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Revista Comunicar 32: Políticas de educación en medios (Vol. 16 - 2009)

La alfabetización mediática en Medio Oriente y Norte de África: Más allá del círculo vicioso del oxímoron

Media literacy in MENA: Moving beyond the vicious cycle of oxymora

https://doi.org/10.3916/c32-2009-02-010

Ibrahim Saleh

Abstract

En un momento en que la región del Medio Oriente y el Norte de África (MONA) está llena de potencial para el desarrollo de aptitudes, la inestabilidad social, la agitación política y las limitadas libertades civiles aún generan malestar entre la población. El desarrollo de la educación mediática en los países de la región, preocupada por muchos otros temas vitales, es bajo, en detrimento de su compromiso cívico… Las prácticas de alfabetización actual en los países de MONA tienen normas insuficientes para valorar críticamente a los medios, y los resultados de las investigaciones muestran una gran brecha entre el público en general y los periodistas, quienes desvirtúan aún más la alfabetización mediática. Este análisis trata primero de los países de MONA y su «mala situación mediática», usando la figura retórica del oxímoron para explicar las diferentes tensiones y contradicciones que caracterizan a la alfabetización mediática en la región. Intenta proveer el contexto político y su relación con los medios para explicar la situación actual. Utiliza también datos de investigaciones para explorar los retos y oportunidades para cambiar la débil imagen actual de la alfabetización mediática en MONA, y concluye con varias implicaciones cruciales para el diseño de políticas de alfabetización mediática en la región.

At a time when the region of Middle East and North Africa (MENA) is full of potential for capacitybuilding, social unrest, political agitation and poor civil liberties are still plaguing the population. The status of media education is low in MENA countries, preoccupied by many other vital issues, and yet the lack of it is detrimental to civic engagement… Current literacy practices in MENA countries have poor standards for critically assessing the media and research findings show a widening gap between the general public and the journalists, which further impairs media literacy. The analysis deals first with MENA countries and their «mal-media situation», using the metaphor of the cycle of oxymora to explain the various tensions and contradictions that characterize media literacy in the region. It then attempts to provide a political and media-related context to explain the current situation. It also uses research data to explore the challenges and opportunities to change the current dim picture in MENA, and concludes with several crucial implications for policy-making about media literacy in MENA.

Keywords

Alfabetización mediática, libertades civiles, fraude colectivo, sociedad civil, políticas

Media literacy, civil liberties, collective fraud, policy making about media literacy, civic society

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1. El escenario: la mala situación mediática en MONA

El panorama actual de la alfabetización mediática en diferentes partes del Medio Oriente y el Norte de África está marcado por una débil base económica, altos costes de producción y difusión, un opresivo patrocinio político, una gran fragmentación cultural, una centralizada concentración geográfica, una muy baja credibilidad en los me dios y un bajo prestigio del periodismo. Además, las leyes y regulaciones sobre el contenido mediático y otros valores profesionales no están claramente establecidas. Por lo tanto, es razonable relacionar los problemas socio-políticos y económicos internos con el aislamiento del mundo exterior característico de la región. Esta situación se ha hecho aún más compleja debido a la combinación de un fuerte consumismo, el conservadurismo religioso y la presencia militar.

La mayoría de la gente no se impresiona, es insensible y está poco interesada –ahora menos que nunca– en el curso de las políticas de sus gobiernos, y es víctima de una especie de fatiga mediática, debido a la persistente impresión de que existe una doble moral en la información, a que el enlace cívico está sujeto a demasiados obstáculos y a que el compromiso retórico con la democracia y la libertad con frecuencia sirve a los intereses personales de unos cuantos. El principal desafío es cómo educar al público participante y cómo facultarlo para reclamar sus derechos civiles y hacer a sus gobiernos responsables de sus obligaciones públicas.

¿Cómo puede la alfabetización mediática brindar apoyo a la libertad y a la identidad?, ¿cómo puede convertirse la jerarquía vertical de las noticias en una red de comunicación horizontal?, ¿cómo puede ser cultivada una mejor comprensión de las complejidades de los medios de la región para un mayor compromiso cívico? Este análisis reflexiona sobre la situación de la alfabetización mediática como si funcionara como un círculo vicioso de «oximorones». El término «oxímoron» es una figura retórica que produce un efecto incongruente, aparentemente contradictorio. Aquí se usa para describir una situación que refleja el estado contradictorio de la alfabetización mediática en MONA1.

Su estatus es oximorónico porque, por una parte, los medios hablan «de dientes para afuera» sobre la democracia y sus obligaciones con la gente y, por la otra, están sujetos al control de regímenes autoritarios que crean una doble moral. Tal estado ha inducido a un persistente malestar en la relación entre los medios y el público, una situación de «mal-medio»2 en donde las dos partes sienten que hay poco interés compartido.

