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Revista Comunicar 30: Audiencias y pantallas en América (Vol. 15 - 2008)

Una más de los apocalípticos: medios y fines

Apocalyptics: means and ends

https://doi.org/10.3916/c30-2008-02-011

María-Teresa Fernández-Martínez

Abstract

Se propone en este trabajo una tesis cunado menos polémica en una publicación como ésta dedicada a los medios: la de que los beneficios de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en la enseñanza se han aceptado como incuestionables cuando en realidad no lo son. Para ello, se analizan con justificaciones las supuestas ventajas de estos medios así como las razones que suelen exponerse para defender el hecho de que hasta la fecha no haya habido resultados visibles de su eficacia, llegando a la conclusión de que se han confundido medios con fines al establecerse como contenido estrella de las programaciones educativas aquello que no debería ser sino un instrumento más.

The author proposes a controversial theory, although the benefits of using the media and the new technologies in education have been taken for granted, in fact they are not unquestionable. This paper analyzes the supposed advantages of these means as well as the reasons usually given to justify the fact that up to now there have been no visible results of efficiency. The author reaches the conclusion that means are mistaken for ends and are considered as a main content of the syllabus instead of just one tool among several others.

Keywords

Crítica, desventajas de medios, educación para los medios, nuevas tecnologías, ventajas de los medios

Critical way of thinking, media´s disadvantages, media education, new technologies, media´s advantages

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Me gustaría comenzar este artículo explicando por qué lo he titulado de esta forma. Hace ya mucho que no se escucha aquella distinción que tan popular se hizo entre «apocalípticos» e «integrados». Es como si los integrados hubieran ganado la batalla y ya nadie cuestionase que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías son beneficiosas para la enseñanza, y que si hasta ahora no están funcionando como deberían es sólo porque no las estamos aplicando bien, porque los maestros y profesores se niegan a usarlas o no saben hacerlo, o porque no estamos destinando a ello recursos suficientes. Y sin embargo... aún quedamos algunos de esos apocalípticos, algunos que pensamos que además de todo eso, es posible pensar que los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la comunicación en muchos de sus aspectos pueden ser intrínsecamente negativos, nocivos en sí mismos en el campo educativo. Analicemos esta cuestión más detenidamente.

En primer lugar, es preciso reconocer que la aplicación de los medios y las nuevas tecnologías al campo educativo no está obteniendo los resultados que se esperaban de ellos. Por supuesto que esta falta de eficacia en la mejora de la enseñanza que todos esperábamos puede achacarse, como ya he comentado, a muchos motivos: falta de recursos, poca preparación del profesorado, escasas investigaciones al respecto... Se trata, pues, de analizar cuidadosamente estos argumentos para descubrir si los hemos aceptado sin cuestionárnoslos debidamente ya que es posible que, como a menudo hacemos los humanos, hayamos colocado nuestras expectativas por encima de los hechos intentando que los hechos encajen con la teoría y no al revés, cayendo en los errores (idola specus) de los que ya Bacon nos advertía en el siglo XVI.

En segundo lugar, ¿es cierto que no se han primado los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en el sistema educativo, que no se han destinado recursos a los medios y a las nuevas tecnologías? Con respecto al primer punto, cualquiera que haya echado un vistazo superficial a los nuevos libros de Lengua, Historia, Idiomas, Filosofía..., y hasta Matemáticas o Física y Química, tendrá que reconocer que el número de actividades procedentes del ámbito de los medios de comunicación o de las nuevas tecnologías que se proponen al alumnado es asombroso. No hay ya ningún libro de texto que trabaje sin tener en cuenta Internet o las noticias de los medios relacionadas con su materia, no hay libro de texto que se atreva hoy por hoy a ignorar las nuevas tecnologías o la importancia que los medios de comunicación tienen en nuestra sociedad. Está claro que la inversión aquí ha sido muy grande, y no podemos decir que éste haya sido sólo un esfuerzo de las editoriales y que el sistema educativo haya descuidado este aspecto, puesto que no es así. Lo objetivos prioritarios de los centros educativos y desde este curso las llamadas competencias básicas, o sea, los más importantes criterios de la enseñanza de este país, giran en torno a la integración del alumnado en la realidad comunicacional de nuestro tiempo y consideran básica la competencia del alumno en materia de nuevas tecnologías hasta el punto de obligar a todas las asignaturas a impartir el aprendizaje en estas disciplinas y hasta el punto, igualmente, de que la implementación de centros TIC se ha convertido en el proyecto estrella de la Consejería de Educación de Andalucía.

