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Revista Comunicar 16: Educación y comunicación para la cooperación y el desarrollo (Vol. 8 - 2001)

Los medios de comunicación en la educación social: el uso de la radio

https://doi.org/10.3916/C16-2001-20

Fernando López-Noguero

Abstract

Los continuos cambios sociales requieren constantes replanteamientos del papel de la educación en la sociedad contemporánea. El autor de este trabajo apuesta plenamente por la necesidad de buscar nuevas concepciones de lo educativo desde el enfoque de la educación permanente y la educación social, incidiendo en la importancia que un medio de comunicación, como es la radio, puede desempeñar en contextos educativos no formales.

Keywords

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1. Un nuevo concepto de educación para una sociedad en evolución

Actualmente atravesamos una época pletórica de alteraciones y mutaciones que se producen a una velocidad muy superior a la de otras épocas. En este sentido sólo tenemos que pensar en los adelantos producidos en terrenos tan diversos como los de la comunicación, economía, política o tecnología, que estructuran una nueva sociedad a través de nuevas mentalidades.

Esta etapa de cambios en la que nos encontramos inmersos presenta, en la actualidad, una serie de aspectos negativos indudables, como la incomunicación o la insolidaridad. Pero esta situación también conlleva otros elementos, éstos de carácter positivo, ya que también es incitadora de vida y dinamismo. De hecho la evolución humana se ha basado en la incesante acomodación a las situaciones cambiantes. La continua aparición de estas nuevas situaciones es un fenómeno natural que constantemente nos estimula para la adaptación y la búsqueda de nuevas formas y modos de actuación.

Los progresos a los que hacemos referencia se hacen especialmente sobresalientes en el terreno de la tecnología y la comunicación. Prácticamente se han producido más adelantos en el terreno de las comunicaciones (el teléfono, la radio, la televisión o, últimamente, Internet) en el último siglo que en el resto de la historia de la Humanidad.

Indiscutiblemente, el hombre de hoy debe afrontar las consecuencias del desarrollo de los medios de comunicación de masas. A través de éstos, cada uno de nosotros está informado de lo más destacable que sucede en todas las partes del mundo. Esta tesitura ha hecho que se desarrolle una sociedad de carácter planetario, que se relaciona e incluso se solidariza, es un fenómeno conocido como «aldea global».

Sin embargo, es necesario formar a la sociedad en el espíritu crítico y la capacidad de elección ante los medios de comunicación, que también tienen sus riesgos: publicidad indiscriminada, luchas mediáticas, desinformación, parcialidad, intervencionismo informativo, propaganda política, etc.

Debido a estas continuas transformaciones, si queremos que nuestra sociedad disponga de personas capaces de adaptarse a las técnicas del mañana, es necesario enseñarles a aprender durante toda una vida. Pero para ello, actualmente el individuo necesita de los recursos educativos que le permitan la adaptación y proyección continuas a diferentes niveles: personales, profesionales y sociales.

Esta necesidad de adaptación a la que hacemos referencia no debe entenderse, consecuentemente, como una mera agregación después del período normal de educación, sino como un elemento que obliga a un replanteamiento cualitativo y cuantitativo de toda la actividad educativa y formativa.

1.1. Una nueva concepción de lo educativo: la educación permanente

El término de «educación permanente» es relativamente novedoso. Así, la UNESCO, en su Conferencia General de Nairobi, la definió como: «el proyecto global encaminado tanto a reestructurar el sistema educativo existente como a desarrollar todas las posibilidades de formación fuera del sistema educativo». Por su parte García Areito y Amador (1999) fueron más concretos cuando afirmaban que ésta era «el principio organizador de la educación que pretende hacerla llegar en todos los niveles y modalidades, a toda la población a lo largo de la vida, con la colaboración de los diversos sectores, instituciones y agentes».

