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Revista Comunicar 24: Educación en comunicación (Vol. 12 - 2005)

La formación de reporteros infantiles y juveniles en Chile

How children and adolescents learn to be reporters in Chile

https://doi.org/10.3916/C24-2005-11

Ana-Rayén Condeza-Dall’Orso

Abstract

Desde el año 2002 el Instituto de Estudios Mediales de la Pontificia Universidad Católica de Chile trabaja en la formación de niños y adolescentes reporteros con estudiantes de un internado rural en situación de extrema pobreza del sur del país. La metodología allí utilizada se diseñó con el objetivo que ellos experimenten con los medios de comunicación desde su propia realidad e intereses para que desarrollen habilidades superiores de pensamiento, por medio del ejercicio periodístico, del «reporteo » y de la toma de decisiones para la producción de los mensajes.

Since 2002 the Media Studies Institute at Pontificia Universidad Católica de Chile is working with extremely poor children and adolescents in a public boarding school set in a rural area, with the purpose of teaching them how to be reporters. The method was designed to make students work in the process of media production, including experiences of their own reality and youth interests. Learning to be reporters teach children to use media as a pretext to develop better skills in thinking, teaching them to take decisions in the production process of creating messages.

Keywords

Niños, adolescentes, producción de medios, medios infantiles y juveniles, educación en medios, inclusión social

Children, adolescents, media production, media education, social inclusion

Archivo PDF español

Es abril, faltan sólo minutos para que despeguemos desde Santiago hacia Río de Janeiro para exponer en la IV Cumbre Mundial de Medios para Niños y Adolescentes1, mientras Robinson Rodríguez, hijo de campesinos, quien viene de cumplir catorce años y vive a 600 kilómetros al sur de la capital, en una de las comunas más pobres de Chile, no deja de mirar por la ventanilla. Intenta acomodarse en el espacio del asiento, buscando la postura precisa para experimentar por primera vez esa sensación, mezcla de libertad y de temor, de desprenderse del suelo.

No imagino qué pensamientos se agolpan en su mente, pero sí su velocidad, de seguro semejante a la de la carrera del aparato por la pista. Al elevarnos, su sonrisa, feliz al tiempo que temblorosa, tan amplia que parece salírsele de las orejas, me indica que para Robinson el viaje en avión va a ser un detalle más de todo lo que se le viene por delante. Desde que supo que era el único joven chileno que participaría en el Foro de los Adolescentes de la Cumbre Mundial, se siente entre las nubes: «Ese día estaban todos esperándome en la casa, con el director y los profesores de la escuela, felices. A mí me pareció raro ver tanta gente. Cuando me dijeron sentí mucha emoción, corrí a mi pieza, salté y me tiré en la cama, sin saber qué hacer iba de un lado a otro de la casa. Luego pensé en mis compañeros, no podía creerlo, a Brasil más encima, a contar lo que hacemos en la escuela, pero creía que ellos no me iban a hablar nunca más. ¿Por qué yo, pensaba, si todos fuimos reporteros para la radio? Pero creo que este viaje lo estamos haciendo todos los de la escuela. Todos trabajamos y aprendimos mucho».

El avión en punta, ruidoso, confirma el impulso logrado por esta empresa, ciento por ciento voluntaria: por una parte el proyecto del Instituto de Estudios Mediales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, iniciado hace dos años en una escuela de escasos recursos del sur de Chile, podrá ser conocido a nivel internacional, y por otra las ganancias adquiridas por los niños comienzan tímidamente a tomar vuelo propio, con Robinson como su representante oficial, no por la situación vulnerable en la que viven él, los demás estudiantes y sus familias, sino por sus propios méritos, así como por haber desarrollado habilidades comunicativas y de producción para los medios. Robinson no es un profesional de la comunicación, ni habla otro idioma. Tampoco conocía la capital de Chile. Aún así, siento que este adolescente del fin del mundo es un colega, un reportero más, con la riqueza de su mirada, de su propia visión del mundo y de lo que piensa que son, o pueden llegar a ser, las personas y las cosas.

