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Revista Comunicar 13: Comunicación, educación y democracia (Vol. 7 - 1999)

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) y los medios

https://doi.org/10.3916/C13-1999-20

Rafael Muñoz-Hoyos

Abstract

Este trabajo nos introduce en los fines y evolución de las Organizaciones no Gubernamentales (ONGs), comentándose algunos casos y haciéndose sugerencias, entre premeditadamente ingenuas y abiertamente utópicas, acerca del papel de los medios de comunicación. El papel de las ONGs y de los medios de comunicación es cada día más trascendente en la ya llamada cultura de la paz y la cooperación internacional. Se concluye con una propuesta de educación global, con fines y códigos para un consenso entre ONGs y los medios de comunicación.

Keywords

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Las ONGs son, según la Agencia Española de Cooperación Internacional, «organizaciones sin ánimo de lucro, que actúan independientemente de los Estados, con el objetivo de cooperar al desarrollo de los países menos adelantados». Así pues, las ONGs surgen por iniciativas privadas pero su carácter no lucrativo las hace diferentes de las empresas. En cuanto a la finalidad de ayudar a los países del Tercer Mundo, estas organizaciones utilizan dos instrumentos esenciales:

• De una parte la sensibilización de la población del Norte en las razones de la desigual distribución de riqueza y pobreza.

• Y la realización de proyectos de cooperación, que significan la transferencia de recursos con la intención de crear autonomía en las poblaciones destinatarias.

En los años cincuenta, las ONGs se presentan en el Norte desde un enfoque religioso, etnocéntrico y caritativo: eran las campañas de los «negritos» y «chinitos», sin explicaciones. Entre los años sesenta y setenta se pone claramente de manifiesto que el subdesarrollo, la situación social y económica en la que están los países del Sur, no se trata de una etapa previa a un futuro más prometedor. Definitivamente, el subdesarrollo era la consecuencia del desarrollo. Para el Norte, el desarrollo supone altos costes ambientales y sociales, la economía se globaliza, el medio se deteriora y el paro crece. En 1972, el Informe Meadows dice claramente que el modelo de desarrollo no es posible para todos. Para la civilización del desarrollo el medio pertenece al hombre, pero sólo a una quinta parte de la población mundial que no quiere renunciar a los beneficios como un fin en sí mismo o a las comodidades que ofrecen miles de inútiles artefactos. Los medios de comunicación, las revistas científicas y la gente pudiente predican, anuncian y consumen el planeta sin respiro, en nombre de la cultura y el progreso.

En los años ochenta, surgen los movimientos anti militaristas y anti-OTAN, la crisis del desarrollo se globaliza. Sólo ante lejanas voces de alarma se sugieren alternativas como la solución que aporta el Informe Brundtland: se trata del concepto del «desarrollo sostenible» como alternativa al mantenimiento de un equilibrio ambiental, pero que en el mejor de los casos sólo significa dejar las cosas como están.

A pesar del desarrollo sostenible, las empresas, empeñadas en sus fines de obtener los máximos beneficios, externalizan los costes del control de la contaminación, amparadas en las políticas dominantes. Actualmente es posible leer en la prensa que algunas empresas que no cubren sus cuotas de contaminación las venden a otras empresas deficitarias de necesidad de contaminar y, sólo algunas ONGs, y excepcionales medios de comunicación, denuncian la lluvia ácida, la desertización, el cambio climático, la destrucción de bosques y selvas y el progresivo exterminio de la biodiversidad y la contaminación del aire y las aguas y exigen la internalización de los costes del control de contaminación en detrimento de los beneficios económicos de unos pocos y en beneficio de la Humanidad presente y futura.

En los años noventa, con el fin del conflicto Este/Oeste surgen los nacionalismos, el racismo, la xenofobia y el desempleo estructural en Europa. Lo del Tercer Mundo nos lo muestran los medios de comunicación como un concepto de naturaleza más bien abstracta y apartado por un cordón sanitario de alambradas y aduanas, una especie de película cuyo argumento cabalga entre:

• La simple razón del hambre, explotada coyunturalmente por algunas ONGs para pedir dinero y no compromisos.

