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Revista Comunicar 23: Música y comunicación (Vol. 12 - 2004)

Los oyentes en la construcción de la noticia. El caso del 11-M

https://doi.org/10.3916/C23-2004-22

Manuel de-la-Fuente-Soler

Abstract

El medio radiofónico experimentó, entre el 11 y el 14 de marzo, un proceso de construcción de noticias bastante peculiar. Tras un primer momento en que los atentados en los trenes de cercanías eran atribuidos a la banda terrorista ETA, el cuestionamiento de la autoría produjo una crisis en el relato, caracterizada por la ausencia de un «who». El debate en torno a este fenómeno llevó a un enfrentamiento ideológico que se trasladó a la ciudadanía, que manifestó su oposición a la política informativa del Gobierno. Este trabajo trata de analizar la evolución y los rasgos más importantes de este relato radiofónico y cómo la audiencia participó en la construcción de la noticia.

Radio in Spain went through a rather peculiar news-making process between the 11th and 14th of March. Shortly after the terrorist attacks on commuter trains in Madrid during which ETA was blamed, doubts about who was actually behind the bombings produced a crisis in the construction of the news characterized by the absence of a clear perpetrator. The debate on this phenomenon brought about an ideological struggle taken up by the general public who demonstrated their opposition to the information policy of Government. This article is an attempt to analyze the main features of this piece of radiophonic news and how the audience participated on the news-making process.

Keywords

Radio, análisis crítico del discurso, medios de comunicación, comunicación de crisis

Radio, discourse critical análisis, mass-media, crisis communication

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El relato radiofónico ha experimentado, a lo largo de los últimos veinticinco años, la consolidación de un modelo propio que le ha permitido crearse un espacio diferenciado en la estructura multimedia. Tras la llegada de la democracia, se vive una apertura informativa en un proceso caracterizado por la eliminación de la censura y la cancelación de la obligatoriedad que tenían todas las emisoras de radio de conectar diariamente con Radio Nacional de España para ofrecer las noticias. La derogación de la correspondiente ley franquista permite a las distintas emisoras ofrecer información propia, iniciándose, de este modo, un camino sin retorno que, lejos de ser lo coyuntural que pudiera parecer en un momento de necesidad de información por parte de la ciudadanía ante los constantes cambios políticos que se estaban produciendo, se prolonga hasta la actualidad. En el tránsito de los años 70 a los 80 la radio experimenta una potenciación de diversos programas informativos que convertirán al medio en punto de referencia social.

Así, la legitimación del papel central de la radio como medio informativo llegará con el golpe de estado del 23-F al realizar un seguimiento continuo del desarrollo de los acontecimientos1. Mientras las desfasadas características técnicas de TVE imposibilitaban un seguimiento inmediato de la crisis, por parte de la televisión, la radio realizó una cobertura que cumplió con las demandas informativas de la ciudadanía, hasta tal punto que el momento histórico pasará a ser conocido como «la noche de los transistores». El 23-F marca el momento álgido de consolidación del medio2 De este modo, la radio continuará, a partir de ese momento, en su apuesta por la conformación de un relato dominado por la información y la opinión, donde el seguimiento de las noticias a lo largo de toda la parrilla de programación le ha permitido ganar un espacio comunicativo propio frente a contenidos entretenimiento, desarrollados por la televisión.

Tal circunstancia ha contribuido a que la radio haya consolidado unas dinámicas profesionales que le permiten reaccionar con rapidez a los distintos acontecimientos para ofrecer las noticias con la mayor inmediatez posible. La elaboración de planes de previsión de noticias es, por ejemplo, un trabajo habitual en la redacción de una emisora de radio.

1. El relato ante el 11-M. De la excepcionalidad a la crisis de identidad

Con todo, existen hechos que son totalmente imprevisibles. Los atentados terroristas se han convertido en el hecho informativo que altera, en mayor medida, la previsión de noticias de las redacciones de informativos españolas.