Una parte de la misión de nuestra universidad consiste en que sus académicos e investigadores contribuyan con su quehacer a quienes más lo necesitan. Esta experiencia se basa en ese compromiso de trabajo, pero aún así tenemos mucho que agradecer, pues el proyecto sólo ha recibido bendiciones: la ponencia de nuestra universidad fue una de las cien seleccionadas, entre cuatrocientas colaboraciones presentadas, y de guinda del postre nos invitaron a seleccionar a un joven para el Foro de los Adolescentes. Entonces empezó la carrera por hacer posible este sueño: logramos que UNICEF Chile patrocinara el viaje de la camarógrafa a cargo del documental sobre la experiencia de Robinson con los otros ciento cincuenta adolescentes de todo el mundo; asimismo que la línea aérea LAN Chile financiase el viaje de este último y de su acompañante, la profesora de lenguaje; y por último que el Ministerio de Educación sufragase la estadía de ambos.

1. Los niños y adolescentes pueden producir para los medios

Viendo cuánto ha crecido Robinson desde el invierno del año 2002, cuando iniciamos el trabajo con el fin de desarrollar habilidades de producción para los medios en los ochenta y cuatro estudiantes, entre seis y trece años, del internado de enseñanza primaria de Lanalhue, que en lengua mapuche significa «alma perdida», parece que hubiera transcurrido mucho más tiempo.

Todo comenzó cuando el director de esta escuela del sur de Chile nos contactó para que capacitáramos a los profesores en radio, porque habían obtenido un set básico de equipos a través de un concurso del Ministerio de Educación. El internado es un establecimiento rural de escasos recursos y el 70% de los niños tiene ascendencia indígena. Ni los profesores ni los alumnos cuentan con Internet, teléfono fijo, televisión por cable o satélite; no reciben prensa ni revistas, y la ciudad más próxima, Cañete, está a 16 kilómetros. Los niños conocen lo que ocurre en el resto del país y del mundo a través de la televisión abierta o la radio.

Es una zona que hace noticia a nivel nacional sólo cuando ocurre un accidente, un fenómeno natural que destruye parte de los bosques o bien por los conflictos esporádicos con las comunidades indígenas mapuches. Los fines de semana los niños regresan a sus hogares y trabajan en las labores agrícolas. En invierno no hay papel con qué encender las estufas a leña, las salas de clases son frías y algunos de los estudiantes lo solucionan deshojando los cuadernos.

Hasta hace dos años la mayoría de ellos no conocía el mar, distante a nueve kilómetros, pero sus profesores, empeñosos, contrataron un bus para llevarlos. Este mismo compromiso, junto con la porfía de superar las condiciones adversas, los impulsó a organizar una campaña para obtener recursos con el fin de comprar un microbús para que los niños no tuvieran que trasladarse a pie hasta el internado, caminando a veces hasta una hora o más desde sus hogares.

¿Qué hacer entonces? Convencidos del potencial comunicativo que tiene toda persona y de que los medios de comunicación son una herramienta que debiera estar a su servicio, así como que los medios son un pretexto para soportar procesos de intercambio e interacción con otros, decidimos apostar por el aprendizaje protagónico de los niños y de los adolescentes. Guiados por el compromiso asumido por nuestro país al suscribir en los años noventa la Convención sobre los Derechos del Niño, en la que se los reconoce como personas sujetos de derechos bajo el principio del interés superior del niño, asumimos parte de estos: el derecho a la información, al aprendizaje, a la participación y al entretenimiento.

La apuesta consistió en diseñar una estrategia que los desafiara a ser reporteros y a producir para la radio, pero como protagonistas del proceso completo de comunicación periodística. Al observar este «aprender haciendo», ya no centrado en los adultos ni en un medio en particular, sino que más bien en el desarrollo de habilidades de comunicación así como de representación de la realidad desde el punto de vista de los estudiantes, los profesores podrían aprender horizontalmente, en conjunto con los niños, pero sobre todo validar lo que a ellos les sucediera. Por otra parte decidimos invitar y formar como monitores a un grupo de estudiantes del Magíster en Comunicación y Educación, quienes con entusiasmo fueron capaces de transmitir este espíritu .

