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Revista Comunicar 13: Comunicación, educación y democracia (Vol. 7 - 1999)

Escuela, televisión y valores democráticos

https://doi.org/10.3916/C13-1999-16

Agustín García-Matilla

Abstract

La escuela pasa por momentos de crisis. Los profundos cambios afectan de una manera especial a la institución escolar que ha de necesariamente resituarse y definir su papel en la formación de los ciudadanos. En nuestros días, la mayor parte de la información no circula ya por las redes educativas, sino que son los medios de comunicación, y en singular la televisión, los que ocupan un lugar central de penetración cultural. Con una breve, pero sagaz reflexión el autor nos adentra en la necesidad de conjugar y desarrollar la comunicación y la educación conjuntamente como pilares democráticos del nuevo siglo.

Keywords

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¿Para qué sirve la escuela? El verdadero problema estriba en que el sistema escolar sigue anquilosado en la enseñanza de inmensos repertorios de contenidos, muchos de ellos irrelevantes y en gran parte obsoletos, que son presentados, a su vez, de forma poco motivadora y por lo general muy aburrida. El problema supera a los docentes, no es sólo su mayor o menor dedicación o formación lo que provoca la crisis. De hecho, dentro del sistema escolar tradicional existen docentes mucho más brillantes, capaces y motivadores que sus colegas universitarios. Pero el problema de la mayor o menor calidad de los profesores, no es ni el mayor ni el único. Lo que está en discusión es el concepto tradicional de escuela.

Martín Barbero hace un análisis de la situación sumamente provocador cuando afirma: «... La televisión ha venido a desordenar radicalmente las secuencias del aprendizaje, la escuela tiene que replantearse las secuencias del aprendizaje, con todo el respeto que le tenemos a Piaget buena parte de su concepción del proceso de aprendizaje ha sido violado por la televisión, por la multimedia, por el Internet... »1. Lo cierto es que en nuestros días la mayor parte de la información no circula ya por las redes educativas convencionales y esto hace que la escuela necesite renovarse para conseguir su propia supervivencia. Esa primera competencia que le surge a la escuela tiene que ver con los nuevos canales de circulación de la información, que, a su vez, transmiten normas o las contradicen, presentan valores o contravalores y, en cualquier caso, aportan una determinada visión del mundo muy cerca na al concepto que Ignacio Ramonet ha definido como «pensamiento único».

A la crítica de Martín Barbero se une la de otros expertos que, en este caso, han reflexionado sobre el papel más o menos relevante de la escuela en el desarrollo de las personalidades creativas. En su libro Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención, Csikszentmihalyi aporta los resultados de más de 90 entrevistas en profundidad realizadas a personas dedicadas a la enseñanza y la investigación, científicos, economistas, hombres y mujeres de empresa, escritores, filósofos, periodistas, arquitectos, pintores, músicos, y entre todas estas personalidades 14 premios Nobel. Una de las reflexiones que este autor realiza en su libro vuelve a plantear la sorpresa ante el papel irrelevante que la institución escolar ha tenido en la formación de personalidades creativas. «Es muy extraño el poco efecto que la escuela –incluso la Secundaria– parece haber tenido en las vidas de las personas creativas. Con frecuencia uno tiene la sensación de que, si acaso, la escuela amenazó con extinguir el interés y la curiosidad que el niño había descubierto fuera de sus muros. ¿En qué medida contribuyeron las escuelas a los logros de Einstein, Picasso o T.S Eliot? El historial es bastante malo, especialmente si consideramos cuánto esfuerzo, cuántos recursos y cuántas esperanzas se dedican a nuestro sistema educativo convencional»2.

1. A nuevos perfiles nuevas prioridades

Si la escuela no sirve para fomentar la creatividad de sus alumnos, si el desarrollo de contenidos procedimentales y actitudinales no logra evitar el cada vez mayor fracaso escolar, (y esto se comprueba en los informes redactados por organismos oficiales como el INCE)3, si no se aprovecha de los flujos de información procedentes de los medios de información y de las nuevas redes para crear un conocimiento más cercano a las necesidades vitales y de desarrollo personal del individuo... ¿No deberíamos, al menos, plantearnos estrategias que permitieran encontrar nuevos valores a la institución escolar?