No obstante, la permeabilidad de la parrilla radiofónica para alterar la programación normal en caso de que se produzcan hechos extraordinarios facilita que el medio realice programas especiales ante sucesos como los actos terroristas3, lo que constituye una solución para poder responder con eficacia comunicativa a un hecho imprevisto. Algo que quedó claro en el tratamiento informativo radiofónico del atentado terrorista producido el 11 de marzo, tres días antes de las elecciones generales, que acabó con la vida de cerca de doscientas personas.

No obstante, la magnitud de este atentado terrorista condicionó en gran medida la construcción del relato radiofónico, haciendo que éste se moviera en unas variables de indefinición que arrancan desde el mismo acto de «etiquetado» del acontecimiento. Así, este atentado fue catalogado, desde las horas posteriores a los hechos, como el «11 de marzo» o el «11-M». Los problemas que se derivan de esta nomenclatura fueron señalados ya por Jacques Derrida, quien, en referencia al «11 de septiembre», destacaba esta indefinición a la hora de nombrar este acontecimiento histórico4.

El relato radiofónico vendrá a confesar, en su seno, esta crisis de denominación cuando se cuestione la propia construcción de la noticia, cuando se constate la carencia, el 11 de marzo por la noche, del who de la noticia. Si a lo largo de todo el 11 de marzo, estaba claro este who (ETA), la noticia pasará a ser, desde el día 12, no el atentado, sino el debate sobre este «quién»5.

2.1. Información en estado de shock

Desde un primer momento, la respuesta del medio fue instantánea. Pocos minutos después de las 7.30 de la mañana de ese jueves 11 de marzo, explotaban varios artefactos colocados en diversos trenes de cercanías de Madrid. Pocos minutos después, a las 7.52, Iñaki Gabilondo ofrecía en la Cadena Ser un flash informativo: «Ha habido una explosión hace unos minutos en las vías del AVE. Al parecer no hay heridos, según las primeras impresiones. No hay heridos. Una explosión en el interior de un vagón que, al parecer, estaba vacío. En las vías del AVE. Hace unos cuantos minutos. Ya les daremos más detalles». Los titubeos y repeticiones dan cuenta de la escasa elaboración de la noticia por la carencia de datos más concretos.

La programación y previsiones informativas para ese día se eliminaron por completo. Unas previsiones protagonizadas por el seguimiento de los últimos compases de la campaña electoral, que había de culminar tres días después, con las elecciones del 14 de marzo. A partir del mismo momento del flash informativo con los primeros datos, se inicia una programación especial en las cuatro grandes emisoras de radio de España (Cadena Ser, Cadena Cope, Onda Cero y Radio Nacional de España) en que el atentado terrorista se convierte en el elemento central. El paulatino conocimiento, según pasan las horas, de la magnitud del atentado, dota131 rá al relato radiofónico de una excepcionalidad acorde con el momento.

Para empezar, la parrilla de programación radiofónica desaparece durante el 11-M. La estructuración de programas en que se divide dicha parrilla se difumina, los contenidos referentes a las informaciones del atentado son los únicos que permanecen en la programación radiofónica en detrimento de cualquier formato de entretenimiento. Así, los diversos programas vienen a convertirse en uno solo al desarrollar un único asunto que incluirá, eso sí, determinadas variables.

La importancia de la noticia determina el relato informativo durante los próximos días, en lo que Xosé Soengas denomina «noticia eclipse»: «De repente surge un acontecimiento de gran trascendencia que acapara prácticamente la totalidad de la atención y recibe un tratamiento extraordinario, de tal forma que eclipsa a las demás noticias» (2003: 74).

2.2. La relación entre emisor y receptor ante la construcción de la noticia

Por otra parte, a lo largo de la mañana del 11-M podemos detectar algunos elementos novedosos, en lo que se refiere al proceso de configuración del relato radiofónico y las relaciones entre emisor y oyente:

• Se establece un nuevo pacto comunicativo entre emisor y receptor. La radio no se limita a ofrecer noticias, sino que hace hincapié en la información de servicios que permita la movilización de los ciudadanos. Así, se informa sobre qué servicios de tren funcionan con regularidad, y qué ha de hacer quien quiera donar sangre para atender a los heridos. A las 10.30 de la mañana del mismo día 11, Iñaki Gabilondo se dirige a los oyentes definiendo el fenómeno como una auténtica situación informativa de guerra: «¿Se dan cuenta? Está sonando a información de guerra. Estamos recibiendo una información cuya difusión tiene el aire de información de guerra. Es impresionante ». De este modo, el oyente acude a la radio no sólo para mantenerse informado, sino también para conocer los puntos y aspectos de ayuda ante la crisis.

