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Revista Comunicar 11: El cine en las aulas (Vol. 6 - 1998)

Educación para la salud a través del cine

https://doi.org/10.3916/C11-1998-20

Santa Ameijeiras-Marra

Juan-Agustín Morón-Marchena

Abstract

A partir de la premisa de la importancia de los medios de comunicación en la Educación para la Salud, los autores de este trabajo relatan la experiencia del Programa de «Cine y Salud», llevado a cabo por el Ayuntamiento de Ourense con el objeto de educar en hábitos de vida más saludable, a partir del visionado de films, ya que al ser un medio muy enraizado en las experiencias vitales de los jóvenes y con gran impacto en sus comportamientos y formas de vivir, contribuye a fomentar, transmitir o cambiar valores y contravalores sociales.

Keywords

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Hoy en día, todos somos conscientes del importante papel que los medios de comunicación social pueden tener en el ámbito educativo. Además, la Reforma educativa que se está implantando potencia la presencia de los massmedia en el currículum y en los distintos diseños. Sus posibilidades son amplias, independientemente del nivel o etapa escolar considerada, o de las distintas áreas o asignaturas. Normalmente se suelen distinguir tres ámbitos de actuación de los medios en el aula:

a) Como objeto de estudio, analizando sus contenidos, investigando sus formas, creando una perspectiva crítica ante los mismos...

b) Como técnica de trabajo, siendo posible la producción y creación de los medios en el propio aula.

c) Como auxiliar didáctico, como recursos o medios para el aprendizaje de todas las materias.

Otros autores explicitan cuatro grandes niveles de actividades que con los medios de comunicación pueden introducirse en el currículum:

• Como instrumento pedagógico-didáctico auxiliar en cualquiera de las áreas de aprendizaje.

• Como elemento de motivación que favorezca la interdisciplinariedad.

• Como medio de transmisión informativa del exterior del aula.

• Como cauce para que el alumno pueda transmitir la información elaborada por él con sentido de responsabilidad y espíritu crítico y participativo.

Por lo tanto, al igual que sucede con otros contenidos, podemos usar los medios para trabajar la Educación para la Salud. Es más, los medios de comunicación tienen efectos diversos en el campo de la Educación para la Salud y en la educación sanitaria (Griffiths y Knutson, 1960):

• Aumentan los conocimientos de la población sobre el tema; son útiles para informar y sensibilizar a los grupos sobre hábitos o conductas que se quieren cambiar.

• Por sí solos no modifican conductas de salud o sólo lo consiguen cuando existe una predisposición previa a la acción.

• En general, tienen mayor impacto sobre el área cognitiva que sobre la actitudinal y conductual.

• Se recomienda su uso especialmente al principio de los programas para informar, interesar y sensibilizar sobre el tema.

Veamos seguidamente el caso del Programa Cine y Salud que lleva a cabo el Ayuntamiento de Ourense desde el curso escolar 95/96, dirigido a adolescentes y preadolescentes, concretamente a estudiantes de ESO, Bachillerato y FP (Ameijeiras, 1998; Ameijeiras y Villar, 1988). El objetivo de este Programa es abrir un foro de debate que posibilite la toma de conciencia de las diferentes situaciones de riesgo en las que se encuentran inmersos los jóvenes, así como posibilitar el desarrollo de estrategias y habilidades necesarias para enfrentarse a ellas, basándose en la proyección de diversas películas comerciales.

Desde la Declaración de Alma Ata, el concepto de salud adquiere una nueva y amplia dimensión, abarcando el estado de bienestar físico, psíquico y social completo, y no solamente la ausencia de enfermedades o invalideces (concepto que ya queda desfasado).

Así entendida, la salud comporta un cierto equilibrio de los organismos con el ambiente, con las condiciones sociales que garanticen mínimamente dicho bienestar social y un conjunto de factores psicológicos, culturales, políticos, económicos...

Este nuevo enfoque implica necesariamente un trabajo interdisciplinar que posibilite abarcar el amplio abanico de variables intervinientes en el proceso dinámico de construir una «cultura de la salud» entre todos, cultura que es consecuencia de los estilos de vida saludables adoptados por los diversos colectivos humanos.

