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Revista Comunicar 8: La educación en medios de comunicación (Vol. 4 - 1997)

Hacia una cultura comunicativa

https://doi.org/10.3916/C08-1997-05

Josué Hernán-Serrano

Abstract

La comunicación es el elemento clave del proceso educativo pues nos permite expresar ideas, compartir experiencias, exteriorizar sentimientos... Los medios de comunicación son facilitadores de los procesos comunicativos que se dan en el aula y fuera de ella, con el uso de sus mensajes atractivos y actuales, sus lenguajes y técnicas dinamizamos y enriquecemos la práctica educativa y la formación de los alumnos. El autor, centrándose en el medio radio, nos muestra cómo se puede aprender viviendo un proceso real y actual de conocimiento.

Keywords

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La comunicación, en todos sus aspectos, parece ser el tema privilegiado de la modernidad, en un esfuerzo por recuperar la lógica y por generar nuevos procesos lógicos que posibiliten agilidad, puntualidad y exactitud. Un ejemplo de ello son las telecomunicaciones que han logrado solventar el principal problema de la educación del siglo XIX (búsqueda y ordenamiento de los contenidos), y le plantea como reto la capacidad de selección, procesamiento y transmisión de dichos conocimientos. En ello los medios de comunicación y los nuevos recursos para almacenamiento y acceso de datos han sido pilares fundamentales del cambio.

En otro nivel, el de la comunicación interpersonal, el sector educativo también tiene el reto de generar una visión globalizadora, integral y generalista del mundo, aparte de la tradicional transmisión de habilidades y saberes instrumentales. En ello, todos los modelos pedagógicos surgidos a partir de los años cincuenta tienen como común denominador la búsqueda de nuevos espacios de interacción, de nuevos motivos, argumentos y estrategias para enfrentar lo educativo con lo cotidiano y de nuevas metodologías que permitan al docente desempeñar mejor su trabajo y al alumno apropiarse de la mejor manera de los conocimientos. La «comunicación» se convierte entonces en la piedra angular del desarrollo educativo y no puede ser de otra manera, ya que a través de ella podemos expresar nuestras ideas (siempre esperando que nuestro interlocutor opine y alimente nuestras opiniones), compartir nuestras experiencias y expresar nuestros sentimientos, nuestros temores, nuestros odios, etc.

La palabra comunicación tiene múltiples acepciones, pero preferimos aquélla que indica que el acto de comunicarse es ponerse en contacto con otra persona (o con otras) y lograr un intercambio con el ánimo de transmitir algo, de informarse de algo, de construir algo o de aprender algo. El espacio vital para la comunicación es la cultura, que actúa como «referente» principal del proceso, ya que suministra al sujeto las reglas para su acción social. El sujeto, al ser depositario de las creencias, las costumbres, los hábitos y los valores, las prácticas, las formas de los comportamientos y las actitudes surgidas del modelo cultural, puede asumir de mejor manera las ideas y los conceptos, no sólo para acceder a la cultura (para usufructuar de ella), sino también para modificarla y transformarla de acuerdo a sus necesidades. Con lo anterior se da un paso importante ya que el hombre, a la vez que aprende, tiene la capacidad de enseñar.

1. ¿Para qué la comunicación?

La principal preocupación de los docentes en el acto educativo no es, como puede pensarse, el lograr una buena transmisión de conocimientos, sino hacer que el alumno se apropie de ellos y los utilice de manera práctica. Sin embargo, el sector educativo le ha dado más importancia al «cómo enseña el docente» y no al «cómo aprende el alumno», y en el mismo sentido se le ha agregado un valor inusual al contenido y se ha olvidado del proceso.

Si miramos de forma breve y sintética el «para qué» sirve la comunicación tanto a nivel individual como a nivel social, comprenderemos la pertinencia del tema para la institución escolar y particularmente en la relación docente- alumno.

En primer término, podemos afirmar que la comunicación le sirve al sujeto para satisfacer necesidades del «yo»; esto es, para alimentar los procesos psicológicos que le permiten definir los rasgos y características de la personalidad y para reafirmar su existencia: toda forma de comunicación humana implica una confrontación del «yo». A la educación le compete «formar» y dicha formación implica principalmente lograr que el sujeto afirme los rasgos de su personalidad, para que tenga autonomía, capacidad de decisión y de valoración. Una educación con carácter integral es la que posibilita que el sujeto confronte con los otros, de manera permanente, sus ideas, conceptos y valores.