La situación oximorónica tiene su origen en el desfase entre las reformas propuestas (sólo en papel) en los años recientes y la falta de implementación de estas políticas y metas en la vida real. En los últimos años, los gobiernos de la región apoyaron reformas artificiales que no estaban basadas en mecanismos profundos o en una visión concreta para una reestructuración sustentable. Existen varios problemas relacionados con la flagrante diferencia entre la retórica de la libertad y la realidad de políticas de doble moral. Esto perpetúa la falta de credibilidad en el gobierno y debilita la voluntad para un cambio social profundo.

Los profesionales y activistas han planteado cuatro críticas principales. La primera es el consentimiento marginal de libertad de expresión que tiene la prensa, entretanto se ignoran otras necesidades humanas básicas. La segunda es el acercamiento superficial a la libertad y la democracia, lo cual tiene como resultado la marginación de los intereses de las mayorías, mientras son preservados los intereses de las minorías gobernantes. La tercera es el sometimiento de los gobernantes a temas regionales mayores tales como la invasión a Irak, la «Islamofobia» y el «resentimiento y tiranía» motivados por el rencor a causa del conflicto árabe-israelí. Finalmente, se critica el análisis oficial simplista de las complejidades multifacéticas que dieron paso a una percepción de temor hacia el «Peligro Verde», o el asentamiento de un Estado Musulmán en Egipto y otros países de la región (Saleh, 2006).

En ese contexto, la educación y la alfabetización mediáticas están al final de la lista de prioridades, debido a que los medios son usados como plataforma para una realidad fabricada que busca racionalizar la mano de hierro del gobierno. Para consolidar su solidaridad política, los gobiernos árabes nunca han permitido a los medios evaluar críticamente las políticas domésticas nacionales ni aquéllas de gobiernos amigos. Por otra parte, los medios casi nunca van a fondo en cuanto a temas locales o nacionales, ya que éstos son los asuntos que más amenazan la legitimidad y autoridad de los gobiernos. Por añadidura, la alfabetización mediática sólo puede ser posible si existe una alfabetización básica. El promedio de alfabetización básica en toda la región es de 66%, lo cual es relativamente bajo; sin embargo, el número absoluto de adultos analfabetos se redujo de 64 millones a cerca de 58 millones entre 1990 y 2004 (Hammoud, 2005). La disparidad de género es muy alta en esta región, y las mujeres representan dos terceras partes de la proporción de analfabetismo, a pesar de que la proporción de alfabetización es más alta entre la gente joven que entre los adultos (Hammoud, 2005).

Este cuadro sombrío de la realidad es el resultado lógico de los largos años de práctica estatal de «hacer la vista gorda» ante financiaciones y presupuestos relacionados con recursos humanos y educación. Esto tuvo un impacto en la alfabetización mediática, debido a que el Estado también prestó oídos sordos ante los reclamos de libertad para la circulación de los medios, buscando retener el control sobre su contenido. Esta situación produjo evaluaciones de la alfabetización me diática muy bajas, especialmente porque ninguna política en especial se orientó hacia este tema. La alfabetización mediática también sigue siendo dependiente de las condiciones de los medios, una situación que no es favorable para la educación en medios, formal o informal.

Aunque una caracterización detallada de la región va mas allá del alcance de este análisis, y si bien los escenarios político, cultural y económico del tejido regional son muy heterogéneos en naturaleza y rumbo, los estados de Medio Oriente y el Norte de África comparten algo en común con respecto a las condiciones de sus medios: de acuerdo con William Rugh, es imposible adecuar los medios de la región con ninguna de las «cuatro teorías de la prensa»3.

En MONA, los ministros de información llevan a cabo las agendas de sus Estados protectores controlando los medios y moldeando su contenido, imponiendo leyes brutales apoyadas por encarcelamientos y violencia física. La reciente explosión de los medios ha complicado sus fáciles trabajos anteriores: se han ampliado sus tareas, pero se han ajustado a ellas. Estas tareas incluyen ahora cómo seguir los mensajes del creciente es cenario de los nuevos medios, especialmente los de Internet, cómo bloquear el activismo emergente de una población joven (predominantemente pobre e iletrada) en expansión y cómo de tener la creciente audiencia de grupos islámicos radicales en los medios, particularmente en televisión.

Esta perseverancia del control gubernamental a través de los medios ha conducido a una percepción de desinformación y sospecha entre el público. Ha perpetuado un sentimiento general de falsedad, llamado «fraude colectivo» por algunos, el cual es una sistemática y consciente supresión de las verdades inconvenientes, por un grupo de expertos que, u «oscurecen » la verdad, o consienten su ocultamiento4. Esta situación prevalente en muchas partes de la región ha dado como resultado una distorsión de los medios, falsedades, evasiones, y prejuicios colectivamente producidos y mantenidos por las deliberadas mentiras periodísticas. Contribuyen a la situación de «mal-medio» y a un sentimiento público de estar capturados dentro del círculo vicioso del oxímoron.

