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Revista Comunicar 8: La educación en medios de comunicación (Vol. 4 - 1997)

Influencias de la exposición a la televisión en los escolares

https://doi.org/10.3916/C08-1997-17

Francisco Fernández-Mateo

Ximena Sánchez-Segura

Gladys Villarroel-Rosende

Abstract

El proceso de socialización de las personas está fuertemente influenciado por unas variables estructurales determinadas; entre ellas la televisión juega un papel importante. Los autores de este artículo nos presentan los resultados de varias investigaciones referidas a los modos de socialización familiar y de exposición a la televisión de acuerdo al género y considerando la clase social como variable independiente.

Keywords

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1. La socialización y los roles de género

La socialización es el proceso por el cual una persona adquiere las habilidades y conductas necesarias para la vida social. Comienza cuando el niño nace y continúa durante su vida. A través de la interacción con los adultos que lo rodean, el niño aprende los modos de vida de su grupo y los roles que los miembros del grupo esperan de él. Entre los roles más significativos para el desarrollo de los individuos se encuentran los referidos al género. Los roles de género se refieren al conjunto de comportamientos, actitudes, obligaciones y privilegios que la sociedad le asigna a cada sexo.

Los estudios sobre roles de género muestran que las distintas culturas establecen pautas de conducta consideradas apropiadas según los sexos, observándose diferencias más rígidas entre hombre y mujer en las sociedades tradicionales que en las modernas. En las sociedades tradicionales se asignan al hombre características como franqueza, ambición, fuerza, independencia, valentía, agresividad, autoconfianza, capacidad para disociar el amor del sexo y para frenar las emociones. La mujer, al contrario, debe ser amable, gentil, bondadosa, cariñosa, comprensiva, simpática, preocupada de su apariencia, ordenada, tranquila, necesitada de seguridad y emocionalmente expresiva (Alcalay, 1983; Werner y Williams, 1985, en Light, 1991).

En las sociedades modernas, las expectativas de comportamiento de hombres y mujeres se caracterizan más que por una igualdad, por una tendencia a ella, pues si bien la mujer ha tenido mayor acceso a la educación, al trabajo remunerado y a otras esferas sociales, ésta aún desempeña roles tradicionales como madre, esposa y dueña de casa. Por otra parte, el hombre mantiene sus roles tradicionales y escasamente asume algunos roles complementarios que requiere la sociedad actual. Aunque no se puede negar que en la sociedad moderna los roles asignados a las mujeres y hombres han sufrido algunos cambios, es preciso reconocer también que aún no se logra equipararlos. Esto se explica fundamentalmente por el hecho de que la internalización de los roles de género ocurre principalmente durante la socialización primaria en la familia, agente de socialización en el cual aún están arraigados muchos de los patrones culturales tradicionales.

1.1. La influencia de los padres

La familia del niño es uno de los agentes de socialización más importantes. De las características de la familia y su ubicación en el sistema de clases sociales dependerán, en gran parte, las posibilidades de desarrollo del niño. Sobre la influencia de la clase social en la socialización, hay numerosos estudios que comprueban que las familias socializan a sus niños de manera diferente de acuerdo a la clase social.

Broom y Selznick (1973) distinguen dos tipos de patrones de socialización. Uno orientado a la obediencia y otro a la participación, denominados socialización represiva y socialización participatoria, respectivamente.