2. Los niños producen para los medios: principios básicos

Como ocurre con el diseño de cualquier metodología, que se basa en principios pertinentes sobre el deber ser de la enseñanza como del aprendizaje, los fundamentos que sustentan el proyecto de formación de jóvenes reporteros se encuentran en la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Estos mismos principios guían la línea de investigación, docencia y acción del área de comunicación educativa para niños y adolescentes desarrollada en el Instituto de Estudios Mediales.

De acuerdo a la Convención, los niños y adolescentes tienen derecho a la libertad de expresión, a expresar su opinión y a que ésta se tenga en cuenta en todos los asuntos que les afectan. Del mismo modo tienen derecho a buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, siempre que ello no vaya en menoscabo del derecho de otros. Un artículo se refiere específicamente al rol y potencial de los medios de comunicación, por desempeñar «un papel importante en la difusión de información destinada a los niños, que tenga como fin promover su bienestar moral, el conocimiento y la comprensión entre los pueblos, y que respete la cultura del niño. Es obligación del estado tomar medidas de promoción a este respecto y proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar».

De allí el reconocimiento de los niños como personas importantes, activas, y que pueden ser protagonistas de su propia ciudadanía, por lo tanto, capaces de comunicarse, desde sus propios intereses y necesidades, distintas a las de los jóvenes o de los adultos y que requieren un espacio concreto, el que en nuestro país todavía no ha sido abierto por los medios de comunicación. Bajo este paraguas se enmarca la experiencia con los estudiantes de Lanalhue. Por otra parte, en pleno siglo XXI se ha convenido en cuán relevante es el papel que cumplen los medios de comunicación como agentes informales de enseñanza y aprendizaje. Es lo que justifica la necesidad de la educación en medios. Sin embargo, la mayoría de los profesionales de la comunicación de Chile aún sostienen que esta tarea es de responsabilidad exclusiva de los educadores o de las familias. Por otro lado, la mayor parte de las iniciativas de educación en medios implementadas en nuestro país dan más importancia al desarrollo de habilidades críticas de los estudiantes sobre los mensajes que reciben o bien al aprendizaje de las características técnicas de los medios, aspectos sin duda más importantes que la capacidad de producción de los estudiantes para los medios y lo que esto significa: la posibilidad concreta de que interactúen con la realidad y con otros para poder comunicar sobre lo que les interesa y afecta.

Además siento que los profesionales de los medios solemos olvidar su dimensión más humana, la de servir de instrumentos para promover el diálogo y la discusión social, la comprensión de distintas culturas o puntos de vista, así como el potencial que estos tienen para el aprendizaje social por medio de modelos. Von Feilitzen (2002) recoge esta realidad y expresa que «a pesar de la larga existencia de los medios y de su desarrollo actual explosivo, el desarrollo para su análisis y el avance de la mejora de la comunicación de la gente son inesperadamente lentos»2. En Chile es posible notar la situación anterior por la escasa diversidad de los diversos actores sociales presentes en los medios, entre los cuales los niños y los adolescentes son más de un tercio de la población del país.

