Índice de volúmenes - Índice de revistas - Índice de artículos - Mapa ---- Atrás


Revista Comunicar 25: Televisión de calidad (Vol. 13 - 2005)

La TV como recurso curricular y medio de conocimiento

TV a curricula resource and knowledge means

https://doi.org/10.3916/C25-2005-032

Julio Tello-Díaz

Manuel Monescillo-Palomo

Abstract

En el mundo de la comunicación audiovisual ocupa un lugar preponderante la televisión, medio que desde sus orígenes se ha ido filtrando en la inmensa mayoría de los hogares, de manera que ahora mayores y jóvenes tienen que aprender a convivir con ella, a utilizarla y sacarle un mayor rendimiento, que vaya más allá de encenderla, embelesarse ante sus imágenes y sonidos, dejarse manipular y, finalmente, apagarla y llevar las pautas de vida que nos ha marcado. La televisión es una de las formas que la cultura tiene para transmitir valores y patrones culturales. Es uno de los medios de comunicación más potentes, por la intensidad con que llega a los niños, quienes la reciben pasivamente. Se hace necesario estudiar las condiciones operativas para la integración de la televisión en el contexto escolar, donde la apuesta principal sea estimular las prácticas de los miembros de la comunidad educativa en el proceso de enseñanzaaprendizaje, ya que la televisión lleva ya años ocupando espacios de los ciudadanos que antes habían sido exclusivos de la escuela y se hace inminente su utilización en este entorno como una nueva fuente de conocimiento.

TV stands at a predominant place is the audiovisual world. At present we share our lives and homes with this media. We use it and try to take advantages from it. TV is a powerful mean to transmit cultural values and patterns. It appeals children intensively who accept it in a passive way. Therefore it is necessary to study the operative conditions for the TV integration un the school context.

Keywords

Televisión, educación, integración curricular, formación del profesorado

Television, education, curricula integration, teacher training

Archivo PDF español

La televisión es por excelencia el medio de comunicación más utilizado de cuantos existen, tanto por los adultos como por los más jóvenes. Desde su origen, allá por el primer cuarto del siglo XX, ha sido el medio que más masa humana ha aglutinado a su alrededor. Prácticamente en la totalidad de los hogares de nuestra sociedad pasa ya por ser un elemento cotidiano, por lo que tenemos que aprender a convivir con él, a utilizarlo, a disfrutarlo y, por supuesto, a adquirir conocimientos sobre el mismo. Esta circunstancia hace que tengamos que plantearnos unos mecanismos de consumo televisivo que van más allá de conectar y desconectar el aparato. Se trata de un planteamiento de utilización racional e inteligente de un medio que nos puede aportar grandes beneficios educativos, si somos capaces de descifrar el sistema de comunicación del que se nutre. En este sentido, Campuzano (1992: 41) indica que «el uso predominante de un determinado tipo de lenguaje modifica las capacidades y funciones cognitivas, y esto se traduce en nuevas formas de aprendizaje. La expresión verbal se rige por un sistema de procesamiento lineal, lógico, analítico, racional, mientras que la expresión audiovisual se procesa de forma intuitiva, emocional, en paralelo, sintética». En consecuencia, la televisión es el medio de comunicación que más poder de influencia tiene en la persona, al incidir de forma directa e instantánea en la emotividad del sujeto.

No obstante, y aprovechando este poder de influencia, a la televisión se le puede sacar gran partido en el ámbito educativo. Rico (1994) considera que la televisión tiene grandes ventajas como medio de comunicación, lo cual debe ser tenido en cuenta para su uso educativo con la población infantil y juvenil. En primer lugar, la imagen es la base del conocimiento en los primeros años de vida; los niños y niñas de corta edad reciben casi toda la información a través de la observación visual, relacionan, recuerdan y construyen sus imágenes mentales a través de los estímulos visuales inmediatos. Una segunda ventaja es que su mensaje es más impactante que el emitido por otros medios ya que, como hemos referido anteriormente, incide en las áreas más inmediatas de la persona. La tercera ventaja es que el contenido de una imagen en movimiento es mucho más asequible para su comprensión que el mismo contenido expresado mediante la letra impresa, ya que seguir la acción proporciona una secuencia auditivo-visual inmediata, mientras que la comprensión de la lectura requiere fabricar la imagen en función de las características psicológicas y evolutivas de cada persona, se necesita un proceso de descodificación del símbolo, que es la letra escrita, para convertirla en imagen mental y llegar finalmente a su comprensión. Estas características hacen de la televisión un excelente medio para ser utilizado como recurso educativo, integrándolo en el currículum escolar.

