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Revista Comunicar 12: Estereotipos en los medios: educar para el sentido crítico (Vol. 6 - 1998)

Televisión, sueños y angustia en los niños

https://doi.org/10.3916/C12-1999-31

Jaime Gordo-Sánchez

Abstract

El presente artículo expone el desarrollo y las conclusiones de una investigación realizada entre escolares de 4 a 10 años en la que se estudió la incidencia de la televisión en los sueños de angustia infantiles. Se investigó fundamentalmente el origen de las figuras terroríficas que aparecen en los sueños de angustia, su vinculación con la televisión, la evolución en función de la edad y las diferencias en relación al sexo.

Keywords

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A lo largo del desarrollo evolutivo infantil y más allá de consideraciones psicopatológicas, es interesante observar que se producen en todos los niños sueños de contenido angustioso (Sauri, 1976). Desde una perspectiva psicoanalítica, estos sueños ponen de manifiesto ciertos conflictos que afectan al sujeto infantil en su proceso madurativo. Fundamentalmente se trata de conflictos edípicos y de tendencias que sufren el efecto de la represión; por otra parte, resulta evidente que ciertos acontecimientos traumáticos pueden ser generadores de sueños repetitivos de angustia.

El objetivo de nuestra investigación fue conocer la incidencia de este tipo de sueños en las distintas edades, los conflictos puestos en juego y sobre todo la influencia de la televisión, así como de otros factores culturales: mitología popular, cuentos, etc., en estos contenidos oníricos.

1. Breve referencia a los estudios realizados sobre el tema

Los estudios que sobre esta temática conocemos se centran bien en los sueños en general o de forma parcial en algún aspecto de los mismos. Así, sobre los sueños en los niños es obligado hacer referencia al trabajo de J. Piaget (1947). Hay un estudio similar sobre este tema, realizado con niños españoles, que nos puede servir de referencia y punto de partida. Nos referimos a la tesis doctoral Los sueños en la infancia, realizado en 1972 por M. Valcarce. Esta autora se vale de un modelo de entrevista y de dibujos para analizar el tipo de sueños de los niños y las ideas que éstos tienen respecto de la procedencia y naturaleza del fenómeno onírico. Su enfoque piagetiano va dirigido fundamentalmente a analizar algunos aspectos cognitivos de la relación del niño con sus sueños. Sin embargo su metodología y algunas de sus aportaciones pueden sernos de gran utilidad en el planteamiento de nuestro trabajo.

2. Objetivos

Podemos concretar los objetivos de nuestra investigación en los siguientes puntos:

• Determinar la influencia de la televisión en la creación de las figuras terroríficas que aparecen en los sueños de angustia infantiles.

• Conocer la temática de estos sueños y las posibles diferencias en función del sexo y la edad.

Concretando un poco más nuestra investigación, exponemos las hipótesis que pretendemos confirmar:

• Todos los niños, en mayor o menor medida tienen sueños de angustia.

• Este tipo de sueños tiene conexión con las fobias diurnas y son representativos de una conflictividad subyacente.

• Estos contenidos oníricos están influenciados por ciertas manifestaciones de la cultura popular que llegan al niño fundamentalmente a través de la televisión.

3. Trabajo de campo

Para la realización de nuestro trabajo partimos del estudio de J. Piaget sobre los sueños infantiles, que constituye un capítulo de su libro La representación del mundo en el niño. Allí establece Piaget tres etapas, que a nivel cognitivo describen la relación del niño con sus producciones oníricas. Plantea con respecto a los sueños cuatro cuestiones: origen del sueño, órgano del sueño, lugar del sueño y razón de la existencia de los sueños. Las respuestas por él obtenidas son distribuidas en tres etapas diferentes:

• De 5 a 6 años: El niño cree que el sueño viene de fuera, que se sitúa en la habitación y que por eso se sueña con los ojos.