Educar para la salud supone, por lo tanto, cambiar hacia hábitos de vida más saludables, fomentando la autonomía personal, la responsabilidad individual y colectiva frente a la salud, así como la solidaridad y el compromiso con el entorno. Es decir, una nueva manera de ser y de hacer, al servicio de una mayor y mejor calidad de vida para todos, meta que resultaría inviable sin la participación activa de toda la comunidad en dicho proceso.

El objetivo inmediato del citado Programa consiste en la promoción de la salud en el colectivo de los adolescentes, pues es evidente que las situaciones con las que se enfrenta actualmente este sector (conflictos con los adultos, el consumismo juvenil junto a unas expectativas de formación y de trabajo confusas o muy variables, nuevas formas de vivir y comprender su sexualidad, el empleo del tiempo libre y de ocio, el riesgo de desarrollar dependencia hacia las drogas...), así como el momento evolutivo en que se encuentran, caracterizado por numerosos cambios en todas las esferas del individuo, lo cual supone una situación muy concreta para el colectivo de los adolescentes. Incluso algunos autores lo definen como uno de los principales «grupos de riesgo» de nuestra sociedad, dado que son más susceptibles a los problemas de salud que el resto de la población, por razón de su condición biológica, psicológica o social.

En este contexto en el que se pretende intervenir con los jóvenes, siguiendo como directriz principal no la de imponer criterios u ofertar soluciones «mágicas» a sus problemas, sino más bien la de abrir un foro de debate que posibilite la toma de conciencia de las diferentes situaciones de riesgo en las que se encuentran inmersos, así como el desarrollo de estrategias o habilidades necesarias para enfrentarse a ellas. Dado que resulta en todo punto imposible eliminar o evitar totalmente tales riesgos, se debe entrenar al individuo a convivir con ellos, pero de tal forma que ello no le reporte ningún conflicto o perjuicio a su salud.

Adquirir conciencia y dominio de los riesgos supone organizar la capacidad de análisis del adolescente, entrenarlo en la reflexión crítica, estimular los hábitos intelectuales que permiten discernir y calibrar las consecuencias de unas conductas determinadas; y todo ello sobre la base de sus experiencias personales y evitando el recurso al miedo o a fórmulas moralizantes, fomentando, por contra, la toma de decisiones positivas en lo referido al cuidado de su salud, entendida ésta en un sentido integral.

Para cumplir con nuestros objetivos, utilizamos el cine por ser un medio muy enraizado en las experiencias vitales de los jóvenes, con gran impacto en sus comportamientos y formas de vivir, contribuyendo a fomentar, transmitir o cambiar valores y contravalores sociales; además y creemos muy importante conectar la cultura académica dominada por el discurso escrito a la cultura popular audiovisual.

Trabajar sobre una película implica a diferentes disciplinas o áreas de conocimiento y un puente analítico entre la realidad y su versión ficcionada, siempre desde la vivencia personal transmitida por la película, hasta la intercomunicación o el intercambio de experiencias personales entre los componentes del grupo.

Quienes más capacitados están para llevar a cabo esta labor son, sin duda alguna, los docentes, quienes por la proximidad física, la convivencia diaria y su rol como figuras significativas para los alumnos –al menos, para algunos de ellos–, reúnen las condiciones óptimas para, asesorados por distintos profesionales, llegar más allá de lo que haría un especialista en la materia pero ajeno al Centro o a la realidad de los adolescentes.

El profesor hace de mediador formativo entre la película y el alumno, le ayuda a decodificar el mensaje fílmico en códigos de aprendizaje, le enseña también a leer las imágenes que vehiculan las historias que se explican para promover desde la reflexión y la participación una verdadera autonomía crítica, un «espectador-creador» activo, selectivo que contraste lo visto con lo vivido y sepa reconocer por sí mismo la adecuación y la vigencia de ciertos valores, puesto que lo que realmente se pretende con el presente Programa es trascender la mera información de cara a conseguir una formación integral del alumnado que incida, fundamentalmente, en el cambio de actitudes erróneas o, en su defecto, en el desarrollo de otras nuevas en pro de la salud.

Los objetivos generales que se persiguen son los siguientes:

• Potenciar el compromiso de los centros educativos y, concretamente, el de los docentes como agentes de salud.

