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Revista Comunicar 13: Comunicación, educación y democracia (Vol. 7 - 1999)

Reconstruir el pasado para construir la democracia

https://doi.org/10.3916/C13-1999-10

Juan-Antonio García-Galindo

Abstract

No hay democracia sin memoria histórica y sin instituciones plurales al servicio de esta idea. Los medios de comunicación y la institución educativa han de contribuir al fortalecimiento de la democracia con el convencimiento de su responsabilidad social; sobre todo, porque, en gran medida, depende de ellos la percepción que tengamos del presente, sobre el cual vamos a construir nuestra idea del pasado. Se parte por tanto, en este trabajo de la necesidad de conocer lo que hemos sido como parte consustancial e imprescindible para saber lo que somos.

Keywords

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1. ¿Pueden los medios de comunicación hacer caso omiso de la Historia?

En un interesante libro titulado Historia, Espacio e Imaginario, Jacqueline Covo y María Ghazali, refiriéndose a los objetivos que los autores de dicha obra pretendían alcanzar con ella, se preguntaban si las representaciones del espacio podían hacer caso omiso de la Historia1; del mismo modo, años atrás, Fernand Braudel había afirmado que nada escapaba al tiempo de la Historia. Parafraseando a estos autores, así como a otros que no menciono en esta ocasión, pero que comparten la misma idea, me pregunto si los medios de comunicación pueden permanecer indiferentes ante la Historia. La respuesta es rotunda. Sin embargo, parece conveniente reflexionar sobre la instrumentalización que de ella puede hacerse, sobre todo por parte de quienes denostan la Historia por considerarla sólo como pasado, sin conexiones con el presente.

Cuando se habla de Historia, sobre todo en foros ajenos al del especialista, aunque estos sean universitarios, se plantea con frecuencia la necesidad de enseñar Historia reciente, o lo que es lo mismo lo que otros llaman Historia actual o Historia del momento presente, muchas veces frente al estudio general de la Historia contemporánea. Aún cuando estoy de acuerdo con la importancia de estudiar la Historia inmediata, y sobre ello volveré en este artículo, no es menos cierto que planteamientos como éste, que tratan de reducir la Historia contemporánea al pasado más reciente o al presente de hechos en proceso de consumación, esconden cierta servidumbre intelectual hacia la actualidad como única guía del conocimiento histórico; olvidando los condicionamientos que tiene que considerar el presente como actualidad; así como el hecho de que las relaciones causa-efecto en la Historia tienen raíces profundas que nos remiten muchas veces a un tiempo anterior. Como ha escrito Luckmann, «aquéllos que defienden lo novedoso suelen padecer de una miopía histórica y de una necesidad imperiosa de llamar la atención»2.

No podemos caer en la confusión, intencionadamente extendida, entre presentismo (como Historia del momento presente) y actualidad (como presente), fruto de una idea de la Historia entendida sólo desde la actualidad (que no desde el presente), y que elude el valor formativo de la Historia con mayúsculas. Pese a todo ello, la Pedagogía de la Historia, de una Historia total y comprensiva, ha de vincular siempre el estudio del pasado con la explicación del presente inmediato. Siendo los medios de comunicación, si son utilizados de manera apropiada, una fuente importante de ese conocimiento.

2. Actualidad e Historia reciente

En efecto, la actualidad es una fuente importante para el conocimiento de lo social, pero la actualidad es una construcción periodística de la realidad presente; y fundamentar la enseñanza de las Ciencias Sociales en las imágenes e interpretaciones que esa actualidad impone es cuando menos irresponsable. Otra cosa es relativizar su capacidad educativa, incorporando al currículum escolar el conocimiento de la actualidad como filtro que de la realidad hacen los medios, tocándole al profesor la tarea no sólo de seleccionar qué parte de la actualidad le interesa, sino de integrarla en el marco explicativo adecuado; así podemos utilizarla como lo que es, una referencia importante, un documento vivo que atestigua hechos y situaciones puntuales del momento presente, pero que oculta y minimiza otros no menos importantes para la explicación de la evolución y del comportamiento social de la Humanidad. Sería necesario contrastar muchos medios de comunicación para obtener una imagen globalmente fidedigna de la realidad; y aún así sería difícil, pues los monopolios informativos han llenado del mismo contenido factual e ideológico la aldea global. La actualidad reside sólo en los medios, mientras que la Historia, y el decurso histórico, trascienden ese ámbito: la Historia se escribe con la ayuda de múltiples fuentes, y los medios de comunicación son sólo uno de ellos.

