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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

¿«Tele-educativa» o «tele-niñera»?: actitudes ante la TV actual

Educative TV or TV-sitter?: attitudes towards the current TV

https://doi.org/10.3916/c31-2008-03-029

Alejandro Ruiz-Trujillo

Rosa-Ángela Vázquez-Romero

Abstract

La televisión forma parte de nuestra vida diaria. Se ha convertido con el tiempo en «uno más de la familia» y no concebimos nuestros hogares sin una, dos o incluso varios aparatos de televisión. Esta situación de privilegio en nuestras familias puede llegar a convertirse en un arma de doble filo: dependiendo del uso que se le dé puede condicionar el desarrollo de las personas, pudiendo manipular los más pequeños si no se emplea de un modo correcto. Es tarea de todos -familia, escuela y sociedad en general- colaborar para poder concienciar sobre el uso de la televisión de una manera crítica y responsable a todos los espectadores y en especial al colectivo más vulnerables, los niños. Y es que no podemos limitarnos a utilizar este medio de comunicación de una manera pasiva, sino de manera dinámica y activa.

Television is an important part of our daily life. TV has become «one of the family» and we cannot imagine our homes without one, two or even several TV sets. This situation of privilege in our families may turn into a double-edged sword: depending on the use given it may determine the people development and even manipulate the youngest ones if it is not used correctly. Making all the viewers –and especially the most vulnerable ones, the children- aware of the need for the use of TV from a critical and responsible point of view is a common task for all of us, family, school and society. And the fact is that we cannot only use the media passively, but in a dynamic and active way.

Keywords

Televisión, educación, niñera, ocio, crítica, familia

Television, education, babysitter, entertainment, criticism, family

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Los medios de comunicación sin lugar a dudas han experimentado una evolución a lo largo del siglo XX muy significativa. En el caso concreto de la televisión ha sido tan grande y decisivo que, con absoluta seguridad, no podemos concebir en nuestra sociedad moderna un hogar sin un aparato –o, incluso, dos– de televisión; de ser un artículo de lujo allá por los años 50 ha pasado a convertirse en un objeto «necesario» en nuestra vida cotidiana; incluso de poder sintonizar «medio regularmente» dos emisoras en blanco y negro se ha pasado a emitir a todo lujo de colores y alta definición multitud de canales gracias a las nuevas plataformas televisivas, como el satélite, digital terrestre, cable e incluso televisión por Internet –televisión a la carta– gracias al uso de la banda ancha. Es más, la situación estratégica que, desde su aparición, tiene el aparato receptor de televisión es, como norma general, el centro del salón o comedor; toda la vida familiar gira, de un modo u otro, en torno a ella.

Es un hecho claro y objetivo esto que hemos comentado; han aparecido gran cantidad de canales de televisión derivados de la variedad de plataformas de emisión. Hemos pasado de una situación de tener reducidos canales a varios centenares de ellos, en los que existe una gran variedad de temáticas, dirigidas a, prácticamente, toda la población. Nos encontramos, así, canales ofertados para niños con pocos años de edad, jóvenes y adolescentes, adultos, ancianos, distintos colectivos sociales como amas de casa, profesionales… Existe algún programa o canal que alguna persona puede ver según su actividad profesional o estatus social. En nuestro caso, podemos encontrar para los niños numerosos programas y canales dirigidos exclusivamente a ellos. Aún recordamos con nostalgia cuando se aprobó en TVE la emisión de algunos dibujos animados en torno a las siete de la mañana «para motivar a los niños en su despertar e ir al colegio con mayor concentración y alegría»; de 1 ó 2 dibujos animados de 5 minutos de duración cada uno, se ha pasado a emitir dibujos animados o series juveniles durante varias horas en este horario –antes de acudir al colegio o instituto– en las emisoras nacionales o 24 horas en los canales de pago.

Nuestros niños pueden acceder a multitud de canales y programas pero… ¿qué ven exactamente nuestros hijos? ¿Qué contenidos están asimilando o adoctrinando su pensamiento? ¿Elegimos qué ven nuestros pequeños o encendemos sin otro argumento el aparato de televisión? Sin duda alguna la mayor parte del tiempo que pasan a lo largo del día frente a la pantalla es de carácter lúdico. ¿Cómo puede ser posible que lo que ocupa tantas horas en las actividades lúdicas de los niños no esté supervisado? ¿Por qué está tan distante lo que ven de su formación en la escuela? ¿Por qué se utiliza la televisión como mera distracción de los niños mientras los padres realizan sus actividades y no se atiende al carácter educativo y formativo de los niños?

1. Divorcio entre escuela, familia y televisión

Los pilares de la educación son la familia y la escuela. Si en el seno familiar no se enseña a ver televisión desde un punto de vista no sólo lúdico sino también educativo… ¿qué hace la escuela a este respecto? Es significativo comprobar que, a pesar de la importancia que la televisión tiene en nuestras vidas, no existe una materia específica que aborde este tema en la escuela. Ni tan siquiera encontramos una «educación en medios de comunicación» con suficiente entidad en sí misma en la que se aborde esta temática. Los mismos maestros se encuentran desbordados ante la enseñanza de las materias «tradicionales» como matemáticas, lengua española o conocimiento del medio. No les da tiempo a «dar el temario» de estas asignaturas así que, si estuviera planificado algún tiempo para abordar este tema, en la práctica se utiliza para otras materias que están atrasadas.

