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Revista Comunicar 22: Edu-comunicación en un mundo global (Vol. 11 - 2004)

La intersección edu-comunicativa

Communication and education meeting points

https://doi.org/10.3916/C22-2004-03

Aurora Alonso-del-Corral

Abstract

Intersección significa el espacio en común de dos objetos; enfocar esa intersección implica identificar la interrelación entre ellos. Este artículo expone algunos conceptos clave para la interrelación de las disciplinas de comunicación y educación, sus encuentros y desencuentros, así como la analogía de sus procesos. Con este análisis se pretende contribuir a la apreciación de la esencia comunicante de los procesos educativos y al esclarecimiento de estos llamados procesos edu-comunicativos desde su base social. Estos elementos de intersección aportan algunas bases o fundamentos para la delimitación del campo y el objeto de estudio que les es común: la comunicación educativa, así como para orientar una pedagogía de la comunicación.

In this paper, the author tries to analyse the common space shared by communication and education in order to show the strong relation that they have. To begin with, she exposes some ideas which are keys to understand the junction between them, the times they meet and the times they do not meet. This analysis intends to contribute to understand that educational processes are in fact communicative processes and that it is important to recognize that they have a social basis. The junction elements between them will give us some basis to draw the limits of this area and to point towards a communicative pedagogy.

Keywords

Comunicación, educación, información, intencionalidad, interacción, pedagogía de la comunicación

Communication, education, information, aims, interaction, communicative pedagogy

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«El diálogo entre educación y comunicación está lejos de haber sido hasta ahora fluido y fructífero. Lo más frecuente ha sido que la primera entendiera a la segunda en términos subsidiarios y meramente instrumentales, concibiéndola tan sólo como vehículo multiplicador y distribuidor de los contenidos que ella predetermina» (Kaplún)1.

La educación está tomando conciencia de algo que, a lo largo de su historia, no había reconocido en la justa medida de su importancia: el carácter comunicante de sus procesos sociales de formación. Para explicar esto vayamos un poco a la historia.

1. Evolución de la comunicación y de la educación

El desarrollo de cada una de las disciplinas, comunicativa y educativa, es tan diferente que podríamos decir que son opuestas en su evolución históricosocial. La educación es una disciplina añeja en la cultura occidental; abarca desde los griegos hasta nuestros días y posee una larga trayectoria histórica, pero ha evolucionado lentamente. La historia de la educación se debate prácticamente en dos sentidos: el tradicionalista y el progresista2. Veamos:

• En el siglo IV a C. las clásicas filosofías educativas de Platón y Aristóteles influyeron de manera determinante en la perspectiva conservadora.

• Del siglo V al XIII, durante el oscurantismo, el pensamiento racional y científico se vio frenado por el cristianismo.

• De los siglos XIV al XVI hubo un período renacentista que implicó un resurgimiento de las ideas clásicas de los antiguos griegos.

• En el siglo XVII se consolida el ideal conservador en la Didáctica Magna expresada por Comenio, e implicó un gran progreso para la educación.

• Durante el siglo XVIII surgieron nuevas ideas científicas y tecnológicas impulsadas por el movimiento de la Ilustración, pero éste no abrazó a la educación en su totalidad, pues sólo inspiró en el nivel universitario a una elite, mientras que en el nivel básico se mantuvo el estudio de lo clásico y de la literatura cristiana.

• En el siglo XIX el ideal educativo clásico se reformó con el pensamiento naturalista de Rousseau así como con el de Dewey.

• En el siglo XX, con las ideas sobre una sociedad desescolarizada de Illich, el ideal educativo incluso se ha vuelto radical.

Pero no nos engañemos, las perspectivas progresistas han ocurrido más en la teoría que en la práctica, ya que la permanencia de siglos en el pensamiento conservador ha forjado una fuerte tendencia en tal sentido. La comunicación, en comparación, es una disciplina muy joven, ya que la investigación en este campo surge asociada a la aparición y expansión de medios de comunicación. No obstante, su rápido desarrollo ha trascendido a todos los ámbitos de la cultura y de la sociedad, removiendo las formas de entender y concebir el mundo. Esta disciplina ha sido motivo de interés público general desde mediados del siglo XX, sobre todo por el avance tecnológico y la investigación sobre los fenómenos de la comunicación de masas.

