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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

Co-educar la mirada contra los estereotipos de género en TV

Co-educating the gaze against gender stereotypes in TV

https://doi.org/10.3916/c31-2008-01-014

Jorge Belmonte-Arocha

Silvia Guillamón-Carrasco

Abstract

Se analizan en este trabajo un conjunto de series de televisión que plantean una representación estereotípica de los géneros. Pese a su aparente modernidad, múltiples productos culturales-televisivos siguen siendo portadores de discursos que reproducen la desigualdad en la representación de lo femenino y lo masculino, a través de estereotipos de género que actúan como modelos de desigualdad para la construcción de identidad de sus jóvenes espectadores. Frente a ellas, una alfabetización audiovisual, desde un enfoque coeducativo, podría ser un buen instrumento contra la desigualdad.

TV serials analyzed in this paper show a representation of stereotyped gender. These cultural products, despite its apparent modernity, reproduce inequalities in the representation of the feminine and masculine through gender stereotypes which are sexist models for the construction of gender identity among its young viewers. Besides, a gender and co-education approach for an audiovisual alphabetization should be a good way against inequality.

Keywords

Coeducación, educación audiovisual, estereotipos de género, series de TV, discurso televisivo

Coeducation, audiovisual education, gender stereotypes, TV serials, TV discourse

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Educar la mirada de los televidentes implica hacerles conscientes de las características del medio televisivo y de la retórica de sus textos/programas, pero también de manera muy importante de su posición como sujetos espectadores. Así, se requiere una educación audiovisual que les alfabetice en los medios y en sus lenguajes, pero enfatizando su importancia como sujetos receptores que construyen su identidad, en parte, a través de las representaciones televisivas. Dada la importancia de la construcción de identidad en la recepción televisiva y la importancia de la identidad de género como parte de cada sujeto, la educación audiovisual habrá de ser una co-educación audiovisual, se tratará pues de coeducar la mirada.

Los medios de comunicación han adquirido en las últimas décadas un importante papel como agente socializador, ayudando a construir identidades y contribuyendo, de esta manera, a establecer los sistemas simbólicos a través de los discursos y del imaginario que transmiten. Los medios de comunicación, en su dimensión histórica y social, funcionan como aparatos de representación, de construcción de «la realidad». Entendemos, por tanto, que un medio tan masivo y de tanto alcance social como resulta la televisión, está implicado en la construcción de los significados. De esta manera, los productos televisivos contribuyen, de forma cotidiana y más o menos sistemática, a generar identidades a partir de los mecanismos narrativos, semióticos e interpelativos que se ponen en marcha en cada acto de significación.

La televisión, como aparato social, es un poderoso medio de producción del sentido y, en numerosas ocasiones, contribuye a normalizar y naturalizar aquello que no es sino fruto de una compleja construcción social. Por este motivo, resulta necesario establecer una crítica de la representación que permita extraer a la luz aquello que parece permanecer oculto: la ideología que opera tras las representaciones, particularmente, en el caso que nos compete, la ideología de género que se está transmitiendo y los procesos identificatorios que se ponen en juego en las representaciones. El análisis que ofrecemos, por tanto, ha tenido como objetivo detectar las configuraciones de género que se presentan y se vehiculan a través de los medios, para comprobar en qué medida se detectan estereotipos de género o configuraciones discursivas discriminatorias para las mujeres.

Respecto al consumo cultural, resulta particularmente significativo para el presente estudio la investigación de cómo el universo mediático ayuda a la construcción de identidades en la infancia y la adolescencia, fases consideradas cruciales en el desarrollo humano. Nuestro propósito, por tanto, ha consistido en analizar cómo se representa la identidad de género en la televisión que habitualmente consume el público más joven. Una investigación recientemente realizada en un ámbito local español (Belmonte y Guillamón, en prensa) revela que las series de ficción televisiva de producción nacional son las preferidas por el público joven («Los Serrano»; «Mis adorables vecinos»; «Los hombres de Paco»; «El Comisario»; «Aquí no hay quien viva»; «Aída»), aunque también se ha observado la inclusión de alguna serie internacional («Los Simpson»).