Llegados a este punto nos impresiona que no haya una correspondencia entre la importancia que tiene en nuestras vidas la televisión, lo que modela los pensamientos y actitudes de los niños y la poca o nula atención que a este aspecto se le da en la escuela y en la familia. Es tan importante la influencia de la televisión que podríamos hacer una analogía con el refrán «dime con quién andas y te diré quién eres»: «dime qué ves y te diré quién eres». Queramos o no, la televisión adoctrina a los que la ven, especialmente a los pequeños y jóvenes, ya que de un modo u otro asimilan y extrapolan lo que ven a su vida cotidiana. Basta con mirar las campañas publicitarias dirigidas a ellos en las que se les crea la necesidad de tener algo, de necesitar un producto. Si en algo tan básico como el consumismo los niños –y no tan niños– se «dejan llevar» por lo que ven… ¿no será más voraz y «efectivo» que un niño asuma, por ejemplo, una ideología concreta viendo contenidos de una emisora con un determinado signo político?

Nos parece interesante indicar –tal como sugiere Aguaded (2005: 52-53)– algunas propuestas que son necesarias tener en cuenta para intentar armonizar la relación escuela-familia-televisión, ya que «parece cada vez más urgente la necesidad de desarrollar la ‘competencia televisiva’ en los alumnos/as por ser un período clave en el afianzamiento de las operaciones formales y la capacidad para el desarrollo autónomo y enjuiciamiento crítico» partiendo del desarrollo de políticas –por parte de todas las administraciones educativas– de políticas globales y planificaciones, concretándose en:

• Planes de formación del profesorado para integrar de un modo real y efectivo la televisión en el currículum escolar no sólo como medio sino como fin en sí mismo para favorecer el desarrollo crítico.

• Sensiblización de padres, profesores y alumnos en la utilidad de enseñanza y aprendizaje de la televisión.

• Edición de materiales didácticos que faciliten a los docentes esta tarea para así también poder motivar al profesorado en su desarrollo: si no hay tiempo y no hay materiales, lo más fácil es ocupar la actividad en reforzar o ver nuevos conceptos de las distintas materias.

• Dotación de los medios necesarios para que se pueda llevar a cabo esta tarea.

• Implicación de los padres en la tarea educativa acerca de la televisión y formación de éstos cuando sea necesario.

2. Televisión lúdica vs televisión educativa

Efectivamente una de las finalidades de la televisión es su carácter de ocio y relax, desconectar un poco de la realidad cotidiana del individuo y relajarse disfrutando de lo que ve. Sería hipócrita por nuestra parte negarlo y no apoyarlo. La vida en muchas ocasiones resulta muy dura y la televisión es un elemento importante de distracción y evasión de las preocupaciones y problemas de uno mismo.

En cuanto a los niños constatamos que el uso que le dan a la televisión se ciñe –como norma general en la población–, lamentablemente, al ocio, a la diversión y lo que es peor, a «mantener entretenidos a los niños» ya que como afirma Gabelas (2005: 142), «lo audiovisual fascina, impacta. Es imagen, que tiene el poder de lo concreto, inmediato y gratificante […]. En el momento de percibir este estímulo, el sujeto siente la necesidad de implicarse, se activa su campo emocional». Por parte de los progenitores no existe una planificación previa sobre lo que ver; dejan ver televisión a los hijos cuando «están molestando en casa». Quién no ha observado la situación en la que, por ejemplo, al recibir en casa a una visita y los niños están formando el revuelo propio de los juegos de su edad, se les ha puesto la televisión con algún dibujo animado, serie o programa de su agrado, utilizando la televisión como «niñera» de los pequeños, manteniéndolos ocupados, incluso nos atreveríamos a decir hiptnotizados.

Desde aquí afirmamos que se pueden, sin duda alguna, compatibilizar ambos aspectos, lo lúdico y lo formativo de la televisión. El televidente no debe convertirse en un sujeto pasivo que traga con todo. Es ahí, en la actitud crítica frente a lo que percibimos, lo que hace participativos a los televidentes y lo convierte en uno de los filones a trabajar con los niños. No importa que lo que vean los niños sea únicamente de carácter lúdico (por ejemplo unos dibujos animados). Siempre es posible convertirlo en educativo participando de lo que retransmiten, emitiendo juicios críticos, valoraciones y dialogando con los niños acerca de lo que se ve.

