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Revista Comunicar 20: Orientación y medios de comunicación (Vol. 10 - 2003)

De lo que dicen las miradas

The meaning of a look

https://doi.org/10.3916/C20-2003-28

María-del-Rocío Cruz-Díaz

Abstract

El reto de acercarse al lenguaje no verbal a través de la mirada como código de comunicación y expresión en contextos sociales y educativos es la pretensión de este trabajo que parte de la hipótesis de que la mirada puede permitir o dificultar las relaciones personales. Los ojos, el rostro, la mímica facial... son piezas de un juego social que se ven condicionadas por el espacio y el tiempo en el que se manifiestan.

This paper tries to approach non-verbal communication through eyes as a code in social and educational contexts, considering that one´s eyes may become a help or an obstacle for personal relationships. One´s eyes, face, expression are pieces of a social game, conditioned by the place and time in which they occur.

Keywords

Comunicación no verbal, mirada, educación, sociedad, espacio, tiempo, proxémica

Non-verbal communication, glance, education, society, space, time, proxemics

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Es indiscutible que los recursos, estrategias y posibilidades de los códigos y expresiones de la comunicación no verbal exceden, en demasía, a los códigos que componen cualquier idioma o lengua, en sus expresiones orales y escritas. Los gestos, los movimientos, las posturas, la expresión del rostro, la mirada, los sonidos que acompañan a las palabras, las sensaciones táctiles y olfativas, todos son elementos de comunicación, que participan en igual medida que el lenguaje oral o escrito en nuestra relación personal y a los que, en ocasiones, posicionamos en un segundo plano, ya que en demasiadas ocasiones se someten al filtro de nuestra atención e incluso a la inconsciencia. Reconocemos, identificamos, pensamos, intuimos, incluso sabemos que nos ocurre algo y que no podemos explicar, porque no vislumbramos de donde nos llegan las señales que nos ofrecen tal información. En todo acto relacional la comunicación no verbal, en última instancia, regala su ser definitivo. Los mensajes más y mejor considerados, en cuanto a su fiabilidad y validez, son inconscientemente asimilados a través de esos otros formatos que adopta la comunicación 1.

El estudio de la distancia interpersonal, elemento muy relacionado con cualquier forma de expresión comunicativa, está muy cercano a la distribución del espacio que analiza la proxémica2 como la encargada del estudio del movimiento, en relación con las personas y los objetos que nos rodean. La cultura, el contexto, el espacio y otros muchos factores ambientales, sociales y situacionales condicionan y determinan el tipo de transmisión comunicativa (oral/no oral) que se manifestará por parte de los implicados en dicho proceso.

A modo de guión introductorio, a lo largo del artículo, nos acercaremos esencialmente, a la obra de Flora Davis y a sus consideraciones en torno a la mirada y el espacio. Qué nos dicen los ojos y cómo comunican los mensajes a distancia serán los temas que abordaremos en las siguientes líneas. El estudio de la comunicación no verbal nos ha sugerido intereses e interrogantes que han planteado y resuelto cuestiones acerca de la intuición y la sensibilidad, fuente de estudio sistemático desde el que aplicar a la investigación pedagógica/psicológica sus resultados para mejora de los principios formativos y del desarrollo de la persona.

1. De los ojos y lo que reflejan

Cuando hablamos de la mirada, de lo que dicen los ojos, es difícil no pensar inmediatamente en rasgos personales y, remitirnos inmediatamente a nuestras propias actitudes y consideraciones, interrogándonos sobre cómo miramos y qué miramos. Mirar y ver son dos actos bien diferenciados por la intención que los soporta y la atención que les dedicamos, aunque intrínsecamente queden ligados por una raíz biológica y anatómica. Nos interesamos constantemente por cómo llegamos a captar –sentir, intuir, en definitiva, saber– que estamos siendo observados. Es sólo intuición o probablemente, y como aseveran los expertos, se producen sonidos apenas audibles, movimientos ínfimos, e incluso sensaciones olfativas que nos indican que alguien o algo nos observa. Fácilmente, podemos alterar nuestra conducta ante una mirada invisible. Para Descamps (1990), es un hecho que algunas personas son capaces de conseguir que alguien se gire sólo con mirarle fijamente a la nuca. Este acto puede realizarse tanto en individuos y espacios aislados, como en grupos y espacios concurridos, tanto en lugares cerrados como en la calle3.

