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Revista Comunicar 23: Música y comunicación (Vol. 12 - 2004)

«Buscando a Nemo»: un análisis desde la perspectiva de los educadores

«Finding Nemo»: analysis from an educational perspective

https://doi.org/10.3916/C23-2004-23

María Salcines-Martínez

Héctor-Manuel Pose-Porto

Abstract

Desde su estreno en España, «Buscando a Nemo» ha conseguido convertirse en un fenómeno casi de masas. El filme narra la historia de un padre viudo que, en una especial compañía, recorre el océano en busca de su único hijo. En el desarrollo argumental, entendemos que son muchos los momentos dignos de análisis para los profesionales de la enseñanza. En el artículo se presentan las reflexiones realizadas por una educadora y un educador, en relación a aspectos tales como: tipos de familia, actitud ante la diferencia, transmisión de valores y estereotipos, etc., que se pueden inferir después de un pausado y reflexivo visionado de la película.

«Finding Nemo» has been a big success since its premiere in Spain. This film is almost a mass media event. The plot of «Finding Nemo» is about a father-son underwater adventure featuring Nemo, a boy clownfish stolen from his coral reef home. His timid father must then search the ocean with a special friend to find him. This paper analyzes some special scenes to focus on reflections about standard families, attitudes to difference, values and stereotypes which are very interesting from an educational point of view.

Keywords

Películas, representaciones, niños, conductas, formación, medios, valores

Films , representations, children, behaviours, teacher’s formation, mass-media, values

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En la Facultad de Ciencias de la Educación tratamos de que los alumnos/as comprendan que no hay mejor método para hacer significativos los aprendizajes, de quienes pretendemos enseñar, que conocer cuáles son los cambiantes intereses y motivaciones de la infancia actual, ya que sólo así conseguiremos la sintonía necesaria entre éstos y los contenidos que trabajamos en nuestras aulas.

«Shrek» fue la primera película de animación de nuestra etapa adulta que nos hizo soltar desinhibidas carcajadas en un cine repleto de público infantil. Y en eso, llegó «Buscando a Nemo». Durante su visionado, fueron innumerables los temas que considerábamos eran dignos de reflexión, sobre todo, desde la perspectiva de docentes. Somos conscientes de que los niños/ as aplican sus esquemas o grupos de acciones previamente almacenados, de forma simple y estereotipada, ignorando los aspectos en que la película difiere a los citados. Tratar de establecer inferencias y relaciones entre las distintas escenas de un filme, predispone a los más jóvenes a que aquellas sean tal y como las piensan (Leal, 2002). Avisamos al lector/a que, para el presente artículo, optamos por seguir la línea argumental del filme, pero realizando el análisis alrededor de varios ejes.

1. La familia

Son dos las tipologías de familia que se muestran en la película. En un primer caso, entendemos que se da una reproducción de los roles familiares tradicionales. Ya al inicio del filme, vemos a un orgulloso pez payaso mostrándole a su mujer la anémona que se convertirá en el nuevo hogar de una pareja a punto de convertirse en familia. Marlim, el afortunado padre, está preocupado por si será querido por los más de cuatrocientos hijos/as que están a punto de salir de sus huevos. Coral, su pareja, trata de tranquilizarlo, en un alarde de extensión de su, a punto de ser inaugurado, instinto maternal. La distribución de roles según el sexo está presente en muchas especies animales, sin embargo los humanos tratan de deshacerse de este yugo, a veces demasiado injusto, a través de la racionalidad con la que alardea ser diferente a los otros seres que pueblan la Tierra. El problema reside en la dificultad de congeniar el comportamiento instintivamente animal con aquel promovido por las distintas culturas. ¿Dónde establecer el límite entre ser coherente con la realidad y hacer uso de la prosopopeya? Semióticos como Eco (1980) inciden en demostrar la sutil transmisión de valores, prejuicios, tópicos y normas morales que canalizan los mensajes publicitarios y los productos audiovisuales, induciendo a pensar de determinada forma.

