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Revista Comunicar 16: Educación y comunicación para la cooperación y el desarrollo (Vol. 8 - 2001)

Ni globalizados ni globalizadores: las nuevas tecnologías como herramientas para el desarrollo

https://doi.org/10.3916/C16-2001-04

Milagros Paseta

Abstract

El concepto de «desarrollo» ha venido evolucionando a lo largo de las últimas cinco décadas, desde sus enfoques más asistencialistas y economicistas hasta lo que hoy llamamos «desarrollo humano». La autora de este trabajo –coordinadora del monográfico– plantea cómo las nuevas tecnologías y técnicas de la comunicación pueden ser una herramienta fundamental para alcanzar el objetivo del desarrollo humano, sostenido en el afianzamiento de la cultura democrática en nuestras sociedades como base para la lucha por el respeto a los derechos individuales y colectivos.

Keywords

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El proceso de globalización y el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías de la comunicación vienen produciendo en el mundo una serie de cambios fundamentales a todo nivel: político, económico, social y cultural. Actualmente atravesamos un período de transición, tan incierto como fascinante, que significa la reestructuración de todos los «órdenes» establecidos. Una época de retos y luchas para que la globalización sea positiva y equitativa para todas las sociedades e individuos del planeta.

Si bien todo perÍodo de transición conlleva crisis, las que la globalización está generando repercuten día a día en las poblaciones más vulnerables del mundo, profundizando en las brechas de desigualdad y exclusión, a nivel local y global.

A manera de introducción, haré una breve revisión sobre el concepto mismo del desarrollo y su aplicación en las últimas décadas hasta hoy. Así podremos comprender más claramente en qué consiste el discurso que guía las acciones con relación al desarrollo en el mundo, sobre todo, en el momento actual, para luego, en una segunda parte, desarrollar por qué el binomio comunicación-educación es vital en el camino hacia el desarrollo humano sostenible y su relación con la cooperación.

1. ¿De qué hablamos cuando hablamos de desarrollo?

1.1. La evolución del concepto de «desarrollo»

El concepto de desarrollo surgió a partir del interés de Estados Unidos de liderar y financiar la reconstrucción de la Europa occidental destruida en la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de evitar que el comunismo se extendiera por occidente, y así fortalecer el bloque capitalista en la nunca declarada Guerra Fría. Desde su salto a la historia en 1949, el concepto de desarrollo estuvo cargado de connotaciones básicamente económicas y enfocado desde la perspectiva únicamente occidental capitalista.

Desde ese momento todas las acciones y programas de desarrollo, financiados principalmente por Estados Unidos y los organismos multilaterales creados en principio para ello (Bretton Woods) como las Naciones Unidas, el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD) del Banco Mundial y sus posteriores sucursales regionales, fueron planteados en términos economicistas, equiparando el desarrollo al progreso económico. La ideología del progreso se convirtió así en la ideología del desarrollo (Mattelart, 1993).

Posteriormente, por los años 60, ante el éxito de las reconstrucciones de los países destruidos en la II Guerra Mundial, los paradigmas del desarrollo –los criterios económicos y culturales de Estados Unidos, como modelo de bienestar occidental alcanzable a través de procesos de modernización– fueron extendiéndose homogéneamente a los países pobres del mundo –subdesarrollados–, muchos de los cuales habían dejado de ser colonias recientemente. Esto, además, representaba la condición para formar parte de la «comunidad internacional» y ser candidatos receptores de la ayuda internacional al desarrollo.

Los años 70 y 80 representaron una gran crisis para las teorías del desarrollo, época que demostró la vulnerabilidad de dicho modelo. A pesar de ello y de las fuertes críticas a dicho modelo, sobre todo de intelectuales latinoamericanos, la tendencia economicista persiste en los criterios de ayuda al desarrollo. De hecho, a principios de los 90, cuando los pasos de la globalización empezaron a escucharse más fuertemente, se acentuó la imposición del modelo neoliberal de desarrollo, que comporta la adopción de una serie de «recetas» macroeconómicas, impulsadas a través de organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial). Pero no cabe duda de que, hasta el momento, los resultados obtenidos no han sido, ni de lejos, los previstos.

Esta política económica ha significado la relación de dependencia estructural1 –económica y financiera– de los países subdesarrollados2 , que se centraron en el desarrollo de sus exportaciones con respecto a los desarrollados3 , basada en la condición de total apertura hacia el mercado internacional o global. Habiendo pasado a ser, en su mayoría, países que viven de la inversión extranjera, la exportación de materias primas –que compiten en el mercado internacional en la mayoría de casos en condiciones de desventaja con los países del Norte–, de la importación de productos y tecnología de industria extranjera y de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) de los países del Norte y organismos internacionales. «Ayuda» que, en su mayor parte, se traduce en deuda externa, cuyo pago se resta del presupuesto del estado dedicado a servicios sociales y que, en muchos casos, representa altos porcentajes del producto bruto interno del país deudor. En definitiva, un círculo vicioso de empobrecimiento para la mayoría, muy alejado del ansiado desarrollo o progreso.