Al reflexionar sobre este tema recuerdo, el trabajo4 desempeñado con alumnos, niños y niñas con diferentes grados de alteración en cuanto a su agudeza visual, e incluso con ceguera total, que reconocían, si no la mirada, sí la presencia y características de otra persona, aunque esta última no hubiese hablado ni emitido ningún sonido. ¿Cuáles eran las señales, las claves que indicaban a estos chicos y chicas la presencia de otras personas? Estas sensaciones las pueden obtener todos. Cuando trabajaba con ellos, con los ojos cerrados, encontraba que eran muchos más aquellos elementos que me proporcionaban datos de los que previamente, al utilizar como sentido relevante y prioritario la visión, había detectado y utilizado. Era emocionante sentir como el calor, la temperatura del cuerpo sube cuando tienes a alguien cerca; la corriente, el aire por muy leve que sea, se corta y aprendes a interpretar él porque; la respiración, frecuentemente imperceptible, por muy lejos que esté esa persona siempre dentro de una misma habitación o detrás de una puerta, era apreciada nítidamente; los tejidos de las ropas y los calzados, incluso los aderezos propios de hombres y mujeres, entre otros muchos estímulos sonoros, táctiles y olfativos te ofrecían claras pistas sobre las personas, su sensación en cuanto a edad, sexo, raza, incluso rasgos de personalidad y estados de ánimo que probablemente tenían esa o esas personas, que estaban allí o se dirigían hacia ti. Si no oías ningún sonido, imaginabas, intuías, sentías y, en el 90% de las ocasiones, acertabas cuando te estaban mirando.

¿Qué sentimientos nos afloran al sentirnos mirados? ¿Desviamos la mirada al ser sorprendidos por otros ojos que nos miran? La mirada fija y sostenida, tal como la presenta Davis (1976), significa vigilancia, amenaza, poder, control..., tanto para muchos animales como para el hombre. El poder de represión y control que tiene una mirada de rasgos singulares es para todos bien conocida. Cuántas veces hemos observado a personas que se miran y hemos expresado ese dicho tan popularmente extendido, «si las miradas matasen, ya estábamos muertos», o toda la cultura popular en torno al «mal de ojo». Qué alcance pueden tener expresiones como ésta, donde queda implícita la capacidad de decir sin expresar. Sin embargo, esta misma mirada nos puede indicar también intereses emocionales y relacionales entre ambas personas. Retomando, al hilo del discurso, ese otro poder positivo y relacional de la mirada, es fácil adivinar las diferencias de edad, género, cultura, economía, etc., que enmarcan el grado de permisividad en el contacto ocular y sostenimiento de la mirada entre hombres y mujeres, hombres y hombres o mujeres y mujeres. La conexión entre el sexo y el contacto ocular es, como refleja Davis, muy intenso y rara vez se ensayan, espontáneamente se aprende. La mirada es esencialmente expresión de un sentimiento. Jean Paul Sartre concedió en su obra una gran importancia a la mirada; la consideraría como centro de la incomunicabilidad. Describía lo que se ha conocido, posteriormente, como mirada «sartriana»: fría, objetiva, denigrante. Pero Sartre padecía de estrabismo divergente y, leyendo el malestar en las miradas de los demás, no podía establecer la comunicación confiada y valorizada de una mirada mutua. Es cierto que existen miradas desbordantes de odio, feroces, provocativas, de desafío, cerradas, porfiadas. Existen también miradas hipnóticas, otras que nos hacen bajar la vista, miradas ávidas, devoradoras, curiosas, indiscretas. Tal y como señala Descamps (1990), según Schule existen también miradas de apoyo y miradas alegres, traviesas, maliciosas, irónicas, burlonas. Junto a miradas tristes, dolorosas, angustiadas, lacrimógenas, existen los guiños, las ojeadas. Y que decir de las miradas atentas, confiadas y buenas, llenas de calor y de inteligente simpatía, miradas de amor o llenas de sabiduría.