3. El proyecto en terreno ¿Qué pasó durante los tres días que duró el proyecto?

Los niños prepararon por sí mismos un noticiero de 33 minutos de duración, con historias sobre su entorno pauteadas, reporteadas, escritas, leídas y editadas por ellos mismos. Para lograrlo, el primer día participaron en distintos espacios de aprendizaje. En el taller de oreja percibieron la diferencia que existe entre oír y escuchar, por medio de producciones radiales realizadas previamente por los alumnos del Magíster en Comunicación y Educación. En el taller de elementos de la radio se familiarizaron con la narración auditiva y sus componentes, así como con el uso de la grabadora. En el taller de motivación conocieron distintas experiencias de niños y de adolescentes con los medios de comunicación, y en el taller de expresión vivenciaron ejercicios de respiración, modulación y locución. Esa misma tarde sostuvieron su primera reunión de pauta, en la que divididos en grupo asignaron los roles de producción y definieron que querían hacer un noticiero sobre la comunidad de Lanalhue y los temas que incluirían. Al día siguiente procedieron a reportear en terreno, contactaron a sus fuentes y realizaron las entrevistas. Luego volvieron a la sala de prensa para escribir los libretos, grabar las locuciones y editar. Entrada la noche los estudiantes y profesores del internado se reunieron para escuchar el noticiero completo. Fue muy emotivo comprobar en los propios rostros de los niños, la sorpresa y alegría que les causó escucharse a sí mismos, después de tantas horas de trabajo; apreciar el producto completo, el trabajo de los demás compañeros, pero también ver el salto cualitativo en su capacidad expresiva, ya que el primer día los niños no se atrevían a hablar e intentaban pasar desapercibidos. Para el tercer día habíamos preparado una nueva actividad, que redondeaba el conjunto de la experiencia: que los padres y familias que sólo los ven los fines de semana, también fueran partícipes del logro de los niños. Una emisora local de la ciudad más próxima, Cañete, la Radio Millaray, se ofreció para transmitir el programa. Un gru po de representantes viajó hasta la radio y en el locutorio el propio conductor los invitó a explicar el proyecto. Los niños y niñas estaban felices: «La radio se escucha en todas partes. El programa se escuchó en todas partes», decía una de las alumnas.

4. Aprendizajes logrados por los niños

Más allá de aprender a comunicar para la radio, al producir para los medios los niños comprenden el trabajo profesional de un comunicador; le toman el peso real a la responsabilidad social de emitir mensajes ya que vivencian su naturaleza como sus componentes subjetivos, el punto de vista, así como que son una representación de fragmentos de la realidad. En este ejercicio además de afinar la curiosidad y de conducirla hacia una meta, desarrollan habilidades superiores de pensamiento, pues deben analizar, seleccionar y organizar la información para narrar hechos.

Además se produce un tipo de aprendizaje con un fuerte componente afectivo, pues al ser reporteros se sienten importantes, considerados, tomados en cuenta. Al mismo tiempo cuando sienten que se tiene confianza en ellos los niños dan lo mejor de sí. El trabajo de producir los lleva a distribuir roles, a confiar en un equipo de trabajo, a velar en conjunto por la calidad del ejercicio periodístico. Al ser protagonistas del proceso comunicativo completo, se sienten más inteligentes y verdaderamente capaces, aprenden a tomar y defender un punto de vista, a ser más críticos: «Nunca creí que podía ser reportero», comentaba un estudiante. «Y yo pensé que tenía mala voz, que pronunciaba mal», agregaba otro. Todo lo anterior beneficia su autoestima.

Otro tipo de aprendizaje, muy importante, es el de la motivación placentera, que supera a la novedad de trabajar por primera vez para comunicar a través de un medio: en la experiencia de Lanalhue los niños no querían descansar y dedicaron muchas horas de trabajo, desde muy temprano y hasta las ocho de la noche, por motivación propia.

Al mismo tiempo redescubren su propio contexto. Se valora nuevamente a la comunidad y a sus integrantes como fuentes interesantes de historia, información y noticias, por lo que naturalmente nace en ellos la necesidad de documentar su vida cotidiana, lo que fortalece su identidad. Como consecuencia desarrollan un nuevo sentimiento: el sentirse útiles hacia su comunidad, participar en ella y contribuir a mejorarla por medio de la comunicación. En todo momento agradecieron haber tenido la oportunidad de ser protagonistas de un proceso, desde su origen, es decir como emisores preactivos antes que receptores. Esto se expresa en uno de los libretos escrito por niños de 11 años: «Es increíble sentirse reporteros, porque nos permite mirar más allá de nuestro metro cuadrado». Detrás de esta frase se abre una puerta de futuro, los niños empiezan a soñar con querer dedicarse al periodismo o la locución cuando grandes, se sienten capaces de lograrlo, abren su mirada al mundo de forma mucho más intencional y consciente: «Antes pensaba que terminado cuarto medio no iba a poder llegar a la universidad. Ahora lo que más quiero es poder estudiar y poder ayudarle a la gente de Lanalhue», expresó uno de ellos. Probablemente esta experiencia les sirva también para soñar con otro tipo de profesiones.