• También cambia el proceso habitual de elaboración de la noticia. Es el mismo oyente quien se convierte en fuente informativa. A lo largo de toda la jornada, se verá que la radio acude a numerosas fuentes de toda índole. Especialmente en las primeras horas, donde la confusión acerca de lo ocurrido se une a que el proceso informativo se encuentra en sus primeras fases, con lo que hay pocos datos confirmados. Un tipo de fuente que aparece constantemente a lo largo de la mañana del 11-M la constituyen oyentes que llaman al medio y que narran lo que han visto como testigos. Estas fuentes, que Mar de Fontcuberta cataloga como «noticia de segunda mano» (1993: 60), se convierten, en este caso, en responsables de información de primer orden, al constituirse los oyentes en cronistas improvisados y circunstanciales para el medio.

• Además, este proceso lleva también a un cambio de orientación del mensaje radiofónico: el oyente se convierte en emisor. No se trata simplemente de que se pida la opinión de los oyentes sobre un tema concreto, sino que se les deja el micrófono para que transmita sus vivencias, como testimonios directos. Así, a pesar de que el «feed back» es constante en la radio española, la línea de dirección del receptor al emisor adquiere más fuerza en este caso porque el compromiso que se establece con el oyente va más allá de lo habitual, requiriendo de él información útil para configurar el relato radiofónico.

Recordemos que la eficacia de estas fuentes informativas se manifiesta en los momentos iniciales de mayor confusión. De nuevo en la Cadena Ser, Gabilondo preguntaba y mantenía esta conversación con un oyente apenas veinte minutos después de saberse la noticia del atentado: «¿Las explosiones que ha oído Vd. se han producido todas en el mismo lugar? Sí, sí, han sido todas en el mismo lugar, todas en cercanías, porque salía el humo y el olor a pólvora por la calle, y se veía la explosión y las llamaradas».

La línea discursiva se mantendrá, a lo largo de toda la mañana y la tarde, según estas directrices. Lo excepcional va confirmando su naturaleza hasta adivinarse como acontecimiento inédito y, por lo tanto, histórico. Apartado central será el de la autoría del atentado. A primera hora de la noche, el relato cambiará su orientación hasta llegar, desde un hecho que parecía asumido por la mañana (autoría de ETA) hasta otra meta distinta (autoría de Al Qaeda).

2.3. Debate sobre la autoría

Con todo, como decimos, los medios de comunicación españoles asumen desde el primer momento la responsabilidad de ETA. Los antecedentes, determinados por el interés de la banda por interferir en el proceso electoral (tanto en el anuncio de una tregua declarada para Cataluña como en el intento, también escasos días atrás y frustrado por los cuerpos de seguridad, de realizar atentados) llevaban a que ningún medio se cuestionase otra hipótesis que la de ETA. Así, el diario El País (a pesar de apuntar en su editorial la probable implicación del terrorismo islamista), en su edición especial urgente del 11-M, optaba por titular: «Matanza de ETA en Madrid». Este titular será el resumen de la información que están emitiendo el resto de medios, la radio incluida, a lo largo de todo el día.

No obstante, la comparecencia del ministro de Interior, Ángel Acebes, alrededor de las 8 de la tarde del 11-M, señalando el hallazgo de una furgoneta con una cinta de cassette que contenía grabados versículos del Corán en árabe, da un viraje al desarrollo del relato. A pesar de que el propio Acebes insiste, en ésa y en futuras comparecencias públicas, en que la línea de investigación principal se mantiene en la participación de ETA, será a partir del descubrimiento de la furgoneta cuando la Cadena Ser abra una línea de trabajo que afecta gravemente a la configuración del relato6. De hecho, no se tratará ya de una labor consistente en apoyar las informaciones oficiales surgidas desde el Ministerio del Interior, sino en cuestionar el propio relato informativo por la falta de uno de sus elementos clave: el «quién» de la noticia.

