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Revista Comunicar 11: El cine en las aulas (Vol. 6 - 1998)

El papel del profesorado ante la influencia de la televisión

https://doi.org/10.3916/C11-1998-23

María-Lina Iglesias-Forneiro

Manuela Raposo-Rivas

Abstract

Después de una breve reflexión acerca de la influencia televisiva, se sugieren en esta colaboración algunas pautas de actuación con el profesorado, tanto en el centro como en el aula, para poder trabajar con los alumnos el sorprendente mundo de los medios de comunicación. Las autoras proponen por ello una planificación y secuenciación de las intervenciones en la formación de los docentes.

Keywords

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Que la televisión ejerce una enorme influencia en nuestros escolares es un tema harto constatado, debatido y estudiado, sobre todo en los niños y niñas en edad escolar, tanto por el tiempo que se le dedica como porque es una fuente de culturización, vehículo de socialización y democratización de la sociedad. Así pues, inmersos como estamos en una sociedad televisiva, parece obvio que la escuela no debería darle la espalda a la televisión y a los otros medios de comunicación. Una de las mayores contradicciones del Sistema educativo actual radica precisamente en el hecho de que las nuevas generaciones de alumnos salen de la escuela sin ninguna preparación para realizar de manera reflexiva y crítica aquella actividad a la que más horas dedican: ver la televisión.

Pero, ¿qué se puede hacer desde la escuela para convertir la influencia de los mass media, en general y de la televisión en particular, en algo que resulte aprovechable en la formación de un individuo, por cuanto que ya forma parte de ella nos guste o no? Éste es, desde nuestro punto de vista, el problema de fondo al que debemos dar respuesta.

1. La influencia de la televisión

A las puertas del siglo XXI, ver la televisión se ha convertido en la actividad más habitual, a la que se dedica diariamente un gran número de horas. Son los niños, las amas de casa y los ancianos los sectores de población entre los que se encuentra un mayor número de consumidores.

Un estudio realizado en Galicia con 3.727 niños y adolescentes de ambos sexos, entre cinco y veinte años, de áreas rurales, costeras y urbanas, demuestra que un 25% ve la televisión más de tres horas diarias durante la semana, y seis en los fines de semana. Del mismo estudio se desprende que cada niño gallego de entre cinco y diez años ve la televisión durante una media de cuatro horas diarias. Según estos datos, a los 70 años habrá pasado ocho años de su vida frente al televisor. Durante todo este tiempo está expuesto a imágenes de violencia y crueldad que pueden modificar su conducta; habrá asistido a 19.200 asesinatos, 84.000 violaciones, 1.700 asaltos, 32.000 robos, 68.000 penalizaciones e infracciones de la ley1.

Estos y otros datos extraídos de estudios similares son argumento suficiente para que los sociólogos consideren que la televisión es, en la actualidad, el tercer factor principal de socialización, junto a la familia y la escuela. Incluso se señala que en los países occidentales este poder socializador está muy por encima de la iglesia. Este problema, según Alonso, Matilla y Vázquez (1995), se plantea desde una doble dimensión: la dimensión social y la educación formal. Por tanto, desde la sociedad y desde la escuela debe cuestionarse en qué medida los efectos educadores de la televisión entran o no en contradicción con los objetivos educativos deseados. En este sentido, dichos autores afirman que la intervención educadora de la televisión produce importantes alteraciones e interferencias con respecto a las finalidades y objetivos marcados, tanto desde la educación formal como desde el punto de vista de las finalidades educativas que la propia sociedad establece.

Después de un amplio análisis de programas televisivos y de los efectos de los contenidos que dichos programas ejercen sobre los niños, los mencionados autores, en su obra Teleniños públicos, teleniños privados, afirman que «los contenidos predominantes en los programas de las televisiones comerciales transmiten actitudes y valores, y estimulan capacidades y prácticas en buena medida contradictorias con gran número de las actitudes, valores, capacidades y prácticas que suscitan en la actualidad mayor consenso en nuestra sociedad, en tanto que se asocian a los valores democráticos básicos y, son explícitamente contemplados, dentro de los actuales currículos escolares (...). En definitiva, puede decirse que los programas de televisión dirigidos a los niños en general muestran una orientación dudosamente democrática y mayoritariamente conservadora, desde el punto de vista de las actitudes y los valores que en ellos predominan» (Alonso, Matilla y Vázquez, 1995: 203). Parece, pues, necesario que la escuela tome en consideración la influencia ejercida por la televisión y se implique en la formación de espectadores críticos. A continuación, ofrecemos algunas sugerencias acerca del papel del profesorado en esta formación.

