Índice de volúmenes - Índice de revistas - Índice de artículos - Mapa ---- Atrás


Revista Comunicar 25: Televisión de calidad (Vol. 13 - 2005)

Aprender desde la escuela y la familia a ver televisión de calidad

Learning from the school and family to choose a quality television

https://doi.org/10.3916/C25-2005-030

Francisco Pavón-Rabasco

Abstract

En unos momentos donde la oferta televisiva se caracteriza por una lucha por audiencias y por un «todo vale» con tal de conseguirlas, los frutos son la abundancia de televisión basura que, según los barómetros, la gente ve, sin tener muchas alternativas. El artículo se estructura en tres partes: una primera, donde se analizan los efectos de la televisión que tenemos en la sociedad, en la niñez y en la juventud, así como las posibles líneas de mejora que podrían servir para acercarnos a la televisión que queremos. En segundo lugar, veremos las posibilidades educativas que ofrecerían determinados programas de televisión que tuvieran un carácter más formativo y en el que intervinieran al igual que profesionales de la comunicación también de la enseñanza. Por último, describimos algunas líneas de actuación en escuelas y familias que provoquen un aprendizaje en el visionado de la televisión.

This project presents some ideas about the way the author perceives the television we have in Spain nowadays. During the presentation, it develops some audiovisual and academic activities that teachers could do with students in order to improve their abilities to watch television with a critic attitude.

Keywords

Educación en medios, currículum, formación docente, audiovisual, tecnologías, información

Media education, curriculum, teacher training, audiovisual, communication technologies

Archivo PDF español

Al plantearnos reflexionar sobre estos conceptos y presentar algunas líneas que sirvan de introducción, nos hemos fijado en tres perspectivas desde las cuales enfocar nuestras ideas. La primera, hace referencia a la televisión en sí y a los programas que en ella se presentan. La segunda, tiene un enfoque que permite la posibilidad de alcanzar una mayor producción de programas de carácter formativo donde tuvieran entrada tanto profesionales de los medios periodísticos como de la educación y que sirvieran para dar a la ciudadanía los recursos necesarios para evitar ser manipulados. Por último, la tercera par-te del documento tiene como objetivo centrarnos en las actividades de formación tanto del profesorado como del alumnado y de los padres y madres, con el fin de aprender a autogestionar el modo y la cantidad de televisión que queremos ver.

1. TV que tenemos versus TV que queremos

La televisión que tenemos consideramos que no promueve una transmisión de la cultura, sino que está dirigida por unos intereses económicos, políticos e ideológicos y que, con un carácter cada vez más monopolístico, provoca el que nunca tantos hayan sido influenciados por tan pocos.

En el mensaje o masaje televisivo del momento todo tiene cabida en un plano de igualdad, se abunda en lo superficial y nos conduce a un relativismo moral donde «todo vale». La televisión que socializa a través de gestos, de climas afectivos, de tonalidades de voz… promueve especialmente en la ciudadanía más joven, creencias, emociones y adhesiones totales. Éste es el sistema educativo permanente en el que crecen nuestros hijos y no cabe duda que produce en ellos grandes transformaciones de la escala de valores, ideas, hábitos y sensibilidades, mediante aprendizajes no reglados que se asimilan inconsciente o casi subliminalmente. Un modelo educativo que no es patente, no es discutido, filtrado, regulado por ninguna institución social, sancionado por nadie, sino que está únicamente determinado por la lógica del mercado, por la tiranía de las audiencias y las encuestas no expresan lo que la gente quiere ver sino lo que la gente ve.

Frente a ella, la televisión que reclamamos deberá tener una programación que respete la intimidad y la dignidad de la persona, sus creencias y convicciones morales y/o religiosas y que se eviten las extralimitaciones actuales que, refugiándose bajo el paraguas de la libertad de expresión, pervierten su sentido.

Esa televisión es la primera escuela del niño donde recibe su impronta educacional en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver, y el infante que es como una esponja, registra y absorbe sin seleccionar ni analizar, todo lo que aparece en la pantalla, ya que no posee aún capacidad de discriminación (Jiménez, 2000 ).