Hace tiempo, e incluso en ocasiones actualmente, la educación permanente se asociaba a la idea de educación continua para toda la vida. Según esta visión, en una sociedad en constante avance, el hombre debe adecuarse a los nuevos conocimientos, ampliándolos a lo largo de toda su vida. Desde esta visión primitiva, se formulaban los siguientes objetivos de la educación permanente: preparar profesionalmente.

• Aportar una formación de base, enseñar a utilizar los medios extraescolares y fomentar los deseos de proseguir la formación.

Sin embargo, esta concepción ha variado sustancialmente en los últimos años, suponiendo una nueva concepción de la educación, en el sentido de que la contempla como un proceso que se desarrolla a lo largo de toda la vida humana, y del cual la educación escolar no es más que una etapa inicial.

Por todo ello, autores como Gelpi han llegado a afirmar que el concepto de educación permanente equivale al concepto de educación. En la misma dirección, en 1970, «Año Internacional de la Educación», declaró la UNESCO: «En cuanto a la educación permanente, todo el mundo sabe de ahora en adelante que es la noción de la que se desprende la verdadera significación de la educación moderna y la que debe inspirar y resumir todos los esfuerzos de renovación».

Como podemos observar, la UNESCO se remite a un concepto utilizado para afirmar la necesidad de que los servicios educativos tengan un carácter continuado y permanente, al alcance del individuo en cualquier momento de su vida, entendiendo que la educación, más que un conjunto de instituciones, es la actividad de una persona.

Desde ese punto de vista, la educación permanente no es una forma de educación extraescolar o complementaria ni una forma de educación popular o de promoción de cultura popular, sino una nueva perspectiva que define toda educación y replantea todo el sistema educativo, en la medida que la educación permanente no puede ser un ciclo de adquisición sumado, sino el resultado de una revisión constante, de una permanente readaptación personal a nivel de conocimientos e información (Santcovsky, 1995: 36).

Realmente podríamos entenderla como una continua investigación hacia una calidad de vida (Froufe, 1990). Debido a esta óptica, y de un modo expreso, afirmaba el Consejo de Europa (1966), citado por Quintana (1986: 16), que «La educación permanente, para ser verdaderamente eficaz, debe complementarse con una política de animación sociocultural (...) la educación permanente debe de estar unida al trabajo social y al desarrollo comunitario. Debe de satisfacer las necesidades de los individuos en función de nuevos objetivos sociales. Debe estar unida a la vida de las personas, dentro del hogar, en los grupos de trabajo o en las actividades recreativas».

Si tenemos en cuenta estas premisas, la relación educación permanente-educación social, podríamos entenderla de la siguiente forma:

• La educación social (refiriéndose a la animación sociocultural) procura superar y vencer actitudes de apatía y fatalismo, en relación al esfuerzo para «aprender durante toda la vida», el aspecto sustancial que señalábamos anteriormente en relación a la educación permanente.

• La educación permanente está centrada en la necesidad de una capacitación/formación continua y en el desarrollo de nuevas actitudes culturales, acordes a los cambios que se producen en la sociedad.

Desde esta perspectiva, todas las instituciones culturales, escolares y científicas, de cualquier signo y filiación tienen su importancia en la formación de la sociedad a todos los niveles en general entre los que destaca la educación en los medios, ya que cada sujeto está llamado a participar, a identificar las fuentes de información y a dominarlas.

2. Educación formal «versus» educación no formal

En muchas ocasiones, la educación formal, la que se imparte en los centros donde se obtienen unos títulos oficiales con diplomas acreditativos (colegios, centros de secundaria, universidades, etc.), puede ser insuficiente para satisfacer las necesidades básicas de todas las personas y, además, tiende a ofrecer una educación muy uniforme, por lo que no responde a las necesidades de la sociedad actual.

La sociedad vive un proceso de modernización acelerado, por lo que es necesaria una adaptación constante del sistema educativo, para que sea capaz de dar respuesta a las nuevas necesidades que la sociedad demanda.

