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Revista Comunicar 25: Televisión de calidad (Vol. 13 - 2005)

Lo que los niños del mundo le piden a la televisión: investigación internacional comparativa entre 6 países

What the children of the world demand from television. Comparative International Research between 6 countries

https://doi.org/10.3916/C25-2005-060

Tatiana Merlo-Flores

Abstract

Esta investigación de campo pretende conocer la forma en que los niños del mundo se relacionan con la televisión y básicamente qué esperan de ella, es decir cómo querrían que fuera en el futuro. Una de las características que hacen a esta investigación diferente es que no hubo mediación adulta sino que los niños le contestan directamente a la televisión, lo que hace de las respuestas verdaderas historias de vida llenas de emotividad e imaginación. Los sucesivos análisis del material recolectado (más de 15.000 cartas y dibujos de todos los países), nos permiten distinguir diferentes niveles de interpretación: por un lado los elementos que son comunes a todos los niños sin importar las diferencias culturales, geográficas, o económicas de los diferentes contextos y por el otro la caracterización específica de las demandas que le hacen a la televisión y que tienen relación con las regiones, países y zonas geográficas dentro de cada país. El mentado fenómeno de la globalización Vs. la localización aparece con meridiana claridad en los resultados de este trabajo de investigación comparativo, respondiendo desde las mismas expresiones de los niños a muchos de los interrogantes que los investigadores nos venimos haciendo desde hace mucho tiempo, pero desde una mirada y con una perspectiva que integra diferentes teorías que tradicionalmente se han considerado contradictorias. El tipo de temáticas, los valores, aquello que no les gusta, lo que les produce temor, dónde detectan la violencia, cómo querrían que fueran los contenidos, como desean participar etc, son solo algunas de las respuestas que los niños nos dan desde sus cartas, dibujos y correos electrónicos. Una metodología cuanti-cualitativa de extrema rigurosidad nos permite pensar que se ha respetado lo que realmente sucede en el mundo de los niños en esta época mediatizada por la imagen y que el mensaje que nos transmiten es suficientemente claro y fuerte como para que nos sirva a los adultos como guía en la búsqueda de una televisión de calidad.

This field research aims to understand the way in which the children of the world relate to television and what they expect from it, that is how they wish it to be in the future. One of the distinctive characteristics of this research is that there is no adult interference or mediation, the children respond directly to the television, which ensures that the replies are real life stories filled with emotion and imagination. The successive analysis of the material collected (more than 15.000 letters and drawings form all the countries), allow us to distinguish different levels of interpretation: on the one hand, all the elements that are common to all children regardless of cultural, geographical or economic differences of the context and on the other hand, the specific characterization of the demands on television related to region, country and geographical areas within each country. The globalization vs. localization phenomenon clearly appears in the results of this comparative research work, evident in similar expressions in the replies to many of the enquiries that the researchers have been asking for a long time, but from a perspective that integrates different theories traditionally though of as contradictory. The type of themes, values, what they like, what scares children, where we detect violence, what they would like the content to be, how they wish to participate etc, are just a few of the answers that the children provide us with their letters, drawings and emails. An extremely rigorous cuanti-cualitative method allows us to believe that we have respected what is really happening in the children's world in this time of media and images and that the message they transmit is sufficiently clear and strong as to serve us adults as a guide in the search for quality television.

Keywords

Opinión de teleespectadores niños, televisión del futuro, proyección, expectativas

Children opinion as viewer, future television, projection, expectations

Archivo PDF español

Hoy nos enfrentamos a un cambio de paradigmas que nos deja perplejos, donde la escuela y los padres, socializadores por excelencia, han perdido espacio, se sienten perdidos...

Nos dice Margaret Mead: «Hasta hace poco tiempo, los adultos podían decir: Yo he sido joven y tu nunca has sido viejo. Pero los jóvenes de hoy pueden responder: Tu nunca has sido joven en el mundo en el que soy joven yo, y jamás podrás serlo. Hoy súbitamente, en razón de que todos los pueblos del mundo forman parte de una red de intercomunicación con base electrónica los jóvenes de todos los países comparten un tipo de experiencia que ninguno de sus mayores tuvo o tendrá jamás. A la inversa la vieja generación nunca verá repetida en la vida de los jóvenes su propia experiencia singular de cambio, emergente y escalonada. Esta ruptura entre generaciones es totalmente nueva: es planetaria y universal».

