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Revista Comunicar 7: ¿Qué vemos?, ¿qué consumimos? (Vol. 4 - 1996)

El periódico literario: un ejemplo práctico con «Don Quijote»

https://doi.org/10.3916/C07-1996-24

María-Lourdes Íñiguez-Barrena

Abstract

Se presenta una propuesta para hacer más atractivas y participativas las clases de Literatura. Se trata de realizar un periódico a partir de la obra más universal de nuestras Letras, «Don Quijote de la Mancha». La autora nos explica paso a paso la elaboración de esta tarea, que cuenta con dos tipos principales de actividades: trabajo individual de cada alumno y trabajo grupal necesario para una labor conjunta, como es la edición de un periódico de centro.

Keywords

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Todos los profesores de Lengua y Literatura Españolas sabemos lo reacios que son los alumnos a leer obras literarias completas y más si son de autores clásicos. Esto es lo que ocurre en tercero de BUP: los programas oficiales señalan una serie de lecturas obligatorias, entre las que, claro está, se cuenta El Quijote. ¿Cómo enfrentarnos a ella sin que los chicos le tomen más «manía» de la que ya le tienen? Y, sin embargo, ¡qué magnífica les parece cuando la llegan a entender! Después de batallar varios años, me pareció que una sencilla, amena e instructiva manera de dinamizar su lectura podría ser confeccionar con ella un periódico literario. De este modo, sustituíamos el tradicional trabajo monográfico de clase por uno más vivo y cercano a nuestros días, al tiempo que lográbamos otro de los objetivos por los que nos afanamos: que los alumnos manejen la prensa.

Abordar la tarea no resulta difícil. De entrada, los chicos aceptan este planteamiento de trabajo con mayor ilusión, por ser más novedoso, que el aburrido estudio atomizado de las obras literarias por temas. La consulta de bibliografía -de la que tanto nos quejamos los profesores, ya que los trabajos suelen resultar meras copias literales de los manualestambién se agiliza, pues el trabajo no se va a «pesar», es decir, valorar -como ellos siempre creen- por el número de páginas que tenga, sino por la capacidad de imaginación y de síntesis, por la claridad y corrección en la exposición de las ideas; en fin, por la originalidad en la elaboración de un sencillo artículo de periódico, de no más de dos páginas.

El aspecto creativo y lúdico también juega un importante papel, pues el periódico ha de tener un nombre, que debe elegirse entre toda la clase; debe llevar fotografías, ha de incluir pasatiempos y tienen que hacerse los titulares con diferentes tamaños de letras; por último, las columnas de los artículos deben ajustarse al formato de las páginas... Con todo hemos de componer un rompecabezas donde cada elemento quede perfectamente encajado.

El tiempo previsto para realizar el trabajo es de un trimestre; concretamente, nosotros dispusimos que fuera el segundo por parecernos el más apropiado tanto por su duración como por suponer la superación del rodaje del primer trimestre y la falta de agobios propios del tercero.

¿Por dónde empezar? Lo primero que hemos de hacer -si no lo hemos hecho en los cursos anteriores- es traer a clase una buena cantidad de periódicos para que los alumnos se familiaricen con su uso y conozcan su formato, estructura, portada y contraportada, secciones en que se divide, tipos de artículos que contiene, etc. No hay ninguna dificultad en hacerse con cuarenta o más ejemplares atrasados de un periódico; basta con pedirlos a la redacción, que en virtud del concierto que la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) -de la que forman parte casi todas las empresas periodísticastiene con el Ministerio de Educación, los facilita gratuitamente a los centros de enseñanza.

Debemos distinguir claramente los bloques fundamentales de información y opinión, propaganda, agenda... en que se divide un periódico; así como las características específicas de los diferentes tipos de artículos: noticia, editorial, reportaje, comentario, entrevista, crónica, etc.; qué lugar ocupa cada uno de ellos en el periódico, qué se incluye en la portada y en la contraportada, cómo se construye un titular, los tipos de letras y tintas, el valor de las fotografías, por qué se insertan anuncios, a qué ideologías responden los diferentes periódicos, cuál es su ámbito de difusión, a qué se le llama prensa sensacionalista, etc. Este estudio nos puede llevar como máximo tres o cuatro clases y, sin que los alumnos tengan conciencia directa de ello, pues nuestro fin es otro, se habrán acercado -quizá por primera vez unos- o profundizado -otros- en el conocimiento de este importantísimo medio de comunicación de masas.

Ahora se trata de aplicar lo visto a la obra que nos ocupa. En nuestro caso, quisimos trabajar con Don Quijote de la Mancha, por ver si de esta manera podíamos quitarle «hierro» a la consabida animadversión que los chicos sienten hacia una obra, ante todo, tan extensa. En el éxito de la tarea influirá asimismo la pericia del profesor en abordar su lectura desde unos puntos de vista lo suficientemente atractivos, como pueden ser: a) la parodia de los libros de caballerías: héroe, dama, aventuras; b) la locura del personaje: estudio de su cuadro clínico paranoide, del que puede dar una charla un psiquiatra que traigamos al centro; c) la sanchificación de Don Quijote y la quijotización de Sancho: evolución y ósmosis de los personajes. Igualmente, y con el mismo fin, se pueden plantear mesas redondas o coloquios sobre temas afines a la obra, por ejemplo: a) ¿Puede el hombre vivir sin sueños?; b) ¿Tiene valor ser bueno en un mundo malvado?; c) Los héroes de nuestros días; o podemos proyectar películas relacionadas con el tema caballeresco: Ivanhoe, Camelot, El Cid Campeador, El último caballero, Indiana Jones y la última cruzada, etc. En fin, no voy a entrar en el estudio temático de la obra, porque ése no es el objeto de este trabajo; pero sí quiero insistir en que de la confluencia de las dos tareas -un enfoque que despierte el interés de los alumnos y les sirva de incentivo para continuar la lectura, y un trabajo sobre la misma ameno, dinámico, vivo y colectivoresultará un cambio radical de actitud de nuestros jóvenes hacia una de las obras maestras de la Literatura Universal, cuya lectura no podemos de ningún modo soslayar, sea cual sea el Sistema Educativo vigente.

