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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

La construcción de la realidad por la infancia española a través de su dieta televisiva

Reality construction by Spanish infancy across TV consumption

https://doi.org/10.3916/c31-2008-01-012

Pablo del-Río-Pereda

Miguel del-Río-Álvarez

Abstract

Aportar índices de impacto evolutivo de los diversos contenidos que componen la dieta televisiva del niño español es el objetivo del futuro «Observatorio de la Dieta Televisiva Infantil». Para ello se ha desarrollado un modelo de análisis con indicadores agrupados en 7 dimensiones evolutivas relativos al imaginario y a la orientación en la realidad simbólica de los niños y niñas. Aplicado en una etapa piloto con una muestra reducida pero significativa (los 10 y los 30 programas más vistos por los niños españoles de 4, 7 y 12 años), los resultados provisionales permiten establecer ciertos rasgos de la situación de la dieta audiovisual y su orientación del imaginario infantil.

This paper presents the preliminary exposition and results of a feasibility project for an Observatory of Consumption of Infantile Television that contributes with indexes of evolutionary impact (developmental ratings) of diverse contents, taking part in the television diet of Spanish children. The model of analysis has developed indicators about 7 evolutionary dimensions relative to the imagery representation and to the orientation in the symbolic reality. This model has been applied in a pilot stage to a limited but significant sample (the 10 and the 30 most seen programs by 4, 7, and 12-year-old Spanish children), as well as to the most seen advertising. The provisional results allow us to establish certain features of the situation of the audio-visual diet and the orientation of the imagery representation.

Keywords

Infancia, dieta televisiva, analfabetismo, imaginario infantil, desarrollo evolutivo, observatorio televisivo

Infancy, television diet, illiteracy, infant imagery representation, evolutionary development, television observatory

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1. Del analfabetismo del imaginario al alfabetismo del imaginario

El problema de la calidad de los contenidos televisivos y su impacto en la infancia está emergiendo en los últimos años como uno de los factores centrales para comprender los lastres o los déficits más preocupantes que afectan al empeño educativo y para responder a la cuestión de cómo educar en un universo simbólico con múltiples lenguajes y contenidos. A este respecto, se han detectado dos problemas en la mayoría de los países afectados por la cultura postmoderna audiovisual: el analfabetismo funcional, y el analfabetismo del imaginario. Respecto del primer problema, este se refiere a que más allá del aprendizaje instrumental de la lectoescritura y de la aplicación de dicho aprendizaje a las tareas de escolaridad formal, la lectoescritura penetra poco en la vida cotidiana real de los sujetos. En convergencia con este hecho, señalado en las estadísticas de la UNESCO para casi todos los países, educadores y especialistas coinciden en que cada vez se asienta más en las aulas un uso superficialmente instrumental y mimético del lenguaje escrito en que la lecto-escritura no llega a protagonizar la gestión mental de las actividades ejecutivas principales, pero tampoco la de la vida interior y los proyectos vitales, esto es la lectoescritura no se constituye en instrumento para la directividad, la meditación y las operaciones de conciencia y reflexión. Se han señalado dos probables focos causales: una alfabetización excesivamente «escolar » carente de anclaje como mediador eficiente de las actividades significativas de la vida cotidiana (que provocaría el analfabetismo funcional) y una alfabetización instrumentalista despojada de corazón narrativo, poético y retórico (que provocaría el analfabetismo del imaginario y la falta de construcción de un marco retórico).

A partir de las aportaciones teóricas más relevantes y de las investigaciones en curso se pueden distinguir las principales características de esas dos dimensiones culturales de la mediación lecto-escrita que hoy parecen extenderse gradualmente: 1) como organizador funcional instrumental de las actividades superiores (como operador del recuerdo, el pensamiento, la atención, etc. en las actividades prácticas de la vida y el trabajo y en las de aprendizaje); y 2) como constructora de la identidad y del imaginario narrativo de la conciencia. Si el primer tipo de adquisición a-funcional de la lectoescritura –el analfabetismo funcional– supone un fallo de las competencias alfabéticas en el dominio de los operadores de los sistemas de actividad mediados por la lecto-escritura, el segundo tipo de adquisición a-funcional –el analfabetismo literario– no sólo lo hace en base a la precariedad de las lecturas que conforman el imaginario infantil, sino debido a que el repertorio total de narrativas y de representaciones (hoy ampliado desde el mundo escrito al audiovisual), no alcanza a proporcionar un modelo estructurado y positivo para situar al niño en el mundo de la realidad presente y del futuro deseable; de la realidad propuesta a que se dirigen las aspiraciones humanas para mejorar la realidad presente.

