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Revista Comunicar 12: Estereotipos en los medios: educar para el sentido crítico (Vol. 6 - 1998)

Negro sobre blanco: inmigrantes, estereotipos y medios de comunicación

https://doi.org/10.3916/C12-1999-09

Octavio Vázquez-Aguado

Abstract

En el texto se reflexiona acerca del papel que los medios juegan en la definición de la imagen social que la inmigración tiene en la población española, tratándose de poner de manifiesto cómo construyen la realidad social y las repercusiones que tal constructo tiene en la interacción de los individuos. El autor incide en la importancia de las mediaciones como interposición entre la realidad misma y quienes la observan, apostando por una visión más integradora y solidaria con estos ciudadanos que quieren y deben tener también su papel en «nuestro mundo».

Keywords

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¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la producción de significados sociales en torno a la inmigración? ¿Cómo contribuyen a generar una imagen determinada que constituye el centro de un discurso sobre el nosotros y los otros? Para responder a estas dos cuestiones se ofrece un breve análisis de la información recogida en los medios de comunicación en el año 1995, año en que tuvieron lugar una serie de acontecimientos que contribuyeron de manera significativa a visualizar socialmente la inmigración: la consolidación del cupo anual de extranjeros, la puesta en marcha del Foro para la Integración Social de los inmigrantes, el Año Europeo de lucha contra el racismo y la xenofobia y los tristemente célebres acontecimientos ocurridos en la ciudad de Ceuta.

Analizaremos los estereotipos en torno a la inmigración poniendo en relación dos referentes empíricos: la opinión de la población española respecto a los inmigrantes basándonos en el informe sobre la realidad social en España 1995-96, de CIRES1 (1997: 241-320), y los informes sobre la inmigración en la prensa que realiza semestralmente la Fundación CIPIE2. La intención es la de demostrar en qué medida las imágenes que transmiten los medios de comunicación inciden en la opinión de los españoles sobre los inmigrantes, máxime, si el contacto directo que se tiene con los mismos es muy reducido. Finalizaremos haciendo una reflexión sobre los medios de comunicación y la generación del discurso identitario, respondiendo así a la segunda cuestión planteada.

1. Los inmigrantes en los medios de comunicación

La preocupación de los medios por la inmigración acontece en España en paralelo a un proceso de visualización mediante el cual, los inmigrantes pasan de una situación de invisibilidad a otra de visibilidad social problemática. De acuerdo con Provansal (1994: 96-97) y Santamaría (1997: 43-45), este proceso cristaliza en nuestro país a finales de los años 80 y principio de los 90. En 1985 se aprueba la Ley Orgánica sobre los derechos y libertades de los extranjeros en España que pretende regular la realidad de la inmigración en el territorio nacional. En esta ley se materializa el problema social de la inmigración. Su articulado, reformado con posterioridad, no es más que la regulación de las dificultades para la entrada, residencia y trabajo de los inmigrantes en nuestro país.

La promulgación de la misma es denotativa de un cambio simbólico, ideológico, fundamental: Define una pertenencia a Europa que nos distingue y separa de quienes no son europeos. Los medios incorporan la inmigración a su discurso al inicio de los años 90, coincidiendo con el proceso de regularización extraordinario puesto en marcha por el gobierno de la nación y con la aparición del fenómeno de las pateras, consecuencia directa de la imposición del visado como requisito previo para entrar al Estado Español. Para ver cómo los medios tratan la inmigración, hemos elegido cuatro grandes estereotipos sobre la misma (que son muchos, que son difíciles de integrar y que inciden en la delincuencia y el desempleo), y los hemos sometido al doble proceso comentado con anterioridad: qué piensa la población y qué reflejan los medios de comunicación. Veamos el análisis.