1. El concepto de «estereotipo de género»

El estereotipo se define como un conjunto de ideas acerca de los géneros que favorecen el establecimiento de roles fuertemente arraigados en la sociedad. Estas ideas simplifican la realidad dando lugar a una diferenciación de los géneros que se basa en marcar las características de cada uno, otorgándoles una identidad en función del papel social que se supone deben cumplir. De esta manera, se suele adjudicar a las mujeres el trabajo doméstico y el cuidado de las personas, atribuyéndoles todos los rasgos característicos que favorezcan esta manera de ser y estar en el mundo: ternura, dulzura, debilidad, emotividad, sentimentalismo, instinto maternal, etc. En cambio, se considera lo «masculino» más relacionado con el ámbito de lo público, marcando las diferencias con el género femenino y potenciando una serie de rasgos que, según la cultura patriarcal, definen este ámbito: agresividad, competitividad, acción, riesgo, iniciativa... De esta manera se configura la especialización estereotípica de los géneros a través de un discurso que legitima la desigualdad y polariza los géneros.

2. Análisis de las series de ficción

A la hora de analizar las series de televisión anteriormente mencionadas, debemos exponer algunas características comunes que hemos observado en todas ellas, tanto a nivel narrativo como en lo referente a la construcción de personajes. En primer lugar, todas ellas, tanto nacionales como internacionales, están ambientadas en el presente e intentan representar la vida cotidiana –en mayor o menor medida–, mostrando a los personajes en sus relaciones familiares, sociales y laborales, creando un microcosmos y facilitando, de esta manera, la identificación con los espectadores. En segundo lugar, también favorece la identificación su carácter seriado y continuado en el tiempo, permitiendo la familiarización progresiva de los espectadores con los diferentes personajes.

A nivel de representación sexual hay un cierto equilibrio entre la aparición de personajes masculinos y femeninos que protagonizan las series aunque debemos destacar que, en algunos casos, como en «Los hombres de Paco», «Aída» o «El Comisario», se marca el protagonismo de género en el propio título de la teleserie. En los demás casos, el protagonismo es colectivo («Aquí no hay quien viva»; «Los Serrano»; «Mis adorables vecinos»; «Los Simpson», aunque es destacable cómo el lenguaje verbal incurre en la habitual pero significativa generalización del masculino en los tres últimos títulos). Por otra parte, debemos advertir que la distinción de género suele darse a partir de un tópico muy utilizado en la comedia: la «guerra de sexos». La mayor parte de las teleseries están configuradas a partir de tramas que establecen la separación hombre/mujer (y las consiguientes alianzas entre miembros del mismo género) para representar una lucha de poderes que inciden en la representación de estereotipos de masculinidad y feminidad.

Debemos destacar que en la mayoría de las series analizadas, tanto los personajes masculinos como femeninos desenvuelven su vida laboral en el ámbito público (a excepción de Marge, que es ama de casa, en «Los Simpson»); sin embargo, las diferencias laborales se producen bien en los cargos a ocupar (los personajes masculinos suelen representar roles de mayor responsabilidad, como ocurre en «El Comisario») o bien en los tipos de trabajos que desempeñan hombres y mujeres y que suelen responder a estereotipos sociales (en «Los Serrano», Lucía y Candela son profesoras mientras que sus maridos, Diego y Fiti son tabernero y mecánico respectivamente).

Podemos decir que, en general, estas series presentan un discurso normalizador sobre usos, costumbres, roles y relaciones de género que ayudan a reforzar los estereotipos sociales. Los estereotipos sexuales son presentados, por tanto, como una forma legitimadora de la diferencia sexual. En este sentido, la tendencia en las series de ficción es a presentar a los personajes masculinos y femeninos con determinadas características, dicotomizando los géneros y simplificando la diversidad. Las características asociadas a los personajes masculinos son la rudeza, la competitividad, la agresividad, la racionalidad... En los personajes femeninos, al contrario, destaca la dulzura, la comprensión, la emotividad, la sensualidad... Estas características, además, se dan tanto en el ámbito de las relaciones interpersonales como en el laboral. De esta manera, por ejemplo, en la representación del liderazgo se valoran positivamente actitudes consideradas tradicionalmente «masculinas» como la competitividad, la agresividad y la racionalidad. En el liderazgo femenino, sin embargo, las actitudes suelen presentarse negativamente, y ahondan en la idea de una cierta irracionalidad o ineptitud en el tratamiento de determinados asuntos de responsabilidad por parte de las mujeres. Asimismo, en lo referente a la representación de las relaciones interpersonales (familiares, sentimentales, amistosas...) el rol femenino destacapor su capacidad de resolver cuestiones que pertenecen al ámbito privado. De esta manera, en las series se suele establecer la tradicional dicotomía masculino (público)/femenino (privado).