• Y una perspectiva de uniformidad cultural con pinceladas folklóricas y coloristas y la obsesión por mostrarnos lo extraño y lo exótico.

Nada más alejado de la realidad, en el Tercer Mundo hay una enorme diversidad cultural. Las gentes del Sur no son ignorantes ni miserables, cada uno de ellos y de ellas son portadores de su propia dignidad, y podrían autogestionarse si no tuviesen las enormes cargas de dependencias y deudas que les ha generado el Norte. Para el Norte los noventa mil muertos diarios del Sur no son noticia, sí lo son cualquier anécdota o accidente sin mayor trascendencia humana.

El Norte rompió al Sur su modelo de antiguo régimen demográfico dejándolo en una situación de permanente revolución demográfica que dispara el crecimiento de la población. El colonialismo, practicado por el Norte en el Sur, le rompió sus fronteras y le creó otras ficticias que ocasionan constantes «Ruanda-Burundis». La descolonización del Sur por el Norte no rompió nunca los lazos de dependencia; el intercambio desigual y la deuda externa, son hoy prácticas legales, pero también son formas de explotación globales que en vez de disminuir, no cesan de aumentar.

La economía política en los centros europeo y norteamericano impone la libertad de mercados pensando en exportar sus productos industriales y proteger sus intereses en otros países con la intención de importar beneficios; ello conduce a importantes reducciones de prestaciones o conquistas sociales en los países del Sur; y también en el Norte. ¿Por qué son tan pocos los sectores que critican esas prácticas?

Repasando lo ocurrido en recientes foros sobre problemas globales observamos que:

• En la Cumbre del Cairo de 1994, quedó claro que el modelo de desarrollo consumista es una mayor amenaza para la Tierra que la superpoblación.

• Con la Cumbre de Copenhague de 1995 sobre el desarrollo, se puso de manifiesto la ausencia de una cultura de la solidaridad. Los objetivos inicialmente propuestos se oscurecían en las declaraciones finales bajo la fórmula: «se alcanzará tan pronto como sea posible ».

• En la Cumbre Internacional sobre la Mujer de Pekín de 1995, la labor informativa de los grandes medios de comunicación daban la impresión de que se trataba de una conferencia sobre China y no sobre la mujer.

• En la Conferencia Euromediterránea de Barcelona en 1995, prevalecen los intereses de la libre circulación económica por encima de la libre circulación de personas.

• En la Cumbre mundial sobre Cambio Climático celebrada en Kioto a fines de 1997, se acuerda entre otras cosas, que la Unión Europea (UE) reduzca sus emisiones de gases de efecto invernadero. Los ministros de medio ambiente de la UE reunidos en junio del 98 reparten las reducciones resultando España, y otros países de la UE, agraciada con la posibilidad de poder aumentarlas hasta un 15% en vez de reducirla. Alemania y Francia han anunciado, en septiembre del 98, que no cumplirán los compromisos de reducción que les corresponden.

El 20% de los más ricos del mundo acapara el 82,7% de los ingresos totales, y del resto, el 20% de la población más pobre, sólo recibe el 1,4% de los ingresos totales del mundo. La riqueza acumulada por las 225 personas más ricas del mundo equivale a la que tienen los 2.500 millones de personas más pobres, según datos del informe del PNUD de 1998. En torno a 250 millones de niños en todo el mundo trabajan, y lo hacen sometidos a unas condiciones de explotación; 1.300 millones de personas del Tercer Mundo viven en la pobreza y sin acceso al agua potable, 800 millones de personas tienen serios problemas de alimentación, 500 millones de las personas que habitan en las ciudades del mundo viven en la calle o en viviendas infrahumanas, más de 15 millones de personas mueren anualmente a causa del hambre o de enfermedades; en Ruanda, por ejemplo, la esperanza de vida es de 22,6 años; y hay 900 millones de personas adultas analfabetas en el mundo.

¿Podría un programa maratón de televisión recuperar algo más barato que 500 millones, para atender una hambruna, pero más caro que todo el dinero del mundo: exigir cordura solidaria a la política, primar siempre y en toda circunstancia a la Humanidad sobre las cosas y por encima de todas ellas, incluidos los beneficios de algunos pocos, bajo pena de destierro del orden humano y emigración forzosa?