Desde este planteamiento, parece comúnmente aceptado que la influencia que los medios de comunicación ejercen sobre la sociedad es importante, y que el discurso que generan adquiere un valor de intercambio cultural, tanto por su masividad como por la pluralidad de intereses temáticos que recrea. Por ello, resulta necesario recurrir a los medios desde la educación, si queremos formar ciudadanos críticos, libres y responsables, capaces de comprender su entorno y su tiempo. A ello se une el hecho de que los medios acercan al receptor a los acontecimientos que se producen diariamente en el mundo (algunos lo hacen simultáneamente), convirtiéndose en su primera fuente de información.

Por lo general, los libros de texto tardan en incluir los sucesos y acontecimientos más recientes, siendo imprescindible acudir a otras fuentes para acceder a ese conocimiento que aún se está produciendo, que educativamente es importante en tanto proceso, y no en tanto resultado, y que puede contribuir a convertir a los que lo conocen, a los alumnos, en interventores en su proceso de aprendizaje. Desde el momento en que los estudiantes están informados de lo que pasa en el mundo, o en su propio entorno, ese fenómeno que está en proceso y que es susceptible de seguir rumbos distintos puede ser enjuiciado y valorado por el lector/espectador-estudiante, que interviene así en el discurso que genera lógicamente el conocimiento de ese fenómeno. El epifenómeno resultante que se produce en las ideas de los receptores es la opinión pública, y en ese sentido estaremos educando a los alumnos a opinar libremente y argumentalmente sobre su realidad; a diferencia de lo que ocurre con la transmisión del saber académico, que es un saber por lo general demostrado y «acabado», en el que el estudiante queda muchas veces relegado a un segundo papel si no se utilizan metodologías implicativas, como las estrategias de aprendizaje por descubrimiento.

El impacto de los medios de comunicación en nuestros días y su particular influencia sobre el individuo y la sociedad nos permiten acercarnos al fin de la dicotomía entre ésta y el aula, desde una perspectiva que nos sitúa en una posición desde la que pensamos, con otros autores, que la función prioritaria que le queda a la escuela en el próximo siglo más que transmitir la cultura es la reconstrucción del conocimiento. Esta reconstrucción del conocimiento pasa por el redescubrimiento en la escuela de la verdadera realidad y no la que necesariamente construyen los medios. Una realidad virtual, inexistente fuera de las páginas del periódico o del programa de televisión, pero que se pretende como cierta. Esta aparente esquizofrenia que, sin embargo, no se manifiesta contradictoriamente en los individuos porque se asume normalmente como cierta, hará aún más compleja la realidad educativa en la que debemos y la que debemos enseñar, si queremos que la escuela siga siendo un lugar de liberación del individuo al que se le educa para comprender la realidad y moverse autónomamente en ella.

3. La percepción de la Historia a través de los medios de comunicación

La forma de percibir la Historia influye, sin duda, en nuestra manera de ubicarnos en el presente, o viceversa. La idea que tenemos del pasado repercute en nuestro posicionamiento ante los hechos y acontecimientos del presente y en nuestra manera de enjuiciarlos. Los medios de comunicación han contribuido desde su nacimiento a fijar en sus distintos soportes un testimonio del presente diario, que permanece «vivo» en las hemerotecas o en las mediatecas. El contacto con esos medios con la perspectiva del tiempo transcurrido sirve para rememorar el pasado, y de ese modo a recuperarlo. Podemos gracias a ellos visualizar el pasado. Esta posibilidad es tan importante en la percepción de la Historia, que hoy día está alterando la imagen colectiva del pasado, pero también está contribuyendo a modificar la percepción del paso del tiempo, la propia noción del tiempo histórico.