Conforme vayamos leyendo la obra, en clase y en casa, durante aproximadamente mes y medio, los alumnos van a elaborar dos tipos de trabajos. El primero -individual- lo harán en casa y consistirá en: 1) un artículo de opinión sobre el/los episodios que más les hayan gustado o llamado la atención por cualquier motivo; 2) una noticia o reportaje internacional, nacional o local relacionada con la obra o con un acontecimiento que ocurriera en la época en que ésta fue escrita -la ayuda del profesor de Historia de la clase puede ser en este sentido inestimable-; también la imaginación aquí puede aportar su ingrediente, mezclando la ficción novelesca con los hechos históricos, siempre que no se raye en lo inverosímil; 3) una entrevista con el autor o los personajes; 4) una carta al director; 5) otros, que los propios alumnos decidan. Este trabajo les ocupará un máximo -como dijimos- de dos folios cada uno. El segundo tipo de trabajo se hará en grupos de tres o cuatro alumnos y habrá de consistir en realizar pasatiempos -juegos de letras, adivinanzas, crucigramas, salto del caballo, chistes, etc.-, necrológicas, horóscopo, cartelera de espectáculos, anuncios publicitarios...; todos ellos referidos a la obra o a su época. En este aspecto, la capacidad inventiva de los alumnos desborda cualquier límite.

Por último, faltarán las fotografías que pueden tomarse de los libros de Historia, Literatura, Arte..., de la biblioteca; los titulares, que no ofrecen mayor problema, pues muchos alumnos tienen ordenador en su casa y los hacen sin dificultad y el nombre del periódico que se elegirá por votación de entre unos cuantos propuestos en clase.

Se señala un día para la entrega de los trabajos individuales y, concluido el plazo, vamos a elegir un jurado, compuesto por tres alumnos y el profesor, que deberán seleccionar los artículos no siempre mejores, sino más variados o idóneos para las diferentes secciones. Ni que decir tiene que la redacción definitiva de los artículos cuesta que los alumnos hayan de repetirlos varias veces; en ello, el trabajo de corrector de estilo del profesor se hace algo pesado, pero los chicos suelen esmerarse pues todos quieren que su artículo sea seleccionado y, en suma, que el periódico resulte bien hecho. Esta labor se puede hacer en clase: mientras los grupos trabajan en los elementos colectivos, el jurado va leyendo y seleccionando los artículos, que el profesor corrige y devuelve a sus redactores y éstos los reelaboran sobre la marcha. Todo el proceso puede ocuparnos una semana, o sea, cuatro clases.

Hecho esto, hemos de montar las páginas. El profesor trae a clase los pliegos de papel que habrán de constituir las hojas de los periódicos; su coste apenas supone gasto para el presupuesto del Centro o del propio Seminario. Vamos a elegir cómo distribuir los artículos en las páginas: portada, contraportada, nacional, internacional, editorial, opinión, agenda; cuántas columnas va a ocupar cada artículo y su lugar en la página -par, impar, parte superior o inferior-; dónde van a ir colocadas las fotografías; dónde van los anuncios, etc. Una vez elaborado el diseño, los alumnos han de llevarse los artículos a casa y escribirlos a máquina u ordenador en función del tamaño y columnas que se les hayan asignado en la maqueta; una manera de solventar posibles problemas es decirles que escriban los artículos en columnas de ocho a diez centímetros de ancho, que después recortaremos y ajustaremos convenientemente en las páginas. Con todo, más de uno tendrá que repetirse, esto es inevitable; pero los chicos suelen hacerlo de buen grado, cuando ven sorprendidos los resultados de su trabajo, que aparecía todo deslavazado y poco a poco va siendo conjuntado en el cuerpo del periódico; hasta los más remolones acaban «enganchados» en el trabajo del grupo.

Queda la última parte: tijeras y pegamento en mano, ponemos sobre los pupitres todos los pliegos; señalamos los márgenes y las cabeceras y pegamos dentro del marco todos los recortes -titulares, fotos, artículos-. Esto lo hacen los alumnos cuidadosamente; el profesor lo único que ha de hacer es ir supervisando cómo van quedando las diferentes páginas. El trabajo está concluido. La fotocopiadora del Centro -o la copistería- hará la correspondiente tirada de ejemplares que, si el Instituto no puede sufragar, los propios alumnos comprarán encantados por el precio justo de su coste.

Espero que este artículo pueda servir de orientación y ayuda a los muchos compañeros que, como yo, se preocupan por hacer nuestras clases cada vez más amenas y útiles, cual mandaba el viejo aforismo, y si es, como en este caso, dentro de la línea de «Prensa y Educación», creo que estaremos colaborando a educar a nuestros alumnos no sólo para las aulas, sino para la vida.