No obstante en sus orígenes se reconoce la existencia de una orientación sociológica que interpreta los procesos comunicativos en términos de las relaciones fundamentalmente humanas.

De tal modo que mientras que desde el ámbito comunicativo constantemente se crean nuevos recursos cada vez más sofisticados para la interrelación humana, en el ámbito educativo los métodos para apoyar los procesos de enseñanza-aprendizaje sólo promueven reformas mesuradas que se asimilan con dificultad. Baste recordar que por siglos el lenguaje verbal y escrito ha sido casi su único recurso comunicativo. Pero los avances tecnológicos en el mundo de las comunicaciones y la información han alcanzado al ámbito cultural y educativo, logrando que éste empiece a afrontar sus miedos al cambio.

Ahora sí, preocupada por actualizar sus métodos, la educación se ha lanzado al aprovechamiento sobre todo de los recursos de la informática y la comunicación vía satélite –las mal llamadas nuevas tecnologías– porque la consulta en Internet, el intercambio individual y colectivo mediante el chat, el foro o por correo electrónico y la interacción por vía de las audio-video y teleconferencias representan una nueva oportunidad para procesos de educación a distancia que ahora sí resultan viables y atractivos. Es así que las desvinculaciones entre comunicación y educación son cosa del pasado y sus relaciones se irán estrechando cada vez más, en la medida en que encontremos correlaciones que trasciendan la histórica concepción subsidiaria e instrumental.

2. Afinidades

Comunicación y educación tienen en común que:

• Son hechos sociales. En términos disciplinarios, ambas pertenecen al campo de las ciencias sociales; éstas estudian al ser humano y sus relaciones con otros seres humanos. La comunicación es un hecho social y no se refiere sólo a medios de comunicación tecnológicos, sino a todos los procesos sociales. Por eso, como ciencia, tiene por objeto comprender y explicar todos los procesos de índole comunicativa que tienen lugar en la sociedad. Como, por ejemplo, los procesos educativos, que bien podemos analizar desde un enfoque comunicativo.

Por su parte, la educación como ciencia, estudia procesos relacionados con las capacidades de desarrollo y superación del ser humano, a lo largo de la vida. Formas de promover aprendizajes, de desarrollar habilidades cognitivas, de abstracción o prácticas, de adquirir actitudes, creencias y valores, no sólo en la escuela sino a través de la participación en sociedad.

• Son intencionales. La voluntad e intencionalidad humana consciente o inconsciente interviene en la construcción de los hechos sociales. Todo hecho cultural –la lengua, las prácticas de grupo, creencias e ideas generalizadas y la forma de transmitirlas– existe con fundamento en este principio teleológico. En este sentido, la educación y la comunicación son fenómenos socio-culturales donde media una relación de los medios con los fines.

Los seres humanos mantienen relaciones entre sí con alguna finalidad, intervienen en un proceso de influencia recíproca denominado interrelación social o relación interhumana; «relación teleológica en la que cada parte interactuante puede fungir como un medio o un fin»3. Pero además, «toda relación social, de la índole que sea, es además una relación comunicativa»4. Por lo tanto, una interrelación educativa no es posible concebirla sin una relación comunicativa de por medio. La intencionalidad en la educación abarca dos grandes tendencias existentes en toda sociedad: la conservadora y la innovadora. La perspectiva conservadora tiene como propósito que los seres humanos aceptemos las metas y valores de nuestra sociedad y nuestra cultura, lo cual se logra mediante el proceso básico denominado socialización. Pero la sola socialización del hombre resulta demasiado limitativa para las potencialidades de desarrollo humanas. Existen ideales y deseos de superación, de crecimiento y evolución individual y de toda la sociedad. La perspectiva innovadora busca impulsar la curiosidad intelectual, el pensamiento creativo, la promoción de ideas nuevas para lograr las transformaciones que requieren el hombre y la sociedad.

