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Revista Comunicar 27: Modas y tendencias actuales de la comunicación (Vol. 14 - 2006)

La experiencia escolar en «Buffy, cazavampiros»

Studying at the hellmouth: the school experiencein «Buffy, the vampire slayer»

https://doi.org/10.3916/C27-2006-29

Concepción-Carmen Cascajosa-Virino

Abstract

En este artículo se analiza la representación de la experiencia escolar concretamente el instituto y la universidad en el programa de televisión norteamericano «Buffy, cazavampiros». La serie es un relato sobre la maduración y la responsabilidad con valores con los que los jóvenes pueden fácilmente identificarse, pero también una inteligente y honesta representación de la vida escolar que utiliza el recurso de la fantasía para simbolizar los temores a los que se enfrentan los adolescentes durante su etapa de formación.

In this paper we will analyze the representation of the school experience particularly higheschool and college in the American televisión program «Buffy, the vampire slayer». The series tells a story about maturation and responsibility showing values with which young people can easily identify themselves, but it is also an intelligent and honest representation of the school life using the resource of fantasy to symbolize the fears which teens face during their educational life.

Keywords

Series de televisión, género fantástico, adolescentes, cultura juvenil

TV series, fantasy genre, teens, teen culture

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1. «El instituto es el infierno »: La experiencia educativa en televisión

«Buffy, cazavampiros» (Buffy, the vampire slayer, WB: 1997-01, UPN: 2001-03), creada por el guionista Joss Whedon, es una de las series de televisión más importantes e influyentes producidas por la televisión norteamericana en la última década. Es un programa de culto a nivel mundial y también un extraño fenómeno en el mundo académico anglosajón, en donde se ha convertido en objeto de estudio preferente para artículos, libros y comunicaciones a congresos; lo cual no deja de ser un resultado insólito para un programa de limitado presupuesto producido para un canal que acababa de comenzar sus emisiones. Su protagonista era una adolescente californiana llamada Buffy Summers (Sarah Michelle Gellar), que se traslada junto a su madre, divorciada, Joyce (Kristine Sutherland), a la localidad de Sunnydale llevando consigo el secreto de que es una cazavampiros dotada de una gran fuerza física para luchar contra lo sobrenatural. En Sunnydale Buffy queda bajo la supervisión de Giles (Anthony Stewart Head), un bibliotecario británico enviado por la organización que guía a las cazavampiros, el Consejo de Vigilantes. Junto a ellos estarán Willow (Alyson Hannigan), una adolescente tímida pero muy inteligente, Xander (Nicholas Brendon), un joven sin ninguna cualidad especial pero muy leal, y Cordelia (Charisma Carpenter), cuyo único deseo en la vida es ser popular, pero que poco a poco se irá incorporando al grupo. La vida de Buffy también estará marcada por la aparición de Ángel (David Boreanaz), un vampiro con alma por culpa de una maldición gitana que encandilará a la joven. Un acercamiento superficial a la serie no llevaba a considerarla algo más interesante que el subproducto de serie B que le servía de origen, la película «Buffy, la cazavampiros» (1992). Pero prestando más atención se revelaba una ácida visión de la cultura juvenil llena de diálogos punzantes que a la vez lograba ofrecer un retrato honesto de sus protagonistas adolescentes y una representación desde una perspectiva madura de los problemas a los que se enfrentan en su paso a la vida adulta.