Desaparecida Coral tras un desgraciado lance con una barracuda, el cuidado de la prole será ejercido únicamente por el varón. La única figura femenina con el suficiente peso para ser analizada es la de la compañera de viaje de Marlim, pero ésta se muestra como un ser independiente, sin ataduras familiares. La relación que se establece entre los dos sexos es siempre de protección del macho con respecto a la hembra. Hay varias imágenes que lo corroboran: cuando el pez payaso trata de evitar la muerte de su pareja; el llanto de la pez cirujano azul, al sentirse rechazada por un Marlim que la considera más como un estorbo que como una ayuda para lograr encontrar a su hijo, o el derroche de valentía del pez payaso adulto para rescatar a una adormilada Dory en medio de un bosque de anémonas venenosas.

La segunda tipología de familia a la que aludíamos, contrasta con la biparental y monoparental descritas. La vida en comunidad es la que parecen llevar las tortugas. Las hembras de esta especie ponen sus huevos en una playa y cuando llega el momento, las crías rompen sus cáscaras, instante en que comienza su lucha por la supervivencia. Una vez llegan al mar, son acogidas en un grupo intergeneracional de trashumantes tortugas. Estas escenas de la película traen a la memoria formas de proceder históricas como la de los espartanos, donde los padres no conocían quiénes eran sus hijos/as biológicos, protegiendo así a toda la prole.

2. La diferencia

Consideramos que el trato que se le da a este aspecto sufre un proceso de evolución a medida que transcurre la cinta. Así, una primera etapa está definida por la superprotección a través del eufemismo que Marlim ejerce con respecto al hijo. Al nacer, Nemo presenta una hipotrofia en una parte de su anatomía. El padre, en vez de enseñar a su cría a superar los obstáculos que se le puedan presentar en la vida a causa de tal malformación, le hace creer que su poco desarrollada aleta le dará suerte.

Un segundo momento tiene lugar cuando se eliminan los eufemismos pero sin cambiar la conducta de desmesurada salvaguarda. Ocurre cuando, recién llegado a la escuela, se pone de manifiesto la diferencia de nuestro protagonista con respecto a otros congéneres. A su vez, en esa iniciación a la vida social, éstos admiten con naturalidad las suyas: un calamar con un tentáculo más corto; un ser acuático alérgico al H20, etc. Sin embargo, el verdadero pensamiento de Marlim surge cuando se ve obligado a delegar el cuidado de su retoño en el profesor. Le explica al Sr. Ray no sólo la especial característica que su vástago presenta sino que además, le advierte de todas las dificultades que ésta le puede acarrear. La confrontación entre el verdadero pensamiento del padre y lo que hasta ahora le había expresado a su hijo, se verbaliza cuando Nemo y sus compañeros se asoman al oscuro abismo oceánico. El temor por la vida del pequeño le lleva a aleccionarle: «Recuerda que no nadas bien». Con esa frase se delata la incapacidad que el progenitor considera que tiene el pez payaso chico para valerse por sí mismo.

Que la diferencia no sirve como excusa es el siguiente cambio que se produce. Avanzada la película, Gill, un pez ídolo árabe con el que Nemo va a topar en la pecera, le enseña a convivir con su peculiaridad. Le hace consciente de ella ya que, sólo así, podrá enfrentarse debidamente a los problemas que su existencia le puedan ocasionar. Interiorizado ese aprendizaje, se produce un cambio en su autoconcepto.

La diferencia no es ningún obstáculo y nuestro protagonista así lo cree cuando vuelve a probar suerte en su intención de atascar el filtro del acuario, tras escuchar que su padre es el protagonista de la heroica historia que el pelícano Nigel cuenta. La confianza que tiene en sus posibilidades se contagia a Marlim que llega a decirle: «Yo sé que puedes», cuando Nemo busca en él la aprobación para intentar salvar a Dory de ser capturada por un barco pesquero, al filo del final.

