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Revista Comunicar 22: Edu-comunicación en un mundo global (Vol. 11 - 2004)

(De)formación en línea: acerca de las desventajas de la educación virtual

On line (de)formation: e-learning disadvantages

https://doi.org/10.3916/C22-2004-26

Laureano Ralón

Marcelo Vieta

María-Lucía Vásquez-de-Prada

Abstract

En la medida en que la «aldea global» continúe organizándose de acuerdo a los principios de eficiencia y practicalidad dictados por la mano invisible del mercado, el cambio hacia lo virtual será progresivo y cada vez más presente en el ocio, el trabajo, la educación y en otros muchos entornos. Esta tendencia, iniciada con la llegada de Internet, fue recibida con aplausos en el nombre del progreso, pero poco se ha dicho de sus desventajas. Este trabajo examina las desventajas del formato on-line en el campo de la educación en general, y al ámbito universitario en particular.

Present-day world organizes itself in according to rules of fitness and uselfulness imposed by world market invisible hands. Therefore, virtuality will be ever present in free time activities, work, learning and other contexts. This advance towards virtuality, which began with the Internet introduction, has a good reception using the name of progress, but its disadvantages have not been studied deeply enough. This paper analyses the disadvantages we can find in learning contexts in general, and university in particular.

Keywords

Virtualidad, educación en línea, tele-enseñanza, aprendizaje virtual, regulación estatal

Virtuality, on line format, tele-learning, e-learning, estatal rules

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En la medida en que la «aldea global» continúe organizándose de acuerdo a los principios de eficiencia y practicalidad dictados por la mano invisible del mercado, una mutación de lo concreto hacia lo virtual se vislumbrará de más en más, fenómeno que será discernible en el ámbito del entretenimiento, del trabajo, de la educación, y en muchos otros «milieus» de interacción e intercambio social. Se trata de una tendencia que se inició a mediados de los años noventa con la llegada de Internet: aunque fue recibida con aplausos en el nombre del progreso, poco se ha dicho acerca de sus desventajas.

En el plano educacional, la evolución de lo concreto hacia lo virtual es un ejemplo que ilustra con precisión la preocupación de nuestra sociedad postmoderna con el medio, más que con el resultado final del proceso comunicativo. En Estados Unidos, más de 150 universidades ofrecen programas 100% on-line, lo que marca una clara tendencia no del todo bien justificada: «The attraction of a new revenue stream coupled with the fear of being left behind is driving colleges and universities on-line, in droves», explica Joshua Green en su artículo «The Online Education Bubble »1. En el 2001, aproximadamente 700.000 estudiantes tomaban cursos virtuales en los Estados Unidos y se estima que esa cifra sea más del doble en la actualidad. Mientras tanto, en mayo de 2000 en Canadá, casi medio millón de computadoras conectaban2 a poco mas de cinco millones de estudiantes de primaria y secundaria a Internet; y en lo que va del siglo XXI, cientos de millones de dólares subvencionaban a escuelas canadienses para estimular una evolución cuyos beneficios se desconocen. Lo irónico es que esta tendencia se ha fomentado sin conocimiento alguno de las consecuencias sociales, educativas y cívicas que pueden derivar, a mediano y largo plazo, de una «evolución inducida hacia al ciberespacio» (ver desventajas más adelante).

Los países que han hasta el momento escapado a esta tendencia promiscua y casi irracional de la «ola on-line» deben aprovechar el tiempo extra para repensar el formato on-line y adaptarlo a las necesidades, a las virtudes y a las carencias de su propio sistema educativo, así como la posibilidad de evitar el error cometido por las sociedades industrializadas al adoptar el formato on-line de forma prematura, sin antes tener claro la magnitud de sus deficiencias potenciales. Realmente queremos dirigir nuestra educación y nuestra juventud a una experiencia de sólo pantallas y teclados. Hay que entender que no hay salida mágica para la crisis educacional actual; el problema educativo es un substrato de la crisis social, política y económica que aqueja al país y sólo se solucionará en forma correlativa a éstas. En la realidad actual, el implante de la educación virtual y del formato on-line sin tratamiento alguno –sin el más mínimo reparo por las necesidades del momento ni por nuestra cultura comunicacional y nuestras tradiciones epistemológicas, y sin una apreciación adecuada de los impactos potenciales que el nuevo formato puede generar sobre nuestras particularidades– acarreará resultados catastróficos.