El analfabetismo literario expresaría pues un fallo o déficit cultural no sólo respecto de los repertorios de conciencia mediados por la lectoescritura verbal, sino también y muy especialmente respecto de los de la lectoescritura audiovisual, que han venido hoy, para las nuevas generaciones, a ocupar el espacio principal del currículum informal para construir la realidad, la vida imaginativa y la directividad. El efecto de ese déficit cultural audiovisual sería la ausencia en el niño y en el joven de una cosmovisión que debería proporcionar encuadres, metáforas, anclajes y estructuración a su imaginación cuando ésta opera mediada por la lectoescritura. Esto es, el déficit audiovisual apunta, no tanto a un escaso consumo de contenidos audiovisuales, cuanto a un consumo de contenidos no estructurantes y a la consecuente carencia de un imaginario colectivo definido, aceptado por todos los miembros de la cultura, y no fragmentado, y en el que todos encuentran mimbres de calidad para trenzar y establecer imágenes y referencias.

Pero la aproximación mantenida por el equipo Pigmalión ha enfatizado los aspectos positivos de los análisis de los efectos de los medios, y su comprensión en cuanto proceso evolutivo: nos interesa establecer cuál es la influencia global de los medios en el desarrollo de las nuevas generaciones. Y aunque, sin duda, se producen muchos efectos problemáticos, desde una perspectiva de construcción funcional y desarrollo humano, lo más relevante es comprender y documentar fiablemente cómo la cultura o las mediaciones culturales, de las que los medios forman hoy la parte más visible, contribuyen a construir el edificio funcional de la mente humana. En este caso, cómo los medios permiten construir a los niños una determinada versión de la realidad, cuál o cuáles son estas versiones y qué características tienen y cómo se lleva a cabo ese proceso y con qué materiales y elementos de su dieta audiovisual. El imaginario o los imaginarios resultantes tanto pueden ser problemáticos como sugestivos, pobres y ruidosos o acogedores e ilusionantes. En este sentido abogamos por el acercamiento evolutivo normal que nos lleve a documentar y comprender el desarrollo cultural, más que a una limitación a los aspectos clínicos, problemáticos y desviados del desarrollo, pues, ¿cómo establecer lo que son desviaciones cuando no se ha establecido antes lo que podrían ser la pauta o pautas normales? La visión de los efectos sólo desde la agenda de los problemas remite frecuentemente a un modelo ideal de normalidad, supuestamente basado en un patrón de la época cultural anterior vivida desde el supuesto de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Metodológicamente no ofrece un terreno práctico y fiable desde el que realizar un estudio objetivo del tejido cultural –ni en sus mediaciones formales ni en sus contenidos– tal como requiere el acercamiento de la ciencia natural. Nuestro objetivo se acercaría en este sentido más a estudiar el alfabetismo del imaginario que el analfabetismo del imaginario.

2. El papel de un observatorio de contenidos de cara a las políticas culturales para la infancia

Resulta necesario, a nuestro criterio, que las herramientas de análisis de los contenidos televisivos que se aborden desde un Observatorio, guiado por la preocupación educativa y evolutiva que equilibre el actual énfasis normativo y sancionador y lo complemente con una oferta real suficiente a familias y educadores de contenidos viables para educar a sus hijos en un entorno cultural audiovisual. Lo esencial en este caso no es tanto detectar lo que haya de malo en la televisión (algo necesario sin duda), sino inventariar y orientar a padres y niños hacia lo que haya de bueno, así como determinar los factores que construyen evolutivamente a esos contenidos como buenos y educativos. Evitar malos programas, como evitar la ingesta de principios dañinos en la alimentación, no basta si existe un vacío de buenos programas o buenos alimentos que puedan constituir la base de la dieta alimentaria o cultural en cada una de las edades de desarrollo.

Existe un peligro de sobrecargar moralmente a los padres con obligaciones de evitación de dietas nocivas si no existen alternativas reales. Sólo con la presencia de materiales suficientes es viable una política de orientación a los padres sobre la dieta cultural conveniente De este modo los educadores y padres podrán emplearlos más conscientemente y rentabilizar más su potencial. En la dieta analizada (la más consumida por los niños españoles) hemos podido comprobar que hay materiales con calidad evolutiva, pero que éstos son escasos, mal equilibrados por edades, y en general su oferta no está bien organizada y claramente orientada a sus fines. Los padres necesitan saber en cada edad (además de qué deben evitar), de modo prioritario, qué pueden o deben ofrecer a sus hijos en el día de convivir con la televisión. Los educadores escolares conocer con qué programas pueden establecer el diálogo didáctico para unificar el sentido y dotar al niño de un currículum global, que no enfrente forzosamente la cultura escolar con la mediática.

Los indicadores evolutivos de calidad pueden orientar también los productores, que hallarán en ellos un soporte eficaz para propiciar un renacimiento de la creación de programas de calidad. Los productores, necesitan guías operacionales concretas y claras y aclararán mejor sus ideas mediante el conocimiento continuado de qué producciones emitidas van siendo valoradas por el Observatorio y tendrán así criterios más claros para desarrollar programas de calidad.

