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Revista Comunicar 16: Educación y comunicación para la cooperación y el desarrollo (Vol. 8 - 2001)

Comunicación para un proyecto de comunidad, participación y desarrollo

https://doi.org/10.3916/C16-2001-15

Celeste Viale-Yerovi

Abstract

En 1997 la autora de este trabajo fue invitada por UNICEF a diseñar y dirigir un proyecto de comunicación para la promoción de los derechos de las niñas y los niños de las zonas rurales andinas de Perú. Esta experiencia permitió que un grupo de jóvenes y adolescentes de los departamentos de Cusco y de Cajamarca, recordando a los mensajeros peruanos de otros tiempos, emprendieran la tarea de recorrer plazas, calles, caseríos y comunidades de los Andes, difundiendo la necesidad del respeto y vigencia de los derechos de los niños como condición para alcanzar el bienestar y el desarrollo al que as-piran sus pueblos.

Keywords

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1. Una introducción al contexto rural peruano

Para quienes tenemos que entrar y salir frecuentemente de Lima hacia el interior del país, resulta difícil transitar entre la modernidad tecnológica al alcance de la mano: computadora, CD, cable, cajero automático, celular; y la callecita de la sierra rural sin un letrero luminoso, un cine, o apenas con un centro telefónico comunitario instalado en una pequeña tienda cercana a la plaza. Pasar de los cuatro periódicos capitalinos a las tres páginas de una edición provincial que poco informan. De la cocina globalizada al monótono caldo de carnero.

El sociólogo Nelson Manrique afirma que paradójicamente el Perú, siendo un país muy pobre, termina estando por delante en asuntos de tecnología, más que muchos países de Europa. Estudiosos de los procesos de comunicación en América Latina expresan que a nivel de la región, Perú es líder en número de usuarios de Internet. Sin embargo, nos cuesta imaginar que en un corto plazo el hombre andino pueda estar interconectado a la red de información internacional, navegando por las rutas del ciberespacio.

Según el Informe Poblacional 19971, la sierra rural es la zona del Perú donde se concentra el mayor número de pobres. Si bien la Amazonía Peruana presenta también altos niveles de pobreza y exclusión, no alcanza los índices de la región andina, donde el 66.2% padece la pobreza y de ellos el 45.5 % es víctima de pobreza extrema, es decir, aquellos cuyo gasto no alcanza para satisfacer siquiera sus necesidades nutricionales básicas.

Para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la esperanza de vida constituye uno de los índices del desarrollo humano, pero si comparamos los departamentos que se encuentra en los extremos del cuadro peruano, veremos que mientras Lima presenta una esperanza de vida de 75. 9 años, el polo opuesto, Huancavelica, aspira sólo a 54.4, lo que hace una diferencia de 25 años. Si bien es cierto que en relación a años anteriores la esperanza de vida en Huancavelica ha mejorado, la brecha con el indicador de Lima no se ha acortado. Es más, en el año 72, la distancia con la capital era sólo de 10 años.

Cajamarca, el tercer departamento más pobre del país, con una población cercana al millón y medio de habitantes, tiene una de las tasas más altas de analfabetismo y los medios de comunicación no han ayudado a reducirla. La relación entre el consumo de medios y la reducción de la tasa de analfabetismo en los países en desarrollo señala que su incidencia en la superación de las deficiencias educativas, está por debajo de las expectativas.

Podemos seguir recorriendo las rutas de nuestro país y encontrar que hacia adentro hay muy pocos signos de transformación en cuanto a la superación de la calidad de vida. Sin duda, éstas son profundas disparidades de las que el Perú siempre padeció, pero hoy, con la irrupción de las nuevas tecnologías surge la preocupación sobre si ellas aportarán a disminuir la brecha o ensancharla.

Y es que no podemos imaginar una globalización, sólo en línea recta, hacia arriba. El antropólogo Humberto Campodónico afirma que «El Perú se estaría asemejando a una avenida de dos vías: en una transita la modernidad y el progreso y en otra la marginalidad social y la pobreza. Aunque la avenida es una sola, pareciera que las dos vías estuvieran desconectadas y no tuvieran nada que ver la una con la otra. Una vía es más grande que la otra, y sin embargo a nivel de percepción se le estaría prestando más atención sólo a la del progreso y el avance»2.

