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Revista Comunicar 9: Educación en valores y medios de comunicación (Vol. 5 - 1997)

¿Puede el periódico educar una sensibilidad solidaria?

https://doi.org/10.3916/C09-1997-10

Leandro Sequeiros-San-Román

Abstract

Los valores no son conceptos abstractos sino proyectos globales de vida y actitudes básicas que llevan a comportamientos humanizadores. El autor de este artículo nos resalta el protagonismo que los medios de comunicación tienen en la Educación en Valores dentro del aula y, en concreto, nos pone de relieve el papel que la prensa tiene en la educación para la solidaridad, proponiéndonos una serie de actividades para analizar en los periódicos los contextos y significados de la palabra «solidaridad».

Keywords

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En este número dedicado a la «Educación en Valores y los Medios de Comunicación» no puede faltar la educación para la cultura solidaria. La palabra «solidaridad» aparece todos los días en los medios de comunicación social. Pero se suele utilizar en sentidos muy diversos, unas veces usándola de modo impropio, y otras con fines que parecen perversos y manipuladores. El uso abusivo de la palabra «solidaridad » en la prensa escrita puede generar una falsa cultura solidaria, que identifica ésta con la beneficencia, con la lástima hacia el «indigente » y con el sentimentalismo. Esto exige, desde el punto de vista educativo, una crítica que desenmascare las falsas solidaridades. El uso de la prensa escrita puede ser un magnífico recurso didáctico para educar en la solidaridad.

La educación en valores se debe realizar en contextos de realidad. Los valores no son conceptos abstractos sino proyectos globales de vida, actitudes básicas que llevan a comportamientos humanizadores. En este proyecto cultural –generador de sistemas de valores– los medios de comunicación en el aula deben tener un protagonismo grande.

La educación en valores hoy no puede dejar de lado la educación en un valor emergente dentro de las nuevas corrientes culturales: la solidaridad. Está de moda hablar de solidaridad. La palabra solidaridad tiene «gancho ». Un ejercicio práctico a realizar con los alumnos puede ser éste: recortar de los periódicos las noticias y comentarios que usen la palabra «solidaridad». Basta recorrer los titulares de los periódicos para darse cuenta de que se usa en contextos muy diferentes. Hacer un panel y realizar un análisis de los contextos y significados de la palabra «solidaridad» puede ser un ejercicio productivo para los alumnos.

¿Qué lecturas pueden hacerse de este fenómeno? ¿Es que en España está emergiendo una auténtica cultura solidaria? ¿Qué mensajes ocultos e inconscientes comunican los medios (y en especial la prensa) al hablar de solidaridad? ¿Ejerce la prensa de hecho una función educativa de la auténtica solidaridad o desvía la atención hacia otros comportamientos no peligrosos (como son los caritativos, los benéficos, los compasivos) pero que no llevan consigo una auténtica solidaridad? ¿Podría la prensa desarrollar una tarea educativa de las actitudes y comportamientos solidarios?

1. ¿Existe en España una auténtica cultura solidaria?

Son muchas las situaciones sociales en España hoy, en que se suele hablar de «solidaridad»: solidaridad con los secuestrados por ETA, solidaridad con las víctimas inocentes de las guerras en los Grandes Lagos africanos, solidaridad con trabajadores en paro, etc. Pero ¿qué concepto de solidaridad late detrás de estas formulaciones? ¿No será más bien la manifestación de un difuso sentimiento de cercanía, de comprensión, de lástima que lleva, en algunos casos, a acciones loables de beneficencia, pero raramente a participar de forma consciente, permanente, colectiva y organizada en proyectos que van a erradicar las condiciones que dan lugar a esas situaciones?

