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Revista Comunicar 19: Comunicación y divulgación de la ciencia (Vol. 10 - 2002)

Los libros y la televisión tienen mucho que ver

Books and TV

https://doi.org/10.3916/C19-2002-23

Marialcira Matute

Abstract

Después de años dando vueltas al sueño personal de tener una librería en la que funcionara un pequeño centro cultural, la autora se vio envuelta en un plan cultural integral dentro de la Biblioteca Nacional de Venezuela, en el que se inserta perfectamente su proposición de hermanar espectáculos y libros. Así lo plantea en su proyecto «Los libros y la televisión tienen mucho que ver», que resume en ensayos, informes de investigación, entrevistas, artículos de prensa... el trabajo que realiza como investigadora de los procesos comunicacionales que tienen influencia en los hábitos de lectura de niños y adultos, que se concretó en el Método MYL (Medios de comunicación y lectura).

The author explains a cultural project related with the National Library of Venezuela. The project consists of stablishing the relationship between cultural shows and books in order to build an original method of learning new ways of reading and creating new attitudes about it. This method is exposed in a book written by the author, which is the basis of her exposition.

Keywords

Bibliotecas, libros, métodos de aprendizaje de lectura, televisión

Libraries, books,shows, learn to read methods, television

Archivo PDF español

Se dice que en Venezuela no se lee. Se dice también que en Venezuela se ve demasiada televisión. Se dice que nuestro lenguaje es pobre, que la televisión es mala. Se dicen tantas cosas, y se hacen a veces tan pocas.

Sin embargo, la realidad es otra. Por lo menos la realidad que uno quisiera contribuir a alcanzar. En Venezuela sí se lee, y mucho. Se escribe, se habla sobre literatura, se entrevistan los autores en radio y televisión. Se hace televisión mala, pero también televisión buena. Valga el ejemplo de «ValeTV», cuya directora, la venezolana Eugenia Mosquera ha participado como ponente en eventos tan importantes como el master en televisión educativa, impartido por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid en octubre de 200 1 . Mosquera destacó en su participación la relevancia de la existencia de un canal cultural sin fines de lucro, destinado al enriquecimiento del conocimiento de los televidentes.

Como soy partidaria de que cada esfuerzo, por pequeño que sea, contribuye a lograr los cambios que cada quien desea en su entorno, se me ocurrió empezar una investigación, principalmente desde la óptica de la comunicadora social que soy en esencia, pero especialmente desde la posición que asumo desde muchas posiciones, es decir, como teleespectadoratelehacedora; lectora-escritora y educadora-educanda, para averiguar cuál era, actualmente, el acercamiento de los niños y jóvenes a los libros y a lo audiovisual en una época en la que estamos bombardeados permanentemente de información. Era consciente de que ya no podíamos seguirnos acercando al libro como si los medios no existieran. Dicha investigación se resumió en Los libros y la TV tienen mucho que ver, publicación impresa en Venezuela desde febrero de 2001 en edición por demanda de www.comala.com.

Raúl Rodríguez Ferrandiz, profesor en la Universidad de Alicante, dice en su artículo «Integrados: fin de milenio», publicado en la revista española Claves de razón práctica, 108 , en diciembre 2000: «La televisión transmite permanentemente las informaciones más variadas sobre la vida social, desde la política a la sexualidad, desde la dietética al deporte, desde la economía a la psicología, de la medicina a las innovaciones tecnológicas, del teatro a los grupos de rock. Este caudal de noticias no determina fatalmente las actitudes, sino que plantea al televidente interrogantes, le lleva a definirse, a establecer comparaciones...».

Es precisamente ese conocimiento del amplio espectro de opciones que ofrece la televisión, lo que me llevó a estructurar un método que, relacionando información audiovisual e impresa transformara a la televisión –así, tal como la vemos, buena o mala– en una guía de temas hacia el conocimiento profundo, la reflexión íntima que implica la lectura. La investigación, de carácter cualitativo, tuvo como final el diseño del Método «MyL» (Medios de Comunicación y Lectura), descrito en Los libros y la TV tienen mucho que ver . Queda ahora abierta la oportunidad de la aplicación del método, la fase de medición cuantitativa. El grupo de niños a los que se aplicó el método durante el tiempo que duró la investigación mostraron interés, reaccionaron positivamente. Se formaron como lectores y teleespectadores críticos, desmitificaron el espectáculo, los libros, la televisión, los conocieron, los pensaron y repensaron.

