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Revista Comunicar 12: Estereotipos en los medios: educar para el sentido crítico (Vol. 6 - 1998)

Conciencia crítica y televisión

https://doi.org/10.3916/C12-1999-26

Gregorio Iriarte

Abstract

El desarrollo de actitudes receptivas y activas ante la televisión es uno de los objetivos básicos que se plantean a nivel universal todos los sistemas educativos que pretenden fomentar la educación de ciudadanos que sepan responder de forma autónoma a los retos de la sociedad actual. El autor de esta colaboración nos presenta en este trabajo algunas estrategias que se llevan a cabo con esta finalidad en este país sudamericano, dentro del «Programa de Educación y Medios de Comunicación» que desarrolla conjuntamente con nuestra asesora Marta Orsini.

Keywords

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La televisión, en vez de formar ciudadanos, forma consumidores, y en vez de formar personas libres, forma teledependientes. Sin embargo, no debería ser así. Lograr una recepción positiva de los mensajes televisivos es de absoluta necesidad. El hacer de nuestros niños receptores activos, críticos y creativos frente a la oferta televisiva, en contraposición a la pasividad, la acriticidad y la repetitividad que caracteriza a la juventud televidente, es un gran desafío para los educadores, tanto padres de familia, como maestros y profesores.

La recepción de los mensajes televisivos puede y debe convertirse en una instancia de crecimiento personal. La formación en lectura crítica de los programas logra revertir los efectos negativos, como la adicción y la imitación compulsiva, que genera la TV en la niñez. La práctica ha demostrado que la cultura de la imagen puede transformarse en agente eficaz para el desarrollo de la personalidad y de la capacidad de discernimiento. Pero para ello es imprescindible que los educadores desarrollen en los niños, adolescentes y jóvenes el pensamiento y la reflexión crítica.

1. Televisión y educación

La lectura crítica es una asignatura que se aprende y que, por lo tanto, debe ser enseñada por aquéllos que son responsables de la función educativa.

Habrá que comenzar por algo muy elemental: el lograr que los niños lleguen a diferenciar, en la TV, la ficción de la realidad. Un niño/ a mira la televisión totalmente embelesado. La fascinación de la imagen cromática le impide distinguir entre fantasía y realidad. Esto no es obstáculo para que aprenda, pero sí es obstáculo para que desarrolle un pensamiento personal autónomo. No le impide acumular conocimientos. Llega a captar y a retener en su memoria una variada gama de datos, imágenes, sensaciones, escenas, ritmos musicales, anuncios propagandísticos... Aprende, aún sin decisión explícita de aprender y sin tener plena conciencia de haber aprendido (Fuenzalida).

El mundo de la TV es para la mayoría de los niños, un escape desde la monótona y aburrida cotidianidad, hacia esos espacios, llenos de fantasía, que les presentan los programas. La TV no les invita a pensar, sino a soñar y soñar siempre es gratificante. Para soñar no hace falta hacer ningún esfuerzo. Pero, lamentablemente, la televisión es un gran obstáculo para el desarrollo normal de su autoformación, de su autoestima y para la afirmación y el crecimiento en su identidad personal y cultural.

No es suficiente, como muchos educadores piensan, el enseñarles a dosificar el tiempo invertido ante el televisor. Tampoco cumplen plenamente con su responsabilidad educadora cuando se limitan a descalificar ciertos programas juzgados como inmorales o antieducativos. Igualmente, resulta muy poco pedagógica y totalmente ineficaz la machacona insistencia de ciertos padres de familia en hacerles comprender a sus hijos que el programa que quieren ver, no es apto para niños, sino para adultos. La conciencia del niño no capta ni acepta ese criterio. En los niños no se da esa especie de doble moral que caracteriza a muchos mayores. Los niños piensan que lo que es malo para ellos, es malo también para sus padres. El aprendizaje de los niños sobre los programas televisivos tampoco puede limitarse a insistir sobre la dosificación del tiempo frente al aparato para que no sea un obstáculo en relación al estudio, al descanso o al normal ejercicio físico. Es posible que en muchos casos esas advertencias sean convenientes, y hasta necesarias, pero lo que queremos decir es que ello resulta absolutamente insuficiente dentro de una auténtica perspectiva educadora.

