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Revista Comunicar 27: Modas y tendencias actuales de la comunicación (Vol. 14 - 2006)

Los mensajes de las series: eslóganes en imágenes

The meaning of television series: audiovisual slogans

https://doi.org/10.3916/C27-2006-10

Mercedes Medina-Laverón

Abstract

La televisión influye en nuestro comportamiento y en nuestro pensamiento tanto como otros agentes sociales, pero quizá lo hace de un modo menos consciente que el resto. En la presente comunicación se pretende dar pautas sobre cómo aprovechar las series para la educación en familia. El visionado reflexivo de algunas series puede contribuir a la formación del criterio de los espectadores en cuanto a lo que ven y a cómo puede influir en su comportamiento.

Television contents influence as much in our behavior and our thought as other social and educationai agents, but the influence might be in a less conscious way than the othen. In this paper we will reflect about how to take advantage of the series for educationai purposes. Drama series can be used as a tool to educate young people and show them how to form their moral criterium in order to distinguish good fiom bad, to judge the programmes and to know the reasons for not to watch certain television programmes.

Keywords

Televisión, series familiares, educación, valores

Television, family series, education, values

Archivo PDF español

En España, tras la privatización

de la televisión, la producción nacional de programas ha proliferado notablemente. Todas las cadenas han apostado por las series, entre otros motivos, para fortalecer su imagen de marca (Hagedorn, 1995; Mills, 2005). La mayoría de ellas han tenido gran aceptación por parte de la audiencia y han emitido los programas más vistos, también entre la gente joven. La Tabla de la página siguiente recoge una relación de las series más vistas en los últimos años, tales como «Los Serrano», «Aquí no hay quien viva», «Cuéntame cómo pasó», «Hospital Central» o «Aida».

Programas de máxima audiencia (Sofres)

Las razones de por qué estas series tienen éxito son fáciles de esbozar y lo veremos a continuación. Sin embargo, merece la pena llevar la reflexión más allá y pensar qué estilos de vida ofrecen (Kilborn, 1992). Algunos profesionales dicen que las series reflejan la sociedad en la que vivimos (Mazdon, 2001). Otros, en cambio, apuntan que el contenido de los programas es transgresor (Barker, 2003: 155) e incluso irreverente, y que eso es lo que la audiencia demanda y le gusta ver. Sin embargo, el espectador maduro no queda conforme con estas respuestas, pues con frecuencia no se ve reflejado en los estereotipos televisivos y su vida familiar y social transcurre por derroteros muy diferentes a los que las series presentan.

Reflejen o no fidedignamente la sociedad, los modos de vida que las series representan nos influyen y sin querer, podemos correr el peligro de transformar nuestras vidas conforme a lo que vemos en televisión (Costera, 2005: 31). Los programas de televisión ejercen cierta influencia en la audiencia (Orozco, 1997), frente a la que se debe aplicar un juicio crítico para no acabar imitando comportamientos superficiales y poco consistentes.

Tras apuntar algunas de las razones de éxito de las series, repasaremos los valores que están presentes en ellas de un modo explícito.

A continuación, nos adentraremos en otros valores que quizás no son tan evidentes, pero que tras una reflexión sosegada, el espectador crítico puede descubrir y son, por tanto, los que hay que cuestionarse con mayor radicalidad. Finalmente, se apuntarán algunas pautas que pueden ayudar a aprovechar esos mensajes audiovisuales, que se repiten en las series con imágenes y eslóganes sencillos, para educar a la audiencia más joven.

1. Claves del éxito de las series televisivas

La mayoría de las series se programan para el «prime time», que es el tiempo en el que se concentran el mayor número de espectadores. El consumo de televisión se caracteriza por ser compartido, no es exclusivo ni excluyente, de tal manera que varias personas pueden ver el mismo programa a la vez. En esos momentos del día, la audiencia se suele identificar con el público familiar (Kilborn, 1992: 97).

El público familiar es uno de los más valorados por las cadenas de televisión por el interés que tiene para los anunciantes. Por ejemplo, Antena 3 lo define como «hogares con más de tres individuos menores de 55 años, y más específicamente como parejas con niños en hogares de más de tres individuos menores de 55 años» (Andrés, 2005). Este interés explica el parecido formal en cuanto a la edad y al número de miembros de las familias que las series ofrecen y la audiencia televisiva.