3. La conducta

Iniciada la búsqueda del joven, Marlim y Dory se encuentran con Bruce, un gran tiburón blanco con idéntico nombre a la maqueta empleada en la célebre película de Tiburón de Spielberg –uno de los múltiples homenajes presentes a los clásicos del cine, guiño para adultos–. Se trata de un depredador ápex, es decir que se encuentra en la cúspide de la cadena alimenticia y no se enfrenta a depredadores naturales. Pese a lo que se podría esperar, el tiburón no persigue a los dos peces para devorarlos. Busca que lo acompañen a una reunión que simula a las que organizan como terapia de grupo el colectivo de Alcohólicos Anónimos. A ella también acuden otros dos escualos. Es totalmente surrealista que en el reino animal tres tiburones traten de ir en contra de sus instintos. Lo absurdo, por antinatural, de la situación nos sirve para reflexionar sobre los procesos de desintoxicación a los que se someten los humanos para liberarse de la adicción a unas sustancias cuyo consumo está socialmente prohibido y castigado. ¿Con esta secuencia se incita para que surjan dudas sobre si determinadas conductas pueden ser tachadas de indeseables y, en ocasiones, sancionables? ¿Podríamos pensar que la película puede emplearse como alegoría de la utilización de ciertos elementos de los que el ser humano ha hecho uso natural desde tiempos remotos? El tono sarcástico de la escena de los grandes seres acuáticos no sólo se aprecia cuando parodian una sesión terapéutica y de catarsis, sino cuando atribuyen la causa de las recaídas en la adicción de Bruce a no haber conocido a su padre. Recuerda el pensamiento freudiano de que cualquier trastorno en la adultez es consecuencia de algún trauma infantil. El yo no es capaz de mantener firme las riendas que controlan al ello, y de ahí que aflore el instinto propio de su especie, en el gran tiburón blanco, al oler la sangre que cae de la nariz de Dory cuando es golpeada accidentalmente por las gafas de submarinista.

4. El grupo

Otro tipo de relación que se puede apreciar en la película se da entre los seres que ocupan la pecera de la consulta del dentista en donde Nemo es introducido tras su captura. Para ser aceptado por el grupo, el protagonista ha de pasar una prueba de valor. El ritual, aderezado con canciones y trato de hermandad entre los presentes, trae a la memoria del espectador/a prácticas tribales ancestrales, ritos iniciativos reproducidos por muchos de los grupos y sectas que existen actualmente.

Por otro lado, allí conviven animales acuáticos con rarezas de lo más variopintas, destacando Gill como líder del grupo. Es el único que no ha nacido en cautividad, característica que le confiere una fuerte rebeldía natural. Contagia a los demás su ansia de libertad, creando en ellos una necesidad que de por sí no experimentarían, dada su condición innata de mascotas. El veterano ve al recién llegado como su delfín, ya que se trata de un pez también capturado en el océano. Tras el primer intento fallido de liberación, el instigador muestra cierta condescendencia con el nuevo recluso, motivado por las palabras de la fisgona estrella de mar, único atisbo de protección maternal presente en toda la película tras la muerte de Coral. Frente a lo que se pudiera pensar, el argumento para su defensa se basa en la juventud del pez payaso y no en las dificultades que le pudiera ocasionar su anomalía. La información del entorno la proporciona este ser vigilante de cinco brazos, siempre pegado al cristal del recipiente. Los habitantes del acuario no sólo saben lo que ocurre en la consulta del dentista en el que se ubica, sino que, gracias a un pelícano, pueden conocer lo que sucede más allá de esas cuatro paredes. La necesidad del trabajo en equipo es interiorizada por el pez payaso en varios momentos de su reclusión. Los aprendizajes allí adquiridos son transferidos por Nemo cuando, una vez en el mar abierto, se encuentra en una delicada situación en la que considera que la única solución para evitar que Dory sea apresada es buscar la coordinada fuerza del grupo aprehendido en la red. Ahí, las dotes de liderazgo del maestro son adoptadas por su aprendiz.

5. La educación

Las referencias a la educación reglada o formal se reflejan en la película en varios momentos. La escuela es la puerta que conduce del reducido contexto familiar, en el que hasta ahora se encontraban las crías, a la amplitud del gran entramado social marino. No creemos casual que sean seres femeninos con marcado aspecto maternal los encargados del cuidado de los más pequeños/as en la cama de esponjas, pues reproduce fidedignamente la situación real en la que es mayoritaria, por no decir prácticamente exclusiva, la presencia de docentes del sexo femenino en la primera etapa de escolarización. En contraposición a la anterior asimilación de la realidad, en la cinta se muestra también una renovada visión de la educación. Se concibe una escuela abierta al entorno y lúdica. El Sr. Ray, el pez manta responsable de la formación del grupo, conduce, cual pedagogo que asume las directrices de la Escuela Nueva, a los alumnos/as a las fuentes de conocimiento. En nuestras escuelas los maestros/as tratan de enseñar a las nuevas generaciones a vivir en un mundo cada vez más ininteligible, pero es imposible que la complejidad y riqueza social se puedan constreñir para ser vivenciada entre las cuatro paredes del aula.

