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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

El cine de animación visto en casa: dibujos animados y TV

Cartoon movies at home: animation films and TV

https://doi.org/10.3916/c31-2008-03-078

Felicidad Loscertales-Abril

Trinidad Núñez-Domínguez

Abstract

El cine es objeto de estudio para la Psicología Social porque no sólo es arte o industria; es socialización. Porque muestra modelos de comportamiento, valores sociales y normas, produce reacciones: es persuasivo. Este aspecto es el que mejor justifica el análisis psicosocial. También en muchas ocasiones, el cine presenta unos contenidos con prejuicios negativos poco explícitos, muy sutiles y, por tanto, bastantes peligrosos. Analizamos diez conocidas películas Disney desde la perspectiva de género: ¿Cómo se presentan hombres y mujeres? ¿Qué roles representan? Explicitar contenidos y valorar estereotipos con prejuicios sutiles ayuda a las familias a ver con otra mirada.

Movies are one of the objects of study for Social Psychology because they are not only art or industry; they are a way of socialization. Therefore, movies show behaviour models, social values and norms, and make people react: movies are persuasive. A psycho-social analysis of films is necessary because movies can sometimes display prejudiced negative contents, which could be both explicit or very subtle, and therefore quite dangerous. The authors analyse ten well-known Dis-ney films from the gender perspective: How are men and women shown? What roles do they impersonate? Specifying contents and valuing subtle prejudiced stereotypes will help families to watch them from a different point of view.

Keywords

Cine y televisión, sexismo, dibujos animados, prejuicios

Movies and television, sexism, cartoon, prejudices

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Partimos de la consideración de el cine es objeto de estudio para la Psicología Social. Y lo es en la medida en que la denominada «fábrica de los sueños» (traumfabrik) no sólo es arte o industria; es también socialización. Por tanto, a la visión artística y a la empresarial hay que añadirle una más; el cine, además de arte e industria, nos socializa: porque muestra modelos de comportamiento, muestra valores sociales, normas, produce reacciones; es persuasivo (Núñez y Loscertales, 2005; Colaizzi, 2004). Este aspecto es el que mejor justifica el análisis psicosocial. Precisamente esa visión socializadora está en la base para que algunos autores hablen de las películas como pedagogías públicas (Morduchowicz y otros, 2004).

Durante algún tiempo se le consideró como el máximo exponente de la huida de la realidad. Sin embargo, son muchas las personas que ahora lo consideran como testigo del mundo y, en ese sentido, se convierte en un espejo donde mirar la realidad social. Usado como herramienta didáctica, ayuda a descentralizar el aula como único espacio en la construcción de la realidad; es decir, participa en la construcción del conocimiento. Las películas hacen algo más que entretener: ofrecen visiones del mundo, movilizan deseos, influyen en nuestras posiciones y percepciones de la realidad y nos ayuda a construir la sociedad.

Bien es cierto que, en demasiadas ocasiones, ese espejo se presenta distorsionado (Aguilar, 2001; Khun, 1991; Siles, 2000). El poder de esas imágenes mostradas junto a la fuerza de las palabras nos lleva a idealizar personajes y estilos de vida. Además, no podemos olvidar que la mayoría de las veces vamos al cine a relajarnos, vamos desprevenidos, no vamos con ojos críticos y de esa manera nos dejamos impresionar más fácilmente. También debemos reconocer que el cine suele tener una carga ideológica (por eso en algunos casos existe la censura). Pero, de la misma manera, cuenta con una carga emocional y social. Así que podríamos afirmar que incluye, potencialmente, efectos secundarios.

Una vez fijado nuestro punto de partida, nos interesó investigar si el cine y, en concreto el cine de animación, es sexista. Es decir, ¿cómo «habla» de hombres y de mujeres el cine de animación? ¿Cómo es presentada la mujer en este tipo particular de cine? ¿Qué roles de mujeres y hombres son presentados? ¿Es prejuicioso contra las mujeres? ¿Ha cambiado la percepción del cine sobre la mujer en los últimos años?

1. El cine de animación

La animación cinemática supone el registro de fases de una acción imaginaria creadas individualmente de tal manera que produzcan la ilusión de movimiento. Se trata de dibujos hechos uno a uno, a los que se crea una secuenciación y se le da una unidad ficticia.