En principio, el «target» familiar tiene unos rasgos diferenciados que explican cómo se construyen los contenidos. Entre otros elementos, suele incluir la presencia de niños en la audiencia, por tanto, los contenidos deben estar protegidos, no incluir temáticas o enfoques que puedan ofender o deformar a los más pequeños, y se evitarán referencias explícitas al sexo o escenas violentas (Heiskanen, 2001: 210). Sin embargo, al menos en las series españolas, esta definición apunta rasgos cuantitativos de edad y número de miembros, pero no implica una valoración moral sobre los contenidos.

Estas series se podrían denominar familiares cuando cumplen, al menos, uno de los siguientes requisitos: a) como contenido, la mayoría de las tramas se desarrollan en el ámbito doméstico y tienen que ver con temas propios de la vida familiar como la educación de los hijos, la relación entre los hermanos, la vida conyugal, o b) como destinatarios, se dirigen a una audiencia amplia con edades diversas que ven la televisión en familia. Por tanto, existe una cierta afinidad entre las tramas y los personajes de las series y los espectadores a los que se dirigen. Como señala Llopis (2004: 128), «la relación entre la institución familiar y la televisión se ha cimentado en un amplio número de ámbitos entre los cuales se puede citar la adaptación de la programación televisiva a los ciclos de vida familiar, el desarrollo de contenidos específicos para audiencias familiares, o la adaptación de los ritmos de la vida familiar cotidiana a la programación televisiva». Además de temas universales, como son los problemas de comunicación, la crisis de autoridad de los padres, los modelos educativos de los hijos, etc., las tramas suelen ser próximas al espectador (Carson y Llewellyn- Jones, 2000). Por ejemplo, con frecuencia se incluyen referencias a la actualidad que acercan las series a las conversaciones cotidianas de quien las ve (Ellis, 2002).

El consumo de televisión es sencillo: no requiere especiales esfuerzos por parte del espectador. El tiempo que se emplea es el tiempo de ocio, por tanto, el espectador busca diversión y entretenimiento. Esto se consigue, en parte, mediante la creación de personajes planos, cuyo carácter se define generalmente con un rasgo (Wittebols, 2004: 35-39). En la biblia1 de «Los Serrano», por ejemplo, se utilizan frases estereotipadas para definir a los personajes. Lucía, la madre, es definida con la frase: «No sé si he hecho bien… sí, si que lo he hecho… bueno, no sé», y para Diego, el padre, se elige la siguiente expresión: «Bueno, bueno, no pasa nada, cenamos y luego más tranquilos, hablamos del tema. ¿Quieres que cocine yo?».

El desenlace de las historias suele ser previsible. Cada personaje actúa y reacciona según el estereotipo que le caracteriza y apenas evoluciona psicológicamente. Lo que permite a la audiencia anticipar con acierto el final de las tramas. Aunque se haga de modo inconsciente, resulta muy atractivo para la audiencia, porque la satisfacción ante los propios logros responde a la condición humana.

El humor es uno de los elementos más recurrentes de las series televisivas. Las escenas cómicas se combinan con maestría con las escenas dramáticas. El ritmo ágil favorece su seguimiento. En este sentido, la música juega un papel fundamental ya que crea el suspense y clímax propicio para anticiparse al desenlace de los acontecimientos.

Otro rasgo que explica el éxito de las series y que tiene que ver con la adecuación al medio televisivo, es que los temas que tratan y los personajes que se presentan son estándar, es decir, cualquiera los entiende. Algunos autores denominan este recurso como «democrático » (Bechelloni y Buonanno, 1997: 28). Las series de televisión procuran ser «políticamente correctas », es decir, en general, evitan ofender a los espectadores, al menos, de modo explícito (Mills, 2005: 146). Las historias y los personajes abarcan a una población amplia, comprendida entre los cuatro y los sesenta y cinco años. Los personajes suelen gustar a todos y los temas atraen al mayor número de personas. Por tanto, se procura aportar soluciones y darles un tratamiento lo suficientemente amplio como para que a muchos interese.