Dentro de este tejido social, la comunicación y la confianza se han reducido; de ahí que la fuerza y la violencia sean empleados para convencer a quienes tienen dudas sobre qué creer, especialmente cuando la dependencia pública de las noticias estatales está, paradójicamente, creando «crisis» periódicas de una manera aguda. Tales crisis pueden tomar la forma de un pánico moral o una alarma sobre la seguridad; o pueden formar parte de una percepción de crisis más diseminada, de largo plazo sobre la identidad árabe o musulmana.

Un ejemplo de tal manipulación del pánico se encuentra en «The Economist» (18 al 24 de septiembre de 2004). Esta publicación extranjera describe cómo el periódico líder de Egipto, propiedad del gobierno, el diario «al-Ahram» (1 de Septiembre de 2004), sepultó profundamente en sus páginas la brutal masacre de doce cocineros nepalíes por parte de guerrilleros iraquíes, quienes afirmaban estar haciendo el trabajo de Dios al ejecutar invasores budistas. Un día después, en primera plana, «al-Ahram» incluyó el ataque de alborotadores a una mezquita en Katmandú, capital de Nepal, sin ninguna explicación de causa-efecto. Este tratamiento asimétrico de la información es ilustrativo del funcionamiento oximorónico de las noticias, con su desigual tratamiento de gente y eventos, imposibilitando al público para llegar a una opinión informada. Los estados paternalistas siempre justifican su manipulación de los medios con la necesidad de prevenir un retorno a la anarquía y la violencia de épocas anteriores.

Considerando la situación actual de «mal-medio» en los estados de MONA, la alfabetización mediática se vuelve un contrasentido. El ciclo oximorónico puede ser caracterizado generalmente por una combinación de simplismo de terminologías y conceptos, por un lado, y por el otro, una retórica de «dientes hacia fuera» sobre la libertad de expresión y difusión. El círculo vicioso abarca el sometimiento interno de los medios hacia el gobierno, por un lado, y su separación externa de otras regiones del mundo, por el otro lado, como muchas imágenes estereotípicas que tildan a las poblaciones y gobiernos de MONA de salvajismo y barbarie.

A continuación se presenta el caso de Egipto, el estado Árabe más poblado y uno de los países geopolíticos más importantes en la región. La Constitución Egipcia y los instrumentos de derechos humanos internacionales se convirtieron en parte de la ley egipcia bajo la ratificación del artículo 151 de la Constitución de 1981. El artículo 47 de la Constitución Egipcia también promete que «la libertad de opinión debe ser garantizada». Además, el articulo 19 del Convenio Internacional en Derechos Civiles y Políticos, al cual Egipto se adhirió en 1982, garantiza el derecho a la libertad de expresión, incluyendo la «libertad para buscar, recibir, y dar a conocer información e ideas de toda clase, sin importar fronteras, ya sea oralmente, por escrito o de manera impresa, en la forma de arte, o a través de cualquier otro medio». Una nueva ley de prensa fue introducida en 1996, estableciendo que «los periodistas son independientes y no están bajo la autoridad de nadie». Pero todo esto no cambió la situación de «mal-medio», debido a que otros problemas estructurales y funcionales no fueron también abordados.

En la práctica, los presidentes egipcios han manipulado siempre el sistema judicial, puesto que los nombramientos en este organismo son prerrogativas presidenciales. Los jueces eran considerados funcionarios del Ministerio de Justicia, el cual administraba y financiaba el sistema de la corte y estaba encabezado por el presidente, quien encabezaba a su vez el Consejo Supremo de Órganos Judiciales. Sin embargo, el dominio de la ley se expandió relativamente después de Nasser, y los jueces se convirtieron en una fuerza vigorosa de defensa de los derechos legales de los ciudadanos ante el Estado. Además del caso egipcio, todos los Estados de MONA tienen leyes y legislaciones similares que restringen la libertad de expresión y difusión. Pero el problema va mucho más allá del contenido de las leyes; abarca también códigos relacionados con casos de publicaciones y emisión de periódicos, que pueden ser encontrados en la Ley de Imprenta, el Código Penal, la Ley de Regulación del Periodismo, la Ley de Documentos de Estado, la Ley de Servidores Civiles, la prohibición de noticias sobre el ejército y las decisiones militares, las leyes de partidos y la Ley de Inteligencia5.

2. MONA y el riesgo de «aturdimiento psíquico»

En este contexto político, lo que es tal vez más perturbador es el desafortunado aumento de una suave forma de auto-censura destructiva entre los periodistas. Por ejemplo, información básica como las estadísticas demográficas es tratada como si fuera un secreto de Estado, y es casi imposible reportar el funcionamiento interno de los gobiernos. Esto se ve fortalecido por el hecho de que la mayoría de los periodistas y personal de los medios carece de entrenamiento profesional. El conocimiento no es valorado, y el poder es usado imprudentemente por los burócratas de mayor jerarquía.

De esta manera, es muy común encontrar que los periodistas y editores son frecuentemente captados por funcionarios e intereses de negocios, mientras que otros que denuncian la corrupción de los gobiernos o que critican severamente las prácticas de los regímenes, son con frecuencia sujetos de arrestos arbitrarios, amenazas o actos de violencia. El miedo a tales castigos lleva a una pobre transparencia gubernamental, permite la permanencia de una arraigada corrupción y sirve para evitar cualquier debate significativo sobre temas que pudieran llevar a una reforma política.

