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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

Enseñar desde la escuela y la familia a ver TV

Teaching to watch family from the school and the family

https://doi.org/10.3916/c31-2008-03-004

Francisco Pavón-Rabasco

Abstract

En España se calcula que un alumno de Primaria o Secundaria Obligatoria pasa en clase 900 horas y entre 1500 y 2000 frente al televisor. Si educar exige preparar a la ciudadanía para integrarse de una manera reflexiva y crítica en la sociedad, ¿cómo se integrarán unos ciudadanos que no están preparados para realizar de manera crítica aquella actividad a la que dedican más horas? El presente documento se estructura en dos partes: una primera donde se analizan los efectos de la TV que se tiene en la sociedad que vivimos, en la niñez y juventud y las posibles ideas que podrían servir para enseñar a ver TV. En una segunda, se describe algunas líneas de actuación en escuelas y familias que provoquen un aprendizaje en el visionado de la TV.

This paper presents some ideas about how the author sees the current television in Spain. It has been calculated that today in Spain one student of Primary or Secondary school spends about 900 hours in class and between 1500 and 2000 in front of the TV. The author develops some audiovisual, academic activities that teachers could do with students in order to improve their abilities to watch television from a critical point of view.

Keywords

Educación en medios, renovación, programas educativos, manipulación, elaboración de materiales didácticos

Media education, competences, autonomy, communication, media literacy

Archivo PDF español

La cultura mediática tiene mucha influencia en el mundo fluctuante y relativo en que vivimos, donde no hay un único punto de luz sino que las jerarquías se derrumban y, en el maremagnum de las opiniones (Villanueva, 2004), hemos pasado de la búsqueda de valores seguros, de toda la vida, reconocidos… a funcionar por tanteo o casi por intuición; en convertir la experimentación en sustituto de la tradición. Es como si el universo volviera a nacer con cada uno de nosotros y todos quisiéramos vivir intensamente por nuestra cuenta, sin admitir la experiencia previa de nuestros mayores. En este escenario, tiene más in fluencia la expresión dicha en TV «leer es un rollo y me aburre soberanamente» por una joven cantante de éxito (hasta hace poco aprendiz de peluquera), que los resultados de una investigación expuestos en un periódico o revista científica por un catedrático.

Según el Anuario de Audiencias de Televisión (2006), el consumo de televisión aumenta con la edad y oscila entre unos 159 minutos para niños de 4 a 12 años hasta los 302 minutos de los mayores de 65 años. Teniendo en cuenta los fines de semana y las vacaciones, los estudiantes pasan más tiempo viendo la televisión que en las aulas. En España se calcula que un alumno de Primaria o Secundaria Obligatoria pasa en clase 900 horas y entre 1500 y 2000 frente al televisor. Si educar exige preparar a la ciudadanía para integrarse de una manera reflexiva y crítica en la sociedad, ¿cómo se integrarán unos ciudadanos que no están preparados para realizar de manera crítica aquella actividad a la que dedican más horas? (Contreras, 1998).

Al plantearnos reflexionar sobre estos conceptos y presentar algunas líneas que sirvan de introducción, nos hemos fijado en dos perspectivas desde las cuales enfocar nuestras ideas. La primera, hace referencia a la TV en sí, su influencia y los programas que en ella se presentan. La segunda parte del documento tiene como objetivo centrarnos en las actividades de formación del alumnado y quizás con la colaboración de padres y madres, que podrí- an tener, entre otros, el fin de aprender a autogestionar el modo y la cantidad de TV que queremos ver.

1. La TV que tenemos

La posibilidad de ver La TV que tenemos consideramos que no promueve una transmisión de la cultura, sino que está dirigida por unos intereses económicos, políticos e ideológicos y que con un carácter cada vez más monopolístico, provoca el que nunca tantos hayan sido influenciados por tan pocos.

En el mensaje o masaje televisivo del momento todo tiene cabida en un plano de igualdad, se abunda en lo superficial y nos conduce a un relativismo moral donde «todo vale». La TV que socializa a través de gestos, de climas afectivos, de tonalidades de voz… promueve especialmente en la ciudadanía más joven, creencias, emociones y adhesiones totales. Este es el sistema educativo permanente en el que crecen nuestros hijos y no cabe duda que produce en ellos grandes transformaciones de la escala de valores, ideas, hábitos y sensibilidades, mediante aprendizajes no reglados que se asimilan inconsciente o casi subliminalmente. Un modelo educativo que no es patente, no es discutido, filtrado, regulado por ninguna institución social, sancionado por nadie, sino que está únicamente determinado por la lógica del mercado, por la tiranía de las audiencias y las encuestas no expresan lo que la gente quiere ver sino lo que la gente ve. Frente a ella, la TV que reclamamos deberá tener una programación que respete la intimidad y la dignidad de la persona, sus creencias y convicciones morales y /o religiosas y que se eviten las extralimitaciones actuales que refugiándose bajo el paraguas de la libertad de expresión, pervierten su sentido. Esa televisión es la primera escuela del niño donde recibe su impronta educacional en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver, y el infante que es como una esponja, registra y absorbe sin seleccionar ni analizar, todo lo que aparece en la pantalla, ya que no posee aún capacidad de discriminación (Jiménez Correa, 2000 ).