Y así llegamos al tercer punto, ¿alguien puede defender que no se han destinado recursos al uso de las nuevas tecnologías? Los centros TIC han supuesto una inversión extraordinaria, como jamás se había visto. En Andalucía, ya son 1.122 los centros dotados con un ordenador para cada dos alumnos. Estamos hablando de la instalación de 221.883 ordenadores en la Comunidad, además de una red y todo un software añadido que se ha creado expresamente para ello1. Si a eso añadimos que para instalar los ordenadores ha sido preciso desmantelar todo el mobiliario –mesas, sillas, pizarras– y colocar uno enteramente nuevo, los recursos empleados en este intento han sido impresionantes. ¿Y el resultado?, ¿algún centro ha mejorado espectacularmente sus resultados? ¿Los centros que llevan años siendo TIC tienen mejores resultados que los pocos que aún no lo son?

Pasemos a un nuevo argumento: los profesores no están preparados para enfrentar este cambio, no saben nada de informática, a menudo sus alumnos saben más que ellos, les es incómodo trabajar con herramientas nuevas... Por este motivo, los recursos a su disposición se quedan sin usar y los resultados se hacen esperar. Este argumento, que incluye una crítica implícita al profesorado, procede fundamentalmente de los centros formadores de maestros. Desde las Escuelas de Magisterio se repite una y otra vez que los profesores no están haciendo su trabajo correctamente..., aunque esos alumnos de la Escuela de Magisterio que salen con nuevos y brillantes conocimientos no parecen tampoco estar obteniendo mejores resultados. Sin alejarnos del tema, debemos reconocer que la inversión del sistema educativo en cursos para maestros y profesores sobre medios de comunicación y nuevas tecnologías ha sido también muy generosa. Basta con echar un vistazo a la programación de actividades de formación de cualquier Centro de Profesores para advertir que más de la mitad de los cursos y grupos de investigación giran en torno a estos temas. Las actividades previstas sobre estos temas en la Comunidad andaluza para el curso 2007/08 son 88.002. Desde que empezó el ascenso de las nuevas tecnologías, miles de maestros y profesores han hecho todo tipo de cursos. Parece absurdo suponer que toda una clase profesional carece de la más mínima aptitud para aprender sobre estos temas. ¿Es que son tan torpes que no aprenden nada?, ¿debemos pensar que los conocimientos de informática en el nivel de usuario son tan difíciles que no es posible adquirirlos en un par de cursos?, ¿y los del uso de los medios de comunicación?, ¿son tan difíciles que sólo los muy inteligentes pueden adquirir una base lo suficientemente sólida como para dar clase con ellos? Es difícil de creer. Cualquiera puede adquirir base en ambas cosas sin demasiado esfuerzo ni interés en el plazo de un curso y así lo hacen la mayoría de los maestros y profesores. Lo sé porque yo misma he impartido algunos de estos cursos. Los maestros y profesores pueden y saben usar estos medios. Quizá lo que debamos preguntarnos es por qué no desean hacerlo, pero de eso hablaremos más adelante.