La socialización represiva o autoritaria se da generalmente en el estrato bajo; se caracteriza por el énfasis que ponen los adultos sobre la obediencia del niño, el respeto a la autoridad y a los controles externos. Este tipo de socialización se centra en la obediencia, habiendo una exagerada supervisión de los adultos sobre el niño. La iniciativa individual y el deseo de explorar y crear se ven coartados ya que el niño no debe pensar por sí mismo, son los adultos los que deben pensar por él. La necesidad de que el niño obedezca las reglas impuestas por los adultos origina un tipo de sistema de comunicación cerrado, en el cual el adulto no dialoga con el niño, sino ordena lo que éste debe hacer. La socialización represiva se asocia, además, con una organización familiar en que los miembros consiguen su cohesión básicamente a través de la complementariedad de los roles tradicionales. El padre es el proveedor y la madre la dueña de casa (Komarovsky, 1962, en Broom y Selznick, 1973). En estas familias la socialización consiste principalmente en la enseñanza de roles y la transmisión de expectativas de conducta tradicionales. De allí que la socialización se mantenga con los otros significativos. La familia representa un conjunto de otros significativos, los cuales se convierten en modelos para el niño, éste debe imitar dichos modelos; por ello, el énfasis se pone esencialmente en el desempeño de los roles tradicionales, más que en la comprensión de los medios y fines.

Si se relacionan estos planteamientos con los de Bernstein (1973-1990), veremos que la socialización represiva es propia de las familias posicionales, las cuales se caracterizan por un sistema de roles cerrados que limita la variedad de alternativas ofrecidas a la iniciativa individual. En estas familias el niño se desenvuelve en un sistema de relaciones preestablecido, en que los roles que corresponden a cada uno de los miembros de la familia, han sido ya definidos y prácticamente resulta imposible cambiarlos. De existir alguna flexibilidad en términos de la posibilidad de toma de decisiones, ésta va a depender del tipo de actividad a realizar y de las diferencias de género de los niños. Este último aspecto reviste una importancia fundamental para comprender más profundamente el proceso a través del cual transmiten e internalizan los modos de vida las familias del estrato bajo, donde los niños asumen y responden a un patrón formal de obligaciones y derechos dependiendo de las características de sus estatus adscritos tales como edad, sexo y parentesco.

La socialización participatoria se lleva a cabo generalmente en familias de estratos medios y altos, y se caracteriza por enfatizar los premios más que los castigos, reforzando la conducta apropiada; la conducta equivocada se extingue a través del acto positivo del premio a la conducta correcta. La socialización participatoria provee al niño de la libertad para probar cosas por sí mismo y explorar el mundo en sus propios términos; esto no significa que el niño sea dejado solo, necesita también de la supervisión del adulto; sin embargo, ésta es de tipo general más que detallado e intrusivo. En otras palabras existe control, pero éste se basa en el examen de los motivos individuales y personales. Las reglas sociales no son impuestas, más bien son construidas por el niño con la colaboración del adulto. Como resultado, el niño es más autónomo y responsable de sus actos. La comunicación entre adulto y niño toma la forma de diálogo, por lo que se espera que el niño transmita al adulto sus necesidades y deseos y que explicite sus respuestas. La socialización participatoria se asocia con una organización familiar en que la cohesión se logra a través de las actividades conjuntas y el desarrollo de metas familiares comunes. Los roles tradicionales son modificados dependiendo de las habilidades e inclinaciones de sus miembros y las metas familiares son muy variadas.

En este tipo de organización familiar, la comunicación entre los miembros es necesaria debido a que sólo algunas metas y actividades son determinadas por una noción fija de lo que es «correcto». Estas familias sirven más como un otro generalizado para el niño. La socialización dentro de ese contexto de metas y actividades compartidas es menos directa y dependiente de la imitación y de reglas específicas de socialización que en la familia tradicional. Se enfatiza aquí la comprensión de los medios y los fines y no el desempeño de los roles preestablecidos.

Al respecto, Bernstein (1973-1990) plantea que la socialización participatoria es propia de las familias personales o centradas en la persona, en las cuales los roles formales o preestablecidos son menos preponderantes y las decisiones tienden a ser más colectivas. En este tipo de familia, el sistema de roles está siempre evocando, acomodando y asimilando los distintos intereses y atributos de sus miembros, por lo que éstos están siempre construyendo sus roles más que asumiendo un conjunto de roles ya establecidos.