La superación como intención educativa ha estado presente a través de los siglos y representa el ideal más noble y grande a que puede aspirar el ser humano. Los antiguos griegos definieron a la educación como la actividad que permite al hombre trascender su espacio y tiempo de vida. Y pusieron el énfasis en el mejoramiento del lenguaje –de la retórica– porque era necesario para explorar el mundo de las ideas, el mundo intelectual. Posteriormente, el propósito de trascender al mundo inmaterial se adecuó al ideal educativo religioso de trascender a la vida para alcanzar a Dios.

Antes, el propósito para desempeñarse en la vida podía limitarse a aprender un oficio o una profesión y a acceder cada vez más a conocimientos y habilidades especializadas. En la actualidad esto no es suficiente, el ser humano requiere poseer una cultura amplia que le permita movilidad y flexibilidad laboral, además del desarrollo de valores éticos, morales y civiles para una educación completa.

La intencionalidad educativa de influir, modificar, acrecentar o desarrollar algún tipo de conocimiento, habilidad o actitud, a través de programas de estudio planeados y secuenciados, es explícita en los procesos de educación formal y no formal. Algunos adultos incluso demandan este tipo de oferta educativa porque conviene a sus necesidades e intereses personales.

Es fácil identificar la intención educativa en el polo de la enseñanza, no sólo por sus objetivos de aprendizaje explícitos, sino porque existe en ella una tendencia hacia las relaciones sociales de poder, de subordinación maestro-alumno, de influencia de uno hacia otro u otros. Esta concepción de la enseñanza nos permite reconocer fácilmente cuál ha sido el tono comunicativo en los procesos de enseñanza-aprendizaje tradicionales. Pero la existencia de un proceso de enseñanza intencionado no es condición obligada para que el individuo se eduque, ya que la intencionalidad educativa también puede provenir del polo de aprendizaje. Es decir, que la voluntad consciente o inconsciente por aprender, por modificarse, concierne al sujeto cognoscente. Así ocurre en los procesos de educación informal, los aprendizajes se producen de manera espontánea por influencia del medio ambiente, en encuentros con situaciones azarosas, procesos aparentemente «inintencionados» en comparación con la enseñanza estructurada y planificada externamente al sujeto que aprende.

El aprendizaje se produce porque un determinado estímulo y la forma en que se presenta logran captar la atención y el interés del individuo, para quien por diversas razones, motivos o intereses –incluso inconscientes– resulta de utilidad. Así, el individuo efectúa una selección de entre todos los posibles estímulos que se le presentan, propiciando en esa interacción la adquisición de un conocimiento significativo. Así ocurre en la convivencia familiar, con los amigos y, por supuesto, con los medios de comunicación colectiva.

Es conveniente aclarar que entre las intenciones explícitas de los medios de comunicación colectiva, se consideran la de informar y la de divertir, pero se excluye la de educar. A excepción, claro está, de la programación explícitamente considerada dentro del género educativo y cultural, la cual inclusive puede formar parte de un plan o programa de estudios.

Dicha exclusión permite a los productores de los medios eludir su responsabilidad en la acción y la tarea educativas. Pues, dado que a través de los medios de comunicación colectiva se puede influir en las formas de concebir y actuar en sociedad, éstos podrían hacerlo más y mejor si ampliaran sus perspectivas de atención al público, incluyendo entre sus intenciones la de educar con un sentido humano, cívico y ético. Si tomaran conciencia de la necesidad de revalorizar y reorientar su labor educativa implícita.

Insistir en este análisis sobre la intencionalidad educativa resulta necesario porque existen definiciones que pueden confundirnos en la delimitación del objeto de estudio de la comunicación educativa. En algunos casos se considera que a este campo incumben sólo las actividades intencionales regidas por criterios preestablecidos para alcanzar un determinado aprendizaje, o bien, que siempre tiene la intencionalidad de modificar a otra persona. Existe obligadamente una tendencia a la enseñanza, a influir en el aprendiz externamente. Pero no se plantea la posibilidad de que el aprendiz –en propia conciencia– se modifique a sí mismo, como de hecho ocurre en verdaderos procesos de formación o autoformación.