Finalmente, hay que apuntar que la mayoría de estas series cuentan con actores con caché, como Antonio Resines, Imanol Arias, Belén Rueda, Gemma Cuervo, Mariví Bilbao, y algunas jóvenes promesas como Alexandra Jiménez, Verónica Sánchez, o Fran Perea, que aportan talento y contribuyen a aumentar el valor de las series.

Tras esbozar algunos de los elementos que explican los buenos resultados de las series, vamos a detenernos a continuación en los valores que transmiten. Muchos de ellos son obvios, y por tanto, cualquier espectador los aprecia e incluso puede aplicar una cierta dosis crítica para evitar que le influyan en su comportamiento. Otros, en cambio, pasan desapercibidos al espectador cómodo que ve la televisión al final del día y cuya actividad suele ser interrumpida por diversos ruidos de la vida familiar, como es el teléfono, una persona que entra en la habitación, una conversación, etc.

2. Valores explícitos

El siguiente análisis procede de la observación directa de las series y discusión posterior con diversos grupos de alumnos y colegas (Gómez Amigo, 2004; Juan & Hernández, 2005). Asimismo este análisis se ha completado con una encuesta realizada en Barcelona, Pamplona y Logroño, a 86 personas de edad comprendida entre 12 y 81 años entre diciembre 2005 y marzo 2006, en la que se les preguntaba su opinión sobre distintos aspectos relacionados con la representación de la familia, la religión, la educación, los modos de vestir, etc., de la serie «Los Serrano». La limitación de la muestra lleva a no tomar las respuestas como representativas de la población española, sin embargo, corrobora las intuiciones que se tenían a priori. Además, ha sido un ejercicio para ayudar a la audiencia a reflexionar sobre los valores y estilos de vida explícitos e implícitos, que la serie transmite. Al final del artículo, se publican las preguntas abiertas y cerradas de la encuesta2.

Muchas series actuales, en lugar de representar un modelo ideal de familia, representan familias desestructuradas (Modleski, 1982). Según la clasificación de Zimmerman (1947) predomina el modelo de familia atomista, es decir, aquélla en la que prevalecen los derechos individuales por encima de los deberes familiares y cuya finalidad es meramente utilitaria. En este tipo de familias, señala el autor, la relación matrimonial se entiende como una compañía práctica para la vida. El padre resulta trasnochado e inservible. Conviene dejarle atrás para alcanzar el desarrollo personal. Los hijos también son considerados como un obstáculo. Se perciben como cargas económicas que hay que sobrellevar. Las relaciones sexuales se entienden como una necesidad del desarrollo emocional de la persona. En este contexto, el sexo se convierte casi en el único tema de las conversaciones de jóvenes y mayores. La profesión de los padres y el estudio de los hijos no suelen formar parte de sus temas de conversación, no parece que ocupen un lugar importante en sus vidas.

En general, las familias que representan no pretenden ser verosímiles, como ejemplos de casos extremos cabría señalar «Aquí no hay quien viva» o «Los Serrano». Buscan provocar el humor a través de situaciones absurdas, esperpénticas y extremas. El afán de alcanzar a todos los públicos hace que las familias protagonistas de las series pertenezcan a una clase social indefinida. Este interés lleva a incluir familiares como tíos y abuelos, que conviven con la familia donde hay hijos de edades diversas. Así, se consigue la identificación de mayor número de espectadores, asumiendo el peligro de crear una familia que se aleja de los estándares más extendidos en la sociedad española.

El modo de vestir de los personajes, y especialmente de los jóvenes, está muy estudiado por el equipo de producción. Existe una similitud entre la moda de las tiendas juveniles y la que aparece en las series. Como señala el gráfico superior, a pesar de que el 56% de los encuestados reconoce que no le influye a la hora de comprar cómo van vestidos los personajes de la serie «Los Serrano», entre la gente joven se observa una homogeneidad en el modo de vestir, y una cierta similitud con las series más populares.