La socialización que se relaciona con el rol de género y con su tipología empieza desde que el niño nace. Aun cuando los recién nacidos –tanto niños como niñas– no se diferencian sino por sus genitales, los padres tienden a describirlos en forma distinta. Ellos ven a sus hijas como suaves, afectivas, dependientes y glamorosas; y a sus hijos como fuertes, activos, asertivos y agresivos. Estas percepciones diferenciales de las características de sus hijos e hijas son el punto de partida para las expectativas de comportamiento de éstos durante las distintas etapas de su desarrollo.

A medida que los niños van creciendo, los padres no sólo hacen distinciones casuales entre sus hijos e hijas, sino que manifiestan explícitamente sus expectativas de comportamiento diferencial, convirtiéndose ello en verdaderas lecciones sobre comportamiento adecuado de género. Para lograr tales comportamientos y características en sus descendientes, premian y estimulan las conductas adecuadas para cada sexo y castigan las inadecuadas (Light, 1991).

Si bien hay indicios de que el comportamiento paternal en relación a la socialización en los roles de género está cambiando en particular para con las mujeres (Hoffman, 1984), aún existen grupos, especialmente de clase baja, en los que se continúa manteniendo un patrón tradicional de socialización en los roles de género (Sánchez y Villarroel, 1992).

1.2. La influencia de los medios de comunicación

Es indudable que en la actualidad a los padres y a la escuela se han sumado los medios masivos de comunicación como agentes de socialización en los roles de género.

Entre los medios de comunicación de masas, la televisión juega un papel importante en la socialización de los roles de género; la televisión reafirma los roles tradicionales a través de los estereotipos de género, mostrando a las mujeres como sinónimos de belleza, sensualidad, dulzura, abnegación y a los hombres como fuertes, valientes, heroicos y llenos de poder.

Varios estudios realizados en otras sociedades muestran que los programas de televisión y la publicidad refuerzan los estereotipos de los roles de género. Por ejemplo, Nielsen (1985) señala que en los programas de niños, existía más del doble de personajes masculinos que femeninos y que a los hombres se los presentaba en forma más favorable, siendo más activos y constructivos y recibiendo recompensa por ello; Basow (1986), en tanto, indica que las mujeres aparecían como más respetuosas y manipuladoras, teniendo menos empleo que los personajes masculinos o realizando «trabajos para mujeres», tales como secretarias, enfermeras, profesoras, etc. Por el contrario, los personajes masculinos eran siempre detectives, oficiales de policía, abogados, médicos, etc. Además, los personajes masculinos, que estaban presentes en una proporción dos a uno, eran más competentes y seguros de sí mismos (Light, 1991).

Observando avisos, seriales y películas exhibidas en la televisión chilena, Avilés y Cardemil (1987) concluyeron que los avisos comerciales, seriales y películas refuerzan las imágenes tradicionales de mujer y de hombre; las mujeres cumplen los roles que se espera de ellas: madres, esposas y dueñas de casa y sólo acompañan a los varones, que son los protagonistas de las historias.

Actualmente los medios de comunicación han alcanzado una difusión sin precedentes. Diarios, revistas, cine, radio y, sobre todo, la televisión, son usados por una cantidad muy significativa y creciente de personas quienes dedican muchas horas a captar los mensajes difundidos por estos medios. Tal situación tiene un claro efecto socializador: una buena parte de la construcción social de la realidad está determinada por los medios de comunicación masiva (Fernández, 1992).

Recientes enfoques referidos al uso de los medios de comunicación dejan de lado la visión tradicional de considerar a la audiencia como una masa pasiva. Es el usuario quien decide si utiliza o no los medios, qué medio usar, qué programa ver, etc. Las preferencias en estas decisiones están fuertemente determinadas por los valores, creencias o actitudes que han conformado otras agencias de socialización, particularmente la familia (Fernández, 1992). Cabe esperar, pues, que las diferencias en la socialización familiar determinadas por la clase social se expresen también en un uso diferencial de la televisión y una distinta percepción de los mensajes de acuerdo a la clase social. Lo anterior pone en evidencia que todos estos agentes contribuyen a formar en los niños distintas imágenes de sí mismos y del mundo según sus sexos. Por ello, mientras más tradicional sea la socialización, en términos de los roles de género, más probabilidades existen de que niños y niñas vean el mundo desde la perspectiva de lo que se espera de ellos/as.