Restringir la comunicación educativa a los procesos interpersonales es un error muy frecuente, porque la teoría de la comunicación se analiza comúnmente desde su naturaleza diádica, por la necesidad de describir el fenómeno comunicativo en relación con otros. Creemos entonces que la relación interpersonal es la que contiene los elementos mínimos de una unidad comunicativa e identificamos un emisor y un receptor con las personas que ejercen típicamente estas funciones en la educación como el que enseña y el que aprende. Pero, «la fuente y el receptor pueden ser –y a menudo lo son– la misma persona»5.

Emisión y recepción deben ser vistas, no como personas, sino como funciones. Pues, de hecho, la intracomunicación es un proceso de relación monádica, constituido por pensamientos, donde puede darse una comunicación cuya intencionalidad sea el modificarse a uno mismo.

En cuanto a la comunicación humana, ésta es un proceso de interrelación social intencionado porque nadie se comunica por comunicarse, se la utiliza voluntariamente como un medio para conseguir un fin. Por ejemplo, para Aristóteles, la retórica es el estudio de todos los medios de persuasión a nuestro alcance.

Con frecuencia no somos conscientes de nuestros propósitos en esta relación utilitaria, pero así es porque interactuar con el mundo que nos rodea implica afectarlo, manipularlo, mantener un cierto orden y regulación sobre nuestros acciones y relaciones sociales para sentirnos suficientemente seguros y bajo control.

Los propósitos de la comunicación pueden ser muchos, pero se distinguen fundamentalmente tres: información, persuasión y entretenimiento. Propósitos que no son excluyentes entre sí, pese a la distinción que se hizo entre las facultades de la mente y las del cuerpo desde el siglo XVIII, en la cual se sugería que a la naturaleza intelectual de la mente correspondía un propósito informativo y cognoscitivo; mientras que al cuerpo correspondían los propósitos emocionales.

Aún existe una creencia generalizada, y por demás ingenua, acerca de que cuando se está informando no se está intentando persuadir, o que cuando se está entreteniendo no se está informando. Esta falsa creencia se refleja también en la seriedad que exige el mensaje educativo; ya que se cree que tiene que guardar la formalidad intelectual para no perder su carácter educativo.

Durante siglos, la educación no se ocupó intencionalmente de la forma en que se presentaba el contenido; quizá suponía que el aprendizaje era suficiente gratificación por sí mismo, que educar es diferente a divertir. La educación resulta entonces una tarea difícil de cumplir, que inclusive llega a utilizar el castigo como recurso persuasivo, en lugar de incorporar otras posibilidades lúdicas o de goce estético, porque no están en su intención explícita.

¿Ha oído acerca de lo aburrida que puede ser una clase, o un documental científico? Los niños lo detectan fácilmente, aún en la televisión comercial, por el ritmo audiovisual lento, la voz clara, pausada y monótona del narrador. Lógicamente, cambian de inmediato el canal hacia algo más agradable, cosa que no pueden hacer con sus clases en la escuela.

• Utilizan lenguajes y medios. Para comunicarnos utilizamos lenguajes y una infinidad de medios que sirven de soporte y transporte de nuestros mensajes. La comunicación está basada en los lenguajes naturales del propio cuerpo humano, como los gestos o movimientos corporales que siempre denotan algo, en lenguajes artificiales como la lengua hablada o escrita; se vale también de múltiples instrumentos creados por los seres humanos para hacer perdurable el mensaje en el tiempo y el espacio: como las pinturas, los libros y los medios tecnológicos. Y aprovecha, ampliamente, las estructuras sociales para la interrelación humana.