1.2. El desarrollo y la desigualdad de la globalización

La consecuencia más grave de la globalización, tal como se está produciendo hasta hoy, es el aumento de las brechas de desigualdad social y exclusión, no sólo a nivel internacional sino también a nivel «intranacional». No sólo en términos económicos sino también sociales, con relación al acceso general a la información y a las oportunidades necesarias para lograr el propio desarrollo. La distribución de la riqueza en el modelo de desarrollo actual es sin duda inequitativo, en favor del enriquecimiento de sectores minoritarios de la sociedad y el consecuente continuo empobrecimiento del resto. En los últimos años, la polarización ha ido en aumento, algunos ejemplos de esto: según el PNUD4 , a nivel mundial, la proporción entre el 20% más rico y el 20% más pobre, en 1960, era de 30 a 1; en 1980, de 40 a 1; en 1994, de 68 a 1. Otro dato significativo es también que en 1999, el nivel de vida de África Subsahariana5 ha sido más bajo que a finales de los años 60.

Sólo algunos datos para ejemplificar que hablamos de un problema estructural del sistema económico mundial, que se viene agravando por la polarización que la globalización viene radicalizando y que trasciende absolutamente a lo económico, sobre todo si hablamos de desarrollo social sostenible, con bases sólidas para el futuro.

1.3. Un cambio de enfoque: desarrollo sí, pero humano...

El enfoque economicista, como he dicho anteriormente, sigue vigente y promovido por grandes organismos multilaterales, dentro de los que se encuentran las agencias de cooperación de los países del Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD)6 . Sin embargo, paradójicamente, a nivel de investigación, a partir de los años 80 se empezaron a considerar factores sociales dentro de las teorías del desarrollo, a raíz de las duras críticas a la línea economicista que mide el desarrollo sólo a partir del crecimiento del producto bruto interno (PBI).

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a inicios de los 90, introduce por primera vez el concepto de desarrollo humano, como el proceso de ampliación de las opciones de la gente y el nivel de bienestar que logran. Introduce el Índice del desarrollo humano (IDH), que establece indicadores y técnicas de medición del desarrollo que, además del nivel de desarrollo económico (PIB per cápita) contempla aspectos sociales fundamentales: índices de salud, perspectiva de vida, educación, vías y medios de comunicación, etc. que permiten disfrutar de un nivel digno de vida. Además de consideraciones relativas a la libertad política, económica y social, la garantía de otros derechos humanos y otros aspectos relacionados, al respeto por uno mismo, las oportunidades para tener una vida creativa y productiva, la capacidad de participación dentro del propio contexto, etc.

En la misma línea, en 1997, se introdujo el Índice de Pobreza Humana (IPH), el cual considera que la pobreza no sólo está relacionada con el nivel de ingresos económicos, sino también con otras dimensiones del ser humano, como las necesidades básicas y la capacidad de desarrollo relativo a la privación de la calidad de vida –falta de libertad política, incapacidad para participar en la adopción de decisiones y en la vida comunitaria, falta de seguridad personal, etc.–7 . Es decir, pobreza ya no sólo es la carencia de ingresos económicos suficientes para cubrir las necesidades básicas de supervivencia, sino también la carencia de posibilidades para desarrollar las propias capacidades y ejercer la participación ciudadana. Para que un país pueda realmente desarrollarse es necesario atacar la pobreza de manera integral, a partir de lo cual nos centramos en la dimensión social y no económica de la pobreza. En este sentido, la educación juega un papel primordial.

La UNESCO, por su parte, en la década de los 80, ya anteponía al individuo como eje central de todo proceso de desarrollo y reconocía la importancia de la movilización social y la participación directa del individuo a través de sus instituciones sociales y políticas en dicho proceso, hacia el respeto a sus derechos y consolidación democrática.

Es así como, después de cuatro décadas, se replantea el concepto de desarrollo en términos sociales, partiendo de que el desarrollo abarca mucho más que el poder adquisitivo de la sociedad y los individuos. Pero es importante dejar claro que este tipo de índices más progresistas tienen básicamente un valor más político que conceptual y no son los que guían las políticas de cooperación al desarrollo.

En este sentido, los programas y proyectos de cooperación entre el Norte y el Sur8 , sea de organismos gubernamentales, internacionales u ONG, han ido de la mano de la evolución del concepto de desarrollo dentro del seno de los grandes organismos internacionales como el Banco Mundial y las Naciones Unidas, es decir, en la línea asistencialista y economicista. Por lo cual, los esfuerzos de cooperación para el fortalecimiento de las sociedades civiles del Sur y la consolidación del tejido social han sido muy escasos.