Los padres lo perciben y no encuentran formas adecuadas para crear puentes. En una encuesta realizada a 300 padres ante la pregunta sobre si creen que la televisión influye en la educación de los hijos, el 92% responde afirmativamente y un 75% considera que esta influencia es muy fuerte. Otra pregunta fue para ver la importancia que los padres le asignan a los diferentes agentes de socialización en la conducta y en las creencias de los niños: «¿Quiénes cree Ud. que influyen más en la conducta de los niños?» y «¿A quién le creen más los niños?», solo el 46% de los padres creen que son ellos los que influyen en la conducta de sus hijos y ese porcentaje baja al 38% en el momento de medir credibilidad. Los padres con menor nivel educacional ponen directamente a la televisión como el lugar donde sus hijos van a buscar modelos para su conducta y obviamente es mucho más creíble que ellos mismos.

Margaret Mead es muy tajante en relación a la distancia entre las actuales generaciones «Mientras haya un adulto que piense que el puede asumir una actitud introspectiva e invocar a su propia juventud para entender a los jóvenes que lo rodean ese adulto está perdido, desde este punto de vista hemos de reconocer que no tenemos descendencia, del mismo modo que nuestros hijos no tienen antepasados». Es interesante como esta antropóloga explica el tipo de cultura que está naciendo a partir de la ruptura generacional, «es así como se puede hablar de tres tipos de culturas la postfigurativa en la que los niños aprenden primordialmente de los mayores, la cofigurativa en la que tanto los niños como los adultos aprenden de sus pares y prefigurativa en la que los adultos también aprenden de los niños». La cofiguración se produce en circunstancias en que la experiencia de la joven generación es radicalmente distinta de la de sus padres, abuelos y otros miembros más ancianos de su comunidad, esto lleva a que los progenitores no pueden proporcionar modelos vivos apropiados para su época. Los mismos niños y jóvenes deben desarrollar nuevos estilos fundados sobre su propia experiencia y deben proporcionar modelos para sus propios pares. Los maestros y los padres siguen utilizando mecanismos verticales de comunicación y poniéndose ellos mismos como modelos. Los docentes cuando damos clase generalmente lo hacemos desde afuera de la caverna de Platón y cuando hablamos de la televisión casi somos aquellos que provocan las sombras.

Durante siglos la cultura occidental se ha manejado con los parámetros de la lógica racional como manera de llegar a entender el mundo y la «realidad», pareciera que hoy el péndulo se ha ido al otro extremo donde priman la percepción y las emociones, en especial las más primarias, y es en este dilema que culpamos a los contenidos televisivos de los males o cambios sociales sin preguntarnos porque nuestros niños y adolescentes y también muchos adultos «consumen» violencia, pornografía, exacerbación del intimismo, haciendo de las programaciones con estas imágenes un excelente «negocio».

No es solamente el aparato tecnológico de comunicación y la red que se conforma, tal como dice Mead, los que marcan la distancia generacional sino básicamente un cambio de paradigmas que tiene incluso una raíz biológica.

Nunca antes un niño estuvo tan expuesto a una sobresaturación de imágenes y las mismas apelan directamente a las emociones en especial a las más primarias sin pasar por el filtro de la razón. Esto lleva a un mayor desarrollo de un hemisferio cerebral en detrimento del otro, al menos en las edades más tempranas.

El hemisferio cerebral derecho conoce básicamente a partir de imágenes, las cuales impactan directamente en las emociones. Una de las funciones de la emoción es grabar en el cerebro lo que es más importante, comenta Ignacio Morgado, catedrático de Neurobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta afirmación implícitamente nos habla de la emoción como un elemento sustentador de la capacidad adaptativa y de aprendizaje.

Joseph Cappella en The Origin of Human Interaction, intenta explicar el origen biológico de las interacciones, parte del hecho que las ciencias de la comunicación siempre han puesto el énfasis en lo social y cultural, así es como el quiere agregar el análisis del papel de lo biológico. Sostiene que las respuestas emotivas son innatas, partiendo de numerosas investigaciones empíricas, considera que las mismas son adaptativas y que el attach. entre madre e hijo es también innato y biológicamente adaptativo. Interés que sugiere un valor adaptativo en adquisición de información e interacción social. Es importante según Cappella reconocer que parte de lo que hace a nuestra comunicación humana tiene un componente biológico igual entre culturas y especies.