Es posible que la virtualización de la educación pueda adaptarse dinámicamente a las particularidades a las realidades socio-culturales y socio-económicas de cada país. Estamos listos para responder a éstos interrogantes antes de lanzarse de cabeza al mundo de e-learning? Tomando como punto de referencia nuestra experiencia personal –no sólo como «observadores », sino también como «participantes» y «consumidores » de la educación en línea– este artículo examina las desventajas de lo que denominamos la «(de)- formación virtual», exponiendo así la contra-cara de la siguiente afirmación, que ilustra la posición «mainstream» en el debate de la educación en línea: «los entornos virtuales se caracterizan por ampliar el acceso a la educación, promover el aprendizaje colaborativo y el trabajo en grupo, promover el aprendizaje activo, crear comunidades de aprendizaje, estar centrada en el estudiante y hacer los roles tradicionales del proceso de enseñanza-aprendizaje más fluidos» (Pedraza, 2003).

Nos disponemos además a refutar ideas infundadas por parte de los organismos de publicidad y relaciones públicas en favor del formato virtual, así como aserciones neo-liberales «tecnófilas o tecnofílicas» como las del filósofo Hubert Dreyfus, quien nos asegura que Internet y la virtualización del sistema educativo resolverán, en un abrir y cerrar, de ojos los problemas –«clases rebosantes, infraestucturas deficientes, o los bajos estándares»3– del sistema educativo tradicional. En sus propias palabras, «es difícil entender cómo una transformación en el método comunicativo de ellos envuelto en la educación tenga que ver con lo que sucede en la aula. ¿Qué cambios proponen [los technofilicos] en el método educativo para generar tanto entusiasmo?»4.

1. Desarrollo

Hay que reconocer que el formato on-line como complemento, y hasta como suplemento, del método pedagógico tradicional –método que tiende a favorecer la comunicación de tipo interpersonal y la interacción en «tête à tête», en definitiva, que estimula el contacto directo entre profesor/alumno– resulta una posibilidad plausible. Marshall McLuhan, que lo llamó «sumo sacerdote de la cultura pop» y «metafísico de los medios»5 y cuyas expresiones («el medio es el mensaje» y «la aldea global», entre otras) hoy están en boca de todos, hizo allá por los años sesenta distinciones tajantes entre los medios electrónicos como entretenimiento y como herramienta educativa: observó que las técnicas pedagógicas tradicionales, desarrolladas durante la era mecánica de la imprenta y que incorporaban todas las tendencias visuales de los medios impresos, perdieron eficacia con la llegada de la televisión. En 1964, McLuhan convocó a una mayor comprensión de la dinámica de este poderoso medio, y aconsejó a los maestros «no sólo entender el medio televisivo, sino también explotarlo por su riqueza pedagógica»6, afirmación que no ha sido entendida por completo, ya que McLuhan no se refería en ella a la eficacia de la televisión como herramienta educacional, sino que hacía un llamado a los docentes a aprender el nuevo lenguaje, y comprender así el desinterés y la apatía de la juventud con respecto a los libros, la lectura y la literatura. De más está decir que de vivir en la actualidad, el «santo patrono» de la revista «Wired» seguramente exhortaría a los docentes a explotar la magia de Internet, aunque con reservaciones: «[a]utomation is information and it not only ends jobs in the world of work, it ends subjects in the world of learning»7.

Aprender a convivir con los nuevos medios de comunicación es a estas alturas fundamental; pero «aprender» a convivir significa «comprender los medios » y su dinámica –es éste el mensaje de McLuhan–. En el ámbito educativo, esto quiere decir que debemos «descreer» y sospechar del sensacionalismo, y ser escépticos ante las «promesas» infundadas en torno al ciberespacio; debemos ser críticos en su análisis y sabios en su implementación.

Está claro que la educación en línea ha llegado para quedarse, y es evidente que la misma garantiza «comodidades» únicas tanto para el cuerpo docente como para el alumnado (acceso a la educación desde el hogar, desde la oficina o desde el cuarto del hotel, en definitiva, aumento en la movilidad); pero también es cierto que muchas otros fundamentos parecen validar la hipótesis de que la educación en línea no es, por lo menos hasta el momento, un método pedagógico efectivo o eficiente. La clave es cómo se publicita y cómo se implementa: presentar al formato on-line como «complemento» es una cosa; presentarlo –prematuramente– como «la norma» es otra muy diferente; el primer approach es fundamental; el último es un problema. Como dice el «ciber-teorista» americano Phil Agre, «The Internet, for example, will not fix your schools. Perhaps the Internet can part of a much larger and more complicated plan for fixing your schools, but simply installing an Internet connection will almost surely be a waste of money»8.