Visión de la religión

La representación de estos valores corre el peligro de molestar a una parte de la audiencia que quiere educar a sus hijos en valores más nobles, como el amor al compromiso, el esfuerzo en el trabajo, una visión cristiana de las relaciones humanas y de la familia. Sin embargo, los valores expuestos hasta el momento, aun contrarios a estos estilos de vida, son menos dañinos que otros que no se presentan de modo tan obvio. Por tanto, eludirlos o desarrollar un sentido crítico, puede ser más fácil que para los valores que expondremos a continuación, cuya formulación es más sutil y por tanto, más difícil de detectar.

¿Cómo influyen en ti el modo de vestir de «Los Serrano»

3. Valores implícitos

Al ser series familiares, se entiende que el marco familiar es el referente de los comportamientos. En este contexto, se espera entonces que los padres eduquen a sus hijos según unos principios generales, que las relaciones entre los cónyuges sean sólidas, que el vínculo familiar asegure la mutua comprensión, a pesar de las desavenencias coyunturales, y dé seguridad a todos los miembros de la familia, y que, aunque esporádicamente pese más el interés particular, al final, el bien común prime por encima de otros intereses. No obstante, con frecuencia no encontramos estos valores en las series españolas contemporáneas.

En una serie como «Los Serrano», el cuadro familiar da sentido a las escenas. Constantemente se destaca la importancia de la familia. «Somos más que amigos, somos una familia», dice Resines para mostrar a Fiti que cuenta con su ayuda incondicional. Sin embargo, si uno se para a reflexionar sobre la relación entre los miembros de la familia, descubre que los nexos familiares son difusos. Falta unidad entre los miembros. Sólo se unen para desarrollar acciones en ayuda de otros, pero falta comunicación e influencia en el comportamiento de los demás. Cada personaje es autónomo y apenas establece vínculos con los demás, salvo para engañar a otros. Los únicos vínculos que se establecen con los demás personajes son contactos físicos y sexuales.

El estereotipo de la madre de «Los Serrano» no es el de una madre tradicional, refleja la personalidad de la eterna adolescente, que quiere ser «amiga» de sus hijas, dialogar con ellas y entenderlas. Sin embargo, el hecho de que trate de ser su amiga en vez de su madre, hace que en varias ocasiones no la respeten y se salgan con la suya. Es una madre moderna, inteligente, «sexy», abierta al cambio, liberal, que pretende educar, pero que no acompaña lo que dice con su vida. No utiliza argumentos para convencer. Cuando quiere que algún hijo haga o deje de hacer algo, se lo exige o prohíbe. En lugar de razonar, acude al argumento de autoridad. Su comportamiento es por tanto, superficial e infantil. De acuerdo a la clasificación de Llopis (2004), su estilo educativo es permisivo, se caracteriza por ausencia de orientación y de control. De hecho, los hijos no suelen acudir a ella cuando buscan seguridad y firmeza.

En los personajes femeninos, y no sólo en la madre, se destaca sobre todo lo sensual, los rasgos corpóreos. Aunque se quiere sublimar la figura de la mujer frente a los hombres –ellas son más inteligentes, con más personalidad que ellos–, al final, ellas son reducidas a objeto de placer.

El padre de «Los Serrano», por el contrario, refleja el estereotipo de la moral tradicional, del sentido común, pero no sabe dar razones ni principios de actuación a sus hijos. Por tanto, su estilo educativo coincide con el estilo paternal en la clasificación de Vilchez (1999), es decir, tiende a ser pasivo, protector y autoritario. Sus reacciones son primarias e instintivas, y por esto, los hijos confían más en él porque su comportamiento es más predecible que el de su madre. Generalmente, no toma la iniciativa en la educación, y cuando interviene utiliza más la táctica de la violencia y el insulto, que la de la orientación razonada. Asimismo, su carácter bondadoso le permite rectificar tras sus excesos. En su sencillez, le pesa mucho el «qué dirán», la imagen, lo que vayan a pensar los demás.