Ya antes del uso del cinematógrafo se empezó a experimentar con el zoótropo, aparato que se usaba para crear el efecto óptico que permite que los dibujos logren dar la impresión de que se mueven. Esa es la deferencia con el cine no animado, donde el movimiento es real.

El primer largometraje de animación fue mudo y se realiza en Argentina: «El Apóstol» (1917) de Quirino Cristiani, película que se ha perdido. Otros de los primeros títulos en este género (y que sí están a disposición del público actual) fue «Die abenteuer des Prinzen Achmed» (Alemania, 1926) de Lotte Reiniger. (Núñez, 2007).

El empuje definitivo a este tipo de arte lo da Walt Disney con su creación Mickey Mouse, en 1928. Por la misma época, se ruedan muchos cortometrajes protagonizados por «Betty Boop» y «Popeye», de la mano de los hermanos Fleischer o el Pájaro Loco de Walter Lantz. Finalmente, los cortometrajes de animación dejaron de exhibirse en las salas de cine, que entonces fueron tomadas por los largometrajes, especialmente de la factoría Disney, quien ha reinado hasta finales de los años noventa: Empieza su andadura comercial con «Blancanieves y los siete enanitos», estrenada en 1937.

En la actualidad el arte y la industria van estrechamente de la mano metiéndose de lleno en nuestras vidas (socializándonos, reforzando creencias y necesidades) porque en paralelo a los estrenos se nos venden juguetes, videojuegos e incluso alimentos. Conocidas son las empresas de comida rápida (muy del gusto de la infancia y de la adolescencia) que regalan personajes de películas, y otros juegos o juguetes, con sus menús.

Además, ha adquirido una fuerza extraordinaria lo que en su día fue denominado por Munné (1993) mixmedia, el fenómeno de potenciación mutua, la potenciación de un medio dentro de otro medio. De manera que vayamos o no al cine, la televisión (siempre omnipresente) nos va a mostrar qué debemos ver, comer o con qué vamos a poder jugar para estar en la onda adecuada, para no salirse de los valores sociales predominantes.

1.1. El cine prejuicioso, un espejo distorsionado

Consideramos que las escenas de las películas, por sencillas que parezcan, son el resultado de múltiples decisiones: planos, ángulos, sonidos, decorado, movimientos de cámara, personajes. Unas decisiones que conllevan una manera de enfocar la realidad, una manera de representar la realidad. Y para representar esa realidad utiliza los estereotipos, que son un conjunto de creencias sobre las características que tienen en común los miembros de un determinado grupo social y que es reconocido por ese mismo grupo y por otros. Específicamente los estereotipos de género constituyen expectativas sobre hombres y mujeres. Eso que esperamos de hombres y mujeres a veces sesga la percepción, la interpretación y el recuerdo de la información. Así, si se admite que un rasgo característico de la mujer es que es «emotiva» y de lágrima fácil, se tenderá a recordar momentos en los que alguna mujer se expresó de esta manera. El resultado final es el fortalecimiento de dicho estereotipo.

Un aspecto negativo de los estereotipos es que pueden servir de justificación de las acciones colectivas de unos grupos sobre otros. Y es aquí donde podemos conectar con el prejuicio en la medida en que esa justificación permita negarle derechos y oportunidades a un grupo concreto (sea de mujeres, inmigrantes, negros, etc.). El estereotipo es prejuicioso en la medida en que uno de los grupos (el dominante) mantiene un sentimiento de superioridad frente al otro grupo (el discriminado).

El prejuicio es una sobrevaloración, una valoración exagerada y habitualmente negativa (aunque en algunas ocasiones también puede ser positiva). Suele dar lugar a la discriminación (positiva o negativa): prejuicio actuado. Ésta se define como la conducta desigual que se mantiene hacia unas personas por el simple hecho de pertenecer a un grupo social determinado. En los años 90 del siglo pasado se comenzó a hablar de que no sólo existe un prejuicio manifiesto (abierto, explícito, declarado, expresado claramente, confesado, que se ve) sino que existe un prejuicio sutil (soterrado, latente). Éste es absolutamente terrible, mucho más devastador que el manifiesto por lo poco claro que es, porque es más difícil de demostrar (Baron y Byrne, 2005; Worchel et al, 2004, etc.).

Debemos reconocer que, en muchas ocasiones, el cine se convierte en un espejo ideológicamente deformado y tremendamente perverso con unas repercusiones socializadoras nefastas al utilizar no tanto los estereotipos como los prejuicios, en especial los negativos. Hay que decir también que, en muchas ocasiones, el cine presenta unos contenidos prejuiciosos negativos poco explícitos, muy sutiles y, por tanto, bastantes peligrosos.