Así en el preámbulo de la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación del Sistema Educativo) descubrimos las siguientes palabras textuales: «En la educación se transmiten y ejercitan los valores que hacen posible la vida en sociedad, singularmente, con el respeto a todos los derechos y libertades fundamentales, se adquieren los hábitos de convivencia democrática y de respeto mutuo, se prepara para la participación responsable en las distintas actividades e instancias sociales. La madurez de las sociedades se deriva, en muy buena medida, de su capacidad para integrar, a partir de la educación y con el concurso de la misma, las dimensiones individual y comunitaria».

Por todo ello, al resultar insuficiente la educación formal, para satisfacer las necesidades de los individuos, se ha puesto en marcha una amplia gama de actividades de educación no formal (Coombs, 1985; Trilla, 1988).

La diferencia entre la educación formal y la no formal estriba principalmente en el distinto espacio de acción utilizado. La educación formal tiene su sostén en el ámbito escolar o, para ser más exactos, en el sistema educativo jerarquizado y graduado. La educación no formal, por el contrario, como nos indica la UNESCO (1979), hace referencia a aquellos programas educativos que no requieren el enrolamiento formal del estudiante (Luque, 1995: 55). En resumidas cuentas, los rasgos diferenciales de la educación formal respecto de la no formal son: su carácter escolar y su ubicación dentro del sistema educativo graduado.

Por lo que respecta a la educación informal, Coombs y Ahmed (1975) la consideran como un proceso que dura toda la vida en el que las personas adquieren y acumulan conocimientos, habilidades, actitudes en relación con el medio ambiente.

La educación permanente de la que hablábamos anteriormente incorpora el aprendizaje formal, no formal e informal, que se da en cualquier actividad humana. Es el principio organizador, integrador de todas las estructuras y modalidades educativas y orientador de cualquier diseño curricular. Por todo lo reseñado, educación social y educación permanente se entrecruzan, es más, existen autores que afirman que ambas realidades son dos caras de la misma moneda.

3. La necesidad de educar en los medios desde lo «no formal»

En épocas pasadas los modelos de vida estaban predeterminados, así como los ritos, normas y costumbres. Actualmente estos postulados se tambalean, ya que los modelos y usos sociales están cambiando de forma vertiginosa. Por poner dos ejemplos claros de lo que comentamos podríamos señalar que la relación, y consecuentemente la educación, padres- hijos no tiene mucho que ver con la que existía no hace mucho tiempo y ¿qué decir del papel de la mujer en la sociedad actual comparado con el de hace tres o cuatro generaciones?

Siendo esquemáticos, podríamos definir al hombre de hoy como una persona, en general, con grandes posibilidades de acceder a la información, pero con poca formación humana y muy entregado al pragmatismo. Realmente le interesa casi todo, pero a nivel superficial, es incapaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, convirtiéndose en un sujeto trivial, ligero, frívolo, que lo acepta todo, pero que carece de criterios sólidos de conducta.

Es evidente que la gran cantidad de cambios acaecidos, en un plazo tan corto de tiempo, ha logrado que el ser humano actual no sepa a qué atenerse. La sociedad que nos ha tocado vivir no cree en casi nada; de hecho sus opiniones cambian rápidamente, desertando de valores que antes eran trascendentes. Por ello, se ha ido volviendo cada vez más influenciable, y por tanto con un grado de vulnerabilidad muy acusado.

En épocas no muy remotas se disponía de un bagaje abundante y bien provisto de respuestas a casi todas las cuestiones planteadas sobre el sentido de la vida, los principios de conducta, valores, etc. En suma, se disponía de unos códigos y escalas sólidamente anclados. Por el contrario, en la actualidad no existe un modelo único de comportamiento. Todos estos sentimientos, roles sociales, etc. deben ocupar su nuevo lugar en un nuevo contexto. La educación social puede ayudar al ser humano a acceder de manera armónica a este «ajuste social» del que hablamos.

