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Revista Comunicar 23: Música y comunicación (Vol. 12 - 2004)

De la Galaxia Gutenberg a la Galaxia Internet: la «itinerancia» en la lectura

From Gutenberg galaxy to Internet galaxy

https://doi.org/10.3916/C23-2004-21

David-Jesús Moscoso-Sánchez

Abstract

La lectura, como la escritura, es el instrumento por antonomasia de la comunicación humana, si exceptuamos al lenguaje hablado. Como el lenguaje, la escritura y, por tanto, la lectura, cambian de forma en el tiempo, en razón de elementos que trascienden el mero acto de leer. En nuestra época, la lectura, ya sea a través del papel o de cualquier tecnología digital, evidencia un nuevo canon que aquí caracterizamos principalmente por su flexibilidad. Este artículo aborda el modo en que la lectura se construye activamente a través de los procesos de cambio social, convirtiéndose en sí misma en una ventana a través de la cual conocer cómo es una sociedad.

Reading, like writing is the most important human communication tool excluding spoken language. As language, writing and therefore reading changes through times with regards to elements that go beyond the act of reading. In our days reading in a book or via any digital technology, shows a new model that we characterize here mainly by its flexibility. This paper undertakes the way of reading is actively built through social changes becoming a window to understand society.

Keywords

Sociología, comunicación, estructura, lectura, Internet, itinerancia, postmodernidad

Sociology, communication, structure, reading, Internet, itinerance, postmodernity

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La lectura es una actividad humana estrictamente cultural. Como actividad cultural, la lectura se encuentra sujeta a los cambios experimentados por la cultura a lo largo del tiempo, cambios que presentan una doble naturaleza. En primer lugar, los propios cambios que se producen en la escritura, que determinan nuevos modelos de transmisión de significado. En segundo lugar, los cambios que se producen a mayor escala en toda sociedad (económico-productivos, organizativos y sociales), que generan nuevas formas de tratar y emplear el conocimiento y la información contenidos en losdocumentos editados. Con lo cual, a toda sociedad le corresponde, en cada momento, prácticas culturales particulares, en cuyo seno emergen nuevos modelos comunicativos, porque, en definitiva, a toda situación de cambio le siguen, primero, nuevos universos simbólicos y, después, nuevos usos materiales a partir de éstos. Dicho de otra manera, esto significa que toda transformación conlleva un cambio en los signos, que a su vez genera nuevos usos a partir de ellos (Urry, 1995).

El presente ensayo trata de analizar el modo en que las personas interaccionamos con la lectura, haciendo especial referencia a la forma en que se produce dicho proceso de comunicación en nuestros días. Es posible que más de una y uno se sientan ruborizados con esta breve exploración, porque llama la atención que algo tan común en nuestras vidas, como es la comunicación a través del lenguaje convencional de la escritura y, en consecuencia, su homóloga, la lectura, se forje sobre tan amplio elenco de elementos yuxtapuestos, fruto de las condiciones estructurales que se dan en cualquier sociedad, pero cuyo análisis puede contribuir a interpretar y construir (y reconstruir y/o reinventar) los espacios y las relaciones sociales que tienen que ver con esos instrumentos y, en definitiva, con la comunicación social en un sentido amplio.

Así, a través de la lectura de diferentes textos y la observación participante, la reflexión y consiguiente interpretación que se puede extraer acerca de esta cuestión es a la vez enriquecedora y ciclópea. En el primer sentido, se puede advertir en el acto de la lectura un cierto constructo social legítimo, enmarcado sobre cánones precisos que dominan en diferentes momentos y lugares, normalmente definidos de forma estratégica, según los códigos establecidos por las principales instituciones sobre las que emerge el modelo social en el que tiene lugar la reproducción de los contenidos que se transmiten en dicho acto. De ello, se desprende que tal constructo constituye una especie de laboratorio, un objeto de análisis privilegiado para todo científico social con afán de arrojar luz sobre la comunicación social a través de la lectura.En el segundo sentido, con lo anterior, se prevé que esta tarea exige contar con herramientas multidisciplinares y presupuestos diversos, en tanto es un producto social éste (el de la lectura) con enormes implicaciones sociales y culturales, políticas y económicas, que descubren en él una naturaleza híbrida y ampliamente imbricada, ante lo cual, y es a lo que vamos, la lectura traspasa las fronteras de la simplicidad, presentándose como un fenómeno social complejo y abstracto, cuya deconstrucción se encuentra con numerosos obstáculos, máxime en una época como la nuestra (líquida, cambiante, desordenada), en la que también comienza a definirse éste acto como «posmoderno» (Innocenti, 1989: 12)1.