Las estructuras sociales, formadas por cadenas humanas, son auténticas redes de comunicación, son esenciales medios societarios de comunicación que han existido desde antes que aparecieran los medios colectivos o masivos en el mundo; es más, existen desde que los seres humanos aparecieron sobre la tierra y permiten entender y explicar las distintas manifestaciones que asume la comunicación humana: intrapersonal, interpersonal, intragrupal, intergrupal, colectiva o masiva, social o societaria.

Así, el proceso comunicativo puede efectuarse consigo mismo, constituyéndose la persona en una unidad comunicativa, en un eslabón de unión para toda cadena comunicativa humana, la cual está constituida a su vez, por una unidad comunicativa donde es necesario un mínimo de dos eslabones humanos para la relación interpersonal. Desde siempre, hombres y mujeres se han utilizado a sí mismos y a otros seres humanos como soporte y transporte de sus mensajes; así ocurre con la comunicación de boca en boca, como las tradiciones que se transmiten de generación en generación, o como el rumor y el chisme. Y así continuarán haciéndolo, aun cuando se popularicen los avances tecnológicos más elitistas y, sobre todo, suponiendo que los medios tecnológicos dejaran de existir.

Es necesario señalar aquí que las teorías de la comunicación se desprenden de la investigación de los medios de comunicación colectiva, pero no podemos dejar implícitas las formas comunicativas anteriores a ellos, tenemos que conocerlas a fondo. Y la tendencia tecnológica de la comunicación tiene que ubicarse a sí misma como sólo un capítulo más de la comunicación humana.

• Son procesos. Para entender la noción de proceso hay que partir desde la cosmovisión de la realidad que funciona como proceso, sin principio ni fin, sino en un continuo devenir de acontecimientos ligados entre sí. La dinámica del proceso incluye otros subprocesos, ciertas cosas preceden a otras y el orden de los acontecimientos varía de una situación a otra. A pesar de ello, los procesos pueden ser delimitados, como una abstracción, pero no pueden ser totalmente controlados. Tal es el caso de los procesos de enseñanza-aprendizaje en los que es posible organizar sus elementos (maestros, estudiantes, materiales, contenidos, etc.), determinar el tipo de interacción entre ellos, así como el período de tiempo para alcanzar sus propósitos. Se trata de un ciclo escolar con un principio y un fin perfectamente delimitados. Pero en la dinámica influyen otros factores como las expectativas de los estudiantes, su estado físico y anímico, que estén alertas y dispuestos, o bien reacios al curso, al maestro, a los compañeros, etc. Es por dicha multiplicidad de subprocesos concatenados, que la dinámica de un proceso educativo, a pesar de estar planificada al detalle, es impredecible. Cada estudiante, cada grupo y cada proceso educativo son únicos, diferentes e irrepetibles. La relación dinámica entre todos los elementos en juego, determina cómo ocurrirá realmente el proceso y el tipo de productos resultantes.

La idea base del concepto de proceso es que la realidad física es creada, construida por nosotros al momento en que organizamos nuestras percepciones, damos nombre a las cosas, creamos lenguajes, como un conjunto de herramientas útiles para analizar y describir el mundo. Existen diversas maneras de explicar la realidad y de construirla continua y socialmente al intercomunicarnos nuestras visiones particulares del mundo. El mundo y el conocimiento del mismo no son estáticos, el saber no puede ser absoluto o acabado. La psicología evolutiva hoy en día reconoce que el desarrollo del pensamiento dura toda la vida y en cualquier etapa de su vida el individuo puede tener experiencias educativas y culturales que modifiquen sus adquisiciones anteriores.

En cuanto al proceso de la comunicación, se trata de un acto de evocación de significados en común para emisores y receptores. Si no hay aunque sea un mínimo de sentido comprensible para los sujetos, no hay comunicación y mientras más experiencias en común tengamos, mejor podremos comunicarnos; por ejemplo, si pertenecemos al mismo país, ya que, el modo de interpretar y valorar la realidad depende del contexto social al que pertenecemos.

