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Revista Comunicar 31: Educar la mirada. Aprender a ver TV (Vol. 16 - 2008)

TV educativa y profesorado: ¿una relación imposible?

Educational TV and teachers: an impossible relationship?

https://doi.org/10.3916/c31-2008-03-055

Jenaro Fernández-Baena

Abstract

A comienzos de 2007 cuatro expertos en televisión educativa1 realizaron una pequeña investigación sobre la relación de los educadores de enseñanza Primaria, Secundaria y Bachillerato con la televisión educativa. Este estudio intentaba constatar diversas realidades existentes en nuestro país sobre el aprovechamiento didáctico de la televisión a partir de las respuestas y comentarios de más de un centenar de profesores de diversos niveles preuniversitarios y de varias provincias españolas. Esta comunicación, que intenta difundir los modestos resultados de esta breve investigación, constata la precaria situación de la televisión educativa en España, realiza una breve descripción de las diversas experiencias de televisión educativa en el mundo y aporta una propuesta para un nuevo modelo de televisión educativa al servicio del profesorado.

At the beginning of 2007 four experts on educational television carried out some research on the relationship between pre-university education and educational television. This research aimed at showing the diverse situations regarding the «didactic progress of television» from the answers and comments of more than a hundred teachers of different pre-university levels from several regions of Spain. This paper tries to spread the results of the afore mentioned research to show the poor situation of educational television in Spain. It offers a brief account of diverse educational TV experiences around the world and makes a modest proposal for a new model of educational television that could be useful for teachers.

Keywords

Televisión educativa, alfabetización en medios, investigación, servicio público, profesorado

Educational television, media literacy, research, public service, teachers

Archivo PDF español

Las reformas iniciadas en 2004 por el gobierno español en el mercado televisivo conformaron un nuevo marco audiovisual y reubicó la situación de los operadores analógicos y digitales. Por una parte se abrió un período de mayor apertura en el mercado analógico con nuevas cadenas generalistas: «Cuatro» y «La Sexta»; por otro, se sentaron las bases de un nuevo impulso para la Televisión Digital Terrestre. Además, se produjo la creación de la nueva corporación RTVE, mediante la promulgación de la Ley de Reforma de los Medios de Comunicación de Titularidad del Estado. Quedan para un futuro próximo la Ley General Audiovisual y la creación de un Consejo Audiovisual Estatal.

Una vez más, dentro de esta nueva revisión del panorama audiovisual, se ha perdido la oportunidad de crear un nuevo modelo de televisión educativa que desarrolle todas las potencialidades de una televisión al servicio de la formación de los ciudadanos. A pesar de los numerosos intentos que investigadores, expertos y profesionales en televisión han realizado a lo largo de los últimos años, los responsables hacen oídos sordos a la introducción definitiva de un modelo de televisión educativa en España.

1. La situación en España

El año pasado se cumplía el 50 aniversario de la llegada de la televisión a España. Desde su aparición hasta nuestros días la televisión educativa ha estado casi desaparecida de las pantallas de la televisión pública y no digamos de la privada, a pesar de que en sus orígenes se mostró interés por la inclusión de contenidos educativos en su programación. Entre 1960 y 1970 se llevaron a cabo diferentes experiencias de televisión educativa escolar, divulgativa, informativa o dirigida a la educación de adultos, dentro del contexto de una radiotelevisión pública franquista, más centrada en el adoctrinamiento que en la formación. En cualquier caso, durante esos años de arranque no se pensó nunca en una televisión educativa dirigida al profesorado.

No será hasta 1992 cuando encontremos experiencias orientadas al profesorado: «La aventura del saber», la programación de la Televisión Educativa Iberoamericana, TV UNED o más tarde el canal temático BECA, ya desaparecido.

En las comunidades autónomas el panorama es similar y son muy escasas las experiencias de televisión educativa dirigida a los docentes, entre otras: «El club de las ideas», en Canal Sur, la programación de ETB1 y ETB 2 del País Vasco, o «Educar hoxe», en Galicia.

2. Experiencias internacionales

A diferencia de nuestro país, tanto en Europa, como en Asia o Latinoamérica, se han desarrollado diferentes modelos de televisión educativa, algunos de ellos bajo el paraguas de los grandes modelos de programación de servicio público.

