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Revista Comunicar 23: Música y comunicación (Vol. 12 - 2004)

Las nuevas tecnologías y la expresión musical, otros lenguajes en la educación

New technologies and musical expression; other languages in education

https://doi.org/10.3916/C23-2004-05

Juan-Bautista Romero-Carmona

Abstract

Con este artículo se pretende dar una visión superficial, pero cargada de intencionalidad, sobre algunos de los nuevos lenguajes de comunicación que se han implantado en la escuela. Por un lado, el lenguaje musical recogido en el currículo y por otro, el lenguaje tecnológico extendido en nuestra sociedad. Se intenta transmitir la importancia que tienen las nuevas tecnologías, así como las diferentes posibilidades que ofrecen para el proceso de enseñanza-aprendizaje dentro del ámbito educativo, centrándonos de manera especial en el campo de la educación musical.

This paper tries to show a brief but profound view about new languages of communication introduced at school. On the one hand, the musical language included in the curriculo and the other hand the technological language spread in our society in order to transmit the importance of new technologies as well as the different posibilities that they offer to the teaching-learning process inside the educational area focusing on the musical educational one.

Keywords

Tecnología educativa, educación musical, nuevas tecnologías, lenguajes de comunicación

Educational technologies, musical education, new technologies, languages of comunication

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Las tecnologías de la información y la comunicación se han introducido en todos los ámbitos sociales produciendo transformaciones en nuestros quehaceres cotidianos (trabajo, ocio, relaciones sociales, comunicaciones, servicios, etc.) e influyendo, por qué no decirlo, en nuestra manera de ser, actuar y pensar.

Dentro del mundo de la educación, son constantes los mensajes que recibimos sobre las virtudes de las tecnologías para su incorporación inmediata en las escuelas. Es complicado permanecer al margen de toda esta información, incluso nos hace sentir culpables de su no utilización en las aulas con los alumnos de manera urgente, sin tener en cuenta otros factores que no sean los avances tecnológicos en la educación.

Es necesario que la escuela incorpore los recursos que la sociedad está creando para así mejorar, enriquecer los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La alfabetización tecnológica es uno de los puntos de arranque para que las tecnologías se integren en la escuela. Es muy complicado, por no decir imposible, que sin esta formación se puedan usar estos medios. Todo ello afectará a nuestra manera de enseñar y trasmitir los conocimientos, algo que normalmente produce desconfianza y rechazo por parte de los docentes, acostumbrados a sus métodos didácticos que tan buenos resultados les han dado, en parte comprensible porque es una tendencia natural a resistirse a otras maneras de enseñar y hacer las cosas. Entre diferentes argumentos que se le da a este rechazo, está la falta de tiempo para el aprendizaje de nuevas maneras de enseñar, alegando incapacidad para afrontar este nuevo reto educativo.

Hay que reforzar en los docentes la idea de que las nuevas tecnologías aplicadas a la educación son muy motivantes para los alumnos, favoreciendo en ellos el desarrollo de muchas habilidades cognitivas. Para lograr este acercamiento del docente y las tecnologías deben tenerse en cuenta:

• Actitud positiva, que acepte que hay otras formas de enseñar perfectamente válidas y aplicables, que incluso superan las utilizadas hasta ahora.

• Concienciación y conocimiento de otras formas de enseñar, comprobando que en otros lugares se están produciendo cambios educativos muy significativos en la manera de enseñar.

• Aprendizaje de estos nuevos lenguajes para poderlos llevar a la práctica docente diaria.

• Facilitarle los medios y recursos necesarios.

Debemos partir de la idea de que las tecnologías no enseñan nada por sí solas, tiene que existir la voluntad de aprender y enseñar con estos medios. Ahí está la auténtica tarea del docente en las escuelas. Nunca la incorporación de las tecnologías a los métodos didácticos de enseñanza podrá hacer desaparecer a los profesores y educadores. Eso sí, se tenderá a tener una visión abierta de la escuela, aprovechando las posibilidades de la informática, conectados con otros contextos a través de las redes tecnológicas, se personalizará la educación, ajustándola a las necesidades y habilidades de cada alumno, sustituyendo la tradicional forma de enseñanza colectiva y uniforme. Se camina hacia un aprendizaje autodirigido, donde el profesor o educador tendrá una función más de tutor o consejero y los alumnos aprenderán por sí solos. Se fomenta una educación donde la creatividad será la protagonista para la adquisición de conocimientos. Los profesores pueden usar las tecnologías en sus aulas, en sus programaciones, como medio de adquisición y desarrollo de destrezas básicas y de conocimientos. Que sirvan como instrumentos para una evaluación continua de los alumnos y de su propia tarea docente, reforzando las enseñanzas ya dadas. Naturalmente, la forma de aplicarlas dependerá de las edades de los alumnos y las materias a trabajar, por ello cada profesor elegirá opciones diferentes, no pudiéndose ofrecer o generalizar en un modelo concreto de enseñanza, ni tampoco en unas enseñanzas determinadas y concretas, se deberán adaptar siempre a las características de los alumnos con los que se va a trabajar, al entorno social y cultural en el que se encuentran, aprovechando los acontecimientos diarios, la propia realidad de los alumnos para motivarles en su aprendizaje.