2. Metodología

Hicimos un recuento de todos los largometrajes de animación producidos por la factoría Disney desde su creación en 1901 hasta 2001 (cien años). Una vez repasados todos los títulos, fueron analizadas aquellas películas que llevaban el nombre o la referencia a una mujer, haciéndola protagonista o co-protagonista.

En la Tabla siguiente exponemos el listado de cintas encontradas:

De 30 películas, 8 llevan el nombre de una mujer (el 26,6%). También aparece una película donde el protagonismo, teniendo en cuenta exclusivamente el nombre de la cinta, es compartido. Nos referimos a La dama y el vagabundo (aunque esta cinta trata de la historia de una perra). No la hemos incluido, por acotar el trabajo, pero si humanizamos a los personajes, la lectura en clave de género es también muy interesante. Lo mismo pasa con la cinta 101 dálmatas, donde aparece una mujer ambiciosa y mala, como es Cruela de Vil, una auténtica empresaria-víbora, aprovechada. Conclusión posible: las mujeres ambiciosas son malas. Como contrapunto está Anita, una estupenda e ingeniosa trabajadora que deja su puesto por casarse y cuidar de sus perritos y de su excéntrico marido.

Ateniéndonos a los datos exclusivamente, al número, nos encontramos unos resultados que no son tan dramáticos, en principio, como los encontrados en las dedicadas a los superhéroes, por ejemplo. En este caso es sólo el 10,1% de las películas las protagonizadas por mujeres. Eso es cierto, pero si se analiza el contenido de las películas Disney e incluso si se hace una comparación entre épocas para valorar los estereotipos prejuiciosos, veremos que son más sutiles y cualitativos que numéricos, cuantitativos y explícitos.

3. Resultados y conclusiones

Las películas Disney que tienen como protagonista a una mujer comparten un patrón muy parecido entre ellas para representar roles masculinos y femeninos, sean de la época que sean, a excepción de Alicia que tiene unas peculiaridades que le son propias, aunque también «femeninas»:

En la Tabla siguiente queda sintéticamente expresado:

Mujeres

Muchacha joven

Sin madre y/o persona muy vulnerable porque está sola. Además, el sucedáneo de madre es mala, envidiosa, ambiciosa…

una bruja.

Está bajo la tutela de un hombre (su padre)

Trabaja en las labores de la casa (friega, barre…)

Debe ser salvada de una mala vida

Varones

Hombre joven y fuerte (con espada)

Sin nombre y con alto rango: príncipe. Es llamado por su «oficio», por su «cara pública»

Valiente y decidido

Debe salvar a la mujer que entonces se convierte en una persona «bella».

En el caso de «Alicia en el País de las Maravillas» nos encontramos ante una niña aburrida que entra en un país sin sentido. A la obra se le presupone una crítica a la educación inglesa y a temas políticos de la época. No obstante, utiliza a una niña que ante las situaciones extrañas responde de manera estúpida, sin ingenio. Desde luego no es un buen modelo a seguir.

Por su parte, «Blancanieves», «Cenicienta» o «La Bella Durmiente»… están creadas para echarse en los brazos de un varón decidido, valiente y con poder, que suele estar textualmente por encima de ellas, para ello vienen en su caballo y las miran desde él, desde arriba. A cada una de ellas se las ve tejiendo, limpiando, fregando o haciendo la comida… En fin, haciendo «lo que se espera» de una buena mujer. Pero ¿es sólo una cuestión de la época? Analizamos con detenimiento las cintas de épocas recientes. En «La Bella y la Bestia», a Bella, además de cuidar su casa con esmero, siente un verdadero placer leyendo. Es decir, puede salir al mundo público (a la biblioteca, a la calle…) siempre que no deje el mundo privado, que es el que le corresponde. De todas maneras, es presentada como rara y diferente. A la vez, su padre es un hombre tierno y comprensivo… porque «está loco». Analicemos un poco más esta cinta (véase Tabla).

En «Mulán» aparentemente se rompen moldes porque una mujer, contra todo pronóstico y trasgrediendo la norma establecida, decide luchar, como un guerrero profesional, ocultando su condición femenina, claro. Sin embargo, lo hace por no ofender a su padre, no porque a ella le apetezca. Por otro lado, y como ya sabemos, al final de la película, y para tranquilidad de la familia, el chico (su guerrero) pide la mano de la chica (salvándola de ser una «mujer distinta»).