1.1. Los inmigrantes son muchos

En el año 1995, las opiniones generalizadas de los españoles respecto a los inmigrantes, estaban caracterizadas por considerar que el número de extranjeros en España era muy elevado, estimándose muy al alza la proporción real de extranjeros existentes en nuestro país (según el Observatorio Permanente de la Inmigración, en España había en 1996 un total de 538.984 extranjeros, tanto procedentes de países pobres como ricos, lo que representaba un 1,4%). Esta imagen es uno de los estereotipos más extendidos respecto a la inmigración: pensar que son más de los que son realmente, a lo que contribuye de manera significativa los medios de comunicación. En efecto, como recogen los informes de CIPIE referidos a los últimos seis meses de 1995, las noticias sobre pateras, polizones y otras formas de entrada ilegal al territorio español, ocupan gran parte del interés de los medios de comunicación respecto a los inmigrantes, acentuándose en los meses de verano, donde casi el 12% del total de noticias sobre inmigrantes tiene que ver con esta cuestión. El tratamiento que se le da a la entrada de los inmigrantes no deja lugar a dudas: en El País de 8 de agosto podemos leer: «Efervescencia en el Estrecho. Aumentan los magrebíes que llegan a España de manera ilegal y en seis meses han sido detenidos 431». En El Mundo de veinte días después: «Nueva avalancha de inmigrantes ilegales en el sur de España». En la edición de 23 de agosto de Diario 16 de Andalucía leemos: «El número de inmigrantes ilegales detenidos en la provincia de Cádiz se ha multiplicado por cinco en lo que va del presente año». Creemos que los términos efervescencia y avalancha están pensados para referirse a volúmenes mayores de población. En concreto, podríamos hablar de avalancha de turistas europeos en las playas andaluzas y levantinas, pero nunca de inmigrantes. El efecto sobre la población es el ya manifestado: Se cree, se piensa que los inmigrantes son más de lo que realmente son. Señalemos también que no se realiza nunca ningún esfuerzo por desmentir e informar a la población sobre cuántos son realmente porque, en la consideración de su número elevado, se encuentra la justificación a las políticas que ponen el énfasis en el control y disminución de los flujos migratorios.

La eficacia de este estereotipo es absoluta. La población española, según CIRES, considera que la mejor manera de controlar los flujos es establecer cupos anuales que regulen la entrada de extranjeros (aunque se consideraba excesivo el número de 20.600 previstos para 1995). También se opta por perseguir penalmente a quienes transportan inmigrantes indocumentados, quizás porque los medios de comunicación ponen el énfasis en noticias que señalan la explotación a la que se ven sometidos los inmigrantes: «la policía ha desarticulado una banda que se dedicaba a estafar inmigrantes marroquíes, guineanos y senegaleses cobrándoles elevadas cantidades de dinero por permisos falsos de trabajo y residencia en España» (ABC de 20 de diciembre de 1995). Se valora como muy poco útil ampliar la vigilancia en el estrecho de Gibraltar (1987: 274) ya que, cada verano, se reitera la entrada de los inmigrantes a través de pateras sin que la acción policial logre acabar con esta forma de entrada. En consecuencia, la opinión general de la población es que se limite la entrada a inmigrantes procedentes de países menos desarrollados (1997: 286), quizás porque son los que vienen en pateras o compiten por el trabajo, los recursos sociales, inciden en la delincuencia o son los que aumentarán su presencia en el futuro.