Quienes también aprendieron vivenciando la experiencia de los niños y de los adolescentes fueron sus profesores, principalmente por el potencial manifestado en cada niño a raíz de una experiencia educativa informal, en la que los estudiantes tuvieron total libertad de participación y de entrega.

5. Registro de la experiencia

En la ocasión se aprovechó para registrar toda esta experiencia, centrando la cámara únicamente en el punto de vista de los niños y de los adolescentes. Éste se convirtió en el documental «Niños de Lanalhue: aprendiendo a ser reporteros», el que ganó una de las menciones honrosas del Festival de Vídeo Educativo de Chile (Videas, 2002), organizado por el área de cine del Ministerio de Educación, por la Universidad de Valparaíso y por la señal educativa Novasur del Consejo Nacional de Televisión.

Según el director del Festival, Jorge González, el jurado valoró este trabajo porque además de su riqueza audiovisual «orienta claramente en cómo se puede mejorar la educación de los niños y jóvenes a través del manejo de un medio de comunicación tan importante y cotidiano como la radio». Del mismo modo se consideró que en el vídeo «se ve claramente que trabajaron todos los niños, no sólo unos pocos y que fueron ellos mismos los que hicieron todo el proceso de producción del programa. Se ve que fue una experiencia significativa para los niños y cómo se produce la participación de otros agentes de la comunidad más cercana a ellos, como son una radio de la ciudad o los habitantes del lugar, como fuente para las noticias».

Este documental sirvió para difundir el proyecto en diversos seminarios y congresos, dirigidos a educadores o bien a comunicadores. El modelo que en él se propone ha sido replicado en otras escuelas y universidades chilenas. En cuanto al presupuesto utilizado para toda la experiencia, incluido la edición del documental, se gastó un total de cien dólares americanos, lo que refuerza la importancia del trabajo voluntario, la verdadera cifra, invaluable por cierto.

6. Los niños de Lanalhue en la Cumbre Mundial

En Río, los 150 adolescentes iniciaron el trabajo en la Cumbre un día antes de la inauguración, visitando el Corcovado. La impresión de todos fue mayúscula. En medio de esa altura e inmensidad, Robinson comenzó a interactuar con otros jóvenes, en un tímido inicio de lo que se convertiría en una sólida unión en los días siguientes, sin contar las anécdotas y aventuras vividas en el hotel en el que se alojaban. A pesar de no hablar inglés, no pasó mucho tiempo para que, apoyado por dos amigos de Cuba, vecinos a su pieza, se comunicaran, a su modo, con los chicos y chicas de Brasil, o Sudáfrica, por ejemplo. Había en ellos muchas diferencias, desde jóvenes de países en que tienen sus propios programas de televisión y viajan por el mundo para sensibilizar a sus pares respecto a la situación de la infancia, como en Malasia, hasta otros que como Robinson ejercen el reporteo a pesar de vivir en lugares aislados y de escasos recursos. Sin embargo había en ellos algo transversal, que traspasaba la barrera de cualquier idioma: ser adolescentes y producir para los medios. También una energía muy especial, que se respiraba en el ambiente y por la que cada cual intentaba reflejar al pie de la letra cuál era el proyecto en que participaba así como la realidad de su país.

De modo que con ese preámbulo, la llegada al día siguiente a la enorme sede de la Cumbre que este año llevó el lema «Medios de todos, medios para todos» fue más familiar e informal, aunque con un golpe periodístico incluido. Se esperaba la visita del presidente Lula, pero Robinson se adelantó con la información y nos comentó antes de abordar el bus: «Lula no va a venir». ¿Pero, por qué? «Porque esta mañana leí en el periódico que lo acaban de operar de la vista», agregó.