Es simpático observar cómo el pez manta les alecciona en contenidos científicos e incluso de educación vial. Su posición con respecto al grupo es muy representativa. Cuando todo va bien, se coloca debajo de ellos a modo de colchón. En el momento en que las cosas se complican, les obliga a colocarse bajo él, como si se tratase de un paraguas. La forma de protección es diferente en ambos casos: en el primer momento actúa como la red protectora de los funámbulos que evita que se hagan daño cuando experimentan una y otra vez en busca de la consecución del objetivo propuesto; en el segundo, al ver peligrar la integridad de sus discípulos, prima el instinto de protección por encima de la libertad de movimiento necesaria en cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje.

6. La personalidad

La muerte traumática de su pareja y de más de cuatrocientos descendientes, convierte al alocado Marlim en un ser obsesivo, agorafóbico, hiperprotector y con nulo sentido del humor. Así, al salir de la anémona donde vive, lleva a cabo un ritual propio de los que padecen algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. La tendencia a angustiarse una vez sale de la anémona que habita, se pone de manifiesto cuando Nemo le pregunta: «¿No te agobiarás como en el zoo de pececitos? ».

La sensación que el progenitor experimenta se transmite eficazmente al espectador/a cuando se ofrece una desoladora imagen tras la captura de su hijo, en la que se ve a un minúsculo pez ante el gran océano. La monocromática oscuridad que parece reinar en él, contrasta con el colorido propio del arrecife coralin o , hasta entonces prácticamente único escenario de la película. Con respecto a la predisposición para experimentar estados depresivos hay que decir que son varias las secuencias en las que se presenta a un Marlim alicaídamente derrotado. En ocasiones consigue superar esos estados gracias a los positivos mensajes y a la actitud no premeditada de su compañera de viaje.

Aunque con menos efectos inmediatos, también es digno de ser destacado el cambio que se produce en su autoconcepto cuando escucha en boca de terceros la valerosa intervención realizada para evitar ser devorado por un horrible monstruo procedente de las profundidades del mar o por una panda de «arrepentidos feroces tiburones».

Señalar que en el mundo animal también están presentes los prejuicios sociales. A los peces payaso se les presupone y solicita un agudo sentido del humor. El realismo con el que Marlim se enfrenta al mundo le impide contar chistes, habilidad que varía exitosamente cuando mejora sensiblemente su situación vital. Pero no sólo éste presenta algunos trastornos de personalidad, muchos de los seres que habitan el acuario también lo hacen: uno está obsesionado por capturar burbujas; otro muestra un comportamiento compulsivo por mantener todo pulcramente limpio y descontaminado; un tercero no controla la hinchazón de su cuerpo cuando algo no sale como esperaba… Gill considera que todos estos problemas son debidos a ir contra natura, manteniendo en cautividad a unos seres que han nacido para vivir en libertad. ¿Acaso la sociedad urbana actual no favorece la aparición de fobias de semejante índole? (Rojas, 1992; Arenillas, 2003).

7. La amistad

Cuando Nemo es capturado, Marlim, desesperado por conocer el rumbo que ha tomado la embarcación, se encuentra con Dory, quien le ofrece ciertas indicaciones. Tras un primer momento esperanzador, uno se da cuenta de que la samaritana sufre algún tipo de trastorno de la memoria. ¿Quizás un homenaje a los afectados por el mal de Alzheimer, esa pavorosa enfermedad de nuestro tiempo?

Pese a la dificultad del ser azul para recordar, éste cuenta con una serie de aprendizajes que benefician al pez payaso en su misión: conoce métodos de lectura rápida, habla diferentes dialectos del idioma balleno y sobre todo, muestra una actitud desmesuradamente positiva ante la vida: «Cuando huye la suerte, ¿sabes lo que hay que hacer? Sigue nadando». La inconsciencia que impera en todas sus actuaciones contrasta con la excesiva reflexión de Marlim ante cualquier hecho. Ninguno de los dos extremos es positivo. Dory consigue que éste salga de muchos de los estados depresivos que experimenta. En contraposición, aquél confiere a la pez una cierta estabilidad y sobre todo, la necesidad de tener que realizar un esfuerzo para olvidarse menos de las cosas y poder aplicar los conocimientos con los que cuenta. Son varias las escenas en las que podemos apreciar cómo las diferencias de base entre ambos hacen que Marlim desee romper la relación con Dory y continuar el viaje sin el lastre que considera que ella le supone. Es paradójico ver cómo un ser acostumbrado a proteger excesivamente a su único descendiente por ser diferente a sus congéneres, es poco tolerante con las peculiaridades de otros.