2. Metodología

Se presentan a continuación algunos resultados de investigaciones relativas a los modos de socialización familiar y exposición a la televisión de acuerdo al género, considerando a la clase social como una variable independiente central en el análisis explicativo.

2.1. Universo

Todos los niños que cursan cuarto año básico en establecimientos educacionales urbanos mixtos de las comunas de Valparaíso y Viña del Mar (Chile), cuyas edades fluctúan entre ocho años y seis meses a diez años, sin diagnóstico de problemas de aprendizaje y sus madres o madres sustitutas.

2.2. Muestra

Se tomó una muestra aleatoria del 20% de los establecimientos educacionales señalados en el punto anterior. A continuación se seleccionaron, aleatoriamente, tres niños y tres niñas de cada establecimiento, lo cual dio una muestra teórica de 251 casos. En el trabajo de campo se logró una muestra definitiva de 239 alumnos, ello supone una pérdida del 4% de la muestra inicial.

2.3. Recolección de la información

Para recolectar la información de terreno se entrevistó mediante una cédula a la madre o madre sustituta del niño. Dicha cédula contenía los siguientes instrumentos de medición:

• Pauta de estratificación. Consideró dos indicadores, la ocupación y la educación del jefe de hogar, siguiendo los planteamientos teóricos de Bernstein (1973-1990). Se distinguieron cuatro clases: clase baja-baja, clase baja, clase media-baja y clase media superior.

• Pauta para caracterizar los modos de socialización familiar. Compuesta por 25 preguntas que eran indicadores de las siguientes cinco dimensiones (cinco preguntas por dimensión): a) Autoridad; b) Toma de decisiones; c) Comunicación intrafamiliar; d) Estructura de roles; e) Premio- castigo. Se establecieron dos modos de socialización familiar: participativo y represivo.

• Pauta para determinar la exposición a los medios masivos de la familia y el niño. Compuesta por 19 preguntas. Se determinaron la exposición de la madre o sustituta a la radio, diarios y televisión y del niño a la televisión, según la información proporcionada.

2.4. Validez y confiabilidad

Los instrumentos utilizados fueron sometidos a una prueba (pretest) en una muestra. Se utilizó el juicio de expertos para ajustar los instrumentos antes y después del pretest. Se trabajó, además, con validez de contenido, para establecer que los instrumentos midieran los fenómenos estudiados con respecto a los antecedentes teóricos de esta investigación.

3. Resultados

3.1 Modo de socialización, según género Se aprecia en el cuadro 1 que no hay relación entre modo de socialización y género. En ambos géneros, el modo de socialización mayoritario es el participativo, en 3 de cada 4.

Cuadro 1. Modo de socialización, según género

3.2 Modo de socialización según clase social

Se ve en el cuadro 2 una relación directa entre modo de socialización y clase social en los cuadros presentados.

Cuadro 2. Modo de socialización, según clase social

3.3. Modo de socialización y clase social, según género

El cuadro 3 de la página siguiente muestra que al controlar por género la relación entre modo de socialización y clase social, se mantiene la tendencia de la relación original, pero se modifica su fuerza. Es muy alta la relación entre modo de socialización y clase en los niños y menor en las niñas.

3.4 Modo de socialización y género, según clase social

Como comprobamos en el cuadro 4 de la página siguiente «Modo de socialización y género según clase social», al controlar por clase la relación entre modo de socialización familiar y género, sólo la clase baja-baja muestra una tendencia a que haya diferencias en el modo de socialización de acuerdo al género (alfa=0,172).