Al mismo tiempo, debe producirse un cambio en las actuales estructuras educativas, debe tenderse hacía un modelo de enseñanza mucho más práctico que teórico. El uso de las tecnologías por parte de los docentes les obligará a realizar sus enseñanzas por medio de la realización de ejercicios prácticos, para afianzar sobre los conocimientos teóricos anteriormente explicados.

Desde el punto de vista de los valores, las tecnologías son primordiales ya que incitan a las instituciones educativas a explorar aspectos fundamentales para la creación de una nueva cultura de aprendizaje mediada por los actuales medios de la información y comunicación. Desde el ámbito institucional es imprescindible incorporar innovaciones que faciliten el desarrollo de nuevas formas y posibilidades de aprendizaje. Desde el punto de vista del discente es conveniente que tenga a su disposición estrategias más creativas de aprendizaje. Desde el ámbito de los docentes es necesario trabajar en lo que llamamos formación permanente, para así poder utilizar y dominar los aspectos más novedosos de las nuevas tecnologías. Por todo, podemos afirmar que el ámbito educativo, la escuela, no puede permanecer al margen de esta revolución, equiparándola algunos investigadores, al comienzo de la escritura o de la imprenta en la Europa del siglo XV, para así consolidar la conservación, acumulación y reproducción de los conocimientos.

Hasta hace pocos años todos estos avances tecnológicos tenían poca repercusión sobre los profesores y la enseñanza. Gradualmente se está tomando conciencia de la necesidad de formar a los futuros ciudadanos, las nuevas generaciones para la sociedad en la que viven; todo esto nos hace reflexionar de forma diferente sobre el currículo, la finalidad de la escuela, la función y papel de los docentes sobre la educación que se debe dar. Como se ha dicho en párrafos anteriores, la educación influye y se deja influir por el medio social en la que está inmersa, es un sistema de comunicación abierto, formándose una espiral en la que el propio avance científico y tecnológico exige respuestas para las necesidades que se presentan, siendo por tanto el fin de la educación formar personas que estén capacitadas para desarrollarse y desenvolverse en la actual y futura sociedad. Todos estos cambios tecnológicos actuales afectan a la educación, agilizándose los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se necesitarán nuevas metodologías, se demandarán nuevos lenguajes o contenidos a enseñar. Incluso puede ser que cambie el espacio físico de la escuela como resultado de los avances tecnológicos de la información y comunicación. «Creo que dentro de veinticinco años será difícil hablar del sistema educativo en el sentido de un sistema coherente y de gestión estatal: en su lugar, en lo que se refiere a la educación, emergerán otras instituciones sociales cuyos límites serán difusos: el hogar, el lugar de trabajo» (Hargreaves , 1 9 9 7 ) .

En función de todo lo reseñado, el actual proceso de transformación de nuestras escuelas debe ser aprovechado para realizar proyectos de trabajo y planes de centro encaminados a:

• Intentar incorporar las tecnologías a sus planes y proyectos de centro para que éste genere eficiencia y calidad a la educación que trasmite.

• Pretender y plantear la incorporación de las tecnologías de la información y comunicación como elemento fundamental en la organización del centro.

• Concretar un estilo de gestión y organización con logros visibles y evidentes, tanto en la formación de alumnos y profesores como en los logros y en los resultados obtenidos a partir de las decisiones tomadas.

• Aumentar la oferta de conocimiento e información del sistema educativo, de los docentes.

• Fomentar la creación de ideas, desarrollarlas y transformarlas en valores útiles para la vida actual.

• Tratar a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación como un desafío, pero al mismo tiempo como una buena oportunidad para seguir desarrollándose.