2. Desarrollo, ciudadania e infancia rural

En la tarea del desarrollo con rostro humano, están comprendidas todas las personas, porque son ellas las que viven en el presente e imaginan su futuro. Es decir son diseñadores y constructores de su proyecto de desarrollo personal y social en tanto puedan ser ciudadanos.

Sin embargo, la ciudadanía, en la sierra rural es un valor que poco se conoce, que poco se aprecia, que poco se ejercita, no se asume ni para sí ni para los demás, menos aún puede ser concebida como una aspiración para los hijos. Y es en esta restringida posibilidad de desarrollo de los hombres y mujeres campesinos, que se juega también su autopercepción como sujetos de derechos. La conciencia ciudadana, la conciencia de tener un valor como ser humano al que le corresponde una serie de derechos, es un aspecto muy frágil en términos personales y sociales. Las personas con baja autoestima y débil autopercepción sobre sus posibilidades de desarrollo personal y social difícilmente pueden llegar a jugar un rol protagónico en el cambio social. Y es probable que sus hijos en un contexto de discriminación e injusticia perpetúen la misma actitud.

Cuando nos referimos a ciudadanía, estamos tomando el concepto de ciudadanía inclusiva, aquella que hace referencia a la participación responsable de todos los miembros de una comunidad, sin ninguna discriminación, es decir donde también están considerados los niños como sujetos de derechos, con niveles de participación en la vida familiar y social. Donde se ofrecen los espacios para que puedan expresar sus opiniones y donde sus puntos de vista puedan ser respetados.

Pero lejos de tener posibilidades de alguna forma de expresión libre y creativa, los niños de la sierra del Perú trabajan desde muy pequeños y sirven fundamentalmente como fuerza laboral y ayuda de la familia. Las niñas y niños del campo son percibidos por sus padres como bien de uso, es decir que sirven en la medida que producen, por tanto su valor puede estimarse como el de un objeto de intercambio; peor aún, si el niño es pequeño y no produce, no tiene valor. Esta mirada hacia la infancia provoca que niñas y niños de la sierra desde sus primeros años sean víctimas del abandono y del maltrato familiar.

La historiadora peruana María Rostworowski señala que en Los Andes «el nacimiento de los hijos es un acontecimiento importante en la familia nuclear pues cumple y fortalece su razón de ser. Los hijos son una afirmación social y una futura ayuda en el trabajo del hogar. El concepto andino de crianza infantil no se asemeja a las ideas occidentales que se horrorizan ante el trabajo del niño».

Sin bien esto es cierto, también es cierto que en muchos casos el trabajo infantil se convierte en situación de maltrato, no sólo porque pone en riesgo la integridad física de las niñas y niños sino porque recorta su derecho a la educación, al juego y a la salud.

3. La comunicacion para el ejercicio de la ciudadania y el desarrollo

La complejidad de la situación de marginalidad por la que atraviesan miles de niñas y niños de las zonas rurales andinas requiere de un abordaje multidisciplinario así como la creación de estrategias múltiples a diferentes niveles. Y la comunicación tiene en ello un gran rol que cumplir, porque la comunicación, así como reproduce actitudes y conductas, también puede modificarlas.

En el camino recorrido hasta hoy se señala que, en contra de las aspiraciones de muchos teóricos, los medios de comunicación han jugado más un rol de reforzadores de actitudes y valores que de provocación al cambio. Y es a la luz de estos conceptos, que la comunicación aparece como reforzadora de una lógica contraria a la idea de las comunicaciones como proceso de relaciones equitativas, de un sistema de participación continua en los asuntos políticos, sociales y culturales de un país.

Por ello, en la misión comunicativa orientada al desarrollo, la movilización social es quizá la dimensión más importante, porque a través de ella se manifiesta el resultado de la convocatoria, expresada en la conciencia y la sensibilización.

En esta línea de experiencias, de incorporación activa de la comunidad el proceso de movilización, PROANDES-UNICEF3, desde 1997, auspicia esta propuesta donde jóvenes chasquiwawas4 de los departamentos de Cusco y Cajamarca vienen desempeñando un rol inédito y exitoso como promotores de difusión de derechos, combinando la capacitación y difusión a través de campañas que buscan promover el respeto a los derechos fundamentales de las niñas y niños. Ahora bien, cuando los propios derechos de los pobladores se ven vulnerados cotidianamente y la visión de futuro es inconsistente, resulta difícil llamar la atención de los padres de familia y maestros sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. En ese sentido, la combinación de canales de comunicación en el desarrollo de las campañas constituyeron un valioso aporte. Es decir, la utilización complementada de medios masivos como la radio, el periódico o la televisión, con vías interpersonales como el teatro, los títeres y pasacalles5.

