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Revista Comunicar 15: Medios de comunicación y educación para la solidaridad (Vol. 8 - 2000)

Educación y solidaridad: hacia una verdadera educación solidaria

https://doi.org/10.3916/C15-2000-08

Diego-J. González

Abstract

La revolución de las nuevas tecnologías de la información incide en el concepto actual que tenemos de educación ya que va a contribuir a incrementar las diferencias entre ricos y pobres. El autor de este trabajo expone que, frente a esta dramática realidad, cada vez más acuciante, de la progresiva «diferenciación» económica y cultural, caben dos opciones: su aceptación resignada y pasiva o la rebeldía activa para transformarla a través del «poder de la educación».

Keywords

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A nadie se le escapan hoy en día las grandes transformaciones que se avecinan en nuestra sociedad, principalmente provocadas por lo que se ha dado en denominar la «revolución de las nuevas tecnologías de la información» y las implicaciones que tendrá en el contexto educativo. Esta «revolución» ha originado ya un abierto debate en relación a sus consecuencias sobre el concepto actual que tenemos de la educación y, casi con toda probabilidad, aún quedan muchas voces por incorporarse al mis mo. En este debate se analizan e incluyen conceptos tales como los de globalización, interculturalidad, desarrollo sostenible, realidad virtual... y muchos otros que vienen a razonar dichos cambios. En líneas generales, podemos señalar que los aspectos sobre los que se ha centrado el debate son los siguientes, como ha sintetizado Pérez de Pablos (2000):

• Contenidos: La escuela se acercará al mundo laboral, por lo que hablamos de una formación continua y permanente, donde primará la adquisición de habilidades por encima de las técnicas de mera reproducción mecánica de conceptos.

• Profesores: Los profesores dejarán de lado su faceta de «transmisores de conocimientos » para cumplir el papel de «conductores de alumnos»: les enseñarán a seleccionar los contenidos, a asimilarlos, a interrelacionarlos y a ponerlos en práctica.

• Materiales: Aquí las nuevas tecnologías de la información harán su entrada con mayor significado: los libros de textos serán sustituidos por cd-rom y disquetes, las pizarras serán sustituidas por grandes pantallas de ordenador, los pupitres por ordenadores, se utilizará la videoconferencia como recurso didáctico...

• Centros: Los centros adquirirán un mayor protagonismo, permaneciendo más horas abiertos y permitiendo la participación efectiva de todos los agentes sociales.

Sin embargo, y éste es el principal argumento de este artículo, no todos estos cambios afectarán en igual medida a todos los ciudadanos y ciudadanas. Y las diferencias no serán sólo entre los habitantes del «primer mundo», sino que afectarán principalmente a los países del «tercer mundo» y aquellos llamados en «vías de desarrollo»: es decir, la «revolución de las nuevas tecnologías de la información» contribuirá, lamentablemente, a incrementar las diferencias entre ricos y pobres, entre Norte y Sur.

En este llamado «primer mundo», los conceptos de «educación » y de «escuela» han sufrido una transformación vertiginosa durante todo el siglo XX. Nadie puede negarlo. Hemos conseguido la plena escolarización de niños y niñas, se ha facilitado el acceso a la Universidad a todos los sectores sociales, se ha potenciado e invertido en formación continua y ocupacional, se trabaja en políticas educativas no discriminatorias... y aunque no estemos satisfechos del todo con los resultados obtenidos, nuestra situación es, con mucho, privilegiada respecto a los países pobres. Según el último informe de Unicef, titulado «Estado mundial de la infancia», todavía existen 1.000 millones de personas incapaces de leer. Y unos 125 millones de niños nunca llegarán a ir a la escuela. No sólo lo denuncia Unicef, también Oxfam International en su informe «Rompiendo el círculo de la pobreza» en el que se indica que uno de cada cuatro adultos de los países pobres es analfabeto. Y otro dato: mientras que un niño occidental recibe educación durante 17 años, un niño monzambiqueño irá a la escuela durante tres o cuatro; y no digamos una niña que probablemente ni siquiera tenga ese privilegio, relegada a las tareas domésticas como mal menor. Paulo Freire nos habla de la «necesidad de indignación» frente a una realidad que nos desborda, que nos lleva a la desesperación y en muchos casos a aceptar resignadamente dicha realidad.

Es en esta necesidad de indignación donde yo quisiera centrar mi discurso. En la obligación que tenemos como ciudadanos de implicarnos en dicha realidad para transformarla, lejos de la fatalidad de la aceptación. Sin embargo, no bastan las acciones puntuales que sólo acallan nuestras conciencias; hace falta un compromiso serio y continuado, un conocimiento lo más objetivo posible de la realidad que nos envuelve. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Siguiendo a Freire, en A la sombra de este árbol, se señala: «Reconozco la realidad, reconozco los obstáculos, pero rechazo acomodarme en silencio o simplemente ser el eco vacío, avergonzado o cínico del discurso dominante». Y el discurso dominante es el llamado «pensamiento único» auspiciado por el neoliberalismo económico.

