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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

La imagen: una oportunidad diaria para aprender

Image as a daily learning opportunity

https://doi.org/10.3916/c31-2008-03-050

Ángela Ubreva-Amor

Abstract

La imagen tiene que llegar a ser una vía básica para el conocimiento. Se propone la búsqueda en televisión de imágenes impactantes que ilustren y definan conceptos culturales y científicos. Se aportan itinerarios audiovisuales para el alumnado apoyados en la relación, palabra e imagen, y en las formas arquitectónicas que nos rodean: los edificios. Educar la mirada implica una educación en imágenes, una educación para aprender a ver y vivir la realidad.

Image must become a basic way towards knowledge. This paper proposes to search for shocking TV images that illustrate and define cultural and scientific concepts. Audiovisual itineraries for students are provided for students. They are based on the relationship between word and image, and the architectonic forms that surround us: buildings. Educating the sight implies an education through images, an education to learn how to see, and how to live the reality.

Keywords

TV, itinerarios audiovisuales, palabra e imagen, diccionario, formas, arquitecturas

TV, audiovisual itineraries, word and image, dictionary, forms, architectures

Archivo PDF español

La televisión puede llegar a constituir un elemento básico en el aprendizaje de numerosas disciplinas, como la historia, las ciencias, la literatura, el arte, etc.

En un futuro probablemente muy próximo, una de las formas de elaboración de la historia serán las imágenes. Recordemos un caso muy cercano: en fecha reciente se ha celebrado el treinta aniversario de las primeras elecciones democráticas en España. La aportación de la televisión a través de programas que conmemoraban el acontecimiento ha sido bastante intensa. Protagonistas de aquellos hechos que cambiaron el destino de nuestro país nos han transmitido la emoción de unas decisiones que han logrado trazar el diseño de un país democrático. Las imágenes de las primeras campañas electorales, las canciones, las «pegadas» de los primeros carteles, los coches desfilando con sus banderolas al viento, el vuelo de las octavillas como pájaros de papel, las primeras urnas, las manos, todavía tímidas, llevando a cabo la primera votación. ¡Tantas imágenes y todas tan cargadas de contenido, tan decisivas! Enseñar a verlas, a incorporarlas como material de enseñanza cotidiano, es parte de mi propuesta.

Podemos aprender a conocer el presente, si aportamos los códigos necesarios, a través de la información que día a día nos transmite televisión. El siguiente paso será la aproximación al pasado y probablemente resultará más accesible para los escolares y lograremos también recuperar el verdadero sentido del tiempo, un tanto dislocado en la percepción mediática.

La imagen posee una intensa capacidad de interrelación con el pensamiento. No lo ilustra, lo complementa, conduciendo al espectador por caminos de reflexión donde la imaginación actúa, logrando que la capacidad creadora del pensamiento se multiplique. Palabra e imagen se fusionan logrando un todo único que surge por la convergencia en un punto de diferentes disciplinas. Constituyen verdaderos itinerarios audiovisuales conducidos por la palabra.

Recordemos una ciudad, Nueva York, una fecha, 11 de septiembre de 2001, y una imagen, la destrucción y muerte de las Torres Gemelas. Una imagen que a todos nos acompañará siempre y que se instaló en todos los televisores del mundo. Todos los espectadores aprendimos desde el dolor que aquellas «Torres Gemelas» hechas pedazos, con su carga interminable de muerte, estaban cambiando la historia. El 11 de septiembre cambió las realidades y las percepciones. No sólo porque por primera vez tocaba a la superpotencia estadounidense dentro de su territorio y de una manera humillante y provocadora, sino porque imponía el espectro de una amenaza absoluta, aniquiladora, apocalíptica y totalmente imprevisible que tres años más tarde dejaría su carácter fantasmal para concretarse en una amarga realidad en España.