Un medio de comunicación, jugando a ciencia ficción o deseable utopía, nos informaba recientemente de manera muy gráfica, a partir de un informe del World Game Institute de Filadelfia, sobre el dato siguiente: si se dedicase parte del total de los gastos militares anuales a programas para solucionar las necesidades humanas como la eliminación del hambre y la malnutrición, cancelar la deuda de los países del Sur, proporcionar agua potable a toda la población, eliminar el analfabetismo, proporcionar cuidados sanitarios a toda la población, etc., y a los principales problemas ambientales como, por ejemplo, detener la deforestación, prevenir la lluvia ácida, evitar el deterioro de la capa de ozono etc., el total de gastos no llegaría al 25% de los gastos mundiales relacionados con el ejército y el armamento. ¿Habría que preguntarle a los militares y a ciertos sectores de la sociedad civil qué opinan al respecto?, ¿no está en sus manos una posible solución...?

Afortunadamente los medios de comunicación pueden obsequiarnos con brillantes artículos de opinión sobre la cultura de la paz, proponerse declarar un año internacional de esta temática, sugerir que las ONGs, y otros organismos internacionales, organicen actividades en defensa de la cultura de la paz, imprimir y difundir la Declaración de los Derechos Humanos, difundir libros, emisiones gratuitas en prensa y televisión, sobre el cumplimiento de los acuerdos sobre el destino para la educación y la sanidad de las ayudas al desarrollo, la supresión de la deuda externa y hasta regular el uso de la ciencia para fines bélicos, pero, ¿qué opinan los militares, los empresarios y los Gobiernos del Norte…?, ¿no habría que promover campañas de televisión y prensa para que militares, políticos y los empresarios implicados diesen extensas respuestas, en abierto diálogo con las gentes, para lograr amenidad y audiencia de su visión, a ver si nos enteramos todos qué se entiende por la cultura de la paz?

Uno teme que siempre habrá nuevos casos como el de Sudán donde en agosto del 98 se ordena el bombardeo de fábricas de medicinas con sofisticados misiles y con el pretexto, basado en datos erróneos de la CIA, de que allí se fabricaban armas químicas. El asunto es cuando menos sospechoso, en los Estados Unidos se estaba atravesando una crisis nacional de calado mundial por graves asuntos lewinskyanos, de los que se hacía eco la prensa internacional. ¿Es que la vida privada interesa más que la vida misma?, ¿a la gente les interesan esas cosas o se las educa en ello?, ¿cómo nos venden la moto?, ¿y Sudán qué?, situada en el tramo bajo de la lista del desarrollo humano en el mundo, puesto número 157 del informe de 1998 del PNUD, tres guerras civiles, desplazamientos, sequía, hambre y más de un millón de muertos. También en agosto del 98 y antes del bombardeo norteamericano a la supuesta planta de armas químicas, se publican escalofriantes noticias sobre la urgente necesidad de 3.000 millones para que en Sudán se pueda comer. Cuando se avecina o pasa una catástrofe en Sudán, las ONGs del Norte, se afanan en sensibilizar y organizar rápidas campañas humanitarias que palíen las emergencias. En esta ocasión, la denuncia de algunas ONGs sobre la más que fundada sospecha de que el 60% de las ayudas acabarán en manos de los grupos militares no impiden la presencia de numerosos anuncios en la prensa que nos muestran, por ejemplo, a un niño desnutrido junto a otro que recibe alimentos de un organismo internacional (…), y el siguiente texto: «Esta es una imagen de Sudán… trabaja para ayudar a 4 millones de personas en Sudán que sufren la peor crisis humanitaria de los últimos diez años. Necesitan más. Te necesitan y…(el número de una cuenta para ingresar donativos)».

Y es que a pesar de todo, como le oí decir a un miembro de una ONG: ¡algo hay que seguir haciendo!