2. La expresión musical y las tecnologías

Desde hace años, aunque alejadas de los ambientes académicos, las tecnologías empezaron a tomar posiciones en los ambientes musicales. El paulatino, aunque lento, abaratamiento de los precios y la aparición en nuestras casas como algo habitual de herramientas y programas informáticos cada vez más sencillos de uso y de más fácil adquisición, han permitido el acercamiento entre la expresión artística, la música y las nuevas tecnologías, sobre todo a nivel de interpretación y composición, es decir fomentando la creatividad. El concepto de creatividad es algo que está ligado al de educación artística y, centrándonos en la temática de nuestro artículo, a la expresión musical y la utilización de las tecnologías. En un mundo donde las estructuras familiares y sociales se transforman a causa de unos impactos, a menudo negativos, sobre los niños y adolescentes, la escuela del siglo XXI debe ser capaz de anticiparse a las nuevas exigencias, dándole y concediéndole un puesto privilegiado a la enseñanza de unos valores y materias artísticas que favorezcan la creatividad, capacidad característica de los seres humanos.

La actividad de expresión y elaboración artística tiene un componente social y cultural muy importante. Es la propia sociedad y su cultura quien elabora los códigos de la creación artística, la educación ha de favorecer y hacer posible el acceso a ese patrimonio cultural, apreciándolo y valorándolo.

Es conveniente reconocer la importancia de los lenguajes artísticos en el desarrollo personal al hacer posible la expresión y comunicación de ideas, experiencias y sentimientos. Se promueve junto a las demás áreas educativas, el desarrollo de procesos autónomos, de expresión personal, de creación, de búsqueda de estrategias, que son propias de resolución de problemas, sensibilidad y relación con los demás.

La expresión musical contribuye notablemente al desarrollo integral de la personalidad del niño. Es por ello que debe ocupar un lugar de mayor importancia que el que tiene actualmente en el currículo escolar. El mensaje musical puede dar una percepción que enriquezca y profundice el mensaje verbal y pictórico para comprender una situación, una época o un lugar, pudiendo ayudar a explorarlas. Todo esto dará lugar a experiencias valiosísimas en la vida del niño, sin que por ello se desvirtúen o anulen los objetivos propios de la materia. Enseñar a escuchar es una tarea que sobrepasa la finalidad artística para situarse a nivel muy alto de ampliación y extensión de las relaciones humanas. Enseñar a escuchar plenamente la música puede llevar a comunicarse mejor con nuestros semejantes (Guy, 1993).

En estos tiempos que corren la expresión musical también tiene que aprovecharse de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, no puede quedarse al margen de este desarrollo, por ello, deben explotarse en nuestras escuelas las oportunidades didácticas que ofrece esta unión entre música y tecnología.

La integración del audio, gráficos y vídeo en un mismo soporte nos permite la creación y utilización de programas que ayudan en el aprendizaje de lo musical, dándole al discente y al docente la sensación de convertir el proceso enseñanza-aprendizaje en un juego.

Naturalmente, la posibilidad de introducir en las aulas de expresión musical modelos y métodos didácticos de trabajos inéditos hasta ahora, supone enormes esfuerzos por parte del docente para adquirir unos aprendizajes previos en el manejo y uso de estas tecnologías, siempre con miras de obtener resultados a largo plazo. Esta tarea es sacrificada y no siempre tiene buena aceptación por parte de los profesores, al igual que en las demás áreas del currículo, pero debemos ser conscientes de que la expresión musical tiene que aprovechar de manera positiva las posibilidades que ofrecen estas nuevas opciones tecnológicas. Estos medios son muy rentables porque les son familiares a los alumnos, así como que en el ámbito de la educación musical desarrollan enormemente uno de los ejes primordiales de esta área como son la expresión y la creatividad musical: además, resultan estimulantes para los alumnos, por tanto no puede sino decirse que es una oportunidad extraordinaria y muy valiosa para su incorporación en el ámbito de la enseñanza musical.

Siguiendo las reflexiones de Giráldez (2003), se puede afirmar que la expresión musical se enfrenta a un periodo de importantes cambios. Al igual que ocurre en otros ámbitos, el paso hacía una sociedad global y teóricamente más abierta y libre, marcado por las transformaciones que están teniendo lugar debido al avance y desarrollo de los medios de información y comunicación, ha abierto nuevos foros de diálogos y debates en este terreno. Tras el nacimiento en el siglo XX de los grandes métodos de educación musical, y su preocupación por el desarrollo y aplicación de los mismos, la situación ha sufrido un giro radical: «las preocupaciones básicas no pasan hoy de manera exclusiva por los aspectos técnico-didácticos del proceso de enseñanza y aprendizaje de la música, sino más bien por algunos aspectos contextuales de los procesos educativos: el sentido sociopolítico de la música y la educación musical, el impacto de los medios y la tecnología, entre otras y sin desechar, por supuesto, la necesidad permanente de establecer bases filosóficas más amplias que permitan asumir e integrar en la práctica una diversidad de opciones y modelos de abordaje musical» (Hemsy de Gainza, 1997).

