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Revista Comunicar 27: Modas y tendencias actuales de la comunicación (Vol. 14 - 2006)

Actores periodísticos y políticos en momentos de crisis: un estudio de caso

Relationship between journalists and politicians in critical situations: a case study

https://doi.org/10.3916/C27-2006-20

Sergi Cortiñas

Carles Pont-Sorribes

Abstract

Este artículo pretende estudiar la relación entre periodistas y políticos en situaciones críticas. Los autores han analizado la información emitida por las cadenas de televisión: Televisión Espanola, Antena 3 y Tele 5 en los días 1 1 , 12 y 13 de marzo de 2004, coincidiendo con el atentado de Madrid. De esta investigación, se concluye que los periodistas actuaron con poca capacidad crítica, en connivencia con los políticos, en la propagación de determinadas tesis poco o nada argumentadas y de ciertos tópicos y expresiones gratuitas.

This article tries to study the relationship between iournalists and politicians in critical situations. The writers have analyzed the information broadcast by the television networks in Spain: Televisión Española, Antena 3 and Tele 5 on March 2004 11th, 12th and 13th, just after the terrorist attack in Madrid. From this study research, it has been concluded that the journalists had little critical capacity, they were in collusion with the politicians, spreading certain badly argued theses and subject maner, using unwarranted expressions.

Keywords

Periodismo, comunicación política, información de crisis, televisión, sociedad del riesgo

Journalism, political communication, critical information, television, risk society

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En el atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid se reprodujeron las principales características de una gran crisis: sorpresa, pérdida de control e incertidumbre. Éstas fueron extensivas a todos los actores políticos y mediáticos, lo que generó un desbordamiento de las relaciones que ambos colectivos mantienen en situaciones convencionales. El atentado, según Álvaro (2004: 81- 84), fue un pseudoacontecimento1 programado que anuló otro pseudoacontecimento: la campaña electoral de las elecciones legislativas previstas para el día 14 de marzo.

En este artículo nos centraremos en el proceder de los medios de comunicación y el discurso de la seguridad, el riesgo e incluso del miedo que los actores políticos sembraron y que los medios reprodujeron durante los días 11, 12 y 13 de marzo de 2004. En este trabajo se analiza la información emitida en esas jornadas por las cadenas de televisión: Televisión Española, Antena 3 y Tele 5.

Los distintos aspectos comunicativos del 11-M al 14-M han sido abordados desde diferentes perspectivas. Se ha estudiado el trabajo periodístico y el papel de los «no-media» (Partal y Otamendi, 2004); los rumores, las cadenas de mensajes SMS y los «flash mob» del 13-M (López, 2004; Boquera, 2004); la construcción televisiva y las audiencias de los medios (Quaderns del CAC, 19-20)2; la interacción entre política y los medios de comunicación (Trípodos, Extra 2004)3; el trabajo de los gabinetes de información (Toral y Santiago, 2004)4 y el impacto en la prensa árabe (Del Amo, García Rey y Ortega, 2004).

1. Objetivos y metodología

En esta investigación nos proponemos estudiar cualitativamente la información televisiva de TVE, Antena 3, Tele 5, en los días 11, 12 y 13 de marzo de 2004, desde diferentes perspectivas. Un primer objetivo es examinar de un modo crítico la actuación de los medios de comunicación y estudiar el grado de seguidismo de los periodistas con respecto a los políticos en aquellas jornadas. En segundo lugar, se pretende detectar la capacidad de reacción de los profesionales de la información ante una gran tragedia como la ocurrida en Madrid y su habilidad para desactivar o contestar determinados argumentos que algunos políticos pretendieron introducir en la opinión pública, entre ellos los que se refieren a los discursos del miedo, la seguridad y el riesgo.

Para llevar a cabo la investigación se han analizado los informativos y la programación televisiva de TVE, Antena 3 y Tele 5, tomando como referencia el documento del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC)5 sobre la construcción televisiva entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Se han tenido en cuenta las comparecencias públicas de los políticos y la cobertura mediática que obtuvieron.