Pasemos ahora al tercer argumento: las investigaciones sobre el tema son escasas y por ese motivo aún no tenemos pruebas de que ambas estrategias, medios y nuevas tecnologías, sean la maravilla que se pretende. Para refutar este argumento no se me ocurre sino pedir al lector que eche un simple vistazo a los artículos que esta revista que tiene entre las manos ha publicado a lo largo de catorce años. Y como esta revista hay muchas más. Las investigaciones sobre el tema no sólo no han sido escasas, sino que han sido, desde todos los puntos de vista, excesivas. Sólo que ninguna demuestra que los medios y las nuevas tecnologías sean intrínsecamente eficaces para mejorar el sistema educativo. Y, de nuevo recordando a Bacon, más fácil que reconocerlo cuando se ha dedicado una vida entera a ello es decir que estas investigaciones son escasas, que no tuvieron en cuenta todos los datos, que no fueron metodológicamente correctas... Por supuesto, no voy a caer en la falacia «ad ignorantiam» de creer que porque algo no se haya demostrado tiene que ser falso, pero atendiendo a las más elementales reglas de la metodología científica, cuando se han realizado tantos experimentos y ninguno ha arrojado el resultado esperado por la teoría..., debería dejarse ésta a un lado y sustituirse por otra nueva. Eso, al menos, es lo que afirma el método hipotético-deductivo que los científicos aceptan hoy en día, pero los pedagogos y psicopedagogos que tanto insisten en que sus materias se consideren ciencias no parecen estar usando el método que les daría ese nombre por derecho propio, pues a una ciencia no la constituye su materia sino el método que emplee en su estudio.

Por si alguien piensa que la falta de demostración de la eficacia de los medios y de las nuevas tecnologías es sólo el resultado del poco tiempo que llevan en escena y que es preciso más tiempo para ver resultados, recordaré que el constructivismo, método por excelencia en el que se basa nuestro actual sistema educativo desde la entrada en vigor de la LOGSE, lleva poniéndose a prueba desde hace cerca de 50 años y hasta ahora ninguna de las investigaciones realizadas ha demostrado que realmente sea el mejor sistema educativo, sino uno más con resultados, en algunas investigaciones peores que en un sistema «más tradicional» y en otras iguales, pero nunca mejores. De hecho, el abandono de este sistema por parte de tantas naciones europeas con un alto grado de desarrollo tiene mucho que ver con estas investigaciones. Y, no obstante, esta teoría sigue siendo la base de nuestro actual sistema educativo. Es obvio que con la eficacia de las nuevas tecnologías puede pasar lo contrario..., pero también lo mismo. Y el camino recorrido hasta ahora se dirige hacia el mismo resultado. De hecho, convendría recordar aquí las investigaciones realizadas en torno al concepto de enseñanza programada en la década de los sesenta dado que muchos de los planteamientos que hoy se utilizan en la aplicación de las nuevas tecnologías a la enseñanza proceden de estos diseños..., diseños que ya demostraron su ineficacia en aquellos años, motivo por el cual fueron abandonados3.

Pero esto nos aleja de nuestro tema. Creo que ha quedado claro que los argumentos clásicos utilizados para explicar por qué los medios y las tecnologías no han obtenido la brillante mejoría en el sistema educativo que se les auguraba: falta de recursos, poca preparación de maestros y profesores, y escasez de investigaciones al respecto, no son válidos. Intentemos pues analizar sin prejuicios ni teorías previas qué pueden ofrecer ambos instrumentos al sistema educativo, analicemos las supuestas ventajas en las que descansan sus pretendidas capacidades para mejorar el sistema educativo comenzando por lo que pueden ofrecer como tales medios al sistema.

Los medios de comunicación se han caracterizado siempre por ser efímeros. Lo que hoy es importante, mañana no lo es. Y por su rapidez. Para que una noticia sea noticia debe cumplir la doble condición de ser actual y novedosa, pues si no lo es no es noticia. Eso significa que el sello de los medios es doble: actualidad y rapidez. Y las nuevas tecnologías contribuyen a ello. Pero ¿es esto una ventaja? Consideremos si deseamos que esos sellos se impriman en un sistema educativo. ¿Deseamos que lo que nuestros alumnos capten sea que lo que hoy es importantísimo y ocupa tantas páginas en el periódico mañana no tendrá ninguna importancia? ¿Deseamos que trasladen esta sensación a los conocimientos científicos, a su vida cotidiana? Es bien cierto que parte fundamental de la adquisición del conocimiento científico es la provisionalidad de sus contenidos, pero eso es algo muy distinto de lo que hacen los medios. Cuando aparece un descubrimiento revolucionario la ciencia se mueve lentamente y con mucho cuidado para conseguir convertir algo nuevo en lo más seguro posible, de forma antagónica a como lo hacen los medios para los cuales cada noticia ha de ser cierta aquí y ahora. El mundo académico es un mundo de búsqueda de certezas, ya sean descubiertas o consensuadas, que nos sirvan para construir el futuro; pero ningún futuro puede construirse sobre esa idea que inconscientemente están recibiendo nuestros alumnos a través de una enseñanza basada en los medios y las nuevas tecnologías, la de que lo importante es el aquí y el ahora, la de que algo «es» por el mero hecho de estar en los medios, la de que lo que merece la pena es efímero, la de que cualquier construcción dura lo que dura el momento en que es levantada. Estamos construyendo en sus mentes ideas sobre las cuales nada sólido puede construirse.