Por último, el nuevo panorama, que aquí se denomina de una forma metafórica –en términos de Castells (2001)– por «Galaxia Internet», para distinguir el panorama que describía en otro momento McLuhan, con la expresión «Galaxia Gutenberg» (1962), nos sirve, en relación con éste, para ilustrar de una manera clara el rumbo que parece tomar el acto de la lectura en estos albores del siglo XXI, cual es –en términos de J. Vicente-Mazariegos– el propio de una «sociedad itinerante». En este sentido, se comparte aquí la idea de que, en buena medida, el poder de la escritura y la lectura es su flexibilidad –que, en opinión de Castells, para referirse al caso de Internet, va acompañada de un mayor grado de libertad de comunicación–. Sobre esto, fijémonos en el uso del lenguaje que se hace hoy en la práctica del chat y en los mensajes a móviles: completamente desordenados, sin códigos precisos, que se pueden leer de cualquier manera y en cualquier lugar. Así mismo ocurre en el tipo de lectura que, en general, predomina en Internet, cuyo formato es cada vez más abierto y flexible, como el de los más recientes programas de televisión y los magazines y revistas existentes en la actualidad.

1. La lectura: comunicación y estructura

El origen de la lectura es tan antiguo como el de la escritura. Desde la escritura cuneiforme de Mesopotamia, hace alrededor de 3.200 años a.C., a la escritura actual, han existido numerosas formas de comunicarse en sociedad (los jeroglíficos egipcios, los sellos del valle del Indo, los logogramas chinos, los alfabetos del Levante o los jeroglíficos mayas, entre otros), para constatar los acontecimientos y sucesos de la vida cotidiana y establecer de manera sencilla las múltiples relaciones sociales que definen nuestras vidas (Petruci, 2001). Por esa razón, el poder de la lectura, como instrumento de transmisión cultural y socialización, no es más importante que el poder de la escritura, sin la cual no sería posible aquélla. Tal como apunta Petruci, «los hombres continuarán leyendo mientras haya hombres que sigan escribiendo» (2001: 593). Por tanto, el origen de la lectura, como fenómeno social, se remonta al momento en que las primeras formas de escritura vieron la luz de manera normalizada, de modo que dos o más personas podían comunicarse a través de una serie de signos escritos. Sin embargo, tal como se advierte en los diferentes textos analizados, la escritura y, por tanto, la lectura, no se convierten en un fenómeno social de masas hasta que no se produce la difusión de la alfabetización, siguiendo unas reglas estandarizadas para interpretar los códigos por los cuales se rige el lenguaje.

A esto contribuyó de manera decisiva la creación de la famosa imprenta de Gutenberg, a la que hace alusión McLuhan con la expresión citada más arriba. La difusión de la palabra impresa, en opinión de este autor, constituyó «la primera producción de masas» (Callejo, 2003: 6)2. Hasta entonces, los medios empleados (las tablillas de barro cocidas, el papiro, el pergamino, la pulpa de corteza, el bambú o el papel, entre otros) no permitían el desarrollo y la difusión de la lectura en los términos en que sí lo hizo, en cambio, la imprenta.

Pero, la conversión de la lectura en un fenómeno social de masas no se debe de manera exclusiva al descubrimiento de la imprenta ni a la progresiva alfabetización de la población, sino que en ello es determinante la existencia de unos cánones que le dan forma y sentido al propio acto de leer. Gracias a éstos, se insta, desde los aparatos legítimos en las diferentes organizaciones sociales, a instruir la práctica de la lectura entre la población según unos determinados parámetros y estructuras previamente establecidos a través de la reproducción de la escritura. Por ello, la recepción de la escritura (el acto de leer) también encuentra una especie de «distinción» –en el sentido de Bourdieu– en las diferencias estructurales de los lectores, debido al capital de origen y al capital cultural que conforman los habitus de éstos, de tal manera que el respectivo estrato que ocupe un individuo dentro de la estructura le permitirá gozar de un mayor bagaje o nivel de descodificación, ampliando o reduciendo así su capacidad para leer. A este respecto, numerosos investigadores sobre la audiencia en televisión coinciden en subrayar la influencia de propiedades estructurales (edad, sexo o subestructura familiar) en la concreción del acto de recepción (Willis, 1990; Radway, 1983; Barrios, 1988), que igualmente podría extrapolarse a la lectura, tanto a través de la palabra impresa en los libros, cuanto a través de Internet.