En este sentido, la filosofía de esta investigación es proporcionar herramientas de análisis que, además de servir para la investigación (objetivo inicial del Observatorio) sean reversibles y puedan operar también con eficacia convertidas en guía de estilo y caja herramientas de diseño. Es este un objetivo central en la línea de trabajo del equipo Pigmalión.

Las variables de análisis empleadas, junto con otras ya probadas y en reserva que ha considerado el equipo de investigación Pigmalión, permitirían eventualmente la puesta en marcha de este sistema de indicadores orientador para el desarrollo y la educación, de ésta matriz guía para los contenidos audiovisuales positivos.

3. La dieta audiovisual y la dieta televisiva

En estudios anteriores realizados por el equipo Pigmalion para el MEC, hemos podido establecer algunos aspectos básicos de la dieta televisiva de los niños españoles: su intensidad (cuánta televisión ven: unas dos horas y media), las variables contextuales (cómo y con quién-es la ven: franjas horarias, co-espectadores, contextos intra-hogar). Estos hechos contribuyen, con otros, a definir lo que se ha venido denominando en ecología cultural del desarrollo como «situación social de desarrollo» (Vygotski, 1935) y que en sentido amplio podríamos considerar el contexto o marco de desarrollo en que se produce la construcción de cada uno de los humanos (ontogénesis). En la tradición de comunicación de masas el problema estaría estrechamente relacionado con la investigación de los efectos profundos y a largo plazo de los medios de comunicación, lo que en el acercamiento de investigación psicológica se conoce como desarrollo cultural del niño.

Sin embargo, definir el peso que el factor televisión tiene como componente del marco o de la situación social de desarrollo, exige ir más allá, pues el factor más relevante en último término para establecer los efectos de la dieta televisiva será justamente su cualidad: qué televisión ven o cuáles son las características psico-evolutivas de los contenidos que componen la dieta.

Toda una serie de aspectos temáticos de los contenidos han sido objeto en la investigación internacional de análisis sistemáticos sobre las variables constituyentes (análisis de contenidos) de dichos contenidos que pudieran relacionarse con el desarrollo de comportamientos violentos o xenófobos, o provocar trastornos de la sexualidad, la alimentación, y otros aspectos. Pero el problema de la mayoría de los estudios estriba en esa especialización y concreción, y la carencia correlativa de un cuadro general en que esos datos parciales pudieran cobrar sentido. Pues quizá el impacto temático más constitutivo, el que sirve de fundamento de hecho a la constitución de la identidad personal, nacional-cultural y de la categoría humana, sea el que provoca la globalidad de los contenidos actuando juntos, de la misma manera que en el caso de la alimentación, sería la dieta global acumulada y no las ingestas puntuales lo que acarrea problemas globales de desarrollo. Ya sea la dieta televisiva global y acumulada en un niño, o la proporcionada por las cadenas a la población infantil en general, son estas dietas las que definen el tipo de realidad que se presenta a las nuevas generaciones por la sociedad, en sus grandes trazos. Qué visión del mundo y de la realidad se pone ante al niño, es decir, en último término, qué realidad vital se le propone.

La elección de este tema obedece, pues, a su papel central para establecer los efectos más globales y relevantes de la dieta televisiva. En este sentido el equipo Pigmalión de investigación persigue un equilibrio entre proyectos de investigación que estudien los efectos televisivos sobre capacidades más instrumentales (que afectarían más al cómo presenta la realidad la TV) y proyectos de investigación que estudien los efectos sobre las capacidades más directivas y de sentido (que afecten más al qué: qué realidad se presenta); es decir, al contenido o a las propuestas de realidad que ofrece la TV.

Como se apuntaba en el capítulo 6 del citado Primer «Informe Pigmalión» (del Río, Álvarez y del Río, 2004; Fundación Infancia y Aprendizaje/ MEC), el fundamento teórico que soporta los estudios empíricos sobre la construcción de la realidad simbólica en los medios tiene unas fuertes y diversificadas raíces teóricas desde las que se han propuesto diversos modelos para poder objetivar y comprender qué realidad reflejan y proponen los medios. Esto es, qué existencias y esencias proponen. Los medios asientan existencias virtuales en la realidad simbólica mediante la imposición positiva (la reiteración de contenidos) y aniquilan existencias mediante la censura o el filtrado (la ausencia sistemática de ciertos contenidos). Los medios definen esencias simbólicas dotando de imágenes y significados concretos a los contenidos propuestos finalmente en sus programas.

Nuestro planteamiento metodológico permite articular en una matriz compleja de análisis de contenido dimensiones e indicadores que atiendan a los requerimientos teóricos de esos diversos modelos. Los funcionalistas (teoría de la mediación, usos y gratificaciones), los ecológicos (representaciones sociales y representaciones colectivas, marco retórico, cultivo, agenda setting); los cognitivos (estructuras y esquemas, estadios de juicio moral, teoría del aprendizaje social y social-cognitiva); de la empatía social (sociogenéticos, intersubjetivos, teorías de la mente, contagio emocional); y dramáticos y narrativos (mitos, catarsis, drama).