4. Los chaskiwawas: motores de una comunicacion para el desarrollo

En el primer año del proyecto, 180 jóvenes y adolescentes de Cusco y de Cajamarca fueron capacitados tanto en temas relacionados con los derechos y sus instrumentos de protección, como en técnicas de teatro, títeres y serigrafía. De este modo, ellos mismos elaboraban sus guiones, libretos, máscaras, vestuario, volantes y afiches. Dos años después esos mismos jóvenes y otros más que se fueron incorporando a la propuesta, daban testimonio de lo aprendido.

En nuestras salidas, nos encontramos una vez con una abuelita que maltrataba a su nieta, nosotros fuimos a conversar con ella y nos decía «pero es que son muy malcriados, no obedecen»; nos decía que cuando era niña a ella le pegaban con la rienda, «con eso me daban y tenía que obedecer porque si no...»; entonces nosotros le decíamos: «Ya ve, cómo ha crecido, renegada hasta con su nieta» (María Teresa Rodríguez, chaskiwawa de la provincia de San Marcos, Cajamarca). Y es que el derecho al buen trato es uno de los temas sobre los que más hay que incidir, los estudios existentes señalan que el 49% de niñas y niños recibe golpes por parte de los padres y esto es considerado –incluso por los propios niños– como un método natural de disciplina. Con la creación de las «demunas»6 aumentan las posibilidades de denuncias de casos de maltrato, sin embargo hay aún mucho silencio, mucho miedo, mucha indiferencia y también mala información.

«El grupo de chasquiwawas es bastante reconocido en Bambamarca, no sólo en la ciudad sino también en las comunidades. En algunas zonas hemos hecho varias visitas y hemos observado un cambio de actitud, en las rondas, en los tenientes gobernadores y también en algunos profesores quienes en un inicio, bueno, se notaba que tenían un rechazo hacia las campañas y ellos se sentían como agredidos pero después entendieron que es cuestión de comprender bien que los niños son sujeto de derechos y que había que hacer vigentes esos derechos. Al alcalde de la provincia, al principio casi no le interesaba el trabajo que hacíamos, pero luego de tantas campañas, donde se ha involucrado, se ha observado en él un cambio total. Él es hoy un protagonista de la difusión de los derechos del niño (César Mejía, director del Instituto Nacional de Cultura de Bambamarca, Cajamarca).

Sólo entre 1998 y 1999, su segundo año de trabajo voluntario, los chaskiwawas han realizado 140 presentaciones de teatro y títeres, sobre el derecho a la educación, al buen trato y al registro de nacimientos. Presentaciones en comunidades y caseríos que contaron con un público de aproximadamente 20.000 personas.

El apoyo de los medios de comunicación ha sido también un elemento decisivo para alcanzar el impacto obtenido. Junto a las presentaciones, 18 espots en quechua y castellano fueron transmitidos por las radios locales más importantes, calculándose un público oyente de 135.000 familias entre Cusco y Cajamarca. Además, se produjeron 50.000 impresiones, de los cuales 45.000 fueron volantes y 5.000 afiches repartidos o colocados en plazas y calles de los lugares visitados.

Las distancias entre las comunidades son grandes. Muchas veces se sale en carro desde la capital de la provincia, pero se llega caminando hasta el lugar de las presentaciones. En los casos más difíciles hay que hacer el camino a pie, abriéndose paso entre los cerros. Ahí está el ejemplo de esos cinco chaskiwawas de Cusco que salieron muy temprano de esa ciudad con dirección a la comunidad de Huancahuanca, en el distrito de Huanoquite, provincia de Paruro, departamento del Cusco, llevando un cargamento de material de lectura y escritura destinada a los niños del Centro Educativo Primario, el único de esa localidad. El retorno lo emprendieron todo a pie, porque ya no había la movilidad del Municipio. A 4.000 metros de altura. El calor de 30° soportado esa mañana, se fue haciendo lluvia y granizada, conforme se acercaba la noche.