La presencia de los adolescentes en las series de televisión norteamericanas ha sido más o menos habitual, tanto en programas de corte familiar como «La tribu de los Brady» (The Brady bunch, ABC: 1969- 1974), como en relatos centrados en la experiencia escolar como el drama deportivo The white shadow (CBS: 1978-1981). Sin embargo, incluso en la actualidad los programas dirigidos a un público general siguen mostrando a los adolescentes únicamente como seres caprichosos generadores de conflictos para unos padres que deben preocuparse por cosas más importantes, como ha ocurrido con el Presidente Bartlet en «El ala oeste de la Casa Blanca» (The west wing, NBC: 1999) y el agente antiterrorista Jack Bauer en «24» (Fox: 2001). Ese estereotipo del adolescente fue objeto de una profunda revisión en «Es mi vida» (My so-called life, ABC: 1994-1995), que colocó a los adultos en una posición marginal para dar voz a los adolescentes, mostrados como seres sensibles enfrentados a un mundo cuyos valores no comprenden. «Es mi vida» representó a los jóvenes con una cualidad esencial, el respeto, lo que para Joss Whedon es el elemento fundamental de «Buffy, cazavampiros» (Ervin-Gore, 1998). De hecho, en alguna ocasión Whedon ha definido a su serie como un cruce entre «Expediente X» (The X-files, Fox: 1993-2001) y Es mi vida (citado en Lavery, 2002). Cuando en 1995 nació el canal WB, lo hizo orientado a atraer a un grupo de edad altamente codiciado por los anunciantes, los jóvenes de entre doce y treinta y cuatro años. Muchos de sus programas iban a ser versiones rejuvenecidas de géneros tradicionales, como la «soap-opera» con «Dawson crece» (WB: 1998; 2003) o el drama familiar con «Everwood» (WB: 2002). «Buffy, cazavampiros» también abrió camino para otros programas centrados en la vida de un instituto en los que el elemento fantástico servía como metáfora. En «Roswell» (WB: 1999- 2001; UPN: 2001; 2002) la alienación de los protagonistas se simbolizaba por su naturaleza de extraterrestres, mientras que en «Smallville» (Smallville, WB: 2001) los superpoderes de Clark Kent representaban su maduración física, mental y sexual en un momento en el que duda sobre cuál es su destino (para un análisis más amplio de WB, véase Wee, 2004).

En «Buffy, cazavampiros» el instituto de Sunnydale se encontraba justo encima de la Boca del Infierno, que emanando constantemente energía negativa alentaba y atraía el conflicto. Las metáforas básicas con la que Joss Whedon presentó la serie fueron «el instituto es el infierno» y «el instituto es una película de terror», y no sólo para los que como el propio escritor no eran especialmente populares entre sus compañeros. Pero parte del sentido del programa es que, incluso si eres una estrella de fútbol, hay un momento en la vida de cada persona en la que se dan cuenta de que están solos en sus mentes y no pueden evitar sentirse alienados (Longworth, 2002: 207, traducción propia). «La boca del infierno» permitía representar la realidad del adolescente en clave de símbolos, con los monstruos encarnando los miedos y deseos de los personajes. Como ha planteado Roz Kaveney, el tema central de la etapa inicial de la serie es dejar atrás las ilusiones de la niñez y con ellas la sensación de que el mundo es un lugar seguro donde las acciones no tienen consecuencias. La muerte y resurrección de Buffy en el último capítulo de la primera temporada, «La chica de la profecía» (1.12), es una perfecta metáfora de la aceptación de la muerte como el final de la niñez (Kaveney, 2004: 19-20).

2. Empollones, animadoras, brujas y vampiros: Un día de instituto en Sunnydale

Las tres primeras temporadas de «Buffy, cazavampiros » se desarrollaron en el instituto de Sunnydale, el espacio central de la serie hasta su destrucción en «La graduación» (3.22). La importancia de la vida de instituto y los conflictos que se originan allí serán el eje central de la serie en este periodo, en especial durante la primera temporada. Buffy y sus amigos nunca van a formar parte del grupo de populares, más bien al contrario: desde el primer momento van a ser vistos como raros y contestatarios. En este sentido inicialmente se va a establecer un cierto antagonismo con los chicos populares representados por Cordelia. En cada capítulo «Buffy y sus amigos» deben enfrentarse a un nuevo monstruo que viene a representar un problema asociado a la vida escolar. La exagerada competitividad en las actividades no académicas es un trasfondo habitual. En «La bruja» (1.3) una joven comienza a atacar a sus competidoras por un puesto en el equipo de animadoras, mientras que en «Un asunto escamoso » (2.20) el entrenador del equipo de natación da a sus pupilos una hormona experimental que les hace ganar todos los campeonatos pero también convertirse literalmente en criaturas marinas. Y en Pesadillas (1.10) un niño es apaleado por su entrenador en la liga infantil de béisbol tras perder un partido. En «La jauría » (1.6) el tema del acoso escolar alcanza protagonismo cuando los matones del instituto y el propio Xander son poseídos por los espíritus de unas hienas y comienzan a abusar de forma brutal de sus compañeros. El carácter destructivo de las relaciones amorosas entre alumnos y profesores se plantea en dos capítulos. En «El favorito de la profesora» (1.4). Xander es seducido por una profesora que resulta ser en realidad una mantis religiosa, mientras que en Sólo tengo ojos para ti (2.19) un joven inicia una maldición en el instituto cuando mata a la profesora con la que mantenía una relación y después se suicida. A menudo también se alerta de los peligros de crecer demasiado rápido. En El demonio serpiente (2.5) Cordelia y Buffy asisten a una fiesta en una fraternidad universitaria y descubren con pavor que han sido llevadas allí para servir de alimento a un demonio.

