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Revista Comunicar 30: Audiencias y pantallas en América (Vol. 15 - 2008)

Alteraciones del lenguaje en la era digital

Language’s alterations in the digital era

https://doi.org/10.3916/c30-2008-02-006

Ernesto-Antonio Parrilla

Abstract

El lenguaje, históricamente, está sujeto a cambios. En la actualidad el principio de alteración postulado hace cien años por Ferdinand de Saussure, padre de la lingüística moderna, se observa con fuerza en los nuevos medios de comunicación que posee el hombre para interactuar, como los generados por la informática (chat, msn, foros, etc.) y la telefonía móvil (sms). Si bien este principio garantiza la continuidad de la(s) lengua(s), no es tenido en cuenta a la hora del debate, donde se levantan voces a favor y en contra de los nuevos «códigos» de comunicación.

Language is historically subject to changes. At the present time the principle of alteration postulated one hundred years ago by Ferdinand de Saussure, father of modern linguistics, is easily observed in new mass media such as those generated by computer science (chat, msn, forums, etc.) and the mobile phones (sms). Although this principle guarantees the continuity of languages, it is not taken into account when debating, when voices arise in favour and against the new codes of communication arise.

Keywords

Alteraciones en el lenguaje, SMS, chat, Internet, cambios, escritura, lingüística

Language’s alterations, SMS, chat, Internet, changes, scripture, linguistics

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La Humanidad, con el paso desigual que la ha caracterizado a lo largo de su historia universal, se adecua a los cambios. Puede afirmarse que es un desafío moderno aprender a coexistir con las nuevas tecnologías y aprovecharlas lo mejor posible para fines nobles, que apunten a mejorar la sociedad, que tiende a ser una sola mediante la globalización, a pesar de sonar como una utopía inalcanzable, por las diferencias económicas, políticas, religiosas, idiomáticas…

El escenario lingüístico es uno de los afectados y no es sorpresa, porque toda revolución implica cambios y en este caso, no solamente las tecnologías evolucionan, también lo hacen las formas de comunicarse y por ende, la terminología, los signos, los símbolos, el idioma, la lengua.

Y si bien estos cambios en el lenguaje han despertado el debate sobre si se trata de evolución o involución, no se puede discutir la practicidad y el ingenio en ciertos casos frente a la transformación de la lengua y la mutación hacia nuevas formas –la substitución de letras, la abreviación indiscriminada, la aparición de nuevos términos, entre algunos ejemplos–, o bien la tendencia a universalizar símbolos (los emoticones), que se entienden en cualquier parte del mundo más allá de la lengua que se hable y las creencias (políticas, religiosas, culturales) que se tengan.

Los interrogantes son varios: ¿en cuánto afectan negativamente a la lengua estas transformaciones?, ¿dónde se centrará el debate?, ¿la comprensión o la refutación de esta revolución en el lenguaje, la degradación de las lenguas maternas en detrimento de la universalización de términos, o el enriquecimiento de éstas?, ¿la caída de barreras de comprensión lingüística y la aparición de otras?

Se puede plantear también otra duda: ¿a qué responden estos cambios? Hay un punto a tener en cuenta. En su momento, la radio, la televisión, medios masivos desde mucho tiempo antes, fueron –podría decirse– los que propusieron los cambios en el lenguaje, con terminologías, formas, modas, etc. La principal característica de esta nueva realidad es que no son los medios los que imponen el cambio, sino sus usuarios.

La Humanidad, conjuntamente con todos sus aspectos, incluido el lenguaje, se ha caracterizado por transformarse según la época, el momento histórico, sus logros. ¿Estamos ante un caso típico de incomprensión de un sector de la sociedad a la que le cuesta aceptar la realidad que tiene por delante?, ¿o se trata de una defensa legítima, contra algo que va en detrimento del lenguaje y la comunicación entre las personas?, ¿o sencillamente, estamos ante un lenguaje que se modifica sólo en sus ámbitos, por practicidad (velocidad), conveniencia (economía) y originalidad y no debe preocupar a nadie? Estos cambios son un punto de partida, para otros cambios futuros, dado que la rapidez con la que se generan las nuevas tecno logías es vertiginosa y de la misma manera, lo es la forma en la que los usuarios hacen aprovechamiento de éstas y no sólo se adaptan a las mismas, sino que se las «apropian» e impulsan las transformaciones, según sus necesidades.