8. La sociedad

Sin duda, el éxito de recaudación y de crítica convierten, aun más si cabe, a esta película en un fundamental referente en la cinematografía infantil. Además, los guiños a la realidad más actual –expresiones de la calle; doblajes por parte de reconocidos actores/ actrices patrios; alusiones satíricas a la omnipresencia norteamericana en el mundo, etc.–, ayudan a captar la atención de un público adulto entregado.

Algunos hábitos muy extendidos en nuestra sociedad urbana globalizada también son motivo tanto de irónicas alusiones como de afirmación en el filme. La tendencia a poseer seres acuáticos como mascotas o elementos decorativos en nuestros hogares es uno de ellos. Darla, la maléfica sobrina del galeno de la historia, al margen de su traviesa imagen acrecentada por el protector metálico de su dentadura –el terror de muchos quinceañeros/as–, recurre a la «taza de la muerte» para deshacerse cada año de su animal de compañía. Un viaje sin retorno.

Es importante mencionar más cuestiones que no deberían pasar desapercibidas al espectador/a. Una de ellas la protagonizan las gaviotas, retratadas casi como buitres carroñeros. Su insistente y unísono graznido de «¡mío, mío, mío...!», eslogan más propio de un grupo de consumidores/as ante las rebajas que de una bandada de aves, aleja cualquier atisbo de afectividad por parte del público. El individualismo, la preponderancia del yo ante el otro rival, son características que definen, en gran medida, nuestras identidades urbanas actuales. La segunda de las referencias está protagonizada por los pelícanos. No tanto del buen Nigel, sino por la prole posada a la entrada de la bahía. Dory y Marlim son capturados por uno de sus congéneres. El ser alado sufre un atragantamiento, motivado por la rebeldía de los dos peces que luchan por no ser devorados. La pérdida de equilibrio que esta rebelión digestiva le ocasiona, es interpretada por parte de los miembros de la camada como manifestación de un estado etílico, mostrándose absolutamente indiferentes. Hasta que uno de ellos (Nigel) no decide movilizarse, no lo hacen los demás. ¿Acaso no es general proceder ante cualquier suceso similar en el metro o la calle de nuestras ciudades?

Al margen de polémicas sobre plagios, es innegable que este producto de consumo cultural no pasó desapercibido. El aumento de las visitas a acuarios, la adquisición de peces exóticos como mascotas, el capítulo espectacular de ventas por merchandising o las múltiples conversaciones generadas, dan muestra de ello. Nuestra pretensión es traer a colación los aspectos más o menos explícitos del metalenguaje subyacentes en este tipo de propuestas de ocio intergeneracional e invitar a un visionado reflexivo de la cinta. Legítimo es el aprovechamiento económico que por parte de la industria cultural se está realizando, no siéndolo tanto la nada ingenua intención por homogeneizar pensamientos y conductas, lo que debería hacernos plantear cierta mirada crítica sobre las mismas. Sería un buen ejercicio de formación proyectar este exitoso filme como base para analizar los mitos culturales contemporáneos, así como el uso de los productos multimedia como instrumentos de conocimiento y reflexión acerca de situaciones propias y ajenas (Gutiérrez, 1998; Shotat y Stam, 2002).

Referencias

ARENILLAS, T. (Coord.) (2003): Ecología y ciudad. Raíces de nuestros males y modos de tratarlos. Madrid, El Viejo Topo.

ECO, U. (1980): El signo. Barcelona, Labor.

GUTIÉRREZ, A. (Coord.) (1998): Formación del profesorado en la sociedad de la información. Segovia, Universidad de Valladolid.

LEAL, A. (2002): «Narraciones audiovisuales y representaciones infantiles: los roles masculino y femenino», en Cultura y Educación, 14; 313-326.

ROJAS, L. (1992): La ciudad y sus desafíos. Héroes y víctimas. Madrid, Espasa.

SHOHAT, E. y STAM, R. (2002): Multiculturalismo, cine y medios de comunicación. Barcelona, Paidós.