Y es que la posibilidad de asumir responsabilidades es a menudo aborrecible. Como ha señalado Rhonda Wilcox, el horror de convertirse en un vampiro (que son más mayores, seguros y libres que los jóvenes protagonistas) a menudo es correlativo al espanto de llegar a adulto (Wilcox, 2001). En «Huevo sorpresa» (2.12) Buffy y sus amigos deben cuidar de un huevo como si fuera un bebé para un proyecto de clase, pero el resultado es que de los huevos salen unas criaturas monstruosas que se introducen en los jóvenes y los convierten en zombis a su servicio. Esta problemática es también el tema central del doble capítulo «¿Qué es lo mío?» (2.9./2.10), que tiene como fondo la celebración de una feria en el instituto para ayudar a los jóvenes a orientar su futuro. Buffy, perseguida por una banda de asesinos, coquetea con la idea de abandonar su trabajo combatiendo las fuerzas del mal cuando aparece una nueva cazavampiros, Kendra (Bianca Lawson), y cuestiona cuál es su verdadera vocación. Uno de los motivos centrales de la serie es la importancia de las relaciones de amistad en la adolescencia y su preponderancia por encima de las familiares en un momento en el que se quiere reafirmar la identidad propia. Por ello también se muestra el peligro que supone que un adolescente carezca de esos vínculos. En «Al alcance del oído» (3.18), un capítulo producido poco antes de la masacre en el Instituto Columbine en 1999, Buffy descubre que alguien está planeando asesinar en masa a los estudiantes y finalmente llega a la conclusión de que el responsable es Jonathan (Danny Strong), un tímido joven que había aparecido de forma esporádica desde el comienzo de la serie. Jonathan se dirige a una torre con un rifle, pero en realidad lo que iba a hacer era suicidarse harto de ser ignorado o despreciado por todo el mundo, incluyendo Buffy y sus amigos. El tema del adolescente rechazado y solitario cuyo último recurso es tomar medidas extremas ya había sido explorado en uno de los capítulos más interesantes de la serie, «Loca e invisible» (1.11), en el que la entidad misteriosa que está creando el caos en el instituto resulta ser una joven ignorada por todos que finalmente acabó convirtiéndose en invisible. Marcie Cross (Clea DuVall) no sólo pasó desapercibida entre sus compañeros (que firmaron su anuario con frases genéricas), sino también entre los propios profesores, como la señorita Miller (Denise Dowse), a la que después intenta matar. Sin recuperación posible de la marginalidad, su destino es ser utilizada como asesina por el gobierno.

Precisamente la representación de las figuras de autoridad ha sido uno de los elementos más discutidos de la serie, especialmente la frecuencia con la que la autoridad social (los padres), la escolar (los profesores) y la cívica (la policía y el gobierno) son mostradas como corruptas y/o ineficaces (Clark y Miller, 2001). Como cualquier adolescente, Buffy se resiste a las normas de los adultos. El director Snyder (Armin Shimerman) es un tipo arrogante y dictatorial que prefiere mantener ocultos los fenómenos sobrenaturales antes que proteger a sus alumnos. Sin embargo, a esto es necesario añadir que existen muchas figuras de autoridad positivas y que este tipo de representación no es sino una manera de manifestar el antagonismo que sienten los jóvenes hacia ellas en la realidad. Giles es una figura paternal y un mentor imprescindible a lo largo de la serie, al igual que Joyce Summers a pesar de permanecer ignorante de buena parte de lo que le ocurre a Buffy. Durante sus años en el instituto Buffy también recibe el apoyo de otros profesores, como el Doctor Gregory (William Monaghan) en El favorito de la profesora, que reta a la joven a explotar su potencial y olvidarse de todos sus problemas anteriores. En «La bella y las bestias» (3.4) el consejero escolar del instituto, el señor Platt (Phill Lewis), es el primero que da a Buffy confianza suficiente como para que hable sobre los traumáticos sucesos que la llevaron a escaparse de casa en «La transformación» (2.22).