Aquellos que guardábamos en nuestro interior la imagen, tal vez borrosa por las lágrimas, de las «Torres Gemelas», supimos desde las primeras imágenes de «Atocha» que el atentado había sido perpetrado por los mismos asesinos del 11 de septiembre. Y en ambos casos la imagen de los trágicos hechos como único testimonio directo, como material de análisis, de reflexión, como triste legado de la memoria.

En ocasiones, como en Madrid, el 11 de marzo de 2004, la historia forja sus propias imágenes, y los acontecimientos puede que sean contados por la imagen de unas velas que posiblemente permanezcan encendidas, por unas rosas que no se han secado y por la de unos mensajes clavados sobre las paredes de unas estaciones, escenarios trágicos del suceso, y cuya tinta fue borrada por la lluvia.

Pero también la ciencia puede ser protagonista en televisión, como ocurrió con la celebración, del 22 al 30 de agosto del pasado año, por primera vez en España, del Congreso Internacional de Matemáticos. Dicho Congreso, celebrado cada cuatro años, desde 1897, decide las Medallas Fields, el equivalente a los Premios Nóbel de las Matemáticas. Los informativos de entonces cubrieron ampliamente el acontecimiento y el programa UNED emitió a través de «La 2» de TVE y del Canal Internacional, en su emisión semanal, de viernes, sábado y domingo, varios espacios dedicados al tema. Una oportunidad magnífica de difusión de la ciencia matemática que llegaba, gracias a la imagen en televisión, a un público mayoritario.

El cambio climático, las graves agresiones al medio ambiente (deforestación, avance de la desertización, la «fiebre de ladrillo» y tantos otros temas) aparecen, desgraciadamente con inusitada frecuencia, en imágenes de un indudable patetismo pero que reflejan perfectamente la realidad que estamos viviendo.

Imágenes clave del arte contemporáneo nos llegan a través de reportajes sobre exposiciones que nos muestran las coordenadas de la creación en nuestros días.

Los Premios Nóbel de cada año, o los Príncipes de Asturias, cuya difusión nos llega puntualmente a las pantallas de todos los televisores que pueblan nuestras casas, constituyen otra posibilidad de aproximación por medio del análisis de la imagen, a la Física, a la Química, a la Medicina, a la Literatura, a la defensa de la Paz, a la Economía.

Si desde las aulas se seleccionan aquellos programas que pueden resultar positivos y se pide al alumnado que los vea y elija la imagen o imágenes que más le hayan impactado y sobre esas imágenes el profesorado conduce a una reflexión o debate temático, la televisión adquirirá un sentido muy diferente y podría llegar a alcanzar una significación positiva en la educación.

Hemos de iniciar el camino desde la realidad que tenemos, es decir, desde la televisión que vemos y a partir de la misma proponer estrategias educativas. Por ejemplo, un programa de reciente emisión en la primera de TVE ha sido «Mira quién baila». Un programa muy bien hecho que si hubiera contado con un documental o pequeño informe que aportara una cierta historia bien argumentada sobre los bailes que se mostraban en el programa y en el contexto histórico y sociológico en el que a lo largo del tiempo se habían desarrollado, podría haber sido un programa que profundizara y nos ayudara en la adquisición de una cierta cultura musical de una forma muy amena y divertida. Se puede y se debe proponer el debate y la crítica ante los programas existentes, proponer modificaciones, forzar la creatividad de los alumnos y alumnas desde el interior, detectando las estructuras de diseño de los programas. Imaginación, e imagen son conceptos que tienen que ir unidos y la educación audiovisual debe partir desde dentro, desde un análisis que logre desmitificar la programación, hacerla familiar, próxima, y sobre todo objeto factible de modificación, necesitado de cambios que un espectador formado tiene derecho a exigir. Asumamos, de una vez por todas, la tarea de formar a este espectador o espectadora del momento presente, para que asuma una cierta responsabilidad en una televisión del futuro definida por su calidad.