En Japón encontramos la corporación pública independiente del gobierno, la Nipon Hoso Kyokai (NHK); en Estados Unidos, la Public Broadcasting System (PBS) y la Children’s Televisión Workshop, productora del programa «Sesame Street». En Canadá encontramos TV Ontario, Canal Saber o Télé Québec.

En Europa han coexistido varios modelos de televisiones o de cadenas educativas que albergan programación educativa: La British Broadcasting Corporation (BBC) es una de las más reconocidas experiencias; como en Francia lo es France 5 (antes La Cinquième), junto con Sept/Art.

En los países nórdicos también se encuentran diferentes experiencias educativas, sobre todo en el caso de programas infantiles y juveniles. Mientras Alemania cuenta con las cadenas públicas ARD y ZDF, las cuales han creado informativos específicos para niños, en Italia podemos mencionar a la RAI.

América Latina, tiene una larga trayectoria en el desarrollo de experiencias de televisión educativa. En México tenemos la Dirección General de Televisión Educativa DGTVE, antes UTE, dependiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP). También destaca la experiencia de Telesecundaria, una de las iniciativas de utilización de televisión como medio de apoyo a la educación con más continuidad en el mundo. TVUNAM, televisión educativa de ámbito universitario, y el Canal Once, destacado por su programación orientada al público infantil.

México también ha sido sede del Canal Clase, llevada por Direct TV desde un planteamiento que parte de la iniciativa privada y concibe a la televisión educativa desde fines prioritariamente mercantiles; o el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), institución que desarrolla labores de investigación y edición de publicaciones vinculadas con el desarrollo de la televisión educativa en toda América.

En Colombia destacan emisoras locales o regionales, con canales como TeleAntioquia o Telemedellín, así como Telepacífico o Telecaribe; en Brasil los ejemplos de televisión educativa más significativos son TV Cultura y TV Futura, creada por la red O Globo en 1998. En el caso de la televisión argentina encontramos programas como Telesecundaria técnica y contenidos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), o los programas infantiles emitidos por Canal 7. Una de las experiencias más duraderas es Educable, en TV Quality (hoy History Channel).

En Chile destaca Teleduc, dependiente de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

3. Conocimiento y uso de la televisión educativa por parte de los profesores

Con este breve panorama de la televisión educativa dentro y fuera de nuestro país, nos planteamos dirigirnos a los propios interesados, en este caso al profesorado, para conocer y evaluar el conocimiento y uso que han venido haciendo de posibles producciones educativas, para obtener de primera mano opiniones, necesidades, críticas y sugerencias de una realidad que a menudo se tilda de «relación imposible» entre el profesorado y la televisión. En definitiva, un intento más de entender la realidad educativa que nos rodea.

Sin un afán estadístico, se realizó una encuesta entre profesorado de diversos niveles preuniversitarios y distribuido entre diversas provincias españolas, superando el centenar de respuestas a principios de 2007. Esta información se ha complementado con las conversaciones con profesores y profesoras que el equipo autor de esta investigación ha venido realizando a lo largo de años de contacto continuado con ellos. Lo que se comenta a continuación es el resultado de tal indagación.

La primera cuestión formulada es saber qué programas consideran los profesores y profesoras que pueden ser catalogados como televisión educativa, y la principal conclusión podría ser que no existe ni mucho menos un criterio común a la hora de evaluar esta cuestión. Así, es fácil encontrar cierto consenso en torno a programas como «That’s English, «Grandes documentales» o «La aventura del saber», o en menor medida «España salvaje», «Redes» o «TV UNED»; pero a partir de ahí las opiniones difieren enormemente. Así, hay quienes ven como potencialmente educativo «Línea 900», «Qué grande es el cine», «Días de cine» o, con un buen número de adeptos, «Super Nanny», el espacio de «Cuatro» dirigido a enseñar a los padres cómo gestionar los problemas con sus hijos. Al no ser preguntados directamente por él, los profesores parecen olvidarse de un espacio similar que estuvo varios años en la parrilla de La 2, «Padres en apuros». Tampoco «Los Lunnis» parecen venir a la memoria de los profesores y profesoras cuando se les pregunta por programas educativos. Igual suerte parecen correr espacios como la macroproducción de Televisión Española «Memoria de España», apenas señalado como programa con valor educativo.