2. La actitud del educador ante la TV

El mejor antídoto frente a los reales peligros de la televisión para el desarrollo normal de la personalidad del niño, es la práctica encaminada hacia una lectura crítica y analítica de los mensajes. Ello implica una actitud nueva, positiva y distante delante del televisor.

Pedagógicamente hablando, lo más negativo frente al televisor son la pasividad (matar el tiempo, huir del estudio, del aburrimiento, de las relaciones con los mayores...) y la actitud imitativa (repetir en su vida los gestos, las actitudes y las conductas que se han visto en la TV).

Los padres y los educadores pueden ayudar muchísimo a que los niños se acerquen críticamente a la TV. Con ello no estamos pidiendo nada difícil o ajeno a un proceso educativo normal. De igual modo que los padres orientan a sus hijos pequeños con relación a sus amistades, deberían hacerlo, y con mayor razón, en relación a la TV.

Muchos padres de familia no ha incorporado el «elemento televisión» como factor educador. Se limitan a criticar o denostar contra ciertos programas, pensando erróneamente, que eso es suficiente para alejar a sus hijos de la teleadicción.

3. Hacia una lectura crítica de los programas

La psicología moderna reconoce que el desarrollo cognoscitivo del niño está actualmente muy ligado a la lectura de la imagen. El análisis crítico de los programas es una actividad que se debe aprender. No es una cualidad innata. Al contrario, más bien, la televisión, por el hecho mismo de ser ante todo «espectáculo », lleva a actitudes de pasividad, de relajación y, de lo que los italianos llaman, «dolce far niente» (un dulce no-hacer-nada).

Los niños, y aun no pocos adultos, se relacionan con la pantalla de una manera terriblemente ingenua. La fascinación de la imagen y el interrogante del suspenso, les limita en su capacidad de análisis.

Por lo tanto, en este aprendizaje de lectura crítica frente a la TV, lo que importa es el desarrollo de una nueva actitud, distante y reflexiva, frente al aparato. Es iniciar un proceso en el que hay que pasar de la dependencia a la autonomía: «Yo no soy para la TV sino la TV para mí». «No es ella la que manda, sino yo». «La televisión no es más que un instrumento a mi servicio», etc.

Este proceso de autoformación a través del medio es doble: es aprendizaje cognoscitivo, vinculado al desarrollo de la inteligencia y de la memoria, y es aprendizaje sociocultural, más relacionado con la escala de valores, los comportamientos, las relaciones, los acontecimientos de la vida política, económica, cultural, etc.

4. Algunas practicas educativas

En Cochabamba, dentro de Proyecto denominado «Educación y Medios de Comunicación », se han realizado muchas experiencias escolares, tanto en el ciclo de Primaria, como en el de Secundaria. Presentamos una de esas prácticas, elegida al azar entre otras muchas.

El objetivo de este taller escolar era desarrollar la criticidad de los alumnos frente a la serie La familia Simpsons. Los alumnos, chicos y chicas de tercer año de Secundaria, debían analizar la conducta de los personajes de este conocido y cuestionado programa. El colegio en el que se realizó el taller que presentamos es fiscal y está situado en un barrio marginal de la ciudad de Cochabamba. Funciona dentro del proyecto educativo «Fe y Alegría».

Durante unos 20 minutos el curso vio el programa en la clase.

La profesora hizo una pequeña introducción, invitando a todos los alumnos a participar libremente en el debate.

Comienzan a participar los alumnos/as juzgando la conducta de Homero, el padre

Las críticas llueven en forma implacable sobre este discutido personaje. Los alumnos no tienen misericordia con él. Dicen que es tonto, torpe, malhablado, impositivo, machista, grosero, autoritario, maleducado y mal educador, etc.

La profesora trata de salvar un poco al personaje, ¿Es que no ven ustedes ninguna cualidad en este pobre Homero...?

Tímidamente, alguien dice que tiene amor a su familia, aunque sea un amor mal entendido. Una chica reconoce en Homero fidelidad conyugal. Otro alumno dice que lo único que le gusta de este personaje, tan grosero, es su capacidad de inventiva. Algunos se inclinan a reconocer en él creatividad y soluciones originales y sorpresivas a los problemas que se le presentan.