• Anticipar posibles situaciones con las que los adolescentes pueden encontrarse en el futuro y que supongan un riesgo para su salud.

• Aportar información clara y objetiva sobre diferentes temáticas que puedan plantear conflictos a los adolescentes.

• Incidir en la necesidad de asumir las decepciones y superar los obstáculos o conflictos recurriendo a criterios racionales y no a fórmulas evasivas, potenciando la autoconfianza y la seguridad en sí mismos. • Fomentar el interés de los adolescentes por la salud como un valor fundamental en sí mismo.

• Modificar actitudes erróneas o, en su defecto, potenciar el desarrollo de actitudes nuevas y positivas en los adolescentes en relación con su salud.

• Ofrecer estrategias para modificar las habilidades sociales de los jóvenes en el análisis y la toma de decisiones racionales frente a diversas situaciones de riesgo con las que puedan encontrarse.

• Reforzar aquellos hábitos saludables que ya posean los adolescentes.

Dado el carácter del programa, la metodología a seguir debe tener un carácter eminentemente activo y participativo. La motivación del alumno resulta, por lo tanto, esencial de cara a la consecución de los objetivos, así como la del profesorado, sin cuya colaboración se verían abocados al fracaso, al ser ellos quienes mejor conocen y más pueden incidir de manera significativa en la formación de sus alumnos.

Es por esta razón por la que el primer paso consiste en la presentación del Programa en todos los centros de ESO, Bachillerato y FP, con el objeto de fomentar la participación del profesorado permaneciendo abiertos, en todo momento, a cualquier tipo de sugerencia, opinión o demanda que pueda surgir de ellos. Conseguida su colaboración, se le entrega a cada profesor un dossier de trabajo con la siguiente documentación:

– Fichas de información general referida a los bloques temáticos a tratar a lo largo del programa:

• Consumo en la población adolescente: Rosalie va de compras.

• Prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados en los adolescentes: Si estuvieras aquí.

• Medio ambiente: Los últimos días del Edén.

• Drogodependencias y juventud: Café Irlandés.

• Tolerancia y solidaridad: Semillas de rencor.

• Drogodependencias y estilos de vida: Historias del Kronen.

• Sida y juventud: En el filo de la duda.

• Identidad sexual, vocacional y empatía: Los juncos salvajes.

• Autoestima e imagen corporal: La verdad sobre perros y gatos.

• Los medios de comunicación: Quiz Show (El dilema).

– Ficha técnica y comentarios de las películas a proyectar.

– Sugerencias de actividades complementarias a realizar en el aula con los alumnos.

– Cuestionario de evaluación del Programa para los docentes.

Por lo que respecta al trabajo con los alumnos, se llevará a cabo un ciclo de películas y debates, en los que se tendrá siempre como referencia los bloques temáticos señalados anteriormente y para los que se contará con la participación de especialistas en la materia.

Los centros educativos y los profesores interesados pueden demandar mediante la hoja de solicitud el ciclo de cine y el material didáctico que lo complementa, además de un proyector de vídeo. Finalmente, y transcurrido cierto tiempo, se les pasa a los alumnos que participaron en la experiencia, un cuestionario de evaluación y una hoja para sugerencias, con el propósito de recabar información para futuros programas.

Referencias

AMEIJEIRAS, S. (1998): «Cine y salud», en MORÓN, J.A. (Dir.): Educación para la Salud: Experiencias e Investigaciones en el campo social, escolar y comunitario . Sevilla, Ayuntamiento Dos Hermanas.

AMEIJEIRAS, S. y VILLAR, P. (1998): «El cine como recurso en Educación para la Salud», en I Jornadas Nacionales de Salud y Comunidad. Almería, mayo.

GRIFFITHSS y KNUTSON (1960): «The rol of Mass Media in Public Health», en Journal Public Health, 50; 515- 523.

VERA, A. y MORÓN, J.A. (1997): «Educación para la Salud y medios de comunicación social», en III Jornadas de Encuentro de Grupos de Trabajo de Ciencias de la Naturaleza. Sevilla, Consejería de Educación y CEP de Sevilla; pp. 31-37.