Índice de volúmenes - Índice de revistas - Índice de artículos - Mapa ---- Atrás


Revista Comunicar 13: Comunicación, educación y democracia (Vol. 7 - 1999)

La educación para los medios es una educación para la democracia

https://doi.org/10.3916/C13-1999-18

Roxana Morduchowicz

Abstract

La transición política de la dictadura a la democracia en Argentina ha sido un revulsivo esencial para el desarrollo de la Educación en los Medios en este país del Cono Sur. La autora de este trabajo sintetiza la filosofía e ideas claves que definen la integración didáctica de los medios en las aulas, identificándola, en último extremo, con la educación para la democracia, ya que la comprensión crítica de los medios fomenta la conciencia y el análisis de lo público y la participación social democrática.

Keywords

Archivo PDF español

En 1982, durante la Guerra de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra, los medios de comunicación en Buenos Aires, que se encontraban bajo estricto control del gobierno militar, promovían un fuerte sentimiento de victoria y triunfalismo. «Argentinos, a vencer» fue el lema central y reiterado en todas las campañas televisivas. Reemplazaba así al anterior slogan «Los argentinos somos derechos y humanos » que había ocupado las pantallas desde 1976 por iniciativa de la misma dictadura, a fin de neutralizar la difusión de las miles de desapariciones que comenzaban a conocerse en el exterior. Durante la Guerra de las Malvinas, la campaña mediática giró sobre tres ejes: el sentimiento de triunfalismo, el rechazo a lo inglés y el sentido de nacionalismo respecto de las islas. Así, la televisión sólo transmitía las bajas británicas a la vez que proponía olvidar a Shakespeare en las escuelas y a los Beatles en las tiendas de discos. Después de sesenta días, los mismos medios anunciarían la derrota argentina en la guerra.

A miles de kilómetros de Buenos Aires, en la propia Inglaterra, los medios de comunicación también se ocupaban de la Guerra de las Malvinas. En cuestión de días era necesario convencer a muchas personas de que valía la pena dar sus vidas (o que otros entregaran las suyas) por el futuro de unas islas cuya existencia habían ignorado hasta hacía sólo unas semanas. Fue necesaria una ingente labor ideológica para lograr el desplazamiento de la opinión pública y el convencimiento de la rectitud de la causa del gobierno (Masterman, 1993).

La experiencia de la Guerra de las Malvinas, ya sea en un país democrático como en uno dictatorial, confirma la necesidad de desarrollar una «comprensión crítica de los medios de comunicación» que bien puede (y debe) comenzar desde la escuela.

Los medios construyen, amplían y reducen la manifestación de lo público. Incorporan, como en este caso, un tema nuevo a la agenda social. Pero esta incorporación en el debate nacional, no significa sin embargo, que el espacio de lo público se amplíe. Por el contrario, el flujo y circulación de la información puede también contribuir a descomprimir este espacio al tratar de despolitizar lo social y dessocializar lo político (Landi, 1984).

La información por la información misma, incluso en democracia, no alcanza. La distribución de la información (aun cuando se asegure un acceso equitativo para todos) no es suficiente. Valoramos una información insertada en una cultura política (en la cual la información tiene sentido) como medio hacia la participación para la ampliación de un espacio público, sin restricciones ni privatizaciones. Hablamos de una Educación para los Medios que prepare a las personas para que eviten cualquier reducción del espacio público.

Ciertamente, la información de actualidad es un bien social que coloca a quien la posee en una situación de privilegio respecto de quien se mantiene al margen de ella. La relación entre el individuo y el mundo social es un acto de equilibrio continuo para cuyo logro la distribución de información es determinante (Berger, Luckman, 1968). Pero no sólo el acceso a la información nos interesa. La posibilidad de participación está del lado de quien puede «hacer uso» de la información, no sólo porque la conoce, sino, y fundamentalmente, porque la ha analizado, evaluado y elaborado estrategias de acción y decisión a partir de ella. La tarea del ciudadano no consiste ya en delegar su poder, sino en ejercerlo en todos los niveles de la sociedad y en todas las etapas de la vida. Cuando las autoridades de los Estados tienen que tratar con mayorías de ciudadanos verdaderamente adultas o con minorías poderosas y activas no pueden entusiasmar a las personas a las que gobiernan con cualquier proyecto perjudicial que puedan haber ideado, como hacen cuando tratan con poblaciones maleables, «mal informadas», a las que se engaña contra sus propios intereses (UNESCO, 1972).