Este estudio tiene pues el objetivo de proporcionar datos empíricos iniciales y, sobre todo, un modelo global de análisis, sobre un aspecto central de la influencia televisiva en el desarrollo al que podríamos denominar currículum mediático sobre la realidad. Es decir, el conjunto de representaciones sobre la realidad (el mundo, la identidad, los modelos morales y de actividad) que, en alternancia y no siempre articulación con el escolar, construyen hoy, en el niño del siglo XXI, su visión vital. En conjunto se trata de aportar objetivamente datos acumulables sobre la dieta televisiva para la infancia española.

4. La dieta televisiva como componente central de un eventual Observatorio

En nuestro estudio de 1993 para el Departamento de Estudios de Televisión Española (del Río y Álvarez, 1993) incluíamos ya ciertas variables en la plantilla de análisis que atendían a aspectos de algunos de estos modelos y que, en términos generales, tuvieron un comportamiento eficaz para definir desde constructos teóricos, la realidad que se proponía indirectamente al niño a través del consumo acumulado de contenidos culturales facilitados en su contexto propio a lo largo de todo su proceso de desarrollo. Metodológicamente definimos ese consumo como dieta televisiva. Este constructo permite operacionalizar los procesos de influencia cultural y acercarse así a la investigación objetiva del impacto de la televisión en el desarrollo infantil. La ampliación y consolidación de ese modelo constituye el objetivo del estudio que aquí presentamos, de modo que pueda emplearse de manera eficaz en la puesta en marcha eventual de un Observatorio sobre los efectos de la televisión en la infancia. De este modo, mediante la acumulación en los tres últimos años de subproyectos específicos evolutivos financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia (2002-05), se vienen a poner las bases metodológicas para dicho Observatorio.

Considerando los contenidos de la dieta televisiva como un currículum informal, el análisis de contenidos que se propone pretende levantar un mapa actualizado de dicho currículum en la dieta española, realizando un inventario de sus temáticas presentes y ausentes y permitiendo así orientar las políticas culturales de producción y de programación audiovisual, especialmente las públicas, para que puedan cumplir sus objetivos culturales con un conocimiento fiable de la situación y así con mayor eficacia. Dicho mapa permitirá también orientar la política educativa, de modo que los educadores puedan orientar su didáctica hacia un currículum global. Es decir, anclar los contenidos y la docencia que constituyen el cometido de la educación formal, en los referentes de la cultura mediática recibida por el niño, y tratar de compensar y conjuntar sus conocimientos para que no constituyan un ejercicio de fragmentación curricular y cultural.

Digamos para terminar que los dos estudios que el Equipo Pigmalión propuso en 2004 al CNICE responden a una unidad de sentido, a una lógica evolutiva. Como organismo, el niño debe situarse y orientarse ante el mundo situado, ante su contexto concreto, y el estudio sobre su desarrollo atencional (muy afectado por el consumo televisivo, como demostró en 2003 uno de nuestros estudios y otros dos estudios internacionales). Pero como ser cultural y simbólico, el niño debe necesariamente situarse y orientarse también en el mundo imaginario y virtual de las representaciones culturales. Mientras el primer proyecto abordado por el Equipo Pigmalión en el marco del CTDC responde al primero de estos requerimientos, este proyecto (abordado por el Equipo Pigmalión en el marco de la Fundación Infancia y Aprendizaje) responde al segundo de ellos. Ambos pueden leerse independientemente, pero creemos que su lectura conjunta permitirá lograr una mejor visión de los desafíos que los miembros españoles de las nuevas generaciones deben afrontar para construir su realidad y orientarse en ella.

4.1 El fundamento previo de los análisis de contenidos: los complejos de entidades culturales

En la perspectiva evolutiva genético-cultural, «la cultura» no constituye una variable simple, sino un conjunto ecológico y funcional con el que interactúan para construirse el individuo y las comunidades. Es preciso, pues, contemplar dicho conjunto como un ecosistema cultural. El ecosistema cultural está formado por el subsistema de la cultura situada y el subsistema de la cultura virtual. El diseño cultural implica una actuación coordinada en los dos subsistemas.

En general el primero ha sido estudiado, fundamentalmente, por la Antropología y la Etnografía y el segundo por las Ciencias de la Comunicación Mediática. Un problema serio que afecta las diversas ciencias de la cultura es que sus diversas aproximaciones teóricas, sistemas metodológicos y registros empíricos no se han globalizado, de modo que es difícil percibir y estudiar como un conjunto el ecosistema cultural. Los estudios relevantes aparecen así enormemente fragmentados entre las ciencias humanas y las humanidades (Historia, Historia del arte, Literatura, Ciencias del lenguaje, etcétera). La fragmentación resultante ha de ser superada sin embargo si deseamos poder acercarnos a los efectos evolutivos de la cultura de una manera empírica y no especulativa. En este sentido, las tesis genético-culturales (la cultura hace al hombre, «deinde» al niño) obligan a un acercamiento empírico preciso a la maquinaria de la cultura que actúa sobre el infante. Un conjunto de términos pueden ser útiles para completar el paso que se daría hipotéticamente desde la globalidad de un sistema cultural a la muestra recogida en concreto para el estudio de una dieta cultural infantil.