Porque si hasta entonces se contaba con la estructura clásica para ordenar las informaciones en un relato radiofónico completo, será con el cuestionamiento de esta autoría cuando el discurso periodístico entre en crisis. Hasta la comparecencia de Acebes, la noticia era clara: «quién» (ETA) ha hecho «qué» (atentado terrorista) «dónde» y «cuándo» (en trenes de cercanías de Madrid a primera hora de la mañana del jueves 11 de marzo) con un «por qué» (interferir en la campaña electoral). Con la caída del «quién», el hecho informativo cambia radicalmente y, con él, todo el engranaje discursivo radiofónico del 11-M. De este modo, desde la Cadena SER, Carlos Llamas advertirá a las 9 de la noche: «En aras a la prudencia, vamos a hablar, en el mismo sentido en que lo han hecho el Rey y el presidente del Gobierno, no descartar ninguna hipótesis, y hablar de acto terrorista en Madrid. No ponerle firma a la barbarie ocurrida esta mañana en la capital». Lo que refleja de fondo el encuentro entre las fuentes (Ministerio del Interior frente a las fuentes propias de la Cadena Ser) es un interés, en términos de relato periodístico, por completar un mensaje que transmitir a la población. El sujeto de ese mensaje cambia por completo el mensaje mismo.

A partir de aquí, y hasta el 14 de marzo, la autoría de la masacre será el elemento nuclear de debate en la prensa nacional, también en la radio. Desde la Cadena Cope, Federico Jiménez Losantos iniciará con descalificaciones el debate generado por las evidencias. Consciente de que la implicación de Al Qaeda supone un revés a las aspiraciones del Partido Popular de renovar el poder en las urnas, Jiménez Losantos abre su programa el día 12 de marzo negando las pruebas halladas y pidiendo que el gobierno emprenda una política informativa de cortina de humo. Asegura, además, que la autoría de Al Qaeda es una hipótesis falsa e intencionada de medios nacionales e internacionales: «Tal vez los socios españoles del Financial Times, que es como el boletín de Ajuria Enea; tal vez estos progres de la CNN podían ser informados por la CNN+ de que aquí en España, cuando matan a 200 personas, estamos ante un acto terrorista, no ante una manifestación separatista. Digo tal vez porque, ya digo, que la basura progre en los medios de comunicación no es sólo un triste privilegio español: está por todas partes y, en el mundo anglosajón, teñida de esa forma especial de racismo que, por otra parte, manifestamos también los españoles cuando hablamos con las FARC de Colombia o le damos dinero a Arafat».

Jiménez Losantos entiende que se trata de un momento de excepcionalidad informativa en el que la información, para combatir al terrorismo y a los medios no afines al gobierno de Aznar, debe tratarse como arma propagandística: «¿Entenderán alguna vez los gobiernos de la derecha, de esta derecha tonta, que es propaganda, y que la propaganda hay que tratarla como propaganda? ¿Que no se trata de que ellos mientan y nosotros digamos la verdad?» Frente al cuestionamiento del relato informativo con el debate en torno al «quién» de la noticia, la Cadena Cope opta por reivindicarse como medio que defiende todas las actuaciones del gobierno, incluida su política informativa: «Los medios decentes (no todos lo son en España; los más fuertes se caracterizan, además, por su indecencia) por supuesto que tenemos que estar hoy más que nunca con el gobierno legítimo de España y con las víctimas». Puestas las bases de este discurso, la postura que propugnará la Cadena Cope será negar la existencia de tal crisis en el relato (negar, en definitiva, cualquier duda al respecto de la autoría de ETA), con lo que se tratará de ridiculizar, matizar y desmentir las noticias que, a lo largo de los días 12 y 13, emita la Cadena Ser.