«Podemos leer el rostro de otra persona sin mirarla a los ojos, pero cuando los ojos se encuentran no solamente sabremos cómo se siente el otro, sino que él sabe que nosotros conocemos su estado de ánimo. Y de alguna manera, el contacto ocular nos hace sentir –vivamente– abiertos, expuestos y vulnerables» (Davis, 1976: 86).

La mirada está enmarcada en el rostro y el rostro también es fuente de comunicación. La mímica facial agrupa el conjunto de las expresiones de la cara. El rostro, como recuerda Alexander Lowen, es la parte del cuerpo presentada abiertamente al mundo, y es también la primera que se examina en otra persona. Los ojos reflejan la salud o el malestar del cuerpo y estas manifestaciones se pueden apreciar de muy diversas formas, entre otras: observando la característica expresión de los ojos y su colocación en las órbitas, advirtiendo la estructura y el funcionamiento del globo ocular. Francesco Padrini, sociólogo y psicólogo italiano, tras su estudio de los rasgos físicos del rostro y de los ojos 5, realizó una clasificación ante los tipos fisiológicos y anatómicos de los ojos y sus correlaciones personales en los individuos: Los ojos grandes y redondos, a menudo reflejan una personalidad afectuosa, rica en calor humano, cómo si la persona se proyectase con los ojos para establecer un contacto sincero: los ojos saltones indican un carácter nervioso. En cierto sentido, esta persona se tiene a los demás con los ojos pero de forma enérgica y ansiosa. Los ojos hundidos a menudo indican tristeza reprimida y expresiones contenidas; es como si la persona, para protegerse, hubiese tratado de retraer los ojos hacia dentro, hacia el núcleo, y desde la posición encajada los ojos adsorbiesen la información. Por último, distingue el autor los ojos de recién nacido, caracterizado por una posición abierta y suplicante. A menudo, pertenecen a personas que fueron sobreprotegidas en su niñez; éstos ojos son para el autor sumamente seductores y atrayentes6.

Las diferencias interculturales relacionadas con las miradas y el comportamiento ocular deben recibir una atención específica por los estudiosos de este órgano de comunicación. A través de las diferenciaciones comportamentales es posible realizar diagnósticos de adaptación tal como indican algunos antropólogos. Muchas de las características que relaciona Edward Hall (1968; 1966; 1959), para la población norteamericana, son reflejos de nuestra cultura mediterránea, salvando que quizás los latinos enTablamos, más frecuentemente, un contacto ocular directo más cercano a las costumbres árabes que a las anglosajonas. Nuestros rasgos oculares son más expresivos, tanto para indicar la aceptación del encuentro y continuar con la conversación como para rechazarlo y adoptar esa calificada «desatención cortés» referida por Erwin Goffman (1963).

2. El juego social y la no comunicación

Los contactos oculares otorgan muy diferentes sentidos a las acciones de saludo/despedida. Una situación de encuentro obligado y cotidiano, con personas que apenas conocemos, tal y como ocurre al subir o bajar en un ascensor, compartir un asiento doble durante un viaje, o simplemente esperar en las colas de las tiendas de comestibles, reflejan estereotipados, y no por ello menos interesantes, movimientos oculares y posturales, que dicen mucho más de las personas que se encuentran compartiendo esas situaciones que cualquier manifestación del lenguaje oral que los acompaña. Diariamente nos encontramos con unos individuos que entran y salen continuamente de los contextos situacionales pero no se implican en el juego social de la comunicación. ¿Qué ocurre con estas personas? Nadie les habla, no participan, casi no existen a los ojos de los demás. Marc Alain Descamps los denomina «no personas», son como parias, seres que nos hemos acostumbrado a ver y sentir pero que no significan nada, sólo realizan una labor. Los camareros, las personas que reparten el correo por las oficinas, las personas que limpian las papeleras entran y salen sin llamar y nadie les presta atención ni se introducen en las conversaciones. Probablemente, a nuestro entender, quizás sean tan reales estos comportamientos que nos disguste aceptar que cualquiera de nosotros puede caer en ellos. Debemos recordar que en todo momento tratamos con personas que tienen su propio espacio a los cuáles debemos respetar pero con los que debemos interactuar 7. El mantenimiento de la mirada ante una de estas situaciones de «no habla» o «no escucha» se caracteriza por muy diversos rasgos según el rol que se adopte por ambas personas. Generalmente, si se produce una situación de comunicación verbal con un contacto visual, el que habla mira más a la otra persona que es el que escucha, además si el que habla tiene un papel relevante ante esa persona o ante un grupo, con frecuencia asumimos, será mirado más y durante más tiempo que cualquier otra persona del mismo grupo.