• «Corpus». Lo constituye cualquier conjunto de especimenes de una realidad (por ejemplo de animales o plantas) recogido para su análisis. Nos referimos también como corpus a cualquier conjunto de especimenes culturales como documentos, cuadros, etcétera. A partir de los trabajos de Historia Natural realizados en Biología (Zoología, Botánica), Vygotski (1982) propone la extensión de la perspectiva de la Historia Natural a la Historia Cultural («historia natural del signo»: Vygotski, 1982) de modo que se podrían constituir «corpus », taxonomías y estudios evolutivos de las especies culturales por analogía con los métodos empleados por la historia natural de las especies vivas. En esa línea, los conjuntos de muestras recogidas del ecosistema cultural en evolución para ser analizados de manera sistemática se constituyen también mediante esos «corpora» básicos. En la ciencia cultural un «corpus», o los «corpora » en general, se aplican a conjuntos de objetos, productos y procesos culturales de cualquier tipo.

El problema con los especímenes culturales, de igual manera que con los de las ciencias naturales, es que cuando están vivos en su medio no son percibidos como objeto base para constituir «corpora». Por ejemplo, los programas de radio o de televisión se graban, emiten y pueden desaparecer si no son sistemáticamente recogidos por un sistema de archivo y conservación, o no son registrados para ello conscientemente. La constitución de bancos y fondos culturales, viene a ser así una exigencia tan esencial para la conservación de la memoria histórica de la cultura como lo es para la preservación de las especies. (Y cabe hacer la misma distinción: la memoria museo de bancos de especímenes muertos –ya sea una especie desaparecida o una cultura extinta– está poco a poco complementada por la intención de preservar especimenes vivos o con capacidad de regeneración).

El conjunto de elementos culturales identificado de un «corpus» que se mantiene vigente y que es tratado como un fondo cultural que debe ser preservado, constituye un reservorio. Existen muchos elementos culturales no identificados que aún se mantienen vigentes pero experimentan procesos de deterioro y corren riesgo de desaparición en plazos relativamente cortos. Este tipo de reservorios no identificados constituyen uno de los objetivos centrales de la investigación cultural y de las políticas culturales.

La acumulación de elementos culturales cuando los «corpora» están ya catalogados y se han definido medios para su preservación y acceso por parte del público constituye a estos reservorios primero y, si se habilita el uso y acceso abiertos, en auténticos bancos activos, o fondos documentales o documentados que pueden estar integrados en espacios físicos (museos, filmotecas, etc.) de acceso situado o espacios virtuales accesibles por las redes electrónicas («e-bancos» activos: por ejemplo el caso de los sistemas de referencia activa en los bancos de comunicación científica).

Esta comprensión ecosistémica de los elementos y eventos culturales es necesaria en primera instancia como un requisito indispensable para poder acercarnos a los contenidos televisivos de manera operativa y adoptar metodologías eficaces de análisis. Pues nos permite en una primera aproximación adoptar una visión objetiva global y sistemática de los objetos o entidades culturales. Sin embargo, no es suficiente. Los contenidos culturales vivos se difunden de manera abierta y fluida y no se trata de contemplar su valor intrínseco, en sí, como el semiólogo que analiza un texto o el crítico que valora un poema. Los contenidos culturales actúan sobre el sujeto que los recibe de manera dinámica y evolutiva, y una visión de sus efectos genéticos nos exige primero establecer si el contenido ha alcanzado al sujeto, cómo, cuánto y de qué manera y determinar a continuación su impacto en la conformación de su sistema psicológico. Podemos definir cómo esos «corpora» audiovisuales llegan al niño mediante el concepto, al que ya hemos hecho referencia, de dieta. Todo un conjunto muy diversificado de estudios será necesario para establecer luego los efectos sobre el desarrollo de las dietas. Pero eso deberá abordarse en otro lugar.