Una Educación para los Medios debe contribuir a la formación de la conciencia de lo público en los alumnos para que aprendan a evitar cualquier reducción a su participación social y para que aprendan a hacer uso de «todos» los canales posibles para «participar », también ellos, en la toma de decisiones.

1. Una Educación para los Medios es una educación para la democracia.

Durante la Guerra de las Malvinas, para volver a nuestro ejemplo inicial, los medios de comunicación argentinos (y los británicos, ciertamente, también) construyeron una imagen de la batalla, de las islas, de nuestra identidad nacional, y de la identidad británica.

Una enseñanza sobre los medios de comunicación en la escuela (impensable en el contexto dictatorial argentino de aquel momento) hubiera promovido la comprensión crítica de los mensajes a partir de los conceptos de «representación, identidad y discurso mediático ». Y hubiera posiblemente, revelado los entretelones de una manipulación que, luego de sesenta días, sufrió y lloró toda la sociedad. La Educación para los Medios, así, se hubiera constituido en una educación para la ciudadanía y la democracia. Precisamente por ello, la Educación para los Medios nunca hubiera sobrevivido en un régimen autoritario. Por lo mismo que esta formación no puede estar ausente en una sociedad democrática.

¿Cómo nos representaron los medios durante la guerra?, ¿cómo representaron la batalla?, ¿y su desarrollo?, ¿qué imagen construyeron de los británicos?, ¿y de nuestra identidad nacional?, ¿quién informaba?, ¿quién era el emisor?, ¿con qué criterios seleccionaba los mensajes?, ¿qué imágenes utilizaba la televisión?, ¿cómo se representaba a las islas?, ¿a quién o quiénes obedecían estas representaciones? Estas preguntas nos hubieran permitido pensar en «nosotros» y en nuestro lugar dentro de estas representaciones mediáticas. La visión de la guerra, posiblemente, hubiera sido diferente, al menos más problematizada y, ciertamente, más cuestionada.

Lo que queremos decir es que entender la manera en que los medios representan la realidad, nos coloca en mejores condiciones para participar, actuar y decidir sobre ella.

No es necesario pensar en situaciones trágicas o en contextos autoritarios para comprender que los medios de comunicación son una representación del mundo que cotidianamente recibimos. Representan a personas como «nosotros» y como «ellos» (los que no somos nosotros). Y es en ese mundo de representaciones mediáticas que suele construirse nuestra propia identidad.

Una Educación para los Medios trata del mundo y sus representaciones, de la manera en que los medios construyen sus significados, del modo en que los discursos sobre cuestiones y problemas sociales que afectan a la comunidad son representados y legitimados por los medios. Una Educación para los Medios es comprender lo que los medios dicen, muestran y escriben y analizar la manera en que presentan sus mensajes para la sociedad; es descubrir la forma en que el universo cobra sentido y la manera en que lo resignificamos, como receptores que participamos en esta construcción de la realidad.

Una Educación para los Medios es comprender la manera en que el mundo es representado y mediado. Es una pregunta constante sobre la manera en que damos sentido al mundo, y el modo en que los medios le dan sentido para nosotros (Ferguson, 1994).

Porque sólo preguntándonos respecto de la forma en que los medios producen significados, podremos comprender la manera en que modifican e influyen sobre nuestras percepciones de la realidad. Vivimos en una sociedad en la que el conocimiento se ve mediatizado por los medios de comunicación. Ello supone una dependencia cada vez mayor de los medios, para conceptualizar el mundo. Casi todo lo que conocemos del universo nos llega a través de los medios, que construyen una imagen del mundo en virtud de la cual nosotros construimos la nuestra (Fontcuberta, 1992). Un conocimiento profundo de la manera en que los medios construyen la realidad, nos orienta en nuestra propia percepción del universo, cuya imagen, como dijimos, se funda en la que ellos nos brindan cotidianamente.