Por supuesto, una lectura crítica de los medios sí puede ser beneficiosa para el alumnado..., pero la propia naturaleza de los medios de comunicación la hace muy difícil. Los expertos llevan años advirtiéndonos de que veamos las series de televisión con nuestros hijos y las comentemos con ellos. ¿Puede hacerse realmente esto preservando lo que es una serie de televisión? Nuestros hijos están hipnotizados por la imagen y por la rapidez a la que se sucede, e introducir la reflexión aquí va en contra de la propia esencia de los medios y las nuevas tecnologías. La misma rapidez de los medios de comunicación hace casi imposible la reflexión. Por supuesto, esto no se aplica tanto a la prensa escrita, que puede detenerse y reflexionarse, pero la prensa escrita no suele entrar en el apartado de nuevas tecnologías en la enseñanza y está empezando a considerarse un dinosaurio extinto. Basta con comprobar cuántas publicaciones sobre la didáctica de la prensa se han realizado en los últimos cinco años. Hoy lo que «mola» es la tele e Internet.

En este sentido, también es muy interesante el consejo de que naveguemos por Internet con nuestros hijos y alumnos para enseñarles a hacerlo. Si conseguimos quitarles el ratón quizá podamos hacerlo, pero entonces lo que hacemos ya no es «navegar», pues «navegar» incluye velocidad, pasar por encima de todo sin una segunda mirada, arrojar vistazos raudos y superficiales a la mayor cantidad de pantallas posibles de manera que siempre tengamos delante un cúmulo de informaciones diferentes. Eso es «navegar» y a eso se le dio el nombre en contraposición clara a la idea de leer y reflexionar. Internet es enemiga de la reflexión como la imagen, tan sobrevalorada hoy en día, es enemiga de la lectura. Los historiadores a menudo nos recuerdan que en los tiempos en los que la mayoría de la sociedad no era capaz de leer, la iglesia usaba las imágenes para transmitirles la información que no podían obtener de otro modo. Desde luego que la imagen es más atractiva y más motivadora, y ésta –dicen los expertos– es la principal ventaja de las nuevas tecnologías, que motivan a nuestros alumnos, que les gustan más. Pero quizá sea conveniente que analicemos por qué prefieren la imagen a las palabras: principalmente porque es más cómoda y no requiere esfuerzo alguno, ¿es eso lo que deseamos?, ¿que nuestros alumnos vuelvan a leer a través de las imágenes lo que no son capaces de entender con la palabra?, ¿no pueden quizá pensar maestros y profesores que el tiempo que en el aula dediquemos a las imágenes va en detrimento del tiempo dedicado a la lectura? De hecho, la mayoría de los docentes suelen destacar como principal desventaja de los medios –que hasta sus más acérrimos defensores reconocen y que ha sido conocida durante más de treinta años–, la dificultad de incluirlos en el programa, dado que cualquier contenido o competencia que quiera trabajarse con medios o tecnologías requiere mucho más tiempo y, por tanto, es imposible aplicarlos en masa, con todos los temas del programa, sino únicamente de forma puntual. ¿Para qué entonces tantos ordenadores?