La escuela debería crear unos mínimos cimientos para la formación de individuos autónomos, que supieran desenvolverse en su entorno social y cultural. Personas que pudieran tener unos sólidos valores cívicos, que supieran ser críticas y, a su vez, estuvieran preparadas para desenvolverse en un mundo profesional y laboral que cada vez hace nuevos requerimientos a sus ciudadanos y ciudadanas.

Con la polémica desatada sobre la enseñanza de las Humanidades, en el fondo se vuelve a plantear un debate ya antiguo sobre si áreas como la Filosofía, lenguas clásicas como el Latín, u otros campos como el de la Historia, deben recuperar el peso que, según algunos críticos, estos contenidos han perdido en favor de una visión de la enseñanza excesivamente pragmática y tecnologicista. Desde mi punto de vista, de nada sirve volver a un modelo de enseñanza supuestamente más humanista cuando en el fondo, seguimos sin preocuparnos por las necesidades de los escolares y nos olvidamos de la acelerada transformación sufrida por el contexto en el que viven los niños y jóvenes actuales. No se puede olvidar que niños y jóvenes ya no analizan la información como la analizamos nosotros, los que ahora ejercemos como padres y maestros, cuando teníamos su edad. Los jóvenes actuales no leen de una forma lineal, no se aproximan a la información desde la lógica que nosotros desarrollamos para aprender. La nueva lógica de los medios de comunicación, de las nuevas redes, hace a los jóvenes mucho más diestros en determinadas habilidades. Así lo expresa Martín Barbero: «Los muchachos, hoy día, a los ocho o diez años, tienen una capacidad de absorber información, tienen una capacidad de ubicarse en la relación con las tecnologías mil veces mayor que la de los adultos. Son personas que viven inmersas en un modelo de comunicación descentrado, hecho de circuitos, hecho de redes, hecho de elipsis, esto que los maestros continuamente ven, que los muchachos no necesitan leer entero el párrafo, y saben saltar, saben inferir, mientras el maestro tiene que hacer la lectura seguidita, resulta que hay lecturas transversales, que en buena parte se las ha enseñado la televisión, que desconciertan y desubican la lectura del maestro»4.

Si la escuela pasa por momentos de crisis, si se cuestiona hasta qué punto los contenidos que la escuela imparte y la forma de impartirlos contribuyen a la creación de ciudadanos más preparados para la vida, mejor formados para resolver conflictos, más solidarios. ¿No sería bueno definir cuáles deben ser las prioridades de una escuela renovada que prepare para una nueva sociedad del conocimiento?

Entre las prioridades de esa escuela debería figurar una educación para la democracia que fomentara la creatividad de los escolares, promoviera la participación, desarrollara la capacidad crítica, ejercitara para la convivencia, y formara en valores democráticos de solidaridad y tolerancia.

Existen experiencias que demuestran cómo todos esos valores pueden ponerse en práctica a partir de la formación en los medios, la creación de televisiones escolares, y el desencadenamiento de procesos de comunicación que incluyan análisis-producción-reflexión.

2. El papel de la televisión

¿Qué papel puede jugar la televisión en esta educación? La televisión es un medio más de información y de desinformación, a veces refleja los valores más democráticos de la sociedad, pero en otras muchas ocasiones se presenta como un gran escaparate de contravalores que contrastan con los valores democráticos que intenta promover el sistema educativo.

Resulta prioritario investigar cómo perciben los jóvenes los mensajes provenientes de los medios de comunicación, qué lectura hacen de los mensajes televisivos, cómo fomentar un análisis más profundo desde una formación para la producción de mensajes televisivos. Existen experiencias muy interesantes que intentan concienciar a los jóvenes de la necesidad de reflexionar sobre los medios dándoles paralelamente recursos para que sean capaces de producir sus propios mensajes. En el continente americano países como Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos o Canadá. En Europa, Alemania, Francia, Italia o Suecia.