La información deficiente pone en peligro toda la alfabetización mediática: cadenas de noticias de 24 horas profieren ávidamente rumores no confirmados y se entregan al capricho de una cámara dispuesta para el «experto» traficante de habladurías, a quien le importa poco la verdad y solamente su inclinación individual. Los periodistas reales deben tener cuidado de preservar su reputación al no participar en tales programas.

Esta situación de «mal-medio» en la región ha estimulado un nuevo espíritu de rebelión cultural que incluye tanto a conservadores como a liberales en la profesión mediática. Se oponen al pobre desempeño de los medios y a una deliberada ignorancia de los intereses del público. Sienten que el duro clima de extremismo refuerza un creciente sentido de enajenación en la población en general, lo cual perjudica el progreso. Piensan que esto causa una fuga de cerebros real, ya que los periodistas profesionales abandonan el país. Esto sitúa a la región en un atraso, provocando lo que Robert Jay Lifton llamó «aturdimiento psíquico»6, un sentimiento de exclusión y separación que golpea igualmente a los periodistas y a la población.

Semejantes maniobras del gobierno son sintomáticas de «temor y confusión» (Shaheen, 2006). El ambiente mediático regional sufre de una brutal práctica de la censura y de una constante auto-censura, por un lado, mientras por el otro, el público se ve a sí mismo como víctima de dos formas de colonialismo mediático: uno impuesto por sus propios gobiernos nacionales, y el segundo por los Estados Unidos y sus aliados. Las poblaciones oprimidas ven a sus opresores nacionales e internacionales trabajando mano a mano para amenazar su subsistencia y humillarlos. Como resultado de este oxímoron, las voces subterráneas de la disidencia son canalizadas dentro y a través de movimientos islámicos radicales. Estos movimientos no son tampoco favorables a la libertad de los medios, sin embargo tratan de usarlos para promover su causa.

Como afirma Michael Vlahos (2002: 26-28), «la insurgencia (islámica radical) es un auténtico movimiento islámico de renovación, central para el cambio ». Consecuentemente, «una revolución islámica exitosa es hoy posiblemente la mejor forma para propagar el Islam ‘radical’; por necesidad, tomará la desactivación en sus manos». En los medios, los musulmanes ofrecen un frente de comportamiento pacífico, pero en privado algunos pueden considerar el tener un gran número de víctimas como un éxito para su causa. Esta doble postura, a su vez, legitima la aplicación de la censura por parte del gobierno.

Un aumento sin precedentes de protestas masivas recorrió la región en 2006, lo cual fue percibido en algunos círculos progresistas y radicales como un despertar público después de largos años de estancamiento. También fue interpretado por el gobierno como una prueba de la infiltración del movimiento de la Hermandad Musulmana en diferentes actividades civiles y en sindicatos. Por ejemplo, Al-Zawaheri, el segundo hombre en la jerarquía de al Qaeda, se volvió radical durante su encarcelamiento en Egipto (Shahine, 2006).

Thomas Hegghammer señaló que Internet tendrá un papel cada vez más importante para los militantes a medida que intensifiquen su campaña en Arabia Saudita, la cual alberga varios lugares santos musulmanes. «Creo que [los vídeos de Internet] muy seguramente están dirigidos contra los americanos y occidentales en general»7.

Sin embargo, Internet está también sujeta a la censura una vez que algún sitio se vuelve popular o «notable ». Una visita de las fuerzas de seguridad del Estado egipcio a la oficina de los sitios siempre derivará en una suavización del tono retórico.

Aunque es difícil evaluar las intenciones de los Estados patrocinadores, persiste el hecho de que los medios regionales tienden a violar las normas y éticas periodísticas reconocidas internacionalmente. De hecho, la tensión entre la conveniencia de mostrar imágenes grotescas, por un lado, y la protección de la libertad de expresión y el derecho a la información, por el otro, continuará sin resolverse, a menos que sean aplicadas apropiadamente políticas para una efectiva educación en medios para periodistas y público en general.

Las audiencias regionales han sido relegadas por los actuales mercados mediáticos, ya que se sienten despojadas de cualquier comunicación dentro de sus países, y no pueden sino expresar su desesperación ante la falta de cobertura de problemas nacionales o ante los reportajes distorsionados de actos y comunicados terroristas. El estado de la alfabetización mediática en MONA necesita ser mejorado para recuperar la confianza. Esto implica una evaluación de las diferencias en expectativas y posibilidades a través de la investigación, dentro de un modelo similar a otras regiones del mundo, como Argentina o Corea, las cuales han llevado a la implementación de reformas basadas en informes científicos.

Demografía de las muestras.