Desde otro punto de vista, la comunicación le sirve al sujeto para despertar en otras conciencias las ideas, imágenes, conceptos, sentimientos, actitudes y cualquier otro efecto psíquico. Esto significa que es indispensable para el sujeto mantenerse en contacto con las demás personas, para afirmar sus puntos de vista (confrontar saberes), para lograr que tengan potencialmente la capacidad de entenderse, para que compartan los sentimientos y en fin, para vivir plenamente como hombre identificado con los propios. El aprendizaje no solamente se centra en la capacidad de asimilar y acumular conocimientos, sino también en la dinámica de proponer, exponer y confrontar sus saberes con los saberes de los demás, en un esfuerzo para lograr que sus proposiciones tengan un verdadero valor social.

Una tercera perspectiva de la comunicación nos conduce a afirmar que ésta le sirve al sujeto para ampliar las «dimensiones sociales de su personalidad», que no son otra cosa que los espacios en los cuales la vida del sujeto adquiere significación. Dichas dimensiones son: dimensión científica; dimensión situacional (economía, vida emocional, vida familiar, etc.); dimensión histórica (experiencias); dimensión cultural; y dimensión profesional. Estas dimensiones son las que configuran la existencia del hombre en la sociedad, las que le con frontan y definen sus rasgos característicos en su ser colectivo. Es innegable que la educación debe desplegar en este justo punto su mayor esfuerzo: para ello debemos servirnos del atractivo que nos ofrece la «confrontación de saberes», la práctica de la «interlocución», los mecanismos de investigación, el desarrollo de hipótesis, la construcción de proposiciones, etc.

Desde el punto de vista social, la comunicación nos sirve para tener acceso a la cultura (y al medio ambiente cultural) para asumirla y poder dinamizarla; para correlacionar fuerzas (evitar los desbordamientos de una persona o grupo, en aras de la armonía propia de la vida social); para ampliar el patrimonio de experiencias comunes; para lograr una economía de esfuerzos; para intercambiar ideas, valores, sentimientos, experiencias, creencias y costumbres. Es decir, necesitamos de la comunicación para que el sujeto aprenda a confrontarse permanentemente con todos los procesos sociales en marcha, con todos los bienes y recursos culturales y con todas las dinámicas de cambio. A la escuela le compete, junto con la familia y los medios de comunicación, ser el lugar donde se puede reflexionar la cultura y el puente para alcanzar los ideales de armonía, felicidad y libertad.

2. La comunicación en el centro educativo

Hasta el momento hemos hecho referencia a la comunicación en sentido general, mirando para qué le sirve al sujeto y a éste en su relación con la sociedad. Ahora nos vamos a referir a la necesaria armonía que debe existir entre la noosfera (en la cual los sujetos se expresan a través de los múltiples lenguajes –oral, visual, corporal– con otros sujetos para intercambiar valores, etc.); y la sociosfera (es decir, los espacios de comunicación que permiten que la sociedad se comunique consigo misma para modificar los parámetros que la rigen), tratando de alcanzar el concepto de «cultura comunicativa». Veamos algunos necesarios cambios de eje en las prácticas escolares.

1. Necesitamos pasar del aula donde prevalece el silencio, al aula donde prevalezca la palabra. Si tenemos en cuenta que la palabra es la que constituye al hombre, es indispensable que los alumnos expresen sus hipótesis, sus inquietudes, sus ideas, sus valoraciones y necesidades... ya que el intercambio de puntos de vista favorece no sólo la construcción colectiva de conocimientos, sino también el desarrollo de la personalidad.

2. La producción intelectual en el aula debe tener pretensiones comunicativas. El aprendizaje representa para el sujeto un motivo de felicidad, en la medida en que se incorpore a su mundo de deseos e ideas, y con ellos puede interactuar con el mundo. Este sujeto requiere, por tanto, el reconocimiento necesario de lo aprendido y más si la producción es colectiva.

3. Es necesario administrar la información social en la escuela. Muchos de los conocimientos adquiridos por los alumnos son aprehendidos fuera del aula (en los medios de comunicación, en sus juegos grupales, en su interacción familiar, etc.). Estos conocimientos socialmente válidos por lo general no se canalizan adecuadamente, ni se logran sistematizar para generar discursos coherentes. Es necesario por tanto un esfuerzo en los centros educativos por evaluar su pertinencia y crear estrategias, mecanismos y metodologías, no sólo para almacenar, sino también para utilizarlos de manera crítica y creativa.

4. La escuela debe estimular el desarrollo de las competencias comunicativas. Para alcanzar una verdadera cultura comunicativa, debemos estimular el desarrollo de las «competencias comunicativas» en los alumnos, esto es, la capacidad para darse a entender, para relacionarse, manifestarse, demostrar y convencer, teniendo en cuenta que la expresión se constituye en el eje del aprendizaje. Dichas competencias comunicativas se logran sólo en la medida en que permitamos a los alumnos ejercer la comunicación misma.