Ahora bien, concebir un programa como educativo no significa que sea seguido por parte de los profesores y profesoras. Los datos recogidos indicarían que el seguimiento de estos programas, aun los más popularmente considerados como educativos, es muy bajo. Sólo «Grandes documentales» parece ser visto de vez en cuando por un porcentaje reseñable del profesorado. El resto obtiene tasas muy bajas de visionado. Aquí estarían interviniendo, de un lado, cierto desapego del profesorado hacia la televisión en general, conceptualizada habitualmente como «un enemigo a batir» más que como un posible aliado. De otro, influye la distribución en la parrilla de algunos de los programas considerados como de interés educativo. Así, a pesar de reconocer cierto valor a programas como «That’s English», «La aventura del saber» o «Redes», los profesores que afirman verlos son muy escasos, lo cual podría estar explicado por sus horarios marginales de emisión. La tradicional práctica de programar el vídeo no sería suficiente para paliar este problema.

Si la diferencia entre calificar a un programa como educativo y seguirlo es grande, la brecha se amplía aún más cuando lo que se pregunta es si utilizan en alguna ocasión alguno de esos programas para apoyar sus clases, verdadero fin de una televisión educativa al servicio del profesorado. El uso de programas televisivos de carácter educativo en el aula se puede considerar como muy bajo y esporádico, dominado por programas documentales, capítulos de la serie «That’s English» y alguna película, si bien son varios los profesores y profesoras que afirman utilizar otro tipo de contenidos audiovisuales no calificados de educativos, como el cine comercial o la publicidad.

Preguntados por la razón de esta falta de uso, los argumentos –más allá de la falta de equipamiento audiovisual en el aula– son varios: de un lado, la falta de adaptación de muchos de estos programas a las necesidades de la clase, bien por cuestión de edades de los alumnos y alumnas (habitualmente comentado por profesores y profesoras de Infantil o Primaria), bien por su excesiva duración, bien por ofrecer demasiados contenidos de relleno que se escapan del tema concreto a tratar en la asignatura, o bien porque no encajan con los contenidos de su materia. El otro grupo de argumentos gira en torno a la falta de tiempo o el desconocimiento por parte del profesor o profesora para localizar los programas y preparar su uso en el aula.

De aquí son fácilmente extraíbles dos conclusiones ya bien conocidas: por una parte, la mayoría de los programas que se suelen presentar como televisión educativa no fueron concebidos inicialmente para su introducción en el aula, por lo que su posible uso supondría un esfuerzo adicional por parte del profesor o profesora; por otra, a este esfuerzo habría que sumar el necesario para conocer la existencia de un programa, localizarlo, grabarlo y preparar su uso en el aula, tareas para las que el profesorado no siempre cuenta con el tiempo, la motivación o el conocimiento necesario. Por otra parte, los profesores y profesoras que utilizan en alguna ocasión estos programas en el aula sí encuentran buenos motivos para ello: valoran, de un lado, el aspecto motivador que tiene la introducción del audiovisual en clase, útil para acercarse a los chavales y para crear una situación positiva en el aula; de otro, en ocasiones encuentran en estos programas contenidos que ayudan a reforzar las materias curriculares, o una importante fuente de temas a tratar en las sesiones de tutoría.

Respecto al cómo de este uso, en general se aprecia una función complementaria del programa audiovisual educativo respecto de la materia a tratar en clase, con cierta visión instrumental carente de planteamientos de uso más dinamizadores de las capacidades creativas del alumno.

Dada la falta de adaptación entre la duración de los programas audiovisuales y de las clases, hay quien opta por utilizar fragmentos cortos de tal manera que dé tiempo a trabajar sobre él en la misma sesión, deteniendo el visionado para remarcar algunas cuestiones si es necesario; otros, por el contrario, prefieren ver el programa completo y seguir con el trabajo otro día; hay quien, incluso, recomienda que un programa sea visto en casa para después ser comentado en el aula. Respecto al desarrollo de la sesión en clase, parece habitual el recurso al debate o al cuestionario para trabajar sobre lo visto, en ocasiones tras una previa introducción teórica y/o motivadora sobre lo que se va a ver.