1.4. La cultura democrática como pilar del desarrollo

Los programas y proyectos de cooperación han tenido básicamente objetivos de desarrollo económico (reactivación económica, microcréditos, alternativas económicas...) y asistencialistas (alfabetización, educación, sanidad...). La promoción de la cultura democrática y el fortalecimiento de la sociedad civil han sido aspectos poco apoyados o, en todo caso, sólo incluidos como objetivos complementarios dentro del enfoque economicista y/o asistencialista. Esto, a pesar de que en países y sociedades desestructuradas política y socialmente, el objetivo de reforzar la sociedad civil, como agente social capaz de hacer respetar sus derechos fundamentales, represente la piedra angular para un desarrollo sostenible.

Una sociedad, aunque consiga alcanzar los objetivos de desarrollo económico deseados, no alcanzará un desarrollo humano y sostenible en cuanto no cuente con estructuras sociales y un tejido organizativo lo suficientemente fuerte y poderoso como para garantizar el ejercicio de la democracia y el respeto a sus derechos políticos, socioeconómicos y ciudadanos.

Dentro del nuevo contexto mundial, la democracia y el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales han sido y son requisito para iniciar la partida como agentes del juego de la globalización. En este sentido, las sociedades «desarrolladas» están ya bastante fortalecidas con relación al resto. Hoy por hoy, dentro del contexto neoliberal donde el mercado marca las reglas del juego a nivel global, la gran mayoría de sociedades subdesarrolladas se han visto paulatinamente forzadas a subirse al coche de la globalización para no quedar excluidas del mercado internacional, sin antes haber logrado afianzar la democracia a nivel interno. De por sí esto ya representa una desventaja y un desequilibrio interno y global, además de procesos de supuesto desarrollo frustrado de antemano.

Como ejemplo, el caso del Perú. A un gobierno que dejó al país en graves condiciones de inestabilidad política, económica y social (Alan García, 85-90), le sucedió una dictadura encubierta (Fujimori, desde 1990) que acabó con lo poco que quedaba del tejido asociativo, logrando el control absoluto de la población con métodos represivos, populistas y el control casi total de la información a través del chantaje, clientelismo y propiedad directa de medios de comunicación. Esta ausencia de la democracia, ha generado la desestructuración y desequilibrio socioeconómico y el control absoluto de la sociedad ya desarticulada para dar paso libre al enriquecimiento de reducidos grupos de poder, gubernamentales y privados, en detrimento de la gran mayoría de la población.

Este ejemplo deja clara la importancia del fortalecimiento de la sociedad civil como agente activo y la consolidación de la cultura democrática para el respeto de los derechos y la implantación de la democracia como base del verdadero desarrollo social y humano. Dentro de este contexto, la comunicación junto a la educación, sus medios, sus técnicas y su conocimiento cobran un papel crucial. En este sentido, la globalización, el desarrollo de nuevas tecnologías de la comunicación y del surgimiento de un nuevo tipo de sociedad –la sociedad del conocimiento– implican un contexto absolutamente distinto, tanto a nivel local como mundial y que avanza a pasos agigantados. La globalización es ya una realidad y es fundamental conocer sus alcances y herramientas, sobre todo, para poder desenvolvernos en ella y realmente orientarla en beneficio global.

2. Un nuevo tipo de sociedad: la sociedad del conocimiento

Más allá de los grandes cambios en términos de la mundialización de mercados, tráfico, dinero e información, la globalización empieza por transformar los mismos conceptos de riqueza y poder. Dentro de este contexto, riqueza ya no es la propiedad y acumulación de bienes en abundancia, sino más bien, el acceso y capacidad de procesamiento y utilización de la información y el conocimiento, del saber. Dentro de esta gran transformación, entran en juego dos factores claves: el ser humano como individuo y ser social y su capacidad para valorar la información. Es así como las nuevas tecnologías y los medios de comunicación juegan un papel crucial, como fuentes de información, expresión y creación de opinión.

Estamos viviendo el inicio de una nueva era, la era de la «sociedad de la información»9 , la era de las telecomunicaciones, cuya adaptación europea es la llamada sociedad del conocimiento, que incorpora las contribuciones culturales y el factor de aprehensión de la información.

Desde luego, la revolución de las nuevas tecnologías de la comunicación, que sin duda aceleran y promueven estas transformaciones, no las convierte en artífices. Las nuevas tecnologías no dejan de ser herramientas, complejas, pero herramientas al servicio del ser humano para hacer. Son medios de comunicación tecnológicamente más sofisticados, de alcance «global», como Internet, multimedia, hipermedia, medios interactivos, que han abierto una serie de posibilidades de acceso a la información y una nueva cultura mediática.