El caso de «La Sirenita» es bastante explícito, es capaz de vender su alma (sus aletas, sus cualidades, su «don») por irse con su príncipe azul (o rojo, que tanto da).

Por último, «Pocahontas» es una Barbie que renuncia a sus creencias (a su independencia, a su autosuficiencia, a «los suyos»…) por amor.

En definitiva, las mujeres deben estar preparadas para casarse. Ese es su fin en la vida. Volvemos a ver el mismo estereotipo prejuicioso: puede salir a la escena pública (puede hasta luchar, puede ser valiente, inteligente) pero sin dejar nunca el mundo privado, que es el que le corresponde. La mujer está subordinada al hombre de manera explícita o implícita. En definitiva, nos encontramos en estas películas tres tipos de mujer:

Así pues, nos encontramos ante unos roles humillantes y desprestigiados. Pero no sólo las imágenes, las palabras son todavía más peligrosas porque suelen estar tapadas por unas imágenes llamativas. No podemos olvidar que inicialmente van destinadas a la infancia, y estas personitas van a ser muy impresionables por las formas, el color… Los diálogos en las películas Disney pasan desapercibidos la mayoría de las veces: niños y niñas (público habitual) pero también las personas adultas que los acompañan, suelen estar más pendientes de la animación, del color o de la estructura musical. Sin embargo, podemos encontrarnos con «perlas» como las que exponemos en el cuadro de abajo (y que son independientes de la fecha de estreno; por lo tanto, no se puede afirmar que las más antiguas sean las más sexistas).

Es decir, las palabras juegan un papel especial porque dentro del contexto cinematográfico quedan soterradas por la especial potencia de las imágenes. Pero están presentes y son capaces de quedarse fijadas en los y las espectadores dejando una huella indeleble aunque casi latente.

Película Blancanieves (1937)

• Gruñón: ¡Bah!, Al fin y al cabo es una mujer y todas están llenas de remilgos femeninos.

• Blancanieves: ¡Qué casa más desordenada!, ¿es que a caso no tenéis mamá?

Película La Cenicienta (1950)

• Cenicienta: La aguja es cosa de mujeres

• Hada: Si el amor es el bien deseado, el dulce sueño se realizará.

Película La Sirenita (1989)

Ariel le pregunta a Úrsula que cómo va a conquistar al príncipe sin voz.

• Úrsula: Eso no importa, te ves muy bien. No olvides que sólo tu belleza es más que suficiente. Los hombres no te buscan si les hablas, no creo que los quieras aburrir. Admirada tú serás si callada siempre estás.

Película La Bella y la Bestia (1991)

• Gastón: No está bien que una mujer lea

El género de la animación «per se» muestra una deformada y caricaturizada forma de entender la vida cotidiana. Pero, como hemos dicho en otro momento (Loscertales, 1998: 85), «precisamente esta característica de una deformación muy intencionada en el autor (tanto da que sea en sentido positivo como en el sentido negativo), sirve de bocina amplificadora que contribuye a llamar la atención del público receptor y a lograr, después, una fuerte fijación en la memoria y el consiguiente troquelado social». Aquí radica su potencial carga negativa; su potencial efecto secundario absolutamente perjudicial para la salud social y relacional. Nos parece muy necesario matizar que el efecto perjudicial no sólo depende del propio mensaje sino de las personas receptoras:

• Cuanto menos formada esté su personalidad, menos posibilidades de afrontar el mensaje desde actitudes coherentes o críticas.

• Cuanto más escasa sea la formación cultural y académica, menos opciones para aplicar capacidades discriminatorias.

• Cuanto más coincidan los contenidos ofertados (y su lectura ideológica) con los intereses y necesidades del grupo de pertenencia, más se fijarán dichos contenidos y más fácilmente servirán de justificación de actitudes prejuiciosas. Así que el resultado final es que, en general, la mujer es presentada como objeto y el hombre como sujeto de la narración fílmica. Ellos suelen ser protagonista y ellas ejercen de compañeras o de acompañantes (ejercen «del descanso del guerrero») en el mejor de los casos. En el peor, hasta pueden ser violentadas o maltratadas.