2. La actuación del profesorado

El hecho, ya comentado, de que los niños desde muy pequeños vean la televisión, oculta otro hecho más relevante desde el punto de vista educativo y es que «no saben ver la televisión y deben aprender a hacerlo sin ninguna ayuda, ya que la televisión por sí sola no enseña nada» (Alonso, Matilla y Vázquez, 1995).

Por tanto, ha de ser el profesor la figura relevante en este necesario proceso de aprendizaje, actuando como intermediario para facilitar y garantizar el cumplimiento de determinados objetivos, que han de contribuir a capacitar a los niños y niñas para ver la televisión desde una óptica reflexiva y crítica.

Es por ello que consideramos al profesor como el eje principal en la formación de espectadores críticos ante la influencia ejercida por la televisión. En este sentido, creemos que la actuación docente ha de centrarse en cuatro aspectos fundamentales, íntimamente relacionados entre sí y coherentes con toda práctica docente: analizar la situación, planificar la actuación, desarrollarla y evaluar los resultados. Según se representa en el cuadro, entre dichas tareas se establece una relación cíclica de forma tal que la información obtenida en cada una de ellas nos proporciona datos para las demás.

Es precisamente en estas tareas en donde centramos nuestro interés, concretamente en las dos primeras ya que la actuación y evaluación de los resultados implican la puesta en práctica en una situación concreta teniendo en cuenta el contexto y los agentes implicados, de forma tal que nosotras solamente podemos sugerir algunas pautas de intervención.

3. Analizar la situación

En esta fase, la cuestión clave que ha de formularse es ¿cómo conocer la influencia que está ejerciendo la televisión en los alumnos?

Se trata principalmente de recabar información que nos permita saber cuál es la magnitud de la influencia que la televisión está ejerciendo en nuestros alumnos y cuál es la utilización que éstos hacen de su ocio y tiempo libre, pues esta última cuestión nos puede dar idea del significado que la televisión tiene en la vida de los escolares.

La idea clave que ha de guiar este proceso es la de convertir el trabajo de recogida y análisis de la información en un proyecto de trabajo con los propios alumnos, con la finalidad de hacerlos más conscientes de la influencia que la televisión está ejerciendo sobre ellos. El objetivo es que ellos mismos sean capaces de identificar esos rasgos de influencia. Consideramos que esta toma de conciencia es el primer paso para neutralizar esa influencia y convertirse en receptores más activos y críticos. Es pues fundamental que sean ellos los protagonistas de las actividades realizadas, tanto en la recogida de la información como en su posterior análisis. El papel del docente pasa a ser el de guía que conduce y orienta este proceso.

Algunas de las estrategias que se pueden utilizar para la recogida de información son las siguientes: auto-observación de conductas, análisis de vocabulario y aplicación de cuestionarios.

a) Auto-observación de conductas. Las pautas de observación estarían dirigidas a identificar modos de comportamiento derivados de la influencia televisiva, por ejemplo:

• Los personaje/s de televisión con los que más me identifico son ..........................

• Me gusta jugar imitando a .......................

• Utilizo con frecuencia la expresión...........de mi personaje favorito.

• Acostumbro a saludar a mis amigos con el gesto de .................................................

• Me gusta el modo de vestir del personaje.....................................................................