Esta adaptación social se observa en actividades de intervención social de toda índole que se están constituyendo día tras día en una realidad cada vez más palpable en nuestro entorno más cercano. Paradójicamente, en una realidad cada vez más tecnificada, donde han surgido una serie de innovaciones muy importantes para la mejora de la calidad de vida de la comunidad, simultáneamente se han producido una serie de consecuencias sociales no deseables, que están actuando como auténtica rémora para el desarrollo social.

La creciente deshumanización de las sociedades hace prioritaria la decisión de tomar las medidas educativas preventivas, que desde la formación de las personas, puedan contribuir a mejorar la situación. Por ello la educación social, en sus diferentes corrientes y concepciones, se puede considerar actualmente como una opción más, y muy necesaria, para actuar junto a otras iniciativas educativas, en el campo de las nuevas tecnologías y la educación en los medios.

El desarrollo del tan traído y llevado «estado del bienestar», unido a las circunstancias propias de la compleja sociedad en la que nos encontramos, hace pensar que cada vez será más importante la necesidad y la influencia de la educación social en el desarrollo de un sistema educativo «no formal», y en los procesos de cambio social que actualmente se proponen.

La educación «no formal» se constituye hoy día como un elemento de integración y desarrollo social en muchas ocasiones más operativo que el que se realiza en los cánones establecidos dentro de una institución como la escuela. A nuestro juicio, este sistema de educación tiene actualmente más futuro que el institucional, reglado o academicista.

Muchos hechos avalan la presente afirmación: el descenso generalizado de la natalidad con el consiguiente envejecimiento de la población y la aparición de conceptos como la educación permanente y de adultos, o las nuevas necesidades educativas que surgen en campos que antiguamente no se contemplaban como la educación especializada en marginación, medioambiental, de la tercera edad o, cómo no, en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

4. Educación social y educación en los medios

La pedagogía social surgió como respuesta a una serie de necesidades sociales hacia 1850, no obstante, a partir de la tan traída y llevada «crisis mundial de la educación» propuesta por Coombs en 1975 se le han abierto unas posibilidades extraordinarias de actuación debido a esa nueva forma de entender la educación de la que hablábamos anteriormente, basada primordialmente en lo «no formal».

Como ya hemos observado a lo largo de las páginas anteriores, se impone que todos sus agentes socioeducativos desarrollen acciones en todos los ámbitos de la sociedad, con el fin de que se potencie la formación social de las personas en estos temas. Así sectores como la educación popular y de adultos, la animación sociocultural, la educación para el ocio y el tiempo libre, o programas dedicados específicamente a la infancia y la juventud, la mujer o la tercera edad son lugares en los que debería hacer acto de aparición la educación en los medios, lugares que como podemos observar, van mucho más allá del contexto escolar.

Sin ánimo de ser demasiado extenso señalamos a continuación algunos lugares y agentes que deberían incluir la educación en los medios en sus actividades cotidianas. Estas propuestas de nuevos espacios en los que se debería aplicar el conocimiento y uso de las nuevas tecnologías no son las únicas, de hecho se trata tan sólo de una breve semblanza de las nuevas perspectivas en las que tendría cabida esta nueva realidad pedagógica.

• Educación de adultos (Universidades populares, Centros de Adultos).

• Prisiones (educadores, responsables de actividades culturales, etc.).

• Ayuntamientos, diputaciones (técnicos de cultura, animadores e informadores juveniles, animadores socioculturales).

• Centros cívicos, casas de cultura (trabajadores sociales, dinamizadores culturales, etc.)

• Infancia y juventud (ludotecas, centros juveniles, talleres, hospitales, etc.).

• Centros dedicados a la pedagogía del ocio y tiempo libre (campamentos, granjas-escuela, asociaciones culturales, centros de tiempo libre actividades culturales, etc.) .

• Actividades extraescolares de todo tipo (profesores, etc.).