Los parámetros analizados han sido: a) los datos de identificación básicos (el día, la hora y la cadena televisiva), b) los actores y el cargo público del compareciente, c) el discurso político reproducido por los medios y la actuación de los periodistas. Dentro de este último apartado, se han detallado las siguientes categorías: los tópicos y expresiones gratuitas que se utilizaron, las apelaciones a la seguridad y el riesgo, y las contradicciones argumentales detectadas. A partir de estos datos, se han confeccionado diferentes Tablas para contabilizar las ocurrencias de las mismas y la frecuencia de las repeticiones que se han producido para cada medio de comunicación.

2. Marco teórico

Una crisis como la del 11-M, desde el punto de vista periodístico, es la ruptura total de la rutina profesional. Diferentes ámbitos de la comunicación y el periodismo han contribuido al análisis de hechos de naturaleza crítica con diferentes denominaciones: explosión (Gomis, 1991: 143), noticias súbitas (Tuchman, 1983: 66), caso excepcional (Grossi, 1985) o hechosruptura (citado por Casero, 2004). Hay acontecimientos que se imponen al propio sistema de comunicación institucionalizada al tener unas características determinadas: un claro ejemplo son los acontecimientos terroristas (Rodrigo, 1989).

Los procesos de construcción de la realidad por parte de los medios de comunicación han sido estudiados por distintas teorías de la comunicación y de la sociología fenomenológica. En particular, existe una larga tradición en el estudio de la producción de la noticia y las rutinas de los profesionales de los medios (Tuchman, 1983; Van Dijk, 1990; Rodrigo, 1989; 1991; Túñez, 1999; Martini, 2000). Una característica de la comunicación del acontecimiento-noticia en el sistema de los mass-media, puesta de relieve ahora, es la de su redundancia. Cuando un hecho es considerado acontecimiento por los medios y se transmite como noticia en el mercado comunicativo se produce «un efecto multiplicador, de orquestación» (Rodrigo, 1991).

La profesión periodística está ligada al sistema político, dado el papel de fuentes del segundo respecto al primero. Estas rutinas de trabajo se estrechan todavía más en situaciones de grandes crisis, cuando las voces políticas se convierten en los emisores principales de la información. La relación entre periodistas y políticos se articula muy a menudo a través de la agenda mediática, algo que quedó bien a las claras en los días estudiados. Esta capacidad de los medios de comunicación para establecer la agenda mediática está desarrollada en la teoría de la tematización (Marletti, 1984; 1985), que dice que los medios centran la atención sobre unos temas y no en otros por una clara vocación de marcar la agenda política en connivencia con el mismo poder político.

Por otro lado, los políticos y por añadidura los medios utilizan el llamado discurso de la seguridad y el riesgo como una estrategia recurrente en situaciones críticas. Este discurso se articula a través del empleo de frases y conceptos que pretenden trasladar a los públicos legos una aparente normalidad, aun a sabiendas de que la situación no está bajo control y el riesgo sigue presente. En el contexto de una sociedad fuertemente mediatizada, la idea de control y seguridad queda anacrónica, dado que en la denominada sociedad del riesgo (Beck, 2003: 17) las decisiones como civilización conllevan nuevos peligros globales que contradicen radicalmente el lenguaje institucional del control, la promesa de dominar las catástrofes. En nuestros días, las sociedades modernas y altamente tecnificadas padecen un deterioro del poder del estado, hasta hoy garante de la seguridad de los ciudadanos.