Debemos creer en la imagen como vía del conocimiento del ser humano, como lenguaje universal que nos une, como potencia que nos enseña a mirar, a descubrir, a iniciar un aprendizaje similar al de las primeras letras pero con la diferencia de que está siempre presente, alertándonos, sorprendiéndonos…Y, por consiguiente, debemos creer en la televisión como posible agente educador de una importancia excepcional en nuestra sociedad contemporánea. Elaborar una perspectiva educacional que pueda contar con la televisión para el crecimiento racional de la persona, para su evolución positiva, y que utilice los instrumentos que le brinda la imagen para llevar a cabo dicha tarea. Para ello hemos de partir de una premisa muy sencilla: televisión no es el lobo feroz y, sobre todo, «¿quién teme al lobo feroz?»…

1. Palabra e imagen

Necesitamos adquirir unos hábitos de aprendizaje donde la palabra y la imagen se relacionen de tal forma que el resultado sea el logro de educar la mirada. Propongo utilizar para ello dos instrumentos que aparentemente no guardan relación pero que van a colaborar estrechamente para lograr que el alumnado inicie una nueva vía de conocimiento: el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia y un aparato de televisión de los que habitan en los hogares de nuestra geografía.

El Diccionario contiene palabras. Las palabras no se pierden o deterioran con el tiempo, no se decoloran, no envejecen, poseen la virtud de llegar intactas hasta nosotros. Pero eso sí, carecen de espacios de exhibición; ni siquiera existen museos que las alberguen, que las guarden, que las preserven, que las vayan poniendo en contacto con las diferentes generaciones. Probablemente ha llegado el momento de construir un espacio para guardar y mostrar las palabras. ¿Cabe una pérdida mayor que la pérdida u olvido de cualquier porción del lenguaje?

La televisión contiene imágenes. La imagen se pierde y se deteriora, el tiempo es su mayor enemigo, su vida es muy corta; sólo si logramos apresarlas y grabarlas en nuestro interior o en un buen soporte (la memoria puede serlo) conseguiremos que la imagen viva durante largo tiempo.

¿Qué ocurriría si ponemos en contacto ambos elementos, diccionario y televisión, o lo que es lo mismo, palabra e imagen? Las palabras son núcleos sonoros de potente arquitectura visual, capaces de crear determinadas atmósferas. Cada imagen y sonido de la palabra recrea un universo cultural. Cada palabra, un tiempo, una determinada historia.

La palabra es un instrumento tan cotidiano y accesible como los anuncios y el telediario, es decir como la propia imagen, y como ésta, también constituye una oferta diaria para el aprendizaje. Aprender a mirar es también aprender a escuchar, aprender en definitiva a aproximarnos a la realidad que debe actuar como elemento nutriente, básico en nuestra formación. El habitante de nuestra contemporaneidad ha aprendido a pensar en imágenes, y esta circunstancia puede llegar a ser una gran oportunidad o vía del conocimiento.

Si abrimos el diccionario por la letra A y buscamos una palabra al azar, abanico, por ejemplo, y reflexionamos tratando de crear imágenes cargadas de contenido, que sean capaces por sí solas de narrar, que tengan el valor de los antiguos murales, de las viejas inscripciones legadas a través de los siglos, podemos crear auténticos itinerarios audiovisuales que nos guíen en su búsqueda dentro del entramado de la programación televisiva.

1.1. Abanico

El término abanico se origina a partir de la voz «abano», denominación portuguesa derivada de abanar, aventar. Procede del latín «vannum», que significa criba.

Si nos detenemos a reflexionar un momento, veremos que, en efecto, un abanico, a lo largo de siglos de historia, ha podido actuar a modo de criba, aventando risas, mensajes secretos, códigos cifrados, llegando a construir un lenguaje propio en una época en la que palabras y sentimientos estaban destinados a la ocultación.

Un abanico puede ser el origen de un drama o de una brillante comedia. Basta recordar a Oscar Wilde y su magnífica obra «El abanico de Lady Windermere». También puede quedar para la posteridad suavemente suspendido por las nacaradas manos de una dama, entre los límites de un vestido y de un cuadro.

El abanico, como el pañuelo, constituye un recurso pictórico, lleno de sutileza, destinado a ocupar con gracia las delicadas manos de la figura retratada.