Otros supuestos beneficios de los medios y las nuevas tecnologías son también sospechosos de haberse aceptado sin ser cuestionados. Se ha expuesto a menudo lo beneficioso que puede ser para los adolescentes el uso de los chats y otros foros, por cuanto les permite una desinhibición que les faculta para olvidar su timidez y expresar sus opiniones libremente protegidos por el anonimato de la Red. Eso puede ser cierto, pero también lo es que les enseña algo que está en contra de todo lo que deseamos enseñarles: que cualquiera puede decir lo que desee protegido por el anonimato. La Red permite mentir sobre uno mismo y sobre los demás, asegurar que uno es quien no es, decir cualquier cosa impunemente, sin que nadie se haga cargo de sus opiniones y por tanto enseña a nuestros adolescentes a no hacerse responsables de sus actos y opiniones y, lo que es más, a que eso no importe. Habermas solía incluir entre las pretensiones de validez del habla que se constituyen como reglas del acto comunicativo, no sólo las referidas a la corrección del habla, sino las referidas a la ética del habla. Cuando escuchamos a un interlocutor damos por sentado que se hace responsable de lo que dice4. Esta asunción, de forma paradójica, falta por completo en ese instrumento de comunicación por excelencia que es Internet.

Lo mismo ocurre con el aparente beneficio que supone el acceso total a la información. Es evidente, como nuestra Historia nos ha enseñado recientemente, que no pueden darse ni el desarrollo ni la libertad sin información. Es incuestionable que la Red posee más información que ningún otro instrumento del pasado, pero de ahí a suponer que la información que está en Internet es inaccesible para nuestros alumnos a través de otros medios va una gran distancia. Es evidente que para científicos y expertos en diferentes campos especializados, Internet es una herramienta valiosísima, pero en los niveles de nuestros alumnos... ¿es realmente necesaria una información tan sofisticada?, ¿es imprescindible Internet para que nuestros alumnos lleguen a adquirir los conocimientos y habilidades que deseamos? Es indudable que aprender a utilizar Internet es una habilidad más, pero conviene reconocer que a las edades a la que esto se intenta no tiene sentido. Un adolescente, no digamos ya un niño, debe conocer una base de los contenidos que está buscando y, como mínimo, las trampas del razonamiento falaz antes de intentar diferenciar entre una página seria y una que no lo es. Sólo así conseguirá burlar la selección tendenciosa, la ausencia de argumentación, la superficialidad en el tratamiento de la información, el dato inverosímil y la burda publicidad encubierta que caracterizan hoy en día a un gran número de páginas web.

Por otro lado, debemos reconocer que la aparente facilidad con la que se accede a cualquier información en Internet puede acabar por desprestigiar el valor de ésta, de forma que ya no valoramos la información conseguida ni lo que se descubre con esfuerzo o interés. ¿Por qué íbamos a valorarlo si está al alcance de cualquiera? Y ésta es también una enseñanza que no deseamos para nuestros alumnos y que está triunfando entre ellos: la idea de que cualquier descubrimiento se obtiene de forma milagrosa, a golpe de ratón, sin esfuerzo ni voluntad por su parte. Es sin duda positivo que la información esté al alcance, no ya sólo de las clases privilegiadas, como antaño, sino de cualquiera que lo desee, pero antes debemos dar a nuestros alumnos las armas para que esa mera información se transforme en sabiduría. Y eso no se consigue enseñándoles a navegar, conocimiento que, por otro lado ya poseen, sino enseñándoles a reflexionar, es decir, a construir con cuidado y con tiempo un razonamiento, un conocimiento.

Otro aspecto sobre el que sería interesante reflexionar es el contenido que suelen ofrecer estos medios. El zapeo continuo o la navegación errática de Internet generan una ansiedad reconocida por todos los psicólogos. El mundo deja de ser algo que se construye para convertirse en algo que se consume. Publicidad continua vertiéndose en nuestros ojos y en nuestros oídos, todo a una velocidad vertiginosa, deseos de continuar navegando, atisbos de innumerables bienes, ansias de consumir, no ya objetos, sino información, conocimientos, imágenes... y la frustración consiguiente que hace que sus vidas, nuestras vidas, aparezcan por contraste pobres y anodinas. Podría argumentarse que el mundo al que nuestros alumnos se enfrentarán es este mundo de consumo febril y veloz ansiedad, pero entonces desearía poder pensar como Borges, cuando le preguntaron cómo podía mejorarse la imagen del ejercito de su país, y respondió: «No cambien su imagen, cambien su realidad». En efecto, si Internet es la imagen del mundo de ahí fuera, sería conveniente que empezásemos a plantearnos cambiar nuestra realidad.