En la gestión de la crisis del 11-M se olvidó probablemente lo que el mismo Beck (2003: 28) escribe acerca de la nueva sociedad del riesgo: «el papel de los militares y las defensas nacionales ya no sirven si miran a sus iguales». Hoy las amenazas son transnacionales y estos cambios provocan un replanteamiento de la soberanía de los estados. En Europa éstos «garantizan el derecho a la educación, a la salud, a la igualdad..., pero resultan incapaces de protegernos ante grandes acciones del terrorismo internacional (11-S/11-M), fugas de radiación nuclear (Chernóbil) o enfermedades como la Severe Acute Respiratory Syndrome » (Beck, 2003: 28). El papel de los medios de comunicación también ha sufrido un cambio de igual índole. Los medios cada vez son más propensos a que la realidad emergente produzca inverosimilitud y miedo a aquello que es invisible al futuro, a lo desconocido. Los medios siempre están a punto para cortar la programación: «Cuando una noticia se presenta como terrible o peligrosa se convierte en equívoca y enigmática. El efecto riesgo e incertidumbre con el que se presentan y editan las noticias alimenta en el público el anhelo de revelaciones» (Gil Calvo, 2003: 153).

3. Resultados

La opinión de los políticos fue el eje principal en la confección de los programas de tipo informativo, de tal manera que las televisiones convirtieron sus informativos «non-stop» en una arena política (Casero, 2004). Todo ello condujo a una sobredimensión de la información de cariz político en los tres días analizados (Estrada, 2004: 47-55). La presencia de otro tipo de actores, esto es, expertos en terrorismo nacional y/o internacional, expertos en grandes tragedias, expertos en tratamiento del dolor, en medicina, profesores de universidad, analistas políticos, analistas financieros, representantes de la sociedad civil o representantes de organizaciones no gubernamentales, fue poco más que testimonial en las parrillas de las televisiones analizadas en esta investigación. Esta poca iniciativa de los periodistas se tradujo en un sinfín de repeticiones de las intervenciones de autoridades y políticos. El motor de los medios en las horas de programación continua fueron las declaraciones de la clase política, con intervenciones mayoritariamente repetidas o, en algunos casos, nuevas, pero que apenas aportaban nada substancial a lo ya dicho hasta el momento.

Del análisis de la programación de las tres cadenas, se detecta una aplicación sistemática del siguiente esquema (en adelante esquema A): 1) intervención en directo del político P; 2) primera repetición de un fragmento de extensión variable; 3) segunda repetición del mismo fragmento; y 4) así hasta n repeticiones de fragmentos de esa intervención. El valor de n, como se observa en la Tabla adjunta, varía entre 4 y 7, de tal modo que el espectador que siguió estas cuatro comparecencias en directo volvió a escucharlas en 21 ocasiones más a lo largo del día en TVE.

Esta forma de trabajar basada en la redundancia es común, en mayor o menor medida, para todas las cadenas, que parecían verse obligadas a mantener la información «non-stop» a sabiendas de la ausencia de novedades. Otro recurso de similar naturaleza que fue utilizado constantemente en los días del estudio consistió en la repetición de ideas a través de dar cabida a otros políticos de rango inferior al que había intervenido horas antes. El esquema de trabajo (esquema B) se basa en la intervención de un político P que ocupa un alto lugar jerárquico y en las horas sucesivas intervienen otros cargos menores del mismo partido para repetir las mismas ideas con diferentes palabras. En algunas ocasiones es difícil determinar si la intervención fue a propuesta de la televisión o del interesado, pero en cualquiera de los casos no parece aventurado sostener que las palabras de un edil del PP en Irún6 o de un eurodiputado del PSOE en Bruselas7 tenían poco de novedoso.

Del estudio llevado a cabo se constata que, en efecto, los políticos entrevistados (mayoritariamente del PP o PSOE) se ceñían a las mismas ideas que el líder de su partido había manifestado previamente. Esta rutina periodística, por lo tanto, difiere poco del esquema A, ya que el afán de los medios por incorporar nuevas voces a los programas «non-stop» se tradujo en que éstas no dejaban de ser voces repetidas, meros ecos de ideas ya expuestas con anterioridad. De tal forma que el espectador podía tener la sensación de estar asistiendo a un incesante «bombardeo» de cariz político, poco edificante y, en ocasiones, nada plural.