Pero para este uso es imprescindible conocer la forma que tiene el ser humano de procesar la información audiovisual, ya que en función de dicho conocimiento, podremos establecer las pautas de actuación para la educación televisiva. Según Cebrián (1992: 84), «posiblemente no exista discusión alguna sobre la necesidad de una formación crítica del telespectador desde las primeras edades. Sin embargo, antes de crear estos modelos de intervención didácticos o programas de actuación específicos, necesitamos conocer las distintas dimensiones comunicativas, psicológicas, sociológicas, etc. que se producen en las experiencias de los individuos con este medio».

La televisión es un elemento más de la realidad cotidiana de la infancia y la adolescencia, de la misma manera que lo son la familia y la escuela. Y aunque sea en el seno del hogar donde principalmente se produzca el mayor consumo televisivo, hemos de considerar que «los padres se hallan en una relativa desventaja con respecto a los profesores en cuanto a tiempo, energía y conocimientos precisos para orientar a sus hijos» (Greenfield, 1985: 205) respecto a un visionado saludable de la televisión y a un uso educativo de la misma.

De todas formas, si es la familia la que proporciona un ambiente propicio y unas condiciones óptimas, es necesario que sea la escuela la que se haga cargo de la responsabilidad para formar en el consumo y para una integración curricular de este medio. La escuela es un elemento definitorio para ofrecer a niños y jóvenes «las claves para comprender el mundo mediático en el que se encuentran» (Aguaded, 1999: 106). En la misma línea, Fandos (1995: 111) indica que «parece claro que la exposición a las modernas tecnologías desde la más tierna infancia ha acabado por transformar los hábitos perceptivos y los procesos mentales de las nuevas generaciones. En consecuencia, el educador que pretenda optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje deberá adecuar la codificación de sus mensajes a la sensibilidad y a la capacidad de comprensión de sus alumnos. Considerando al tiempo que la acción educativa pretende la maduración integral del alumno, y, en la sociedad occidental no puede pensarse una maduración integral sin una educación en los medios».

Para adaptarse a una sociedad en permanente cambio, la institución escolar debe plantearse la necesidad de integrar la televisión como parte de sus recursos educativos, así como objeto propio de estudio y fuente de conocimiento. Se trata de buscar la explotación televisiva en sus posibilidades educativas, su inserción curricular en el marco de la escuela como auxiliar didáctico en los distintos niveles y materias, por una parte, y de adentrarnos en el estudio y análisis de la imagen televisiva, de sus contenidos, de sus mensajes y de los procesos de comunicación que genera, por otra. Para Ferrés (1994: 121) integrar la televisión en el aula supone tanto «educar con la televisión» como «educar en la televisión». El primero de estos ámbitos consiste en utilizarla de manera que se permita una optimización del proceso de enseñanza-aprendizaje, un recurso que permita adaptar la corriente pedagógica a nuestra sociedad contemporánea, exprimir plenamente las posibilidades de este medio como facilitador del conocimiento, mientras que educar en televisión supone conocerla en toda su extensión y desde todos los puntos de vista posibles: expresión, técnica, cultura, ideología, etc. Ambas dimensiones no son excluyentes, sino que tienen una implicación mutua: cuanto más se conozca el medio, más facilidad de comprensión como recurso para mejorar los distintos aprendizajes (conceptos, procedimientos y actitudes), y cuanto más se utilice con este fin, mayores oportunidades para profundizar como objeto específico de estudio.

1. Razones para utilizar la televisión en el ámbito escolar

Si tradicionalmente el libro de texto ha sido el recurso didáctico más utilizado, considerándolo como la forma más eficaz de alcanzar los objetivos escolares y los conocimientos necesarios para un óptimo desarrollo personal y social, en la generalidad de nuestra sociedad actual el medio más accesible por la casi totalidad de los ciudadanos es la televisión. Por ello tenemos a favor bastantes razones que nos sirvan de convicción para la integración de la televisión en el contexto escolar y que pueda complementarse con los recursos ya existentes, con la finalidad de posibilitar un mayor avance en la mejora de la calidad de la enseñanza.