2. La familia y la escuela como espacios donde enseñar a ver TV

En nuestros días la mayor parte de la información no circula ya por las redes educativas convencionales y esto hace que la escuela necesite renovarse para conseguir su propia supervivencia. Esa primera competencia que le surge a la escuela tiene que ver con la enseñanza de las habilidades que nos permiten ser capaces de seleccionar, analizar y criticar los contenidos de los nuevos canales de circulación de la información (García Matilla, 1999).

Resulta prioritario conocer cómo afectan a los niños, niñas y jóvenes los mensajes provenientes de los medios de comunicación pero investigaciones recientes ya apuntan que los pequeños que ven más televisión tienen menos posibilidades de ser universitarios. Tres estudios independientes coinciden en relacionar este hábito en la edad más temprana con el fracaso escolar a largo plazo. En la investigación a que nos referimos, se ha observado la evolución de más de un millar de personas durante sus primeros treinta años de vida y los resultados eran claros: aquellos que habían pasado más tiempo frente a la televisión durante la infancia tenían menos probabilidades de obtener un título universitario. El periodo que se relacionó más directamente con los fallos estudiantiles era entre las edades de 5 a 15 años. En la Universidad de Washington se acotó el daño a las edades de 6 y 7 años donde los niños que veían más televisión evidenciaban problemas con las matemáticas, la comprensión lectora o los exámenes tipo test.

El hogar es el espacio donde se consume habitualmente la televisión por lo que la familia ha de facilitar un contexto adecuado de visionado y aprender a servirse de ella en lugar de estar a su servicio. A la escuela le corresponde la principal responsabilidad formativa y debería realizarla no solamente con los estudiantes sino también con los padres y madres. Los progenitores reconocen tener necesidades formativas en este campo y que sólo el conocimiento les reportará los criterios razonables y coherentes de actuación, pues frecuentemente el no saber qué hacer suele desembocar en el «dejar hacer». Trabajar con las AMPAS (Asociaciones de Madres y padres de Alumnos) les permitirá cambiar la actitud frente al televisor y ofrecer un modelo a imitar por sus hijos.

Por otro lado, hemos de señalar que la utilización didáctica de la televisión en la enseñanza tiene múltiples propuestas de uso (Aguaded, 1993), alguna de las cuales comentaremos a continuación: vídeos didácticos, estudio del medio, ver y analizar programas de televisión en conjunción con las parcelas curriculares o interdisciplinares, análisis creativo de los mensajes, recreaciones del medio (cambio de bandas sonoras o visuales, alteraciones de secuencias...), producción de nuestros propios programas, etc. Así, podemos trabajar desde el centro escolar ofreciendo a docentes, padres y estudiantes algunas posibilidades de explotación didáctica de la televisión:

• Visionado didáctico de programas televisivos. Una forma de utilizar la TV o programas grabados de la misma, estaría relacionada con los temas que aborda, pues podría servirnos para motivar una reflexión complementaria a los contenidos del currículo educativo o como una manera de consolidar contenidos trabajados anteriormente. Usaríamos una metodología pedagógica activa que incluya una fase de previsionado, informativa y reflexiva y una etapa de postvisionado, de carácter coloquial, lúdico, analítico y muy práctico y participativo.

• Estudio del medio. Otra forma didáctica de trabajar la TV es alimentando curiosidades de los alumnos a través del descubrimiento de los mecanismos internos y de todo el proceso de producción. Igual que el lenguaje escrito contiene reglas que le dan su propia estructura, el lenguaje audiovisual de la TV contiene las suyas que pueden ser desmitificadas a través del estudio de sus elementos significativos tales como secuencias, diálogos, cortes, encuadre, angulación, movimientos de cámara, sonidos…. pero todo presentado como algo realmente sorprendente que nos permitirá ver la TV de otra manera.