5. El proceso de enseñanza-aprendizaje debe practicarse como un proceso comunicativo. Vale la pena resaltar que existe diferencia entre información y comunicación: en lo básico y de manera sencilla, informar es «transmitir» algo y comunicarse es «compartir » algo. Es fundamental que el docente exponga los temas de clase como proposiciones que merecen ser discutidas, investigadas y probadas, valoradas y aceptadas dentro de una finalidad práctica, logrando que sea el alumno quien se apropie de ellas.

6. La comunicación en el aula debe ser «intencionada». Toda propuesta comunicativa al interior del aula debe conducirnos a lograr objetivos específicos de conocimiento, a la par que alentar, animar y desarrollar los aspectos afectivos, emotivos, morales y éticos del educando, promoviendo su creatividad, la producción, y por ende, el ejercicio de la comunicación.

7. Los contenidos curriculares no deben ser puntos de llegada, sino motivos de encuentro para la comunicación. No basta con que el alumno aprenda determinado contenido si no se le posibilita ponerlo en juego, probarlo y comprobarlo con sus propias hipótesis, con las hipótesis y expectativas del grupo y con las relaciones posibles que se establecen en la vida cotidiana. Es necesario que dichos contenidos sean tratados como verdaderos argumentos para alcanzar la comunicación.

8. Debemos pasar de la comunicación consigo mismo a la comunicación grupal. Si bien los saberes adquiridos se integran a la «historia de vida» del sujeto, es indispensable que a través la interacción y el libre intercambio de opiniones, se establezcan colectivos o socializados, que tienen como finalidad la «construcción de sentido», de carácter social y público. Por ello, a la escuela le compete abrir espacios para el libre diálogo, con miras a estimular la argumentación y los procesos de «negociación de saberes».

3. La expresión y el aprendizaje

Es un hecho que el hombre sólo comprende en la medida en que sea capaz de expresarse y desde este punto de vista, la expresión se explica cuando afirmamos que el sujeto sólo comprende (y aprende) cuando puede hacer que sus interlocutores entiendan lo que afirma.

Con ello deducimos igualmente que una condición sine qua non de la expresión, y por tanto del aprendizaje, es la existencia de interlocutores válidos.

Desde tal concepción, el escenario del aprendizaje (aula) deberá tener múltiples flujos de entrada y salida de información (porque debe ser el lugar donde se recrean los procesos y saberes sociales), desconcentrando el polo de la relación docente-alumno y posibilitando nuevas relaciones (alumnos-medios; docentes- medios, alumnos-alumnos, etc.). Esta desconcentración implica en un primer momento que para poder alcanzar la construcción colectiva de sentido, el trabajo en aula se realice en base a «centros de interés», que no son otra cosa que temáticas generales que posibilitan el desarrollo de múltiples opciones de aprendizaje sobre variados temas.

De otra parte, se requiere reconocer que la mejor manera de alcanzar estos ideales educativos radica en posibilitar unos diseños de clase abiertos, con estructuras flexibles y basados no tanto en el desarrollo de los contenidos, como de estrategias bien establecidas.

El papel que le corresponde al docente en este nuevo marco de acción, es el de ser un orientador-facilitador de las opciones de aprendizaje. Ello significa que deberá acompañar al alumno y al grupo en su interés por el aprendizaje; orientar la búsqueda de información pertinente para que el proceso tenga su normal desarrollo; problematizar sobre los temas y contenidos que se constituyen en centros de interés, para con sus postulados despertar expectativas; resolver los interrogantes que se le plantean; suministrar herramientas válidas para que el grupo esté en capacidad de elaborar productos con sentido y por, sobre todo, poner toda su «experiencia de vida» al servicio del aprendizaje de los demás, en una tarea interlocutoria que le permita al alumno mismo deducir, sacar sus propias conclusiones y expresarse de forma auténtica.

Cuando posibilitamos la expresión individual y colectiva, estamos posibilitando un verdadero reconocimiento al saber adquirido por el alumno y le estamos permitiendo que afirme sus concepciones y que socialice su saber, lo que le indica que está en el camino correcto.

4. Los medios de comunicación y la expresión

Como herramienta, los medios de comunicación potencian básicamente tres ejes importantísimos para la producción colectiva de conocimiento, como son: el trabajo de verbalización, la posibilidad de sistematizar y estructurar los contenidos de una forma diferente, y el permanente trabajo de análisis crítico para la construcción colectiva de las «verdades» del grupo.