Teniendo en cuenta que la tecnología no determina la sociedad, sino la plasma (Castells, 1997), es preciso saber adjudicarle a las nuevas tecnologías funciones que sirvan al desarrollo del hombre y la sociedad, a nivel individual, colectivo y global. Estas consideraciones replantean, entre otros, dos nuevos conceptos de gran trascendencia: educación y segmentación social.

2.1. Hacia un nuevo concepto de educación

El concepto de educación empieza a dar un salto; mientras anteriormente las fuentes más importantes del saber eran la familia, la escuela, el maestro y, para algunos reconocidos, los medios de comunicación, ahora existen fuentes de mayor amplitud a través de Internet y el multimedia, con la ventaja de ser además interactivos.

El replanteamiento del concepto de educación se da ya no en términos de transmisión y acumulación de información y/o conocimiento sino de la capacidad de «utilizarlos y aprovecharlos para toda la vida»10, es decir en función de su adaptación al contexto actual, personal y social. Este nuevo enfoque asume la educación como un proceso dirigido a la adaptación, integración y desarrollo del ser humano y, por ende, de la sociedad. En 1996 Jaques Delors planteó un nuevo concepto de educación desde el punto de vista actitudinal, orientada a un plano cognitivo integral del individuo como ser humano, teniendo en cuenta su desarrollo personal y sus aptitudes propias, ligado a la sensibilización por el respeto convivencial en relación con el «otro», dentro de un contexto global.

Asimismo, dentro de este nuevo enfoque integral del concepto de educación, también se produce un cambio conceptual en cuanto a la herramienta base de la educación, la alfabetización. Este nuevo enfoque reconoce como parámetro de la alfabetización, ya no sólo la lecto-escritura, sino también y como eje fundamental para el desarrollo individual y social, el conocimiento y el desenvolvimiento dentro del ámbito de las nuevas tecnologías de la comunicación, el metalenguaje –oral, escritura y audiovisual– (Castells, 1997). Este es otro gran cambio, ya que se va produciendo un reconocimiento de la importancia del lenguaje audiovisual, de los medios, para lo cual surge la inquietud de la educación en medios de comunicación, lo que significa la capacitación en lectura crítica de los múltiples mensajes que recibimos diariamente a través de los medios, con el fin de lograr ciudadanos críticos, conscientes, responsables y activos dentro de su contexto social, base de lo que es la verdadera democracia.

2.2. Los nuevos parámetros de la segmentación

La globalización ha traído bajo el paraguas también nuevos parámetros de segmentación social, que significan brechas sociales aún más profundas. En tanto que el poder es cada vez más el saber, la segmentación ya no sólo se basará en factores socioeconómicos, sino también estará relacionada con los niveles de capacitación y especialización permanente y actualizada (Delors, 1996), ligada a la utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación a nivel global, para ser competitivos dentro de cualquier ámbito de desarrollo. Las grandes preguntas son: ¿cuántos tienen acceso a dicha capacitación?, ¿cuándo se generalizará el acceso a este tipo de capacitación?, ¿cuántos lograrán ser competitivos? Estamos ante el surgimiento de una nueva elite, la «elite del conocimiento», en quienes se concentrará el poder económico, político y social. Este tema no es nuevo en la historia, pero ante este nuevo contexto, las dimensiones con las que se presenta son claramente distintas.

Por otro lado, a los fuertes desequilibrios sociales, políticos y económicos que existen, se añaden los desequilibrios sociales y culturales que surgen, sobre todo en los países del Norte donde la interculturalidad es cada vez más elevada, ligados a la falta de aceptación a la diversidad, la intolerancia con respecto al «otro», los choques entre los distintos sistemas de valores, entre las diversas culturas del mundo... Una problemática cada vez más grave a la que los estados del Norte no están sabiendo aún responder. Nos queda un largo camino que recorrer en términos socioculturales de globalización, estamos en el punto de partida y, por lo mismo, debemos apuntar a la «ciudadanía global» en condiciones igualitarias, en términos políticos, sociales, económicos y culturales.

Dentro de este panorama, la comunicación y la educación se presentan como herramientas y pilares fundamentales del desarrollo humano, en términos de consolidación de la cultura democrática dentro de sociedades que velan y hacen respetar sus derechos colectivos e individuales. Partimos de que la educación es la clave fundamental para el desarrollo, sobre todo en sociedades que aún no han logrado su consolidación como auténticas democracias.