5. Dieta cultural y dieta audiovisual

La dieta cultural está constituida por el conjunto de elementos culturales disponibles para un individuo, grupo o cohorte generacional a lo largo de su desarrollo (ontogénesis). La dieta recibida está a su vez determinada por la dieta ofertada (que constituye el total de productos culturales producidos y distribuidos o puestos en el espacio cultural, ya lo definamos a nivel virtual o situado). La dieta audiovisual ofertada y la dieta audiovisual recibida constituyen subconjuntos de la dieta cultural. En este sentido podríamos pensar que se podría conocer y definir el currículum cultural de una determinada sociedad y que este se describiría, siguiendo las mismas pautas que el currículum educativo formal, bajo la lógica de que el conjunto de las producciones culturales deben de someterse a investigación, planificación y conocimiento de sus efectos sobre la población de manera comparable a lo que ocurre en el campo educativo cuando se determinan los objetivos, planificación curricular y aprendizajes logrados. El currículum cultural llevado a una implementación de política cultural, implicaría de algún modo programaciones culturales activas y producción cultural por objetivos (diseño cultural). De hecho, debería llevar gradualmente a una mayor articulación entre las políticas culturales y las políticas educativas, la investigación educativa y la investigación mediática, de modo que el currículum educativo y el currículum cultural pudieran definirse, investigarse, diseñarse y producirse conjuntamente desde una política común (currículum global). En este sentido ambos confluirían en el contexto cultural de desarrollo del niño y podrían designarse en conjunto, desde la perspectiva sociocultural, como «educación». De cara a homologar criterios para un Observatorio, el Equipo Pigmalión, propone las siguientes definiciones de dieta televisiva:

• Dieta ofertada. La dieta audiovisual ofertada global está formada por el conjunto que configura la concurrencia de iniciativas públicas y privadas de programación emitida en un determinado momento o período. Se corresponde con los estudios de seguimiento de las programaciones audiovisuales (tipo Euromonitor) materialmente pero no formalmente, pues los objetivos, las unidades de análisis, los principios explicativos y criterios de análisis divergen; mientras los estudios de programación audiovisual se centran en los géneros de producto que sirven de identificadores a los profesionales de la producción y programación, en los estudios evolutivos y de cultivo son las características psico-evolutivas las que proporcionan los criterios relevantes de identificación y determinan los contenidos que efectivamente reciben los niños o sujetos objeto del estudio; en este sentido se determinarán en su momento géneros audiovisuales evolutivos.

• Dieta de cultivo. La dieta audiovisual acumulada y potencialmente recibida a nivel evolutivo. Contempla desde el punto de vista del receptor y la audiencia, lo que podríamos denominar el currículum nacional audiovisual en el aire de un país o una cultura, para las distintas generaciones y rangos de edad, desde el punto de vista del cultivo. Es decir, qué programación u oferta acumulada general, año tras año a lo largo del desarrollo de cada generación, ha estado y está en el espacio audiovisual general.

Las características de la información aportada por la dieta ofertada y la dieta de cultivo permiten contemplar ambas perspectivas como complementarias y llevan a investigaciones diferenciadas pero que podrían llegar a ser convergentes, de modo que los estudios de programaciones culturales prefieran trabajar sobre la primera (marcada por las demandas del mercado en el momento presente) y que los estudios evolutivos y de cultivo se centren en la segunda. (Véanse estas características de manera comparativa):

Análisis comparativo

• Dieta consumida específica. En tercer lugar, la dieta audiovisual consumida específica, de un niño concreto –o bien de una tipología concreta de niños, de una cohorte, o un medio cultural definido– a lo largo de su desarrollo o de una etapa de éste. Estamos aquí ante el programa o currículum cultural efectivamente cursado ya sea a nivel individual o colectivo (esto es, valorado para un determinado caso personal educativo o clínico, o tipificado para un determinado grupo social o cultural segmentado de acuerdo con un conjunto de variables compartidas). La definición de la dieta consumida específica se hace a partir de la dieta ofertada y de la dieta de cultivo, poniendo en juego factores psicológicos individuales, eco-socio-culturales y familiares.

6. Indicadores: dimensiones y componentes del análisis de contenidos de la dieta

6.1. Diseño y metodología

Debe señalarse de entrada que el estudio al que estamos haciendo referencia es un estudio piloto. Es decir, su objetivo principal no ha consistido aún en aportar datos cuantitativamente fiables y con un alto nivel de confianza estadística sobre la dieta televisiva que consume la infancia española: los datos que aporta, aunque establecidos sobre estudios fiables de audiencia, se refieren a una muestra relativamente limitada de los programas más vistos. Esta muestra es suficiente y relevante para contrastar y verificar la calidad de los indicadores de la matriz de análisis, cuya construcción para futuros estudios (Observatorio) constituye en sí misma el principal objetivo de este estudio piloto. La matriz abarca una cantidad muy amplia de indicadores (en general más amplia de lo que ha sido abordado en otros estudios evolutivos internacionales de la dieta televisiva). Materialmente se ha realizado el análisis de contenidos a partir de la muestra ya recogida por este equipo de investigación de contenidos de una semana de la programación de los canales nacionales en 2003. La unidad de análisis básica es la unidad de programa, aunque se han definido subunidades de análisis.

Se ha realizado el análisis por analistas entrenados del Equipo Pigmalión. Los analistas, pese a su experiencia previa, han sido preparados con un seminario previo sobre cada una de las variables de la plantilla. El análisis se ha realizado mediante el sistema de dos jueces, estableciendo índices de concordancia entre ambos, tanto en un primer análisis piloto que sirvió para depurar las variables de análisis y su definición, como en su aplicación definitiva.