En las relaciones del Sur, las ONGs y los medios de comunicación, hay que mencionar las recientes prácticas publicitarias usadas por algunas empresas que consisten en dedicar el 0,7 de sus beneficios al Sur, o anunciar que utilizan papel con la marca reciclado, etc., ¿venden más?, ¿de verdad se lo creen?, ¿es la respuesta al boicot recibido por determinadas empresas multinacionales deportivas por su explotación de mano de obra infantil…? También algunas ONGs mercantilizan la imagen y los mensajes sobre el Tercer Mundo. Esas prácticas ocultan las raíces que explican los problemas, para provocar beneficios empresariales o respuestas dinerarias. La cuestión es la siguiente: ¿es posible algún tipo de publicidad que no se mercantilice?, ¿cómo y por qué?

Los medios de comunicación de masas no son más que el vehículo que se compra, se paga, se dirige o se para según convenga; tras ellos están los hombres, las mujeres, el share, y la explotación, de vez en cuando, de la sensiblería acrítica ante alguna situación de emergencia, para recordarnos que nosotros no estamos tan mal y después pedirnos una limosna.

El control de la tríada EEUU, UE y Japón sobre los medios de comunicación a escala global representa un 70% del producto bruto mundial, los beneficios de los medios de comunicación también entran en el juego del mercado, el dios mercado cuyo poder supera hoy al de los gobiernos más poderosos.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) marca a los gobiernos su política económica y las más de 40 mil empresas multinacionales que existen en el mundo son el instrumento de concentración de capitales en beneficio del Norte. Las veinte empresas más importantes del planeta controlan más de una cuarta parte de la economía mundial, pero sólo ocupan al 0,75 % de la mano de obra planetaria, y puesto que ya sabemos quienes causan el paro estructural, como dice Ignacio Ramonet: «¿no habrá llegado la hora de reclamar la puesta en marcha a escala planetaria de un nuevo contrato social?». Un contrato en el que, convocada la humanidad entera por todos los medios de comunicación de masas, se pongan en juego los derechos humanos a la salud, la educación, la alimentación, la vivienda, el trabajo y la vida digna como precio inamovible a la parte contratante.

En cuanto a la cooperación internacional y la ayuda oficial al desarrollo, se trata de ayudas que provienen del sector público en forma de créditos blandos con el objetivo de mejorar el desarrollo económico y nivel de vida de los países del Sur. Las constantes denuncias que se hacen desde los medios de comunicación escritos sobre los dudosas destinos de estas ayudas no son del todo suficientes porque falta mayor rapidez en las respuestas, mayor contundencia en los argumentos y no relegar a la última esquina posterior, la noticia o información. No basta con relatar que las ayudas bilaterales se desvían hacia gastos superfluos o recoger la acusación al Fondo Monetario de generar más pobreza e injusticia, o denunciar los desacuerdos de las ONGs con las Leyes de Cooperación.

En España, las ONGs podrían presentar proyectos para cubrir el 0,7% de los presupuestos nacionales, ello evitaría que con la AOD se camuflasen ayudas encaminadas a lograr contrapartidas comerciales para empresarios españoles. Los Fondos de Ayuda al Desarrollo, que ascienden a la cantidad de 80 mil millones de pesetas anuales, tienen dos destinos absolutamente contrarios a la solidaridad:

• Son la subvención de empresas españolas dedicadas a la exportación.

• Se dedican a la venta de material militar, aunque este fin cada vez encuentra mayores obstáculos, entre otras cosas, por las constantes denuncias que se hacen.

• La AOD española siempre estuvo lejos del 0,7; por ejemplo, en 1997 no superó el 0,23% y el papel de las ONGs se reduce, para los ideólogos oficiales del desarrollo, al de un adorno de conveniencia e imagen política. Las leyes de Cooperación se rigen por criterios mercantilistas subordinados a los intereses de las políticas exteriores. La presencia de las ONGs en el Consejo de Cooperación, de la recién aprobada Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo en España, no deja de tener un mero carácter consultivo y, si no se está muy al tanto de las venideras reglamentaciones, cabe esperar maniobras políticas encaminadas a potenciar preferentemente los intereses empresariales.

Está claro que son los sectores más concienciados y solidarios con los pueblos empobrecidos quienes mejor pueden entender sus necesidades y gestionar y controlar las ayudas. Las ayudas deberían configurarse desde las necesidades objetivas de los receptores y no desde los intereses de los donantes. Las presiones de las empresas exportadoras españolas a los políticos, no pueden permitir que se legisle en contra de sus intereses, que es tanto como decir a favor de la solidaridad.