El abanico dentro del cuadro va desplegándose a través de los siglos, y ya en el diecinueve aparece con un cierto impulso de coquetería en una muestra de la pintura romántica que se conserva en el Museo del Prado. Su autor, Federico de Madrazo, no sólo inmortalizó a la Condesa de Vilches y a su abanico de plumas, sino que logró uno de los mejores retratos de su tiempo.

El abanico implica una forma determinada y como tal forma aparece en arquitectura disponiendo los nervios de un tipo de bóveda que semeja también una palmera o palma, cuyo trazo, o vuelo, es similar al del abanico.

La palabra abanico sirve también para denominar un repertorio de ideas o posibilidades que se extienden ante nosotros con un cierto matiz de esperanza. Por algo se utiliza con frecuencia la frase: «un abanico de soluciones». Y en el mar o la mar, existe un tipo de vela, compuesta por lienzos cortados al sesgo y arracimados en un puño por su parte más estrecha. El abanico consigue crear el aire en estancias cerradas, un tanto asfixiantes y claustrofóbicas. Ese soplo fresco que surge de repente es una brisa vivificadora, un fragmento de libertad muy cercano y próximo.

1.2. Autómata

La palabra autómata procede de voces latina y griega que designan una máquina que se mueve por sí misma. Por otro lado, «automacia», que interviene en la elaboración del término, era la diosa romana que regulaba los acontecimientos a su voluntad. En la actualidad, se dice que una persona es autómata cuando su personalidad es tan débil que se deja dirigir por otra sin oponer la mínima resistencia, sin siquiera, discutir un poco.

Pero los autómatas de verdad son máquinas que imitan la figura y los movimientos de un ser animado. Desde muy antiguo, estas extrañas criaturas son motivadas por una fuente de energía interior que acciona un mecanismo ingeniosamente combinado, que permite imitar los movimientos de los seres animados.

Existen referencias a famosos autómatas, muchos desaparecidos y otros celosamente custodiados en museos y colecciones privadas.

Resulta indudable la fascinación que en todos ejerce esa pequeña bailarina que se mueve a los acordes de una caja de música. O el estruendo que organiza un peluche con los platillos. O el Cu-Cu, traspasando de forma sorpresiva las puertas del reloj que lo mantenía encerrado.

La pretensión de imitar no sólo los movimientos sino también las funciones de los humanos condujo a la creación de un autómata que tuvo durante mucho tiempo intrigada a la opinión. «El Jugador de Ajedrez», de Kempelen, consistía en una especie de caja con un tablero encima, ante el cual el autómata movía las piezas frente a un contrincante humano. El autómata ganaba siempre y acabó por descubrirse que jugaba alguien encerrado en la caja.

Ahora, el ordenador ha resuelto el dilema sin necesidad de encerrar tras su pantalla a algún famoso ajedrecista. Probemos a jugar una partida con él y veremos cómo nos da jaque mate en cualquier momento.

1.3. Escalera

La palabra escalera se origina a partir de la voz latina «scalaria» que significa peldaños. La pirámide egipcia, lo mismo que el legendario Zigurat en Mesopotamia, se construyeron siguiendo el concepto de torre escalonada. Eran monumentos religiosos, templos dedicados a la veneración de los dioses. En Egipto, el faraón poseía carácter divino, y era enterrado en el centro de la pirámide. Los Mayas, una de las más altas civilizaciones pertenecientes al mesolítico en América, levantaron espléndidos templos en forma piramidal. En Tikal, ciudad que se hallaba en el corazón de la jungla de Guatemala, se alza el Templo del Jaguar Gigante, al cual se accede por una espectacular escalera exterior. La arquitectura contemporánea se ha inspirado en numerosas ocasiones en este tipo de construcciones, aunque evidentemente para usos muy diferentes.