Como nuevo escenario educativo, los medios permiten un nuevo flujo de entrada y salida de información al aula; permean la creatividad y las diversas formas expresivas y crean un nuevo mapa en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

A la escuela le corresponde la tarea de incorporarlos a su quehacer, ya que no puede desconocer que las sociedades están enfrentadas a nuevas formas de expresión; que los mismos medios han modificado la relación del hombre con la cultura y por ende con la educación y que la potestad educadora se escapa cada vez más de la escuela.

Dichos medios de comunicación nos permiten dinamizar la enseñanza incorporando sus mensajes y los contenidos de la vida social, posibilitando nuevas visiones, desde diversos ángulos, de los objetos de estudio. Asimismo, permiten una contextualización del aprendizaje, ya que lo integra con espacios, recursos y contenidos en un marco de acción cultural y un proceso social dinámico que le imprime coherencia.

Al tiempo los medios nos permiten desarrollar la capacidad crítica, siempre y cuando reconozcamos que no podemos ser críticos frente a unos contenidos, si ellos no hacen parte de nuestra vida. Los medios de comunicación, al involucrarnos de forma sensitiva con los mensajes, nos conducen a procesos primarios de reflexión que, orientados hacia su real importancia, nos posibilitarían el desarrollo de esta capacidad. Recordemos que la curiosidad y la sensibilidad son puertas siempre abiertas al conocimiento. Asimismo, los medios nos permiten interpretar los mensajes y expresarnos con nuevos recursos, gracias a la incorporación de nuevos lenguajes; nos permiten aprender a sistematizar siendo selectivos frente a la oferta; a categorizar los mensajes; a buscar nuevas fuentes y a crear sistemas de organización y utilización de las informaciones.

Frente a todo lo anterior se nos plantean nuevas consideraciones. Quizá la primera nos conduce a establecer que no solamente es necesario conocer el medio, sino también sus condiciones de recepción y, sobre todo, conocer al receptor en el marco de su vida cotidiana, de su historia y de su relación con los demás. De otra parte, a considerar que un proceso de autoaprendizaje coordinado conlleva un gran ingrediente de autonomía, que no se puede ejercer mientras no se posibilite el acto emisor. Finalmente, la última consideración es aquélla que nos indica que la especialización del docente no tanto debe centrarse en los contenidos mismos de las disciplinas, como en las estrategias para enseñar.

La cultura comunicativa nos plantea, en consecuencia, la necesidad de abrir verdaderos espacios de interacción, para generar dinámicas que posibiliten a los docentes y alumnos participar de la construcción colectiva de conocimientos, en aras de lograr la incorporación de los saberes compartidos con respecto al entorno cultural que sustenta el quehacer educativo. Estos espacios por sí solos ya deben tener una carga de significación.

5. ¿Cómo trabajar con la radio en el aula?

La radio es un medio ideal para la labor del alumno y del docente en el aula ya sea como recurso didáctico o como herramienta de trabajo. A través de las diversas experiencias realizadas con alumnos y docentes, se puede observar que la forma de adoptar o asumir el trabajo con este medio casi siempre se perfila hacia dos perspectivas:

1. La producción de programas por parte de los alumnos (informativos, radio-revistas, radio-dramas).

2. El análisis crítico de los mensajes o programas radiales. Sin embargo, la utilización de la radio y su riqueza de posibilidades dentro del ámbito escolar apenas comienza a desarrollarse, aún a pesar de que hace varios años se han adelantado experiencias diversas.

Para nadie es extraño que la radio por sus especiales características como: largo alcance, bajo costo, fácil acceso, etc. logra mayor cubrimiento que cualquier otro medio de comunicación, permitiendo que los niños y jóvenes, de una u otra manera, se eduquen con la radio (escuela paralela), entre otras alternativas; por esto se hace necesario permitir, promover y desarrollar el trabajo con la radio como otro recurso educativo en el trabajo de aula que facilite y enriquezca las posibilidades de trabajo del docente y realmente llene las expectativas y necesidades de conocimiento del alumno.

A partir del desarrollo de talleres y experiencias con el medio radio en diferentes países de Latinoamérica y en la búsqueda consensuada de nuevas alternativas, se han desarrollado una serie de ejercicios que se perfilan como propuestas de trabajo en el aula y que están encaminadas al desarrollo efectivo de las capacidades, habilidades y destrezas del alumno, propuestas que ilustraré a continuación.