Muchos son los autores que se han centrado en este tema, de los cuales recogemos algunos de los más significativos, citados en Aguaded (1999). Comenzando por Rockman y Burke (1992: 5427-5428), estos autores indican las siguientes razones para utilizar la televisión en el aula:

• Mejorar la calidad. Muchos programas recogen productos elaborados por expertos en currículum, diseñadores de programas, etc. con gran incidencia en el proceso educativo.

• Estimular a los educadores a replantearse sus opciones curriculares, evaluar sus métodos didácticos y concebir nuevas conexiones entre diversas áreas.

• Ampliar las experiencias de los niños, ya que permite ver el mundo, la sociedad, la realidad que, de otro modo sería muy difícil o imposible.

• Introducir la educación de la afectividad. Los mensajes televisivos transmiten, además de contenidos conceptuales, estilos de vida y formas de comportamiento, debido, entre otras cosas, a las áreas de la persona sobre las que incide.

• Igualar las desigualdades educativas. Debido a la universalidad de sus mensajes, se pueden adaptar a los ritmos individuales y a los distintos procesos de comprensión.

• Mejorar la eficacia y la productividad. La televisión permite interacciones de mayor calidad, iniciando y reforzando aprendizajes.

Una educación de calidad se caracteriza por el continuo diálogo colaborativo entre la escuela y la sociedad, puliendo todo tipo de discriminaciones y desajustes que pueda existir en el alumnado. La televisión como recurso educativo bien utilizado puede ser uno de los mejores instrumentos de trabajo, ya que se juega con la ventaja de captar la completa atención de los alumnos. Ello, sumado al gran anclaje de sus mensajes, permite un aumento de los aprendizajes, tanto de tipo conceptual como actitudinal.

De igual forma, teniendo en cuenta la incidencia sobre el área psicológica y emotiva de la persona, puede ser una buena vía para la estimulación afectiva. El profesorado debe ser consciente de este hecho y tener en cuenta el medio televisivo como elemento fundamental en su planificación curricular.

Por su parte, Martins (1995: 144) encuentra entre otras razones las que a continuación detallamos:

• Estimular el interés y la atención de los alumnos.

• Facilitar el acceso de los niños a mundos desconocidos (fenómenos naturales, acontecimientos...).

• Facilitar el proceso de comunicación en el aula. La televisión es un centro de interés para los niños y un motor dinamizador que conecta la escuela con la vida cotidiana.

Considerando los contenidos conceptuales y procedimentales del currículum, la televisión permite un acercamiento a otras culturas, hechos, medio natural, etc., que de otra forma sería totalmente imposible. Documentales para el área de ciencias naturales, hechos históricos para las ciencias sociales (ambas áreas, en primaria: conocimiento del medio social y natural), aprendizaje de técnica individual para la educación física, y un sinfín de posibilidades para las diferentes áreas del currículum permitirían además un acercamiento entre los alumnos del aula, ya que ello potencia la conexión con experiencias propias y, por tanto, la comunicación y el diálogo, tan importante en la adquisición de mecanismos de expresión.

Finalmente, Pérez Tornero (1997: 26-27) divide las razones para integrar la televisión en el aula en individuales y sociales. Las razones individuales son:

• Descubrir el carácter mediacional del mensaje de la televisión como representación intencional de la realidad y desarrollar la capacidad crítica ante él.

• Desarrollar la autonomía de los alumnos ante el medio televisivo.

• Explorar las posibilidades expresivas y comunicativas que ofrece la televisión para enriquecer la comunicación y el pensamiento humano.

Desde un punto de vista individual y psicológico, estamos en una corriente educativa donde se utiliza un aprendizaje significativo y constructivista. Así, la intuición es un mecanismo al que se recurre con mucha frecuencia. El método intuitivo trata de situar al alumno ante realidades concretas que pueda manipular, observar y poder inferir conclusiones; es decir, se trata de originar conocimientos a partir de la presencia del objeto. Presentar la realidad es fundamental para hacer ver al alumno la utilidad de su aprendizaje.