• Temas transversales (educación para la salud, educación vial, educación ambiental, educación para el consumo, educación para la paz, educación intercultural, etc.).

• Animación sociocultural y desarrollo comunitario.

• Minorías étnicas (gitanos, refugiados, inmigrantes, emigrantes, etc.).

• Educación especializada en marginación (drogodependencias, etc.).

• Asociacionismo (culturales, deportivas...).

• Participación ciudadana (movimientos sociales y vecinales).

• Formación de animadores sociales.

Desde nuestra perspectiva, todos los agentes denominados genéricamente como «educadores sociales» (educadores populares, animadores socioculturales, monitores, educadores de calle, técnicos, dinamizadores sociales, mediadores de todo tipo, educadores especializados, informadores etc.), se deben constituir en figuras educativas mediáticas y tecnológicas de primer nivel, al mismo tiempo que sus homólogos escolares, a fin de responder a las demandas de la sociedad, deberían desarrollar programas de todo tipo en estos ámbitos.

5. La radio y la educación social

El universo socioeducativo de los medios es prácticamente inagotable, de hecho Aguaded (1994) señala que «ya es hora que... la sociedad en general tome partido claro ante un uso plural e innovador de los medios..., no como fin en sí mismos o para aumentar el hasta ahora uso indiscriminado, inconsciente y manipulante de los mismos, sino para ofrecer a los... protagonistas del XXI resortes para su lectura crítica, para su análisis positivo, para su recreación lúdica, para cultivar y profundizar sus dotes creativas... en definitiva para encauzar su propio desarrollo como personas, utilizando también los nuevos lenguajes que las tecnologías de la información y la comunicación están poniendo en nuestras manos».

Siguiendo a Gascón (1991), la convivencia entre todos, entendida como un cambio tecnológico sin precedentes va a exigir que los medios de comunicación promuevan actitudes creadoras, dinamicen las potencialidades individuales, favorezcan la receptividad respecto de las ideas nuevas, la curiosidad y sensibilidad respecto de los asuntos sociales.

Si la tecnología, además de dominar el tiempo de trabajo y la división de ese tiempo, se adueña del tiempo libre de la persona y le impone su propio ritmo, será preciso que medios de comunicación con objetivos creativos, y de autorrealización, favorezcan la participación.

Por todo ello, las posibilidades de introducción de las tecnologías de la comunicación y la información son muy extensas. Pese a esta adversidad presentamos, a continuación, una propuesta de educación en los medios desde la educación social: la radio.

5.1. El uso de la radio en educación social

Casi desde el momento de la aparición de la radio hubo interés por adjudicarle alguna función educativa y sin embargo, actualmente, de todos los medios de masas (televisión, radio, prensa, etc.) éste es el menos utilizado en la educación. Aun así, este medio posee una extraordinaria operatividad potencial, unido a su instantaneidad transmitiendo mensajes.

La fundamentación pedagógica que sustenta el uso de la radio en la educación son los mismos que justifican el empleo didáctico del resto de los medios de comunicación: la acusada presencia social de la comunicación audiovisual y la necesidad subsiguiente de favorecer una lectura crítica y creativa de los mismos, así como abrir la realidad educativa a la realidad del entorno. Algunas de las características que lo hacen recomendable para tareas educativas son:

• Permite el trabajo colectivo; de hecho no se entiende una radio realizada individualmente.

• Al ser un canal exclusivamente sonoro, favorece el valor de lo verbal, en cuanto a características de: dicción, expresividad, vocalización, lógica de exposición, propiedad discursiva.

• Fomenta el diálogo, la discusión, el debate, etc.

• Favorece la motivación de los participantes.

• Es un soporte (como la prensa, la televisión, etc.) para trabajar la lectura crítica de sus mensajes.

• Favorece la adquisición de hábitos de investigación, iniciativa creadora, autogestión, etc. (Aguaded, 1998: 162).