El Foro de los Adolescentes se localizó en una carpa instalada al centro de los demás edificios donde los adultos teníamos que exponer. Se organizó en ocho talleres: televisión, radio, Internet, arte y cultura, animación, crítica del audiovisual, guión y agencias de noticias jóvenes. Entonces Robinson tomó la decisión de participar en el taller de Internet: «Es mejor que aprenda algo nuevo. Si en la escuela ni en el liceo tenemos Internet puedo volver a enseñarle a mis compañeros». Luego de varias dinámicas de introducción al ritmo de melodías percutidas por los mismos adolescentes agrupados en una rueda interminable, cada uno se presentó y nombró a su país de origen. Después de ese primer contacto, se distribuyeron en cada taller. Al poco tiempo se divisaba a Robinson, ágil, cámara digital en mano, fotografiando las distintas instancias de la cumbre para publicarlas en la página web que estaban produciendo en el taller de Internet y que se alojó en el sitio oficial del encuentro.

El día que correspondía exponer la ponencia sobre este proyecto, invité a Robinson a escucharla, y si quería, a participar de ésta. Verdaderamente él estaba muy ocupado en sus propios quehaceres, pero aún así decidió asistir. Se acababa de presentar el documental en el que él se ve todavía pequeño y contábamos a los presentes la alegría que nos produjo el comité organizador cuando nos contactó para que consideráramos la presencia de uno de los alumnos en la cumbre, así como el esfuerzo realizado para que Robinson pudiera viajar, cuando éste entra a la sala. Entonces se produjo un murmullo. Muchos comentaron: «Mira, ahí está», «Es él». Rodeado por fuertes aplausos, Robinson se adelantó al estrado y saludó: «Buenas tardes. Estoy muy nervioso. Tenía mucho miedo de hablar. O sea todavía tengo nervios. Yo participé con otros compañeros de la escuela Lanalhue en un proyecto en el que trabajamos como reporteros. Los profesores de la universidad nos enseñaron a utilizar la radio, nos enseñaron a respirar, a salir a hacer historias, a «locutear», a preparar antes las historias en una reunión de pauta. Yo quería decirles que estoy aquí por un sueño. Yo

tenía un sueño: que era salir de Chile. Y lo logré. Me esforcé mucho y lo logré. En la Cumbre de los Jóvenes tomé el taller de Internet, porque allá en la escuela no hay y pienso que les puedo enseñar cuando vuelva. Eso... bueno... Muchas gracias».

Después de la emoción, ya no contenida, una de las organizadoras de la Cumbre me relató que hasta donde ella sabía sólo dos o tres jóvenes habían sido invitados por los adultos a participar de sus ponencias. Para nosotras (la profesora de lenguaje de Robinson, su acompañante, así como a la camarógrafa a cargo del documental «Un adolescente del fin del mundo en la ciudad maravillosa» que se aprovechó de producir en Río, y yo misma) fue un momento muy particular, ya que la decisión de Robinson de asistir a la ponencia fue libre y autónoma.

Uno de los objetivos del Foro de los Adolescentes tuvo que ver con promocionar la valoración de las identidades regionales y nacionales, así como la capacidad de convivencia constructiva entre todos los participantes, consumidores críticos y coproductores de medios de calidad. También los adolescentes podían asistir a las sesiones plenarias paralelas y de panorama mundial. Una de las tareas más interesantes consistió en la redacción de la Carta Multimedios de Río de Janeiro, con sus conclusiones y propuestas de los temas abordados durante el evento. La carta de Río fue leída en conjunto por el director de la Agencia de Noticias por los Derechos de la Infancia (ANDI) y por representantes de los adolescentes. La subsecretaria de Promoción de los Derechos de los Niños y los Adolescentes de Brasil, Denise Paiva, expresó: «Esta carta llega en un momento de profunda inquietud con relación a problemas que este evento plantea. Cuando miramos un adolescente a los ojos, cuando sentimos su corazón y comprendemos su mente, estamos seguros de que nos dicen: queremos algo mucho mejor, todos lo merecemos. Y para eso necesitamos medios que tengan un sentido, una dirección, un compromiso ético, que no se sometan apenas a las leyes del mercado».