Pero a veces el medio adolece de bastantes limitaciones que no permiten esa aproximación a la realidad cercana al alumno. Por consiguiente se hace imprescindible el medio audiovisual por excelencia, que es la televisión. El medio se ha ampliado tanto que la realidad cercana ya no es tan cercana, físicamente hablando. A través de la televisión se presenta al alumno la realidad de forma controlada, permitiéndose igualmente un aprendizaje significativo y mediante la intuición, ya que es posible que el alumno disponga de la realidad delante de él, con el atractivo que siempre proporciona este medio, ampliándose la visión tanto en el espacio como en el tiempo.

Las razones que indica Pérez Tornero desde una perspectiva social son las siguientes:

• Desarrollar la autonomía de la comunidad para organizar libremente la televisión al servicio de los legítimos intereses del grupo.

• Potenciar la garantía de las libertades básicas de la comunicación: expresión y derecho a la información y también a la expresión de las diferencias.

• Impulsar la democratización del sistema televisivo, que tiene que permitir el acceso y la participación de los ciudadanos (aquí, los miembros de la comunidad escolar) por la importancia de que en esta fase madurativa la televisión se convierta en un medio más de confluencia en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Así, podemos comprobar que las posibilidades educativas de la televisión con una utilización debidamente programada dentro del aula tienen repercusiones positivas en la eficacia del proceso de enseñanzaaprendizaje en todos los niveles y en todas las áreas de la persona. Si una de las tareas de la educación es la de facilitar al alumnado las herramientas necesarias para su adaptación social y su autonomía, debemos tener presente la individualización de la enseñanza mediante los recursos que tenemos a nuestro alcance.

2. Bases pedagógicas para una integración curricular

Además de las razones anteriormente expuestas, es preciso una fundamentación pedagógica que justifique convenientemente la integración curricular de la televisión en el seno de la escuela. Corominas (1994: 51-55) establece una serie de bases pedagógicas para integrar los medios de comunicación en el currículum, que nosotros podemos aplicar aquí al uso concreto de la televisión. Estas bases son:

• La pluralidad de lenguajes. Uno de los objetivos fundamentales de la educación es desarrollar al máximo la comunicación de los alumnos en sus diferentes vías y modelos. Por tanto es necesario que conozcan y utilicen el lenguaje audiovisual como un nuevo código comunicativo.

• Desarrollo de las capacidades de observación, que permite una mayor progresión en la educación visual.

• Desarrollo de las estructuras temporales. La imagen transmitida por televisión tiene una secuencia temporal, que posibilita un reconocimiento cronológico de sucesos y acontecimientos.

• Desarrollo de las estructuras espaciales. A través de la imagen en general, y de la televisión en particular, se puede desarrollar en los alumnos la capacidad de organizar la información que reciben a través del espacio y del mundo.

• Los procesos de abstracción y generalización. La educación visual, al igual que la educación de todos los procesos que puede llevar a cabo el alumno, debe tener en cuenta las capacidades para abstraer y generalizar para así acomodar la integración curricular de estos medios a las características evolutivas del grupo de alumnos con los que se trabaje en cada momento.

• Los sentimientos y los juicios morales. Los medios de comunicación, y más concretamente la televisión, expresiones de sentimientos, valores, juicios morales, etc. a través de personajes, tanto reales como de ficción.

• El descubrimiento y educación de sensaciones y sentimientos. A través de la pantalla televisiva, los niños pueden descubrir gran cantidad de sentimientos dado las áreas de la persona sobre las que incide. Queda, por tanto, una educación que valore y encauce esos sentimientos de forma positiva.

• La integración de la tecnología en los procesos de aprendizaje. Cuanto mayor adaptación de las nuevas tecnologías a los procesos de aprendizajes de los alumnos, mayor posibilidades de éxito, ya que uno de los aspectos que más caracterizan a los jóvenes es la afinidad por las novedades. Si se considera la televisión como el medio más impactante, como el medio que busca constantemente contenidos novedosos y programas que corren con los tiempos, podemos concluir que su utilización curricular puede garantizarnos una mejora de la calidad de la enseñanza.