Los medios suelen decidir la agenda pública, los temas sobre los cuales girará el debate social. Los medios definen, además, la manera en que esa información será representada: con qué adjetivos, con qué imágenes, con qué extensión, con qué prioridad... Finalmente, los medios legitiman con su discurso lo «normal », lo natural, lo «típicamente nuestro». El análisis de los medios debe ser el análisis de sus representaciones, porque este abordaje es esencial para cualquier actividad que busque comprender la realidad en la que vivimos, y porque la comprensión de la realidad es el paso previo e indispensable para participar socialmente. Las mujeres existen, los jóvenes existen, la pobreza existe, las guerras existen. El eje, en cualquier caso, es cómo aparecen todos ellos representados en los medios y cuáles son las implicaciones de esta representación tanto para las audiencias como para los representados. Una Educación en Medios es «entender la representación del mundo en los medios a fin de pensar nuestra propia ubicación en ese mundo de representaciones».

2. Nosotros y ellos. Yo y el otro. Representación e identidad

Son dos conceptos claves en una Educación para los Medios, que cobra sentido si los alumnos aprenden a identificar y comprender la manera en que el mundo aparece mediado y descubren dónde están ellos mismos en ese universo de representaciones. En suma, qué relación existe entre la representación y el mundo real. Entender el lugar del otro y ubicar el nuestro; descubrir la diversidad cultural tal y como aparece en los medios y pensarla en relación con la realidad.

Los medios representan grupos e individuos cercanos o distantes de nosotros. Una Educación para los Medios que se pretende multicultural en su abordaje, debe promover el análisis de las identidades y su representación en los medios de comunicación. Porque aprendemos quién es el otro por su imagen en los medios. Y descubrimos quiénes somos «nosotros» en relación al «ellos». Desde chicos aprendemos cosas sobre nuestra identidad, basadas en la identidad de los otros. Aprendemos a partir de las representaciones sobre los latinoamericanos y los europeos, y sobre el lugar de nuestra identidad argentina, en relación a ellos. En una palabra, de los medios aprendemos sobre nuestra identidad, sobre la de los otros y sobre el lugar del «nosotros», en relación al de «ellos».

Por eso, interrogar la representación de estas identidades (las nuestras y las del otro), cuestionarlas y desafiarlas, compararlas con el universo real y diferenciarlas, es fundamental para la Educación para los medios concebida como la Educación para la democracia, que proponemos. Reflexionar acerca de nuestro lugar como individuos, como sociedad, como cultura es esencial para pensar en su transformación. ¿Cómo representan los medios a la mujer, al hombre, a la familia, al indígena, al latinoamericano, al deporte, a la pobreza, al europeo, a los chicos, a nosotros...?, ¿qué relación existe entre estas representaciones y la realidad que representan?, ¿se parecen?, ¿se contradicen?, ¿a quién o quiénes responden y obedecen estas representaciones?, ¿qué nos dicen sobre nuestra identidad?, ¿y sobre la de ellos? No se trata de preguntar si los alumnos creen que Supermán existe. El verdadero interrogante es qué valores éticos, sociales y económicos implica Supermán y cuánto tienen que ver con el mundo en que los chicos viven. La pregunta es analizar cómo relacionamos nuestra comprensión de una representación con la realidad de la que esta representación pretende hablar (Ferguson, 1998).

Una Educación para los Medios significa «descubrir nuestro lugar en el mundo de representaciones que construyen los medios» y a partir de las que cada uno de nosotros construye su propia imagen del universo. Queremos que los alumnos entiendan estas representaciones para que analizando su propio lugar, aprendan a cuestionarlas y, ciertamente, a transformarlas.