Por tanto, reseñamos que el debate sobre el cambio está abierto, y no podemos mirar atrás ni quedarnos estancados en reflexiones ni ideas que nos desvíen del camino que hay que seguir, habida cuenta de que las transformaciones en curso se incrementarán con una velocidad difícil de predecir, por ello debemos afrontar la realidad para que la grieta entre lo que se enseña en las aulas y el desarrollo musical del entorno no se haga muy extensa. Si no es de esta manera, la expresión musical está en peligro de quedarse apeada del vagón delantero del tren de la educación y no será capaz de proporcionar aprendizajes funcionales, acordes con la era tecnológica en que vivimos, a los alumnos.

La informática, como parte muy importante de la llamado nueva tecnología, es ideal para fomentar uno de los ejes primordiales de la pedagogía musical, como es la creatividad, algo que viene resaltándose a lo largo de todo el artículo. Cuando se domina la informática, nos permite manejar el sonido y la música como auténticos expertos. Los sonidos, las melodías, canciones, etc., pueden ser creados, repetidos y transformados con instrucciones muy fáciles de ordenador. Nos proporcionan infinidad de posibilidades compositivas con las que eran impensables hace muy pocas fechas atrás. Esta experiencia de creación musical, con las posibilidades que la informática ofrece, es muy gratificante tanto para los alumnos como para los docentes, tanto para aquellos que se están iniciando en el lenguaje musical como para aquellos con cierta soltura en el arte de la composición. Por todo, es irrebatible que la informática se convertirá, si no lo es ya, en un elemento fundamental en el campo educativo de la educación musical, como ocurre en otros países más avanzados que el nuestro en esta materia.

Hay que dejar claro que será una alternativa que se nos ofrece como consecuencia del avance tecnológico de la sociedad, para permitir al alumno y profesor crear e interpretar música, con la misma facilidad y normalidad con la que se dibuja con pinceles. No debe interpretarse, en ningún caso, como una sustitución de algún método tradicional de didáctica musical, sino como otra vía para poder desarrollar la creatividad.

Se impone por tanto, una apuesta firme y descarada por la introducción de la informática desde los niveles más inferiores de la educación musical, naturalmente bien administrada, junto al resto de materias, proporcionando y potenciando una gran capacidad de creación y expresión en los alumnos y profesores, además de prepararlos para ser protagonistas de pleno derecho en la música del siglo XXI (Rodríguez, 2000).

Actualmente en el día a día de cualquier escuela, el profesorado se encuentra en una situación complicada, a veces angustiosa, ya que se enfrenta a una situación diferente y cambiante. Aunque está claro que ya no se trata de trasmitir o enseñar conocimientos musicales teniendo, tan sólo, en cuenta los métodos musicales creados por pedagogos de música de gran prestigio, sino que es imprescindible montarse en el «carro» para tener una visión mucho más previsora, podemos decir que con los tiempos que corren, se analizarán y adaptarán los métodos musicales con los avances tecnológicos que se están produciendo en nuestra sociedad, se tendrán en cuenta los diversos estilos musicales que conviven,

El desarrollo tecnológico es imparable: nos permite la publicación, almacenamiento y distribución de enormes cantidades de información en todos los ámbitos del saber. Por tanto, es tarea de todos revisar los diferentes campos del conocimiento para hacer una selección, lo más acorde a las exigencias y demandas de la sociedad, de los diferentes contenidos que forman el currículo. Es algo complicado porque nos plantearíamos qué tendríamos que dejar al margen y cuáles tomaríamos como parte de nuestra formación, etc. Algo está claro: no podemos seguir anclados en los conocimientos que nuestros antepasados nos han dado. La educación debe de capacitar a todos los individuos para poder crear y desarrollar sus propios aprendizajes, para poder elegir y seleccionar por medio de la imaginación las posibles respuestas que damos a los continuos cambios que se producen. La educación debe proporcionar la formación necesaria para que los alumnos puedan interpretar y reflexionar sobre la información que reciben.

Todo esto desborda a los profesores, ya que por un lado se percibe que para estar a la altura de los acontecimientos y exigencias actuales debemos reciclarnos y formarnos, así como que se ponen en duda las ideas sobre las que se asentaba su trabajo. Se plantean muchos interrogantes tales como el papel que debe tomar la escuela: ¿qué papel debe cumplir la educación musical?, ¿cómo se puede acceder a una información dispersa y no siempre organizada; está la escuela preparada de acoger estos nuevos lenguajes de comunicación?…

La escuela y, como parte de ella, los maestros de educación musical, debe responder a las demandas y exigencias de la cultura que nos ha tocado vivir, así como a las futuras generaciones.