Estos y otros resultados en las ciencias biológicas llevan a poder localizar cerebralmente los procesos racionales, lógicos, secuenciales en el hemisferio izquierdo y a los procesos emocionales, globales, y visuales en el hemisferio derecho y a entender como la inteligencia y el conocimiento suponen la interrelación de ambos aspectos en pie de igualdad. Cada hemisferio procesa la información que recibe de distinta manera, es decir, hay distintas formas de pensamiento asociadas con cada hemisferio. El hemisferio lógico, el izquierdo, procesa la información de manera secuencial y lineal. Forma la imagen del todo a partir de las partes y es el que se ocupa de analizar los detalles. El hemisferio lógico piensa en palabras y en números, es decir contiene la capacidad para la matemática y para leer y escribir. Este hemisferio emplea un estilo de pensamiento convergente obteniendo nueva información al usar datos ya disponibles, formando nuevas ideas o datos convencionalmente aceptables. El hemisferio holístico, derecho, procesa la información de manera global, partiendo del todo para entender las distintas partes que componen ese todo. El hemisferio holístico es intuitivo en vez de lógico, piensa en imágenes y sentimientos. Este hemisferio emplea un estilo de pensamiento divergente, creando una variedad y cantidad de ideas nuevas, más allá de los patrones convencionales, de allí su capacidad creativa.

Partiendo de estas premisas, que compartimos, y que surgen de investigaciones en otras áreas de las ciencias es cuando nos volvemos hacia los procesos que se están dando entre los niños prácticamente desde los primeros meses ante su exposición sistemática ante la pantalla del televisor.

Las investigaciones de campo que venimos realizando con diferentes metodologías nos hablan de consistencia en los resultados que muestran como los niños y adolescentes se reconocen a si mismos, proyectan, se identifican, resignifican las imágenes televisivas de acuerdo a sus propias características no solo a nivel individual, sino también teniendo en cuenta sus contextos familiares, sociales, culturales y agregaría que también reflejan el momento histórico por el que la humanidad está atravesando.

Es así como muchos jóvenes perciben y autoreconocen sus impulsos primarios tales como la violencia, el odio, envidias, impulsos sexuales. Todo aquello que estuvo reprimido por generaciones ahora está a la vista y al alcance de todos y como todo proceso reactivo lleva el péndulo al extremo opuesto.

Decía Unamuno: «Uno aprende a leer y escribe distintas novelas o biografías: la personal, la nacional, la universal de la humanidad. Y aprende también a leer las conexiones entre ellas para darle un sentido estructurado a su vida».

Y es exactamente así como leen los niños la imagen televisiva, y es aquí donde se manifiesta la mirada holística, escuchando con profundidad la narrativa que hacen sobre sus programas preferidos es posible descubrir sus propias biografías, las historias familiares, lo que sucede en cada sociedad y sus diferentes culturas y también entrelazando todas estas historias aparecen los relatos míticos, la búsqueda de sentido, que atraviesan las respuestas infantiles en forma transversal e impregnan la mirada del niño, quizás también como un impulso innato que busca el equilibrio y el sentido a la propia vida.

En la investigación internacional comparativa «TV como te quiero», niños de diferentes países enviaron a la televisión más de 15.000 cartas, dibujos y correos electrónicos, no hubo mediación adulta y esto hace que la espontaneidad y la riqueza de esas cartas y dibujos sean tan sorprendentes, las respuestas son verdaderas historias de vida llenas de emotividad e imaginación.

Los niños son expertos en medios conocen exhaustivamente los contenidos televisivos, las formas en que se producen los programas, a los siete años separan con claridad lo que es ficción de realidad etc, piden grillas diferentes y las arman con todos los horarios, incluso mandan programas con guiones. Esto es común entre los niños de todos los países con diferencias que obviamente tienen relación con el tipo de programación al que tienen acceso y habla con claridad de que perciben a la televisión como algo que les es propio, donde tienen incumbencia, que pueden criticar y si fuera posible participar para modificar. Es así como la violencia es claramente percibida y rechazada en las noticias, en tanto la violencia ficcional es criticada por las niñas en particular cuando hablan de los animé japoneses.