En el cine, las mujeres quedan fundamentalmente vinculadas al género romántico, quedan relacionadas con el amor, con la ternura, con lo blando. El hombre con la acción, con lo duro. El hombre se convierte en «salvador» del mundo y de las mujeres, en una persona indispensable para que éstas se dejen (de manera más o menos pasiva) salvar.

Es posible añadir un matiz más: ¿Alguien se rio cuando Mulán ocupó el puesto de su padre en el ejército imperial? ¿Y en «Shakespeare in Love», cuando Gwyneth Paltrow se disfrazó de hombre para poder evitar un temible matrimonio y obtener el papel de Romeo? Parece que, de alguna manera, a la mujer se le recuerda que si quiere llegar lejos (en su profesión, en sus expectativas…), ha de parecerse a un hombre. En cambio, suele resultar de lo más divertido que un hombre aparezca como mujer: eso no da poder sino risa. De la larga lista de comedias de hombres con faldas, traemos a colación una de las clásicas: «Con faldas y a lo loco», donde se disfraza a Jack Lemmon y a Tony Curtis como mujeres para que puedan unirse a una banda femenina y escapar de unos gángsters. Lo femenino es de risa… lo masculino serio.

4. Ideas finales

El poder en el cine, en definitiva, sigue siendo «cosa de hombres». Y es una cuestión que va más allá de hacerlos más visibles, más conocidos, más fuertes, más deseables... como modelos a los que imitar. Es que por serlo, a los actores «de carne y hueso» les ha resultado más fácil conseguir trabajo, aunque sean mayores de 50 años. Por otro lado, consiguen mejor financiación a sus proyectos, en el caso de que quieran producir una película. Resulta menos complicado acordarse de nombres de directores de películas que de nombres de directoras. Todavía resultan escasas las directoras que consiguen una buena financiación para sus trabajos, lo que afecta también a la promoción para la película, hace que se vea menos y que, a modo de bucle, sean poco conocidas y les resulte difícil conseguir financiación.

Nos preguntamos con Giroux (2000): ¿son las películas Disney buenas para sus hijos? Tras escenarios encantados, números musicales coloristas o fascinantes personajes que atolondran con su bondad o su maldad, se esconden componentes ideológicos que deforman la realidad, potenciando una interacción social basada en el sexismo. Lo cierto es que en ellas no hay nuevos modelos de mujer ni nuevos modelos de hombres sino figuras caducadas, potencialmente perjudiciales para la salud psicosocial de la infancia que las va pensando que como «son dibujos» resulta un saludable consumo. La opción razonable para arrinconar estereotipos prejuiciosos, en el cine en general y en el de animación en particular, es usar el sentido crítico. Ese es un buen antídoto.

Referencias

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Colaizzi, G. (2004): «El acto cinematográfico: género y texto fílmico», en www.ub.es/cdona.

Giroux, H. (2000): «¿Son las películas Disney buenas para sus hijos?», en STEINBERS, S. y KINCHELOE, J.L. (Comp.): Cultura infantil y multinacionales. Madrid, Morata; 65-78.

Khun, A. (1991): Cine de mujeres. Madrid, Cátedra.

Loscertales, F. (1998): «La animación, una perspectiva psicosocial», en MANFREDI, J.L.; GÓMEZ, J.M. y MÉNDEZ (Coord.): La industria audiovisual en Andalucía en 1995-96. Sevilla, Pliegos de Información; 83-90.

Morduchowicz, R. y otros (2004): «El cine de animación», en www.me.gov.ar-/escuelaymedios/material/material_cinedeanimacion.pdf

Munné, F. (1993): La comunicación en la cultura de masas. Barcelona, PPU.

Núñez, T. (2007): «La mujer dibujada. La mujer en las películas y en las series de animación», en LOSCERTALES, F. y NÚÑEZ, T. (Coord.): La mirada de las mujeres en la sociedad de la información. Madrid, Visionnet; 241-270.

Núñez, T. y Loscertales, F. (2005): El cine: ¿espejo de la realidad? Madrid, Área de Gobierno de Empleo y Servicios a la Ciudadanía/ Dirección General de Igualdad de Oportunidades.

Siles, B. (2000): «Una mirada retrospectiva: treinta años de intersección entre el feminismo y el cine», en http://www.uch.cen.es/caleidoscopio

Worchel, S. y otros (2004): «Prejuicios y estereotipos», en WORCHEL, S. y otros.: Psicología Social. Madrid, Thomson; 191-223.