A partir de una guía de observación elaborada por el profesor con items semejantes a los indicados, la propuesta de trabajo en el aula podría consistir en que los alumnos identifiquen los modelos que están imitando, los programas de los que proceden, que se observen unos a otros, etc.

b) Análisis de vocabulario. Tiene por objeto identificar y estudiar expresiones, muletillas, jergas, etc., presentes en la comunicación de los alumnos. También aquí pueden ser ellos mismos los que observen y analicen su propio vocabulario. Por ejemplo, grabando conversaciones en sus momentos de juego y analizando posteriormente su contenido. Este tipo de actividad puede plantearse, por ejemplo, desde el área de Lengua y la propuesta de trabajo podría consistir en que los niños descubran cómo hablamos, cuál es nuestro vocabulario más común, la estructura y giros lingüísticos más habituales, etc., y analicen en qué medida parte de ese vocabulario y expresiones puede tener su origen en programas televisivos.

c) Aplicación de cuestionarios. La finalidad aquí se centra en recabar información acerca de las condiciones referidas al consumo de la televisión. Los cuestionarios podrían organizarse en torno a los siguientes aspectos:

• ¿Qué ven?, es decir, qué programas, cuáles son sus preferencias.

• ¿Cuándo lo ven?, qué momentos de visionado son los más frecuentes para ellos (mañana, mediodía, tarde, noche).

• ¿Cuánto tiempo?, qué cantidad media de horas invierten al día o a la semana en ver la televisión.

• ¿Por qué lo ven?, cuáles son los motivos por los que se convierten en audiencia de un determinado programa: ocio, interés, etc.

• ¿Cómo lo ven?, esto es, el tipo de espectador que es: conoce la programación y ve sólo lo que le interesa, conversa con sus amigos, padres..., sobre lo que ha visto, se pone delante del televisor y «ve lo que le echen», practica el zapping, etc.

• ¿Con quién lo ven?, se refiere a si ven la televisión solos, con sus padres, familia en general, amigos, etc.

Todas estas cuestiones sin duda ayudarán a los niños y niñas a hacerse más conscientes de cuáles son sus actitudes en relación con el consumo de la televisión y en qué medida sus actuaciones y conductas están siendo influenciadas por los programas que ven.

4. Planificar la actuación

Basándose en los resultados obtenidos en la fase de análisis de la situación, la planificación de la actuación a desarrollar por el profesorado ha de tener un triple foco de atención: el centro, el aula y la colaboración con las familias.

a) El centro. Es preciso que en los Proyectos de Centro (PEC y PCC) se contemple como uno de sus objetivos prioritarios, la necesidad de capacitar a los alumnos y alumnas para que se conviertan en espectadores críticos de los medios de comunicación. Así pues, los centros deben plantearse qué medidas han de adoptar para la consecución de dichos objetivos. Por ejemplo:

• Disponer de espacios y equipamiento para el trabajo con y sobre el lenguaje audiovisual y los medios de comunicación.

• Establecer los cauces que permitan la colaboración entre el centro y las empresas de medios de comunicación del entorno.

• Incluir en el PCC objetivos y contenidos de la educación para los medios.

Tomar decisiones para realizar un trabajo colaborativo que permita un tratamiento interdisciplinar de estos contenidos.

b) El aula. Si ver la televisión es la actividad a la que más tiempo dedican los alumnos, si se trata de un elemento decisivo en su formación, no cabe duda de que aprender desde y con la televisión potenciará el aprendizaje, procurando formar a los alumnos como espectadores críticos. En palabras de Ferrés (1994): «A menudo se considera que basta una formación humanística para ser un buen telespectador, que es suficiente una capacidad crítica general. Se olvida, una vez más, que la televisión se mueve en una esfera comunicativa muy específica. Mientras en la escuela se enseña a decodificar palabras, la televisión se expresa sobre todo en relatos. Mientras la escuela enseña racionalidad, la televisión utiliza sobre todo emotividad. Mientras la escuela tiende a moverse en el ámbito de la mente consciente, la televisión incide sobre todo en el inconsciente. Mientras la escuela prepara para el razonamiento y la argumentación, la televisión utiliza sobre todo los recursos de la seducción. Formación racional frente a comunicaciones inadvertidas. Mal bagaje para un telespectador indefenso. En definitiva, tanto desde la falta de formación como desde una formación exclusivamente verbalista y racional, el telespectador sigue siendo enormemente vulnerable, incapaz de hacer frente a unos mecanismos de comunicación y persuasión para los que no está preparado » (Ferrés, 1994b: 72).

