega, ¿no merecería, al menos, una calificación de excesiva uniformación?

El juglar medieval, a través, por ejemplo, de los cantares de gesta transmitía una cierta cultura popular, que pasado el tiempo, se convertiría en tradición. Podría llegar a ser grotesco que lo que transmiten, generalmente, los chimeneas de hoy fuera una cultura susceptible de engrosar nuestra tradición.

Veámoslo, en cualquier caso, de un modo menos fatalista; tal vez, debido a este hecho, y como contestación, se estén recuperando, valorando y potenciando, valores, costumbres, tradiciones... cultura, en fin, de nuestros pueblos. Ojo también, con los posibles movimientos excesivamente pendulares que pueden caer en unos nacionalismos exacerbados.

En cualquier caso, los abuelos cuentacuentos han sido sustituidos por los vídeos, y las historias de los hermanos Grimm, o han sido reconvertidas por la industria cinematográfica o de animación, o condenadas al olvido. Si éste es el destino de los clásicos universales, ¿qué podemos esperar que ocurra con las historias autóctonas? Esto es un desastre o una ventaja ¿? Esto queda para la opinión particular de cada cual.

Vayamos más allá, obviemos a los chimeneas, ¿podríamos establecer una analogía entre el propio ingenio televisivo, la propia pantalla, y los trovadores o juglares de antaño? ¿Acaso no entretiene la televisión? ¿No canta gestas? ¿No genera dinero? ¿No incide en la cultura? ¿...?

Pero, no seamos simplistas y perdamos el hilo argumental defendido desde el principio de esta reflexión. No es ni parecida la capacidad de influencia y, por ende, de manipulación, ni el cómo llega hasta nosotros, ni el tiempo, ni otras muchas variables. Otra vez tenemos que decir que la cuestión está servida.

6. Epílogo

El televisor no es hoy sólo un receptor de imágenes. Las nuevas tecnologías han hecho del televisor el soporte de múltiples funciones: de información (teletexto), de ocio (vídeo, televisión por cable), de trabajo (ordenador personal), de entretenimiento (videojuegos), de comunicación (videotex, correo electrónico...). Todo un futuro que acaba de comenzar y para el que necesitamos estar preparados para poder afrontarlo con acierto.

Hoy en día, la cultura del botón -apretamos algo y comienza a funcionar como queremos que funcione- exige cada día más que nos planteemos unas estrategias apropiadas tanto desde el punto de vista instructivo como desde la perspectiva de las ideas para lograr que cada persona consiga ser un espectador (teleespectador en nuestro caso) activo, crítico, creativo y pragmático. Y en este pragmatismo y como producto, la técnica también ha puesto a nuestro alcance el poder programar y diseñar previamente lo que queremos ver o, al menos, tener la oportunidad de apagar o, simplemente cambiar de canal.

Parece claro que los que manejan la imagen conocen su poder y su fuerza manipuladora. A nosotros, los telespectadores, corresponde ahora contrarrestar esa manipulación, aprendiendo a leer imágenes.

Así pues los primeros que tenemos que aprender a ver la televisión somos los adultos. En la medida en que los adultos aprendamos, aprenderán los que nos rodean, es decir, los niños y los alumnos. Un aspecto clave es que los niños vean la televisión acompañados de alguno de sus padres y si ello no es posible, interesarse sobre lo que han visto en las horas en que han estado solos ante el televisor. Es la única forma de saber lo que ven, y de saber también lo que les interesa o no. Y, a partir de ahí, dialogar, orientar, programar, controlar...

Finalmente, hacemos nuestros los consejos que aporta Lolo Rico al respecto del uso de la televisión:

• Controlar el tiempo que los niños permanecen frente al televisor, vigilar los programas que ven y comentarlos con ellos.

• No convertir nunca el ver la televisión en un premio o recompensa de algo.

• Protestar y exigir que lo que aparezca en las pantallas presuntamente destinado a niños y a jóvenes tenga una calidad y unos contenidos responsables y dignos... y sobre todo, sin ningún género de manipulación.

• Defender y mantener las televisiones públicas para que se usen en beneficio de todos con criterios de bienestar cultural y no con criterios puramente económicos, políticos y/o comerciales.

Referencias

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BALLESTA, J. (Coord.) (1995): Enseñar con los medios de comunicación. Barcelona, PPU/DM.

EL CORREO DE LA UNESCO (1992): Tele...visiones.

EL PAÍS (1993): «¿La caja lista?», en Babelia. 20 de nov.

FANDOS, M. (1995): Juega con la imagen. Imagina juegos. Hacia una integración curricular de los medios de comunicación en la enseñanza . Huelva, Grupo Pedagógico Andaluz «Prensa y Educación».

GIL CALVO, E. (1985): Los depredadores audiovisuales. Juventud urbana y cultura de masas. Madrid, Tecnos.

GOETHALS, G. (1986): El ritual de la TV. México, Fondo de Cultura Económica.

KRASNY, L. (1991): Cómo utilizar bien los medios de comunicación. Manual para padres y maestros. Madrid, Visor.

LORENZO, F. (1974): La televisión. Madrid, Salvat.

MANDER, J (1984): Cuatro buenas razones para eliminar la TV. Barcelona, Gedisa.

RICO, L. (1992): TV: fábrica de mentiras. La manipulación de nuestros hijos. Madrid, Espasa Calpe.

RISPA, R. (1982): La revolución de la información. Madrid, Salvat.

YARCE, J. (1992): Televisión y familia. Madrid, Palabra.