Para tener una respuesta más o menos cabal a estas preguntas hay que comenzar acudiendo a los muchos estudios sociológicos sobre los valores de los españoles1. Hoy se suele decir que vivimos en una sociedad española e internacional insolidaria, carente de sentido solidario. ¿Es cierto este juicio de valor? ¿Cómo está considerada la solidaridad como valor en la sociedad española? ¿Son los jóvenes más solidarios o más insolidarios que sus padres o que los jóvenes de hace unos años? ¿Es el mismo tipo de solidaridad? ¿Qué nuevos estilos de solidaridad aparecen hoy? Son demasiadas preguntas para un tan corto espacio, por lo que habrá que describir muy someramente la situación (profundizar en Díaz Salazar, 1996; Sequeiros, en prensa).

1.1. Rasgos generales del talante socio-cultural de los españoles de los 90

Según los estudios de campo hechos por los sociólogos, se puede afirmar en general que la sociedad española de los 90 –al igual que sus vecinos europeos– está instalada en la llamada cultura del consumo, la privaticidad, del individualismo y de la satisfacción. Y es muy difícil que en este tipo de sociedad regida por tales valores se puedan desarrollar auténticas actitudes solidarias, que lleven más allá de la beneficencia, o la expresión de lástima o repulsa a acciones efectivas de compartir, de acciones de gratuidad y de trabajo voluntario no remunerado.

La nuestra es una sociedad cada vez más homogeneizada por una concepción «disfrutadora» (hedonista y narcisista) de la vida, que da gran importancia a la apariencia y la simulación. Se tiene plena confianza en el «Estado protector» que debe remediar todas las deficiencias y que cubre las necesidades básicas del Estado de Bienestar. Para una gran parte de la población, la democracia consiste en votar en las elecciones, pero luego se deja a los elegidos hacer su propia voluntad (no existe conciencia del control social y la participación en las instituciones del Estado). Hay una solidaridad de demanda, pero falta la solidaridad de oferta (todos piden al Estado, pero pocos ofrecen recursos para ayudar a los demás de una forma altruista).

El modelo de sociedad deseado por la mayor parte de la población española es aquél que se caracteriza por la primacía del interés público y la regulación estatal de la economía y que el Estado tutele a las personas en sus necesidades básicas. Es lo que los sociólogos llaman la «solidaridad de la demanda».

El deseo de seguridad económica y ciudadana organiza la constelación de valores de los españoles de los 90. Llama la atención que la solidaridad internacional no aparece entre los objetivos que debe tener España.

En los últimos años ha crecido la solidaridad del grupo (familia o amigos) y se desconfía (cuando no se manifiesta hostilidad) hacia los extraños. El 90% confía plenamente en su familia, mientras que sólo el 17% confía en la gente en general. Los sociólogos hablan de nuevas solidaridades: lo que crea solidaridad es la pertenencia al mismo territorio (los que uno siente próximos). El análisis de la participación ciudadana muestra escaso interés de los españoles en las acciones colectivas. Según los datos de Andrés Orizo (1991), el 31% de los españoles nunca ha firmado una petición de demanda social, un 56% nunca ha secundado un boicot, un 33% nunca ha participado en una manifestación...

Desde esta perspectiva es comprensible la escasa pertenencia de los españoles a asociaciones, movimientos y organizaciones de todo tipo. Sólo el 22% de los ciudadanos manifiesta en 1990 pertenecer a algún tipo de asociación, aunque exclusivamente el 12% de éstos declara que preste un trabajo voluntario y activo en la asociación a que pertenece.

1.2. Los españoles y el mundo internacional

España aparece hoy muy por encima de Europa en el porcentaje de quienes están a favor de ayudas institucionales a los países pobres (en España están a favor el 67%, en la Unión Europea el porcentaje es del 37% solamente). La imagen de los cooperantes (médicos, enfermeras, misioneros...) es muy altamente valorada. El 70% de los españoles dice estar dispuesto a cooperar y ayudar a los países empobrecidos, pero afirman que es el Estado quien debe ayudar, y sólo el 42% dice que se deben invertir muchos o bastantes recursos nacionales en esa ayuda. Un 66% está a favor de invertir el 0.7% del PIB en ayuda al desarrollo.