Un modelo de comunicación de menor complejidad, según Berlo6, incluiría seis componentes: la fuente de la comunicación con su objetivo o razón para comunicarse; el encodificador que expresa el objetivo en forma de mensaje y que pueden ser las habilidades motoras del emisor; el mensaje; el canal o el medio portador del mensaje, cuya elección es importante para la efectividad de la comunicación; el decodificador que permite traducir e interpretar el mensaje y que pueden ser las habilidades sensoriales del receptor; y el receptor, que es la persona o personas situadas en el otro extremo del canal, aquéllos a quienes se destinó el mensaje.

Es conveniente aclarar que los sentidos a través de los cuales un receptor logra percibir un mensaje pueden constituir canales de comunicación. En otras palabras: los mecanismos sensoriales de los individuos pueden ser canales y decodificadores a la vez.

Igualmente, la fuente y el receptor deben ser sistemas similares, de lo contrario la comunicación es imposible. Así, la comunicación se da entre personas; es más, la fuente y el receptor pueden ser la misma persona, como cuando el individuo escucha lo que está diciendo o pensando, o bien cuando lee lo que escribe. Cabe recordar también que la intencionalidad no está en el mensaje sino en los polos humanos de emisión y recepción del proceso comunicativo.

El modelo más difundido de la comunicación considera que, una vez que el receptor ha recibido el mensaje, el proceso de la comunicación ha concluido. Mas, desde el punto de vista de la psicología, la comunicación ocurre cuando el receptor responde al estímulo del emisor. Pero, no es obligado que su respuesta sea un mensaje de retorno al emisor, sino que el receptor puede generar otros procesos comunicativos hacia sí mismo o hacia otros receptores. Como cuando leemos un libro y lo comentamos con otros y no con el autor. De esta forma, el ciclo del proceso comunicativo se cierra a la distancia del tiempo y el espacio.

Los procesos comunicativos son bastante más complejos de lo que alcanza a representar el esquema expuesto. Hay que considerar que los procesos no ocurren siempre en ese orden simplificado; los conceptos de emisor, encodificador, decodificador y receptor refieren acciones o funciones, no personas; que los componentes no son independientes unos de otros, porque esto negaría su condición de proceso, y que de sus formas de interrelación pueden resultar múltiples modelos de la comunicación.

• Utilizan información. Información es «un conjunto de mecanismos que permiten a un individuo retomar los datos de su ambiente y estructurarlos de una manera determinada, de modo que sirvan como guía de su acción»7. Los datos comunicados nos hacen formarnos una idea o bien cambiar de opinión respecto a algo. La información es el resultado de nuestra estructuración individual y significativa de los datos, aquello que resulta al darles una utilidad específica. Así, la información no son los datos sino lo que hacemos con ellos. Información y comunicación no son sinónimos; la comunicación supone la información y no pueden existir separadas, pero la información no tiene que evocar en común con otro individuo, porque la capacidad de informarse es inherente al individuo. En la educación es común suponer que la información es el contenido objetivo del mensaje –los datos puros– que se transmite de una persona a otra, pero la información es la resignificación que se hace de esos datos, sólo una interpretación de la realidad. Este entendimiento es personalizado y para compartirlo con otros debemos difundir y comunicar nuestra información no implica que debamos todos terminar pensando igual. En este sentido, la sociedad no podría ser tal sin la comunicación y no podría transformarse sin la información.

• Requieren de interacción. Hablamos de una relación de interdependencia entre emisor y receptor, una relación de dependencia reciproca. Los niveles de interdependencia son grados de envolvimiento a través de los cuales un sujeto se compenetra con otro hasta lograr un alto grado de comprensión entre sí, tales como el reconocimiento, la aceptación, el afecto y la comprensión. Los resultados de la interacción dependen de los subprocesos comunicativos puestos en juego por cada participante. Los niveles de interacción o de interdependencia comunicativa, entonces, se refieren al grado de intensidad y reciprocidad del acto comunicativo y son:

– Interdependencia física. Implica simplemente que el emisor y el receptor presupongan la existencia del otro para accionar un proceso comunicativo presencial o a la distancia en tiempo y espacio, de tal modo que puede haber una mínima correspondencia o ninguna, por lo que el grado de envolvimiento entre los participantes es escaso.