En su trabajo «Del caos a la creatividad: los chats entre lingüistas y didactas», las portuguesas Araújo y Silvia Melo, de la Universidad de Aveiro, descartan que se trate de un mal uso del lenguaje –o distinto, para no emitir un juicio previo– en estos espacios debido a un desconocimiento del mismo «sino de un uso deliberadamente informal, económico y creativo, con el objetivo de hacer la comunicación más expresiva, más atractiva, más flexible, más lúdica e incluso más elocuente; un uso deliberadamente coloquial, que captura algunos elementos de la oralidad y que se apropia de ellos en un proceso dinámico, creador y desafiante, revelador de una identidad efusiva que se expande en y por la comunicación».

No se puede excusar por ello la existencia de un alto porcentaje de usuarios con desconocimientos reales y fallas enormes en el vocabulario y la gramática, pero en rasgos generales, la realidad se acerca a lo que señalan las lingüistas portuguesas.

Una característica del lenguaje es su continuo crecimiento y evolución en todos los aspectos, en tanto que es expresión viva de la naturaleza y la cultura de los seres humanos. Ateniéndonos a esta afirmación, deberíamos aceptar como un paso natural esta revolución mundial en el lenguaje –muchas lenguas están pasando por lo mismo– y preguntarnos, a su vez, si no estaremos en presencia de derivaciones de las lenguas, que si bien no coexistirían fuera del espacio digital, formarían sus propios códigos (significados y significantes) dentro de su propio ámbito, y que, por qué no, tiendan en algún momento a una universalización del idioma, aunque sea a través de vías restringidas, como las que brindan las computadoras y la telefonía celular.

Esta hipótesis, sin dudas, puede tildarse de utópica. Sin embargo, como se hizo mención anteriormente, no son los medios los que impulsan los cambios en esta realidad, sino los usuarios. Los intereses, por ende, son distintos a los que movilizan a las potencias mundiales y las grandes multinacionales dueñas actualmente del conglomerado mundial de comunicaciones.

Años atrás, no muchos, investigadores de la Universidad de Las Palmas previeron sobre este fenómeno, en el marco de un proyecto referido a la producción de diccionarios del idioma castellano en soporte informático que «Internet está produciendo una revolución social en la que ya hay quien apunta a una redefinición futura del término analfabetismo».

La argumentación hecha al respecto, que se puede encontrar en el mismo trabajo, denominado «Diccionarios en soportes informáticos. Los diccionarios en el horizonte del siglo XXI», afirma que «con la incorporación de lo avances tecnológicos a todos los hogares, el futuro se abre como una puerta esperanzadora hacia un mundo en el que la información sea manipulada con facilidad y agrado por una población cada vez más amplia, donde las distancias, tanto geográficas como idiomáticas y culturales, pierdan el carácter de frontera y el conocimiento se universalice en beneficio de la Humanidad y de la Tierra en general».

Se habla de la esperanza de lograr un mundo en el que todos puedan acceder a las nuevas tecnologías y las posibilidades que estas brindan, pero previamente se advierte sobre los riesgos de un alcance deficiente y de la problemática que se presentaría como producto de la exclusión de esta sociedad informatizada. Actualmente, la exclusión o la poca comprensión que se tengan de las transformaciones del lenguaje en los espacios modernos de comunicación, sitúan al usuario novato en una posición de desconocimiento, que le puede implicar una lenta adaptación o sencillamente, un desencanto o imposibilidad a la hora de interactuar.

