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Revista Comunicar 6: La televisión en las aulas (Vol. 3 - 1996)

Educar para un uso crítico de la televisión en educación infantil

https://doi.org/10.3916/C06-1996-14

Sara Pereira

Abstract

Hoy los niños de todos los países están expuestos a unas altas dosis de consumo televisivo, que demandan de toda la sociedad, y muy especialmente de los educadores, reflexiones en torno a sus posibles consecuencias. La autora de este trabajo refleja la experiencia llevada a cabo en un Jardín de Infancia del norte de Portugal para integrar la televisión en el currículum escolar, haciendo a los niños y niñas reflexionar ya a estas tempranas edades, a partir de sus experiencias diarias, sobre sus hábitos audiovisuales.

Keywords

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Comienzo este artículo contando una experiencia personal, vivida cuando trabajé como educadora con un grupo de niños y niñas de una Escuela Infantil (Jardín de Infancia), con edades comprendidas entre los tres y los seis años.

Desde el inicio del año lectivo de 90/91, venía observando en los comportamientos de los niños una fuerte influencia de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, en las áreas de juego libre, en situaciones de juego simbólico, en actividades de expresión plástica, en las historias que contaban, en las conversaciones que tenían conmigo y con los compañeros, en los momentos de trabajo en grupo, en los tiempos de espera, e incluso fuera del centro, donde llegaron a construir juntamente con los niños de la escuela de primer ciclo -cuyo edificio era contiguo al suyo- un lugar idóneo para la representación de escenas de la telenovela «Tieta», que entonces se exhibía en el Canal 1 de la televisión portuguesa.

Advertí cómo algunos de los niños y niñas comenzaron a pedir permiso para salir antes. Inicialmente nada de extraño vi en estas peticiones. Pero, poco a poco se hicieron sistemáticas y fueron extendiéndose a otros niños y niñas del grupo. Descubrí entonces, a través de ellos mismos, que la petición se debía a su interés por ir a casa para poder ver los dibujos animados de «D´Artacán», emitidos en el programa «Escoja, ahora», de la RTP.

¿Qué hacer frente a situaciones como ésta, que ciertamente ocurren en muchos Jardines de Infancia y Escuelas Infantiles, en que la motivación de los niños y niñas se centra especialmente en la televisión, de la cual son telespectadores asiduos? ¿Guiar sus intereses y sus conversaciones sobre los programas y contenidos televisivos? ¿Mostrar indiferencia o actuar como si nada estuviese ocurriendo? ¿O aprovechar intencionalmente esa fuerte motivación de los niños y niñas para rentabilizarla educativamente?

La verdad es que la televisión fascina tanto como inquieta. Es una de las distracciones preferidas de los niños y niñas. Es un poderoso instrumento que satisface sus necesidades, que les suscita nuevas preguntas e intereses, que los coloca frente a situaciones cuya naturaleza, realista o ficticia, no siempre consiguen discriminar, situaciones de conflicto y violencia que les provocan miedo, ansiedad y perturbación, aunque a veces también les atrae y seduce. La televisión se suele emplear, esporádica o frecuentemente, como una «criada electrónica» -de fácil uso y acceso- de los niños y después nos quejamos de que ellos son teledependientes...

La frecuencia con que la familia, los educadores y profesores convierten a la televisión en «chivo expiatorio» de los más diversos problemas de las nuevas generaciones, puede ocultar cuestiones más graves, asociados al tipo de vida y de sociedad en que nos ha tocado vivir.

La televisión es un medio socializador que las instituciones educativas no pueden ignorar. Es importante asumir su significado que como elemento de cultura desempeña en el mundo actual.

La escuela es o debe ser un lugar en que la televisión puede ser analizada, comprendida e integrada en las actividades curriculares de diversas formas. Del mismo modo, las familias desempeñan un papel insustituible en la organización y significación de los mensajes que los niños reciben a través de éste u otros medios. Tradicionalmente estas dos instituciones -familia y escuela- venían siendo lugares privilegiados de conocimientos y saberes, pero en la actualidad los medios de comunicación, particularmente la televisión, están interviniendo alterando el proceso clásico de socialización, pues, a través de ellos, los niños son fácilmente informados de lo que está pasando en el mundo. Cuando a los tres años, el niño llega por primera vez al Jardín de Infancia, posee ya un importante bagaje televisivo. Como indica Meyrowitz1, «la televisión hoy acompaña a los niños a conocer el mundo mucho antes de ser capaces de pasear solos por la calle».

La televisión está pues presente desde muy pronto en la vida de los niños, formando parte e influyendo en sus experiencias y vivencias diarias, dentro de la familia y, cómo no, también en la vida escolar.

Sería deseable e importante, como ya ocurrió en algunos Jardines de Infancia y Escuelas, que los niños y niñas pudiesen encontrar en las instituciones educativas un espacio que les proporcionase la oportunidad de verbalizar sus concepciones televisivas. Aprovechando que la mayoría de los niños están fuertemente motivados por y para la televisión, el profesor puede rentabilizar el interés que tienen por este medio. Hablar de y sobre la televisión puede ser un buen punto de partida para el desarrollo de una educación que capacite a los alumnos para hacer un uso crítico de la televisión2. La tele es algo que comparten todos los niños; están familiarizados con sus contenidos y en las conversaciones que mantienen entre ellos se puede constatar cómo aceptan fielmente los puntos de vista que se les presentan. Es por consiguiente un tema que forma parte de sus experiencias vitales y puede servir de puente entre el Jardín de Infancia y la familia. Además, si pretendemos que los aprendizajes y los conocimientos que se desarrollan en el Jardín de Infancia tengan verdaderas posibilidades de ser alcanzados, deberemos partir de las vivencias y experiencias de los niños, de sus dudas, necesidades y problemas.