• De 7 a 8 años: El sueño viene de la cabeza, del pensamiento, de la voz. Pero el sueño está en la habitación, delante de nosotros. Se sueña con los ojos: se mira un cuadro exterior. Esto no quiere decir verdadero: el sueño es falso, pero consiste en una imagen que existe en el exterior.

- De 9 a 10 años: El sueño viene del pensamiento, está situado en la cabeza (o en los ojos) y se sueña con el pensamiento, o también con los ojos, pero interiormente.

4. Elección de la muestra

Cuadro I: Distribución de la muestra por edad y sexo.

5. Aplicación de la entrevista a la población seleccionada

La entrevista, dado que sigue un método clínico no tiene un carácter rígido en su aplicación, no obstante, existen una serie de cuestiones a las que el niño debe responder:

1. ¿Sabes lo que es soñar?

2. ¿Quieres contarme algún sueño tuyo? (sueño espontáneo).

3. ¿Crees tú que los sueños vienen de algún sitio?

4. ¿Qué te sirve para soñar?

5. Fábula del sueño bonito: «Un niño se levantó un día diciendo que había soñado algo muy hermoso. ¿Qué crees tú que podía haber soñado?».

6. Fábula del sueño feo: «Un niño se levantó un día diciendo que había soñado algo muy feo. ¿Qué crees tú que podía haber soñado? ».

6. Tratamiento de los datos

El número de sueños analizados es superior al número de niños, dado que se pedía a cada uno que narrase un sueño espontáneo y uno feo. No obstante, no todos los niños verbalizaron ambos sueños, mientras que algunos cuentan más de un sueño para cada tipo. El número total de sueños lo podemos ver en el cuadro II:

Cuadro II: Número total de sueños por edad y sexo.

Los niños en edades comprendidas entre los 4 y 6 años son los que menos sueños cuentan, asimismo, es prácticamente el único grupo donde aparece la categoría de «rechazo », 9 niños y 9 niñas.

La distribución por tipo de sueños queda reflejada en el cuadro III:

Cuadro III: Distribución por el tipo de sueño.

Las respuestas obtenidas se han agrupado bajo el calificativo común de agresiones en dos grandes apartados: quiénes las provocan (Cuadro IV) y quiénes las sufren (Cuadro V), que a su vez las hemos distribuido en las siguientes categorías:

Agresiones:

1. Quiénes las provocan:

• Seres antropomórficos de la mitología popular.

• Personajes de ficción de televisión y cine.

• Animales.

• Personas.

• Catástrofes naturales.

2. Quiénes las padecen:

• Personales.

• Familiares.

• Otras personas.

• Propiedades.

7. Análisis de los resultados y primeras conclusiones

En principio podemos decir que en todas las edades hay un mayor porcentaje de sueños de angustia en niñas que en niños. Esto es especialmente notorio en las edades más tempranas y tiende a igualarse conforme avanzamos en edad.

A partir del segundo período desaparecen los rechazos, los niños comentan rápidamente sus sueños de angustia incluso sin la necesidad de la fábula del sueño feo. No obstante, el número de respuestas también resulta masivo ante la fábula.

En los primeros años la angustia aparece canalizada hacia contenidos de devoración provocada por personajes de ficción como dragones, lobos, drácula, brujas, etc. Esta temática se mantendrá en las siguientes etapas aunque con menor intensidad.

El número de sueños con contenidos de animales resulta mayor entre los varones que entre las hembras. Todo lo contrario de los sueños con temáticas de separación familiar, aquí son las mujeres las que parecen expresar más directamente su miedo a perderse o a separarse.

Es de destacar a esta edad la importancia del miedo a las brujas, que irá descendiendo con la edad hasta hacerse inexistente a los diez relacioaños. Las brujas son personajes de cuentos, esto abunda en la hipótesis de que las primeras figuras de terror son originarias de los cuentos y la tradición oral. El papel que estas historias cumplen como vía de escape a tendencias infantiles difíciles de controlar ha sido abordado detenidamente por B. Bettelheim en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas.

