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Revista Comunicar 8: La educación en medios de comunicación (Vol. 4 - 1997)

Enseñar y aprender en un espacio cibernético

https://doi.org/10.3916/C08-1997-23

Rosalía Vargas

Abstract

La consideración de Internet como recurso educativo y elemento de estudio nos lleva a plantearnos una serie de interrogantes que ponen en evidencia algunas prácticas y metodologías educativas tradicionales. La autora –partiendo de una experiencia de un grupo de alumnos– nos presenta una serie de reflexiones que apuntan a la integración de estas nuevas tecnologías en el proceso de enseñanza-aprendizaje que se produce en nuestras aulas.

Keywords

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«¡Gracias, Barcelona!». Con esta sincera y espontánea expresión, el grupo de alumnos de la Escuela Secundaria «Julio Dantas» de Lagos (Portugal), agradecía a los compañeros Lorente, Mateo y Jardiel la colaboración en el proyecto «Raíces de la cultura occidental. El arte en la Roma Antigua» (la dirección de Internet que da acceso a los contenidos de este trabajo que, al mismo tiempo, nos puede conducir a los textos originales es: http://WWW. telepac.pt/projroots/projfinal.html). Era la primera vez que un grupo de esta Escuela realiza un trabajo utilizando como recurso y apoyo Internet. Podemos imaginar la curiosidad manifestada por estos alumnos cibernautas en busca de palabras clave que les llevaran a los lugares deseados.

Ante estas situaciones, los docentes se convierten en imprescindibles guías que van a permitir que los aprendizajes sean efectivos. Un buen punto de partida es el escoger un servicio de búsqueda eficiente, como por ejemplo «Alta Vista», entrando por la dirección http://WWW.altavista.digital.com/ y, una vez en él, seleccionar los criterios de búsqueda necesarios, a través de la opción Advanced Search. Así, pueden encontrarse novecientas cuarenta y cinco mil quinientas cuarenta referencias para Media y mil setecientas dos para Educacional (aterrorizados podemos quedar con el número 196.823.646 que indica, en este ejemplo, las referencias ignoradas).

Ante estas tecnologías de la comunicación, se produce una extraña paradoja, pues nos encontramos ante el camino más rápido para llegar al conocimiento y, al mismo tiempo, ante la vía más directa para poder descubrir lo mucho que ignoramos. En este sentido, y desde los tiempos en que el saber circulaba directamente del maestro al discípulo en un espacio manejable y cercano, la filosofía siempre nos alertó de que el saber lleva a conocer mejor nuestro estado de ignorancia. Cuando se está expuesto a una multiplicidad de aprendizajes se favorece el acceso al saber y, al mismo tiempo, nos fragiliza porque nos sentimos vulnerables ante la creciente sobrecarga de conocimientos. Sólo la escuela podrá afianzar nuestras posibilidades ante una pérdida de referencias, porque ella continuará siendo un sólido campo de contextos que –como un mapa– facilitará las indicaciones para poder afrontar los nuevos saberes.

Lo cierto es que con estas nuevas tecnologías se está logrando superar el concepto del entorno cerrado y limitado –ciudad, región, país...–, pues en su espacio virtual se nos presentan e introducen en escuelas, bibliotecas, museos, tiendas, bancos, centros de investigación... Según estudios recientes realizados en Estados Unidos, los jóvenes pasan hoy más tiempo en Internet que frente a la pantalla de la televisión. Más que cualquier otro, este indicador suscita en los educadores ligados a comunicación una doble cuestión. ¿Estamos delante de la emergencia de un nuevo medio? Quedan pocas dudas cuando se sabe que, cada vez más, los periódicos, emisoras de radio y, sobre todo, las televisiones de todo el mundo reestructuran sus programas e incorporan la edición electrónica, utilizan el ciberespacio y se encuadran en un contexto de interactividad sin precedentes, en que el telespectador, oyente o lector puede enviar directamente a los programas vídeos, músicas, su voz o sus textos. Tómese como ejemplo muy reciente el último disco de David Bowie, disponible en Internet antes que en cualquier otro circuito de divulgación.

Decía Pablo Neruda: «inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas como un náufrago». Sin duda que las redes de Internet son diferentes de aquellas a que Neruda se refiere, pero no se puede negar que existen algunos puntos comunes en ambas realidades; pues en la red electrónica también es grande el océano y algunas veces nos sentimos náufragos en la búsqueda del conocimiento, aunque lo cierto es que cuando nos perdemos en esta tela de araña, buceando en una entramada combinación de informaciones muy estimulantes, seguimos aprendiendo.

La realidad cambiante y los avances tecnológicos exigen que la escuela sea una institución integradora de las nuevas tecnologías, un lugar de innovación que se adapte a las exigencias de interrelación y redistribución del saber. En este sentido, con el uso de los nuevos medios y códigos, las competencias personales de los alumnos tomarán un proyección más activa y constructiva en su aprendizaje y las de los profesores se definirán por una línea de enseñanza que permita guiar a sus alumnos y mediar en los procesos de búsqueda, análisis... de la información. La red de las redes –así se considera a Internet– nos ofrece brújulas de orientación para hacer una búsqueda selectiva. Aquí se dibuja claramente el papel del profesor, cada vez más en su labor de facilitador del aprendizaje y cada vez menos en el de transmisor de conocimientos, un profesor que deberá plantearse como objetivo general el que sus alumnos adquieran las competencias básicas que les permitan llegar a ser autónomos en su aprendizaje, facilitando y propiciando su participación activa y el que pueda compartir las experiencias con los otros.