Las desventajas del formato on-line aplicado al ámbito universitario son varias, variadas y catalogables.

2. Desventajas a nivel intelectual, epistemológico y/o comunicacional

• La falacia del diálogo virtual. Aunque la experta canadiense en educación virtual, Linda Harasim, declare que en ciertas circunstancias «los estudiantes aprenden más en línea y juzgan la calidad del proceso educativo virtual superior a la del formato tradicional »9, sus conclusiones han sido y siguen siendo discutibles10. Por ejemplo, es «virtualmente» imposible en el formato on-line que los estudiantes puedan discutir con desafiar las ideas del profesor. El diálogo en línea o virtual sólo funciona en teoría; en la práctica, es mucho más fácil ignorar un e-mail o un «posting» que un estudiante con su mano en alto. Asimismo, las expresiones faciales y no verbales, vitales en el proceso comunicativo, son totalmente ilegibles vía Internet. A su vez, debido a su lentitud y a su asincronicidad, la comunicación vía e-mail o «posting» tiende a transformarse primero en un fastidio, y finalmente, en un «espiral de silencio» que debilita, consume e imposibilita todo debate.

• El dominio de la minoría. Otro fenómeno negativo asociado con la comunicación virtual y el formato en línea fue advertido por el especialista en comunidades virtuales, Howard Rheingold11. Se trata de la denominada «centralización conversacional» que se forma alrededor de dos o tres «personajes» en sociabilidad, efecto que es facilitado por tecnologías como chats, «instant messenging», y listas de e-mail, entre otras. Sin un monitoreo adecuado, Rheingold descubrió una cantidad significativa de abusos «texto-verbales » y ataques personales, sobre todo hacia los participantes más introvertidos. Como en el punto anterior, este fenómeno contribuye a limitar el discurso libre, a silenciar a los participantes mas «débiles», y a afianzar la hegemonía del subgrupo dominante dentro de la congregración virtual.

• Información» como sinónimo o sustituto de «formación. Si bien es ampliamente aceptado que el conocimiento, y los medios disponibles para obtenerlo/ generarlo (bibliotecas, Internet, etc.), son de la misma magnitud, la «información» no debe confundirse con «sinónimo» o «sustituto» de «formación». Los arquitectos del formato virtual y de la educación en línea parecen ignorar este punto: que una educación «formativa» es mucho más que un bombardeo de/con información y que el proceso de «formación» es complejo y multidimensional, y que en el mismo intervienen muchos otros elementos –algunos insustituibles– además de la información. Por su lado, el filósofo canadiense John Raulston Saul, afirma que en el debate sobre «tele-enseñanza» existe una confusión no del todo saludable entre los conceptos de «conocimiento » y de «técnica», a partir de la cual la definición de «aprendizaje» se transforma en una abstracción conceptual que ya nada tiene que ver con el pensamiento, sino con la manipulación de la técnica y de la tecnológica («technical manipulation»)12. En otras palabras, el manejo o la gestión de la información reemplaza al pensamiento crítico. Así se afirma en un diario canadiense que estamos transformando a los «cybersurfers» en «cyber-serfs», en trabajadores salidos de una academia de corte y confección acostumbrados a trabajar durante horas sentados en sus cubículos, tecleando en sus teclados, y «programando» sus días a expensas del contacto interpersonal y la participación cívica13.

• El concepto de aprendizaje activo como excusa para una asistencia limitada. En Estados Unidos y Canadá, el concepto de «active learning» –la idea que el estudiante sea «inducido» a aclarar sus dudas mediante su propia iniciativa y/o apoyándose en el conocimiento (o en la inexperiencia!) de sus propios compañeros– disfraza una clara deficiencia: el hecho de que en un formato on-line o virtual, debido a su asincronicidad, el estudiantado se encuentra sólo si necesita ayuda.

• Una enseñanza «completa» es un proceso social y necesita del contacto «encarnado» para funcionar. Según Dreyfus, hay muchos docentes convencidos de que el aprendizaje es un «proceso social» que necesita del contacto directo en «tête-à-tête» para funcionar adecuadamente14. Dreyfus divide el proceso de aprendizaje en seis etapas: de novato a principiante, a competente, a experto, a maestro, y por último a sabio15. Y explica que entre las etapas 4 y 6, es absolutamente necesario el «contacto personal» para que así el aprendiz asimile el ánimo, las herramientas intelectuales, la sabiduría y la experiencia del maestro. Este razonamiento implica que el formato en línea sólo le permite al estudiante avanzar sólo hasta la sexta etapa.