– Interdependencia de acción-reacción. Este nivel implica que el mensaje del emisor encuentra siempre una respuesta. Así el proceso depende de la reacción provocada por el mensaje precedente. Este proceso de respuesta se denomina feedback o retroalimentación y permite a las partes juzgar y controlar la efectividad, el éxito o fracaso en el intercambio de sus mensajes. Por ejemplo, la comunicación presencial permite un alto grado de retroalimentación al poner en juego todos los canales de la comunicación y posibilitar intercambios inmediatos, lo que no ocurre con las formas comunicativas a distancia, donde los medios como el libro o la televisión tienen una mínima oportunidad para la retroalimentación, que en caso de efectuarse será en tiempo diferido.

– Interdependencia mutua. El factor psicológico, referente a las expectativas, emociones y sensaciones que existen en los participantes es importante pues la comunicación no se trata de una transmisión impasible de datos.

El elemento clave en este tipo de interacción es la empatía, «predicción precisa del ánimo y los sentimientos de otros»8, lo cual se logra al inferir lo que están pensando y sintiendo, a partir de una observación de su comportamiento y de la situación y circunstancia en que ocurre la interacción. La empatía es un estado de afinidad, comprensión y compenetración recíproca que depende en gran medida de la disposición, voluntad y capacidad de los interactuantes. Es en este sentido que la empatía se ha identificado con una habilidad que los seres humanos pueden y deben aprender a desarrollar como parte de su competencia comunicativa.

La empatía es importante en términos de la educación, porque, como señala Carl Rogers, «cuando el maestro tiene la capacidad de comprender desde adentro las reacciones del estudiante, cuando tiene una apercepción sensible de cómo se presenta el proceso de aprendizaje al alumno, entonces podrá facilitar un aprendizaje significativo»9.

Resultados de investigaciones en las que se adiestró a personal docente para brindar mayores niveles de empatía, congruencia y consideración a los alumnos demostraron que al existir condiciones educativas facilitadoras, los estudiantes tuvieron progresos en autoconcepto, rendimiento, asistencia y conducta10. La empatía, entonces, como capacidad de relación y de compenetración humana, resulta ser un elemento fundamental en la dinámica comunicativa de los procesos educativos, para lograr el paradigma de una educación participativa y creativa. Este tipo de interacción mutua, recíproca y en alguna medida simétrica, representa, además, el ideal comunicativo de la comprensión humana. Para Vigotsky, la interacción social es esencial para el desarrollo cognitivo. Es más, la interacción social da lugar a las más complicadas zonas de desarrollo próximo, entendidas éstas como las formas potenciales de desarrollo que se nos presentan a los individuos cuando en el entorno social contamos con un mediador o mediadores que nos facilitan la adquisición de aprendizajes aun no logrados en el desarrollo real. Sus propuestas nacidas en un contexto marxista de principios de siglo, son de gran utilidad en la actualidad, y merecerían una revisión más detenida, ya que se vinculan directamente con aspectos comunicativos y sociales que son determinantes en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

3. El campo de estudio en común

A partir del análisis conceptual efectuado podemos afirmar que existe una estrecha analogía entre ambas disciplinas, así como particularidades que las diferencian, esto es útil y necesario para conservar entre ellas una prudente distancia, porque los que disertamos sobre la comunicación educativa tendemos a asumir que su íntima relación les impone un deber de colaboración para explicar fenómenos que les conciernen. Es decir que entre ellas existe una interrelación obligada. Pero hay que ser rigurosos porque, como bien observa Kaplún, es común encontrarse con afirmaciones como la siguiente: «Educación y comunicación son una misma cosa, educar es siempre comunicar, toda educación entraña un proceso de comunicación y todo educador es un comunicador»11.