Esto es lo que ciertamente esperamos de un ciudadano democrático, bien informado, crítico respecto de esa información, sensible a los problemas de la comunidad y, sobre todo, participativo. «Participar para transformar la construcción de estos significados».

En una Educación para los Medios los chicos descubren que lo que la mayoría del mundo sabe sobre nosotros como latinoamericanos, europeos, africanos, estudiantes u obreros, es a través de los medios de comunicación. La gente construye una imagen de nosotros sobre la que reciben de los medios. Igual que lo hacemos nosotros con la imagen de los demás. Sólo una Educación para los Medios cuya esencia sea una Educación para la Democracia someterá estas imágenes mediáticas a una actitud de pregunta y cuestionamiento permanente:

• ¿Representan los medios a personas como yo?, ¿cuándo?, ¿de qué manera?

• ¿Por qué eligen esta representación de nosotros?, ¿a qué obedece?

• ¿Y a las personas que no son como yo?, ¿las representan?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿qué criterios y supuestos manejan?

• ¿Fortalecen estereotipos?, ¿cuáles?, ¿por qué?

• ¿Cuestionan alguna vez mi identidad?

• ¿Es importante el tema de mi identidad para los medios?, ¿y para mí?

• ¿La construyen los medios por mí?, ¿cómo me ven?

• ¿Cómo representan los medios los problemas que nos afectan?

• ¿Y los temas relacionados con la democracia?

• ¿Cómo aparece en los medios la participación ciudadana?, ¿y la escuela?, ¿y la familia?, ¿y el gobierno?, ¿y el espacio público?

• ¿Qué criterios siguen los medios en la construcción de estas representaciones?, ¿de qué supuestos parten?

Preguntar para analizar. Analizar para entender. Entender para reconocer la representación de nuestra identidad y la de los otros. Reconocer para participar. Participar en la construcción de estas representaciones mediáticas y priorizar en esta construcción los valores democráticos sobre todo.

Por ello hablamos de una Educación para los Medios como una Educación para la Democracia (Ferguson, 1998), porque promueve la participación democrática; porque supone la ampliación del espacio público y la conciencia política; porque fundamentalmente prioriza los valores y principios democráticos en el análisis de la identidad y el multiculturalismo en una nota editorial, en una publicidad, en una noticia, o en el humor; y porque también trata de analizar la representación de la democracia o de su ausencia.

La cultura política se adquiere y construye. Y es la única garantía para una continuidad democrática. La socialización política es el proceso por el cual los individuos adquieren información, incorporan valores, desarrollan habilidades que les permiten funcionar, participar y transformar la realidad en la que viven (Chaffee, 1987). Este aprendizaje no tiene fin. Es una educación para la democracia. Y es en ella, que la Educación para los Medios encuentra su justificación. En el cuestionamiento de las representaciones, en la construcción de nuestra identidad, en la ampliación del espacio público y en la formación de la conciencia social. En relación a una guerra, a un régimen autoritario, y también, en la vida democrática de cualquier sociedad.

Referencias

BERGER, P. y LUCKMAN, T. (1968): La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu.

CHAFFEE, S. (1990): Communication and Political Socialization. Nueva York, Columbia University.

FERGUSON, R. (1994): «Debates about Media Education and Media Studies in the UK: the Sound of Silence», in Critical Arts Journal, 8. South Africa, University of Natal.

FERGUSON, R. (1998): «Educación para los Medios, multiculturalidad y democracia», en GUTIÉRREZ, A. (Ed.): Formación del profesorado en la sociedad de la información. Segovia, Escuela Universitaria del Profesorado.

FONTCUBERTA, M. (1992): «Medios de comunicación, telemática y educación», en Comunicación, lenguaje y educación, 14. Madrid.

LANDI, O. (1984): Cultura y política en la transición a la democracia. Venezuela, Nueva Sociedad.

MASTERMAN, L. (1988): La enseñanza de los medios de comunicación. Madrid, De la Torre.

UNESCO (1972): Learning to be. París, UNESCO.