2.4. Estrategias discursivas y políticas informativas

Frente a la postura de medios como la Cope, la Ser reivindica, a partir del día 12, la verdad por parte del gobierno. Lo advierte, la misma mañana del día 12, Javier Pérez Royo, en la tertulia, en respuesta a una pregunta de Gabilondo: «¿Cómo podríamos convertir este 11 de marzo, en vez del día negro del terror, en el día negro del terror más el primer día de una nueva visión en España de estas cosas? ¿Cómo podríamos hacerlo? Porque si no decidimos cómo lo vamos a hacer, terminará siendo algo, pero a lo mejor no es lo que nosotros queremos que sea. Primero con la verdad. Primero con la verdad. Primero con la verdad, de acuerdo. Eso lo primero. Lo primero, la verdad. Que no se escamoteen los datos jugando a esto y a lo otro. Si no, es imposible». Poco antes, a primera hora de la mañana del 12-M, Gabilondo reconocía las dificultades que comportaba la crisis del relato: «Ya ven Vds. que la radio, como ayer, está, hoy todavía, obligada a un juego de comunicación de muy variado contenido. Por un lado, todavía, la necesidad de servir información útil, que vamos, dentro de un momento, a procesar. En segundo lugar, la necesidad de pasar ya a observar con detalle la situación en la que nos encontramos, habida cuenta de que España no vive un día cualquiera; vive la antevíspera de una jornada de elecciones generales que no debe tampoco olvidarse. Y, por otro lado, una línea de enorme importancia, y que está ahora planteada con un gigantesco interrogante, que es la autoría de los atentados». La crisis planteada por la falta del «quién» en la noticia lleva, en definitiva, a que los medios entren en vericuetos comunicativos complejos para tratar de esclarecer el mismo «quién», un elemento clave para delimitar el relato informativo.

La toma de postura ideológica (por parte de la Cope defendiendo el uso de la información como propaganda, frente a la Ser, que reclama una política informativa institucional que se aleje de la mentira) llegará hasta los programas deportivos. Paco González iniciará el «Carrusel» del sábado 13 de marzo de una manera inusual: «Yo, que soy ateo en política, pero extraordinariamente ateo en política, voy a ir a votar. Yo que entiendo, pero perfectamente, a los que suelen decir eso de ‘yo no voto porque todos los políticos son iguales’, yo voy a ir a votar. Les entiendo porque saben, como yo, que eso no es verdad, lo de que todos los políticos son iguales. Es una generalización que viene del desencanto, de que no se cree casi en ningún político. Pero saben, como yo, que eso no es verdad, que no todos los políticos son iguales. Y, cuando menos, hay políticos menos malos que otros. Y hay políticos que nos mienten. Y yo entiendo que un político se equivoque, pero no perdono que me mienta. Y, no sé, a mí esto de los llamamientos al voto me parecen siempre un poco ridículos, ridículos o interesados, porque siempre he pensado que cada uno tiene que hacer lo que le dé la gana. Pero es que esta vez, si no votamos, es que no nos importa nada». Así, si la magnitud del acontecimiento había dinamitado, el día 11, la estructura de la parrilla radiofónica, esta violación de los límites se verá, el día 13, no en la estructura de los programas, sino en el discurso radiofónico. Tenemos el ejemplo de las palabras de Paco González, características antes de una tertulia política de un magazine, que de un programa deportivo.

3. Consideraciones finales

En definitiva, la radio fue el medio que trazó las líneas informativas entre el 11 y el 14-M. Los cruces de declaraciones entre las emisoras (incluso después de las elecciones) y las numerosas referencias de los medios escritos a la labor desempeñada por la radio, dan fe de este hecho. La relevancia social que volvió a adquirir la radio se manifiesta en las siguientes conclusiones:

• Las características propias del medio (inmediatez, instantaneidad) y la apuesta en España por un modelo radiofónico en que la información y la opinión priman sobre los espacios de entretenimiento, hacen que la radio fuera el medio idóneo para responder con mayor rapidez a los acontecimientos extraordinarios, y a reorientar un relato en crisis, a pesar de las dificultades que comportaba ese «juego de comunicación».