3. Evaluando los retos y oportunidades de cambio

Para explorar las oportunidades de cambio del oscuro cuadro en Medio Oriente y el Norte de África, y para evaluar las dificultades actuales para superar los retos, son necesarios resultados de investigación adecuados e independientes. Éstos pueden ser delineados usando datos recopilados por el proyecto del Consejo Británico en Cairo, «Medios y Sociedad», dirigido por AC Nielsen en 2005. Esta investigación proporciona una descripción general de las perspectivas, valores y actitudes de profesionales y su comparación con las perspectivas, valores y actitudes del público. El proyecto fue llevado a cabo en seis países dentro de la región de MONA (Egipto, Arabia Saudita, Líbano, Siria, Jordania y Palestina), y considera un análisis comparativo, con un total de 1.210 entrevistas personales (200 entrevistas por país).

Gráfica 1: Comparación entre agenda mediática y agenda pública.

Como indica la gráfica 1, de acuerdo a la agenda pública, el de sempleo aparece como primero (88%) en la lista de temas sociales actualmente encarados, seguido por la pobreza (47%) y los problemas de matrimonio y divorcio (46%). Esto se halla en contraste con la agenda mediática, la cual revela una diferente lista de problemas. Calidad de educación (47%) parece ser el principal tema social al que los medios se dirigen, mientras que el desempleo (9%) viene al final de su lista de prioridades.

Gráfica 2: Tabulación cruzada entre las variables principales del discurso mediático.

El análisis de la gráfica 2 muestra algunos contrastes con la tabulación cruzada. El más alto nivel de expectativas –en diferentes medios masivos– tiene que ver con su claridad: 60% en medios impresos, 56% en TV y 50% en radio. De acuerdo con el análisis estadístico, las audiencias árabes perciben la prensa (33%) como más efectiva que la TV y la radio. Están más satisfechos con su cobertura (25%), y consideran que es más com prensible en sus tópicos y temas (60%), más creíble (50%) y más satisfactoria (44%).

Este resultado está en contradicción con los altos índices de analfabetismo en toda la región, dejando sólo a las elites identificarse con los enfoques multilaterales de los medios impresos. Esto puede ser explica do parcialmente por el perfil de los informantes, predominantemente urbanos y relativamente alfabetizados.

La gráfica 3 muestra una gran discrepancia entre los países estudiados debido a diferentes razones socio-políticas, y algunas veces a la falta de conciencia y puntos de comparación con respecto a la situación de la educación a nivel mundial. Cuando se toman en cuenta los valores totales, el 40% de la muestra cree que la educación es «buena». Sin embargo, si consideramos casos in dividuales, los resultados son bastante diferentes y aun contradictorios. Por ejemplo, en Egipto, un 33% de la muestra cree que la educación es pobre, mientras únicamente el 6% piensa que es muy buena. Esto pudiera ser resultado directo de una so ciedad relativamente abierta y libre. En contraste, Arabia Saudita (54%), Palestina y Jordania (52%) creen que la educación es buena, mientras el 21% en Arabia Saudita y el 14% en Jordania afirman que la educación en sus escuelas es muy buena. Otro punto de análisis es el rumbo de la educación (bueno o malo); al encontrar que en Egipto alcanza el 55% (33%+24%) y en Siria el 41% (26%+15%), mientras en Arabia Saudita con un 16% (7%+ 9%) y Jordania con un 13% (8%+5%). Tales percepciones discrepantes pueden derivarse de una manipulación combinada de medios y educación en los tres países considerados. Estos hallazgos no pueden ser explicados en relación con la realidad de la calidad de la educación escolar sino más bien como una suma de variables culturales, incluyendo el derecho a criticar a un sistema que está controlado por los gobiernos en todos estos países.

Grafica 3: Calidad de la educación en las escuelas.

Gráfica 4: Calidad de la educación universitaria.

Como indica la gráfica 4, el 40% del total de la muestra piensa que la educación universitaria es buena, mientras el 11% piensa que es deficiente. En Egipto, la tendencia apunta hacia una educación deficiente (25%), pobre (25%) y bueno (23%). En el Líbano, la situación es al revés: 35% está de acuerdo en que la educación universitaria es muy buena y 43% de que es buena. Tres países señalan lo positivo de la educación universitaria: Arbia Saudí (50%), Palestina (52%) y Jordania (62%). Sorprendentemente, de estos países, ninguno tiene ni historia ni infraestructura de una educación universitaria. La discrepancia aquí puede ser explicada por la dificultad para expresar el propio punto de vista que los participantes pudieron haber sentido, conduciendo a la negación o distorsión de la realidad, sin mencionar el hecho de que la muestra tiende a reflejar los puntos de vista de una población urbana relativamente alfabetizada.

Con respecto a la gráfica 5, existe similitud entre los profesionales mediáticos en cuanto a la TV y la lectura de periódicos; sin embargo, hay que recordar que las opiniones de la muestra no pueden ser generalizadas a la población entera de MONA. Además, existe la probabilidad de que algunas de las respuestas sean «de prestigio»: los autoreportes tienden a exagerar el consumo de medios, pues tal cosa es vista como una señal de modernidad y profesionalismo. Estos resultados generales, que dan prioridad a escuchar la radio como segunda opción (73%) pueden ser engañosos, pues parte de la población de la muestra está compuesta de profesionales que necesitan seguir la pista a todas las nuevas emisiones. Otras fuentes muestran que, en realidad, únicamente el 3% del público en general aún escucha la radio (Saleh, 2008).