Resulta prioritario conocer cómo afectan a los niños, niñas y jóvenes los mensajes provenientes de los medios de comunicación pero investigaciones recientes ya apuntan que los pequeños que ven más televisión tienen menos posibilidades de ser universitarios. Tres estudios independientes coinciden en relacionar este hábito en la edad más temprana con el fracaso escolar a largo plazo. En la investigación a que nos referimos, se ha observado la evolución de más de un millar de personas durante sus primeros treinta años de vida y los resultados eran claros: aquéllos que habían pasado más tiempo frente a la televisión durante la infancia tenían menos probabilidades de obtener un título universitario. El periodo que se relacionó más directamente con los fallos estudiantiles era entre las edades de 5 y 15 años. En la Universidad de Washington se acotó el daño a las edades de 6 y 7 años donde los niños que veían más televisión evidenciaban problemas con las matemáticas, la comprensión lectora o los exámenes tipo test.

2. La familia y la escuela como espacios para aprender a ver televisión

En nuestros días la mayor parte de la información no circula ya por las redes educativas convencionales y esto hace que la escuela necesite renovarse para conseguir su propia supervivencia. Esa primera competencia que le surge a la escuela tiene que ver con la enseñanza de las habilidades que nos permiten ser capaces de seleccionar, analizar y criticar los contenidos de los nuevos canales de circulación de la información (García Matilla, 1999).

El hogar es el espacio donde se consume habitualmente la televisión por lo que la familia ha de facilitar un contexto adecuado de visionado y aprender a servirse de ella en lugar de estar a su servicio. A la escuela le corresponde la principal responsabilidad formativa y debería realizarla no solamente con los estudiantes, sino también con los padres y madres. Los progenitores reconocen tener necesidades formativas en este campo y que sólo el conocimiento les reportará los criterios razonables y coherentes de actuación, pues frecuentemente el no saber qué hacer suele desembocar en el «dejar hacer».

Las actitudes de los padres ante la televisión que ven sus hijos pueden describirse atendiendo a tres modelos de mediación paterna: restringida, orientadora y desenfocada. A los tres modelos les subyacen tres actitudes diferentes que podrían calificarse de TV-peligro, TV-con la que hay que convivir y TV-niñera (Pindado, 1998). Hemos de tener en cuenta que cuando los niños se divierten, gozan viendo o haciendo algo, quieren que los seres queridos lo compartan y disfruten con ellos, y en el caso de que haya cosas que no gusten a los padres es un buen momento para darles la explicación apropiada. Se mire por donde se mire, se trata de la mediación paterna más correcta y positiva tanto para niños como para padres; por ello, trabajar con las AMPAS (asociaciones de madres y padres de alumnos) les ofrecen nuevos estilos que les permitirá cambiar la actitud frente al televisor y ofrecer un modelo a imitar por sus hijos. La cultura mediática, en cuanto transformadora de prácticas, saberes y representaciones sociales, opera también desde la cotidianeidad, más allá de situaciones especiales de recepción o de las condiciones de consumidores o usuarios de los sujetos, se extiende a todas las formas de vida social (Funes, 2005).

Hoy los educadores tienen que enfrentarse con una situación de aprendizaje en la que la información adquirida por los sujetos viene incrustada en una visión ideológica envuelta en el celofán del espectáculo. Separar una de otra supone organizar situaciones de aprendizaje que hagan posible el debate, la interpretación y el aprender haciendo. Por ese motivo, la utilización didáctica de la televisión en la enseñanza puede tener múltiples propuestas de uso que siguiendo a Aguaded (1993), describiremos a continuación: televisión educativa –de escaso desarrollo en España frente a los países anglosajones–, vídeos didácticos, ver y analizar programas de televisión en conjunción con las parcelas curriculares o interdisciplinares, análisis creativo de los mensajes, conocimiento del medio televisivo (programaciones, historia, tecnologías, etc.), recreaciones del medio (cambio de bandas sonoras o visuales, alteraciones de secuencias...), etc. Así, podemos trabajar desde el centro escolar ofreciendo a docentes, padres y estudiantes algunas posibilidades de explotación didáctica de la televisión:

• La televisión educativa. Tiene sus primeras experiencias en la década de los sesenta. Frente a la programación convencional, establece sus diferencias en la presentación de los contenidos y en el tratamiento de las materias formativas. En la actualidad, de nuevo en España, tras varios intentos anteriores, se ha reavivado la necesidad de contar con programaciones educativas en las televisiones nacionales y autonómicas que normalmente compaginan el estudio de idiomas, documentales tecnológicos y científicos, informativos, con programas de historia, sociedad, consumo, medicina, artes, educación, religión...

Los avances tecnológicos, la digitalización y el aumento de la calidad de imágenes y sonidos y el gran número de televisiones locales permitirá otros usos de la televisión educativa en los centros, que podrá llegar a tener una gran utilidad.