Durante un tiempo, bajo el patrocinio de instituciones culturales públicas y privadas, se hicieron talleres para padres y maestros, así como para niños, a fin de divulgar el concepto del Método «MyL» y algunas aplicaciones en el aula y el hogar. El proyecto ahora se dirige a cuantificar los beneficios en torno a las distintas maneras de aplicar este procedimiento, tanto en grupos de niños, como de jóvenes y adultos alfabetizados. La aplicación de instrumentos de medición en torno al método permitirá ponderarlo, sopesar sus efectos, mejorarlo, multiplicarlo y aplicarlo masivamente en institutos educacionales y a través de los medios de comunicación audiovisuales.

Más allá de reducirse a un libro, el Método «MyL» está siendo aplicado como sustento conceptual de un programa televisivo en Venezuela. Durante cuatro años, en «Venezolana de Televisión», «Canal 8» de Venezuela en señal libre, con cobertura en toda América a través de «DirectTV» (servicio de televisión por cable), he producido y presentado una sección quincenal dentro del magazine matutino «Nuestra mañana». La sección de libros y espectáculos se denomina igual que el libro que resume la investigación: «Los libros y la TV tienen mucho que ver». En torno a un tema elegido de la cartelera cultural o la programación regular televisiva, se presentan las novedades editoriales hiladas de forma sencilla. Se trata de picar la curiosidad del televidente, aprovechar el interés natural de los espectadores por la cartelera cultural y poner a su alcance la cantidad de libros que se publican y le informan acerca de temas que la televisión nos oferta permanentemente. Una simple manera de orientar los temas de lectura, proponiendo a los televidentes de que elijan para la lectura asuntos que están vigentes, y que a la vez tocan tópicos de cultura general. Por supuesto, la sección televisiva no pretende hacer análisis profundo, sólo informar al televidente que se publican nuevos libros constantemente, que la oferta no cesa, que la sorpresa y el placer también vienen del libro. Los lectores y televidentes devienen así en conversadores bien informados. La presentación deja al televidente la opción de formarse su propia opinión al leer y conocer las opiniones de diversos autores.

Luego de realizada la investigación, establecida la sección televisiva y publicado el libro en marzo de 2001 fui convocada a concurso por la Biblioteca Nacional de Venezuela para optar al cargo de directora de Comunicaciones. Gané el concurso de credenciales y me propuse hacer de mi proyecto parte de los proyectos de la Biblioteca. Sin embargo, como periodista, no pude evitar la curiosidad y me pareció interesante –y hasta divertido– acercarme a la Biblioteca 138 de incógnito días antes de asistir formalmente, cuando todavía no me habían presentado a las personas con quienes trabajaría. Ya no la vería como usuaria, sino como parte de ella.

En los días previos a mi visita, cuando comentaba que iba a trabajar en la Biblioteca Nacional, recibí los más diversos comentarios; desde quienes no sabían de su existencia hasta de personalidades importantes que creían que la Biblioteca existía pero estaba cerrada, pasando por las preguntas usuales acerca de seguridad, estacionamiento, servicios y actividades culturales. Debo confesar que me acerqué con reservas, pues ya me consideraba parte de la Biblioteca y sabía que me iba a desmotivar el toparme con problemas infranqueables.

Fue todo lo contrario. Me alivió encontrar en funcionamiento una obra arquitectónica imponente, de 80.000 m2, casi terminada, diseñada por Tomás Sanabria, bien iluminada, acogedora, con espacios abiertos, visuales agradables. Un edificio inteligente de interconectividad desde casi cualquier punto de su estructura. Toda una invitación en sí misma.

Me impresionó la cantidad de personas que la visitan. El personal diligente que la atiende, la sala de exposiciones, un espacio en el que los usuarios pueden navegar gratuitamente por Internet, la hemeroteca, las salas de lectura y la gran cantidad de material de consulta, la sección de libros raros, el archivo audiovisual, la sala de teatro y conciertos y las de conferencias. Todo estaba listo para ser aprovechado intensamente como un gran centro cultural, con acceso gratuito a diversos tipos de información.