Durante el 11-M y los días posteriores, los asesores y periodistas de los gabinetes de comunicación del Gobierno y del Ministerio del Interior construyeron un discurso que, en general, caló en los directivos de los medios de comunicación. En la crisis del 11-M el ya de por sí frágil equilibrio de relaciones entre los periodistas de los medios y los responsables de los gabinetes de comunicación ministeriales fue favorable a los segundos. La mayoría de las fuentes eran oficiales y los medios fueron arrastrados por la agenda que marcaba la administración, sobre todo el Ministerio del Interior y las comparecencias públicas de su titular, Ángel Acebes. Las ruedas de prensa de los gobernantes fueron programadas con calculado impacto sobre las audiencias televisivas. Las principales apariciones del ministro del Interior y del presidente fueron sobre el mediodía, entre las 13.00 y las 14.30 horas, antes de los informativos televisados, o por la tarde, nunca después de las 20.30 horas.

Televisión Española reprodujo hasta 16 veces, sólo en la programación continua del día 11-M (a la que cabría sumar los Telediarios), declaraciones de ruedas de prensa de altos cargos de la administración que apelaban a la necesidad de depositar confianza en las fuerzas de seguridad, justo después de una masacre con cerca de 200 personas muertas y centenares de heridos. Los periodistas de los medios obviaron, en su mayoría, preguntar la conveniencia, o no, de las medidas de seguridad tomadas por el Gobierno, que tampoco contrastaron con otro tipo de fuente experta. Entre las medidas que se tomaron el día 11 de marzo de 2004 destacan interrumpir el servicio ferroviario en todo el estado, cerrar fronteras o paralizar aeropuertos. Cabía preguntarse si las medidas hacían más seguro el país o si, por el contrario, sólo era una decisión del Gobierno encaminada a justificarse ante la opinión pública para dar una imagen de situación crítica pero controlada. A pesar de la avalancha de discursos en pro de la seguridad, por ejemplo, a pocos kilómetros de Atocha un grupo de terroristas planeaba atentar días después contra el tren AVE Madrid-Sevilla. ¿Por qué las televisiones se limitaron a reproducir el discurso político y no buscaron la voz de los expertos en seguridad que hubiesen contextualizado la noticia? ¿Bajo qué argumentos se paraliza parte del transporte público de un país si los terroristas pueden, si quieren, atentar en cualquier momento o lugar?

Las principales líneas discursivas reproducidas por los medios fueron, sobre todo el día 11, aquéllas que hacían referencia a la confianza en las fuerzas policiales. El presidente del Gobierno, José María Aznar, y el ministro del Interior, Ángel Acebes, los dos principales responsables de la gestión de la crisis, insistieron en la idea de garantizar el control. En el texto de la rueda de prensa de Aznar de las 14.40 del día 11, se enfatiza que «el Gobierno ha tomado todas la medidas para garantizar la seguridad y restablecer los servicios afectados» y, a renglón seguido, se destaca que los gobernantes amigos internacionales le habían dado sus condolencias y se remarca la necesidad de la lucha internacional contra el terrorismo.

Las televisiones reprodujeron este discurso político que intentaba impregnar tranquilidad, algo que contribuyó al afán intencionado del gobernante para demostrar que la situación estaba bajo control. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, afirmaba que se habían puesto al servicio del Ministerio de Interior todos los efectivos disponibles. El ministro Ángel Acebes aseguraba en todas sus comparecencias: «la prioridad es garantizar la seguridad». Antes de acabar el día y ante el gran volumen de heridos y muertos, algunos políticos como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, hacían un firme elogio de las fuerzas de seguridad. La argumentación política soslayaba el descontrol y constantemente se llamaba a la «serenidad, firmeza y determinación», en un empeño por tapar las deficiencias de una situación que no estaba dominada, sino todo lo contrario.

El discurso de la seguridad disminuye progresivamente durante los días posteriores al atentado. El descenso de apelaciones a la idea de control queda reflejado en las comparecencias públicas de los políticos y su discurso. Como se ha visto, el día 11 de marzo la mayoría de los actores repite con perseverancia casi paternal el instinto de protección, seguridad y serenidad: en 16 ocasiones en TVE, 10 en Antena 3, y 5 en Tele 5. Como se puede observar en la Tabla adjunta, el día 12 baja significativamente en Antena 3 hasta los 4 inputs por día, mientras que el día 13 el discurso de la seguridad parece casi extinguido y las televisiones analizadas sólo recogen un total de 2 actores por cadena, que corresponden a las comparecencias del ministro del Interior del sábado.