Hay que llamar a las cosas por su nombre, insisto: los verdaderos responsables del paro y de la miseria, tanto en el Norte como en el Este y en el «tercer mundo», no son otros que los poderosos grupos financieros y económicos que operan a escala mundial amparados en determinadas instituciones financieras (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial...), económicas (Organización Mundial del Comercio...) y políticas (Grupo de los Siete...). Nike y Adidas subcontratan en Asia el 99% de su producción porque los salarios pagados a los obreros y obreras asiáticos son ridículos en comparación con una productividad elevada ¡y para nada les importa que una parte importante de esa mano de obra la constituyan niños y niñas!

Ramón Flecha, en otro sentido, apunta que «aunque la revolución de la información crea posibilidades para una mejora de las condiciones de vida de la Humanidad, el modelo social que la está hegemonizando provoca una agudización relativa de las viejas desigualdades y genera otras nuevas». Y son esas posibilidades para una mejora de las condiciones de vida de la Humanidad los argumentos que nos deben dar la fuerza y el coraje para contribuir a transformar una realidad injusta e insolidaria. «La cuestión está en cómo transformar las dificultades en posibilidades», nos propone Paulo Freire, una vez más.

Otro ejemplo que nos puede resultar significativo: según un reciente informe de la ONU, de mantenerse el actual declive de nacimientos y ritmo de envejecimiento de la población, Europa va a necesitar importar en los próximos 25 años cerca de 160 millones de trabajadores extranjeros para paliar la falta de mano de obra. Si analizamos el contenido de la noticia encontramos: a) que dicha mano de obra procederá fundamentalmente de países del «tercer mundo»; y b) que dicha mano de obra deberá disponer de un cierto nivel de cualificación para poder acceder y manipular las nuevas tecnologías de la información. ¿No sería pues, acertado, el favorecer los niveles de instrucción/formación de esos países, ya que nos vamos a surtir en un futuro no muy lejano de su mano de obra? Álvaro Marchesi, en un breve artículo titulado «Nuevas ideas para el futuro», plantea la necesidad de instaurar «estudios de impacto educativo» en relación a determinados aspectos relacionados con la educación y que van a afectar nuestra vida futura: «Así como la evaluación del impacto medioambiental ha tenido el acierto no sólo de preservar el medio ambiente, sino de llevar a la conciencia de los ciudadanos la necesidad de cuidarlo y defenderlo, habría que hacer algo similar en la educación».

Los estructuralistas crearon el modelo de la reproducción porque, según ellos, la escuela no puede hacer nada para cambiar las desigualdades. Y tenían razón: la escuela no puede hacer nada para cambiar las desigualdades, porque no es nada la escuela sin los agentes activos que la conforman y le dan sentido, es decir, las personas. Los ciudadanos y ciudadanas sí podemos conferirle un papel transformador si partimos de un conocimiento objetivo de la realidad que queremos transformar. Para Mario Bunge, «deberíamos esforzarnos por eliminar todos los elementos subjetivos de nuestras visiones de la realidad». En otras palabras, el objetivismo prescribe que deberíamos esforzarnos por no incluir nuestros propios sentimientos y deseos en nuestras representaciones del mundo exterior.

Hasta ahora hemos intentado explicar cómo la llamada «revolución de las nuevas tecnologías de la información» va a incidir en el concepto actual que tenemos de la educación y cómo dicha incidencia va a contribuir a aumentar las diferencias entre las personas, entre ricos y pobres. Al mismo tiempo hemos intentado argumentar que esas diferencias nos puede llevar a dos posiciones contrapuestas: por un lado a asumirla como una consecuencia que debemos aceptar sin más resignadamente o, por otro lado, como una consecuencia que nos provoca una necesidad de indignación. Frente a la primera posición planteamos la necesidad de rebelarnos ya que defendemos la tesis de la obligación/responsabilidad moral de implicación social por parte de los ciudadanos y nos alineamos con la segunda posición, aquélla que nos va a obligar a intentar conocer objetivamente la realidad que pretendemos transformar.

Es en este sentido donde nos planteamos las líneas de acción que podemos seguir para alcanzar el objetivo universal de una educación verdaderamente solidaria. Tomás R. Villasante nos plantea la participación ciudadana como elemento dinamizador del cambio y para ello nos habla de una serie de posicionamientos imprescindibles para integrar estilos de vida sinérgicos; esto es, de desarrollar el concepto de una verdadera democracia participativa en la que las opiniones divergentes enriquezcan el diálogo y el debate. Así nos plantea utilizar, en sus propias palabras:

a) Lo energético/acción frente a lo abstracto/ palabras.

b) Lo informativo/dialógico frente a lo mitificado/ dosificado.

c) Lo abierto/exogámico frente a lo cerrado/ endogámico.

d) Lo instituyente/creativo frente a lo instituido/ reiterado.

Es decir, la acción frente a las palabras, el diálogo frente al discurso, la participación frente al directivismo, la creación frente a la repetición. Estos «estilos», como Tomás R. Villasante los llama, constituyen sólo una muestra de otros «estilos» que pueden incorporarse en el debate y constitución de grupos de opinión cada vez más amplios e influyentes.