Uno de los principales descubrimientos es el hecho de que Siria tiene el menor porcentaje de radioescuchas (16%), y el mismo escenario se repite con la navegación en la Red (42%) y lectura de revistas (30%). Tal situación podría ser explicada a la luz de la extendida pobreza y el estricto control gubernamental. Pero estos descubrimientos no son justificables en Palestina, con sus continuos conflictos con Israel, y su debilidad (si no es la ausencia) de infraestructura.

Gráfica 5: Actividades regularmente realizadas por profesionales mediáticos.

De acuerdo con el examen comparativo de los profesionales y los estudiantes de medios, existen tres principales desafíos para la región. Primero, hay una necesidad de equilibrar el escenario mediático, permitiendo a los mismos medios hacer un papel significativo en el ofrecimiento de información de calidad al público. Esto tiene que ser ejercido a través de leyes o prácticas menos restrictivas, con menor interferencia gubernamental, y más protección para los periodistas que cubren temas controvertidos. El segundo desafío es fortalecer los esfuerzos activistas en pro de las libertades sociales, por medio de cambios en la ley que protejan de abusos policiales. El tercero es la necesidad de resolver conflictos de interés, lo cual requiere el establecimiento de instituciones sanas e independientes y una autoridad democrática, a través de leyes y reglamentos responsables y sensibles.

4. Implicaciones sobre el compromiso cívico y la educación en medios

Una de las dificultades cruciales para la alfabetización mediática en MONA es el hecho de que la región todavía está sufriendo de ilimitados retos. Algunos están relacionados con el escenario mediático en sí mismo, otros con temas sociales básicos como el desempleo, la educación, la salud…

Sin embargo, está adquiriendo mayor robustez y actuando como un genio que sale de la botella, deseoso de explorar y de sarrollar un cambio social en torno a la identidad árabe y su potencial apertura al resto del mundo. No obstante, la liberación del genio de la botella mediática puede ser difícil, ya que los gobiernos de MONA pueden darse cuenta de lo poco que saben de la realidad de la situación, y como consecuencia juzgar equivocadamente la magnitud de lo que es necesario hacer para resolver la situación oximorónica que heredaron o ayudaron a crear. No pue de preverse que la situación actual llegue a su fin en un futuro cercano, a menos que se ponga en marcha una reforma real.

En el nivel de la audiencia, el público se percibe a través de un prisma de humillación y resentimiento individual y colectivo. Este malestar tiende a marginar el «imperio de la ley» como una condición política, puesto que no ha trabajado en su beneficio. Para curar a la región de este dilema, el público y las elites igualmente necesitan admitir que el «problema está en nosotros». Puede que nunca se de una introspección de un profundo arraigo en la región, a menos que el público se reconozca a sí mismo como una sociedad civil madura y como un agente de cambio.

Indudablemente, el desarrollo de la alfabetización mediática en la región tiene un papel crítico en esta transformación, pero no está del todo claro si tiene los recursos para transformarse a sí misma, y mucho menos a la ciudadanía de sus respectivos países. El punto preocupante aquí proviene de la interminable brecha entre la agenda pública y la mediática, y el distanciamiento entre los pueblos y los gobiernos. Un punto adicional de alarma es la naturaleza del cambio, que podría darse a través de la turbulencia de una revolución sangrienta y confusa; sangrienta porque está mu cho en juego para los actores regionales, ya sea el gobierno, los islamistas radicales o los activistas progresistas, y confuso porque nadie está muy seguro de quiénes son los actores reales y los intereses que representan.

En un área en la que mucha gente desconfía de un cambio y que se resiste a la innovación, aun cuando esto implique derechos básicos como la participación política, la situación oximorónica es exagerada. Esto no quiere decir que los agentes del cambio no existan: hay muchos movimientos civiles progresistas, como Kefaya (¡Ya basta!) en Egipto, que están peleando en contra de la corrupción del gobierno. Pero en el extremo, las voces radicales se están volviendo cada vez más ruidosas. Como consecuencia, el «tercer sector» – el público marginal descontento– es un mundo ensimismado, ampliamente separado de otros sectores de la sociedad y reacio a involucrarse con ellos.

Otro concepto a ese respecto es la ausencia, o por lo menos la ineficacia, de las leyes que permiten la práctica del derecho de libre expresión y opinión. Esto autoriza a los gobiernos a cerrar muchos periódicos y poner a muchos periodistas en prisión, acusados de insultos y difamación en su mayor parte. Muchos obstáculos administrativos siguen vigentes: se presentan en el camino de los periodistas que tratan de tener acceso a la información oficial; asimismo impiden la práctica de un periodismo honrado e independiente, y también conducen a algunos periodistas hacia la trampa de la «falsedad de información», lo cual los somete a sanciones económicas o el encarcelamiento.