Al desarrollarse en la Escuela o Jardín de Infancia un trabajo sistemático de exploración de la televisión, los niños pueden afianzar actitudes críticas y aprender a preguntarse sobre lo que ven y oyen; pueden también habituarse a ser selectivos a la hora de ver televisión; esto no implica necesariamente que el placer y la satisfacción que los niños sienten al ver televisión sean menores, sino por el contrario, con los conocimientos y capacidades que adquieran, podrán apreciar y valorar mucho mejor sus programas preferidos, y verlos con más satisfacción. Y en definitiva, sus actitudes críticas y sus capacidades de selección podrán aplicarse también en otros ámbitos de su vida.

Esencialmente el medio familiar constituye el principal contexto de consumo televisivo; esto es, el contexto inmediato en que generalmente los niños ven la televisión y comentan lo que ven, desempeñando un papel importante para conocer sus prácticas televisivas. La televisión puede ser una oportunidad de lograr la interacción social en el seno de la familia; es muchas veces una facilitadora de participación en la vida familiar y también motivo de conflicto, sobre todo cuando no hay consenso o acuerdo en relación al canal que se quiere ver. Los padres tienen una gran influencia en la forma de cómo los hijos ven televisión, una vez que comparten con ellos su «estilo televisivo». Por tanto, nada sustituye una interacción de calidad entre padres y niños y nadie es capaz de lograr, si no es la familia, que los niños filtren, interpreten, comprendan los contenidos televisivos y atribuyan sentido a los mensajes recibidos, porque en su seno es donde pueden conversar, revivir y criticar lo que se vio.

Se comprende entonces la importancia del contexto familiar en la recepción televisiva y la necesidad de que familia y escuela -que tienen un papel protagonista y básico en la educación de los niños- se complementen en una Educación para los Medios, preocupándose por optimizar el potencial de desarrollo, evitando ofrecer pautas de conductas contradictorias en el proceso educativo.

Para la puesta en marcha de un programa de «educación crítica para el uso de la televisión », es importante tener presente no sólo este medio audiovisual y el impacto de sus contenidos, sino también los contextos y condiciones de recepción, el medio social y cultural, los estilos de vida de las familias, las características psicológicas de los niños, así como su papel activo en la creación de significados y las alternativas disponibles que se les presentan, pues todas ellas son variables importantes que interaccionan con el medio televisivo.

Me gustaría para terminar proponer algunas estrategias de exploración de la televisión, que pueden ser desarrolladas en el Jardín de Infancia, en la Escuela o hasta en la propia familia, con la intención de que sirvan de orientación a todos los que están interesados en educar para la comprensión y la creación de actitudes reflexivas, críticas y creativas en relación al uso de la televisión:

1. Utilizar la televisión como instrumento de observación e «investigación» con vista a recopilar datos que permitan una intervención pedagógica más adecuada y adaptada. Para ello, algunos tópicos pueden ser:

• ¿Cuáles son los programas televisivos más vistos por los niños y cuáles son sus preferidos?

• ¿De qué forma ven y representan a sus héroes en la escuela?

• Huellas e influencias de la televisión en sus juegos.

• Intereses, sentimientos de alegría, miedo, tristeza... transmitidos por los medios de comunicación que comparten.

• Animarles a hablar y a comentar para que den su opinión sobre lo que vieron en televisión.

2. A través del dibujo, pintura, modelado... descubrir las preconcepciones que los niños tienen de la televisión, conocer sus programas y personajes preferidos. Para ello sería interesante realizar un registro de los comentarios sobre los programas televisivos, comparándolos y comentándolos en grupo.

3. Hablar con los niños sobre sus héroes y antihéroes, descubriendo quiénes son, cómo son, qué hacen, cómo se visten, si vencen siempre, cómo resuelven sus conflictos...

4. Ver con los niños y niñas un programa de televisión; por ejemplo, un fragmento de dibujos animados o una película. Hacer después un análisis: recontar la historia (éste puede ser el punto de partida de la actividad, cuando no se dispone de televisión y vídeo), caracterizar física y psicológicamente a los personajes, descubrir los espacios físicos más significativos de la acción, identificar los mensajes que pretende transmitir el programa...

Tengamos siempre presente que «aprender a usar la televisión ofrece una autonomía comparable a la que se adquiere cuando los niños aprenden a atarse los cordones de sus zapatos, a escoger sus ropas, a saber la hora, a atravesar la calle o a preparar su cartera» (F. Mariet). Sara Pereira es profesora del Centro de Formación de Profesores y Educadores (CEFOPE) de la Universidad del Miño (Braga) de Portugal. Traducción del original en portugués por M. Monescillo.

Notas

1 MEYROWITZ, J. (1985): No sense of Place. Oxford, Oxford University Press.

2 Se entiende por «educación para el uso crítico de la televisión» el estimular a los niños para que establezcan sus propios juicios y formulen sus propias opiniones acerca de lo que ven en este medio, y el desarrollar su capacidad de proceder a una reorganización de los datos y de las informaciones que poseen de forma original y creativa, especialmente a través de la creación de sus propios productos mediáticos.

3 MARIET, F. (1989): Laissez-les regarder la télé. Paris, Calmann-Lévy