Internet tiene una lógica de comunicación circular, y puede decirse que laberíntica, en que los puntos de información están interconectados. El que los alumnos lleguen a descubrir esas conexiones, desenredando esa tela de araña, es el desafío que los profesores deben afrontar asumiendo el papel de guías lúcidos, informados y creativos. Esta tarea exige una pedagogía colectiva e imaginativa que –sin despreciar las aportaciones de las metodologías tradicionalmente conocidas, aprendidas y experimentadas–, permita rentabilizar los nuevos instrumentos tecnológicos de que disponemos.

Ante este escenario, más real que imaginario, Internet no puede ser vista sólo como un recurso, sino que debe ser considerada también como un objeto de estudio en el contexto de la Educación en Medios de Comunicación. ¿Cómo educar a los jóvenes para que puedan utilizar este vehículo expresivo y comunicativo? ¿Estamos trazando un contexto ideal de escuela, educación y sociedad? Para los más negativos, el pesimismo no tiene límites y dirán que la red cerrada de instrucciones burocráticas impide la libre circulación de la información y de la comunicación, que estos sistemas innovadores, al no estar suficientemente divulgados, van a ser elementos cada vez más reproductores de desigualdades, porque las escuelas no disponen de los recursos que les permitan acceder a la información de la «mágica red». Nosotros no podemos admitir hoy, como afirmaba Richelieu, que un Estado sería monstruoso si todos sus súbditos estuvieran instruidos, porque la educación no se considera como un elemento selectivo que favorece sólo a un determinado grupo de personas, aunque lo que sí debemos aceptar es que el conocimiento se adquiere progresivamente, en distintas situaciones de aprendizaje, a distintos ritmos y empleando recursos y medios diferentes.

Las nuevas tecnologías potencian experiencias innovadoras, pero su utilización y evolución en el contexto escolar pasan por la previa formación de los profesores que, en última instancia, son los que deberán desempeñar el papel de potenciadores de su uso creativo y crítico. Pero una de las cuestiones que podrían plantearse, ante el hecho de que los profesores han de cumplir calendarios apretados y cubrir programas muy extensos, sería: ¿La introducción de las nuevas tecnologías no puede tener un carácter negativo? Más que una perturbación, debería afrontarse como un desafío que apunta a una situación de cambio que rompería ciertas rutinas metodológicas.

Por deformación profesional puede haber profesores que se consideren más aptos que otros compañeros para utilizar esos nuevos equipos, pero debe pensarse que en las distintas áreas –tecnológicas, humanidades, cien cias exactas y naturales...– su utilización es necesaria y obligada; hoy más que nunca podemos superar las barreras que impiden que los profesores de Educación Visual, Biología, Educación Física, Filosofía, Historia, Idiomas... tengan acceso a las fuentes que facilitan el proceso de enseñanza-aprendizaje. Tal vez nos encontremos en un momento clave que permite experimentar la pluridisciplinariedad, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad. Todo lo anterior apunta a una necesaria formación generalizada de los docentes para evitar un acceso desigual al conocimiento que las nuevas tecnologías están imponiendo.

Pero, ¿qué ofrecen realmente las nuevas tecnologías a la educación?, ¿el futuro de las escuelas pasa necesariamente por ellas? Los recursos disponibles son muchos, por ejemplo: vídeos interactivos, CD-ROM y CDI, redes electrónicas y, dentro de ellas, el correo electrónico, bases de datos, audio y teleconferencias... Estos recursos permiten el acceso a una mayor cantidad de informaciones y estudiar y conocer de forma más atractiva, pero para lograrlo hay que conocerlos y saber usarlos. Es fácil entusiasmar a los alumnos utilizando los medios de comunicación y los multimedia; y, podríamos decir que es realmente sencillo dejarnos entusiasmar, como profesores, por el interés mostrado por los propios alumnos al intentar llegar a conocerlos y por la sencillez aparente con que consiguen emplearlos en poco tiempo.

Como ventajas, podemos señalar que el estar frente a una neutral e impersonal pantalla puede darnos la seguridad, la confianza y la tranquilidad necesaria que –sin temor a errores y juicios de personas– favorece la resolución de problemas personales y facilita la comunicación. A pesar de esto, es preciso tener en cuenta que las herramientas de que hoy disponemos no significan la ausencia de la palabra, sino que son la propia expresión, elementos facilitadores de una comunicación eficaz y multivariada que esté al servicio del aprendizaje.

Pero Internet no es sólo un recurso para estudiantes, sino que funciona también como una red extremamente útil para todos aquéllos que se interesan por la Educación en Medios de Comunicación. En la red encontramos numerosísimos recursos y espacios de discusión sobre cuestiones relacionadas con este tema específico. Así, podremos encontrar artículos temáticos, investigaciones, estadísticas sobre la utilización de los distintos medios, ofertas para colaborar en proyectos interescolares y puntos de contacto para contar con una relación de los recursos educativos disponibles. La lista es demasiado extensa para hacer aquí una descripción completa. En las Tablas podemos encontrar algunos puntos de partida para conocer de forma directa y personal, utilizando Internet, algunas informaciones en este sentido. ¡Ánimo, experimente y... buena navegación!