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Revista Comunicar 16: Educación y comunicación para la cooperación y el desarrollo (Vol. 8 - 2001)

La pobreza no es cuestión de estudios, sino de soluciones

https://doi.org/10.3916/C16-2001-14

Diego-J. González

Abstract

El grado de conocimiento, en cuanto a información y concienciación ciudadana, es, a nivel general, ya más que suficiente como para fomentar la reflexión en torno a qué se puede hacer para la búsqueda de soluciones ante el grave problema de la pobreza, ya que la sociedad tecnologizada no ha sido la panacea que algunos vaticinaban para el progreso social y la erradicación de las diferencias. Se hace necesario, por tanto, asumir un grado de compromiso intelectual, personal y colectivo, que supere la reflexión y se encamine a la búsqueda de acciones que transformen las ONG en verdaderas organizaciones para el cambio social.

Keywords

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Las palabras significan lo que uno quiere que signifiquen, más o menos es lo que viene a decir Alicia en el libro de Lewis Carroll y éste parece ser el verdadero mensaje que se ha apoderado de nuestra sociedad en este fin de siglo. Los partidos políticos y el mercado lo saben, los medios de comunicación lo saben ¡Y todo el mundo actúa en consecuencia! Ahora «vende» el tema solidario: los partidos políticos se acercan a las ONG (cuando no las crean), el mercado lo utiliza como una estrategia más de hacer negocio (hasta que se acabe el filón, entonces ya vendrá otro), los medios de comunicación también lo utilizan como una estrategia para ganar audiencias (a fin de cuentas se trata de hacer negocio, simple y llanamente). «La cuestión está en cómo transformar las dificultades en posibilidades». Así de simple y, a la vez, así de complejo. Porque de lo primero que tenemos que ser conscientes es de que existen dificultades para transmitir un mensaje claro y preciso de que no es caridad lo que reclama la Humanidad, sino una transformación profunda, un verdadero cambio social donde la solidaridad sea un valor fundamental para organizar la vida en sociedad.

Buscamos una solidaridad disidente, no complaciente. O sea, todo lo contrario a lo que se viene haciendo hoy en día: la acción puntual, concreta, que alivia el dolor de nuestras débiles conciencias egoístas. Las galas benéficas, nuestras limosnas y donativos... son ejemplos de lo que decimos. Se hace necesaria, por tanto, una transformación radical en nuestra forma de pensar y entender la solidaridad. En este sentido, los medios de comunicación pueden contribuir a socializar políticamente a la población, sensibilizar a la opinión pública, crear conciencia social e incluso contribuir a su educación.

1. La Educación para el Desarrollo es una educación política

Con el descrédito que tiene hoy en día la política (ganado a pulso, por otro lado, por quienes la ejercen de manera partidista-empresarial), este encabezamiento puede parecer hasta inadecuado. Pero nada más lejos de la realidad desde el momento en que parte de la propia realidad, que hace una lectura no neutra del mundo en la que se ponen de manifiesto los profundos desequilibrios entre el Norte (pequeño, pero inmensamente rico) y el Sur (enorme, pero inmensamente pobre) generados a lo largo de la Historia por la acción del hombre, desde el momento en que tomamos conciencia de que esta situación debe ser denunciada al tiempo que nos planteamos la necesidad de establecer un modelo alternativo de desarrollo que fomente el ejercicio de la igualdad en deberes y derechos.

Hay que llamar a las cosas por su nombre, porque si no corremos el riesgo de que pierdan su verdadero significado, como parece ser que (nos) está sucediendo en nuestro privilegiado y acomodaticio Primer Mundo, donde se está extendiendo un sujeto humano bastante impermeable al dolor ajeno. En este sentido son crecientes los estudios que ponen de manifiesto que la mundialización de la información uniformiza, trivializa, simplifica y reduce la importancia de los acontecimientos que el individuo puede adquirir. Que nadie se engañe, ya que es sabido que la marginación no es casual, sino causada; no es fruto del azar, de la fatalidad, ni de las fuerzas incontrolables del destino. Si la marginación-exclusión viene causada estructuralmente por el sistema neoliberal, las soluciones verdaderas y de fondo han de venir por cambios efectivos y radicales en dicho sistema. La ayuda oficial al desarrollo que destina el conjunto de los países de la OCDE ha disminuido significativamente en la pasada década, pasando del 0,36% al 0,24% del PNB, muy lejos del 0,7% al que los países industrializados se habían comprometido solemnemente en varias conferencias de las Naciones Unidas. En África subsahariana se encuentran 29 de los 36 países pobres más endeudados, a los que se dirige la iniciativa de alivio de la deuda del Banco Mundial, y que se está aplicando con extrema lentitud por la rigidez de las condiciones que permiten a los países candidatos beneficiarse de ella. Y así, los países africanos destinan al pago del servicio de la deuda el triple de lo que invierten en educación y salud en conjunto. Los gastos militares en Asia crecieron una media del 26% entre 1988 y 1997, un 14% en Sudamérica y más de un 45% en los países del norte de África durante el mismo período. El gasto militar sigue representando entre 700.000 y 800.000 millones de dólares anuales, mientras que garantizar un techo, agua potable y servicios sanitarios básicos a los 1.300 millones de personas que viven en la pobreza absoluta costaría 130.000 millones de dólares. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha calculado que los dividendos de paz debidos a la reducción de los presupuestos militares en los años noventa, especialmente en Estados Unidos y Europa, ascienden a 900.000 millones de dólares que, sin embargo, fueron absorbidos por la reducción de los déficits presupuestarios, desaprovechando así la oportunidad de realizar inversiones para el desarrollo. Esto es lo que hay: un mundo (en el plano general) y una sociedad (en un plano más concreto) cada vez más insolidarios e individualistas.