Afirmar lo anterior es excederse en un deseo de implicarlas sin más para establecerles un campo de estudio en común y pese a la buena intención que tal afirmación conlleva, genera una mayor confusión conceptual. El mismo Kaplún señala que cuando un concepto se infla hasta erigirse como un todo, corre serio peligro de convertirse en nada, porque si ambos son uno solo, si se confunden en uno, ¿cómo discernir la identidad de una propuesta que desde lo específico de la comunicación quisiera contribuir a la búsqueda de un nuevo modelo educativo? Es mejor que mantengamos la claridad en las particularidades de cada disciplina, ya que nuestro propósito, al menos desde la pedagogía, es precisamente propiciar el análisis de los procesos educativos a la luz de un enfoque comunicativo que nos permita orientar nuestros métodos hacia un nuevo paradigma educativo.

Es evidente la necesidad de conformar un campo en común que las vincule en el desarrollo de una teoría pedagógica, donde la comunicación sea el paradigma que oriente las construcciones teóricas de la educación hacia una pedagogía de la comunicación. Es necesario no sólo por la importancia que hoy revisten los medios de comunicación, sino principalmente por los procesos participativos y comunicantes que se pueden propiciar en la educación.

Notas

1 KAPLÚN, M. (1992): A la educación por la comunicación. La práctica de la comunicación educativa. Santiago de Chile, UNESCO/OREALC; 20.

2 BOWEN, J. y HOBSON, P. (1979): Teorías de la educación. Innovaciones importantes en el pensamiento educativo occidental. México, Limusa; 452. Estos autores identifican nueve momentos significativos de innovación en el pensamiento educativo occidental, representados por Platón, Aristóteles, Rousseau, Dewey, Makarenko, Skinner, Neill, Peters e Illich. Y opinan que los puntos de vista más significativos de la época actual podrían estar representados también por Paul Goodman o Paulo Freire.

3 GALLARDO, A. (1998): Curso de teorías de la comunicación. México, Cromocolor; 16.

4 TENORIO, G. (1984): Cátedras sobre la materia teorías de la comunicación y la información. UNAM, FCP y S.; 32.

5 BERLO, D. (1980): El proceso de la comunicación. Buenos Aires, El Ateneo; 25.

6 BERLO, D.: Op. cit.; 24-25.

7 PAOLI, J.A. (1983): Comunicación e información: perspectivas teóricas. México, Trillas; 15.

8 MILLER, G.R.: «Ritos, roles, reglas y relaciones: ubicación de la persona dentro de la comunicación interpersonal», en FERNÁNDEZ, C. y GORDON, L. (Comps.): La comunicación humana; 57; citado por GALLARDO, en Teorías de la comunicación. Op. cit.; 60.

9 ROGERS, C. (1986): Libertad y creatividad en la educación en la década de los ochenta. Barcelona, Paidós; 149.

10 Ibídem; 246-247.

11 KAPLÚN, M.: Op. cit.; 20-21.

Referencias

BERLO, D. (1980): El proceso de la comunicación. Buenos Aires, El Ateneo; 25.

BERLO, D.: Op. cit.; 24-25.

BOWEN, J. y HOBSON, P. (1979): Teorías de la educación. Innovaciones importantes en el pensamiento educativo occidental. México, Limusa; 452.

GALLARDO, A. (1998): Curso de teorías de la comunicación. México, Cromocolor; 16.

KAPLÚN, M. (1992): A la educación por la comunicación. La práctica de la comunicación educativa. Santiago de Chile, UNESCO/ OREALC; 20.

MILLER, G.R.: «Ritos, roles, reglas y relaciones: ubicación de la persona dentro de la comunicación interpersonal», en FERNÁNDEZ, C. y GORDON, L. (Comps.): La comunicación humana; 57; citado por GALLARDO, en Teorías de la comunicación. Op. cit.; 60.

PAOLI, J.A. (1983): Comunicación e información: perspectivas teóricas. México, Trillas; 15.

ROGERS, C. (1986): Libertad y creatividad en la educación en la década de los ochenta. Barcelona, Paidós; 149.

TENORIO, G. (1984): Cátedras sobre la materia teorías de la comunicación y la información. UNAM, FCP y S.; 32.