4. Algunas aportaciones para un nuevo modelo de televisión educativa por parte del profesorado

Por otra parte, los propios docentes aportan algunas de las necesidades que la televisión educativa debería cubrir en un futuro y qué tipo de relación se debería establecer entre los productores de un hipotético nuevo modelo de televisión y los profesores para que su uso fuera más eficaz dentro de las aulas. Mayoritariamente los profesores y profesoras consultados consideran necesaria la existencia de una televisión educativa pública dirigida a profesores y alumnos. En cuanto a qué contenidos debería ofrecer esta televisión, la gran mayoría hace referencia a contenidos instrumentales que refuercen los contenidos curriculares. Mención especial merece la solicitud de contenidos vinculados a la educación en valores y a la transversalidad de los conocimientos que integrasen los programas. Desde este punto de vista se ha percibido en algunos de los comentarios la delicada situación que sufre el profesorado frente a la violencia y otras conductas insolidarias que acentúan la demanda de contenidos vinculados con la solidaridad, la tolerancia, la paz, la ecología… no sólo para sensibilizar a la sociedad, sino como necesidad del profesorado para hacer frente a esta situación a través de conocimientos y dinámicas apropiadas. Parece sintomático que algunos docentes reclamen a la televisión educativa una mayor dignificación de su profesión frente a la sociedad, ya que no se sienten apoyados por el medio televisivo en general, más bien lo contrario. En relación con este punto son relevantes las peticiones que reclaman información sobre contextos laborales, jurídicos, colaborativos…

Por supuesto, un gran número de profesores plantea la necesidad de que los contenidos sean realmente educativos, de calidad, actuales y que se adapten a los diferentes niveles educativos. Incluso, muchos consideran importante que sean los propios docentes en ejercicio, y no sólo teóricos y pedagogos, los que se incorporen a la creación de algunos de los programas que formen parte de una futura televisión educativa.

En la mayoría de los casos se hace mención a contenidos específicamente dirigidos a sus alumnos, siendo minoría los que reclaman espacios que sirvan para la propia formación del profesorado y que pudiera complementar la ya recibida a través de otros procesos. Así, son varios los comentarios sobre la posibilidad de que la televisión educativa pueda servir para el reciclaje y actualización sobre el avance de conocimientos y didácticas innovadoras en la enseñanza.

Sobre cómo deberían difundirse esos contenidos, una gran mayoría pide que los materiales lleguen a los centros a través, por ejemplo, de las Consejerías de Educación, o que exista la posibilidad de acceder a ellos vía web. Como se puede comprobar no se tiene en cuenta el sistema de difusión de la televisión, sino que se espera a que los materiales sean grabados en diferentes soportes para que lleguen a los colegios como cualquier otro material educativo. Si se concreta más la pregunta y se habla de horarios específicos de emisión de los posibles programas de televisión, la mayoría ya se centra en el verdadero sistema de difusión de la televisión y recomienda que sean fuera del horario escolar para que profesores y alumnos puedan verlos en casa. En concreto, la mayor parte opta por un horario de emisión de tarde o tarde-noche. De nuevo son muchos los que plantean este horario pensando en que los contenidos estén directamente dirigidos a los alumnos y no como un canal transmisor de conocimientos para los propios profesores y toda la comunidad educativa en general. En cualquier caso, casi todos piden rigurosidad en los horarios e información previa para poder verlos o grabarlos, ya que en la mayoría de los casos consideran que la información sobre los programas es escasa.

En este apartado es habitual la referencia a las nuevas tecnologías para suplir las deficiencias que anteriores etapas de la televisión educativa ha padecido. Así, son recurrentes las menciones a soportes como el DVD para difundir fuera de la emisión convencional de la televisión los contenidos de los programas educativos, o la utilización de la web para poder tener mayor acceso a esos mismos contenidos, recibir información sobre los espacios, facilitar materiales complementarios, o intercambiar experiencias a través de foros o chats. En ningún caso se hace referencia a la nueva televisión digital (satélite, cable, TDT o ADSL) como una opción que aporta mayores posibilidades a los usuarios de la televisión educativa, algo a tener muy en cuenta en un momento de cambios en el panorama televisivo español, ni tampoco a los nuevos usos que podrían aportar medios como el móvil o las videoconsolas portátiles.

En este sentido, la mayoría considera la futura página web de un canal educativo como un complemento indispensable para informar sobre cursos, seminarios e intercambio de experiencias entre los profesores y profesoras.

En el apartado de los servicios que debería ofrecer la televisión educativa a los profesores y profesoras en el futuro la mayoría pide materiales complementarios que apoyen a los contenidos tratados en el aula. Parece clara también la función de actualización de contenidos curriculares por parte de la televisión, por su inmediatez y facilidad de acceso, sin esperar a que los materiales reglados sean puestos al día. Como uno de los servicios imprescindibles se cita de nuevo, el de facilitar información previa a la emisión sobre los contenidos de los programas, así como guías metodológicas que faciliten su aplicación en el aula. Dentro de esta necesidad de información también parece necesario que la televisión facilite el intercambio de experiencias relevantes e innovadoras entre los centros educativos. Por último, son pocos los que se refieren a la posibilidad que la televisión pudiera tener para la producción propia de materiales educativos o la formación de profesores y alumnos en materia de comunicación.