En resumen, podemos señalar que posee un amplísimo abanico de posibilidades de explotación educativa. Es una herramienta de primer valor pedagógico que, por desgracia, pocas veces se ha explorado en contextos educativos formales y no formales.

La radio, dentro de la educación no formal tiene el poder anticipatorio de convertir la creatividad en un derecho: un derecho individual para que cada ser descubra sus posibilidades, dotado de iniciativa, recursos y confianza. La radio es, desde nuestra perspectiva, un medio idóneo para favorecer el desarrollo creativo del niño, del joven y del adulto.

Además de todo ello es mucho más económica que otros medios, como la televisión y con menos dificultad técnica; todas estas ventajas hacen de ella un medio muy descentralizado, versátil y asequible.

Este medio puede tener una visión claramente extraescolar, incluido en programas de enseñanza metódica ubicados fuera del sistema educativo graduado (universidades populares, alfabetización, universidad a distancia, cursos de idiomas etc.), como programas dirigidos a la población en general, con objetivos educativos concretos (aunque estas emisiones tienen un carácter más sensibilizador que estrictamente instructivo).

Sin embargo, queremos llamar la atención hacia otra funcionalidad educativa de este medio, la que se relaciona con tareas de animación sociocultural y pedagogía del ocio. Este enfoque no utiliza este medio en tanto que medio masivo de difusión, sino que principalmente trata de favorecer la participación activa, facilitando la bidireccionalidad y fomentando la que se ha dado en llamar «democracia cultural».

Este tipo de iniciativas estaría incluidas en proyectos socioeducativos tan variados e interesantes como centros juveniles, universidades populares, ayuntamientos, prisiones, asociaciones, animación sociocultural, centros educativos, etc.

Desde la radio pueden quedar implicados temas tan actuales como la salud, el consumo, el medio ambiente, la educación para la paz, el rescate de tradiciones y folklore, la música, el ocio, la educación de padres, la actividad artística (como el teatro o la poesía), etc. Gracias a este medio pueden participar personas muy distintas a las que la radio proporciona técnicas, medios y ambientes de percepción amplia y pensamiento crítico, de tal forma que el oyente pueda desarrollar su capacidad expresiva, constructiva y creadora (Gascón, 1991: 7-15).

Referencias

AGUADED, I. (1994): «Comunicar en el aula, ¿medios en el currículum?», en Comunicar, 2; 8-9.

AGUADED, I. (1998): Medios, recursos y tecnología didáctica para la Formación Profesional Ocupacional. Huelva, FACEP.

COOMBS, P. (1985): La crisis mundial en la educación. Perspectivas. Madrid, Popular.

COOMBS, P. y AHMED, M. (1975): La lucha contra la pobreza. Aportes de la educación no formal. Madrid, Tecnos.

FROUFE, S. (1990): La Animación Sociocultural. Nuevos enfoques. Salamanca, Amarú.

GARCÍA AREITO, L. y AMADOR, L. (1999): Formación de formadores en el ámbito profesional. Sevilla, Egondi.

GASCÓN, M.C. (1991): La radio en la educación no formal. Barcelona, CEAC.

GÓMEZ PALACIOS, J. (1987): Laradiojoven. Madrid, CCS.

GONZÁLEZ I MONGE, F. (1989): En el dial de mi pupitre. Barcelona, Gili Gaya.

LUQUE, P.A: (1995): Espacios educativos: sobre la participación y transformación social. Barcelona, EUB.

QUINTANA, J.M. (1986): Fundamentos de animación sociocultural. Madrid, Narcea.

SANTCOVSKY, H. (1995): Léxico sobre la acción sociocultural. Cádiz, Diputación de Cádiz

TRILLA, J. (1988): La educación fuera de la escuela . Barcelona, Planeta.

UNESCO (1979): Enfoque sistémico del proceso educativo. Madrid, Anaya/UNESCO.