Pero si se pregunta a los españoles sobre su colaboración solidaria, se echan la mano al bolsillo. La respuesta en alto porcentaje es «dar dinero en las campañas» (la de Manos Unidas, la del Domund, la de la Santa Infancia...). Pero muy pocos están dispuestos a dar parte de su tiempo libre de modo organizado en este tipo de tareas. Un 66% está dispuesto a dar dinero, pero sólo un 18% se muestra decidido a participar en campañas y acciones permanentes de Solidaridad Internacional. Lo que no sabemos es la sinceridad de esas respuestas, en un país tan preocupado por «quedar bien». La creación de una auténtica cultura de la solidaridad internacional es muy difícil.

2. ¿Qué se entiende hoy por educar para la solidaridad?

Lo que sí es más complicado, y para ello habrá que acudir a la bibliografía (Díaz Salazar, 1996; Paniego y Llopis, 1994; Sequeiros, en prensa y Zubero, 1994 y 1996) es llegar a un acuerdo sobre lo que habría que entender por «solidaridad», por «cultura de la solidaridad» y «educar para la solidaridad».

La solidaridad en nuestra sociedad debe constituirse en un valor, que impulse a un comportamiento que podemos llamar solidario. Ahora bien: la solidaridad no se reduce a un sentimiento de lástima, de pena, por lo que sufren otros por razones que uno no desea plantearse. Esta falsa concepción de solidaridad, muy incorporada en la cultura burguesa, conduce a acciones individuales, aisladas y sin un marco ideológico concreto. En definitiva, en muchas ocasiones se confunde la solidaridad con la beneficencia. Y la beneficencia se cierra en dar un dinero, que en definitiva aquieta la conciencia. Este es el sentido de los programas televisivos navideños (presentados como programas de solidaridad) que sólo pretenden recoger dinero para paliar situaciones sin duda dolorosas, pero que evitan cuestionarse las raíces profundas de esas situaciones2. Una pretendida solidaridad que no lleve a acciones que cuestionen las causas de la injusticia, no es verdadera solidaridad. Ahí tenemos un reto educativo muy difícil: son muy fuertes y arraigadas las representaciones «benéficas» de los alumnos.

La frase siguiente pueden ser la síntesis del trabajo educativo a realizar:

«En un mundo que no sólo perpetúa sino que también aumenta la brecha de las desigualdades sociales, la conciencia humana va abriéndose cada vez más a la exigencia de solidaridad, quizá la categoría ética que mejor sintetiza las aspiraciones de la humanidad en estos momentos. En efecto, ese hacerse responsable del otro, en una sociedad de relaciones asimétricas, sintoniza perfectamente con las aspiraciones de nuestro mundo».

La cultura de la solidaridad es el conjunto de conceptos, actitudes de fondo, valores y acciones personales y colectivas programadas y coordinadas que pretenden que un ser humano sea capaz de afrontar, no sólo los problemas inmediatos de los demás, sino también enjuiciar éstos dentro del marco general de un mundo asimétrico de modo que aprenda a pensar globalmente para actuar localmente. Se trata de construir entre todos una nueva forma de solidaridad (Zubero, 1994), una cultura que es sensible a la asimetría cruel y no accidental entre un Norte rico y un Sur empobrecido (Mesa, 1994; Polo y Guzmán, 1996).

Con la educación para la solidaridad lo que se pretende es una auténtica revolución de la sensibilidad. Se trata de crear progresivamente una concienciación en los niños, jóvenes y adultos que lleve a una transformación de los valores habituales y de las prácticas sociales hacia la toma de postura y la intervención social efectiva a favor de los pobres y desposeídos de este mundo para lograr una sociedad más igualitaria y justa. Como escribe Díaz Salazar (1996) se trata de romper con la cultura de la ceguera y del olvido, dominante en nuestra sociedad.

3. ¿Qué mensajes solidarios llegan a través de la prensa?