• Análisis crítico de los mensajes televisivos. Como hemos comentado con anterioridad, los niños se sienten invadidos de imágenes procedentes de multitud de medios A/Vs y digitales que hace indispensable comenzar por educarlos para un consumo planificado y comedido de los mismos. Otra forma de enseñar a ver TV es ver críticamente en la escuela espacios audiovisuales de carácter informativo, documentales, de ocio, incluso películas cinematográficas de calidad didáctica, que permita transformar a ese espectador en una persona más capaz de situarse frente a las pantallas con una actitud menos pasiva. «Sólo la cultura, la cultura crítica, el conocimiento de nuestro entorno, y los media que forman parte de él, pueden hacer que el sujeto humano no sea un mero objeto de sí mismo, de la técnica o del sistema» (Jiménez Correa, 2000:94). La actividad que se propone dentro de esta apartado favorece la reflexión y el estudio sobre el espectáculo audiovisual que se recibe a diario en las familias. El trabajo colaborativo en pequeños grupos, de programas informativos o de actualidad (que previamente hayan sido grabados para facilitar el visionado a la hora y en el lugar que se desee al igual que poder repetirlo cuantas veces sea necesario), puede ser un recurso excepcional para que los alumnos entiendan mejor los mensajes televisivos y, al mismo tiempo, puedan responder más conscientemente a sus estímulos.

• Conocimiento y recreación del medio. Consiste en manipular y jugar con las imágenes y sonidos, alterando su orden, insertando nuevas imágenes, cambiando la banda sonora, manipulaciones de las imágenes o de los mensajes publicitarios, permitiendo la alteración del significado anteriormente transmitido. Este tipo de actividades es un buen ejercicio para que el alumno pueda descubrir sus competencias para transmitir mensajes o contar historias a través de un proceso de montaje; es como darnos cuenta que al igual que sucede cuando cambiamos el orden de las palabras en una frase cambia su sentido, igual sucede con el lenguaje A/V.

• Elaboración de documentos propios. Son cada vez más el número de personas y familias que disponen de cámaras de vídeo y por tanto del recurso capaz de ayudarle a comunicarse mediante un nuevo lenguaje, esto nos debe de motivar para el estudio de su historia, su tecnología, su impacto social, su futuro... También puede servirnos para que los propios alumnos puedan elaborar sus mensajes audiovisuales. Los alumnos crean sus propias historias o elaboran el programa de TV. El objetivo no consiste en que los estudiantes se conviertan en realizadores o profesionales del medio, pero sí que aprendan a comunicar a través de un nuevo lenguaje ideas, sentimientos, a contar historias o a dar noticias… Siguiendo todas las fases (guionización literaria y técnica, planificación, representación de roles mediante actores, grabación, edición y sonorización) que permitan a los alumnos descubrir un fabuloso mundo creativo en el que los contenidos curriculares se mezclan, como en la vida. La labor de los profesores es básicamente orientar y sistematizar todo el proceso desde una óptica didáctica y constructiva.

• Emisora de televisión local. A partir de una adecuada planificación didáctica que parta de las necesidades reales de los alumnos y del entorno social, se puede plantear la posibilidad de colaboración con alguna televisión local.

Generalmente la falta de espacios que completen toda la parrilla y el disponer ya de la infraestructura necesaria, son puertas abiertas que pueden permitir al colegio interrelacionar todo el contexto educativo, con la comunidad.

Todas estas propuestas deben ser siempre analizadas y responder a objetivos pedagógicos muy definidos, pues la práctica ha demostrado que, en el contacto con los medios tecnológicos, se sucumbe fácilmente a su magia pasando a segundo término el proceso de aprendizaje de los alumnos (Aguaded, 1997). La televisión ofrece pues, múltiples posibilidades de desarrollo en el aula, que no deben convertirse, sin más, en un aumento de las ya excesivas horas de televisión que la mayoría de los alumnos soportan a diario, sino más bien una vía para que descubran este nuevo lenguaje de expresión, este novedoso código que sirve de vehículo y fuente de información para los futuros ciudadanos.

Referencias

Contreras, M. (1998): «Familia, televisión y escuela: una propuesta de acción participativa», en Comunicar, 10; 69-75.

García Matilla, A. (1999): «Escuela, televisión y valores democráticos», en Comunicar, 13; 107-110.

Jiménez Correa, A. (2000): «La transmisión de los valores y la televisión» en Comunicar, 14; 89-96.

Villanueva, A. (2004): «Vida digital y posmodernidad. Entre lo uno y lo múltiple» en Comunicación y Pedagogía 197; 15-18. Barcelona, Centro de Comunicación y Pedagogía.