2. La educación para todos, el gran reto del siglo XXI

En 1995 los gobiernos reunidos en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhage situaron el objetivo de la educación básica y universal para el año 2015; ahora, un amplio movimiento social, reunido en torno a la Campaña Mundial por la Educación nos advierte de que, si las cosas no cambian, ni siquiera el 2015 será una meta alcanzable. ¿Qué ha pasado? ¿Es un problema de costes económicos? Desde luego que no. Los gobiernos disponen de los recursos suficientes para hacer frente al gasto que supone la educación básica universal; esto es, el acceso a la escuela primaria de todos los menores entre 6 y 12 años y la alfabetización de los adultos. Menos de un 2% de la ayuda bilateral de los países de la OCDE se destina a programas de educación básica, cuando existe un consenso general de que la educación de su población es clave para el desarrollo de cualquier país y la triste realidad es que aún hoy la mitad de los niños y niñas de toda el África subsahariana sigue sin escolarizar. Sólo con que los países desarrollados aumentaran su ayuda a la educación básica hasta un 8% de su cooperación bilateral se conseguiría el 50% de lo que se precisa para garantizar la escolarización de todos los niños y niñas. «Es, esencialmente, una cuestión de voluntad política», sentencia Federico Mayor Zaragoza. Creo que no hace falta hacer ningún comentario al respecto.

3. Comercio justo y consumo responsable

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informa de que hay mas de 200 millones de niños (y niñas) trabajando en el mundo. Muchas de las multinacionales que nos invaden con sus productos de marca utilizan esta mano de obra barata. Solamente el 1% de las transacciones de los 1.500 millones de dolares diarios de transacciones monetarias se dedican a crear riqueza nueva; todo lo demás es especulación. Por lo tanto los ciudadanos y ciudadanas tenemos la obligación de exigir que se modifiquen las reglas del juego impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), mientras tanto tenemos la obligación de realizar un consumo responsable que se enfrente directamente a la estructura del propio sistema consumista. Aquí empieza nuestra propia responsabilidad y no hay excusas que valgan.

Hay carencia de solidaridad porque somos insolidarios con nuestras prácticas de consumo, con nuestros hábitos de transporte, con nuestras actitudes y comportamientos racistas, con nuestras políticas de inmigración, con la competitividad y la productividad como principales motivos de nuestros quehaceres.

4. La necesidad de indignación

Freire hablaba de la educación como concienciación, como emancipación, como transformación, en definitiva, tanto personal como social. ¿Qué tiene que ocurrir entonces para que brote la indignación en nosotros? ¿Nos tiene que dar, de lleno, la marginación, la pobreza, la exclusión? Quiero pensar que cada vez somos más los ciudadanos y ciudadanas que hemos alcanzado un grado suficiente de conocimiento de esta realidad injusta y desigual, un nivel de concienciación e indignación que nos lleva a tomar (al menos tímidamente) las riendas de nuestros destinos. Quiero pensar que hemos conseguido dar los primeros pasos y que sabemos lo que queremos tanto como lo que no queremos. No hay marcha atrás posible, ni tregua ni descanso. Es una lucha desigual, pero al menos podemos tener la certeza de que nos acompañan los altos ideales de alcanzar una sociedad más justa y solidaria.

La pobreza no está para que la estudiemos, sino para que la resolvamos. Estas palabras, pronunciadas por Vicente Ferrer, han constituido el origen de la presente comunicación. He escrito desde la más profunda convicción de que la educación es una pieza clave para el desarrollo sostenible de nuestro Planeta, una educación básica y universal para todos los ciudadanos y ciudadanas de esta «aldea global ». Cada ser humano tiene la enorme tarea y responsabilidad de contribuir.

Notas

Para la elaboración de esta comunicación se han utilizado como referencias las comunicaciones presentadas en el anterior monográfico de «Comunicar» dedicado a los «Medios de Comunicación y Educación para la Solidaridad » al considerar que aquél complementa el presente tema monográfico.