En España han existido experiencias relevantes que aúnan los procesos de reflexión y de producción de mensajes. El caso de la televisión escolar Telepuebla5 ha resultado emblemático ya que durante varios cursos, Joaquín Conde, promotor y coordinador de esta iniciativa consiguió llevar a la práctica la teoría emirec. Escolares y profesores se convirtieron durante meses en emisores y receptores de mensajes «cocinados» en la escuela y recibidos como un verdadero acontecimiento que implicó al conjunto de la población de la localidad sevillana de Puebla de los Infantes. Niñas, niños y profesores consiguieron desarrollar contenidos transversales a través de su televisión. La mejora de la calidad de vida, el conocimiento del entorno, el reforzamiento de los comportamientos cívicos, el fomento de la solidaridad y la tolerancia, etc., estaban presentes en esa programación experimental. Lo más relevante de la propuesta eran los procesos de comunicación generados en el centro escolar y en la población y, al mismo tiempo, el haber conseguido producir unos materiales que servían de modelo para otras iniciativas. Desgraciadamente, la falta de ayudas y la miopía de las autoridades educativas han hecho que una iniciativa de estas características no tenga continuidad. El espíritu de una experiencia como Telepuebla se mantiene en otras iniciativas como la de la televisión de Cabezón de la Sal (Cantabria) 6 o la de televisiones de distrito como la TV del Clot7, en el distrito barcelonés del mismo nombre. Todas ellas se caracterizan por su vocación de formar el espíritu crítico de la población escolar y de diferentes colectivos ciudadanos. Todas ellas deben enfrentarse a la falta de ayudas y a los insuficientes recursos, totalmente desproporcionados en relación al inmenso mérito y esfuerzo de su labor. La comunicación debe ser una prioridad de la escuela actual. Hablar de comunicación significa hablar de televisión, pero también de toda una serie de tecnologías, unas más tradicionales y otras más innovadoras. Hablar de televisión hoy representa hablar de integración de otras numerosas tecnologías que hasta la fecha aparecían desgajadas, ajenas al concepto de interacción multimedia. Las tecnologías de la información y la comunicación deben integrarse en la escuela, para recuperar un discurso humanista y para volver a prestigiar a la escuela misma. Todo el trabajo que hasta ahora se ha realizado en el campo de la Educación en materia de Comunicación, cobra en estos momentos más vigencia que nunca. La digitalización de todos los procesos en televisión, la simplificación en el manejo de los equipos, la tendencia a la unificación de los estándares de calidad, son nuevas potencialidades para generar un trabajo fundamentado en la consecución de una educación participativa, crítica y mucho más motivadora para los escolares. Una educación que, ahora más que nunca, ha de crear puentes de comunicación entre profesores y alumnos.

Notas

1 MARTÍN BARBERO, J. (1997): «Retos de la televisión a la educación y del país a la televisión», en Memorias del II Encuentro Nacional de Televisión Educativa. Cali (Colombia), Universidad del Valle Televisión.

2 CSIKSZENTMIHALYI, M. (1997): Creatividad. El fluir y la psicología del descubrimiento y la invención. Barcelona/ Buenos Aires, Paidós.

3 Según el informe sobre la Enseñanza Primaria publicado por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) en 1995 sólo un 51% y un 64% de los alumnos de 12 años consiguen resultados aceptables en Matemáticas y en Lengua Española respectivamente, lo que significa que hay un 49% y un 36%, en ambos casos, que no los consiguen.

4 MARTÍN BARBERO, J. (1997): «Retos de la televisión a la educación y del país a la televisión»; op. cit.; 51.

5 CONDE GARCÍA, J. (1992): «Telepuebla», en AGUADED, J.I. (Coord.): Enseñar y aprender con prensa, radio y televisión. Huelva, Grupo Pedagógico Andaluz «Prensa y Educación».

6 La Televisión de Cabezón de la Sal es un ejemplo de cómo una televisión local hecha por y para los ciudadanos, es seguida masivamente por toda una población, cumpliendo un objetivo de claro servicio público.

7 La Televisión del Clot responde a la amplia tradición de las televisiones municipales en Cataluña. En estos momentos su programación se emite dentro de Barcelona TV. Tele-Educa colabora con la TV del Clot impartiendo talleres y cursos para que escolares y colectivos ciudadanos puedan formarse en el diseño y producción de prensa, radio, vídeo y televisión.