Actualmente existe una distinción entre dos tipos fundamentales de países a nivel mundial, los desarrollados y los subdesarrollados. Pero esta distinción no sólo se da en términos del bienestar de sus poblaciones y el tamaño de sus economías, sino también en los estadios de democracia que viven sus sociedades, en términos oficiales11. La democracia como ideal probablemente no existe en ninguna parte del mundo, pero sin duda hay sociedades que se acercan más o menos a ella.

Intentaré demostrarlo a través de algunos ejemplos claros. El PNUD, al medir el Índice de Pobreza Humana (IPH), hace una distinción de indicadores para los países pobres (IPH-1) y para los países ricos (IPH-2). Entre ellos, el componente de alfabetismo difiere para el primero, como alfabetismo lecto-escritura y, para el segundo, como alfabetismo funcional. La línea de la pobreza, en el primer grupo, se mide por el porcentaje de personas cuyo ingreso es de un dólar diario y, en el segundo grupo, el criterio va más por las oportunidades económicas, se mide a partir del 50% de la media del ingreso per cápita del país. En el IPH-1 se puede interpretar como la medición del porcentaje de población humanamente pobre. El IPH-2 mide el acceso a las oportunidades.

Otro ejemplo es la conceptualización de la educación para el desarrollo en el Norte y en el Sur, que llevan a cabo las ONGD12 como línea de acción. Mientras que en el Norte se habla de sensibilizar y acercar las realidades de las poblaciones más desfavorecidas del mundo a las sociedades del Norte, en términos económicos, sociales y culturales, con el objetivo de formar nuevas generaciones solidarias, respetuosas de la diversidad, conscientes del mundo en el que viven y conocedoras de las causas del subdesarrollo... y así fortalecer la presión de la sociedad civil mundial hacia un orden político-socieconómico justo y equitativo para todos, fuera de estereotipos y clichés, como base de una «ciudadanía global». En el Sur estamos hablando de la educación en derechos humanos y ciudadanos y en el fortalecimiento de la cultura democrática como punto de partida para garantizar el respeto a sus derechos fundamentales y la posibilidad del desarrollo sostenible.

3. Comunicación y educación como herramientas para el desarrollo humano

El curso del sistema económico mundial actual y el proceso de globalización es invariable, y la intención no es adoptar posiciones maniqueístas. La intención es hacer una reflexión sobre los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías, que siendo el principal recurso mediador en la creación e introducción de los distintos discursos del mercado y del sistema, en los mismos términos pueden y deben servir para contrarrestar los efectos sociales. Es por esto que para poder influir en sus condiciones debemos conocer sus herramientas y potencialidades. El asunto no está en que la tecnología sea negativa o positiva, sino en la utilización y las funciones que le adjudiquemos según las necesidades sociales reales.

Mucho se habla y aún es poco lo que se ha hecho en relación a la educación como vía de desarrollo integral, a través de las herramientas y las técnicas de la comunicación. La investigación, el análisis de posibilidades y efectos de las nuevas tecnologías se da básicamente en función al desarrollo de los soportes y sus posibilidades tecnológicas y no hacia lo que debería ocuparnos en realidad: el desarrollo humano, social y global; y el establecimiento de objetivos en función a las nuevas necesidades que se presentan dentro del nuevo contexto mundial.

Las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de la globalización, al ser ahora los determinantes de este nuevo tipo de sociedad, deben ser tomados en cuenta con una lógica de aprovechamiento de sus posibilidades como agentes sociales, fuera de maniqueísmos. Dentro de este proceso de globalización, los actores sociales, dedicados a la reivindicación y presión hacia condiciones justas y equitativas para todos, no podemos dejarnos sorprender por sus alcances sin ver la manera de orientarlos hacia las nuevas necesidades sociales.

Por lo tanto, debemos tener en cuenta tres factores determinantes en el desarrollo de este nuevo proceso: 1) las infinitas y potenciales posibilidades de fusión, como los medios de comunicación masivos, Internet como medio de intercambio y fuente de conocimiento, el multimedia con sus múltiples posibilidades interactivas; 2) la necesidad social de la promoción y consolidación de la cultura de la democracia y la solidaridad, la inserción igualitaria dentro de la «sociedad del conocimiento» y la necesidad de la formación de una visión crítica, analítica y activa de los mensajes de los medios de comunicación; 3) los nuevos retos que se nos presentan para la utilización de las nuevas tecnologías como herramientas, dentro del ámbito de la cooperación, tanto oficial como de las ONG, para la reproducción de los sistemas de presión política a nivel global, alianzas globales entre distintos actores sociales, presión política, manifestaciones y reivindicaciones de la sociedad civil global...