1.2. La predisponibilidad a la integración y las dificultades para ello

La consideración excesiva de la escasa presencia de la inmigración no impide una valoración positiva de la misma puesto que, tal y como nos muestra el informe CIRES, ha habido un aumento significativo de la población que considera como beneficiosa para nuestra cultura la presencia de la inmigración, mostrando también una actitud favorable respecto al asentamiento de los inmigrantes entre nosotros de manera definitiva (1997: 264, 267). La predisposición favorable de la población española respecto a la integración de los inmigrantes se matiza cuando hablamos de árabes y de negros: la población considera que su integración será más problemática que la de latinoamericanos y europeos del este (1997: 291). La razón a tal con sideración la podemos encontrar en la diferencia cultural: es verdad que con los latinoamericanos la sociedad española se siente más unida, con mayor afinidad cultural, mismo idioma y religión por lo que se suponen menos problemas y entendemos a los europeos del éste como más próximos geográficamente a nosotros que árabes y negros. Pero no podemos olvidar que con estos últimos tenemos contenciosos históricos (España mantuvo colonias en el África negra hasta los años 60 y en Marruecos hasta 1957) que generan un pasado común y reciente de desencuentros y contenciosos históricos que pesan de manera significativa a la hora de enjuiciar la distancia que nos separa del otro.

Los medios de comunicación, sin embargo, resaltan preferentemente aquellos aspectos más difíciles de la integración. Hagamos un repaso en la siguiente reseña: en el ABC de Madrid de 1 de julio de 1995, nos encontramos con la siguiente noticia: «La Comunidad contabiliza casi mil chabolas de inmigrantes». En su explicación se nos dice que la mayoría de las mismas están ocupadas por marroquíes y gitanos portugueses, dándose a entender que se trata de una situación elegida por los inmigrantes puesto que pisos alquilados, pensiones, hostales, albergues y residencias constituyen la forma de escapar a los poblados chabolistas, y el centro de Madrid y la gran mayoría de los municipios de la región disponen de un buen número de viviendas en alquiler que acogen a miles de inmigrantes. En Diario 16 de Andalucía de 22 de agosto: «Cólera. Una marroquí afectada siembra la alarma en Algeciras». Sólo al final de la noticia se explica que, según el director del Hospital, no hay motivos de alarma por tratarse de un caso aislado. Otro ejemplo notorio de cómo se resaltan los aspectos negativos de la integración, lo encontramos en la edición de 20 de mayo de 1995 del diario Levante: «Detenidos dos chinos con sarna que trabajaban en restaurantes». La asociación de la enfermedad contagiosa con el trabajo en los restaurantes transmite de inmediato dudas sobre todos los restaurantes chinos. Sólo en el desarrollo de la noticia se especifica que residían y trabajaban ilegalmente en España y que estaban siendo explotados por los dueños de los mismos.

Cuando señalan aspectos positivos de la integración los medios se caracterizan por subsidiar el papel de los inmigrantes en esta tarea que ha de ser común. El esfuerzo por la integración sólo lo hacen o los poderes públicos o las organizaciones que trabajan con inmigrantes: más del 22% de las noticias recogidas por CIPIE en el segundo trimestre de 1995 nos muestran acciones de las administraciones públicas y de iniciativas solidarias: «La Junta de Extremadura dará créditos y subvenciones para que los inmigrantes y sus familias tengan alojamientos dignos durante el tiempo que estén trabajando en la región» (El Periódico de Extremadura, 27 de mayo de 1995), o «inmigrantes en Moncloa» podíamos leer el 18 de abril de 1995 en Diario 16 de Andalucía mientras que en la foto que ilustraba el reportaje sólo aparecían las autoridades públicas con competencia en la materia y representantes de las ONG´s principales en la atención a los inmigrantes. En todo caso, llegó a la Moncloa la preocupación de estas organizaciones pero no los inmigrantes. ¿Que papel les queda pues a los verdaderos protagonistas de la historia? Un papel secundario. La integración de los inmigrantes, la acción positiva desarrollada por los mismos, sólo es noticia cuando resalta lo anecdótico, lo folklórico incluso, tomando algunos rasgos de su identidad (una bebida, una comida, un baile) como un todo: «churros interculturales» leíamos en El País de 6 de julio para ilustrar encuentros entre vecinos de culturas diferentes en un barrio de Madrid, o «una fiesta intercultural inaugura los actos navideños» recogía el ABC del 18 de diciembre de 1995. La integración pasa por este tipo de actos pero no puede quedarse aquí como bien recoge Esteva (1998: 151): «Resulta inútil ponderar los méritos del mestizaje cultural si se sigue practicando la política de bloques. A Europa le corresponden la ciencia, la filosofía, las artes y las letras; a los árabes, el cuscús y la danza del vientre y, como mucho, el papel de eternos proveedores; ayer, de la filosofía griega; hoy, del petróleo».