Por tanto, podemos afirmar que, en general, en las series de ficción analizadas encontramos bastante extendida la presencia de estereotipos de género que contribuyen al reforzamiento de la desigualdad

2.1. Estereotipos en el ámbito laboral

En lo que se refiere al ámbito laboral, esto es, a los trabajos que aparecen representados en las series de ficción, podemos afirmar que la tradicional dicotomía entre ámbito público (masculino) y privado (femenino) aparece matizada en el sentido de que aparece representada con bastante normalidad la incorporación de la mujer al mundo laboral, aunque no tanto la implicación del hombre en las tareas domésticas. Sin embargo, la figura del «ama de casa» sigue manteniéndose en algunas de las series mencionadas («Los Simpson»; «Los hombres de Paco»). En otras series, como «Los Serrano», los roles laborales aparecen fuertemente marcados en tanto a la distinción entre trabajos considerados tradicionalmente masculinos (Diego Serrano, el protagonista que da nombre a la serie, es tabernero junto a su hermano; Fiti, uno de sus amigos, es mecánico) y los femeninos (tanto Lucía, mujer de Diego, como Candela, mujer de Fiti, se dedican a la enseñanza).

Debemos destacar, sin embargo, que la diferencia más llamativa en cuanto a la representación de géneros en el ámbito laboral viene expresada en el contraste existente entre los puestos que ocupan las mujeres y los hombres en las series. En este sentido, series como «El Comisario» o «Los hombres de Paco» ponen de relieve a los personajes masculinos ocupando mayoritariamente puestos de responsabilidad y peligrosidad. De esta forma, frente al elenco de personajes masculinos que ocupan estos puestos, el número de personajes femeninos que desempeñan estos roles resulta significativamente inferior. Por otra parte, más allá de la cuestión numérica, debemos atender a la representación de género ofrecida por ambas series, puesto que existen diferencias significativas entre ambas que conviene resaltar.

En «El Comisario», los personajes femeninos más importantes que aparecen trabajando en la comisaría son representados como profesionales: una forense, una subinspectora, dos inspectoras de policía y una funcionaria de policía básica. Algunos de estos personajes (sobre todo los de rango más superior) resultan relevantes desde el punto de vista de la progresión de la acción, esto es, su actividad profesional resulta necesaria para el desarrollo de las tramas relacionadas con la investigación de los casos criminales. Sin embargo, en la definición que de los personajes se establece en la web oficial de la serie, se resaltan características atribuidas tradicionalmente a la feminidad: Elena, la forense, destaca por su capacidad de «humanizar» al inspector Castilla; Clara, se define como una mujer guapa, inteligente y encantadora; Eva es una «atractiva subinspectora», «muy femenina»; Geli, la inspectora policía, tiene un carácter fuerte y decidido aunque destaca por su calidez y afectuosidad. Por su parte, Vanesa, tiene como una de las principales finalidades de su vida casarse y tener hijos. Por último, debemos destacar también a Lupe, la secretaria del inspector Castilla, que se define por ser «afectiva y cotilla». Por su parte, los personajes masculinos no destacan por su belleza o su afectividad, sino más bien por su eficacia en el trabajo: Castilla, el comisario, es un hombre serio, racional y sereno; Casqueiro, el inspector jefe, destaca por su eficacia y seriedad en el trabajo; Pope y Charlie, subinspectores, se definen como «hombres de acción», valientes y vigorosos; Lucas, subinspector, se muestra como un hombre muy seguro de sí mismo. Como vemos, por tanto, se mantiene la dicotomía masculino/ femenino insistiendo en las tradicionales características atribuidas a uno u otro género.