• El relato radiofónico, a partir de la noche del 11- M, impregna al resto de medios de comunicación, y el camino abierto en la investigación de la autoría de los atentados terroristas desvela los errores de la política informativa emprendida por el gobierno en funciones. Es el medio radiofónico el que primero identifica la crisis del relato. Una serie de elementos informativos (entre los que se incluyen las incongruencias en el discurso oficial) hacen que, en diversos programas, se cuestione la política comunicativa del Gobierno.

• La radio se enfrentó, al identificar la crisis del relato, a un problema de una cierta envergadura. Así, David de Ugarte (2004: 51) viene a decir que, de hecho, se produjo una crisis en el sistema social de referencias: «ETA ha vuelto a matar en Madrid… porque tiene que ser ETA, decía la presentadora de Telenoticias de Telemadrid, confesando la necesidad de q u e el enemigo tuviera una cara familiar. El horror del 11- M es tal que todos en España, desde los servicios de Inteligencia a la presidencia del Gobierno necesitaban un punto de arranque desde el que entender qué estaba pasando. ETA es un enemigo conocido frente al que se sabe que hay que hacer. Es «nuestro» cáncer. Doce horas después todos los discursos de los líderes políticos quedaban irremediablemente viejos». De ahí que Gabilondo, consciente de las dificultades que implica la reorientación del relato, explicara, con detalle, el «juego de comunicación» al que se enfrentaba la radio, que no era otro que una ruptura ideológica mediante la cual ETA era la única autora probable e imaginable.

• Las dificultades del «juego de comunicación» hizo que se eliminaran los límites discursivos de los programas. Formatos de entretenimiento, como los programas deportivos, vieron violentados su estructura habitual e introdujeron elementos de debate político, más propios de los programas informativos.

A través de los distintos elementos que se pusieron en juego en la construcción de un relato radiofónico cuanto menos poco habitual, llevaron el debate político a la calle. «¿Quién ha sido?» fue una de las preguntas que se corearon en la manifestación convocada por el Gobierno el viernes 12 por la tarde. Una pregunta que recogía la duda que había planteado la radio y que daba cuenta de la vigencia social del medio. Si el 23-F supuso, en palabras de Balsebre (1994: 13-14) «la diplomatura de la nueva radio informativa de la España postfranquista y democrática», el tratamiento del 11-M vino a significar una nueva prueba de fuego que validó al medio radiofónico ante el nuevo panorama multimedia. Si bien, este tratamiento contó con una particularidad que la convirtió en definitoria: el debate alrededor de la construcción de la noticia. Un debate sobre el relato radiofónico en sí sobre el que parte un debate sobre políticas informativas en nuestro país7.

Notas

1 Balsebre (1994: 14-15) señala que las particularidades del relato radiofónico ante aquel suceso tenían un componente de validación social: «A pesar de la imprecisión de las primeras informaciones, el sonido libre de la palabra radiofónica era suficiente para confirmar a todos que el golpe de estado no había triunfado y que únicamente el Congreso de los Diputados y la región militar de Valencia eran escenario preocupante de la sublevación militar (...). Entretanto, en aquellas primeras horas angustiosas de la tarde del 23 F, la programación televisiva siguió casi sin alteraciones la serie de programas y espacios habituales de cualquier lunes normal, ajena a lo que estaba sucediendo en el Congreso de los Diputados, abriendo todas las dudas posibles sobre el éxito o no de la rebelión militar».

2 De nuevo Balsebre concluye que «la etapa de la transición española de la dictadura a la democracia alumbra el nacimiento de una nueva radiodifusión, cuya imagen corporativa como medio de información obtendrá inmediatamente una doble legitimación: socialmente, como agente institucional del cambio político, que confirma la función movilizadora en favor de la Democracia desplegada por la radio en la cobertura informativa del 23-F; empresarialmente, por una significativa ampliación de las bases comerciales del negocio radiofónico, con incrementos extraordinarios de la audiencia y los ingresos publicitarios» (2002: 474).