Para finalizar esta reflexión sobre la integración de los inmigrantes, señalemos que los españoles, según CIRES, consideran «que la concentración de los inmigrantes en determinados barrios dificulta su integración en la sociedad española» (1997: 271). En consecuencia, el Gobierno debería dispersar a los inmigrantes al mismo tiempo que practicar políticas que favorezcan el acceso a la vivienda, la educación, aunque esta política tiene que ser común para todos los grupos marginados y no específica para los inmigrantes (1997: 297). Sobre esta opinión creemos que hay dos fenómenos relacionados entre sí: la repercusión que tuvo en la prensa los acontecimientos de Ceuta motivados por las malas condiciones en las que vivían un número importante de inmigrantes en un campamento de esta ciudad: «Sangre en las calles de Ceuta», leíamos en el Diario 16 de Andalucía de 12 de octubre de 1995, acompañado de un recuadro donde se pedía que «se vayan los negros». En El País: «encarcelados 15 inmigrantes de Ceuta por haber dirigido la batalla campal», subtitulando el traslado a la Península de 100 de estos inmigrantes. A este conjunto de imágenes transmitidas por la prensa, hemos de añadir el miedo a la concentración espacial de los inmigrantes. Se suele pensar que ello dificulta su integración, pero creemos que la razón principal de esta afirmación reside en el deseo de su dispersión para hacer más fácil su asimilación.

1.3. La inmigración, su incidencia en el trabajo y en la delincuencia

Son dos aspectos centrales en la valoración de la inmigración de países menos desarrollados. Sobre ellos se construyen dos de los estereotipos más claros de la inmigración. Sin embargo, respecto al trabajo, la opinión de la población española no es unánime en cuanto a la incidencia negativa de la inmigración en el mismo, es decir, según CIRES (1997: 298- 299), sólo el 55% de los españoles pensaba en marzo de 1995 que sí generaba más paro y casi la mitad pensaba que no incidía en la bajada de los salarios; no obstante, los que sí creen que incide en los mismos aumenta respecto a años anteriores. Sí existe un mayor consenso a la hora de afirmar que las condiciones laborales son peores (1997: 315). El papel de los medios en la configuración de estas imágenes es importante. No hay una tendencia clara a poner de manifiesto noticias referidas a la competencia por puestos de trabajo, a despedidos a causa de inmigrantes, probablemente, porque en el mercado de trabajo español tales cosas no suceden, y sí se incide de manera especial en las condiciones de trabajo, señalándose reiteradamente denuncias referidas a la explotación laboral.

En cuanto a la delincuencia la situación es similar: la población española está dividida a la hora de considerar la incidencia de la inmigración sobre la misma. Los que sí consideran que tiene un impacto en el aumento de la delincuencia lo vinculan con los delitos de robo y tráfico de drogas (1997: 302-303).

También es necesario señalar que los que saben de la existencia de inmigrantes en sus barrios o en otros los vinculan a problemas como la droga, robos y peleas (1997: 320). Aquí el papel de los medios es especialmente importante por la cantidad de noticias recogidas donde los inmigrantes son actores de actos delictivos relacionados con prostitución, droga, robos y delincuencia en general. Señalemos como ejemplo del tratamiento a estas noticias el siguiente titular del ABC del 6 de octubre 1995: «dos bandas paralelas asaltan los chalés del noroeste de Madrid. El segundo grupo estaría formado por chilenos o colombianos ». ¿De qué nacionalidad eran los miembros de la otra banda? ¿Es realmente la nacionalidad de las personas que cometen los actos delictivos un dato muy importante? ¿Estaban realmente seguros de la nacionalidad o era una intuición o especulación? Pensamos que este estereotipo puede ser perfectamente combatido poniendo de manifiesto qué porcentaje representan los actos delictivos cometidos por inmigrantes y cuántos de ellos son realmente delincuentes.