Una vez incorporada a la Biblioteca, en una suerte de coincidencia milagrosa, descubrí entre los proyectos a muy corto plazo el convertirla en el Complejo Cultural Foro Libertador. Después de años dando vueltas al sueño personal de tener una librería en la que funcionara un pequeño centro cultural, me vi envuelta en un plan cultural integral, en el que se inserta perfectamente –otra feliz coincidencia– mi proposición de hermanar espectáculos y libros, así como lo he planteado. Dentro de las actividades que se vienen desarrollando desde junio de este año en el Complejo Cultural Foro Libertador, se presenta a los asistentes, a modo de exposición, en ocasión de cada espectáculo, una selección de publicaciones que giran en torno al tema de los eventos que se organicen en su seno. Ya hemos presentado con éxito obras teatrales, conciertos, conferencias. Tenemos grandes colecciones de libros que pueden exhibirse especialmente en torno a los espectáculos, a los conciertos, a los vídeos. Lo hacemos también en ocasión de las exposiciones temáticas en los espacios habilitados para este fin. Las actividades del complejo cultural nos han ayudado a hacernos más accesibles al público en general. Quienes conocen la Biblioteca Nacional por primera vez en ocasión de asistir a un espectáculo, vuelven como usuarios. Una agresiva campaña de imagen corporativa ha logrado que los medios de comunicación impresa y audiovisual nos hayan cedido espacios gratuitamente para difundir no sólo los espectáculos, sino los servicios y colecciones de la Biblioteca Nacional. Hemos aumentado nuestra presencia gratuita en medios en más de 1.000% con respecto al año 2000. Y ha sido gracias a los medios de comunicación, en especial, a la televisión. Otra oportunidad en la que aprovechamos la televisión, que nos sirve para acercar la gente a los libros al permitir a la Biblioteca Nacional que participe en entrevistas, programas, foros televisivos. Hasta nos han cedido espacios para hacer publicidad.

Recuerdo la época en la que seleccionaba textos para conformar mi libro. Reflexionaba acerca de que se dice siempre que un libro se vuelve acompañante en la soledad, en la espera, en la meditación o en la duda. Pero ¿cuántas veces no nos hemos refugiado ante la pantalla de la televisión? No importa el contenido, a veces no importa la película, la telenovela. Lo audiovisual en ocasiones deviene un compañero que habla sin cesar, sin pedir respuesta y arrastra el tiempo hasta que llega de nuevo la dicha de lo inesperado. Como inesperada es la curiosidad que nos asalta cuando un tema audiovisual nos atrapa y nos levanta de enfrente de la pantalla, para saber más, para profundizar en lecturas que nos llenan de ideas y se desbordan a su vez. Así lo proponemos.

Viene a cuento entonces referir las palabras que el cineasta, matemático y escritor venezolano Frank Báiz Quevedo dijo en la presentación de mi libro en la Librería Macondo, un sitio de encuentro cultural en Caracas: «Y ahora, dos palabras sobre el libro, ya que lo mencionamos. Los libros y la televisión tienen mucho que ver tiene dos particularidades que, a mi modo de ver, definen su pertinencia y su actualidad. Es, en primer lugar, la exposición de una inquietud que se inserta en la dinámica multidimensional de la comunicación en nuestros días... El proyecto expuesto en este libro, es, en primer lugar, una invitación a la navegación plena por el sentido (en el sentido cibernético y también en el náutico), una navegación que va de medio en medio, de soporte en soporte, que salta de un libro, a la televisión, del cine, a la música, al teatro, a los comics y paren de contar. Se trata de una propuesta hipertextual, para que en este nuevo mundo de envíos y reenvíos no nos olvidemos de las viejas fuentes y, de paso, hagamos click en los elementos insustituibles. Es decir, en particular, en los libros. En segundo lugar, es un acto de seducción, un guiño, para que el zapping (tal como lo dice la autora) no se confine al televisor, sino que salte de la pantalla, recorra la casa, los discos, las fotografías y se deposite en los libros.

Por estas dos razones al menos, y muchas otras, creo que tenemos que celebrar el libro, porque se trata de un nuevo pedacito de ella, que como ella, nos va a enseñar que la manera de participar en esta actualidad cambiante, la manera de permanecer aquí, frente al televisor y la computadora y los libros, no es sólo observar, no es nada más reflexionar, sino que tenemos que aprender a hundirnos en el incesante flujo de sentido en que vivimos, para de paso, disfrutar con el impúdico hedonismo».

Y con esta llamada a hacer zapping de concierto en concierto, de espectáculo en espectáculo, y de libro en libro, ante tantas instalaciones en funcionamiento y la cantidad de usuarios que las disfrutan, concluyo este escrito con las ganas de transmitir a todos la invitación a conocer la Biblioteca Nacional de Venezuela, el gran centro de información y conservador de la memoria documental de nuestro país, modelo para instituciones similares en Latinoamérica.

Me despido recordando con una sonrisa y citando no textualmente, pero casi, las palabras de José Ignacio Aguaded, de la Universidad de Huelva, en ocasión del seminario que organizó el ININCO en Caracas, en octubre de 2001, en torno a la televisión como aliada o enemiga de la educación: hasta los más intelectuales llegarán a su casa esta noche y posiblemente verán la televisión.