Los medios audiovisuales han supuesto un importante cambio en la mentalidad y en la memoria colectiva. Nuestra percepción y nuestro conocimiento del pasado es más cercano, porque podemos visualizarlo a través de los documentos audiovisuales. El cine y su recreación de épocas históricas, la extensa documentación del pasado contemporáneo existente (cinematográfica, radiofónica, fotográfica, etc.), así como la importancia de los archivos de televisión para rememorar hechos que están pasando a la Historia, están suponiendo otra forma de recuperar el pasado para el gran público, y al mismo tiempo representan nuevas herramientas de trabajo para el historiador3. En adelante, cuando el material documental mediático conserve los grandes hechos y acontecimientos del mundo (Guerra del Vietnam, Mayo del 68, caída de los regímenes del Este, sucesos de Tianmenn, Guerra del Golfo, la cuestión de los Balcanes, la carrera espacial, la clonación, la moneda única europea, etc.) la percepción social de la Historia puede ser distinta. Sin embargo, el silencio también existe para las imágenes (y para el resto de los mensajes mediáticos). Se han aducido frecuentemente «razones de Estado, o de seguridad nacional» para ocultar la realidad de muchos acontecimientos nacionales e internacionales, mientras los medios de comunicación quedaban subordinados en su función informativa al poder político o militar. ¿Qué quedará para las generaciones futuras de esos acontecimientos?, ¿y de los intereses que estaban en juego?, ¿y de sus consecuencias directas?, ¿y de las voces de los más débiles?, ¿y de las voces que pedían transparencia y libertad informativa?

Aunque el cambio del propio concepto de pasado histórico no es indiferente a la visión ideológica que anida detrás de la interpretación de la realidad que hacen los medios, la percepción que se obtiene de la Historia gracias a los medios de comunicación, especialmente de la televisión, puede servir para revisar el pasado con una mirada crítica y educadora. La emisión del programa «L’Histoire Paralelle», dirigido por el profesor Marc Ferro, en la Cinq-Arte francesa; así como la experiencia chilena de video comunitario, «Teleanálisis», constituyen ejemplos de utilización de la televisión en una dirección formadora de recuperación y relectura del pasado documentado en imágenes. Este uso educativo y cívico de la televisión ha de ser potenciado.

Los medios, sin duda, tienen la posibilidad de favorecer el desarrollo de una cultura audiovisual amplia. Entre otras cosas, porque el recurso a la imagen cinética propicia la empatía entre el estudiante y la explicación histórica. Especialmente, los medios audiovisuales permiten que éste se coloque ante hechos y acontecimientos del pasado. Las imágenes lo acercan a través de sus sentidos a ese pasado que está viendo y oyendo, y lo sitúan, por tanto de manera diferente ante la Historia. La introducción en el aula de los medios de comunicación permiten, además, que el estudiante perciba como algo cercano a sí mismo problemas, conflictos y situaciones del presente –de su presente– que tienen una causalidad histórica concreta. Descubrir esa causalidad con ayuda de los medios de comunicación como fuentes de conocimiento, favorecerán un aprendizaje significativo. La metodología tradicional se va quedando atrás en el acceso al conocimiento de la realidad, y en esta tarea los medios de comunicación de masas pueden desempeñar un importante papel formador. Para ello, debemos acometer nuevas estrategias de enseñanza que sirvan de partida para el estudio de la red de relaciones sociales, de donde surge la materialización de la actividad social, y de la que forman parte los medios de comunicación de masas.

4. Olvidar la Historia o fingir olvidarla

Tras el New Deal los norteamericanos olvidaron (o fingieron olvidar) los años de crisis que habían pasado. Este fenómeno social de anulación y extirpación de la memoria colectiva favoreció su desarrollo o los condenó a una huida hacia delante sin fin que aún no ha acabado, hasta que se detengan como pueblo a reflexionar sobre su propia Historia. Los pueblos no pueden permanecer siempre de espaldas a su Historia, a lo que han sido, y a lo que, como consecuencia, son. En algún momento de su trayectoria como comunidad surgirá la necesidad de reflexionar colectivamente sobre su pasado. La Historia, pese a quienes quieren olvidarla, no desaparece; está ahí, en cada uno de nosotros, en nuestro entorno. La Historia, por ejemplo, permanece en la ciudad, y la ciudad está llena de significados y de símbolos que hay que entender, aunque, por lo general, el ciudadano viva ajeno a ellos, sin conocerlos.