Las respuestas políticas relegan a las ONGs al papel de gestoras de ayudas humanitarias y poco más. Para los sectores políticos, la cooperación al desarrollo para que sea eficaz pasa por las empresas, con ello consiguen que las empresas entren en los mercados externos. En definitiva, no se entiende la generosidad sin contrapartidas, sin intereses. Y puesto que la solidaridad inevitable es, según los empresarios, antieconómica, ellos salvaguardan los intereses económicos de sus empresas como cosa compatible con la cooperación, que es tanto como lograr la cuadratura del círculo.

Las ONGs representan actualmente la cultura del compromiso, la puesta en práctica de acciones vinculadas al mundo de los valores, de la dignidad, el respeto y la comunicación en y entre las culturas, los pueblos, y las gentes frente a la inoperancia política inmersa en luchas de poder o las dependencias mercantilistas. El Planeta no puede esperar, África no puede esperar, los marginados y explotados no pueden esperar, muchos millones de mujeres no pueden esperar.

Las ONGs no pueden limitarse a actuar de paño caliente sobre las diversas formas de exclusión social. Si sus acciones son simples placebos que no inciden en las causas de fondo, si no hay personas o instituciones que lleguen a sentir el escozor de alguna responsabilidad por las miserias no subsanadas, las ONGs se convierten en cómplices de los causantes de lo que ellas pretenden paliar.

Y aquí los medios de comunicación pueden jugar el papel de necesario amplificador de las denuncias y el compromiso con la Humanidad o, por el contrario, dejarse llevar por la irracionalidad y el relativismo ético de la postmodernidad.

Las políticas llevadas a cabo con las ONGs varían según la ideología y amplitud o miopía de los políticos de turno, por ejemplo, en el caso español se observa una notable tendencia a reducir el número de entidades a las que dar subvenciones, se ha pasado de 160 a 80, y las más beneficiadas son las más afines a la ideología del grupo en el poder. Parece que los proyectos de las ONGs medianas y pequeñas «solucionan poco» desde la óptica política. Otra cosa es la óptica humana que no admite ninguna duda. Las acciones solidarias y de cooperación, cuanto más extendidas mejor, sean pequeños, medianos o grandes los proyectos.

La eficacia de las ayudas de emergencia o de los proyectos de cooperación al desarrollo dependen en gran medida de la profesionalización del personal de las ONGs, una situación de emergencia necesita médicos, y un proyecto de cooperación de viviendas ingenieros. La crítica fácil a las ONGs encuentra argumentos en la ineficacia o inexperiencia por la mala gestión de cooperantes inexpertos o por la falta de personal especializado para llevar a cabo los proyectos. Aquí tenemos una de las claves del valor de las ONGs: ¿por qué iba un médico a conformarse con ganar no mucho más de cien mil pesetas, en un país lejano y con escasos recursos sanitarios, cuando aquí ganaría de cinco a diez veces más…? No estaría mal que los medios de comunicación buscasen aumentar el número de entrevistas, publicaciones y difusión de los argumentos que en cada caso y en primera persona dan algunos cooperantes y voluntarios. Quizás muchos descubrirían que la solidaridad no es una moda, ni un sarampión de juventud, se trata de la convicción en un valor, que en esencia es sentir, junto a las demás personas, que sus problemas también son míos y actuar en consecuencia. El apoyo mutuo entre las personas y los pueblos frente al individualismo y la competitividad.

Los objetivos de cooperación y solidaridad de las ONGs no deben ocultar ni minimizar la realidad de lo que se viene llamando el Cuarto Mundo y también el Sur del Norte, esto es, la situación de marginación, exclusión social, pobreza y abandono, que sufren muchas personas en los países llamados ricos o desarrollados:

• Los 32 millones de pobres en EEUU, 50 millones de pobres en la UE, ocho millones de pobres en España.

• Los 2,5 millones de personas sin techo o los cinco millones que viven en infraviviendas en la UE.