Se ve una mayor proporción del modo de socialización represivo en los niños (52%) que en las niñas (32%).

Destaca que sean los niños de clase bajabaja la única de las categorías sociales analizadas en que hay una mayor proporción de socialización represiva (52%) que participativa (48%).

Se observa que en la clase media prácticamente no existen diferencias en el modo de socialización de acuerdo al género.

3.5 Horas de exposición semanal a la televisión, según género

El cuadro 5 muestra diferencias significativas en el número de horas semanales de exposición a la televisión de acuerdo al género.

Los niños ven más horas semanales de televisión; casi una cuarta parte de los niños ven más de 25 horas de televisión semanales, frente al 11% de las niñas.

3.6 Horas de exposición semanal a la televisión, según modo de socialización

Los porcentajes del cuadro 6 indican que los niños y niñas socializados represivamente tienden a ver menos televisión que quienes reciben una socialización participativa. Sin embargo, las diferencias no son significativas de acuerdo al test de chi2.

Cuadro 3. Modo de socialización y clase social, según género

Cuadro 4. Modo de socialización y género, según clase social

3.7 Horas de exposición semanal a la televisión, según clase social

Los datos observados en el cuadro 7 de la página siguiente indican que no hay diferencias en cuanto al número de horas de exposición semanal a la televisión según clase social.

3.8 Horas de exposición semanal a la televisión y género, según modo de socialización

El cuadro 8 muestra que al controlar la relación entre género y horas de exposición semanal a la televisión –de acuerdo al modo de socialización–, las diferencias observadas de acuerdo al género tienden a disminuir en el caso del modo de socialización participativo y tienden a aumentar en el caso del modo de socialización represivo.

Como observamos en el cuadro 8, la prueba de chi2 no corresponde por haber 33,3% de celdas con frecuencias teóricas menores de 5.

3.9 Horas de exposición semanal a la televisión y modo de socialización, según género

Los datos permiten plantear que, en el caso de los niños, no se observan diferencias en las horas de exposición semanal a la televisión y el modo de socialización. Sin embargo, entre las niñas sí se observan diferencias –estadísticamente significativas– en las horas de exposición semanal a la televisión y el modo de socialización: las niñas que son socializadas participativamente ven más horas de televisión a la semana que aquellas socializadas represivamente.

Cuadro 5. Horas de exposición semanal a la televisión, según género

Cuadro 6. Horas de exposición semanal a la televisión, según modo de socialización

Cuadro 7. Horas de exposición semanal a la televisión, según clase social

Cuadro 8. Horas de exposición semanal a la televisión y género, según modo de socialización

Cuadro 9. Horas de exposición semanal a la televisión y modo de socialización, según género

6. Conclusiones

A partir de los antecedentes teóricos examinados y de los datos expuestos, es posible concluir lo siguiente:

• Concordando con los planteamientos teóricos presentados se encontró una relación directa y fuerte entre el modo de socialización y la clase social de los sujetos estudiados. La proporción de quienes reciben una socialización participativa aumenta en la medida que se asciende en la escala de estratificación. Estos antecedentes confirman la importancia de la clase social como variable explicativa de las características diferenciales que asumen los procesos sociales, en este caso, la socialización.

• Al analizar la relación entre el modo de socialización y el género no se observaron diferencias, encontrándose proporciones prácticamente iguales de los dos modos de socialización establecidos en niños y niñas, con un alto predominio del modo de socialización participativo. Al respecto, es importante señalar que la socialización participativa es una característica de la sociedad moderna, al igual que la no diferenciación por género en los modos de socialización, lo cual permitiría explicar los resultados encontrados, atendiendo al proceso de modernización que ha experimentado la sociedad chilena, en especial en sectores urbanos medios y altos.