Más adelante, en plena civilización cristiana, la Biblia nos habla en el Génesis, de la Escala o Escalera de Jacob, el patriarca hebreo que sueña con una escalera que llegaba hasta el cielo. Unos ángeles subían y descendían a lo largo de ella, y al mismo tiempo, Jacob recibía el mensaje divino de que su descendencia sería tan numerosa como los granos de polvo de la tierra. Y será otra historia sobre una escalera la que inicie la recuperación del teatro en España en los años oscuros de la posguerra. El 14 de octubre de 1949, Antonio Buero Vallejo estrenaba en el Teatro Español de Madrid, «Historia de una Escalera», obra con la que obtuvo el Premio Lope de Vega y pasó a formar parte, con todos los honores, de nuestra literatura. Existen escaleras de todos los estilos y tamaños, con fines muy diversos, desde apagar un fuego a coger algo que se colocó estratégicamente encima de un armario…Pero la escalera que ofrece una trayectoria más densa y unas formas más fascinantes, debido a su estructura helicoidal, es la escalera de caracol, auténtico elemento no sólo arquitectónico sino cinematográfico.

Hay escaleras de palacio que evocan salidas lentas y solemnes, y «chismes de escalera», relatados a media voz y en el descansillo. Y por último, el azar nos depara, a través de una partida de póker, toda una escalera de color.

1.4. Fundición

La palabra, fundición, es la acción y efecto que se origina a partir del verbo, fundir. Término de origen latino, «fundere», significa derretir y liquidar los metales en otros cuerpos. La fundición es un proceso de fusión y purificación de los metales.

Practicada desde la más remota antigüedad no llegó a ser una gran industria hasta la llegada de las máquinas y el desarrollo de la construcción mecánica.

La idea de colar los metales líquidos, por la acción del calor, en moldes, para obtener objetos variados, se remonta a la Edad del Bronce. Durante siglos se obtuvieron estatuas, armas, campanas, vasos… Al principio las piezas fundidas fueron obras macizas, y sólo cuando ya había evolucionado la técnica se consiguió realizar piezas huecas. Las primeras fundiciones de tipo industrial fueron de carácter bélico. Fábricas de cañones, que comenzaron a surgir a finales del siglo XVIII. Los grandes progresos del maquinismo y de la metalurgia hicieron que el proceso de fundición industrial consiguiera cada vez mayores logros. Fabricación de piezas destinadas a la construcción de motores, herramientas, automóviles y aviones, tanto en hierro como en acero, bronce o aleaciones ligeras. El concepto «fundir» y por añadidura «fundición» se emplea en la actualidad como sinónimo de quiebra, «Manolo se ha fundido el negocio». La fundición de metales, sea cual sea su destino, entraña un proceso de recreación. Corrobora uno de los principios fundamentales de la física: Nada se crea ni se destruye, únicamente se transforma.

1.5. Marfil

La palabra marfil procede del árabe, «aznal-fil», el hueso del elefante.

Es una materia dura que llega a adquirir al ser tratada una suavidad y tonalidades verdaderamente admirables.

Se obtiene de los colmillos e incisivos de algunos mamíferos como la morsa, el narval, el hipopótamo… pero sobre todo de elefante.

El marfil constituye un preciado tesoro desde la Prehistoria. Se utilizó entonces para esculpir figurillas femeninas de carácter mágico. En el antiguo Egipto se reservaba para la confección del mobiliario de lujo, objetos de tocador y de adorno personal. La talla del marfil ha continuado a través de los siglos, llegando a producir auténticas obras de arte. El marfil evoca un mundo de intrépidos personajes que luchan por encontrar los cementerios donde los elefantes se ocultan para aguardar la muerte. De cazadores sin escrúpulos que abaten sin piedad a este milenario superviviente. El animal de mayores dimensiones de la naturaleza.

Estos siniestros personajes no pertenecen exclusivamente al cine. En el mundo real, el elefante se encuentra en peligro de extinción. El marfil verde, el que se obtiene de un elefante que acaba de morir, es el más valioso, el que alcanza un precio infinitamente superior al marfil muerto, que procede de un animal fallecido hace tiempo. El elefante, que encierra en los pliegues de su curtida piel la historia de una especie casi mágica, está sucumbiendo a la codicia de un mercado depredador.