Y todo esto hay que hacerlo tanto en educación formal y también de educación no formal, que, según Coombs, son las actividades educativas organizadas sistemáticamente y realizadas fuera del marco del sistema oficial, que facilitan determinadas clases de aprendizaje a subgrupos particulares de la población, como complemento a la educación formal (Coombs, 1989), generándose de esta manera nuevos espacios educativos ante las nuevas necesidades sociales, no como vía alternativa de educación, sino como complemento educativo que trata aspectos del aprendizaje integral del ser humano que no se contemplan en el sistema formal y que han sido reconsiderados e introducidos como fundamentales dentro del proceso educativo del individuo como persona y como ciudadano.

3.1. En la práctica, mucho por hacer

Los medios de comunicación son, como muchas veces se ha dicho, el espejo de una sociedad. Lo cual queda ampliamente demostrado a través de los diversos formatos que desarrolla y utiliza, tales como la publicidad –claro termómetro de los deseos, anhelos y frustraciones de una sociedad–, la televisión, Internet, el cine, etc. En este sentido haré referencia a algunos de ellos, como punto de partida para ver la factibilidad de su utilización para los fines de desarrollo humano en los términos antes expuestos.

3.1.1. La publicidad: ¿el reflejo de una sociedad?

El marketing y la publicidad, como herramientas de comunicación, han desarrollado técnicas muy elaboradas de comunicación orientadas hacia la seducción o persuasión para lograr fines comerciales muy efectivos. La pregunta es: ¿por qué no adaptar estas técnicas para el fortalecimiento de la cultura democrática, como hemos dicho antes, como base para el desarrollo y como línea de cooperación? Y digo adaptar porque claramente los objetivos son completamente distintos. Esto en términos del establecimiento de objetivos claros, de la captación de atención, del análisis y conocimiento exhaustivo de lo que en publicidad se llaman los grupos objetivos. De la transmisión de contenidos teniendo en cuenta tanto el qué como el cómo. De la investigación posterior o mediación de resultados, no en términos cuantitativos sino más bien cualitativos.

Desde hace pocos años, las ONG del Norte vienen utilizando las técnicas del marketing y la publicidad para la captación de recursos económicos privados. Es una línea que puede ser muy eficaz siempre y cuando se mantenga el equilibrio entre la política de captación y la de sensibilización. En algunos casos, este tipo de campañas también persiguen el objetivo de sensibilización, pero no es la mayoría de los casos.

Las técnicas del marketing y la publicidad pueden ser adaptadas a una y mil formas de promoción de la cultura democrática, como pueden ser campañas de concientización, en contra del racismo, para la adopción de determinados comportamientos y/o actitudes, transmisión de valores, etc. Estas técnicas ampliamente elaboradas para satisfacer objetivos comerciales, como técnicas que son, son susceptibles de ser adaptadas para los objetivos que nos tracemos.

3.1.2. Televisión educativa en clave talk-show

En el caso de la televisión como medio de comunicación masivo, también se vienen realizando experiencias ligadas a objetivos de desarrollo. Desde sus inicios se ha criticado este medio sin plantear vías factibles para aprovechar su potencial para impulsar fines educativos para la formación y desarrollo de nuestras sociedades. Ha habido infinitos intentos de programas y canales de televisión educativa, como siempre, algunos más acertados que otros. La pregunta es: ¿qué hace que uno de estos productos funcione o no? Tal vez tendríamos que detenernos a analizar no sólo los contenidos del material, sino también la forma de la transmisión. En este sentido, la creatividad juega un rol fundamental, que en muchos casos se ha dejado de lado contribuyendo al cliché de «educativo-aburrido».

La televisión ofrece una amplia variedad de formatos ampliamente aplicables a objetivos educativos, desde los talk shows, las franjas horarias para niños, las telenovelas, etc. Todos, que finalmente, no son más que formatos a vestir de contenido con un poco de creatividad. En este «Comunicar» se presenta una experiencia actual de televisión educativa que está teniendo muy buenos resultados.

3.1.3. Internet: movilización virtual de la sociedad

Quizá lo más novedoso en este tema esté siendo la utilización de Internet, que sin duda representa el giro hacia la era de la información y sus consecuentes transformaciones social, política y económica. Por muchos comparable a la primera revolución industrial13, ya que ha significado y significa una gran transformación en el comportamiento y evolución de la sociedad en todos sus niveles desde las formas de la vida cotidiana, hasta los procesos políticos y económicos, sobre todo por convertirse en la herramienta de viabilidad de la globalización.

Lo que en principio podemos aprovechar de Internet, además de la interconexión y la facilidad de intercomunicación –entre quienes cuentan con acceso a él–, es el acceso y la posibilidad de circulación de la información. Es cierto que Internet es un medio en muchos sentidos anárquico, pero ofrece una posibilidad sin parangón en este aspecto.