• El formato on-line como incitación al aislamiento, el individualismo y la introversión. Si bien hay excepciones, es sabido que este formato en la educación atrae y beneficia principalmente al tímido, al introvertido y al que aprende por la vía visual.

3. Desventajas a nivel social, de acceso y/o comunitario

• Sobre el debilitamiento de la comunidad educativa. Como resultado directo del formato on-line, la conexión entre estudiantes, y entre estudiantes y profesores –es decir, la comunidad misma– se ve debilitada. Desaparece la necesidad de reunirse cara a cara con compañeros, de socializar, de discutir en el café, de estudiar en grupo o de militar, todos elementos que contribuyen a una formación ciudadana integral y que no derivan de la currícula per se sino de la comunidad, o del sense of community, que la circunscriben. Por otro lado, formato online y flexibilización laboral van mano en mano; es decir, que remplazar al docente de turno es mucho más fácil en este formato, lo que a su vez contribuye a la intemporalidad y a la destrucción de la comunidad educativa.

• El costo como filtro. La tecnología necesaria para tomar cursos o programas en línea puede funcionar como filtro debido a su alto costo. Hay que considerar el hardware y software necesario, así como una conexión rápida Internet. A propósito, la BBC afirma lo siguiente: «researchers say that pupils from less wealthy backgrounds can be at a disadvantage both at home and in school by an over-emphasis on using technologies such as the internet. Those with limited computer experience will be handicapped in their ability to access knowledge and avail themselves of the even-increasing variety of learning experiences»16. En otras palabras, la educación en línea puede favorecer la exclusión de los sectores más carenciados.

• Discriminación virtual. Un articulo escrito por Julia Ferganchick-Neufang revela que los hombres son considerados, en el ámbito tecnológico en general y en el ciberespacio en particular, como el sexo dominante; las mujeres son el sexo «débil». La investigación realizada por Neufang concluye que esta «convención » arbitraria es con frecuencia mal usada con el objetivo de desafiar al docente de sexo femenino. En sus propias palabras, «research has shown that female teachers in higher education are often targets for student aggression in the form of harassment. Because women have not traditionally held positions of power within academic institutions, their ability to maintain 175 authority is often challenged by students who are uncomfortable with female authority figures. As higher education moves on-line in the form of internet courses, MOO discussions, and e-mail and listserv conversations, female instructors may be subjected to virtual harassment»17.

4. Desventajas a nivel contextual y/o situacional

• Internet como medio-monopolio y la obsolescencia de otros medios. Muchos aspectos de la educación tradicional que se organizaban a partir de medios alternativos a Internet, o que dependían de ellos, también se verán afectados; algunos hasta desaparecerán por completo. Por ejemplo, ya no será necesario ser puntual o inculcarse una rutina (reloj), ni aprender a utilizar una biblioteca (imprenta, libro), ni mucho menos refinar la oratoria, practicar la retórica o ejercitar la dialéctica (oralidad). Sin una intervención estatal que garantice un equilibrio entre innovación y tradicionalismo, las herramientas que derivan de nuestra cultura oral desaparecerán por completo, mientras que las que derivan de nuestra tradición literal se verán seriamente amenazadas. Para evitar tal pérdida, es necesario regular la presencia de Internet en la esfera educacional para evitar así dicha obsolescencia y mantener intactas nuestras tradiciones epistemológicas y comunicacionales. A las culturas de tradición oral les conviene mantener una convivencia armónica de las tradiciones mencionadas (oral, literal, virtual) en el ámbito educacional. Así como en el pasado el aula sirvió para conjugar la tradición oral con la literal, el estado nacional debe intentar asimilar Internet y evitar el canibalismo mediático.

• «No sense of place». Gran parte del cuerpo docente se verá obligado a trabajar más tiempo a medida que su adaptación a la nueva realidad educativa, dictada por el nuevo medio (Internet) se materializa. Las dos principales facetas de la vida del docente –la profesional y la personal– tenderán a fusionarse, ocupando el mismo setting y generando en consecuencia una sensación de caos y confusión («estás en casa, pero no estás disponible!»). Para aquellos docentes que no puedan dejar atrás la fragmentación o división de los planos personales y profesionales, la fusión y la «impersonalidad» inducidas por la llegada del nuevo medio representará un gran desafío; para otros, facilitará un aumento de la movilidad, y por extensión, del recurso de «alibi» («estoy donde no pensás que estoy; no estoy donde pensás que estoy»). A su vez, el uso excesivo del «alibi» se verá reflejado en el profesor que viaja por el mundo mientras enseña algo, así como tratar de escuchar música, mirar la televisión y leer al mismo tiempo.