En relación con esto, según estudios realizados en los últimos años, en lo que atañe a las características sociodemográficas de los consumidores de mass-media, el perfil de los lectores de la prensa diaria y la audiencia de radio y televisión en España está caracterizado por hombres, en los casos de la prensa diaria y la radio, y mujeres, en el caso de la televisión, que tienen entre 25 y 44 años y pertenecen a la clase media, estos últimos datos ya para todos los casos (EGM, 2000). En cuanto al perfil sociodemográfico de los usuarios de Internet, que en nuestro país ocupa uno de los últimos lugares en número entre los países desarrollados (unos 15 usuarios por cada 1.000 habitantes, según la OCDE, en el 2000), siete de cada diez usuarios son hombres (68,4%) y tres son mujeres (31,6%), tienen entre 25 y 34 años (35,2%), poseen estudios medios (BUP/COU/FP) (43,6%) y superiores (45%) y, por último, pertenecen a la clase media-media (31%) y media-alta (30,5%), a tenor de los datos publicados en el Informe Anual de la Comunicación por EGM, en el 2000.

A pesar de estos perfiles sociodemográficos, tal como se intentará plantear a continuación, parece ser que existen otros elementos o propiedades, puede que estructurales o puede que no, que actúan sobre el contenido o las formas implícitas en la lectura, alterándolas de diversos modos3, lo que se traduce, en último término, en la conclusión de nuevos cánones de lectura, que no sentencian los anteriores, sino que conviven con ellos. En cierto modo, este proceso vivido por la lectura en los últimos años, que aquí se denomina de itinerancia, puede ser concebido en última instancia como un nuevo canon universal en sí mismo.

2. La lectura en una sociedad itinerante

El punto de partida de la interpretación de la lectura en una sociedad itinerante es el individuo, el lector, como un agente activo en el proceso de recepción, con capacidad de elegir entre los distintos servicios y contenidos que se ofrecen en los libros y en Internet, y, además, que pueden hacer uso de estos servicios en el momento y en el lugar que quieran, o sea, del modo en que deseen, o, si no es así, al menos de distintos modos.

Esta concepción activa de los receptores, que subraya Lull (1992) para el caso de la audiencia televisiva, permite enfatizar la capacidad de intencionalidad de los sujetos, de tal forma que, a la antigua autoridad que se le otorgaba a la cultura de origen desde la teoría de la estructuración, se observa ahora una mayor capacidad entre los individuos para crear sus propias reglas, modificando los códigos o cánones establecidos, y seleccionando, negociando y superando los propios mensajes implícitos en la lectura.

En este cambio influyen de manera decisiva varios factores. En primer lugar, el proceso de modernización avanzada ha estado caracterizada por la propagación de un modelo de sociedad red, o un sistema socio-técnico –en términos de Castells (2001)–, fundado sobre la base de una sociedad que ahora denominamos informacional, o sociedad de la información, que es fruto de una especialización del aparato burocrático público y privado, de los gobiernos y de las empresas y multinacionales; dicha especialización conlleva aparejada la apropiación de información o la lectura, con distintos y numerosos fines, que requieren formas diferentes de abordarlos. En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, se ha producido una reestructuración global de las relaciones, de las coordenadas espaciales y temporales, que exigen adaptar el tratamiento de la información o la lectura a las nuevas condiciones marcadas por los nuevos usos del tiempo y los espacios. En tercer lugar, y por último, en estrecha relación con lo señalado previamente, el proceso de globalización produce un efecto global también al nivel de la conciencia de los individuos, puesto que se asume en el mismo un proceso paralelo de hibridación e imbricación, que se manifiesta por un desorden constante, por un cambio permanente de la significación de las cosas, que nos lleva a hablar de una realidad líquida, en términos de Bauman (2000).

Todo esto se traduce en el origen de un nuevo canon en el acto de la lectura, un canon caracterizado, como hemos dicho, por la itinerancia. La lectura se ha convertido en un acto sin códigos precisos; se puede decir que hoy, más que nunca, la lectura se ha emancipado de los viejos cánones estandarizados: es más flexible, se realiza en libertad. Se lee por placer, por trabajo, por inquietud, por necesidad de aprendizaje. Se lee tumbado en la cama, sentado en un sillón, en el parque, en el metro, en el tren, en la biblioteca. Se lee con la televisión encendida, con música, sin música, en soledad, en compañía, mandando mensajes por el móvil.