En la segunda etapa, el número de sueños referentes a animales es mayor entre niñas que entre los niños. A esta edad aumenta también significativamente el número de sueños referentes a personajes de televisión. Esto es sobre todo significativo con respecto a los niños.

Los sueños con contenidos provenientes de cuentos y mitología popular permanecen en la segunda etapa. Sólo resulta significativa la disminución de la aparición del personaje de la bruja. En cuanto a los sueños con contenidos de seres de ficción procedentes de la televisión aumentan de forma importante.

El apartado de sueños con contenido deaccidentes personales y familiares resulta realmente significativo en este segundo período y mayor en niños que en niñas.

En la tercera etapa predominan otra vez los sueños con figuras procedentes de cuentos y leyendas populares, curiosamente el número de personajes procedentes de la televisión disminuyen. Sugerimos la hipótesis, para explicar esta situación, de que los niños a esta edad mantienen, ante los programas visualizados, una actitud de distanciamiento que les permite reconocer su carácter ficticio, mientras que permanecen en el recuerdo las antiguas angustias infantiles, que son las que afloran en el momento de nuestro interrogatorio.

Por otra parte, la distinción entre las figuras terroríficas procedentes de la televisión y las procedentes de cuentos resulta en cierto modo artificial ya que las segundas han sido recogidas por las primeras con gran frecuencia. Aún así, la influencia de la televisión resulta determinante, ya que los niños relacionan de forma espontanea sus pesadillas con la visión de películas de miedo.

Se mantiene muy alto el número de sueños con temática de accidente en esta tercera etapa. Con frecuencia los padres están implicados en estos accidentes. Esto parece estar relacionado con tendencias agresivas dirigidas a los padres que no resultan fáciles de elaborar.

El lugar que entre los 4-6 años era ocupado por brujas, parece ser reemplazado posteriormente por «hombres malos» y «mujeres malas». En general, en los más pequeños, los agentes terroríficos suelen ser objetos inanimados y animales. Con la edad los personajes humanos aparecen en mayor número.

Desarrollando un poco más específicamente la relación de la televisión y los sueños de angustia, nos interesa resaltar dos cuestiones. En primer lugar, creemos que más allá de la discusión sobre si son las figuras terroríficas de los cuentos, de la mitología popular, o la de la televisión, las que aparecen en los sueños de angustia infantiles, es importante señalar las temáticas conflictivas que cada una de estas representaciones esconden. Así, no es tan determinante si un niño sueña con un robot o con el hombre del saco, sino el hecho de que en ambos casos se manifiesta una mismo contenido profundo e inconsciente cuya representación cambia. Desde esta perspectiva, ambas figuras permitirían la elaboración de idénticos conflictos propios del desarrollo infantil. Las figuras terroríficas de la televisión tendrían en esta perspectiva un carácter positivo, ayudarían a representar conflictos internos difíciles de sobrellevar, tales como las agresividades edípicas, los celos, etc.

La segunda cuestión, que quizás parezca resultar contradictoria con la anteriormente expuesta, se sitúa, sin embargo, en otra perspectiva. De algunas de las respuestas dadas por los niños a nuestras preguntas sobre las figuras terroríficas de sus sueños, nos ha sido constatada la idea de que la televisión introduce en el mundo infantil un nivel de violencia que resulta difícil de metabolizar y que los niños relacionan de forma espontánea con sus sueños. Esta violencia crearía un nivel de an-gustia que ya nada tendría que ver con una confictividad interna. Desde esta perspectiva la televisión, no tendría el carácter formador y catártico que Bruno Bettelheim atribuye a los cuentos de hadas, muy al contrario, el medio televisivo podría convertirse él mismo en un elemento generador de angustia.

Referencias

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ZAK DE GOLDSTEIN, R.: «Los cuentos de hadas, mitos estructurantes en nuestra cultura», en Revista de Psicoanálisis. Buenos Aires.