No quisiera dejar pasar más tiempo sin abordar una cuestión que me parece de gran importancia y relevancia en nuestra propuesta de implicación social en el proceso de trasformación social. Me refiero aquí al concepto de «coherencia». Vivimos en una sociedad marcada por las directrices que estipulan los mercados financieros, donde parece haberse instaurado el lema del «todo vale» a la hora de establecer nuestros modos de comportamiento. Las palabras, todas las palabras, han sido despojadas de sus originales contenidos para incorporarse al lenguaje del mercado: ahora vende la palabra solidaridad como antes lo hacía el término ecológico y así no es difícil encontrar determinadas empresas que dicen destinar parte de sus beneficios a proyectos de cooperación al desarrollo o que determinado producto es ecológico, falseando la realidad en aras de obtener unas determinadas cotas de mercado. A esto se le ha denominado «publicidad engañosa», siendo denunciado por distintas asociaciones de toda índole (como siempre, y una vez más, la implicación social de los ciudadanos en defensa de los intereses de la colectividad). Debemos ser coherentes tanto en nuestros planteamientos como en nuestras acciones, aunque a veces resulte un esfuerzo casi titánico. Requiere de una constante búsqueda de información, de una búsqueda de alternativas viables y coherentes. Y requiere compartir dicha información y dichas alternativas con otros grupos.

Siguiendo a Tomás R. Villasante nos encontramos distintos ejemplos de actuación en diferentes ámbitos y que él denomina:

a) Rebeldías cotidianas. Es decir, superar nuestro individualismo para implicarnos en tareas colectivas que nos interesan como ciudadanos. Esto nos enriquece tanto a nosotros como personas, como al propio grupo en sí.

b) Programaciones integrales. Se trata de aunar esfuerzos entre distintos grupos que persiguen un mismo fin aunque aborden el problema desde distintas posiciones.

c) Plataformas cívicas. En consonancia con el anterior se diferencian en que surgen ante un problema concreto que afecta a la colectividad. Los estilos de funcionamiento de estas plataformas tienen que ser de acción y de reflexión tanto como de expansión e instituyentes.

d) Foros alternativos. Se refiere a nuevos estilos y sensibilidades que se están construyendo en muchas partes del mundo, no tanto en torno a un modelo de sociedad acabado y alternativo al actual, sino a estilos de hacer las cosas relativamente innovadoras. El hacer unas construcciones sociales, dentro del actual sistema económico y de poderes, que no se guíen por lo lucrativo y lo gubernamental como elementos centrales, sino que apuesten por «otros estilos» de vida y de trabajo, es lo que nos parece nuevo y apasionante.

En definitiva, se trata de pensar globalmente y actuar localmente. Tenemos que superar nuestra visión etnocéntrica del mundo para incorporar «otras voces, otros ámbitos» como reza el título de una obra de Truman Capote. Debemos recordar aquí como grandes logros cívicos el movimiento de los «sin tierra» en Brasil, el fracaso de la pasada Cumbre de Seattle, la lucha por los derechos humanos de las Madres de la Plaza de Mayo y tantos otros promovidos por la participación e implicación ciudadana.

Los cambios que se avecinan en nuestra sociedad –y por tanto en el sistema educativo– tienen que repercutir también positivamente en el resto de países pobres que conforman esta «aldea global». Sólo de esta manera, alcanzaremos el ideal de una verdadera sociedad solidaridad donde la educación constituya una pieza más de las acciones globales a emprender por parte de los gobiernos, instigados por las demandas y exigencias de la sociedad civil. De lo contrario continuaremos practicando la caridad que tan bien acalla nuestras adormecidas conciencias.

Referencias

BUNGE, M. (1995): «Realismo y antirrealismo en las Ciencias Sociales», en Mientras Tanto, 61. Barcelona, Fundación Giulina Adinolfi-Manuel Sacristán.

FREIRE, P. (1990): La naturaleza política de la educación. Cultura, poder y liberación. Madrid, MEC/Paidós.

FREIRE, P. (1997): A la sombra de este árbol. Barcelona, El Roure.

HORMAN, D. (1999): «¿Injerencia o solidaridad? El debate sobre la «condicionalidad» en las relaciones Norte- Sur», en Viento Sur. Madrid, febrero.

MARCHESI, A. (2000): Nuevas ideas para el futuro», en El País, 17 de enero.

PÉREZ DE PABLOS, S. (2000): «La educación que viene », en El País, 17 de enero.

VARIOS (1994): Nuevas perspectivas críticas en educación. Barcelona, Paidós.

VARIOS (1998): La educación popular ante el siglo XXI. Sevilla, Instituto Andaluz de la Juventud de la Junta de Andalucía.

VILLASANTE, T. (1998): «Pedagogía de la indignación, existencia indignada: los estilos creativos con y por los movimientos sociales», en VARIOS: La educación popular ante el siglo XXI. Sevilla, Instituto Andaluz de la Juventud de la Junta de Andalucía.