De esto se desliga que Internet y sus distintas posibilidades empiece a ser una canal ampliamente eficaz para la coordinación y movilización social. A través de listas de distribución y adhesión a causas específicas, para enviar hordas de mensajes a personajes estratégicos, se hace en distintas campañas de presión política de ONG por ejemplo, para la coordinación de grupos o movimientos de protesta o reinvindicativos, como la consulta sobre la abolición de la deuda externa en España, etc.

Internet se presenta hoy en día como el único medio masivo, libre y potencialmente democrático, sin control ni monopolios de intereses privados ni públicos, un espacio social para el desarrollo y movilización. Digo potencialmente democrático porque hasta el momento el acceso a este medio es muy reducido para los países subdesarrollados. Además, hay que tener en cuenta que para acceder a Internet, es necesario previamente el acceso a la electricidad y al teléfono, lo cual en este tipo de países no es ni mucho menos general. Aunque Negroponte (1995), gurú de las nuevas tecnologías, diga que «esto es un problema que se disolverá en muy poco tiempo, con la democratización de las nuevas tecnologías y pasen a formar parte del contexto habitual de nuestras vidas o, en realidad, de las nuevas generaciones».

Hasta hace muy poco era escéptica al respecto, pero al haber vivido experiencias muy interesantes de participación social y espacio para la formación de tejido asociativo, se me presenta con nuevas luces. La brecha en el acceso a estas nuevas tecnologías es aún muy grande, pero hay vías de acercamiento que ya se empiezan a practicar, por ejemplo en América Latina, como parte de proyectos de cooperación para posibilitar el acceso de poblaciones empobrecidas o aisladas a la información y a la educación a distancia.

La intención no es hacer un recuento de experiencias y posibilidades, sino abrir una puerta para la creación de alternativas. La confluencia de la comunicación y la educación orientada hacia el desarrollo es un tema relativamente nuevo y con un potencial muy importante a seguir descubriendo.

4. Conclusión y punto de partida

El desarrollo individual y colectivo, si bien es una responsabilidad y un deber, es antes un derecho. Un derecho que sólo puede ser ejercido cuando se cuenta con la posibilidad de acceder a las oportunidades necesarias para labrar el propio desarrollo. Esto como punto de partida. Si bien el concepto del desarrollo se ha logrado afinar en términos sociales, el reto de los agentes de cooperación es llevarlo a la práctica.

La historia de la cooperación nos dice que el planteamiento de proyectos se ha dado en función de los discursos de «moda» establecidos por los grandes agentes de cooperación oficial, como el Banco Mundial principalmente. Lo que ha llevado a que hasta la actualidad hayan tenido enfoques economicistas y asistencialistas. La cooperación con el objetivo de reforzar las sociedades civiles ha sido muy pobre, tanto para la cooperación oficial como para la gubernamental (ONGD). Actualmente, el panorama empieza a cambiar, como que va cambiando lentamente el discurso de la cooperación. Hoy se habla de los derechos fundamentales, socioeconómicos, ciudadanos... como base para el desarrollo humano y sostenible y se empiezan a apoyar proyectos de fortalecimiento de la sociedad civil y de la consolidación del tejido asociativo, aunque como parte de proyectos más amplios de desarrollo integral.

Este es un punto de partida tan fundamental como todo el resto, ya que viene siendo hora de que todos los agentes de cooperación comprendan que se pueden edificar escuelas, hospitales, pozos de agua, repartir semillas, posibilitar microcréditos... pero si los derechos fundamentales no están garantizados, el día de mañana cuando lleguen gobiernos arbitrarios y perversos, militares abusivos, guerrillas sin norte, empresas que pasan por encima de comunidades enteras por su propio beneficio económico, etc., todo el trabajo anterior volverá al punto de partida... como ha ocurrido infinitas veces en muchas partes del mundo y con muchos proyectos de desarrollo.

¿Qué hacer? En este campo queda mucho por hacer; aunque existen infinidad de experiencias, queda mucho por hacer. El reto estará en cómo logramos ir aprovechando las herramientas de la propia globalización, que para nuestro caso son las nuevas tecnologías de la comunicación y los propios medios de comunicación y las técnicas desarrolladas con fines más bien comerciales, políticos, partidistas, etc., para el objetivo de educación para el desarrollo, que como ya he dicho, empieza por la consolidación de la cultura democrática.

En este sentido, sin duda alguna, la responsabilidad está en manos de todos. Los estados en relación con políticas estructurales orientadas hacia un nuevo concepto de educación formal y no formal, permiten espacios sociales verdaderamente democráticos. La escuela y los profesores, como formadores y medio de la viabilidad de este nuevo sentido de educación. Los profesionales –pedagogos, comunicadores, psicólogos, sociólogos, directores cinematográficos14, etc.– con un sentido participativo dentro de una concepción interdisciplinaria.