• Al controlar por la variable género la relación entre clase social y modo de socialización, la relación observada sigue siendo fuerte en los niños y disminuye su intensidad en las niñas. En el caso de los varones, llama la atención la mayor proporción de sujetos con socialización represiva en la clase baja-baja comparativamente con las otras clases sociales. Se estima importante recalcar que ésta es la única categoría en la que hay un mayor porcentaje de socialización represiva que participativa. Estos antecedentes pueden estimarse indicativos de la persistencia de las formas de socialización más tradicionales en la clase baja-baja, algunas de las cuales se aplican más rigurosamente en los niños concordando con una estructura más tradicional de socialización.

• Al estudiar la relación entre el modo de socialización y el género controlando por clase social, puede apreciarse que sólo en la clase baja-baja se encuentra una diferencia importante entre el modo de socialización y el género, presentando los niños una mayor proporción de socialización represiva que las niñas. Esta diferencia es menor en las clases baja y media-baja siendo prácticamente inexistente en la clase media. Los resultados observados son concordantes con planteamientos teóricos que señalan que la socialización represiva se da mayoritariamente en las clases bajas, donde persisten por más tiempo formas tradicionales de vida que conllevan características culturales que dificultan su incorporación a los procesos de cambio social.

• Al relacionar exposición a la televisión y género se constata una fuerte relación entre dichas variables, los niños ven más televisión que las niñas. Estos resultados no podrían explicarse, en este caso, por las características del modo de socialización tal como lo hemos estudiado puesto que no encontramos diferencias en el modo de socialización de acuerdo al género. Habría que explorar otros aspectos del proceso de socialización no considerados en este trabajo, así como características propias del proceso y motivaciones de la exposición a los medios de los niños y las niñas para explicarse estos resultados. Hasta qué punto la programación infantil satisface más las expectativas o necesidades de los niños que las de las niñas es un tema que cabría abordar en futuras investigaciones.

• Concordando con lo señalado al estudiar la relación entre la exposición semanal a la televisión y modo de socialización familiar, se observó una tendencia a que los niños y niñas socializados de forma represiva vieran menos televisión que aquellos cuya socialización se caracteriza por contenidos participatorios. Al respecto es importante mencionar que la socialización represiva, centrada en la obediencia, se caracteriza por un fuerte control de los adultos sobre los menores.

• No se encontró relación entre la clase social y las horas de exposición semanal a la televisión. Niños y niñas, independientemente de su clase social, muestran una alta exposición a la televisión medida en términos del número de horas semanales que dedican a ver televisión.

• Al controlar la relación entre género y horas de exposición semanal a la televisión, de acuerdo al modo de socialización (participativorepresivo), las diferencias observadas con respecto a la relación del género y exposición a la televisión, disminuyen en el caso de la socialización participatoria y tienden a aumentar en el caso de la socialización represiva. Al respecto se puede decir que nuevamente las características de la socialización permiten entregar antecedentes para explicar la exposición de los niños y niñas a la televisión.

• Al estudiar la exposición semanal de los sujetos a la televisión y el modo de socialización (participativo-represivo) controlando la variable género, se constató que en el caso de los niños no se advierten diferencias. Sin embargo, entre las niñas existen diferencias estadísticamente significativas según las características de su proceso de socialización, observándose mayor exposición a la televisión entre las niñas socializadas en forma participativa. Es importante destacar, por lo tanto, que nuevamente las características del proceso de socialización entregan antecedentes que permiten explicar la exposición a la televisión.

• Finalmente, cabe señalar que el proceso de socialización y sus particulares características están fuertemente influenciadas, como se mencionó en los antecedentes teóricos, por variables estructurales como la clase social, la cual influye en cómo las distintas familias socializan a sus hijos e hijas, estableciendo –desde la perspectiva del género– distintos modelos de comportamiento, pautas y normas sociales cuya internalización tiene consecuencias importantes en el desempeño de los roles en los diferentes contextos y ambientes sociales.

Notas

Los datos analizados en este trabajo provienen del Proyecto de Investigación EDUI 119596 de la Dirección de Investigación de la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación y del Proyecto Fondecyt 90-1282.

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