Otro característica común es pensar que la televisión desde diseños nuevos y absolutamente utilitarios: televisores redondos, piramidales, colgados del techo, en un reloj, en la visera de sus gorras, robotizados, que cumplan múltiples funciones... son infinitas las variedades y la tecnología aplicada que estos niños imaginan, pero lo más interesante es que cada una de estas funciones está claramente delimitada y racionalizado su uso: en la visera del gorro para «poder correr y mirar televisión al mismo tiempo», que sea piramidal «para que veamos TV en familia pero sin pelearnos», las funciones y sistemas están en muchos casos explicitados y así sucesivamente. El despliegue de creatividad e imaginación es increíble y es interesante constatar que la mayoría de los dibujos no son copia de modelos preestablecidos, que generalmente es algo muy común de ver en la escuela.

Llamó la atención, que en todos los países los niños dibujaron prácticamente todos los aparatos de televisión con antenas, cuando es algo que ellos no tienen y probablemente no han conocido. No encontrábamos respuesta hasta que finalmente en algunas cartas venía la explicación: «nosotros te escuchamos pero tu no nos puedes escuchar», la antena es la posibilidad de interactividad, de comunicación recíproca y esta necesidad es un reclamo constante y universal, los niños no quieren ser más espectadores, desean fervientemente ser partícipes activos y se sienten absolutamente cómodos al pensarse en ese lugar, esta es una demanda muy fuerte que los niños le hacen a la televisión, ser autónomos, poder elegir que ver y cuando y por otro lado ser escuchados y que se les permita participar desde diferentes lugares que muchas veces son de fantasía: poder estar en las aventuras, meterse dentro de las historias y otras son más reales, como diseñar programas, dar las noticias para otros chicos, ayudar con ideas.

Partiendo de esta posibilidad de interactividad aparece otro fenómeno común entre los niños: la vivencia de un vínculo afectivo con la televisión, es amiga, compañera de juegos, confidente, consejera y se lo expresan con total claridad, adornando, a esta televisión que sienten tan cercana, con todos los atributos humanos imaginables. La mayoría de las cartas empiezan diciendo «querida televisión», cuando le piden cosas el trato es coloquial, le declaran su afecto y le dicen también que esperan de ella: «que me acompañes a todas partes», «que juegues conmigo a las bolitas», «que pueda contarte mis secretos», «que me cantes a la noche», «que me abraces»...Y aquí se especifican cada uno de los atributos que el niño le asigna : «que tengas ojos para que me puedas ver tu también a mi, porque nosotros siempre te miramos...», o bien, «con ojos muy grandes para que me iluminen a la noche», «brazos para dar abrazos en año nuevo», «una boca grande que me sonría», que use zapatos, patines, patineta «para que me acompañe», «para que vaya a todos los lugares adonde yo vaya», «que tengas piel para poder acariciarte» y así se reitera sistemáticamente entre los chicos de todo el mundo esta demanda de afecto recíproco que habla con mucha claridad de soledad, de necesidad de comunicación más profunda, de relación horizontal no vertical donde la televisión es mi par, fuente de afecto, comunicación y compañía.

Margaret Mead hablando del momento histórico actual y de la distancia entre las generaciones, lo vaticina: «En este punto de ruptura entre dos grupos radicalmente distintos e íntimamente vinculados es inevitable que ambos estén muy solos». Lipovetsky también da cuenta del mismo fenómeno que los niños expresan desde su relación con la televisión «la euforia de la moda tiene como contrapartida el desamparo, la depresión y la confusión existencial», y agrega «la plena moda es cuando los individuos buscan parecerse a sus contemporáneos y no a sus antepasados, las corrientes de imitación se separan de los grupos familiares y de los medios de origen».