En su vida personal Joss Whedon ha sentido los beneficios de una educación rígida, primero a través de su madre, profesora en un colegio de Nueva York, y después a través de su paso por Inglaterra, donde realizó tres años de instituto y los estudios universitarios. No hay que olvidar la caracterización del primer director del instituto, el señor Flutie (Ken Lerner), como tan blando que literalmente se deja devorar por sus alumnos en «La jauría». En la serie se utiliza a menudo una aproximación conservadora de los conflictos que se plantean, con los monstruos simbolizando a la vez los temores de los padres y los deseos de sus hijos. Por ejemplo, en «Yo robot, tú Jane» (1.8) Willow se enamora de un desconocido a través de Internet, que resulta ser un demonio alojado en la red informática del instituto. Y cuando Buffy pierde la virginidad con su novio Ángel en «Sorpresa» (2.13), el resultado es cuando menos fatal: éste pierde su alma y vuelve a ser un vampiro sádico. La tercera temporada culmina con la coincidencia entre la graduación del instituto y la transformación del villano de la temporada, el alcalde Wilkins (Harry Groener), en una serpiente gigante. Gina Wisker ha notado el simbolismo de la situación, mostrando un rito de pasaje mientras ocurre otro (Wisker, 2001). Buffy se pondrá de acuerdo con el resto de sus compañeros para derrotar al alcalde, aunque el método es una de las metáforas más controvertidas y brillantes de la serie: dinamitar el instituto. Con lo que durante tres años ha sido el centro de su existencia en ruinas, Buffy puede comenzar liberada una nueva etapa de su vida.

3. Buffy va a la universidad

Tras haber finalizado el instituto, la cuarta temporada muestra a Buffy comenzando la universidad. A partir de este momento la serie se irá desligando de su punto de partida inicial y desplazando la experiencia educativa como eje central, aunque durante buena parte de esta temporada este elemento seguirá muy presente en la historia. Como no puede ser de otra forma, la vida de los personajes se altera de forma radical y sus relaciones deben evolucionar de forma concordante. Buffy y Willow comienzan las clases en la universidad y desarrollan relaciones con nuevas personas: Buffy con un profesor asistente llamado Riley (Marc Blucas) y Willow, que descubre y acepta su homosexualidad, con la joven Tara (Amber Benson). Sin embargo, Xander comienza a buscar trabajo y va deambulado por una serie de empleos mal pagados y con escasas perspectivas futuras. Todos son presos del desconcierto y empiezan a alejarse los unos de los otros. Buffy vive en una mala experiencia con su compañera de cuarto en «Calidad de vida» (4.2), que en una lúcida recreación de los problemas de convivencia típicos es en realidad un demonio que quiere quitarle el alma y la lleva al borde de la locura. En «La hiriente luz del día» (4.3) mantiene relaciones sexuales con un joven al que apenas conoce, Parker (Adam Kaufman), que al día siguiente comienza a ignorarla, lo que la conduce en «Cerveza mala» (4.5) a dejarse llevar por los excesos del alcohol, aunque en este caso con un añadido mágico que la brutaliza. Con el fin del instituto, es decir, del periodo de escolarización común u obligatoria, comienza la vida adulta, en la que los padres y los profesores dejan de ocupar un lugar central en la vida de los jóvenes, ahora capacitados para tomar sus propias decisiones. Particularmente, en la cuarta temporada la presencia de los padres de los tres protagonistas es casi nula, mientras que en la quinta se muestra su desaparición, como con la madre de Buffy en «El cuerpo» (5.16), o su influencia negativa cuando no saben respetar o aceptar la personalidad de sus descendientes, como ocurre en «Familia» (5.6) con Tara, a la vez bruja y homosexual. Las tramas se van alejando cada vez más de la experiencia escolar, ya que la universidad ya no es un deber, sino otro ejemplo de la capacidad de elección de los jóvenes a la hora de forjar su destino. Finalmente Buffy deja los estudios al tener que primar su actividad como la cazavampiros y la centralidad de la experiencia educativa en la serie llega a su fin.