5. Conclusión

Para solucionar algunas de las deficiencias arriba mencionadas, es importante diferenciar aquéllas que derivan de circunstancias tecnológicas y de las que derivan del factor humano (docentes y arquitectos del formato virtual por igual). También es importante reconocer que muchas de estas deficiencias se irán corrigiendo a medida que la tecnología se perfeccione y que el factor humano se ajustará a la innovación y al cambio. Por otro lado, si bien hoy por hoy la tecnología no es capaz de emular con precisión las múltiples facetas del aula –ni la riqueza multisensorial y multidimensional que el mundo real garantiza–, no hay que descartar que en un futuro no muy lejano la creación de nuevas herramientas tecnológicas puedan garantizar: 1) un escenario virtual que permita una interacción multisensorial más rica; 2) un equilibrio armónico entre las tradiciones epistemológicas (oral, literal, virtual); y 3) un fortalecimiento del proceso pedagógico y de la accesibilidad a la educación.

Hasta entonces, la educación virtual o en línea debe tratarse como complemento o como suplemento, mas no como norma. Si, por el contrario, se intenta en forma prematura presentar el formato on-line como sustituto de la pedagogía tradicional, nuestro sistema educativo correrá varios riesgos: primero, que la educación se vuelva altamente inefectiva e inaccesible; segundo, que se destruya por completo las tradición oral y en gran parte nuestra cultura literaria; por último, que la educación se transforme en puro «comercio », y por añadidura, en una excusa para recortar gastos.

Por último, hay que destacar la importancia del estado como moderador y como «contenedor de ansiedades », ya que hay profesores y administradores educativos que piensan en cambios radicales –«todo debe trabajarse ahora en forma virtual»–, actitud que lleva a malos usos. Ante todo, hay que mantener la coherencia: no es conveniente utilizar una tecnología cara, poco disponible y más compleja, para una acción que se puede realizar con la misma eficacia usando medios más sencillos. Por ejemplo, para mostrar información esquemática o verbal simultáneamente a un grupo, el retroproyector es de uso sencillo y eficiente; el computador añade poco y exige demasiado para este fin.

En definitiva, mientras no se avance sobre las problemáticas aquí mencionadas, un estado que observe, que limite cuando sea necesario la presencia de Internet como medio educativo y el formato on-line como «la base mediática» del método pedagógico, es de suma importancia.

Notas

1 www.prospect.org/print/V11/22/green-j.htm.

2 www.schoolnet.ca/home/e/whatis.asp.

3 DREYFUS, H. (2001): On the Internet. London, Routledge; 28.

4 DREYFUS; 30.

5 MCLUHAN, M. (1964): Understanding media: The extensions of man. Cambridge, MIT Press; 332.

6 MCLUHAN, M.; 346.

7 AGRE, P. (1998): Telematics and Informatics; 234, citado en Dreyfus, p, 27.

8 Ver comentarios del Dr. Linda Harasim: www.sfu.ca/mediapr/- sfnews/1998/Dec3/opinion.html.

9 Ver comentarios del Dr. Martín Laba: www.sfu.ca/mediapr/sfnews/ 1998/Dec3/opinion.html. Ver también Dr. Phil Agre y Drefus, citado en este artículo.

10 RHEINGOLD, H. (1994): The virtual community: homesteading on the electronic frontier. New York: HarperPerennial.

11 Ver comentarios del Dr. Martín Laba: www.sfu.ca/mediapr/sfnews/ 1998/Dec3/opinion.html.

12 CASE, G. (1998): Cyber surfers or cyber-surfs. The Vancouver Sun. Vancouver, BC: Pacific Press.

13 Dr. Nancy Dye, presidenta de Oberlin College, citado en Dreyfus; 32.

14 DREYFUS, H.; 33-49.

15 http://news.bbc.co.uk/1/hi/education/323272.stm.

16 http://firstmonday.dk/issues/issue3_2fergan.

Referencias

AGRE, P. (1998): Telematics and Informatics;

CASE, G. (1998): Cyber surfers or cyber-surfs. The Vancouver Sun. Vancouver, BC: Pacific Press.

DREYFUS, H. (2001): On the Internet. London, Routledge; 28.

MCLUHAN, M. (1964): Understanding media: The extensions of man. Cambridge, MIT Press; 332.

RHEINGOLD, H. (1994): The virtual community: homesteading on the electronic frontier. New York: HarperPerennial.