Olvidar, por ejemplo, el sufrimiento de los pueblos (las guerras, el genocidio, la conflictividad social, la crisis económicas, las epidemias, las catástrofes, etc.), es irresponsable social y políticamente, pues no hay construcción de la democracia desde el olvido. Sólo se puede profundizar en la democracia preservando la memoria histórica. Los medios de comunicación son, en este sentido, notarios de la Historia, testigos directos del devenir cotidiano. Ahí radica su grandeza y su responsabilidad social.

5. Del pensamiento único al pensamiento vacío

En la actualidad, sin embargo, la pluralidad que garantizan teóricamente los medios está dejando paso al pensamiento único de los grandes monopolios de la información. La aldea global es cada vez menos plural, y también menos crítica. Lo que favorece la extensión universal de un pensamiento único, pero también vacío, que fomenta la pasividad, y que no está interesado en la formación crítica de la sociedad civil. Probablemente la comunicación local y regional, más cercana al ciudadano, recupere un nuevo discurso y se convierta en eco de sus preocupaciones concretas. En cualquier caso, la lectura y la mirada crítica de los medios de comunicación surge como una necesidad perentoria, y será síntoma inequívoco del mayor nivel cultural de los ciudadanos, de una mayor conciencia de participación ciudadana, pero también de una democracia más fortalecida, y, por ende, de unos medios de comunicación también más sólidos, plurales y democráticos.

6. Recuperar la memoria colectiva

El historiador ha de ponerse al servicio de la socialización de un conocimiento democrático. Releer el pasado a la luz de las exigencias democráticas del presente, sin menoscabo del rigor histórico. Es la Historia reciente la que con gran énfasis hemos de recuperar, por ser nuestro inmediato antecedente, porque forma parte de nuestra experiencia vivida. El pasado reciente es nuestra Historia vivida. Es preciso releer en clave democrática ese pasado, plagado como ha estado de acontecimientos cruciales para la Humanidad, y que eran, desde el mismo momento en que se producían, acontecimientos potencialmente históricos. El futuro del periodismo y de los medios de comunicación pasa también por el conocimiento de su Historia, y de la Historia general. No hay democracia sin memoria, como tampoco hay democracia sin verdad, sobre las que debe asentarse el futuro. Estoy convencido, desde una perspectiva crítica, pero favorable a la integración curricular de los medios de comunicación, de que la recuperación del pasado es necesaria para construir una sociedad democrática Y que su fortalecimiento tiene que ver, sin lugar a dudas, con una memoria histórica viva.

Parece claro, pues, que la escuela y los medios en la sociedad democrática han de contribuir a su fortalecimiento, como vehículos transmisores de valores y socializadores del conocimiento; sin embargo, no lo es menos para que esto sea posible, tanto la escuela como los medios de comunicación han de ser instituciones de referencia democrática.

Notas

1 COVO, J. (Edit.) (1997): Historia, Espacio e Imaginario .

Lille, Presses Universitaires du Septentrion, 16.

2 LUCKMANN, T. (1996): «Nueva Sociología del conocimiento

», en Reis, 74; 163.

3 Víd. ROSENSTONE, R.A. (1997): El pasado en imágenes.

Del desafío del cine a nuestra idea de la historia . Barcelona,

Ariel.

Referencias

COVO, J. (Edit.) (1997): Historia, Espacio e Imaginario . Lille, Presses Universitaires du Septentrion, 16.

COVO, J. (Edit.) (1997): Historia, Espacio e Imaginario. Lille, Presses Universitaires du Septentrion, 16.

LUCKMANN, T. (1996): «Nueva Sociología del conocimiento », en Reis, 74; 163.

LUCKMANN, T. (1996): «Nueva Sociología del conocimiento», en Reis, 74; 163.

ROSENSTONE, R.A. (1997): El pasado en imágenes. Del desafío del cine a nuestra idea de la historia . Barcelona, Ariel

ROSENSTONE, R.A. (1997): El pasado en imágenes. Del desafío del cine a nuestra idea de la historia. Barcelona, Ariel.