Aunque son obvias las dificultades, el entusiasmo no se pierde: «A mí lo que más me agradó fue la jornada de recreación que dentro de la campaña de buen trato, hicimos con padres de familia en un centro educativo. Invitamos a los papás y mamás de los niños de los 101 COMUNICAR 16, 2001 primeros grados, simplemente para que jugaran con sus hijos e hicieran cosas juntos. Fue muy emocionante verlos, una señora lloró de agradecimiento, nos dijo que era la primera vez que podía jugar con su hija porque no tenía tiempo. Otros padres al comienzo no querían jugar, pero cuando se animaron fue algo extraordinario. Tengo la alegría de haber ayudado a que los padres viviesen lo que es el buen trato y eso es mejor que mil palabras» (Karina Muñoz, chaskiwawa de Cusco).

Es así como los chasquiwawas van conociendo la dimensión del problema, comprobando los datos estadísticos, constatando la veracidad de esas cifras escritas en papel, confirmando por ejemplo, que en el departamento de Cajamarca el 50% de los adolescentes no asisten a la escuela. En la provincia de Paruro, en el departamento del Cusco, del 100% de alumnos matriculados sólo el 65% llegan efectivamente al tercer grado de educación primaria.

Probablemente los chaskiwawas tengan pronto que dejar esos lugares en que les ha tocado nacer, vivir y crecer. Seguramente emigren en busca de mayores posibilidades de educación y empleo. Pero hay algo que trasciende al tiempo y al espacio de la experiencia vivida. Es el impacto producido en sus propias vidas. Ahora, esos adolescentes y jóvenes tienen una visión diferente del mundo presente y del porvenir.

«Antes de que yo integre este grupo, como tengo hermanos, a veces cogían mis cosas y yo rápido les respondía con un manotazo, pero ya he ido cambiando. Si hay alguna cosa, algo de malo, yo les tengo más paciencia, converso por primera vez, por segunda vez, Con los niños de la calle también he cambiado. Antes a mí no me importaba, ahora sí. Me interesa más que todo el maltrato psicológico. Por ejemplo ahora me doy cuenta que a mi hermanito no le puedo decir: «Eres bruto», o cosas así, eso deja una herida y es más grave que la física, porque es incurable» (María Teresa Rodríguez Paredes).

Y es que quizá el elemento central de la sustentabilidad de esta experiencia de comunicación, lo constituya este bagaje de conocimiento adquirido. Conocimientos que se expresan en las nuevas formas de relación con sus padres y hermanos, con sus compañeros de escuela, con su comunidad. Esa comunidad que los excluyó y que hoy está no sólo reconociendo su trabajo sino apreciando sus aportes.

La seducción que en esta parte del mundo ejerce el autoritarismo, como forma de vida y de gobierno, provoca en quienes lo sufren, niveles de frustración muy altos, depresión psicológica y moral que lleva a la inacción, a la pasividad, a la dejadez, a la pérdida de interés por los asuntos públicos, finalmente al sometimiento. De todo lo cual se suele sacar provecho para justificarlo y perpetuarlo.

Esta experiencia de comunicación, sustentada en las capacidades locales y el ejercicio ciudadano, ha permitido que estos pequeños grupos elaboren un concepto nuevo sobre el tipo de desarrollo que necesitan nuestros pueblos, sobre quiénes deben construirlo y sobre el perfil de quién debe liderarlo.

Notas

1 CPI. MARKET REPORT: Informe Poblacional 1997.

2 CAMPODONICO, H. (1994): «Realidad grande, realidad chica», en Márgenes de Encuentro y Debate, 12.

3 PROANDES: Programa Subregional Andino de Servicios Básicos contra la Pobreza. Ha funcionado desde 1988 uniendo los esfuerzos de los gobiernos de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela con los de UNICEF, para aumentar el suministro de servicios sociales para las poblaciones más necesitadas, especialmente las indígenas y las negras que suelen quedar marginadas de éstos y del desarrollo en general.

4 Nombre adoptado por los jóvenes y adolescentes del proyecto, y que proviene de la conjunción de dos palabras quechuas: «Chaski» que significa mensajero y «wawa» que significa niña o niño.

5 «Los cambios de comportamiento se generan y se mantienen con mayor probabilidad a través del apoyo interpersonal, particularmente a través del tejido social preexistente, aunque para muchas campañas esta aproximación puede no resultar económicamente ventajosa», en RICE y ATKIN (1989): Principios de las campañas de comunicación pública de éxito; y en BRYANT, J. y ZILLMAN, D. (1996): Los efectos de los medios de comunicación; 505.

6 Defensoría Municipal del Niño y el Adolescente.