2. Los medios, el discurso y la identidad

Cuando se dan situaciones de escaso contacto entre sujetos, es decir, cuando existen pocas situaciones de interacción social entre individuos de grupos diferentes, creemos que los medios de comunicación juegan un papel muy importante en los procesos de identificación social porque «construyen socialmente la realidad» elaborando y transmitiendo a grandes públicos... representaciones de conocimiento y contacto así como de conocimiento y conflicto entre grupos culturales tanto amplios... como restringidos (Roiz, 1994: 178). Estos procesos suponen la producción de significados, la generación de un discurso que consiste en imágenes con las que identificamos a los otros (inmigrantes) frente al nosotros (sociedad de acogida). Con estas imágenes, orientamos nuestro comportamiento y nuestra forma de actuar. El discurso es una construcción social, histórica, en tanto que depende de unas condiciones socioculturales determinadas para su generación y los medios, de acuerdo con Santamaría (1994: 210-212), muestran una imagen de la inmigración que se caracteriza por presentar los países de origen de los inmigrantes bien como susceptibles de la ayuda internacional o de la visita turística. Las noticias que recogen, se refieren en la mayoría de los casos a aspectos negativos: delincuencia, explotación, entrada ilegal... Las fuentes de información utilizadas son las del gobierno o las de las agencias de ayuda, en cualquier caso, los inmigrantes no tienen un espacio propio significativo. Con estos condicionantes se crea una imagen de la inmigración que sustituye a la realidad puesto que, el informante, se sitúa entre la noticia y quien la lee.

Según Roiz (1994: 180), «la importancia de los medios de comunicación se debe a que elaboran o canalizan determinadas categorías culturales consideradas como instrumentos de mediación entre la verdad y las ideologías». Los medios, por tanto, generan mediaciones en forma de imágenes y discursos que se sitúan entre lo que ocurre realmente y la manera de ver lo que sucede. En este aspecto reside la centralidad del papel de los medios de comunicación puesto que las mediaciones se interponen entre la realidad misma y quien la observa hasta lograr su sustitución, de tal forma que la realidad ya no es lo que ocurre sino lo que se pone de manifiesto, y nuestro comportamiento se ve afectado por lo que creemos que es real, en este caso, clichés y estereotipos, positivos o negativos, en torno a la inmigración y los inmigrantes. Las imágenes que generan los medios de comunicación son pues una lectura determinada de la realidad.

Notas

1 Centro de Investigaciones sobre la Realidad Social.

2 Fundación Iberoamérica-Europa. Centro de Investigaciones, Promoción y Cooperación Internacional.

Referencias

CIPIE (1995): Análisis de prensa, radio y TV sobre inmigración. Material fotocopiado.

CIRES (1997): La realidad social en España 1995-96. Bilbao.

ESTEVA, J. (1998): Mil y una voces. El Islam, una cultura de tolerancia frente al integrismo. Madrid, ElPaís-Aguilar.

PROVANSAL, D. (1994): «La sociedad paralela: asistentes y asistidos», en Pappers , 43: «La construcción social del inmigrante».

ROIZ, M. (1994): «La construcción de la diferencia cultural de los inmigrantes en los medios de información», en Documentación Social, 97; 177-197.

SANTAMARÍA, E. (1994): «El cerco de papel... o los avatares de la construcción periodística del (anti)sujeto europeo », en Extranjeros en el paraíso. Barcelona, Virus; 207- 217.

SANTAMARÍA, E. (1997): «Del conocimiento de propios y extraños (disquisiciones sociológicas)», en LARROSA, J. y PÉREZ DE LARA, N. (Comps.): Imágenes del otro. Barcelona, Virus; 41-58.