Quien utilice por primera vez alguno de estos nuevos espacios de comunicación se encontrará con diálogos repletos de abreviaturas, términos desconocidos, la ausencia visual del o los interlocutores, la repetición desmedida de vocales, la ausencia de éstas, neologismos de dudosa aceptación y un largo etcétera. Simultáneamente, carecerá de un diccionario o un traductor para estas formas de expresión. Es que el lenguaje en el mundo virtual es dinámico, nace, crece y se modifica de la mano de los propios usuarios. Los rasgos predominantes en los cambios del lenguaje dentro de los espacios de comunicación que nos permiten los nuevos medios de comunicación, como así las estrategias utilizadas, son varias.

El uso de epéntesis, elisiones (omisión de elementos grafemáticos), las substituciones grafemáticas, léxicas y alfanuméricas), la grafía fonética, grafía prosódica ó repetición de fonemas (estrategia para compensar el canal auditivo), abreviaciones y truncamientos, anglicismos, calcos lingüísticos, acrónimos, «smileys» o emoticones, la escritura fonética (jeroglíficos alfanuméricos), deformación tipográfica del texto e incluso el uso de mayúsculas. Finalmente, podemos sumar la creatividad como rasgo predominante de esta realidad.

Vemos así que el lenguaje se transforma, cambia, muta, innova. Para algunos, involuciona por culpa de la era digital, de las computadoras y teléfonos celulares. Para otros, es un proceso natural en el hombre, el de adaptar a sus necesidades y épocas, lo que lo rodea.

En relación a esta realidad, Orihuela (2006) ha afirmado que «era previsible que después de décadas de alfabetización televisiva, la web, como nuevo medio con aspiraciones universales, canibalizará el lenguaje audiovisual tanto como se lo permitiera el ancho de banda disponible. Nos movemos hacia un entorno dominado por la comunicación visual, el sonido y el movimiento, aunque paradójicamente nunca habíamos escrito y leído tanto como ahora».

En tiempos en que se afirma que se lee y se escribe menos, la apreciación de Orihuela parece fuera de lugar; sin embargo, el investigador no está equivocado. Quizás no se lean tantos libros como años atrás, quizás no se escriban tantas cartas como en épocas anteriores, pero hay nuevas plataformas de escritura y de lectura que la mayoría menosprecia o ignora a la hora de llegar a tales conclusiones.

Sí debemos reconocer que Internet es una especie de embudo para muchas culturas, que por no poder imponer su idioma, quedarán relegadas en este plano. El diario «La Nación» (Argentina) publicó en junio de 2005 un artículo proveniente de la agencia internacional de noticias EFE que indicaba un dato alarmante: «Algunos de los más de 1.200 expertos de 90 países reunidos en el Foro señalaron que la ausencia en Internet de un 90% de los 6.000 idiomas que existen en el mundo puede hacer desaparecer culturas milenarias». Es decir, los idiomas predominantes en la red de redes, se transforman, mientras que otros (el 90%, según el estudio expuesto en un foro de lenguas internacionales), directamente no tienen cabida.

El propio Orihuela entiende que «el desafío profesional al que nos enfrentamos en el terreno de la comunicación no consiste simplemente en «adaptarse al cambio», como si de una moda se tratase, y tampoco se limita a prepararnos para utilizar con naturalidad un nuevo lenguaje. Lo que se plantea como exigencia es mucho más radical y pasa por comprender y controlar as nuevas características de los medios y de la comunicación pública».

Los que mejor se han adaptado a esta transformación, principalmente por ser quienes fomentan la revolución en el lenguaje, son los jóvenes. El contacto con las computadoras y la telefonía celular pareciera darse con naturalidad en ellos. La velocidad y destreza de un joven con un celular no puede compararse con la de una persona de mayor edad, a quien le cuesta mucho más. Lo mismo sucede con las computadoras.