La muestra del análisis de contenido realizado en el marco del proyecto Pigmalión 2004-05 corresponde, como procede en cuánto continuación del estudio previo realizado en 2003-04 para el CNICE, a las emisiones televisivas de la semana del 3 al 9 de noviembre de 2003.

La muestra se definió en base a datos de audiencia de NT SOFRES, que permitieron determinar aquéllos programas más vistos por los niños de la franja entre 4 y 12 años. En orden a ajustar la muestra a los grupos del estudio base de 2003-04, los datos de audiencia considerados son los que se refieren específicamente a los tres grupos de edad definidos para aquel estudio, esto es, niños de 4, 8 y 12 años de edad, de modo que fueron seleccionados los diez programas más vistos por cada uno de estos grupos de edad mediante un cuestionario diario de recuerdo de 24 horas a lo largo de los días de la semana. Los datos de audiencia permiten comprobar una alta coincidencia en los diez programas más vistos por los tres grupos de edad (más acusada en el caso de los niños de 8 y 12 años). De modo que, por añadidura a los programas solapados en que coinciden los tres grupos de edad, se añadieron «Digimon», «Memé y la pandilla», «Gente», «Arthur» y «El pájaro loco» dado que se encontraban entre los diez programas más vistos por los niños de cuatro años.

La muestra quedó compuesta por un total de doce emisiones de la programación de la semana anteriormente citada.

7. Comportamiento de los indicadores en el estudio piloto

Algunas pistas del imaginario televisivo propuesto a la infancia española, pero también en los aspectos que conforman el imaginario y que constituyen el foco principal de este estudio los datos iniciales alientan nuestra confianza de contar con herramientas adecuadas al objetivo. El estudio de los contenidos de la publicidad que llega al niño a sus diversas edades nos permite definir éstos con precisión y comprender así cuál es el modelo de mundo y de vida, la propuesta de realidad que la gran presencia de la publicidad ha ido conformando: existe un currículum para la vida propuesto desde la maquinaria de representación audiovisual de promoción del consumo. En ese currículum predominan los macro-grupos de producto TV/ocio y la presencia de modelos adultos y del consumo de adultos empuja prematuramente al niño al currículum del «mainstreaming» del consumo proyectándole fuera de un marco adecuado de desarrollo cultural que debería caracterizarse por actividades significativas y ritos de paso más ligados a las etapas que educativamente debería recorrer. En el Informe en preparación esbozaremos una primera imagen de ese currículum no intencionado, pero sistemático, en que el aluvión de anuncios acaba conformando un paisaje muy definido.

Un hecho esencial que debe resaltarse es que, como ya se ha sugerido en otro lugar, los modelos narrativos populares de la realidad (folklore, medios de comunicación, arte, religión) tienen una mayor importancia epistémica para proporcionar modelos de mundo y de vida que los otros dos canales alternativos de conocimiento: el informativo y el científico-escolar. De ahí que su calidad tenga una importancia que hasta ahora no se había valorado, ya que se había considerado que esos otros dos canales supuestamente más objetivos (el informativo y el científico-escolar), tendrían poder sobrado para estructurar el imaginario infantil y sus representaciones mentales. Los datos indican que en la dieta audiovisual infantil del niño español actual tiene una presencia muy dominante este primer canal narrativopopular, una presencia intermedia el científico-escolar, y una presencia muy débil el informativo.

Que esos modelos apunten a una realidad «más real» (en que el mundo reflejado sea más representativo de las actividades y preocupaciones humanas) o menos resulta importante. En general el nivel de normatividad de los contenidos consumidos por los niños (esto es, que las actividades y hechos presentados sean propios de la realidad humana habitual) es bajo. La presencia de los afectos y la empatía que lleva a construir una orientación social, moral y sentimental hacia los otros es también baja. Y a ello se suma que las atribuciones causales son poco ecuánimes (se atribuye la causalidad más a los sujetos y grupos en sí y no tanto a las circunstancias la situación de éstos) en los programas y muy poco ecuánimes en la publicidad. La conciencia con que se aborda la vida marca una clara divergencia entre los programas infantiles (alta presencia de planes conscientes) y la publicidad (muy escasa frecuencia).

Pero donde mejor se aprecia la presencia de un imaginario incorporado al proyecto vital es en la existencia de «novelas » (modelo de las tres novelas desarrollado a partir de la propuesta de Unamuno). La existencia de proyectos vitales narrativos es débil en general, pero la presencia modesta de la novela 1 (individual) y de la novela 2 (nacional o cultural) se hace muy escasa en la novela 3 (de la humanidad). Esa debilidad, como cabía esperar, es mucho mayor en los contenidos de la publicidad. El dominio de una cultura norteamericano- global aparece también reflejado en los indicadores de identidad cultural (que confirman los de la nacionalidad de la producción). La presencia de otras culturas es enormemente débil comparativamente.