Por otra parte, como profesionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile se nos invitó a formar parte del Centro Internacional de Referencia en Medios para Niños y Adolescentes (CIRMNA), lanzado oficialmente durante la Cumbre, a la que asistieron cerca de 3.000 personas de 70 países. El objetivo consiste en trabajar en una red internacional que promocionará la interacción entre instituciones y personas interesadas en la producción y discusión de medios de calidad para los públicos infantil, adolescente y juvenil. El Centro prestará también servicios de consultoría para los productores de los medios audiovisuales,

organizaciones y grupos responsables por las políticas para la producción.

7. Regreso a Chile

Una vez de vuelta, y en Santiago, Robinson asistió a una audiencia con la Subsecretaria de Educación de Chile, para contarle en qué consistió su experiencia, pero también para entregarle, de parte de los jóvenes presentes en la Cumbre, la Carta de los Adolescentes. Al mismo tiempo le expresó la falta de recursos y de herramientas de comunicación de su escuela, manifestándole que sin conexión telefónica, sus compañeros no disponen de Internet ni de posibilidades de contactarse con el resto de su país y del mundo. También le comunicó que si bien quiere contribuir como monitor de prensa para sus compañeros, a dos años del proyecto, todavía no tienen grabadoras portátiles para trabajar en terreno.

Las palabras de Robinson representan a nuestro juicio el atraso del sistema educativo con respecto a la educación en medios. Nos preocupa que en Chile no ex i stan políticas públicas sobre medios de comunicación, infancia y adolescencia. Mientras éstas no se discutan en un nivel social y participativo, resulta difícil sensibilizar a los medios desde el punto de vista de su responsabilidad social, una situación en la que todos perdemos, especialmente la juventud. Entretanto ni los compañeros de Robinson, ni él mismo, han tenido la posibilidad de ver la página web en la que participó en el sitio oficial de la Cumbre, ni las fotos que muestran su trabajo en el medio. Tampoco ha podido comunicarse con los adolescentes que conoció, a pesar de haberse intercambiado sus direcciones de correo electrónico.

8. Comentarios finales

Los medios de comunicación son un referente central para los niños y jóvenes. Y para los estudiantes de ambientes en situación de pobreza o de lugares aislados son a veces el único recurso de contacto con lo que ocurre en el resto del país. De no mediar este tipo de proyectos, probablemente nunca tendrán la oportunidad de aprender a producir para los medios.

Es posible servirse de los medios de comunicación para potenciar la inclusión social pero la inclusión no significa únicamente tener acceso a los medios. Más bien ésta se potencia cuando las personas descubren que el medio es un recurso que soporta los procesos de comunicación entre ellas, cuando son capaces de producir para los medios y de vivenciar dichos procesos. Esto es, cuando son protagonistas de un proceso de comunicación como constructores-emisores de mensajes desde sus intereses, necesidades y problemáticas.

Cada niño y joven, independientemente de su lugar de origen o condición socioeconómica, no sólo tiene derechos (a la información, comunicación, participación y entretención, entre otros) sino que un potencial comunicativo. De modo que la educación debería guiarlo para que desarrolle ese potencial, por sí mismo y en interacción con sus pares.

El medio de comunicación es una excusa3 para desarrollar diversas competencias de comunicación, pero también para adquirir habilidades cognitivas superiores, como análisis y selección de la realidad o la comprensión de los procesos de creación de los mensajes. En este proceso afloran sus motivaciones e intereses.

Notas 1 www.riosummit2004.br.

2 VON FEILITZEN, C. (2002): «Aprender haciendo: reflexiones sobre la educación y los medios de comunicación», en Comunicar, 18; Revista Científica de Comunicación y Educación; 21-26.

3 En el caso de esta experiencia primero los niños trabajaron con la radio, al año siguiente con la prensa y para este año se está planificando un taller de TV. Robinson Rodríguez, el único adolescente chileno que participó en el Foro de los Adolescentes, que pertenece al grupo de niños con los que trabajamos, seleccionó el taller de Internet «porque no tenemos Internet en la escuela ni el liceo y puedo regresar a enseñarle a mis compañeros».

Referencias

VON FEILITZEN, C. (2002): «Aprender haciendo: reflexiones sobre la educación y los medios de comunicación», en Comunicar, 18; Revista Científica de Comunicación y Educación; 21-26.