Yus (2002) ya expresó que «la ortografía no es el fuerte de los más jóvenes y, si utilizan de forma sistemática el chat y el texto de móvil para comunicarse y escribir, la abundancia de abreviaturas les perjudicará más. Esta influencia negativa es ampliable a las tecnologías informáticas en general, que normalmente realizan automáticamente tareas de corrección gramatical e incluso de estilo que pueden llevar a una relajación en el control ortográfico del usuario».

Fernández Lanza (2001) señala que «los lenguajes naturales tienen dos formas, una hablada y otra escrita. Son producto de un proceso lento e impredecible que nunca cesa de cambiar, al que se podría llamar evolución histórica de la comunidad en cuestión. La adquisición del mismo en el individuo forma parte de una de las etapas de su evolución psicológica».

La cita de la tesis nos plantea un interrogante: ¿por qué cuesta tanto aceptar el vocabulario de estos espacios y el uso de sus estrategias?, ¿acaso no aceptamos en otros ámbitos el uso de palabras en inglés con suma facilidad o adaptaciones a nuestro idioma de muchos términos foráneos? Bien, he aquí la cuestión. El temor es que el idioma fuera de los espacios virtuales se impregne de los resultados de esta transformación en el lenguaje. La «jibarización», es decir, la reducción a límites extremos de las palabras, oraciones y enunciados, puede aplicarse al entorno virtual, por razones ya vistas, como ser de practicidad, velocidad, economía, creatividad, diversión, pero sería inaceptable en otros ámbitos. ¿Alguien podría leer un periódico que utilizara dichas estrategias textuales? Acaso sí, pero sería una odisea. Se habla de la pérdida de la pureza del idioma… ¿pero a que se le llama pureza?, ¿al respeto por la escritura, el significado, la forma de expresarse?, ¿o a la alteración en sí del lenguaje?

Si una de las características más sorprendentes y cotidianas del ser humano, según Araújo e Sá y Melo (2003) «es la capacidad de inventar y reinventar el lenguaje, sin grandes complicaciones», dado que «los seres humanos somos, entre muchas otras cosas, seres lingüísticos y usamos el lenguaje como una clave cultural para comunicarnos y comprender los eventos humanos de distintas épocas y momentos», habría que plantear bien eje de discusión en este debate.

La transformación que sufren las lenguas, que forman parte del tejido mundial de redes que es Internet y sus derivados, además de la telefonía celular, es una realidad, propuesta desde los usuarios, desde el ser humano. Existen los medios para expandirlas y lograr su alcance a las masas, pero es muy probable que sólo existan en esos entornos y por más que se vean pequeños vestigios fuera de los mismos, será difícil que lleguen a situarse más allá de las fronteras digitales. Porque fuera de esos entornos, las estrategias y rasgos vistos pierden la coherencia, situacionalidad y aceptabilidad que tienen dentro del contexto en el que vieron la luz.

Sin embargo, las alteraciones en las lenguas son producto de cambios de paradigmas, de la evolución natural del hombre y sus creaciones. El hombre es el que adapta a su necesidad, el que crea, modifica. El lenguaje es suyo; y sucede todo ello en esta realidad.

Saussure expuso hace casi un siglo que «lo que domina en toda alteración es la persistencia de la materia antigua; la infidelidad al pasado es sólo relativa. Por eso, el principio de alteración se funda en el principio de continuidad. Cualesquiera que sean los factores de alteraciones, actúen aisladamente o combinados, siempre conducen a un desplazamiento de la relación entre el significado y el significante». Estos usos de los lenguajes revelan, no sólo una preocupación constante con la dinámica y con la eficacia comunicativa, sino también la construcción de una conducta lingüística que es, simultáneamente, un marcador de cultura compartida.

No se puede hablar aún de un planeta unido idiomáticamente por las nuevas comunicaciones, pero sí hay una tendencia hacia una globalización cultural y social a través de estas tecnologías. En algún momento, los traductores en línea serán flexibles y podrán hacer reconocimiento semántico de las palabras para adecuarlos a los contextos en los que se encuentran plasmados y se podrá hablar de traducciones correctas. Sin embargo, no nos referimos a una globalización en el sentido de un entendimiento de las lenguas entre sí, sino, de una unificación, al menos en lo que respecta a una simbología autóctona de Internet, como los «smileys» o «emoticones».