8. El medio del mensaje: aspectos formales y cognitivos

Aunque los datos de este estudio piloto sobre los indicadores más innovadores y relevantes se encuentran en proceso de análisis, ya los datos descriptivos de los indicadores más simples apuntan a la confirmación de la mayoría de las orientaciones dadas en el Informe Pigmalión sobre el impacto de la televisión en la infancia en relación con ciertas variables clásicas: sigue aumentando la fragmentación (17,44 planos por minuto en los programas infantiles, 24 planos por minuto en la publicidad); el ritmo informacional sigue en cotas elevadas: medio/alto; se mantiene la baja estructuración narrativa (valores muy bajos de jerarquía narrativa); se sigue comprobando una divergencia grande entre el nivel de implicación alcanzado por la publicidad (muy, muy bajo) y el de los programas infantiles (medio).

Se ha comprobado la viabilidad de ciertos indicadores para dotar de contenido a las elaboraciones teóricas o filosóficas sobre la «mente postmoderna» («la mente audiovisual» o de «oralidad visual» de las nuevas generaciones). Hemos empleado así variables como peso del verbo frente a la imagen (del «telling» –dar cuenta verbalmente de las cosas, contarlas– frente al «showing» –dar cuenta visualmente, mostrarlas–): los contenidos televisivos muestran índices del doble de «showing» que «telling», y esa proporción crece aún más en la publicidad; por otra parte, la verbalidad presente es abrumadoramente oral frente a lectoescrita; y dentro de la modalidad verbal (expositiva, narrativa, dialógica, situada) la oralidad dialógica predomina en la publicidad y la narrativa en los programas infantiles. La publicidad recurre más a la imagen real (aunque muy penetrada de animación y de sincretismo visual) mientras que los programas infantiles se apoyan más en el dibujo animado y en general, el sincretismo es menor. La programación infantil emplea casi siempre música, mientras que la publicidad lo hace menos ocasiones y no siempre y cuando lo hace no recurre tanto a la música implicativa (de expresión emocional) sino enactiva, que activa reacciones de manera más impositiva y menos profunda. Las mismas pautas se aprecian grosso modo en los efectos especiales auditivos o imágenes sonoras.

El grado de estructuración formal de la imagen puede medirse por variables empleadas en investigación empírica en televisión pero no en AC de la dieta, como el constructo suplantación-cortocircuito de Salomon. Se da en los programas infantiles mayor suplantación en el lenguaje y producción audiovisual (la imagen se asimila más a la percepción directa, sin formalizaciones intermedias) que cortocircuito (mayor presencia de elaboraciones formales no interpretables si no se han aprendido).

En los contenidos publicitarios ambas tendencias están equilibradas, por lo que en conjunto se puede comprobar una nivel de formalización mayor, excesivo para los niños de menor edad.

En relación con la otra línea de investigaciones llevadas a cabo por el Equipo Pigmalión para el MEC, es fácil pensar que un estudio cuidadoso de las relaciones estadísticas de este conjunto de variables con los factores que inciden en la atención nos permitirían en futuros estudios comprender por qué (como han apuntado los estudios anteriores del equipo y otros estudios internacionales recientes) existe una relación consistente entre el tipo de programas, la excesiva dependencia infantil del consumo televisivo, y los problemas de desarrollo atencional. Esperamos que esos análisis más detallados nos permitan definir con mayor claridad ese problema respecto de las características formales de la dieta televisiva asociada a la desatención.

9. Hacia un segundo volumen del «Informe Pigmalión»

Los datos proporcionados por los dos últimos estudios realizados por miembros del Equipo Pigmalión para el CNICE (este mismo realizado desde la Fundación Infancia y Aprendizaje, y el realizado por el CTDC de la Universidad de Salamanca) están aún en proceso de valoración. Con todo, la acumulación de investigación de los últimos cuatro años permite que, al Informe básico coeditado por la FIA y el CNICE/- MEC en 2004, se pueda añadir un segundo informe en que se podrá conocer algo mejor la situación española y donde se puedan analizar algunos de los problemas más acuciantes del desarrollo y la educación de los niños en los nuevos entornos culturales del siglo XXI.

Referencias

Del Río, P. y Álvarez, A. (1993): «Programas infantiles de televisión: Análisis de líneas actuales y diseño estratégico de alternativas. Dirección de Estudios de Contenido de TVE», en RAMOS, J. (Coord.): Enseñar a escribir sin prisas… pero con sentido. Sevilla, MECD; 20-47.

Del Río, P.; Álvarez, A. y Del Río, M. (2004): Pigmalión. Informe sobre el impacto de la televisión en la infancia. Madrid, CNICE-MEC y Fundación Infancia y Aprendizaje.

Vygotski, L.S. (1982): Fundamentos de Paidología. Leningrado, Izdanie.