• Los más de diez millones de inmigrantes indocumentados de la UE.

El Norte necesita hacerse algunas preguntas: ¿qué esta pasando?, ¿quiénes son los responsables?, ¿qué podemos hacer? Y responder urgentemente otras: ¿No necesita el Norte una educación para el desarrollo que rompa con el modelo de desarrollo en que está inmerso?, ¿no se necesita en el Norte una educación global que contrarreste los efectos de la imperante globalización económica neoliberal?, ¿no deberían replantearse en el Norte sus esquemas hiperconsumistas, sinónimos de injusticia social a escala global?, ¿no debería el Norte fomentar un diálogo del Sur con el Sur para que, desde la autonomía, superen sus estancamientos y realicen sus potencialidades?, ¿no es urgente que en el Sur se resuelva definitivamente un aumento del consumo para que más de mil millones de personas puedan salir de la situación de la extrema necesidad que sufren?

Una alternativa posible, que induzca soluciones globales, pasa por una apuesta por la educación global como actitud asumida por los medios de comunicación junto a las ONGs. En tiempos de globalización económica hay que reivindicar:

• La globalización de la paz, para contrarrestar toda forma de violencia desde las guerras entre pueblos, hasta lo que Enzensberger llama «guerra civil molecular », la violencia gratuita que genera el modelo de sociedad y se manifiesta en múltiples situaciones de la vida y lugares cotidianos.

• La globalización de los derechos humanos que obliga a trabajar por conseguir el acceso de todas las personas a los medios de comunicación y a la información. La garantía de una vida digna para todas las personas que asegure el derecho a la educación, la salud, la alimentación, el trabajo y la participación en la vida social. El derecho de las mujeres a la igualdad de oportunidades frente al dominio y las ventajas que se otorgan los hombres en un proceso histórico que se explica más por la fuerza gratuita que por la razón.

En las contradicciones y diferencias entre el Norte y el Sur, los medios de comunicación de masas y las ONGs podrían consensuar algunos principios como por ejemplo:

• Que en la compleja situación de dependencia del Sur respecto del Norte, hay responsabilidades políticas y sociales que se pueden y se deben denunciar por una cuestión de justicia elemental.

• Que la ayuda que el Norte presta al Sur bajo la etiqueta de AOD, en demasiadas ocasiones se guía por intereses depredadores. La cooperación manejada desde intereses empresariales, según el modelo neoliberal dominante, tiene como única meta el beneficio a costa del sufrimiento humano, y se trata de empresas con nombres.

• Que la cooperación internacional demanda acabar con el modelo de desarrollo occidental que es el causante de las injusticias a escala global.

• Que los medios de comunicación deben hacer un esfuerzo en favorecer la libertad y autonomía de las culturas para reducir la explotación que algunas ejercen sobre otras.

• Que las ONGs y los medios de comunicación deben centrar su esfuerzo especialmente en cambiar las mentalidades en el Norte.

Los medios de comunicación de masas deberían compartir y practicar el código de conducta de las ONGs sobre imágenes y mensajes a propósito del Tercer Mundo:

• No recreándose en imágenes catastróficas, patéticas o discriminatorias como recurso fácil de sensibilización acrítica, o en imágenes exóticas que rechazan reconocer la realidad del Sur.

• Preservando la identidad de las culturas y la dignidad de las personas que la componen. Evitando innecesarios alardes de la superioridad del Norte.

• Evitando las interpretaciones y usando la información que aportan los protagonistas.

• Renunciando a dar ideas e imágenes simplificadas del Sur que generalizan y esconden la diversidad de las situaciones.

• Procurando explicar que nuestro modelo de desarrollo es una importante causa de las situaciones que se viven en el Sur, buscando responsabilidades, no para acusar, sino para ver soluciones.

Referencias

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ENZENSBERGER, H.M. (1994): Perspectivas de guerra civil. Barcelona, Anagrama.

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PNUD (1998): Informe sobre desarrollo humano. Madrid, Mundi Prensa.

RAMONET, I. (1997): Un mundo sin rumbo. Madrid, Debate.

SAMPEDRO, J.L. y BERZOSA, C. (1996): Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después. Madrid, Taurus.

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