1.6. Paisaje

Ese conjunto de tejados, antenas de televisión, y algún campanario de iglesia o torre, que vemos al asomarnos a la ventana, es un ejemplo de paisaje. Si le añadimos un trozo de cielo que cambia de color según la hora del día, tendremos una de las múltiples muestras de paisaje urbano que podemos contemplar.

Las características geográficas, el clima o las condiciones del hábitat, configuran paisajes definidos por líneas de montañas o por la abundancia de vegetación. Por el contrario, las chimeneas de ladrillo emergiendo de naves inmensas trazarán un paisaje industrial. El paisaje está relacionado con la mirada y tal vez por ello donde existe con toda su plenitud es en la pintura. La realidad se transforma en luz y en color y la naturaleza pasa a ser un espectáculo presidido por la imaginación. La palabra paisaje resulta de la adaptación castellana de la voz francesa «paysage». Su origen latino es «pays», que designa también la nación, región, provincia o territorio donde hemos nacido. Seguramente porque el espacio en el que nacemos y crecemos resulta ser un paisaje que nunca llegamos a olvidar.

1.7. Romance

El Romance aparece en los orígenes de la creación literaria. Es el poema que surge espontáneo narrando hechos de armas o hazañas de caballeros. Es la canción lírica de amor que acompaña al pueblo en la Edad Media, en los trabajos y en las fiestas.

A partir del siglo XV, algunos escritores, prendados de la inmensa belleza de este folklore popular, como el Marqués de Santillana, incorporaban a sus composiciones versos que conocían por oírlos cantar en la calle: «la niña que amores ha, sola, ¿cómo dormirá?».

Los romances viejos recogen la leyenda que, en ocasiones, es originaria de siglos anteriores. La leyenda de los Infantes de Lara, o de Salas, se sitúa en el siglo X; y, siglos más tarde, los sangrientos sucesos son de nuevo recordados en múltiples romances.

El ciclo más abundante de romances históricos es el que describe hazañas del gran héroe castellano del siglo XI, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador:

«En Santa Gadea de Burgos, do juran los fijosdalgo, allí le toma la jura el Cid al rey castellano…»

Pero lo lírico y lo novelesco llegan a unirse en romances como el del prisionero. Un canto carcelario expresado por alguien que ve llegar la primavera, privado de libertad:

«Que por Mayo, era por Mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor…»

El romance permanece a través del tiempo. Durante los siglos XVI y XVII, los poetas cultos (Cervantes, Lope de Vega, Góngora y Quevedo, entre otros), adoptaron este tipo de estrofa, dando origen al Romancero nuevo. Los poetas románticos (Duque de Rivas, Zorrilla…) vivificaron el género en el siglo XIX y ya en plena contemporaneidad fue cultivado por los Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Alberti…; y, sobre todo, por García Lorca, cuyo Romancero Gitano no resistimos la tentación de traer a nuestro diccionario:

«Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya…»

La palabra romance definió los inicios de la lengua que hablamos y escribimos cuando evolucionó del latín implantado en la península por los romanos. En la actualidad, el vocablo romance, utilizado como galicismo, sirve para definir una relación o ligue entre personas, que integran, por regla general, la denominada «prensa del corazón».

1.8. Susurro

Según el Diccionario de la Real Academia el susurro es un hablar bajo, produciendo un murmullo o ruido sordo.

Es también ese sonido quedo que naturalmente hacen algunas cosas. El crujir de los muebles, por ejemplo, o la dichosa carcoma que actúa con nocturnidad y alevosía.

Los pasos del gato que descubre mundos nuevos con sus ojos como linternas, a través del pasillo.

O el movimiento oscilante de una ventana que se quedó medio abierta.

Las cortinas que se mueven con el viento del norte.

El goteo implacable de un grifo mal cerrado, lo que puede provocar nerviosismo e insomnio. Y por el contrario, el deslizamiento suave de las aguas de un arroyo o manantial que nunca cesa. En estos casos, el susurro produce bienestar y resulta placentero.