4. De vuelta a la escuela: Buffy como consejera escolar

La séptima temporada de Buffy, cazavampiros, que a la postre iba a ser la última de la serie, se inició con la inauguración del nuevo y moderno instituto de Sunnydale. De esta forma, la experiencia escolar, que había desaparecido de la serie casi completamente durante dos años, regresaba de nuevo al primer plano. Esos dos años de ausencia han sido un periodo de maduración y asunción de responsabilidades para Buffy, que ha debido aceptar la presencia en su vida de su hermana adolescente Dawn (Michelle Trachtenberg), cuyo origen es sobrenatural, y convertirse en su tutora legal tras el fallecimiento de su madre. Esta última fase ofrece un interesante reverso de la representación de la experiencia educativa vista a lo largo de la serie. El regreso al instituto en «Lecciones» (7.1) es una experiencia amarga para Buffy, que se enfrenta a los fantasmas de las víctimas que no pudo salvar, a la vez que siente nostalgia de una primera juventud perdida y decepción por un presente que no es tan prometedor como se imaginaba entonces. Pero poco después acepta la oferta del nuevo director, el señor Wood (D. B. Woodside), para trabajar como consejera. Una vez que Buffy ha entrado en la madurez, la visión de la vida del instituto es modificada de forma notable, perdiéndose el antagonismo entre la joven y las figuras de autoridad. El trabajo de Buffy es aconsejar a jóvenes tan problemáticos como lo era ella antes y se encuentra con la sorpresa de que es un trabajo mucho más arduo de lo que ella cree. En «Ayuda» (7.4) aparece un montaje que muestra a Buffy intentando aconsejar a varios alumnos, entre ellos el hermano de un soldado que tiene miedo de no volver a verlo. La situación se vuelve más cómica cuando Buffy entiende las quejas de una alumna acerca de que su hermana es controladora y no le deja establecer su propia identidad, una alumna que es precisamente Dawn. Pero el tono del capítulo se altera radicalmente cuando Buffy conoce a Cassie (Azura Skye), una adolescente con fuerte personalidad que aparentemente está coqueteando con la idea del suicidio, con indicios como no tener interés en hacer los deberes, leer la novela de Kurt Vonnegut «Matadero 5» y escribir poesía en la que habla de la pronta putrefacción de su cuerpo. En realidad Cassie ha tenido una visión que muestra que va a morir en un plazo muy corto de tiempo y durante buena parte del episodio Buffy logra evitar con éxito una muerte que parece perseguirla de formas rocambolescas. Pero Cassie acaba falleciendo de un ataque al corazón fulminante y Buffy siente una profunda impotencia. Dawn intenta consolarla diciéndole que no le falló a Cassie porque la escuchó, porque intentó hacer algo, pero Buffy sólo ve incertidumbre: ¿Qué haces cuando sabes que quizás no puedes ayudar?

La comparación de la primera temporada de la serie con la séptima muestra un cambio de perspectiva radical. Buffy y el resto de los personajes han vivido muchas más experiencias y ya no pueden interpretar el mundo en términos absolutos. No tienen padres ni profesores que les marquen el camino, figuras minusvaloradas antaño que ahora se echan de menos. Se han dado cuenta de que tomar decisiones es mucho más difícil de lo que aparenta y que no siempre éstas van a ser entendidas ni aceptadas por los demás. Esta última parte de la historia da sentido a la serie en su conjunto y la consolida como una de las representaciones más elaboradas y esclarecedoras del paso a la vida adulta jamás producida por la cultura popular. Es por ello que «Buffy, cazavampiros» es un texto altamente recomendable para educadores que presenten a los adolescentes unos modelos con los que se pueden identificar fácilmente, encarnando valores positivos sobre la amistad, la responsabilidad y la tolerancia. Pero «Buffy, cazavampiros» también puede ser útil en el aula como punto de partida para el debate sobre los problemas a los que se enfrentan los adolescentes, inmersos en uno de los periodos más enriquecedores pero también más complicados de sus vidas.

Referencias

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