Los hijos y en general, todos los personajes, se mueven por la «sinceridad a sus sentimientos». La autenticidad se concibe en términos de transparencia, de no disimular lo que sienten. En virtud de ésta, lo que sienten justifica cualquier comportamiento. Esta conducta se resume muy bien en la frase de uno de los personajes: «no se pueden poner diques al mar», o lo que es lo mismo, cuando el sentimiento aflora en un sentido, es mejor no impedir que se desarrolle y se convierta en rector de toda actuación. En este planteamiento se olvida que cuando los sentimientos se convierten en la razón última del actuar, se corre el peligro de tener una personalidad cambiante, sometida a continuos vaivenes, que acaba desembocando en un estado de infelicidad.

Lo inverosímil y lo cómico se consiguen gracias a la sobreactuación. En general, los personajes exageran sus reacciones y expresan de modo extremo sus sentimientos (Baym, 2000: 55). Hoy en día, el comportamiento de los jóvenes tiene mucho de actuación dramática que se manifiesta en cómo se abrazan, cómo se besan, cómo se saludan o cómo se despiden. Todo está impregnado de un drama añadido, que suena artificial.

La televisión procura respetar el marco de lo «políticamente correcto» para no ofender demasiado a nadie; pretende agradar a todos los públicos. Por eso, en estas series que se emiten en «prime time» no suele haber escenas explícitas de sexo. Los gestos que muestran la atracción entre las personas se insinúan más que se hacen patentes. De esta forma, estas escenas son más difíciles de eludir que las escenas explícitas.

Todos estos valores y estilos de vida influyen en nuestro comportamiento y en nuestro pensamiento como otros agentes sociales, pero quizás lo hacen de un modo menos consciente. La fuerza de la imagen y de las historias es tal, que quienes las ven no se paran a pensar en los modelos de vida sobre los que se construyen los personajes. Cuando los espectadores reflexionan sobre los valores de «Los Serrano», hay una coincidencia en destacar algunos aspectos como imitables. En concreto, la amistad y el compañerismo en todos los niveles, desde los más pequeños, pasando por los adolescentes, hasta llegar a los adultos. Aunque al principio de cada episodio hay problemas y malentendidos, siempre se acaban resolviendo gracias a la comunicación entre los personajes. Los padres se preocupan por los hijos, intentan estar a su lado, y aunque no estén de acuerdo, les apoyan en sus decisiones. Toda la serie está teñida de alegría y comicidad. Muchos destacan como imitable el hecho de que desayunen o coman juntos. Estos mismos espectadores, sin embargo, también señalan algunos valores negativos de esta familia. En primer lugar, la falta de confianza y de veracidad; el alto grado de infidelidad; algunos métodos educativos, sobre todo de Diego, y la excesiva libertad con la que se mueven los hijos. Muchos rechazan las relaciones tan tempranas entre los adolescentes, la falta de respeto ante algunos valores, el uso de determinadas expresiones y el excesivo peso que tiene el físico de las chicas.

Los resultados de la encuesta realizada nos llevan a afirmar que parece necesario en la educación y formación de jóvenes y adolescentes, hacerles reflexionar sobre lo que están viendo y mostrarles las carencias que tienen esos personajes desde el punto de vista del desarrollo íntegro de la persona.

4. Valoración educativa de las series

Antes de concluir, merece la pena detenerse en varios tópicos que están muy presentes en la opinión pública y que cuestionan la influencia de las series en los espectadores.

Para valorar las series hay que entender el género ficción y en concreto la clave de comedia, en la que están hechas la mayoría. Por otra parte, hay que tener en cuenta el contexto de consumo: los espectadores esperan que, a las 22 horas, la televisión les entretenga, les haga pasar un momento de relax. La audiencia no suele esperar a esas horas del día, tras una larga jornada de trabajo, formarse ni cultural ni intelectualmente.

Siguiendo estos principios, las series no pretenden ser verosímiles. De hecho, el público no las percibe como tal. La mayoría de los entrevistados consideran que tanto los personajes como las tramas se alejan de los comportamientos normales. Sin embargo, la abundancia de series cortadas por el mismo patrón en cuanto a los modelos de conducta puede llevar a algunos espectadores a pensar que su modo de vida es raro porque no coincide con el que reflejan las series. Este razonamiento puede ser más peligroso en el caso de los niños. Contrastar la educación que sus padres les dan con la que aparece en las series les puede llevar a pensar que sus padres no son modernos, y por tanto desconfiar de ellos porque no les van a entender.