La forma en que las alteraciones en las lenguas se expanden se ven favorecidas por los propios medios en los cuales surgen y se hacen de uso cotidiano. Internet actúa no sólo como fuente, sino además como el vehículo más eficaz y veloz que se haya visto nunca para generar y difundir dichas voces.

Una cuestión es segura. El lenguaje, tal como lo conocemos, y las lenguas, tal como sobreviven al día de la fecha, no están muriendo. Al contrario, se están nutriendo, están creciendo, evolucionando. Impregnadas en el proceso de creatividad, ingenio, pereza por qué no, e incluso economía. Pero, como señalábamos al comienzo del trabajo, esta realidad no es definitiva, porque al mismo tiempo que las tecnologías avancen, lo hará el lenguaje dentro de los entornos virtuales que perduren, evolucionen o se inventen.

El lenguaje está siempre en un punto de partida. Tiene las propiedades definidas por Saussure hace ya cien años. A pesar del paso del tiempo, no cambia radicalmente, como suele suceder con las costumbres, los diseños de construcción, la medicina; tan sólo va sufriendo alteraciones. Pero son dichas alteraciones las que garantizan su continuidad. Las conclusiones precipitadas de los defensores de la lengua tradicional son entendibles, pero hasta cierto punto. En todo caso, vale preguntarse a qué llaman lengua tradicional, si a la actual, la que habla la gente, aquélla con la que se comunica a diario y se hace entender, o bien la que proponen los libros, atrapada en páginas a merced del tiempo y el paso de las generaciones, cuyos términos y modos de expresión pueden llegar a resultar tan extrañas hoy en día a más de uno.

No quita nada de esto que el debate, instalado desde hace casi una década, prosiga su marcha valiéndose de las posturas de unos y otros y que la aceptación de estas transformaciones se de únicamente dentro de los ámbitos en los que actúa. Es positivo que tengamos cada día un mayor y mejor acceso a las nuevas tecnologías. Son innumerables las ventajas y beneficios de poder interactuar desde una computadora personal o un teléfono celular con otras personas distantes en cualquier punto del país o del planeta. Y no hay nada de negativo en el hecho que aquéllos que desarrollan sus actividades (ya sean comerciales, culturales, de adquisición de información, etc.) en dichos entornos o tan sólo lo usan de entretenimiento, dispongan de estrategias y rasgos de escritura específicas, que les permitan practicidad, velocidad e incluso creatividad a la hora de comunicarse.

El estudio y comprensión de cada nuevo aspecto, tanto en materia de innovaciones en el lenguaje, como en lo que respecta a las tecnologías que nos sirven de medio para poder acceder a los nuevos sistemas de comunicación, serán vitales para poder encuadrar dentro de los sistemas de cada lengua las terminologías, neologismos informáticos y simbologías propias de esta realidad digital.

Comprender los alcances de los cambios permitirá colaborar en la transmisión de las formas y características de los mismos, a los fines de poder orientar a quienes no están familiarizados con el nuevo lenguaje que hoy en día reina en los sistemas de chat, mensajería instantánea, foros y mensajes SMS.

El estudio de esta realidad será una manera de analizar el momento, la forma de proceder de los usuarios que están llevando adelante esta revolución lingüística. Y principalmente, profundizar en la búsqueda de rasgos comunes que posibiliten una comunicación que derribe cada vez un mayor número de barreras idiomáticas.

Quizás así, con esa curiosidad y espíritu, el mismo que inunda el lenguaje de los chats, foros, «messengers», mensajes SMS, la comunidad virtual que pulula a través de estos nuevos medios de comunicación logre lo que nadie hasta ahora ha podido, que es extender una sola lengua por el mundo, aunque tengamos que comenzar por signos tan simpáticos y simples uniendo dos puntos un guión y un paréntesis: :-).

Referencias

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