«Debe plantearse para qué sociedad tiene que formar al alumnado. Desde esta perspectiva se hace imprescindible reflexionar sobre aquellos aprendizajes que deberán ser prioritarios para facilitar el desarrollo crítico de la persona en el seno de la sociedad actual y futura. La dificultad estriba en que es muy difícil prever cómo será esta sociedad de aquí a unos años, precisamente por el cambio acelerado a que se ve sometida a todos los órdenes (político, económicos, tecnológicos, de valores). La formación en capacidades que impliquen prioritariamente el aprendizaje de contenidos procedimentales (estrategias para resolver problemas, organización de la información, manejo de datos, diseño de proyectos, etc.) y de contenidos actitudinales (trabajo en colaboración, valoración de las tradiciones y a la vez de las innovaciones, sistematización en la realización de tareas, etc.) adquiere todo su sentido cuando ya no es suficiente con la adquisición de unos determinados datos y conceptos porque éstos, aunque son imprescindibles, no bastan para adaptarse activamente a nuevas situaciones sociales» (Parcerisa, 1996).

Por tanto, nos situamos en una nueva época docente. Una época en la que tenemos el derecho y la obligación de intervenir. Así pues, pueden declararse una serie de intenciones, entre ellas es necesario una formación que nos haga reflexionar sobre las estrategias que se deben poseer para una presencia activa en la escuela de la época que nos toca vivir. La otra opción es la resignación y desesperación.

Las posibilidades, sobre todo en la escuela pública, de trabajar y difundir proyectos interdisciplinares, creativos, cambiantes respecto a la metodología, parecen complicados, pudiéndose deber a: cansancio de los profesores, falta de coincidencia de docentes con las mismas ideas o un mismo proyecto, aislamiento profesional en las diferentes especialidades, inestabilidad en los puestos de trabajo; etc. Otras razones de tipo pedagógico, aunque más espinosas o difíciles de explicar pudieran ser: 1) Se tiene vocación real del trabajo; se está convencido de que se está en una época de cambio e innovación, siendo la que nos ha tocado vivir y por tanto tenemos que intentar seguir el mismo camino de la sociedad y no mirar hacia otro lado. Desde el ámbito musical debe tomarse el perfil del avance continuo y no el perfil del profesorado que sobrevive en la clase ayudando a sobrevivir a sus alumnos; 2) No debemos encauzarnos en unas metodologías de enseñanzas concretas; hay que conocer y practicar nuevas formas, criticándolas y mejorándolas, no debemos ser solamente aplicadores de metodologías; 3) Autoevaluación, necesaria y fundamental para ver la distancia entre nuestro trabajo y la realidad que nos rodea. Asimismo esas reflexiones debemos compartirlas con los demás docentes para así avanzar y mejorar; 4) Debe preocuparnos que la creatividad e imaginación, que tienen su lugar en la vida real, no tengan cabida en el currículo.

Desde el punto de vista musical parece que es mucho más fácil desarrollarlo, ya que es un área con muchos elementos para provocar una transversalidad en los contenidos. Así pues, terminaremos nuestra reflexión sobre los nuevos lenguajes que se han introducido en nuestra cultura, entre ellos la tecnología y el lenguaje musical, afirmando que éstos están condenados a convivir y entenderse, para así buscar y lograr las mejores metas educativas, «un nuevo espectro recorre el mundo: las nuevas tecnologías. A su conjuro ambivalente se concitan los temores y se alumbran las esperanzas de nuestras sociedades en crisis. Se debate su contenido específico y se desconocen en buena medida sus efectos precisos, pero apenas nadie pone en duda su importancia histórica y el cambio cualitativo que introducen en nuestro modo de producir, de gestionar, de consumir y de morir».

Referencias

GIRÁLDEZ, A. (2003): «La educación musical a las puertas del siglo XXI», en Eufonía, 27. Barcelona, Graó; 69-75.

GUY, M. (1993): Música y educación. Madrid, Rialp.

HARGREAVES, A. (1997): «A road to the learnig society», en School Leadership and Management, 1, 17; 9-21.

HEMSY DE GAINZA, V. (1997): La transformación de la educación musical a las puertas del siglo XXI. Buenos Aires, Guadalupe.

PARCERISA, A. (1996): Materiales curriculares: cómo elaborarlos, relacionarlos y usarlos. Barcelona, Graó

RODRÍGUEZ DE ROBLES, L. (2000): «Creación y tecnología: claves para la organización de un aula de informática musical», en Música y educación. Madrid, Musicalis; 53-64.