La prensa escrita es una fuente inagotable de mensajes conscientes e inconscientes de actitudes, cultura y educación solidaria. Prescindiendo aquí de los muchos artículos de fondo de clara denuncia de las situaciones insolidarias (por ejemplo, el artículo de Francisco Gor, titulado «La prensa y la tragedia de los Grandes Lagos», publicado en El País, el 22-XII-96) y también artículos que sonrojan a un ser humano con una mínima conciencia solidaria (como el artículo en ABC de Torcuato Luca de Tena, titulado «La invasión tercermundista », publicado el día de los inocentes –y no lo presentan como inocentada– de 1996).

Una rápida visión de la prensa, nos muestra que, en muchas ocasiones, está desenfocado el valor de la solidaridad. Los recortes de prensa nos muestran una amplia gama de sentidos de la solidaridad. Para «trabajar» con los alumnos el valor de la solidaridad, es mejor partir de textos menos intelectuales y descubrir los sentidos de textos simples.

1. Una herramienta útil son los «chistes»: reflejan, con frecuencia, una crítica acerca de la sociedad insolidaria y que los alumnos pueden aprender a descubrir y criticar. Así, la tragedia del Zaire ha generado muchos chistes en la prensa que tienen una gran crueldad en la denuncia de la situación, como podemos observar en las tiras cómicas que adjuntamos.

2. La publicidad: en muchos medios de comunicación escritos se contienen mensajes solidarios a partir de publicidad. En algunos casos, el sentido de la palabra «solidaridad» está manipulado con fines comerciales (como el anuncio a toda página publicado en la prensa nacional de un banco sobre las catedrales).

Otros mensajes publicitarios pueden estudiarse en diversos anuncios insertados por organizaciones humanitarias y ONG´s: Cáritas, Manos Unidas, Mujeres en zona de conflicto...

3. La información sobre los movimientos sociales. La prensa dedica cada vez más espacio a información sobre las actividades de los movimientos sociales (Zubero, 1996). Estos son «actores sociales colectivos y solidarios que intervienen en el proceso de cambio social ». Su función es ser generadores de una nueva cultura: la cultura solidaria y mundialista, sensibles a las minorías, a los derechos de la naturaleza y con un fuerte carácter humanizador. Así, la información sobre programas de televisión de tipo solidario, y los frecuentes artículos e informaciones sobre la tarea de las ONG´s, los movimientos ecologistas, feministas, pacifistas, etc.

Como punto negativo se ha de resaltar la función tendenciosa que, en ocasiones, presentan los medios periodísticos amarillos. Como ejemplo cercano, recordar la información tendenciosa que sobre las ONG publicó el semanario Tiempo a finales de noviembre de 1996.

4. Los testimonios de hombres y mujeres solidarios. La prensa cumple una función educadora de los valores solidarios cuando presenta el testimonio de hombres y mujeres que cumplen, como voluntarios, cooperantes, misioneros o trabajadores humanitarios una función solidaria en países en conflicto.

En estos meses, tales testimonios han sido frecuentes en la prensa. (Recordemos el reportaje en El País-Andalucía, de 30 diciembre 1996: «En tierra extraña. Cooperantes de la región se reparten por todo el mundo en labores humanitarias»).

5. La denuncia de situaciones injustas e insolidarias. Los reportajes sobre situaciones injustas y sangrantes de nuestro mundo, donde se destaca la ceguera y el olvido de los países y la sordera al clamor de los empobrecidos son siempre un elemento importante de denuncia social y abren a la sensibilidad social.

Los ejemplos se podrían multiplicar. Pero la prensa puede cumplir una función educadora de valores solidarios de gran importancia. Y la prensa puede ser utilizada por los educadores como un potente recurso de sensibilización en los valores de la cultura solidaria.

4. ¿Qué papel puede tener la prensa en la educación para la solidaridad?