La televisión es, sin lugar a dudas, la mayor fábrica de imágenes que haya existido jamás, disparador incansable de emociones y sentimientos. Develador de las zonas reprimidas y oscuras de nuestra naturaleza que empiezan a ser reconocidas, sacadas a la luz por los niños y jóvenes de esta época cultural que se avecina prefigurativa. Es interesante el pensamiento de M. Mead en este sentido cuando dice «El desarrollo de las culturas prefigurativas depende de que se entable un diálogo continuo en el curso del cual los jóvenes gocen de libertad para actuar según su propia iniciativa y puedan conducir a sus mayores en dirección a lo desconocido». Este ámbito de lo desconocido es quizá el lugar de encuentro entre lo racional y lo emocional, entre lo consciente y lo inconsciente, lugar de la unidad en la contradicción.

No es fácil para un adulto en esta época poder comunicarse desde las emociones, desde el reconocimiento de la interioridad, muchas veces desde la parte oscura de la naturaleza humana, desde «la sombra», como parte constitutiva de la unidad que luchamos por ser y quizá esa sea la misión de los jóvenes, ayudar a la generación que le antecede a encontrarse desde otra lugar que hasta ahora le estaba vedado. Y quizás los adultos, reconociendo que no siempre las estructuras mentales que aplicamos para conocer la realidad, pueden ser lo suficientemente flexibles como para abrirnos a una escucha que acompañe, que permita poner en palabras lo que es todavía una intuición y desde allí aspirar al equilibrio para la generación que nos sigue y también para nosotros.

Cerrando este camino que parece tan incierto los niños impregnan y entrelazan su propia autobiografía y las historias de su entorno con una búsqueda de sentido que permita unificar y dar estructura a este proceso de cambios paradigmáticos, aparecen así los sueños y los mitos que se manifiestan en los dibujos y en las redacciones y que están como telón de fondo en toda la relación que los niños establecen con la televisión.

«Los sueños y especialmente los mitos son un medio esencial para la manifestación de las introspecciones intuitivas que surgen de la naturaleza primitiva de la existencia humana» nos dice Ira Progroff, pareciera así que casi naturalmente al develarse esta naturaleza primitiva a partir del impacto de la imagen surge la necesidad de entender la vida pasando del nivel del sueño personal a contextos de significado más amplios, lugar donde nacen los mitos.

Los niños dibujan la TV como un sol, aparecen figuras de ángeles y diablos peleando, la lucha entre el bien y el mal está presente en los escritos y dibujos, diversos elementos mitológicos acompañan las figuras humanas del televisor y las expresiones con las que le piden cosas muchas veces podrían interpretarse casi como un rezo: «aunque yo no lo pueda ver que todos los niños del mundo puedan tener...», «Diosito te pido que siempre tenga a mi amiga la televisión», «nos puede dar felicidad...»

En el patrón del simbolismo colectivo mediado por la televisión es donde se da, a mi criterio, el «mainstreaming existencial», la corriente principal existencial, el mito que explica la realidad, aquello que hace homogéneos a todos los niños que tienen experiencia televisiva. Más que una manera de mirar el mundo o a sí mismos es una forma de buscar entender la propia existencia y la del universo. La televisión es el lugar del rito donde se conforma la conciencia colectiva, el gran mito globalizado. Este pensamiento mítico impregna casi la totalidad de las respuestas infantiles, en forma muchas veces explícita y otras implícitas y es quizá uno de los fenómenos más extendidos en las respuestas de la gran mayoría de los niños de todo el mundo.

El mito «es la expresión de la respuesta total del ser humano a su encuentro con la realidad y su subsiguiente esfuerzo para asegurar, de forma que tenga sentido, su propia existencia ante esa realidad», «Los ritos y los mitos constituyen un mesocosmos, un cosmos mediador, intermedio, a través del cual el microcosmos del individuo se pone en relación con el macrocosmos del todo» (Campbell, 1959). La relación que los niños establecen con la televisión nos habla de sueños despiertos, que se van transformando en mitos, en explicaciones de la vida, de la propia interioridad. En una época que muchos denominan del vacío, del imperio de lo efímero, del caos, de una tecnología deshumanizada, aparecen, en medio de la nada, algunos puntos muy pequeños de luz que nos permiten vislumbrar muy allá, a lo lejos, un camino diferente, nunca antes recorrido, que se abre a nuevos paradigmas que, por la misma naturaleza del fenómeno, nos hacen pensar en la posibilidad de que las próximas generaciones puedan recuperar un equilibrio que nazca de la unidad en la contradicción.