Así pues, el profesor ha de formularse interrogantes como ¿qué puedo hacer para neutralizar la influencia negativa?, ¿qué actividades puedo desarrollar que contribuyan a formar a los alumnos para un uso adecuado de la televisión?, ¿cómo puedo aprovechar esa influencia de un modo educativo?, ¿qué puede aportar la televisión al trabajo de las distintas áreas?, etc. Reflexionar sobre estas cuestiones en el contexto educativo concreto en que nos movamos nos aportará respuestas válidas para trabajar de acuerdo con los objetivos propuestos.

c) Colaboración con las familias. No podemos olvidarnos que la familia es el primer agente educativo y de socialización, por lo que cualquier intervención que llevemos a cabo desde la escuela debe tener en cuenta la necesaria colaboración con los padres.

En primer lugar, los profesores deben conocer, en la medida de lo posible, cuál es el modelo educativo empleado por los padres y qué hábitos se han desarrollado en la familia en relación con el consumo televisivo.

Por otra parte, debe existir una relación constante con las familias que favorezca, no sólo la información de lo que se hace en la escuela, sino también una labor de carácter formativo con los propios padres de modo que su actuación en casa refuerce los planteamientos que tratan de llevarse a cabo desde la escuela. En este sentido, desde los centros educativos deben fomentarse actuaciones encaminadas a favorecer la creación de Escuelas de Padres como una medida que propicia una mayor implicación de la escuela con la comunidad educativa.

Así pues, desde la escuela debemos planificar actuaciones encaminadas tanto a la formación de los padres, como telespectadores críticos y conscientes (de tal modo que adopten actitudes más positivas y que ayuden a sus hijos a formarse también como consumidores de televisión) como a la orientación en aspectos puntuales que surjan del trabajo en colaboración a propósito de la formación de sus hijos. Todo ello con la finalidad de neutralizar las influencias negativas que dicho medio de comunicación pueda ejercer en ellos.

5. Sugerencias para el desarrollo de la actuación y la evaluación de resultados

Una vez realizada la planificación de la actuación que deseamos llevar a cabo y que necesariamente se ha de asentar –como ya hemos indicado– en un análisis previo de la situación, corresponde ahora llevar a la práctica las actuaciones previstas y proceder a la evaluación de los resultados. Como es obvio, en este apartado solamente podemos ofrecer algunas sugerencias que puedan facilitar esta puesta en práctica y evaluación, ya que otro tipo de planteamientos pasarían, necesariamente, por su experimentación.

Así pues, algunos aspectos que pueden favorecer un adecuado desarrollo de la actuación prevista pueden ser:

• Que el claustro de profesores sea consciente y sensible hacia el tratamiento educativo de los medios de comunicación de masas.

• Que se dote al centro de la infraestructura necesaria para poder trabajar con el lenguaje audiovisual.

• Que exista una predisposición hacia el trabajo colaborativo entre los docentes, de modo que se favorezca la toma de decisiones conjunta sobre medidas concretas de actuación.

• Que el trabajo sobre los medios se plantee desde una perspectiva interdisciplinar.

• Integrar la televisión en el currículum como un recurso didáctico (trabajar con la televisión), como objeto de análisis y estudio (estudiar/ analizar la televisión), y como medio de expresión (hacer televisión). Ya que, como indica Ferrés (1995), la incorporación de imágenes televisivas en el proceso de enseñanzaaprendizaje contribuirá a su optimización en las distintas áreas y niveles y redundará en la formación de telespectadores más reflexivos y críticos.

• Experimentar distintas estrategias metodológicas y pautas para el aprendizaje del análisis de los distintos discursos televisivos.

Para evaluar los resultados de nuestra intervención nos centraremos en la observación de conductas y actitudes a partir de las actividades realizadas. También aquí es importante hacer a los alumnos protagonistas. Que sean ellos mismos los que se den cuenta de qué actuaciones y actitudes han modificado en relación con el consumo televisivo. ¿Se ha modificado su manera de ver televisión?, ¿son más selectivos y críticos con lo que ven?, ¿son más conscientes de la «realidad construida» por la televisión?