Teniendo en cuenta las posibilidades que abre el uso racional y pedagógico de la televisión y los criterios que se han tenido en cuenta en la elaboración de las últimas reformas en nuestro sistema educativo, sobre los conceptos, procedimientos y actitudes a desarrollar en el alumnado, parece necesario un planteamiento que favorezca una integración curricular de este medio en el ámbito educativo.

3. La formación del profesorado

La formación del profesorado es una de las primordiales piedras de toque para la integración sistemática de las nuevas tecnologías y medios de comunicación en los centros docentes como recursos didácticos y objetos de estudio.

El colectivo docente, por lo general, presenta bastantes obstáculos para la incorporación de novedades en su contexto laboral, debido al carácter estático y fijo de los modelos tradicionales que hasta ahora prevalecen en el terreno educativo; es lo que llamamos la «resistencia al cambio». La estructuración de nuestro sistema educativo para formar ciudadanos de este nuevo milenio requiere que el profesorado se adapte a las demandas del alumnado en lo que respecta a la incorporación de las nuevas tecnologías y medios audiovisuales aplicados a la educación.

Durante los últimos años se han puesto en marcha diferentes estrategias de formación del profesorado, siendo los grupos de trabajo la modalidad formativa de mayor demanda, dado que permite a un grupo de profesores la reflexión sobre su práctica, analizar sus necesidades y trabajar sobre aquellos temas que más interés presentan para el proceso educativo. Entre las temáticas que más proyección están teniendo se encuentran las que tratan de lleno o son afines a los medios y recursos didácticos, metodología, evaluación y, en general todo aquello que tenga que ver, principalmente, con los procedimientos y actitudes, sin dejar de lado la profundización en los aspectos conceptuales. Una de las mayores preocupaciones del profesorado es la adaptación de la educación a la sociedad, de la que es pieza clave y con la que, a su vez, tiene pocos lazos comunes.

La utilización de la televisión como recurso didáctico ha sido, y sigue siendo –aunque cada vez menos– una asignatura pendiente en el colectivo docente, dedicándose la mayor parte de los casos a su uso como apoyatura puntual al discurso didáctico o como complemento de información. Por tanto, el uso sistemático de la televisión debe ser una respuesta concreta a la nueva planificación educativa, tanto en el proyecto curricular de centro como en la programación de aula. Para ello es necesario flexibilizar los programas docentes, tan rígidos y estáticos hasta ahora, y adaptarse a los continuos cambios sociales a la misma velocidad con que éstos suceden.

El profesorado debe ser un colectivo ágil en sus adaptaciones y hábil en sus nuevas aplicaciones didácticas. Para ello es necesario que, tanto desde una formación inicial como permanente a lo largo de su carrera docente, esté impregnado de un sistema que le permita desarrollar su trabajo con plenitud de convencimiento de que está educando en, con y para la sociedad en la que sus alumnos están inmersos.

Recogemos a continuación los elementos que para Pungente (1993), citado en Aguaded (1999), son necesarios para la implementación de la educación audiovisual en las escuelas:

• El profesor tiene que querer enseñar acerca de los medios en clase.

• La administración educativa debe apoyar los programas.

• Las instituciones de formación del profesorado deben tener capacidad y tomar medidas políticas que permitan formar a los profesores que practican los conceptos de la alfabetización audiovisual.

• Las autoridades educativas locales deben ofrecer oportunidades progresivas al profesorado en ejercicio.

• Deberá haber asesores de apoyo para los profesores y que establezcan redes de comunicación con éstos.

• Profesores y alumnos deben disponer de recursos de educación audiovisual.

• Deben crearse grupos de apoyo, preferentemente dirigidos por los profesores, que organicen talleres y conferencias, difundan las noticias sobre educación audiovisual y desarrollen los currículos.

Utilizando una estrategia que integre estos elementos se tendría gran parte del camino recorrido para una alfabetización audiovisual y sería muy factible una utilización sistemática de la televisión como recurso didáctico con bastantes garantías de éxito de los programas educativos, tanto del currículum ordinario como en los aspectos sociales que mediante las áreas transversales se pretende conseguir.