Otra ventaja de estos medios, de la que los expertos hablan de continuo, es la de su interactividad, como si fuera ésta una palabra mágica que siempre es positiva. En primer lugar, si interactuamos con algo o alguien que no trabaja correctamente, aprenderemos mal. Si aprendemos a jugar al ajedrez con quien no sabe jugar al ajedrez lo que aprenderemos es un montón de errores que son más perjudiciales que beneficiosos. En segundo lugar, ¿qué entendemos por interactividad?, ¿la construcción del conocimiento por parte del alumno de forma que participe activamente y no la reciba de forma unidireccional? Un ejemplo de esta forma de proceder es el uso del popular «recorta y pega» que los alumnos –y muchos profesores también– tanto aprecian. Es indudable que estos alumnos ya ni siquiera leen la información que se expone en Internet, como los docentes reconocen a diario. Si nuestros alumnos trabajan con un instrumento que no sabe pensar –e Internet no sabe hacerlo– es posible que aprendan a no pensar, a dejarse llevar, simplemente, por la información que esté más a mano, la que más se ve en la multitud de ventanas que constituyen Internet. Así es, de hecho, como seleccionamos la información hoy en día: elegimos de entre la búsqueda que le hemos pedido al ordenador la opción más llamativa. También los adultos dejamos que una máquina que no sabe pensar piense por nosotros. ¿Es esto interactividad?, ¿o es dejación de funciones?

Otros peligros de esta mal llamada interactividad son más evidentes. Ahí fuera, en un examen de oposiciones o en una prueba para un puesto de trabajo, no tendrán un corrector de ortografía informático ni un traductor ni un procesador que justifique líneas y realice sangrías por ellos. Y sin embargo, la ortografía, la división en párrafos y la realización de sangrías son ya habilidades que comienzan a perderse dado que es más cómodo que el ordenador las haga por nosotros. Y no es malo que sea así..., pero antes deben ser competencias que nosotros también tengamos.

El último gran beneficio que suele achacarse a los medios y a las tecnologías es el de su enorme poder de motivación, tema al que ya antes he dedicado unas líneas. Esto, que parece una afirmación segura, no lo es tanto. Es verdad que los alumnos quieren usar los ordenadores en clase, pero sólo si los utilizamos como ellos quieren. A los alumnos no les gustan más las Matemáticas porque les pongamos problemas en una pantalla en lugar de en una pizarra y hagamos presentaciones en imágenes con colores y tipos de letras que se desvanecen sutilmente a ritmo de la última canción de moda, pero sí les gusta más la clase si el profesor les deja navegar o chatear a su aire. Los alumnos que pasan de la asignatura están más entretenidos, pero ninguno de ellos mejora en Matemáticas. Los que no pasan, atienden al contenido y la forma, y puede ser hasta una distracción no deseable. Eso sí, es posible que sea más fácil dar la clase, pues los alumnos que generalmente molestan no lo hacen, pero es obvio que hay maneras más baratas de entretener a los que no quieren hacer nada. No obstante –escucho decir por doquier–, todo esto carece de sentido, pues tengan o no tengan los medios y las nuevas tecnologías, las ventajas que algunos expertos señalan y otros niegan, lo cierto es que es el progreso. Y hay que subirse al carro del progreso, creo, aunque el progreso consista en robar y matar, personas o mentes. He aquí otra afirmación que aceptamos como incuestionable: no podemos detener el progreso. Y sin embargo, intentamos acabar con el efecto invernadero y legislamos sobre ingeniería genética. Parece que a veces sí podemos detener el progreso o al menos intentarlo cuando entendemos que no es deseable.