3. El intercambio de miradas en el contexto educativo

Si nos trasladamos al aula y observamos al grupo de alumnos y al profesor, posiblemente en pocos minutos, seremos capaces de marcar unas pautas en los contactos visuales. Ante nuestra experiencia como docente universitaria, y analizando nuestra propia conducta observacional, consideramos que se siguen unas líneas repetitivas durante el proceso formativo en el aula. En primer, lugar se realiza un barrido por toda la sala intentando identificar a los alumnos, la distribución y los huecos, a continuación, se aparta la mirada y se dirige hacia el material. Se inicia la palabra, por parte del docente, y los ojos, según nuestra propia conciencia, selecciona cuadrantes del espacio total del aula intentando ser lo más equitativa posible en cuanto a la distribución del tiempo dedicado a cada sector. Este recorrido se rompe cuando alguien pregunta o se hace un comentario, entonces la mirada queda sostenida en dicha persona aunque no faltan rápidos movimientos oculares dirigidos al resto de la clase con intención de invitar a participar, así como el intentar mantener el interés y la atención por parte del resto de los alumnos. En ocasiones con el sostenimiento de la mirada se provoca el silencio en el grupo, las más de las veces, esta docente intenta mantener la atención centrarlos y motivarlos.

El papel adoptado por el profesor, frecuentemente el estatus dominante, facilita ciertos mensajes y dificulta o anula otros. Desde esta posición se descubren algunos de los comportamientos oculares relacionados por Flora Davis. Una persona cuando interroga suele mirar a otra directamente a los ojos, dependerá del grado de atrevimiento de dicha pregunta, o de la importancia o intimidad que le otorgue el sujeto que pregunta, el que dicha mirada se mantenga durante diferentes segmentos de tiempo. Por otro lado, y desde la posición del profesorado, que estamos analizando, se puede comprobar la teoría de las miradas evasivas de Exline que presenta Davis (1976), podemos mencionar el rechazo a ser preguntado, a participar con el grupo, o a ser sorprendidos cuando mirábamos algo o alguien fijamente. Éstas son situaciones que todo profesorado sensible a su profesión debería autoobservar a lo largo de su labor educativa. Para ello, y como propósito personal, desearía en alguna ocasión ser sujeto de una investigación en la que se analizasen las manifestaciones oculares.

4. Las relaciones de comunicación en el tiempo y el espacio

El espacio como el tiempo, u otras condiciones que afectan al estado emocional y físico de las personas, también son determinantes imprescindibles en el estudio de la comunicación visual. Muchas especies animales nos dan sobrada muestra de la importancia de la zona donde deben vivir y reproducir su manada, colonia, tribu... Estaríamos haciendo referencia, tanto al espacio público, espacio que todos comparten, como al espacio personal, aquél que queda delimitado por las sensaciones de protección «huida o ataque», como el mantenimiento y conservación de ese espacio para su grupo supone como medida de supervivencia. Hechas estas consideraciones y abandonando el contexto de la fauna animal, para acercarnos al hombre, como ser humano que trasciende de su propia experiencia física a través del razonamiento, podemos afirmar que la piel es la frontera física del individuo, pero su espacio no está delimitado por su piel, el cuerpo se desplaza, y al encontrarse con otro cuerpo tiene que adoptar una posición con respecto a sí mismo. Para ello, y de forma inconsciente, los hombres creamos una especie de burbuja que representa nuestro espacio y se distribuye entre nosotros y los otros. Los antropólogos Konrad Lorenz y Edward Hall, fueron los primeros en descubrir que el espacio existente en torno al ser vivo no es neutro. Hay zonas que lo dividen de forma invisible, a todos por igual, sin diferenciación de edad o sexo. El espacio distribuido en círculos concéntricos permite al individuo salir y entrar de ellos según una lógica comportamental e intencional muy precisa. Padrini (1995) distingue en su obra, en similitud a las que describe Flora Davis cuatro zonas de acción:

• La «zona íntima» es afectiva por excelencia. Se extiende desde el punto en que nos hallamos hasta el punto alcanzado por nuestro brazo estirado teniendo el codo en contacto con el cuerpo. Hasta cuarenta y cinco centímetros es la distancia en que las personas se comunican no sólo por las palabras, sino por el tacto, el olor, la temperatura, se es consciente del ritmo respiratorio del otro... En esta zona podemos incluso apoyar las manos en los hombros, en su cintura e incluso abrazarlo. Podemos observar perfectamente los ojos de nuestro interlocutor apreciando los cambios, oscilaciones y movimientos que se produzcan tanto en la córnea como en la niña del ojo, además de los guiños y parpadeos. Es la zona de seguridad por excelencia, demasiado reducida para que puedan producirse agresiones por sorpresa.

• La «zona personal» corresponde al espacio que se extiende hasta el punto al que llega nuestro brazo estirado. Más allá de este límite necesitaríamos otras prolongaciones que forman parte del cuerpo. La distancia personal viene a medir entre cuarenta y cinco y setenta y cinco centímetros, y en ella se discuten cómodamente asuntos personales. El ser humano necesita tanto social como biológicamente un espacio. Este se correlaciona incluso con nuestra necesidad de comer. Ante esta necesidad de un espacio que consideremos nuestro, pensamos en la necesidad que tiene el niño/ adulto de considerar un hueco de la casa como suyo, en su colegio al asistir a clase, en la mesa al sentarse a comer, en el sofá al ver la televisión o descansar. Cada persona, consciente e inconscientemente, nos apropiamos de determinados espacios con los que nos identificamos plenamente: la misma banca en el colegio durante todo el curso académico; la habitación de alquiler por algunos meses fuera de tu ciudad, de tu país que representa tu casa, tu hogar8; un rinconcito detrás de la cama. Es el espacio de cada uno y todos necesitamos apropiarnos de ese espacio. La comunicación visual permitirá contactar en espacios pequeños pudiendo apreciar los guiños, parpadeos, movimientos oculares y sensibles variaciones en el rostro que delaten claramente los sentimientos.

• La «zona social» corresponde a la suma de dos zonas personales, las zonas de dos individuos que se acercan con sus brazos estirados. Aproximadamente cubre un metro veinte centímetros. Es la distancia propicia para trabajar, conversar, etc. Zona respetada por los otros, nos es muy difícil no sentirnos incómodos cuando nos encontramos demasiado cerca de otras personas que están hablando, esa incomodidad aumenta así cuando nos vemos obligados a pasar entre ellos o a interrumpirlos. Es esta una zona donde la comunicación no verbal y el contacto visual establecen lazos de complicidad entre las personas que dialogan y aquélla/as que interfieren ese espacio. El contacto ocular es mantenido y el lenguaje corporal expresa las emociones, sentimientos, intereses..., que se producen a lo largo del encuentro.