3 Lo extraordinario, en opinión de Cebrián Herreros (1994: 176), supone la base de la labor periodística: «El periodismo se centra más en los hechos extraordinarios que en los cotidianos. Si una empresa, institución o grupo social trabaja con normalidad generalmente no es objeto de información. Si, por el contrario, un día se produce una crisis, una amenaza de huelga, inmediatamente se convertirá en hecho noticiable».

4 Según Derrida, «el lugar y el sentido mismos de este ‘acontecimiento’ permanecen inefables, como una intuición sin concepto, como una unidad sin generalidad en el horizonte, sin horizonte incluso, fuera de alcance para un lenguaje que confiesa su impotencia, y en el fondo se limita a pronunciar mecánicamente una fecha, a repetirla, a la vez como una especie de encantamiento ritual, conjuro poético, letanía periodística, ritornelo retórico que confiesa no saber de qué habla» (Borradori, 2004: 132)

5 Un proceso que se puede seguir en la selección de cortes de voz que hemos realizado, a partir de las grabaciones de esos días, y que se encuentran publicados en Internet: www.uv.es/demopode/actividades/ archivo/archivo1.htm#audio.

6 Una línea de trabajo que consistirá en facilitar por antena los datos con los que venía trabajando el medio desde hacía algunas horas, tal y como señala Eva Comas (2004: 64): «De todos modos, en esos momentos los redactores de la SER trabajan en otra dirección. «Ya a partir de la una de la tarde aproximadamente –afirma [el subdirector de informativos de la SER Rodolfo] Irago– nosotros sabemos que existe esa furgoneta, que tiene una cinta con versos en árabe, del Corán, que posiblemente los detonadores no son los de ETA, pero es una información que mantenemos embargada hasta que podamos confirmarla por vía oficial». Según él, no hacen pública de momento esa información porque son noticias no oficiales y en las primeras horas de confusión es un riesgo llevar a antena noticias contradictorias ».

7 El 11-M está generando una abundante bibliografía formada por libros escritos por periodistas que se posicionan a uno u otro lado. Así, por ejemplo, Consuelo Álvarez de Toledo viene a asegurar que el gobierno del PP usó información errónea por culpa de un complot urdido por el PSOE y sus fuentes en los Servicios de Información del Estado, que proporcionaban al Ejecutivo información falsa para que éste quedara como mentiroso ante la sociedad. Esta periodista llega a opinar, en su libro publicado cuatro meses después de las elecciones, que el Gobierno debería haber interrumpido el proceso electoral: «Quedan sólo tres días para las elecciones. El Gobierno no contempla, ni por un segundo, la idea de paralizar el proceso electoral. Eso supone entregar el triunfo a los terroristas; quienes sean, da lo mismo» (2004: 113). Por su parte, Pepe Rodríguez coteja los datos para concluir lo contrario, o sea, que el Gobierno mintió con fines electoralistas: «Alguien, en el Gobierno de Aznar, ordenó aplicar una norma clásica de la propaganda que dice que es preferible la verosimilitud y la credibilidad antes que la verdad y los hechos (la opción de la intervención de ETA era verosímil, pero los hechos indicaron, desde muy temprano, que no era verdad). Ese alguien quiso aplicar tácticas de propaganda en lugar de técnicas de gabinete de crisis, es decir, confundió lo que se necesita para controlar una crisis –dar información veraz y puntual y evitar la especulación, entre otras cosas– con lo que se hace para manipular a un electorado, usar propaganda» (2004: 202). También se han publicado libros que se centran en aspectos más específicos, como el de Carlos E. Cué, que describe las concentraciones, realizadas por móvil, del 13-M, para señalar que «el Gobierno hizo su versión, que se fue desmontando poco a poco. La oposición presionó al Ejecutivo para que sacara a la luz los datos que tenía. Algunos medios se adelantaron y dejaron que la realidad desmintiera la versión que surgía del poder, mientras otros –sobre todo los canales públicos– siguieron la línea informativa marcada por Aznar» (2004: 7-8). Con todo, en el momento de escribir este artículo (junio-julio de 2004), aún se esperan trabajos académicos por parte de la Universidad que ofrezcan una perspectiva global. Trabajos que, por otra parte, requieren de más tiempo por la labor de investigación y análisis que comportan.

Referencias

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