En cuanto a la relación que debería establecerse entre una televisión educativa y los profesores, de nuevo el comentario más habitual es que sean los propios profesores y profesoras en ejercicio los que colaboren en la elección y elaboración de los temas a tratar en los diferentes espacios televisivos. Algo que posiblemente delata la escasa relación entre los docentes y los responsables de llevar a cabo los contenidos educativos televisivos hasta ahora.

Para finalizar, son varios los comentarios que hacen referencia a la reticencia de que la «política» pueda mediatizar en algunos casos determinados contenidos de la programación.

5. Conclusiones para un nuevo modelo de televisión educativa

Entre las conclusiones que podemos extraer de esta pequeña investigación y que refuerza en muchos casos hipótesis de trabajo que se han ido desarrollando a lo largo de varios años por parte de muchos de los expertos en televisión educativa en nuestro país, podemos citar:

• Un nuevo modelo de televisión educativa deberá tener en cuenta la realidad del profesorado en sus contenidos y programaciones para poder atender sus necesidades y demandas.

• En general, el profesorado no tiene un nivel de conocimientos adecuado sobre las posibilidades educativas que posee la televisión. Seguramente la escasa formación que reciben en materia de comunicación lastre su percepción sobre el medio televisivo. Ni siquiera consideran que la televisión educativa puede facilitar su propia formación, sí la de sus alumnos y los padres, pero no la suya. Sin embargo, casi todos coinciden en la necesidad de que exista una televisión educativa pública en España.

• Tal vez el que algunos encuentren los medios audiovisuales poco apropiados para su programa puede estar también determinado por una falta de tiempo para la búsqueda o una carencia de catálogos informativos seleccionados por materiales adaptados a las necesidades de los profesores, tal como existe en otros países. Posiblemente sería conveniente arbitrar la figura de un especialista en documentación audiovisual en los grandes centros educativos o pensar en un centro de profesores especializado en la elaboración de catálogos sobre material disponible (es decir, el que los canales educativos pudieran proporcionar el material libremente al profesorado). En cualquier caso, el centro educativo se coloca en el centro de acceso y comunicación entre los profesores y la televisión educativa.

• Existe una abrumadora mayoría que reclama una mayor información y accesibilidad a los programas.

• La televisión educativa también debería plantear entre sus diferentes ofertas dinámicas renovadoras para el trabajo con los medios en el aula, ya que en ocasiones se utilizan de una forma meramente instrumental y poco dinamizadora de la capacidad creativa de los alumnos.

• La mayoría de los profesores no tienen en cuenta las posibilidades que la televisión digital debería aportar a un nuevo modelo de televisión educativa. Suplen las carencias de interactividad o interrelación con el medio a través de Internet y no son conscientes de que la televisión puede facilitar esos canales de comunicación.

Notas

1 Integrados en un grupo de expertos reunidos por el MEC para el «Impulso de la TV Educativa en España»: Jenaro Fernández Baena (UCIIIM), Agustín Garcia Matilla (UCIIIM), Luis Matilla (Experto en TV Educativa) y Fernando Tucho Fernández (URJC).

Referencias

Frances i Doménech, M. (2005): «¿Es posible la televisión educativa en la multidifusión digital?», en AGUADED, J.I. y otros (Eds.): Congreso Hispanoluso de Comunicación y Educación: Hacia una TV de calidad. La televisión que queremos. Huelva, Grupo Comunicar, Universidad de Huelva.

García Matilla, A. (2003): Una televisión para la educación: la utopía posible. Barcelona, Gedisa.

García Matilla, A., Fdez. Baena, J., Mayugo i Majó, C. y Tucho Fernández, F. (2006): «Televisión comunitaria y televisión educativa: televisión de y para la sociedad civil», en Documentación Social. Revista de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada, 140; 111-128.

García Matilla, E. (2002): «La convergencia tecnológica: un nuevo concepto de televisión y nuevas oportunidades para la educación», en Educación para la comunicación. Televisión y multimedia. Madrid, Máster en Televisión Educativa de la UCM y Corporación Multimedia.