• Los espacios más alejados de la zona social se denominan «zona pública». Por excelencia la zona donde la comunicación no verbal alcanza su máxima expresión utilizando todos los códigos disponibles: visuales, posturales, olfativos... La elección de la zona para emitir nuestros mensajes no está falta de significado para la persona que lo recibe. Cuanto más nos alejamos de alguien, desplazándonos hacia la zona pública, más nos distanciamos personal y socialmente de la otra persona. Cuanto más cerca estemos de nuestro interlocutor, más nos esforcemos en reducir las distancias, más acentuado será nuestro mensaje y mayor carga afectiva transmitirá. Respecto al papel del profesor en el aula, al relacionar el movimiento de la mirada con la proxémica, nos acercamos a los factores más relevantes ante estas actuaciones, tales como: la distribución del espacio personal, social y público con los alumnos antes, durante y después del ejercicio docente en el aula; así como esta misma distribución de zonas fuera del aula, en los pasillos o en el despacho. Ante un profesor/a que se mueve por el aula, que apoya su comunicación oral con su comunicación corporal, especialmente su espacio y su mirada, los temas seleccionados de interés por el que suscribe, la coherencia en sus manifestaciones deben quedar muy claras porque se siente observado y analizado en todo momento y sólo con la coherencia –al menos así lo entendemos– los mensajes se harán comprensibles para los alumnos. El estatus y el rol situacional en la escuela, así como en otros muchos ámbitos son armas poderosas y peligro sas. La comunicación es dual, bidireccional y es el feedback que recibimos de nuestros comportamientos los que nos impulsan a mantener o modificar las conductas. La interpretación que nosotros hagamos de lo que observamos y la interpretación que los otros realicen de nuestras actitudes llevará al proceso comunicativo a desembocar en unos fines, unas expectativas, unas emociones..., que facilitarán o dificultarán otros proceso comunicativos. La posición, la interacción de los espacios personales y sociales adoptado por el profesor y el alumno más utilizados en el aula junto al espacio íntimo, menos utilizado y tendente a críticas y malas interpretaciones, actúan como elementos fundamentales dentro del proceso enseñanza-aprendizaje dignos de recibir mayor atención por parte de los investigadores así como por los propios implicados en estos procesos. De esta forma nos autoinvitamos como formadores e investigadores a centrar nuestra atención sobre estos planteamientos proxémicos con vistas a utilizarlos en la mejora de los procesos educativos.

6. Entre otras reflexiones...

Antes de concluir con este documento interesado por la comunicación no verbal y muy especialmente en la comunicación visual, uno de los elementos que no podemos obviar al centrarnos en la mirada es la «pupilometría»9. Todos sabemos que el tamaño de la pupila se ve afectado por la visión, los fenómenos de luz, el color, la distancia y por estímulos que nos atraen, nos vinculan emocional y sentimentalmente, haciéndonos disfrutar o hiriendo nuestra sensibilidad. La variabilidad entre la dilatación, contracción de la pupila será tan amplia como la diversidad de rasgos de personalidad, edades, gustos, intereses..., que manifiesten cada uno de los individuos. Sin embargo, es más que sorprendente saber que también se ve afectada por el gusto, el sonido, las reacciones ante la resolución de problemas, transacciones comerciales, etc. El poder que para la publicidad otorga el saber que imágenes tiene que presentar para que las pupilas de las personas se ajusten al nivel intencional de compra/venta de un producto resultan excesivamente peligroso para la persona, que será atacada, aún más, en una sociedad inducida al consumo incontrolado. A pesar de ello, como en cualquier aspecto de la vida, todo tiene «sus pros y sus contras» y debemos reconocer el positivo avance que el desarrollo de estas teorías otorga a los tratamientos psicoterapéuticos. Sin embargo, no todas las personas somos terapeutas, ni podemos ni deseamos serlo. El desgranaje de la multitud de piezas que componen los movimientos oculares, el lenguaje no verbal, la sinexia como medio de comunicación, el estudio continuado, la fijación prolongada en la detección de estos mensajes haría desequilibrar el estado de ánimo de cualquier persona, investigador, terapeuta o paciente, de forma que no podría permitirse no reconocer, quedar inconsciente ante los mensajes subliminales que envía su cuerpo, que manifiesta sinceramente su estado de ánimo, confirmando o refutando, las manifestaciones que otros códigos de comunicación muestran.

Como hemos podido observar, la mirada y los movimientos oculares están supeditados a dos grandes factores, las características personales: rasgos físicos y psicológicos de la persona y las características sociales y culturales en las que se desenvuelve la persona. A partir de estos grandes determinantes, los contactos oculares dependerán de múltiples factores, tales como la edad, el tipo de situación donde se produzcan esos contactos visuales: individual, en grupo, en un ambiente cálido, en situaciones de trabajo, ocio...; del grado de amistad e intimidad que establezcan entre sí; y por la importancia que adopten dentro del grupo que conversa, entre otros. Con las miradas permitimos el contacto, solicitamos continuidad en los diálogos o los rechazamos, creamos o destruimos una amistad y damos paso a situaciones «más amorosas». La diferencia en el mantenimiento de la mirada también se ve reflejada en las diferencias de género, de inclinación sexual y de rasgos vinculados con el deseo de enTablar amistad. La posición social, el estatus, la direccionalidad de la conversación y los rasgos propios de la persona nos hacen dar cuerpo a teorías sobre su comportamiento ocular, sobre su insistencia, evasión de miradas e incluso sobre su dilatación pupilar.