En definitiva, se lee en cualquier momento y en cualquier lugar, pero, eso sí, cada momento y cada espacio conllevan implícitos sentidos diferentes (signos con significados distintos), que sugieren maneras desiguales de leer, esto es: cánones o códigos diferenciales, que, paradójicamente, tal como hemos señalado, se convierten en última instancia en un modelo único.

Con todo, este modelo único, que aquí llamamos itinerante, decimos también que va a caballo de la «Galaxia Gutenberg» a la «Galaxia Internet», porque la lectura, como dice Castells, en cualquier forma es una red de información, y la Red «es un conjunto de nodos interconectados». Estas redes, en nuestros días, necesitan organizarse con un elevado grado de flexibilidad y adaptabilidad, si desean «sobrevivir y prosperar en un entorno que cambia a toda velocidad». Por esta razón, existe cierta analogía entre los formatos o estructuras de los programas de televisión, radio, revistas y magazines, siendo Internet el ejemplo más representativo, el modelo por antonomasia de la itinerancia en la lectura; porque Internet es, según Castells, «un medio de comunicación que permite, por primera vez, la comunicación de muchos a muchos en tiempo escogido y a una escala global». Además, añade este sociólogo que «la comunicación consciente (el lenguaje humano) es lo que determina la especificidad biológica de la especie humana. Como la actividad humana está basada en la comunicación, e Internet transforma el modo en que nos comunicamos, nuestras vidas se ven profundamente afectadas por esta nueva tecnología de la comunicación. Por otro lado, al utilizar Internet para múltiples tareas vamos transformándola. De esta interacción surge un nuevo modelo socio-técnico», un modelo efímero, reflexivo, itinerante, que confluye sobre la sinergia de múltiples elementos.

3. Testigos de la itinerancia: las ciencias sociales y el porvenir de la lectura

Recapitulando, hemos visto en esta breve reflexión no más que un ensayo ilustrando el contexto en el que emergen los actuales cambios que afectan a la recepción en la lectura. Se ha analizado este nuevo modelo o canon sin mayor pretensión que conocer el estado de la lectura en este alborear del siglo XXI de una manera asequible y coherente. La forma de leer, como cualquier otro aspecto de la sociedad, cambia, y, en estos momentos de la historia, ese cambio se encuentra sumido en una transformación que trasvasa la propia lectura; es una transformación que toca todos los hilos con los que se mueve la sociedad. Ya se ha hablado de los rasgos que caracterizan este momento en el que nos encontramos; aquí la lectura adquiere otro sentido, otra dimensión, que es lo que debemos observar con afán de conocer qué nos depara su futuro, porque, como hemos percibido, analizando la forma en que la gente lee, también podemos conocer cómo es una sociedad.

Las observaciones realizadas para elaborar este ensayo nos han permitido indagar hasta cierto punto esta cuestión. Hemos visto el desorden de la lectura en los medios tradicionales, los libros, y en Internet. Podríamos establecer, quizá, una cierta relación entre las actitudes, los códigos empleados en la lectura y la cultura de origen de los individuos observados. En cualquier caso, es imposible ignorar este desorden en toda forma de lectura, porque, como se señalaba más arriba, asistimos a una época que determina un nuevo canon, motivado también, hasta cierto punto, por la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación, que nos permiten comunicarnos de formas diferentes con los demás, lo que inspira un modelo de sociedad (el socio-técnico) que va más allá de la comunicación verbal, que afecta a todos los demás aspectos de nuestra existencia.

En este contexto, en el ejercicio de las ciencias sociales debe predominar un mayor interés hacia el elemento crucial de nuestra existencia, el de las relaciones e interacciones sociales; es decir, el de la comunicación humana, que tiene como principal testigo al lenguaje, escrito y hablado. Con lo cual, en nuestra mano está, no leer sobre el futuro, sino adivinar el porvenir a través de la lectura del presente.

Notas

1 Op. cit. en PETRUCI, A. (2001): «Leer por leer: un porvenir para la lectura», en CAVALLO, G. y CHARTIER, R. (Dirs.): Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid, Taurus; 615.

2 «Pasos hacia una ecología de la recepción». Madrid, UNED, Departamento de Sociología I (Documento inédito).

3 Habría quien, como BECK, GIDDENS y LASH (1997) o BERGER (2002), entiendan esta situación dual a partir del concepto de la reflexividad, o como el propio Giddens en otros lugares (1995) expliquen la dualidad de la estructura como una característica propia de una era en la que el tiempo y el espacio determinan el modo en que se practica la lectura, según las coordenadas espacio-temporales, y no sólo por el lugar que ocupan en la estratificación social los lectores.

Referencias

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