En «Los hombres de Paco» las mujeres ocupan un lugar secundario (en el ámbito profesional) al de los hombres. Únicamente encontramos dos personajes femeninos relevantes en el ámbito laboral, pero su participación en el desarrollo de las tramas está más relacionada con las relaciones amorosas que establecen con sus compañeros de trabajo que con su propia actividad laboral. Por otra parte, la función de los demás personajes femeninos que aparecen en la serie (Lola, la mujer de Paco, y Bernarda) es, de nuevo, ayudar al desarrollo de las tramas amorosas. Como vemos, por tanto, la representación de la feminidad aparece establecida más en el ámbito de la realización sentimental y amorosa de las mujeres que en la realización laboral. De esta manera, la serie propone un tratamiento dicotómico de los géneros, insistiendo en la caracterización estereotipada de la mujer, acentuando su rol como madre, esposa o novia e insistiendo en la representación de la feminidad como más cercana a lo sentimental.

2.2. Estereotipos en el ámbito familiar y personal

Las series de televisión presentan estructuras familiares que intentan mostrar los diferentes y nuevos tipos de familia que se han gestado en la época democrática: desde la tradicional familia nuclear («Los Simpson»; «Mis adorables vecinos») hasta la heterogénea estructura familiar (en «Los Serrano»), pasando por las familias monoparentales (presentes en series como «El Comisario» o «Aída»). A pesar de representar la desestructuración y la crisis de la familia patriarcal, se siguen manteniendo y reforzando los estereotipos de género dentro del seno familiar.

Un ejemplo concreto podemos observarlo en la serie de «Los Serrano». La familia está formada por Diego Serrano, tabernero, padre viudo de tres hijos varones; Marcos, Guille y el pequeño Curro. Diego se casa con su primera novia de la adolescencia, Lucía, profesora divorciada y con dos hijas: Eva y Teté Capdevila. Los otros miembros de la familia Serrano son Santiago, hermano mayor de Diego y socio de la taberna, y Doña Carmen, madre de Lucía. El título de la serie resalta la importancia de la figura paterna como marco desde el que nombrar una estructura familiar: «Serrano», el apellido de Diego, es una metonimia, un signo que engloba a toda una serie de personajes bajo un mismo significado. El apellido de su mujer «Capdevila », queda eclipsado por la identidad de su marido. Pero no sólo ella, sino también las hijas y la madre de ésta. Desde el principio, por tanto, la preminencia de lo masculino sobre lo femenino aparece bajo el signo que más puede identificar a la teleserie: el apellido del padre. Apellido que es, a la vez, representado por los demás miembros de la familia de Diego, que son todos hombres.

La dicotomía masculino/femenino queda establecida desde el planteamiento de la serie y, a lo largo de los capítulos, se va desarrollando en la convivencia de los personajes bajo un mismo techo y va estructurando el choque de las dos «culturas», generando una guerra de sexos no sólo entre los más jóvenes de la familia sino incluso entre los adultos. Esta dicotomización de los personajes en razón de su género contribuye a una representación de los personajes en función de determinadas características consideradas tradicionalmente femeninas, (tales como la sentimentalidad y la neurosis en las mujeres), o masculinas (la fortaleza y la virilidad en los hombres). Frente a otras series que establecen una cierta parodia de la masculinidad (tales como «Aquí no hay quien viva»), en «Los Serrano» (serie dirigida fundamentalmente a un público juvenil) se retoma la figura masculina para contrarrestar la «feminización» que se está produciendo actualmente en nuestra sociedad. Un elemento que aparece fuertemente marcado tanto en esta serie como en «Los hombres de Paco» o «Mis adorables vecinos » es el tema de la «solidaridad masculina», es decir, la camaradería entre hombres y la dificultad de comunicación en relación con las mujeres. Podemos señalar que uno de los rasgos de la sociedad patriarcal es considerar la dicotomía como una característica profunda que separa a hombres y mujeres, que los discrimina en dos «clases», configurándolos como «diferentes aunque complementarios». Es, precisamente, este tipo de discurso el que se suele manejar en las series mencionadas como un rasgo propio de la «guerra de sexos». La «guerra de sexos» consiste en un recurso cómico, ya tradicional, para afrontar las diferencias culturales entre hombres y mujeres. La propuesta de las teleseries ha sido la de proponer la «guerra de sexos» como único recurso posible para la comunicación entre ambos géneros. Se agudiza la dicotomía entre los géneros como una manera no sólo de clasificarlos, sino como una forma relacional que se ve con naturalidad.