Además, las intervenciones de los protagonistas en el 11-M estuvieron llenas de tópicos y expresiones gratuitas, algunas poco justificadas y/o nada argumentadas. Durante la mañana del día 11 de marzo, caló con inusitado vigor la frase «ETA escribe su final», que se extendió como la pólvora entre buena parte de los dirigentes políticos que aparecieron en TVE, Tele 5 y Antena 3. Fue una frase que en ningún caso iba acompañada de una argumentación sólida, que justificara su pronunciación. Ningún político acertó a dar con una explicación sensata de su razón de ser en el discurso. ¿Qué tipo de raciocinio acompañaba a esta frase?, ¿por qué un atentado de grandes dimensiones significaba el final de ETA?, ¿qué sucesos seguirían a este atentado para desarticular a la banda terrorista como para realizar una afirmación tan categórica?

Ninguno de los políticos que pronunció la frase respondió a estos interrogantes. Por su parte, la profesión periodística tampoco fue demasiado hábil para solicitar aclaraciones a los políticos respecto a estas cuestiones. En los documentos analizados, se ha percibido una actitud poco crítica y algo pasiva de los periodistas con respecto a quienes defendían esta tesis. Otra de las frases que aparecía una y otra vez en las declaraciones de autoridades y políticos fue que «ir a votar era la mejor respuesta ante los terroristas». Esta sentencia tuvo una aceptación extraordinaria en el discurso de los políticos que tuvieron presencia mediática en los días de estudio. Sin embargo, nadie daba un razonamiento convincente del porqué de dicha idea. ¿Acaso abstenerse significaba no responder a los terroristas?, ¿de entre todas las respuestas posibles, ésta era la mejor?, ¿hay alguna lógica terrorista que diga cómo es mejor hacerles frente?

Más grave fue la frase que apelaba ante todo a la «unidad de los demócratas», idea que también estuvo en muchos de los discursos del 11-M. Esta argumentación, además de no estar bien justificada, se demostró abiertamente falsa, ya que sólo unas horas después de los atentados de Madrid las luchas políticas partidistas habían aparecido y la unidad pregonada había quedado diluida completamente. Ciertos políticos, horas después de jactarse de la unidad de los demócratas y de proclamar la no utilización de los atentados con fines electorales, se apresuraron a censurar la política de diálogo con ETA, a aludir a la tregua en Cataluña y a significarse con respecto a los lemas de las manifestaciones que se organizarían horas más tarde.

No fue habitual encontrar periodistas que interpelaran a determinados políticos si no estaban cayendo en una contradicción al aludir a una unión de los demócratas para criticar acto seguido a otras formaciones demócratas. Esta indolencia de la clase periodística contrasta con la actuación de determinados políticos, que sí se atrevían a inmiscuirse en las tareas de los periodistas, en un fenómeno poco usual en una sociedad libre y democrática en la que cada colectivo debería cumplir de forma autónoma con la función que la sociedad les tiene encomendada. Algunos representantes de formaciones políticas se extralimitaron en puntuales momentos y se aventuraron a exigir ética a los medios de comunicación.

4. Conclusiones

Las televisiones estuvieron más ocupadas en reproducir el discurso oficial y la pelea política que en explicar y analizar los hechos y consecuencias del 11-M. Del estudio realizado, se desprende un seguidismo considerable de los medios respecto a la clase política. Esto se tradujo en la aplicación sistemática de dos esquemas de trabajo: el primero, basado en la repetición sucesiva de fragmentos (insertos o cortes de voz más o menos largos) de un mismo actor político durante la programación «non-stop», y el segundo, basado en una no menos constante redundancia de la tesis principal de una formación –sobre todo de las mayoritarias–, a partir de intervenciones de políticos de rango inferior (ediles, eurodiputados, senadores, diputados) al que ya la había pronunciado anteriormente. Con estos dos esquemas, las televisiones analizadas mantuvieron su programación continua con el único ingrediente de una polifonía de voces políticas que no aportaba nada novedoso, hasta el punto de poder producir en el receptor una incómoda sensación de una «lluvia de opiniones» de un mismo cariz político, expresadas por un mismo actor u otros de un rango inferior. En el intento de transmitir una hipotética tranquilidad a la población, los políticos apelaron en demasía al discurso de la seguridad.