Guionistas y productores declaran con frecuencia que la televisión es reflejo de lo que la gente pide y de lo que la gente es. Ante esta afirmación, que resulta inquietante para quien no piensa de acuerdo a las coordenadas televisivas, hay que decir que los programas reflejan la vida, los esquemas mentales, la jerarquía de valores y el modo de entender el mundo, la familia, la sociedad y la personalidad de quienes las hacen (Medved, 1992; Wolf, 1999). En las series se pone de manifiesto lo que el guionista, el cámara, o el productor considera bueno o malo, verdad o mentira. Conocer la valoración que la audiencia hace de la religión muestra el grado de madurez de los espectadores cuando reflexionan sobre el contenido de las series. En la encuesta realizada sobre «Los Serrano », el 65% piensa que en el tratamiento de la religión hay una intención por parte de los productores, el 28% estima que se trata como los demás temas y sólo el 7% considera que se difunde una visión real de la religión. La realidad presente en los programas es un mundo creado que no debe entenderse como normal, como lo más extendido, es simplemente reflejo de una parte de la sociedad. Como dice Mills (2005: 7), los programas son un reflejo de lo que la industria piensa que tiene delante.

La volatilidad de los sentimientos de los personajes y la ausencia de compromisos firmes las tiñe de un relativismo en el que parece que cualquier relación y modo de vida son válidos. Sin embargo, de acuerdo con García Noblejas (2000), la ficción versa sobre las acciones libres y reclama la certeza del referente real para cumplir su función. Por tanto, la naturaleza de la ficción demanda la verdad de las cosas, aunque esté implícita. Si el relativismo moral fuera cierto, la ficción no funcionaría, porque no existirían normas fijas para entender el pacto de lectura.

Con frecuencia, los padres deciden eliminar la televisión como medio de entretenimiento de sus hijos, de esta manera, evitan la influencia dañina en su comportamiento. Aunque esta opción educativa es válida, tiene algún riesgo. Estos niños se sienten aislados de sus compañeros de clase cuando las conversaciones giran en torno a las series. Ellos no tienen nada que aportar porque no las han visto y puede ocurrir que esto les acompleje. Además, esos relatos suscitan su curiosidad y desatan su imaginación, de tal manera que les distraen de otras ocupaciones más importantes. Esta medida siempre debe ir acompañada de otras actividades que les ocupen y les entretengan más que ver la televisión. Alguna vez, merecerá la pena que los padres graben algunos de los programas más demandados y que lo vean con sus hijos, aprovechando este momento para explicarles lo que están viendo.

Terminamos con una propuesta encaminada a aprender a ver la televisión en familia y a utilizarla como herramienta para formar personas con criterio, que sepan distinguir el bien del mal y que sean conscientes de lo que ven, o de por qué no ven los programas de televisión.

Para valorar la ficción televisiva es necesario identificar los conflictos y sus desenlaces. Los conflictos son necesarios para que haya drama y acción, que son las claves de la ficción, y en general, cualquier conflicto sirve para desarrollar principios morales. Lo relevante es detectar cómo se resuelven, ya que ahí se pone de manifiesto la idea del hombre y de la sociedad implícita en la serie (Thornham y Purvis, 2005).

Como hemos apuntado, para que haya conflicto, ha de existir un referente, una opción única mejor que las demás. Si cualquier opción moral fuese igualmente válida, todas las historias tendrían la misma consistencia, y no es así. Ya que, como dice Mills (2005: 110), «los estereotipos de televisión no son necesariamente verdaderos». Por tanto, las historias que más se asemejan a la realidad de las cosas, tienen más fuerza dramática. Finalmente, es bueno descubrir los referentes morales o los personajes que los encarnan, para ayudar a formar criterios permanentes y válidos en la audiencia, especialmente en los más jóvenes.

Anexo

Nota

1 La biblia es el primer documento que se crea antes de producir una serie y recoge la descripción de los personajes y las principales tramas de la historia.

2 Quiero agradecer el trabajo realizado por Ángela de Miguel, Alejandra Rivas, Rebeca Iglesias y Begoña Blanco.

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