En este sentido, las identificaciones de género tienden a ser unidireccionales, esto es, a proponer masculinidades y feminidades uniformadas y lineales. Para ello, la representación de las relaciones entre los hombres se propone como un lugar propicio para establecer una especie de «exaltación de la masculinidad», frente a las relaciones entre las mujeres, donde se exalta el lado opuesto, «la feminidad». El choque, por tanto, entre ambos tipos de discursos y prácticas es lo que genera la «guerra de sexos» y lo que da lugar a que cada género hable del otro partiendo de una visión prejuiciosa y estereotipada. De esta manera, los tándems formados por Diego/Fiti y Lucía/Candela en «Los Serrano», revela hasta qué punto esto se da en la serie como uno de los fundamentos básicos de la caracterización de las relaciones entre los personajes. Lo mismo sucede en otras series, tales como «Mis adorables vecinos» o «El Comisario». En la primera de ellas, cuyo tema principal es el acceso de los nuevos ricos, procedentes de la clase trabajadora, a los espacios ocupados tradicionalmente por la burguesía, más importante incluso que la «procedencia social» de los personajes es el género al que pertenecen. De esta forma, el tándem formado por los maridos, pese a su distinto origen social y cultural, se comprende entre ellos mejor que con sus mujeres sólo por el hecho de ser hombres. Lo mismo sucede con el tándem de sus esposas.

Pero, en esta dicotomización hombre/mujer se puede observar, sin embargo, que la «camaradería masculina » tiene sus límites, unos límites impuestos por el paradigma heterosexual que caracteriza a estas series. De esta manera, el miedo a la homosexualidad se ve reflejado en numerosos capítulos (sobre todo en «Los Serrano» y «Mis adorables vecinos»), en que los hombres ridiculizan actitudes consideradas femeninas y en los que se establece un discurso de tintes homófobos. De esta manera podemos ver cómo Diego, en uno de los capítulos de «Los Serrano», se encoleriza y riñe a su hijo menor por haberse vestido con ropas femeninas. En «Mis adorables vecinos» se dedican varios capítulos monográficos al tema de la homosexualidad, tema que, por otra parte, se encuentra siempre presente como amenaza para la integridad masculina de los protagonistas. A través del humor, se presenta la «feminización» de lo masculino como un «inquietante» síntoma de la homosexualidad en los hombres de la serie. Así, cualquier conducta que se considere tradicionalmente femenina es representada en las series como algo que aparta a los hombres de su supuesta «naturaleza» masculina.

Así, el acercamiento afectivo entre los personajes masculinos siempre es interpretado como un indicio de su posible homosexualidad. Son numerosas las ocasiones en que los personajes masculinos hacen gala de su «hombría» para no despertar la sospecha de sus mujeres. Encontramos muchos ejemplos donde, bien a través de la palabra o a través de su comportamiento, los personajes masculinos exhiben su masculinidad con orgullo para sortear la «amenaza homosexual». Por tanto, a través del equívoco, en las series cómicas suele utilizarse el recurso del humor para provocar hilaridad acerca de la posible homosexualidad de los hombres. Al contrario sucede con la amistad entre las mujeres, cuya afectividad suele plantearse como más «natural» al entenderse que la sensibilidad es un rasgo típicamente femenino.

3. Para finalizar

Las series de televisión que hemos analizado, y que han supuesto una parte muy importante del consumo cultural de los jóvenes en nuestro país, plantean una representación de los géneros dicotomizada y estereotípica.

Pese a su aparente pátina de modernidad, desenfado, inocuidad, frescura o incluso transgresión en algunos casos, en lo referente al género estos productos culturales siguen siendo portadores de discursos que reproducen la desigualdad en la representación de lo femenino y lo masculino, a través de la transmisión de estereotipos de género tanto en el ámbito laboral o público como personal o privado. Representaciones estereotipadas que actúan como modelos de desigualdad para la construcción de identidad de género de sus jóvenes espectadores, y que, dado el poder como agente socializador y fuente de educación informal de la televisión, contribuyen al mantenimiento de la desigualdad de género en el plano de «lo real». Una deconstrucción y análisis crítico de los discursos televisivos (y culturales en general), una «alfabetización audiovisual » que enseñara a reflexionar sobre el carácter construido y retórico de los productos mediáticos, y un enfoque desde el género y la coeducación tanto en los ámbitos familiares como escolares, podrían ser buenos aliados contra la desigualdad.

Referencias

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