• Visionado didáctico de programas televisivos. Según el «Anuario de audiencias de televisión», el consumo de televisión aumenta con la edad y oscila entre unos 159 minutos para niños de 4 a 12 años hasta los 302 minutos de los mayores de 65 años. Teniendo en cuenta los fines de semana y las vacaciones, los estudiantes pasan más tiempo viendo la televisión que en las aulas. En España se calcula que un alumno de educación primaria o secundaria obligatoria pasa en clase 900 horas y entre 1.500 y 2.000 frente al televisor. Si educar exige preparar a la ciudadanía para integrarse de una manera reflexiva y crítica en la sociedad, ¿cómo se integrarán unos ciudadanos que no están preparados para realizar de manera crítica aquella actividad a la que dedican más horas? (Contreras, 1998). Proponemos realizar actividades que partiendo de una programación previa, sincronice los contenidos curriculares con los programas televisivos.

• Análisis crítico y creativo de los mensajes televisivos. Ver críticamente en la escuela espacios audiovisuales de carácter informativo, documentales, de ocio, incluso películas cinematográficas de calidad didáctica, puede suponer un interesante y educativo modo de transformar a ese espectador en una persona más capaz de situarse frente a las pantallas con una actitud menos pasiva.

«Sólo la cultura, la cultura crítica, el conocimiento de nuestro entorno, y los media que forman parte de él, pueden hacer que el sujeto humano no sea un mero objeto de sí mismo, de la técnica o del sistema» (Jiménez, 2000: 94). La actividad que se propone dentro de este apartado favorece la reflexión y el estudio sobre el espectáculo audiovisual que se recibe a diario en las familias. El trabajo colaborativo en pequeños grupos, de programas informativos o de actualidad que previamente hayan sido grabados para facilitar el visionado a la hora y en el lugar que se desee al igual que poder repetirlo cuantas veces sea necesario, puede ser un recurso excepcional para que los alumnos entiendan mejor los mensajes televisivos y, al mismo tiempo, puedan responder más conscientemente a sus estímulos.

• Visionado de películas en las aulas. Buscando actividades que permitan integrar los films de una forma coherente en la planificación curricular del curso. Usando una metodología pedagógica activa que incluya una fase de preproyección, motivadora, informativa y reflexiva; y una etapa de postproyección, de carácter coloquial, lúdica, analítica y también práctica. El cine-forum sigue siendo un sistema adecuado para la lectura crítica y creativa del medio.

• Conocimiento y recreación del medio. Son cada vez más el número de personas y familias que disponen de cámaras de vídeo y, por tanto, del recurso capaz de ayudarle a comunicarse mediante un nuevo lenguaje, esto nos debe de motivar para el estudio de su historia, su tecnología, su impacto social, su futuro... También puede servirnos para que los propios alumnos pueden elaborar sus mensajes audiovisuales con actividades como: montajes de películas originales a través del soporte vídeo, el juego creativo de cambio de bandas sonoras, manipulaciones de las imágenes, mensajes publicitarios, etc. Elaboración de documentos propios siguiendo todas las fases (guionización literaria y técnica, planificación, representación de roles mediante actores, grabación, edición y sonorización) permite a los alumnos descubrir un fabuloso mundo creativo en el que los contenidos curriculares se mezclan, como en la vida. La labor de los profesores es básicamente orientar y sistematizar todo el proceso desde una óptica didáctica y constructiva.

• Emisora de televisión local. A partir de una adecuada planificación didáctica que parta de las necesidades reales de los alumnos y del entorno social, se puede plantear la posibilidad de colaboración con alguna televisión local. Generalmente la falta de espacios que completen toda la parrilla y el disponer ya de la infraestructura necesaria, son puertas abiertas que pueden permitir al colegio interrelacionar todo el contexto educativo, con la comunidad. Todas estas propuestas deben ser siempre analizadas y responder a objetivos pedagógicos muy definidos, pues la práctica ha demostrado que, en el contacto con los medios tecnológicos, se sucumbe fácilmente a su magia pasando a segundo término el proceso de aprendizaje de los alumnos (Aguaded, 1997).

La televisión ofrece, pues, múltiples posibilidades de desarrollo en el aula, que no deben convertirse, sin más, en un aumento de las ya excesivas horas de televisión que la mayoría de los alumnos soportan a diario, sino más bien una vía para que descubran este nuevo lenguaje de expresión, este novedoso código que sirve de vehículo y fuente de información para los futuros ciudadanos.