Los gestores institucionales de la crisis y algunos partidos políticos difundieron un discurso proteccionista que repitieron ampliamente los medios. Durante las primeras horas después del atentado se insistió en que la situación estaba bajo control y se habían tomado medidas suficientes –cerrar fronteras, parar ferrocarriles, restringir el espacio aéreo– para detener a los responsables y evitar nuevos atentados. Probablemente estábamos ante el discurso de lo que Beck (2003: 17) denomina lenguaje institucional del control, es decir, el uso de frases y conceptos que pretenden trasladar al público una aparente normalidad, aunque el riesgo siga latente. La promesa de dominar las catástrofes en una sociedad fuertemente globalizada queda anacrónica por la capacidad terrorista de superar con nuevos medios fronteras hasta hace unos años impenetrables. En el 11-M los responsables políticos expresaron con amplitud de detalles la idea de control para evitar «la ansiedad compartida» que, según Gil Calvo (2004: 150), es producto de la incertidumbre que provocan las situaciones de crisis y que rápidamente degeneran en miedos: a lo invisible, al futuro, a lo desconocido. Los periodistas adolecieron de capacidad crítica y desatendieron determinadas responsabilidades profesionales que la sociedad les tiene encomendadas.

En líneas generales, los periodistas de los medios analizados estuvieron poco ágiles para interrogar a determinados políticos, para desmontar ciertos argumentos gratuitos o para inquirir sobre aspectos oscuros de algunas construcciones y pensamientos. Se evidenció un periodista sumiso ante la clase política, falto de reflejos y algo desbordado por la magnitud de los acontecimientos. En descargo de los profesionales de la información, cabe señalar que éstos tuvieron que hacer frente a ciertos obstáculos en el acceso a las fuentes. Durante el 11-M, los actores políticos del Gobierno y primordialmente el Ministerio del Interior se convirtieron en la única fuente informativa oficial, sin posibilidad de que los periodistas contrastaran los hechos con los responsables de la investigación (cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y servicios de inteligencia). A pesar de ello, asistimos a una preocupante falta de imaginación de los medios, que se limitaron a aplicar las rutinas ordinarias para un caso extraordinario. La actuación de las televisiones estudiadas abonó el terreno para una perpetuación de determinados discursos políticos y estuvo alejada de la idea de pluralidad que sería deseable.

Notas

1 Acto programado con intencionalidad para atraer la atención de los medios.

2 Número monográfico «11-14-M: la construcció televisiva», en Quaderns del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC). Barcelona, núm. 19-20, abril-diciembre 2004.

3 Número monográfico «Els fets de març. 11M-14M», en Trípodos. Barcelona, Extra 2004.

4 Este trabajo fue presentado en el XIX Congreso Internacional de Comunicación «La comunicación en situaciones de crisis: del 11-M al 14-M», marco en el que se trató la cuestión desde múltiples ángulos. Se puede encontrar más información en www.unav.es/fcom/cicom/ 19cicom/listagrupos.htm (14-05-05).

5 Quaderns del CAC; op. cit.

6 Borja Sémper, edil del PP en Irún, intervino a las 17.10 h. del día 12 de marzo de 2004 en Antena 3.

7 Alejandro Cercas, eurodiputado del PSOE, intervino a las 8.54 h. del día 12 de marzo 2004 en TVE1. La citación de estos dos casos es a modo de ejemplo, en el corpus del análisis se encuentran decenas de ellos.

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