Para esta evaluación podemos realizar las mismas actividades que planteábamos en la fase inicial de planificación y ver qué se ha modificado. También nuestra propia observación nos aportará datos importantes de las cosas que funcionan y de las que es necesario modificar.

6. Para terminar

Quisiéramos finalmente plantear algunas cuestiones para la reflexión. ¿Es la televisión culpable de que pasemos tantas horas delante de ella, o debemos repartir las responsabilidades en la medida en que atañen al conjunto de la sociedad?, ¿en qué medida es responsable la escuela por no fomentar un mayor sentido crítico frente a la imagen?, ¿en qué medida son responsables los padres por utilizar el televisor como «niñera electrónica» en detrimento del tiempo de dedicación a otras actividades con sus hijos?, ¿cuál es la responsabilidad de los propios medios de comunicación que mantienen una determinada programación únicamente por intereses económicos? Frente a estos interrogantes, ¿qué podemos hacer nosotros desde nuestro papel de formadores?

Nosotras, como formadoras de futuros profesores en la Escuela de Magisterio, trabajamos con nuestros alumnos desde la asignatura de Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación, sobre la influencia de los medios de comunicación de masas y las posibilidades que ofrecen para su integración en el currículum. De un modo especial, abordamos el tema de la televisión procurando sensibilizar a los futuros docentes sobre el papel que ejerce este medio en los hábitos y conductas de los escolares, con la finalidad de que en su futuro profesional asuman un papel activo ante dicha influencia. Para ello, realizamos algunas actividades como:

• Pequeñas investigaciones en aulas de distintos colegios (públicos y privados) sobre la influencia de la televisión en los niños. Los instrumentos utilizados son la entrevista con la profesora y un cuestionario en el que se recoge información sobre qué, cuándo, cuánto, por qué, cómo y con quién ven los niños la televisión.

• Análisis técnico y de contenido de los programas de televisión más votados por los niños. Para ello, seguimos el esquema de análisis propuesto por Ferrés (1994) en su obra Televisión y Educación.

• Diseño de propuestas de intervención a partir de la investigación realizada. Planteamos a los futuros maestros que, a partir del análisis de la situación, realizado en el colegio o aula, se planteen qué harían ellos como profesores de ese centro/aula. En su propuesta deben contemplar sugerencias de intervención en relación con el centro, el aula y los padres.

En todo caso, no debemos perder la perspectiva de que como formadores, en el nivel educativo que sea, debemos asumir la responsabilidad de formar espectadores críticos y reflexivos, ya que el mal no está en la televisión, sino en el uso que hagamos de ella. Consideramos que, bien utilizada, la televisión puede ser una magnífica herramienta para el aprendizaje y el entretenimiento formativo de niños y adultos.

Notas

1 Estos datos están recogidos del programa Meigas fóra emitido por la Televisión de Galicia con fecha 17 de noviembre de 1993.

2 Citados por ALONSO, M.; MATILLA, L. y VÁZQUEZ, M. (1995): Teleniños públicos, teleniños privados, Madrid, La Torre.

Referencias

ALONSO, M.; MATILLA, L. y VÁZQUEZ, M. (1995): Teleniños públicos, teleniños privados. Madrid, La Torre.

BARTOLOMÉ, D. y SEVILLANO, M.L. (1991): Enseñanza- aprendizaje con los medios de comunicación en la Reforma. Madrid, Sanz y Torres.

CAMPUZANO, A. (1994): «Televisión y Sistema educativo », en Revista Galega de Educación, 20; 10-14.

FERRÉS, J. (1994): Televisión y educación. Barcelona, Paidós.

FERRÉS, J. (1994B): «Televisión y escuela», en Cuadernos de Pedagogía, 231; 72-73.

FERRÉS, J. (1995): «Estrategias para el uso de la televisión», en Cuadernos de Pedagogía, 234; 18-21.

TELEVISIÓN DE GALICIA (1993): programa Meigas fóra, emitido el 17 de noviembre.

TIERNO JIMÉNEZ (1996): «La influencia de la televisión en la educación y la familia», en Aula CEN (Centro de Estudios Académicos) 2 ; 19-23.