Decía Mario Benedetti que «todo es según el dolor con que se mira». La prensa (al igual que los demás medios de comunicación de masas) puede tener una función educadora en la construcción social de valores, y en nuestro caso de valores solidarios.

En un afán sistematizador, la prensa puede (y debería) cumplir una triple función educativa para la solidaridad:

1. Debería aportar informaciones veraces sobre situaciones reales pero enmarcadas en un paradigma global. En un mundo dividido por el abismo de la desigualdad entre Norte y Sur, la contextualización de los procesos sociales puntuales dentro de un marco global ayudará, sin duda, a la educación. Sin embargo, la información fuera de contexto, reducida a meras descripciones anecdóticas desenfoca la realidad, impide situar en su justo lugar las cosas y la única salida viable es la beneficencia movida por la lástima.

2. La segunda función educativa de la prensa deberá ser la de insinuar las claves del análisis sociocultural respecto al cual cada lector (o en nuestro caso, cada educando) vaya construyendo sus propios criterios para enjuiciar la realidad, ayudándole a tomar postura activa ante las situaciones y contextos insolidarios. Se va, de este modo, afilando la sensibilidad.

3. La tercera función de la prensa en la educación para la solidaridad es ésta: la prensa puede dar a conocer las diversas alternativas de acciones solidarias que pueden llevarse a cabo en la sociedad. Si hemos acordado que la solidaridad no es una postura individualista ni de mera beneficencia, sino que es un impulso ético; y que ese impulso lleva a las personas a insertarse en los movimientos sociales (ONGs para el desarrollo, grupos de base, comunidades críticas...) de corte emancipador, y si una persona solidaria trabaja, junto con otros, para cercenar las raíces de la injusticia, el ofrecer alternativas a través de la prensa, es una tarea educativa muy importante.

5. Conclusión

A lo largo de estas páginas se ha intentado mostrar que la prensa puede ser una herramienta muy productiva para la educación en una cultura de la solidaridad internacional, en todas las etapas de la enseñanza. La prensa puede cumplir directamente esa función. Pero también ofrece materiales y recursos que, bien utilizados por los educadores, pueden cooperar, junto con otros recursos, en la construcción social de la sensibilidad, los valores y las actitudes solidarias.

Notas

1 Andrés Orizo, F. (Edit.) (1991): Los nuevos valores de los españoles. Madrid, SM. y ELZO, J. (Edit.) (1994): Jóvenes Españoles ´94. Madrid, Fundación Santa María.

2 Así, por ejemplo, el programa «Telemaratón» de Antena 3 del 22 de diciembre de 1996, tenía como divisa «Tú también puedes ser solidario. Ayúdanos a ayudar». Se trataba de subastar objetos donados por famosos para instituciones benéficas, pero sin ningún cuestionamiento. Podía haberse llamado «Dame tu dinero y vete».

Referencias

ARGIBAY, M., CELORIO, G. y CELORIO, J.J. (1992): Guías didácticas de Educación para el Desarrollo. Vitoria, Hegoa.

DÍAZ SALAZAR, R. (1996): Redes de solidaridad. Para derribar el muro Norte-Sur. Madrid, HOAC.

MESA, M. (Edit.) (1994): SODEPAZ. Educación para el desarrollo y la paz. Experiencias y propuestas en Europa. Madrid, Popular.

PANIEGO, J.A. y LLOPIS, C. (1994): Educar para la solidaridad. Madrid, CCS.

POLO, F. y GUZMÁN, J.P. (1996): Pobreza, Medio Ambiente y Desarrollo. Cuaderno de Trabajo para la ESO. Barcelona, Octaedro.

SEQUEIROS, L. (en prensa): Educar para la Solidaridad. Proyecto didáctico para una nueva cultura de relaciones entre los pueblos. Barcelona, Octaedro.

ZUBERO, I. (1994): Nuevas condiciones de la solidaridad. Bilbao, Desclée.

ZUBERO, I. (1996): Movimientos sociales y alternativas de sociedad. Madrid, HOAC.