La decisión de 2007 de la Corte del Delito de El Cairo de encarcelar al editor en jefe de «Al Dostour» (Constitución), Ibrahim Essa, y al periodista Sahar Zaki, junto con un ciudadano de Warak acusado de insultar al presidente Hosni Mubarak, sobresale como un caso ilustrativo del «ciclo oximorónico». Además de los muchos litigios archivados en contra del periódico «Al Fajr» (El amanecer), dirigido por Abdel Hamouda, otro ejemplo es el caso del editor ejecutivo en jefe de «Sout Al Omma» (Voz de la Nación), Wael Al-Ibrashi. Fue sometido a la corte criminal en la crisis de los jueces, cuando éstos se sintieron utilizados y agraviados por el generalizado fraude electoral, durante las primeras elecciones presidenciales. Debido a irregularidades le gales, tales como juicios injustos a líderes de la oposición, aumentaron también los ataques sobre miem bros de la judicatura8.

5. Claves para el compromiso cívico, la identidad y la alfabetización mediática

Durante casi una década, el Medio Oriente y el Norte de África han estado implementando nuevas políticas mediáticas y expandiendo su agenda cultural para alcanzar los retos de des-regulación y competencia global más extensa. Un objetivo ha sido centrarse en las posibilidades ofrecidas por la digitalización de los medios para transformar todos los aspectos culturales como educación, trabajo, etc. Pero no es solamente una cuestión de cambio en la política mediática y cultural, o en los aspectos tecnológicos y económicos; es también preciso establecer vínculos con el más amplio tema de la integración regional y la gradual fragmentación de culturas e identidades nacionales a la luz de la globalización. Ciertamente, MONA está en transición de una sociedad de masas nacional tradicional a una incrustación global marginal de los medios masivos en la «sociedad interactiva». En este nuevo contexto, existe un declive o transformación de las organizaciones e instituciones tradicionales, y el surgimiento de una estructura más compleja de sub-redes para el individuo, con base en criterios diferentes a la identidad nacional. Para superar el actual círculo vicioso oximorónico en MONA y conseguir el tránsito del terror a la tolerancia, hay cinco elementos clave a tomar en cuenta y tratar:

• El primer elemento clave es reconocer que los esfuerzos para reformar las leyes tienen una mayor probabilidad de éxito cuando están respaldados por amplios sectores de la sociedad, aun en sistemas políticos disfuncionales que acumulan poder para una pequeña elite. Los cambios legales pueden ser insuficientes si no van acompañados de esfuerzos para cambiar las percepciones de la sociedad.

• El segundo coincide con la necesidad de reconsiderar el contrato social actual entre los gobiernos y las audiencias: es indispensable. Predomina un entorno de estereotipos y actitudes abrumadoramente negativos, debido a la difícil implementación de derechos humanos básicos para la gente de la región. Además, gran parte de la sociedad tiene prejuicios en contra de mujeres que ostentan ciertas posiciones de liderazgo, tanto en el gobierno como en la sociedad, que impiden a esta valiosa parte de la población la plena participación cívica.

• El tercero es la necesidad de cambiar la dirección del flujo del poder de la comunicación entre los gobiernos y el público. Los viejos conceptos de gobernar y controlar desde arriba aún prevalecen, en lugar de promover el consenso y un debate democrático en que los miembros de la sociedad sean considerados como iguales, aportando ideas de abajo hacia arriba.

• El cuarto está relacionado con la implementación de leyes y reformas como una condición para ampliar los derechos, si bien las audiencias son escépticas con respecto a la capacidad de los gobiernos para poner en marcha nuevas leyes y reformas. Como muchos miembros de elite perciben, los movimientos cosméticos, sin vigor o voluntad reales, no favorecen la participación.

• El quinto involucra el compromiso del público en el proceso: es el aumento de la conciencia pública acerca de sus derechos, especialmente entre aquellos con bajos niveles de educación y los que viven en áreas rurales, en general menos conscientes de los mismos. La libertad en MONA aún tiene connotaciones negativas de libertinaje y degradación de los valores morales.

En resumen, debe haber una demanda regional de una carta constitucional para hacer que los ca nales de transmisión públicos sean verdaderamente públicos, y no un dominio más del estado. Debe también haber una llamada a reeditar la responsabilidad corporativa de contribuir al bienestar de la sociedad, y los Estados benefactores deben convertirla en su propia visión para promover el futuro de la región.

Sin duda, la reforma política hacia los valores liberales clásicos es un paso para comprometerse con una adecuada alfabetización mediática y para fomentar un buen gobierno. La alfabetización mediática, tanto entre los periodistas como el público en general, sería también una manera de preservar la identidad de la región en un ambiente sin amenazas. Esto pretende ser un método para combatir los estereotipos contra los árabes entre los árabes, y una manera de traer la modernidad y la apertura, entretanto se preserva una identidad árabe progresista. En mayor medida de lo que a la gente de MONA le gustaría reconocer, gran parte de este trabajo es para que lo hagan ellos mismos; se debe establecer un nuevo arreglo de instituciones para aferrarse a esta realidad, y un nuevo método de educación para comprometer a la gente en la construcción de identidad y auto-interés nacional.