En general, los árboles nos impiden ver el bosque. Es interesante que los jóvenes, con una cierta formación ya, con contenidos y habilidades adquiridas, aprendan a discernir una página seria de Internet de una que no lo es; es interesante que los jóvenes puedan ver la televisión con un ojo crítico; y es válido que de vez en cuando se use un medio de comunicación o un recurso de las nuevas tecnologías para buscar la motivación o para acceder a contenidos complejos..., pero ninguno de estos medios debería convertirse en la panacea de un sistema educativo ni aun siquiera en su logro más destacado. Aunque sólo sea porque no son fines en sí mismos, sino sólo medios. Y, desde luego, no tiene sentido llenar de contenidos relativos a estos medios y a estas tecnologías los currículos del alumno. ¿A quién interesa el hardware de un ordenador o el sistema de pirámide invertida que utiliza una noticia? Indudablemente a los profesionales que se dedican a ello. Pero ¿a todos nosotros?, ¿también debemos cargar los currículos de nuestros alumnos con conocimientos de numismática o de papiroflexia?

No confundamos los medios con los fines. El mensaje de estos medios es la inmediatez. Impiden la reflexión y enseñan a los niños a creer que la vida será como estos medios son: rápida, intensa, placentera... y mudable en cuanto que si algo no nos gusta, basta con seguir navegando o con cambiar de canal. Pero resulta que la vida no es así.

Estos niños a los que ahora motivamos con los medios van a aburrirse mucho en la vida. Porque nuestra vida cotidiana, no sólo la del aula, sino la del trabajo o el ocio, no sigue el ritmo de los medios de comunicación ni el de las nuevas tecnologías. No podemos zapear hasta eliminar a nuestro jefe ni seguir navegando para eludir un examen o el vencimiento de una hipoteca. El mundo de los medios es radicalmente falso. Enseñemos a nuestros alumnos a navegar por él, pero no lo convirtamos en la estrella de nuestro sistema educativo porque puede que sus perjuicios sean mayores que sus beneficios.

Volvemos, pues, ahora, a nuestra pregunta inicial. ¿Es posible que muchos maestros y profesores se nieguen a usarlos, no porque no sepan hacerlo, no porque sea más incómodo, no porque no tengan recursos o conocimientos, sino porque desde su experiencia y sus conocimientos no lo creen conveniente? Ésta es una pregunta que urge contestar antes de aceptar ciegamente, como hemos hecho, que en lo relativo a medios y a nuevas tecnologías, todo son ventajas.

Notas

1 Según datos de la propia Consejería de Educación de la Junta de Andalucía: «La educación en Andalucía, 2007-08. Dossier». Sevilla, Consejería de Educación.

2 De nuevo, datos de la Consejería de Educación de Andalucía: «La educación en Andalucía, 2007-08. Dossier». Sevilla, Consejería de Educación.

3 Uno de los fundamentos de los programas que se utilizan en las nuevas tecnologías es la retroalimentación inmediata. Suele decirse que una gran ventaja de estas tecnologías es que cuando el alumno realiza una actividad de aplicación o de autoevaluación conoce de forma inmediata si su respuesta es correcta. Sin embargo, ya en la década de los sesenta se observó que este conocimiento era contraproducente, dado que los estudiantes, como pueden acceder de inmediato a la respuesta correcta, no se molestan en estudiar el material con cuidado, dado que van a obtener la respuesta con poco esfuerzo: SAMPASCUAL, G. (2004): Psicología de la educación. Madrid, UNED.

4 «Por acción comunicativa entiendo una interacción simbólicamente mediada. Se orienta de acuerdo con normas intersubjetivamente vigentes que definen expectativas recíprocas de comportamiento y que tienen que ser reconocidas, por lo menos por dos agentes. Las normas sociales vienen urgidas por sanciones. Su sentido se objetiva en la comunicación lingüística cotidiana. Mientras que la validez de las normas sociales sólo se funda en la intersubjetividad del acuerdo sobre intenciones y sólo viene asegurada por el reconocimiento general de obligaciones»: HABERMAS, J. (1986): Ciencia y técnica como ideología. Madrid, Tecnos; 68-69.