Ante la propuesta de la profesora de si a alguien le gustaría tener a Homero por padre, todos se ríen despectivamente y nadie lo acepta, ni siquiera como pariente lejano. El análisis pasa ahora al segundo personaje: Magy, la madre de familia.

Inmediatamente se ve que, al contrario de Homero, Magy despierta simpatías: «Ella es mejor», dice una alumna. «Es buena, noble, muy femenina, delicada, educada»... «Es lo contrario a su marido...». «Se preocupa por su familia»...

Da la impresión que el grupo se estanca en su análisis crítico. La profesora, discretamente trata de ayudarles.

«¿No ven nada criticable en esta señora...? Les parece totalmente aceptable su conducta...? ¿Creen que es, en realidad, una mujer liberada...? »

El grupo sobre todo las chicas, parece que despierta y comienzan a lanzar sus opiniones: «Es una mujer tradicional». « Se deja dominar por su marido». «Nunca le reprocha sus torpezas ». «Lleva sobre su cabeza una especie de enorme cucurucho que, sin duda, quiere reflejar su vanidad y superficialidad». «Su actitud, excesivamente sumisa, le lleva a no ser buena educadora ya que no confronta el mal ejemplo que su marido da a sus hijos». «Acepta el machismo de su marido como algo normal». «Le falta formación». «No ve más allá de las paredes de su casa. No le interesan los problemas de la sociedad. Tampoco se preocupa mucho por la formación moral de sus hijos...». La profesora felicita a sus alumnos por sus aportes, tan agudos y acertados, y les invita a analizar ahora la conducta del personaje más problemático: el niño Bart.

Es evidente que la mayoría de los niños se identifican, en gran medida, con este «pequeño diablo». La profesora es consciente de que, a través de este personajillo, tan inteligente como rebelde, es donde mejor puede confrontar los criterios de sus alumnos. Comienza el diálogo sobre los aspectos negativos del comportamiento de Bart. Surge un torrente de epítetos, algunos muy duros: «Es desobediente, mal hablado, insolente con sus padres, indisciplinado »... «Es un pequeño demonio». «No le importa nada, todo lo critica, les falta el respeto a sus padres». «No tiene cariño, es egoísta »...

La profesora echa una cuerda para salvar, siquiera mínimamente, la reputación de Bart y comienza diciendo: «A mí, a veces, se me hace simpático Bart. Sin duda, que debe tener algunas razones para ser tan rebelde»... La opinión del curso se da un poco la vuelta y comenta:

«Es muy inteligente y creativo». «La conducta torpe de su padre hace que Bart sea tan rebelde». «Su madre tampoco le comprende. Los padres muchas veces no entienden a sus hijos: quieren que se comporten como los mayores »...

¿Por qué Bart reacciona de esta manera? Sin justificar su conducta, sus actitudes y su vocabulario, el curso se inclina por cuestionar, sobre todo, a sus padres, a la sociedad y a la TV. Bart es fruto de su ambiente, dicen los alumnos.

La profesora aclara que la serie de Los Simpsons representa a la familia norteamericana de clase media. En realidad, es una crítica a la sociedad norteamericana. Es un serial que trata de desmitificar a la familia y a nuestra sociedad consumista. Esa crítica se la hace a través de unos personajes grotescos en su apariencia externa y totalmente inadaptados.

El curso llega a resumir su criterio en dos propuestas muy sencillas:

• Aunque la serie de Los Simpsons tiene algunas cualidades que lo constituyen en un programa interesante por su originalidad, la enorme creatividad para suscitar situaciones de conflicto... Su discurso agudo, su criticidad frente a la sociedad consumista... Sin embargo, nos revela un tipo de familia y de sociedad totalmente ajenas a nuestra realidad. Los valores que defiende como la libertad personal y la creatividad no llegan a compensar sus graves antivalores como ser: el desprecio por la autoridad, la ausencia de orientación formativa, su falta de sentido de solidaridad, su marcado individualismo, su criticidad mordaz, etc.

• Otra de las conclusiones a la que llegaron los alumnos y que la expresaron con insistencia fue que el programa no es apto para niños, aunque sean ellos quienes más lo ven. Los niños, dijeron, no pueden llegar a captar la ironía y el sentido crítico y mordaz de este programa.