La alfabetización mediática podría ser así una estrategia a largo plazo para ayudar a la gente a reevaluar su situación de «mal-medio». Esto podría ser usado por líderes y tomadores de decisiones para implementar cambios sin disturbios, con una comprensión progresiva de la paz y los derechos humanos como una forma de reivindicar el orgullo y la identidad árabes.

MONA podría construir el compromiso cívico si circunscribe el impacto actual de todos los procesos mediáticos de compresión de tiempo y espacio, y sus efectos en nuestros nuevos conceptos de riesgo, tradición, familia y democracia. La alfabetización mediática en la región de MONA puede, potencialmente, aflojar las ataduras entre el individuo y las tradiciones e instituciones que solían dar solidez y predecibilidad al desarrollo individual. Sin embargo, el movimiento de la dependencia tradicional a una forma más amplia de libertad individual puede ser percibido como más demandante e inseguro que las formas antiguas de tradición. Una forma mas reflexiva de modernidad y de identidad individual es una parte vital del nuevo sistema de redes horizontal y del proceso de construcción de compromisos.

Los medios en MONA, tanto los tradicionales como los interactivos modernos, pueden jugar un importante papel en este desarrollo hacia una cultura mediática cada vez más integrada tecnológicamente, que opere a un grado más amplio, allende las fronteras geográficas anteriores y, a pesar de eso, alentando el orgullo y la identidad nacional. Los árabes y musulmanes necesitan desarrollar sus propias respuestas culturales a la globalización, ya sea a través de la introducción de una religión «re-energizada», o a través de la superación de los impedimentos actuales para un real diálogo transcultural, comprometiendo a sus vecinos de regiones de fuera de MONA. En este contexto, el universalismo puede ser alcanzado, abriéndose al mundo, enriqueciendo en lugar de diluir o aun borrar las identidades locales. Por lo tanto, la restauración cultural sobreedificada en una estructura sólidamente arraigada podría unificar en lugar de dividir a la humanidad (Levin, 2005: 204).

Los medios, en sentido general, y vistos en una gran perspectiva histórica, pueden contribuir a la formación de una identidad cultural, pues hay evidencia de que existe elasticidad de identidades locales, regionales y étnicas a nivel mundial. Estas identidades son dinámicas, se adaptan a los cambios modernos en patrones de trabajo, estructura familiar, vida urbana y distribución de ingresos. En semejante contexto, de manera unificada y simultánea, los medios actúan como una fuente de símbolos e ideas, así como importantes escenarios de debate, un rol que complementa su absorción del tiempo y de los recursos de la gente.

Notas

1 «Oxímoron» es una figura retórica, en la cual se combinan términos incongruentes o contradictorios; por ejemplo: «un silencio estridente », o «un lastimoso optimismo» (Houghton, 2006).

2 «Mal-media» en el original en inglés (nota del traductor).

3 William Rugh (2004) describe cuatro situaciones. Movilización: Siria, Libia, Sudán e Irak antes del 2003. «Lealismo»: Reino de Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahrain, Oman y Palestina. Transición: Egipto, Jordania, Túnez, Argelia e Irak después del 2003. Diversidad: Menos autoritario, en donde la influencia del gobierno sobre los medios es limitada con una fuerte defensa de la libertad de expresión, como en los casos de Kuwait, Yemen, Líbano y Marruecos.

4 «Fraude colectivo» refleja la deshonestidad intelectual entre científicos e intelectuales (Gottfredson, 1994).

5 Cherif Bassiouni, profesor de Leyes y presidente del Instituto Internacional de Leyes de Derechos Humanos en la Universidad DePaul; presidente del Instituto Internacional de Altos Estudios en Ciencias Criminalísticas en Siracusa, Italia; presidente honorario de la Asociación Internacional de Leyes Penales en Paris, Francia (Bassiouni, 2007).

6 «Aturdimiento psíquico», de acuerdo con el psiquiatra Robert Jay Lifton, citado por Shor (2002) como una manipulación de los medios para que la gente se desintonice de estas realidades y posibilidades que amenazan su propio sentido de conexión con el mundo.

7 «Internet se está convirtiendo en un medio cada vez más vital para los militantes islámicos, una herramienta clave de propaganda y de intercambio de ideas entre sus militantes». Thomas H. (2006) en un artículo en «terrorismo.net» (16-06-04) citado por Jeffrey Donovan de Radio Europa Libre/Radio Libertad.

8 La crisis de los jueces fue el resultado de sus intentos para distanciarse de varias irregularidades, llevando su caso a las calles. Los jueces de Egipto lucharon por su independencia, su honor e imagen pública (Amin, 2006).

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