6. La radio.

Un medio ideal para problematizar La radio como medio «aparentemente» unisensorial (imágenes auditivas), y retomando las palabras de Kaplún en su libro Producción de programas de radio, va más dirigida hacia los procesos de pensamiento que a los sentidos en sí mismos (cine, televisión, etc.); esto se debe a la propuesta de creatividad que significa el mensaje radial para el oyente, quien percibe por medio del oído, pero realiza todo un proceso de creación y recreación en su mente con respecto a imágenes, olores, texturas, ambientes para así complementar y dar sentido a lo que percibe, significándolo, comprendiéndolo y asimilándolo.

Un ejemplo práctico del desarrollo de esta posibilidad en el aula fue una experiencia realizada durante un taller con docentes en el cual en una de sus fases de desarrollo se escuchó la narración de un gol en un partido de fútbol bastante conocido; los docentes cerraron los ojos, y por una parte, trataron de recordar cómo se había realizado el gol y, por otra parte, trataron de imaginárselo en su realización. Posteriormente, y de forma matemática, los participantes buscaron demostrar que la posibilidad de acción frente al gol que ellos habían creado en su mente era la correcta. Esto lo hicieron por medio de ecuaciones sobre velocidad posible, distancia del futbolista hacia el arco, potencia, dirección del disparo con la pelota, etc. Finalmente llegaron a dos opciones de gol posibles de las cuales se escogió una debido a la ley de probabilidades. Durante el ejercicio, se observó la participación activa de todos los docentes, quienes de una u otra manera aportaron al desarrollo del mismo. Además el tratamiento de las operaciones matemáticas estuvo acompañado del entusiasmo y la diversión que el conocimiento conlleva cuando el mismo nos permite tener acceso a la compresión de las situaciones reales que nos rodean y que nos interesan. La anterior propuesta no sólo es desarrollable en cuanto a las Matemáticas, sino también con respecto a cualquier materia de conocimiento que se desarrolle en el aula, ya sea a nivel de creación mental por medio de imágenes, ambientes, auditivos, etc., o por medio de un proceso de recreación con respecto a lo conocido.

7. Aprender viviendo, un proceso real de conocimiento

La radio como recurso educativo es un medio adecuado para lograr la actualización de la información que el alumno conoce y dotarla de vida. A los jóvenes de hoy no les agrada la información muerta. La mayoría de las veces los resúmenes de los libros sobre determinado hecho de importancia científica, cultural, social, histórica o política no les dicen nada, aparte de una nota buena o mala dependiendo de su capacidad de memoria, mientras que su sensibilidad por aquello que palpita y es actual les estremece, toca sus sentimientos y los vincula a aquello que es materia de conocimiento. Tan sólo el mínimo hecho de escuchar la misma información que se encuentra en el texto de estudio, narrada por una voz sensible y llena de acordes siempre es mucho más agradable porque este acto ya implica un proceso de comunicación más real.

Todo lo que se transmite por un medio de comunicación siempre es actual, incluso el análisis de hechos históricos de 20 años atrás, adquiere dinamismo y actualidad por medio de la transmisión que se haga en el día de hoy, porque es información que en ese mismo momento está en la mente y sentimientos de todos los escuchas. Y por otra parte, se dota de vida; un ejemplo de esto se aprecia fácilmente cuando los alumnos escuchan la grabación radial de la voz de Reyes Echandia, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Colombia, durante la toma del Palacio de Justicia por el grupo guerrillero M19 –hecho que sucedió hace algunos años–, quien perdió su vida en este suceso. La voz de este gran hombre pidiendo a través de un medio radial, desde el palacio, que cesara el fuego, prácticamente suplicando por su vida, todavía tenía el poder de poner la piel de gallina a los estudiantes, enervar los ánimos y vincular su interés efectivamente en el hecho. Lo mismo ocurrió con la narración deportiva del famoso gol del empate de Alemania- Colombia durante el Mundial de 1994, y de igual manera con otros hechos de diversa índole.

Vemos entonces la posibilidad de estudiar diversos temas de las materias de estudio a través del medio radiofónico; las acciones a seguir son de fácil seguimiento; por ejemplo, se van a estudiar los descubrimientos y hechos científicos de la ultima década; entonces se acude al monitor central de las emisoras de determinada región y se solicitan las grabaciones y transmisiones radiales de estos hechos durante ese tiempo (trabajo que pueden desarrollar los alumnos como desarrollo de nuevas fuentes de investigación). Y posteriormente se llevan al aula y se trabajan con los alumnos en un acceso vivo a la información y al conocimiento, promoviendo alrededor de las grabaciones mesas redondas, discusión y análisis, exposición de hechos e incluso programas radiales realizados por los alumnos que los lleven realmente a la aprehensión del conocimiento.