El individuo, como responsable de su formación como ciudadano responsable, crítico y participativo dentro de su entorno social; los organismos de cooperación internacional –tanto oficial y público como las ONGD– como propulsores de todo este proceso, impulsando líneas de cooperación en este sentido; las empresas adoptando posiciones de responsabilidad social...

Todos los agentes sociales tenemos nuestra parte de responsabilidad y la posibilidad de hacerlo. Pero no sólo de asumir como tal el proceso, sino también la aceleración con la que se está produciendo. Es imprescindible promover una interacción que asegure la evolución positiva de nuestras sociedades 15 .

La educación en valores, en derechos... la promoción de la cultura democrática tendría que plantearse como una línea clara de cooperación, utilizando todas las herramientas de la comunicación para hacerlo posible. Hasta el momento, el problema ha sido la obtención de recursos económicos para apoyar este tipo de iniciativas, que al ser no tangibles ni demostrables cuantitativamente, han encontrado fuertes dificultades para la obtención de recursos de las grandes financiadoras, sobre todo públicas o multilaterales, esperemos que la tendencia cambie. Por lo pronto, las grandes ONGD del Norte, que van aumentando considerablemente sus recursos privados, a partir del fundraising, podrían reforzar esta línea de acción. Las herramientas existen y están a la mano, sólo hay que explorarlas y explotarlas. El terreno de acción es muy amplio y está abierto a ser utilizado. Sólo hay que ponerlo en práctica, desde una perspectiva multidisciplinar y complementaria. Porque comunicación es sobre todo transmitir, utilizando los medios que sean necesarios para lograr la comprensión entre unos y otros.

Notas

1 PREBISH y SINGER (1950): Enfoque de la dependencia: estructuralismo latinoamericano. CEPAL.

2 Exportadores de productos primarios o materias primas.

3 Países industrializados.

4 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

5 Excluyendo Sudáfrica.

6 Comité de Asistencia al Desarrollo: grupo de países donantes para programas de desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

7 Para profundizar en los conceptos de desarrollo humano, pobreza humana y sus respectivos índices (IDH-IPH), se recomiendan los Informes sobre Desarrollo Humano del PNUD (www.un.org/Publications) o a través de la editorial Mundi-Prensa Libros (www.mundiprensa.com).

8 Norte = países desarrollados miembros de la OCDE / Sur = países subdesarrollados, Tercer Mundo...

9 En el informe del proyecto Nora-Ming sobre informática, en Japón, surgió un nuevo concepto que engloba las características de la nueva sociedad emergente, dictaminada por el flujo de la información, ésta es la «sociedad de la información».

10 Delors, 1996.

11 Existen infinitas comunidades indígenas o microsociedades que preservan sus propios sistemas comunitarios políticos y socioeconómicos, muchos de los cuales ejercen la democracia, aunque en otros términos, mucho más puramente que las democracias occidentales.

12 Organización No Gubernamental de Desarrollo.

13 VARIOS (1993): Crecimiento, competitividad y empleo. Bruselas, Libro Blanco, CEE.

14 Se me vienen a la mente muchas películas de cine, como Oriente es Oriente (inglesa), El Bola (española), A la espalda del Mundo (española), La Vendedora de rosas (colombiana), Orfeo (brasileña), etc. que surgen como documentos de denuncia y sensibilización. Una forma más de tratar a nivel masivo diversos temas sociales, muchos de ellos que afortunadamente empiezan a reivindicarse cada vez con más fuerza. Como la xenofobia, el maltrato infantil, la pena de muerte, los barrios periféricos de las grandes ciudades producto de «invasiones» migratorias, los niños de la calle, la inmigración... Otro ejemplo más de lo que puede ser un proyecto de cooperación en comunicación.

15 RENAUD, D. (1998): Conferencia Comunidad y Educación. Barcelona, UAB.

Referencias

CASTELLS, M. (1997): La Era de la Información: Economía, sociedad y cultura, Vol. 1: La Sociedad Red. Madrid, Alianza.

DELORS, J. y OTROS (1996): Los cuatro pilares de la educación / Educación para toda la Vida, en La educación encierra un tesoro. Madrid, UNESCO/Santillana.

FUNDACIÓN SANTILLANA (1991): La Educación no formal, una prioridad de futuro. Documentos de un Debate. Madrid, Santillana.

MARTÍNEZ PEINADO, J. y VIDAL, J. (Coords.) (1995): Economía mundial. Madrid, Mc Graw Hill.

NEGROPONTE, N. (1995): El Mundo digital. Barcelona, Ediciones B.

PEREDO POMBO, J.M. (1999): Opinión pública y desarrollo. Madrid, Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación.

PNUD (1995 y 2000): Informe de Desarrollo Humano.

SARRAMONA, J. (1982): La educación no formal. Barcelona, CEAC.