3. Conclusiones: enseñar a utilizar la televisión

El consumo de la televisión es inevitable y no tiene por qué ser dañina. Además, nadie nos la impone y somos nosotros mismos quienes escogemos qué hacer con ella y el tiempo que le dedicamos. Y además forma parte de nuestra cultura, por lo que no conviene ignorarla, sino actuar de forma crítica e inteligente. Y sobre todo, con mucha prudencia cuando se trata de los más pequeños de la casa los que la consumen, para que no se conviertan en telespectadores pasivos y permisivos que se someten a cualquier programa televisivo y en franjas horarias fuera de las infantiles, pudiendo ocasionar trastornos en el horario destinado a ellos.

Tras un detenido análisis de todo lo dicho podemos llegar a recoger una serie de recomendaciones, como la de sensibilizar y concienciar a la población sobre el valor real de la televisión como medio de educación, información y recreación para la sociedad; dialogar e intercambiar con los diferentes medios televisivos; asesorar y orientar a padres y maestros sobre alternativas variadas y formativas en el uso del tiempo libre de los niños y los adolescentes; fortalecer los valores nacionales, culturales, educativos, artísticos, deportivos y sociales en los medios televisivos; fomentar en el entorno familiar el análisis y discusión guiada sobre los contenidos que ofrece la programación de la televisión, permitiendo de esta manera fomentar en el niño un sentido crítico adecuado para la formación de su personalidad y procurar al niño otras alternativas de entretenimiento, recreación e información que a su vez permitan el desarrollo de otras áreas; entre otras muchas. Es preciso aprender a usar la televisión, incluimos aquí parte del artículo de Merayo (1996) «diez sugerencias para disfrutar de la televisión»:

1) Protéjase: la televisión suele presidir el salón de la casa, centro de reunión de toda la familia. No tiene por qué ser así, puede estar en un mueble cerrada incluso bajo llave, para dificultar el acceso arbitrario de los más pequeños a ella. Así se podrían evitar consumos compulsivos y fomentar los planificados.

2) Seleccione con antelación: no se debe ver la televisión por verla, de modo pasivo. Utilice revistas para conocer la programación de antemano, lea distintas críticas para saber si el programa le conviene o no; incluso realice una selección de los programas que se van a ver en familia. Cuando no proceda ver la televisión, siempre hay alternativas más interesantes a esta.

3) Aprenda a utilizar el video: no hay que consumir indiscriminadamente todo lo que dan en televisión y por ello se deben tener siempre a mano alternativas buenos productos elegidos conscientemente.

4) No premie ni castigue con la TV: nunca se debe convertir a la televisión como motivo por el que obrar ni en objeto de deseo.

5) Aprenda a decir que no: si es necesario hay que prohibir. Hay que hacerlo sin miedo ya que no se coarta la libertad de sus hijos, del mismo modo que tampoco la coarta cuando le prohíbe beberse la lejía.

6) Introduzca filtros: es conveniente que los padres vean los programas con los hijos e introduzcan con sus breves comentarios filtros y contrapesos a lo que escuchan en televisión, educando su sentido crítico.

7) No crea que la televisión es un medio informativo, porque no lo es. Es un gran instrumento de entretenimiento y por eso se mueve en la lógica de la espectacularidad. Lo que no lo es, no tiene cabida en la televisión. La información en televisión es siempre brevísima, fragmentaria y superficial. No baja a las causas, no explica bien el por qué ocurren las cosas sino que muestra cómo suceden por medio de escuetas imágenes, siempre incompletas y parciales.

8) Hable con el colegio: los padres pueden influir en las escuelas de sus hijos para que impartan asignaturas específicas sobre los medios de comunicación de manera que también en el colegio los jóvenes aprendan a desarrollar su capacidad crítica, conozcan el funcionamiento y los condicionamientos de los medios y sean capaces de valorar por sí mismos la calidad de los programas.

9) La unión hace la fuerza: asóciese. Es ahí donde las audiencias adquieren poder de programación y capacidad real de influencia pues comienzan a hablar de igual a igual con los productores.

10) Dé ejemplo: el progenitor que llega a su casa cansado y se instala frente a la primera estupidez televisiva pierde la autoridad moral necesaria para exigir a sus hijos que en ese tiempo se dediquen a leer.

Referencias

Aguaded, J.I. (1998): Descubriendo la «caja mágica». Enseñamos y aprendemos a ver la tele. 2 tomos. Huelva, Grupo Comunicar.

Aguaded, J.I. (2000): Televisión y telespectadores. Huelva, Grupo Comunicar.

Aguaded, J.I. (2005): «Enseñar a ver la televisión: una apuesta necesaria y posible», en Revista Comunicar, 25. Huelva, Grupo Comunicar.

Gabelas, J.A. (2005): «Televisión y adolescentes, una mítica y controvertida relación» en Revista Comunicar, 25. Huelva, Grupo Comunicar.

Martínez, I. (2002): ¿Quién decide lo que ven tus niños? México, Par México.

Merayo, A. (1996): Curso Introducción a los Medios de Comunicación. Salamanca, UPS.

Muñoz, J.J. y Pedroso, L.M. (1996): La televisión y los niños. Salamanca, Librería Cervantes.