Hayamos o no sentido personalmente a las características que sobre la mirada y los movimientos oculares se plantean en este artículo, todos seremos capaces de otorgar a la comunicación visual la importancia que tiene como órgano relacional, fundamental, en las estructuras sociales en las que se integra el ser, no sólo el ser humano, sino muchas otras especies animales de las que no hemos hecho mención.

Notas

1 Uno de los elementos que intervienen en el acto comunicativo, y objeto de estudio de la cinesia, es el estudio del «paralenguaje». Es necesario profundizar, desde los ámbitos formal y no formal, en la conducta no verbal de los formadores: cómo construyen sus impresiones, cuáles son sus expectativas y cómo se reflejan sus actitudes en la conducta no verbal. Las variaciones del tono, las pausas, los silencios, todo ello repercute formidablemente en la organización interna del aula. Este tipo de comunicación no verbal obtiene su relevancia en el entorno educativo como ambiente que, de por sí genera múltiples situaciones de complicidad entre sus miembros, que condicionan fuertemente los procesos comunicativos.

2 Proxemics. Ampliamente estudiada por Hall. Este autor desarrolló el concepto de proxémica en toda su obra, muy especialmente en los libros, The silent languaje, publicado por Fawcetten, en 1959 y The Hidden Dimension, publicado por Doubleday en 1959 y 1966, todos ellos en la ciudad de NuevaYork. Especialmente, se interesó por las diferencias culturales con relación a los microespacios que utilizan las personas para relacionarse.

3 Reflexiones de la autora: Pero, que nosotros sepamos, y disculpen nuestra ignorancia, aún no ha sido demostrado experimentalmente. Y la explicación científica es difícil de aportar: ¿Se trata simplemente de la acción de la mirada o existe, además, una sensación, una energía, una acción del pensamiento?

4 Departamento de Orientación Escolar, Centro CREA. Sevilla, ONCE.

5 Padrini, F. (1995): El lenguaje secreto del cuerpo. Barcelona, De Vecchi.

6 Clasificaciones como éstas han sido promiscuas en la literatura, pero carecen de un apoyo científico claro y objetivo. Los estudios fisiológicos, psicofisiológicos y psicopatológicos de la dirección de la mirada han colaborado con los terapeutas en la identificación de la evolución y las fases de las enfermedades mentales, con la caracterización de miradas habituales.

7 Estas apreciaciones también se han utilizado arquitectónicamente en la construcción de inmuebles colectivos. Sivadon, arquitecto francés, las aplicó en la construcción del Instituto Psiquiátrico Marcel Riviáre, donde existen lugares de aislamiento para encontrarse consigo mismo, salas íntimas para pequeños grupos y salas de reunión para los grandes grupos. Por otro lado, aparecen estudios sobre la aglomeración en las ciudades, en las zonas marginales y cordones de pobreza que rodean las grandes ciudades el tratamiento de la distribución del espacio podría ayudar a las personas.

8 Estas apreciaciones también se han utilizado arquitectónicamente en la construcción de inmuebles colectivos. Sivadon, arquitecto fránces, las aplico en la construcción del Instituto Psiquiátrico Marcel Riviáre, donde existen lugares de aislamiento para encontrarse consigo mismo, salas íntimas para pequeños grupos y salas de reunión para los grandes grupos. Por otro lado, aparecen estudios sobre la aglomeración en las ciudades, en las zonas marginales y cordones de pobreza que rodean las grandes ciudades el tratamiento de la distribución del espacio podría ayudar a las personas.

9 Uno de los autores que más se ha centrado en este elemento de la visión como parte del proceso de comunicación ha sido Eckhard Hess.

Referencias

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