En un mundo tan ruidoso como el que nos ha tocado vivir, resulta agradable el silencio que hace posible escuchar los susurros. Hablamos con susurros, sin apenas mover los labios y ahogando los sonidos, cuando queremos que nadie se entere, salvo nuestro interlocutor, de lo que estamos diciendo. Los secretos comienzan a divulgarse por vía de los susurros y pronto se convierten en rumores que todo el mundo comenta. «Susurrus», de donde proviene «susurro», es palabra latina. Los cotilleos a media voz han existido siempre.

1.9. Palabra e imagen. Itinerarios audiovisuales conducidos por la palabra

Cada uno de los itinerarios marcados engloba un contexto de imágenes cuya búsqueda puede suponer una contemplación distinta de la televisión. Los alumnos-espectadores abandonan su pasividad y se convierten en sujetos activos que asumen contemplar la televisión como un ejercicio audiovisual que puede servirles para encontrar imágenes que ilustren la palabra que demanda el trabajo didáctico, Diccionario. Al mismo tiempo incrementan el vocabulario, algo realmente necesario, ya que el uso de un idioma con una riqueza lingüística tan considerable como el español, es cada vez más pobre.

2. Arquitectura

Si la palabra puede constituir una herramienta básica en el proceso de alfabetización audiovisual, las formas pueden diseñar los contornos del paisaje mediático en el que nos hallamos inmersos.

La televisión es esencialmente urbana; las ciudades que habitualmente nos muestra están ocupadas por bosques de edificios similares a aquellos en los que transcurren nuestras vidas. Los edificios son los escenarios de nuestras comedias o dramas personales y además de todo ello son arquitecturas, lo que equivale a afirmar que son pensamiento y ciencia, y que su creación deviene en arte.

Un proceso de educación de la mirada puede desembocar en una aproximación a la arquitectura. Nada más fácil, puesto que vivimos inmersos en ella, solamente hay que adquirir la disciplina de saber verla. Debemos trazar recorridos virtuales que abarquen desde la aportación gótica de la Catedral de Burgos al diseño del Burguer del barrio. Desde la audacia plástica del Guggenheim, el Museo de Bilbao, obra de Frank Gehry, a los aciertos arquitectónicos en los que prima la funcionalidad.

Los programas de televisión contienen arquitecturas y viven a su vez dentro de arquitecturas. Pueden ser arquitecturas reales, si son informativos o documentales o arquitecturas inventadas si nacen de las páginas de un libro o en los límites de un cuadro o conforman los decorados de una película o serie. Pueden ser también, arquitecturas efímeras, que viven solamente durante el tiempo que permaneció un stand en un mercado o feria para la exposición y venta de productos o la gran carpa que acogió aquel acontecimiento único. En todo caso son itinerarios de formas que pueden habituarnos a reflexionar con la mirada, a elaborar un pensamiento utilizando imágenes que nos son familiares, que pertenecen al ámbito que nos cobija.

3. El valor de la imagen

Este siglo XXI, recién inaugurado, recibe la imagen como su herencia más valiosa. La imagen inició una de sus múltiples trayectorias, sobre las paredes de una cueva en Altamira, donde unos bisontes cargados de emoción continúan transmitiéndonos su enigmática historia. Hay que devolver dignidad y misterio a la imagen, que los tuvo desde sus orígenes, y que algunos mercaderes sin escrúpulos han intentado en varias ocasiones arrebatarles. La educación de la mirada puede abrir el camino investigatorio hacia la adquisición de nuevos formatos. La televisión necesita desarrollar nuevos lenguajes y ha llegado el momento de que la educación le muestre caminos de progreso. La televisión merece ser educativa.

Referencias

RAE (Ed. 2001): Diccionario de la Lengua Española. Madrid, Espasa.

Ubreva Amor, Á.: De la Ética de la imagen y Otras Soledades. Madrid, UNED.